Legis actio per sacramentum - Apuntes - Derecho Romano , Apuntes de Derecho Romano

Derecho Romano

Descripción: Apuntes de Derecho Romano sobre la Legis actio per sacramentum, Legis actio per iudicis postulationem, Legis actio per condictionem, Legis actio per manus iniectionem Uem Universidad Europea de Madrid
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INTRODUCCION
Las legis actiones formaron el sistema procesal más antiguo de Roma, llamadas así porque, podían provenir
de la ley o se acomodaban a los términos de las mismas leyes, siendo inmutables como éstas.
Las acciones y el formulario, es un sistema que integra al orden de los procesos privados − ordo iudiciorum
privatum − , contrapuesto al extraordinario de la cognitio extra ordinem, que fue el tercero y último gran
sistema procesal conocido en el derecho romano. Los caracteres que fueron comunes a los procedimientos
ordinarios fueron:
Dividido en dos etapas , una ante el magistrado − in iure− y la otra ante el juez − apud iudicem−.Sólo puede ser ejercitado por ciudadanos romanos, dentro de Roma o en el radio de una mella de sus
murallas, ante magistrados y por jueces.
Se utiliza para hacer valer derechos subjetivos reconocidos por el ius civile romano.
Otros caracteres específicamente del sistema de las acciones eran:
Riguroso formalismo, que consistía en repetir textualmente las palabras contenidas en la fórmula legal, en
dado caso de no hacer se perdía el litigio.
El trámite del proceso era oral.La condena era pecuniaria.La intervención en los litigios era personal no existiendo la representación.
LEGIS ACTIO PER SACRAMENTUM
Acción por apuesta sacramental
Según se pretendiese hacer valer derechos reales o familiares por una parte, o se persiguiese el cumplimiento
de una obligación personal.
El procedimiento variaba según se tratara de la defensa de la propiedad o de un derecho de crédito.
El procedimiento comenzaba por la notificación, la in ius vocatio, que era un acto privado; que el actor hace al
demandado a fin que esté le siga ante el magistrado para ventilar la causa. Si el demandado se negaba a
presentarse inmediatamente ante el magistrado y no ofrecía un fiador para garantizar su futura presentación, el
actor podía llamar testigos y llevar, por la fuerza, al demandado ante el pretor.
Si el demandado era de avanzada edad o alguna enfermedad, el demandante no tenía obligación de
proporcionalarle una litera para asistir al tribunal, pero sí un jumento u otra bestia de carga. No obstante, el
domicilio era un asilo inviolable para el deudor, mientras permaneciese dentro del él. (Tabla 1)
Una vez ante el magistrado, según se tratara de un pleito sobre derechos reales o personales, el procedimiento
era distinto; ante el cual debía llevarse también la cosa objeto del juicio o al menos algo que la representase,
debía pronunciar ciertas palabras sacramentales. Así el que reclamaba el bien objeto del litigio debía tocarlo
con una varita mientras lo aferraba con la otra, al tiempo que decía: digo que esta cosa es mía en virtud del
derecho quiritario, por causa legítima, como lo digo ante ti, lo someto a mi vara (Gayo, 4.16)− rei
vindicatio−.
Llegaba el turno al demandado, quien decía lo mismo y hacía lo mismo − contra vindicatio− . A menos que
optase por callar, caso en el que el pretor adjudicaba sin más trámite el bien al reclamante − addictio− con lo
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que terminaba el pleito.
En este estado, el magistrado ordenaba a ambos litigantes soltar la cosa, lo cual tenía lugar un nuevo
intercambio de frases rituales entre los dos. Después se hacía la apuesta sacramental, realizada por los
litigantes, cuyo importe era establecido por los pontífices mientras se sustanciaba la causa, los que una vez
terminado el litigio, la devolvían al vencedor y retenían la del vencido. Posteriormente, el compromiso fue
suficiente como para pagar la apuesta si se perdía el juicio dando garantías − paredes sacramenti −, sin que
exigiese ya el desembolso del proceso. Finalmente una ley Papiria estableció que en todos los casos la
apuesta debía pagarse una vez dictada la sentencia, designándose a unos funcionarios especiales − tresviri
capitales − para recaudarla. En esta época el destinatario de los importes obtenidos por esta vía es el erario
público.
La apuesta alcanzaba la suma de cincuenta ases si el bien objeto del juicio tenía un valor inferior a mil ases,
así como en los procesos en que se ventilaba la libertad de un esclavo, para favorecer las manumisiones. Era
un cambio de quinientos ases si la cosa litigiosa se valuaba en mil ases o más.
Posiblemente las primitivas apuestas no se hacían en dinero, sino en bestias destinadas al sacrificio, debido a
que el destinatario final de la apuesta del vencido era el colegio de lo pontífices el que realizaba los sacrificios
para desagraviar a los dioses por el mal uso que, quien había resultado vencido, había hecho de los formulas
sagradas que había pronunciado en el pleito. Posteriormente, de acuerdo a la ley aternia tapeia, se decretó la
conversión de las bestias en dinero.
Una vez llevada a cabo la apuesta sacramental, el magistrado atribuía la posesión de la cosa a uno de los
litigantes, probablemente a su capricho. Este estaba en consecuencia obligado a suministrar a su contrario
garantías − paredes litis et vindiciarium− para asegurar la restitución del bien y sus frutos en caso de resultar
vencido en definitiva.
Después se procedía al nombramiento del juez o iudex; la ley Pinaria pospone este nombramiento por treinta
días con el fin de que las partes tengan la oportunidad de arreglarse extrajudicialmente. El magistrado
presentaba una lista de los posibles jueces ante las partes para su designación, de no existir tal acuerdo, el
nombramiento lo hacía el magistrado.
El último acto de esta audiencia era la litis contestatio que era el acto por el cual se invitaba a los testigos
presentes a que fijaran bien en su memoria los detalles que había sucedido in iure. Estos testes eran
necesarios, para tratarse de un procedimiento oral, en el que no se utilizaban escritos para hacer constar los
detalles del proceso.
La segunda etapa − apud iudicem − , del pleito tenía lugar ante el juez, con la presencia de los testigos que
habían asistido a la primera fase. Se desarrollaba en la plaza pública y el juez oía a las partes, verificaba y
merituaba las pruebas por ellas presentadas, sin poder requerir nuevas probanzas, y antes de la caída del sol
dictaba la sentencia o bien podía declara bajo juramento que el caso no le parecía claro.
La sentencia es oral y se limitaba a manifestar cuál de los litigantes había apostado correctamente. El
vencedor recogía su apuesta, perdiendo el vencido la suya y se quedaba con ella. Si el fallo había beneficiado
a quien no poseía la cosa, la parte victoriosa n o podía obligar al poseedor a restituirla. En este caso el
magistrado nombraba tres árbitros para que la valuaran al igual que a sus frutos. Tal la suma que debía pagar
el perdedor, doblada en el caso de los frutos, contando para ello el acreedor con la garantía que aquél había
prestado cuando el pretor le entregó el bien objeto del juicio al producirse la litis contestatio. Para lograr el
cobro, el interesado podía recurrir a la acción de la ley por aprensión corporal.
La legis actio per sacramentum era la más general. Servía siempre para determinar derechos, tanto reales
como personales. Sin embargo, tenía la desventaja de que una de las partes no sólo perdía el proceso, sino que
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Dirección: Derecho
Universidad: Desconocido
Fecha de la carga: 26/07/2013
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