Batman visto por un psiquiatra 2
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melissa_viana29 de Dezembro de 2015

Batman visto por un psiquiatra 2

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Batman visto por un psiquiatra
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BATMAN visto por un psiquiatra (COLOR)

Dr. J. A. Ramos Brieva

BATMAN visto por un psiquiatra

2

"Cuando un autor sitúa a su

personaje más allá de los límites

geográficos donde lo ideó, del

tiempo histórico que lo alumbró

y, además, alcanza el reconoci-

miento de sus contemporáneos y

las generaciones siguientes:

puede estar seguro de haber

creado un personaje clásico y

universal.

Y eso es lo que ha sucedido con

BATMAN."

De la Introducción

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Dr. J.A. Ramos Brieva

visto por un psiquiatra

BATMAN visto por un psiquiatra

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© De los textos: Jesús Antonio Ramos Brieva, 1999, 2006 © De esta edición electrónica: Jesús Antonio Ramos Brieva, 2006 Maquetación: Jesús Antonio Ramos Brieva Ejemplar gratuito. Prohibida su venta.

Los logotipos, personajes e imágenes incluidos en este libro son marcas registradas propiedad de DC Comics y Warner Bros. Entertainment Inc., respectivamente. En este libro se utilizan exclusivamente con fines ilustrativos y docentes.

Todos los derechos reservados. Se prohíbe la reproducción, almacenaje o transmisión, total o parcial, de los contenidos de este libro por cualquier sistema, sin la autorización es- crita del autor.

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Dedicatoria:

A mi esposa, que ha contribuido a esta obra con acertados comentarios.

Y a la memoria de mi padre, que siempre consideró una majadería que su hijo perdiera el tiempo leyendo cómics.

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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ÍNDICE

página

PREÁMBULO para la 2ª edición 009

PRÓLOGO (Prof. Jerónimo Saiz Ruiz) 013

INTRODUCCIÓN 017

PRESENTACIÓN DE BATMAN 031

LA BIOGRAFÍA DE BRUCE WAYNE (BATMAN) 039

COMENTARIOS SOBRE BATMAN 091

a.- El simbolismo de BATMAN 094

1.- El hábitat de BATMAN 094

2.- Lo instintivo en BATMAN 096

3.- Lo prometeico en BATMAN 099

4.- BATMAN el paladín 110

b.- Comprensión psicológica de BATMAN 114

1.- La inteligencia de Bruce Wayne 114

2.- La personalidad de Bruce Wayne 120

3.- La creación de BATMAN 127

4.- Los cómplices de BATMAN 136

5.- BATMAN y las mujeres 141

6.- La oportunidad perdida y el desencadenante 148

7.- BATMAN, como figura fallida 153

c.- La psicopatología de BATMAN 158

1.- La enfermedad actual 158

2.- Los antecedentes personales 168

3.- El juicio clínico 172

LA ACTITUD TERAPÉUTICA FRENTE A BATMAN 175

a.- El tratamiento 178

b.- Prospecciones de futuro 185

1.- El destino de Bruce 187

2.- El destino de BATMAN 190

UNA CRONOLOGÍA DE BATMAN 199

EPÍLOGO 213

APÉNDICE 221

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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PREÁMBULO para la 2ª edición

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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a primera edición de “Batman visto por un psiquiatra” se publicó en

el año 2000 y tuvo una espléndida acogida. Se interesaron por él no sólo psiquiatras sino médicos de otras especialidades y personal sanitario de todo tipo. Lo mejor de todo es que atrajo también a un buen número de per- sonas ajenas a la profesión, lo que da a entender que llama la atención que un psiquiatra se ocupe de un personaje de ficción como Batman, o que in- triga saber si el héroe está realmente “mal de la cabeza”.

Lo curioso es que muchos lectores que no habían tenido un contacto

previo con el personaje se sintieron profundamente impresionados por su psicología, las motivaciones que lo generaron y su modo de actuar. Y, si bien eso no les convirtió a todos en fans de Batman, sí quedaron fascinados por él. Una vez más, también sucedió que algunas mujeres sintieron una especie de llamada atávica tras su lectura y se notaron fuertemente atraídas por el personaje pese a su compleja personalidad o, quizás, a causa de ella. De hecho, muchas deseaban “que hubiera un Batman en sus vidas”. El lector podrá advertir en el texto el origen de esa reacción.

Recientemente, el cine ha vuelto a poner de actualidad a Batman

para quienes no son lectores habituales de sus aventuras con el estreno de “Batman Begins” (Christopher Nolan, 2005), la mejor película de la serie iniciada en 1989 por Tim Burton. Por eso he pensado que quizás fuera una buena idea reeditar ahora “Batman visto por un psiquiatra” de nuevo.

No se trata de una simple reimpresión. Se ha revisado el texto, que

ha sufrido algunas modificaciones, sin traicionarlo ni hacerlo irreconocible; se ha cambiado completamente la maquetación y las ilustraciones con el fin de resaltar más la oscuridad del personaje que en la edición anterior; y, finalmente, se ha modificado el formato sustentador del libro, cambiándose el soporte de papel por otro electrónico, más acorde con los tiempos.

Espero que los lectores disfruten de esta nueva edición a pesar de

tales cambios. Jesús A. Ramos Brieva

jramosb.hrc@salud.madrid.org

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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PRÓLOGO

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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l profesor López Ibor solía citar que el psiquiatra es “un humanista

que ejerce”. El libro del Dr. Jesús Ramos Brieva sobre “Batman” consti- tuye una buena prueba de la afirmación anterior.

En efecto, a lo largo de sus páginas, el autor exhibe tanto la

capacidad de observación y análisis propia de su profesión, como la facili- dad para exponer de una manera elegante y asequible, una serie de conte- nidos que abarcan una profundidad estimable.

No sólo se encuentra la descripción sobre los determinantes psi-

cológicos del personaje principal (Bruce Wayne) sino que se traza un re- trato completo de su significado, el entorno en el que se mueve, sus po- sibles diagnósticos y hasta una orientación de un hipotético manejo tera- péutico.

Naturalmente este trabajo se sustenta sobre un conocimiento muy

preciso de la colección de comics que origina el carácter de Batman. Hay una precisión en las referencias que se extiende hasta datos cronológicos y peculiaridades sobre la orientación aportada por los distintos autores que dieron vida a lo largo de los años al personaje.

Sorprende verificar la riqueza psicopatológica que un héroe de

ficción, además muy extensamente reformado y modificado en sus suce- sivas apariciones, puede llegar a encerrar. La interpretación global de la criatura como un ser “inacabado y fallido” resulta extremadamente acertada y original y es, desde mi punto de vista, una de las aportaciones y mejores aciertos del libro.

El juego mantenido por el psiquiatra-escritor y el escritor que acude

al psiquiatra se mezcla con algunos apuntes autobiográficos a lo largo de la exposición, sirviendo de explicación y amenizando estas páginas.

El lector, independientemente de su “batmanía” previa, encontrará

una información extensa y novedosa que despertará su pasión y compasión

BATMAN visto por un psiquiatra

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por un personaje que ha llegado a ocupar pantallas de cine y televisión, alcanzando una dimensión de icono cultural ampliamente difundido y en cierto modo simbólico para nuestra cultura.

Con ese tono a la vez ligero y profundo transcurre rápida y

fácilmente el tránsito por sus páginas, que resultan doblemente atractivas para profesionales familiarizados con este tipo de aproximaciones.

Quiero, por último, felicitar al Dr. Ramos por este trabajo brillante y

original que constituye una prueba de su capacidad creativa y rigor profe- sional.

Jerónimo Saiz Ruiz

Jefe de Servicio y Catedrático de Psiquiatría Hospital Ramón y Cajal. Universidad de Alcalá. Madrid.

. BATMAN visto por un psiquiatra

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INTRODUCCIÓN

BATMAN visto por un psiquiatra

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omencé a leer realmente cuando tenía seis años de edad. Recuerdo que teníamos que representar una obrita inspirada en la piadosa leyenda de Belén. Yo hacía en ella de pastor, vestido con pantalones y chaqueta de pana, chaleco forrado de piel por fuera, camisa de un color que ya no recuerdo, sombrero y un enorme bastón -o eso me parecía- que hacía, más bien, las funciones de un cayado. En aquella representación, yo tenía que decir unas líneas que tenía que aprenderme de memoria. Aún recuerdo el esfuerzo que hacía por entender lo que leía; paso necesario para poder memorizar el texto y las ocasiones donde tenía que intervenir mi personaje. En un momento que no puedo determinar, advertí como un revoloteo en el interior de mi mente y aquel amasijo de letras, que hasta entonces me limitaba a leer mecánicamente gracias al buen entrenamiento que tenía, adquirió sentido. El texto que estaba en mis manos, y que hasta ese instante me había parecido una pesadez más con la que los adultos suelen cargar a los niños, decía cosas. Aquellas letras entrelazadas, aparentemente sin sen- tido, transmitían algo que había escrito otra persona y yo podía conocer mediante su lectura. Aunque, obviamente, la impresión que recibí no la for- mularía entonces del mismo modo que lo relato ahora, de adulto, recuerdo el vivo placer que sentí con aquel descubrimiento.

Creo que fue esa sensación agradable la que hizo de mí un lector voraz en mi infancia y ju- ventud; capaz de leerse la Hoja Parroquial cuando no encontraba otra cosa con la que satisfacer aquella necesidad. Y quizás por eso, hoy, soy un psiquiatra que pre- fiere exponer los resultados de sus

Boceto de Batman por George Perez

Entrada a la parte antigua de Cáceres, marco de referencia vital en la infancia del autor.

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investigaciones más por escrito, en revistas científicas, que oralmente, en los Congresos profesionales; que prefiere leer cualquier texto abstruso an- tes que escuchar conferencias por muy entretenidas que puedan ser.

Aquel espíritu devorador me hizo consumir tempranamente la ma- yor parte de los libros que mis padres tenían en su casa, incluyendo los Diccionarios. Y así fue como entré en contacto por primera vez con personajes clásicos universales de las mitologías germánica y helé- nica. Aquellos héroes me entusias- maban de tal manera que leí y releí los textos que contenían sus apasio- nadas vidas tal número de veces que llegué a aprenderme de memoria la mayor parte de sus cuitas. Por eso, en mi primera adolescencia pasé por ser un experto en Mitología Griega, entre mis amistades; aunque tal cosa se debiera más bien a que los demás

sentían poca curiosidad por esos temas. Recuerdo perfectamente mi primer contacto con aquellos personajes a través de un delicioso libro, que aún conservo, escrito por Alejandro Casona en 1932, bastante antes de ser conocido como el excelente drama-

turgo que fue después. Se titulaba "Flor de leyendas", y lo publicó la Editorial Aguilar en las Navidades de 1955, en su célebre colección miniatura Crisol. Y, también, recuer- do el no menos exquisito "La leyen- da dorada de los dioses y los hé- roes" de Mario Meuner, publicado en la misma colección poco tiempo después. Más tarde amplié mis lec- turas en otras fuentes, sobre esos temas y otros muchos que me intere- saban por aquel entonces. Debo señalar también, sin fal- sa modestia, que poseo una nada

Lacoonte y sus hijos devorados por gigantescas serpientes marinas

Ruinas del templo del célebre oráculo de Delfos.

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desdeñable habilidad para el dibujo. Algo que ya afloraba por las mismas fechas que he señalado antes de un modo espon- táneo, sin que hubiese aprendido la técnica que requiere ese oficio. Desde entonces, obtengo un placer similar al que alcanzo con la lectura, cuando observo pinturas y dibujos, o dibujando yo mismo. Ya sé que no comento experiencias excep- cionales. Muchos lectores se sentirán identificados con alguna de ellas o con las dos. Pero, desde una perspectiva subjetiva, tales vivencias fueron singu- lares para mí y determinaron, sin duda, al hombre que soy actualmente; como la que paso a comentar a continuación. Mi padre regentaba una pequeña empresa cuyo negocio principal eran las artes gráficas (lo hizo hasta su jubilación). También era una librería y una papelería muy conocidas en mi ciudad de origen: Cáceres. En los locales del pequeño negocio se pro- dujo el otro descubrimiento infantil que anticipaba en las líneas anteriores.

Al fondo del es- tablecimiento, en la parte que permanecía oculta al público, había un rincón sobre el que se apilaban unas revis- tas gráficas que hoy se conocen con el nombre de cómics, y a las que yo llamaba, entonces, simplemente cuentos. Eran algo maravilloso, porque además de texto ¡tenían dibujos! Lo que me permitía cubrir ambas aficiones a la vez. Mi padre no los vendía: los utilizaba como obsequio para sus clientes, por lo que siempre disponía de una

buena provisión de los mismos.

Portada de un juego de Superman

Portada de “Batman, Año uno”, una reescritura moderna de los orígenes

del personaje iniciada en 1986.

Inquietante Batman (dibujo de Alan Davis y Paul Neary 1990).

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Hay que resaltar que la tra- ducción al castellano de aquellos textos me resultaba extraña en muchas ocasiones, porque esta- ban hechas en México. Ahora, ya adulto, me asombro recordando cómo era capaz de advertir tales cosas, a tan corta edad (siete u ocho años); lo que añadió un placer más a aquellas lecturas: adivinar cómo se diría en el cas- tellano que me enseñaron mis pa- dres, las cosas que decían los per- sonajes. Así: "el victimario de Supermán" era, realmente, "el asesino de Supermán"; "espere- mos a que aguante el concreto" significaba "esperemos que el cemento armado resista"; "vi que la flama encendía tu cigarrillo"

quería decir "vi que la llama encendía tu cigarrillo"; "¡es asombroso! Nunca había visto una tolvanera por ese rumbo del país" en lugar de "¡es asombroso! Nunca había visto un remolino en esa parte del país"; y un larguísimo etcétera que ahora me cuesta recordar. No tardé en aficionarme tam- bién a la lectura de aquellos cuentos que me permitían saciar simultánea- mente mi afición por la lectura, por el significado de las palabras y por el dibujo. Los leía encaramado en la pila de resmas más alta que almacenaba aquel taller de imprenta. De ese modo nadie interrumpía mi lectura ni yo, a mi vez, entorpecía la labor de los ope- rarios. Y fue así como descubrí, entre otros, a dos personajes que acompa- ñaron mi infancia al lado de Héctor y Aquiles, de Hércules, de los tres mos- queteros, de Hamlet, del Lazarillo de

Los héroes principales de la DC Comics: Superman y Batman y de quien esto suscribe.

(dibujo de Brain Bolland, 2001)

La espléndida reescritura de Superman de John Byrne iniciada en 1986.

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Tormes, entre muchos más: Superman y Batman. De los dos, mi preferido era el primero. Quizás porque representaba la luz, la nobleza... ¡y además volaba! (entonces desconocía yo el significado que dan a esas fantasías algunos de mis colegas; ya saben: la erección y esas cosas). Batman me atraía, tal vez, por encarnar lo contrario: todo lo oscuro e instintivo que llevamos dentro (aunque tampoco tenía, entonces, ni idea de la existencia de aquellas proyecciones fantás- ticas).

Dejando atrás los re- cuerdos, y volviendo la aten- ción más al momento presen- te, diré que hace algunos añosla Dra. Rita Prieto López, a la sazón médico residente del Servicio de Psiquiatría del Hospital donde ejerzo mi pro- fesión (ahora trabaja en la Industria Farmacéutica), me sugirió que escribiera algo sobre Batman, probablemente cansada de verme dibujar una y otra vez al personaje en las sesiones clínicas.

Las aventuras de Batman son a menudo explosivas (Batman Begins, Christopher

Nolan, 2005)

El autor, jugando con Photoshop

BATMAN visto por un psiquiatra

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Confieso que al principio rechacé la idea, porque nunca había desarrollado un trabajo de esas características, aunque otros colegas han cultivado este género literario con éxito. Que se tratase de Batman tampoco me facilitaba las cosas, pues siempre lo había considerado hasta entonces un objeto de ocio y regocijo más que de estudio.

Pero, poco a poco, el sutil veneno que aquella colega deslizó en mi interior hizo su efecto y terminé por encontrar tan acertada la idea de escribir sobre el personaje que la hice propia. No analizaremos aquí los resortes inconscientes que tal sugerencia activó en mí para que la insti- gadora consiguiera sus propósitos; eso es materia que tendré que consultar con mi psiquiatra. Diré que la idea no me resultó finalmente tan lejana como inicialmente creía. Después de todo, siendo ya un lector más

atemperado y selectivo en la época a la que me estoy refiriendo que en mi infancia y juventud, aún conser- vaba entre mis lecturas habituales a mis viejos amigos Superman y Batman. Diré en mi descargo que no soy el único que tiene una afición semejante. Quizás no se sepa en circuitos ajenos a la profesión, pero entre los psiquiatras hay un buen número de aficionados a los cómics. Ignoro si tal apego es im- putable a la chifladura que tradicio- nalmente se nos atribuye a los psi- quiatras. O es que algunos de noso- tros somos, simplemente, como ni- ños. En cualquier caso, este no pa- rece el lugar más adecuado donde dirimir tan complejo problema.

Sean cuales sean las razones que me llevaron finalmente a escribir sobre Batman, lo cierto es que las características personales del héroe son

Lápiz de Batman y Robin por Ale Garza (2004)

Un elemento característico: el batmovil (“Batman forever”, Joel Schumacher, 1995).

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extremadamente atractivas para cualquier psiquiatra que se precie. Por eso, entendí que mi interés por el mismo, como lector, podía extenderse a la esfera profesional y, quizás, aportar así algún conocimiento acerca de este personaje sin igual que es Batman, desde una perspectiva hasta ahora inédita en nuestro país, que yo sepa. De modo que, al final, centré mi interés profesional -que no de simple aficionado- sobre su figura para desarrollar el presente texto. Los lectores podrán comprobar el atractivo psiquiátrico del héroe por sí mismos, si siguen leyendo las líneas que vienen a continuación.

Y es que Batman lo merece. Cuando un autor sitúa a su per- sonaje más allá de los límites geográficos donde lo ideó, del tiempo histórico que lo alumbró y, además, alcanza el reconoci- miento de sus contemporáneos y las ge- neraciones siguientes: puede estar seguro de haber creado un personaje clásico y universal. Y eso es lo que ha sucedido con Batman. Batman nació originalmente en el mundo del cómic, en los Estados Unidos de América; de la mano de Bob Kane y Bill Finger, en Mayo de 1939. Lo hizo en la revista DetectiveComic nº 27 junto a otros personajes. Su éxito fue tal que al año siguiente ya tenía una revista propia que llevaba su nombre: Batman.

Curiosamente, todo eso sucedió cuando el incipiente esfuerzo bélico que supuso la II Guerra Mundial hizo esca- sear el papel en prácticamente todo el mundo.

Pero logró traspasar limpiamente

las fronteras geográficas, los límites tem- porales y el medio donde apareció por primera vez; convirtiéndose así en un per-

Primera aparición de Batman en 1939

Portada del primer número de la revista Batman en 1940.

BATMAN visto por un psiquiatra

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sonaje que muchos conocen y casi todos reconocen. En la actualidad, Batman está presente no sólo en los cómics, sino,

también, en otros medios como el cine y la televisión tanto con personajes reales como en dibujos animados. Desde ellos ha calado con tanta fuerza en el público que puede afirmarse, sin caer en el exceso, que se le conoce en la mayor parte del mundo aunque sólo sea de oídas. Batman ya forma parte de la cultura popular.

El perfil psicológico que pre- senta Batman en nuestros días, se ha fraguado lentamente a través del tiempo, tras numerosas reformas, más o menos dramáticas, introdu- cidas en los rasgos principales que ya estaban abocetados en los co- mienzos del héroe. Las modifica- ciones introducidas en el personaje por los distintos autores, obedecie- ron a la necesidad de ajustarlo a los gustos estéticos de cada década, al contexto cultural del momento y, también, por qué no decirlo, a las

urgencias comerciales que requería su supervivencia entre los lectores.

A pesar de ello, en el presente libro se hace abstracción de tales cir- cunstancias y se estudia la figura de Batman como si sus características hubieran sido trazadas de una sola vez desde el principio, y obedecieran exclusivamente a las motivaciones psicológicas y a las circunstancias vi- tales que se le suponen al héroe. Pero, no se pueden ocultar las dificultades encontradas para conse- guir ese modelo unitario del perso- naje. Fue preciso extraer material de aquí y de allá hasta conseguir confi- gurar una biografía que tuviera cierta coherencia de cara al lector, en la que

La política se deja notar en Batman (dibujo

de Jim Aparo y Mike DeCarlo, 1990)

Bob Kane y su criatura (Michael Keaton en

“Batman”, Tim Burton, 1989)

. BATMAN visto por un psiquiatra

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cada acontecimiento estuviera lo mejor fechado posible.

Como se sabe, las vivencias no tienen la misma repercusión si acontecen en un determinado momento vital o en otro; de ahí la necesidad de registrar fechas con la máxima precisión posible. Sólo así se ha podido escribir, después, un pequeño ensayo sobre los aspectos de interés psiquiá- trico que contiene el personaje.

Para entrar en situación, se procederá primero a hacer una presen- tación sucinta del héroe; después, se desplegará su biografía, tal y como ha sido posible reconstruirla aquí. Posteriormente, tras subrayar aquellos as- pectos que parezcan más relevantes desde el punto de vista de la Psiquia- tría, se realizará el comentario psiquiátrico propiamente dicho. Siempre que me ha sido posible, he eludido deliberadamente emplear jerga profesional en los comentarios que siguen a la biografía de Batman. Entiendo que se nos ha acusado en no pocas ocasiones de utilizar a menudo un lenguaje excesivamente difícil en nuestros escritos. Algunos malinten-

cionados han entendido que con ese proceder lo que realmente hacemos es encubrir nuestra ignorancia sobre las cosas de las que hablamos. Es posible que eso pueda ser cierto en algunas oca- siones y con determinados profesiona- les. Pero este no es el caso. Pensando en los lectores ajenos a la profesión, pero con suficientes in- quietudes culturales como para intere- sarse por la lectura de un ensayo de estas características, me ha parecido oportuno despojar al texto de cualquier

El logotipo que encabezaba las aventuras de Batman en los años cincuenta del

siglo veinte.

Batman y Robin por Neal Adams

BATMAN visto por un psiquiatra

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ropaje psiquiátrico multicolor. No qui-siera que se me acusase de ocultar mi propia ignorancia bajo la máscara de un lenguaje impenetrable.

Yo reconozco ante el lector desde estas líneas mis propias limitaciones per- sonales y profesionales; así me libero de la necesidad de ocultarlas. Con ello, creo que le aliviaré lo suficiente para que en- cuentre en la lectura del texto que sigue un entretenimiento grato que, además, le permita conocer en profundidad a un personaje del que, ya adelanto, desco- noce más de lo que puede imaginarse. En contra de mi práctica habitual con textos científicos, he evitado desple- gar ante el lector una extensa relación bibliográfica para documentar las afir- maciones que se hacen en el presente volumen, o aparentar una erudición que no poseo. Me he permitido, salvo alguna rara excepción, remitirle a obras genera- les donde se hacen amplias revisiones de

cada uno de los temas que se proponen en el texto, en la confianza de que tal postura le resultará más rentable que buscar referencias aisladas por su cuenta. En el último capítulo, "Una cronología de BATMAN", se presen- ta la labor deductiva realizada para establecer una biografía coherente de Batman, engarzando las fechas de los hitos más relevantes de su vida que se encuentran dispersas en muchas fuentes. Si el lector siente curiosidad por detalles tales como la forma de deducir la edad que tenía Richard Grayson cuando dejó de ser Robin, por poner un ejemplo, allí encontrará la respuesta. Los distin- tos autores de Batman raramente hacen esa puntualización de una for-

Batman y Robin dibujados por Carmine

Infantino (2003)

Espléndido trabajo de Frank Miller en

“El regreso del señor de la noche” (1986)

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Batman visto por Dick Giordano y Dave Dorman, 1988

ma directa; se ha tenido que inferir de otros datos colaterales mejor fecha- dos.

Pero si esos detalles aburren al lector, puede omitir la lectura de ese capítulo sin que se resienta su comprensión general de la obra. Al final del texto se ha desplegado un Apéndice con el resumen de la biografía de Batman, que puede resultar útil para contemplar, en perspec- tiva, la vida del personaje. Espero que disfruten de estas líneas tanto como lo he hecho yo escri- biéndolas.

En Madrid, a 15 de Abril de 2006.

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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PRESENTACIÓN DE BATMAN

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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atman es un vigilante enmascarado. Su disfraz consiste en una armadura negra, muy flexible, construida de pies a cabeza con diferentes materiales resistentes según la conveniencia de cada momento, que se ajusta a todo su cuerpo como una segunda piel.

Gran parte del rostro lo cubre una severa máscara, de gesto ceñudo, con largas orejas picudas laterales, que sólo deja al descubierto una porción de la parte baja de la cara y el mentón. Sus hombros están cubiertos por una generosa capa incombus- tible, también negra, con amplios pliegues rematados de forma puntiaguda en el borde. Las manos se encuentran protegidas por guantes del mismo color que suben hasta los antebrazos arma- dos con tres espolones de afila- das puntas. Y tiene los pies cal- zados con botas altas elaboradas del mismo material que el resto del uniforme. Arropa la cintura una ancha canana con numerosos compartimientos que esconden pequeños artilugios de muy di- versa naturaleza que Batman utiliza para defenderse de sus enemigos.

Todo el conjunto del disfraz le da el aspecto de un enorme murciélago negro que, por otra parte, es el símbolo que cubre su pecho y con el que se le identi- fica.

El espléndido Batman de Jim Lee (2002)

La máscara de Batman, bajo la que se esconde esta vez el actor Christian Bale

(“BatmanBegins”, Christopher Nolan, 2005)

Los espolones de los guantaletes de Batman son

algo más que simples adornos.

El cinturón utilitario de Batman destaca en su

indumentaria (“BatmanBegins”, Christopher

Nolan, 2005)

BATMAN visto por un psiquiatra

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Batman eligió este unifor- me pensando que la gente del hampa es supersticiosa. Vestir así le ayudaría a sorprenderlos y amedrentarlos. Los habitantes de Gotham, la ciudad-territorio de Batman, apenas le han visto al- guna vez, posiblemente debido a los hábitos nocturnos del perso- naje. Hay muchos que le consi- deran un mito; otros piensan que es un héroe real; y también los hay que lo creen un delincuente más. Pero, si cual- quiera de ellos se encontrara con él al doblar una esquina, sufriría un enorme sobresalto por el temible aspecto que le confiere su disfraz. Ello per-

mite sostener que la elección del mismo ha sido uno de los mejores aciertos de Batman. Batman es muy inteligente, posee grandes dotes deductivas, elevados conocimientos de crimino- logía, una fuerte complexión física, gran determina- ción para sus actos, y una sólida disciplina interior.

Además, no porta armas de fuego. Ni tiene habilidades extrahumanas. No resulta una tarea fácil deter- minar su edad, debido a la máscara con la que cubre su rostro; pero, por su aspecto, podría afirmarse que se encuentra en la primera madurez. Su modus operandi se centra en el acecho, caza y captura de malhe- chores de toda catadura; sin importar- le que sean pequeños rateros, políti- cos corruptos, banqueros desleales o grandes estafadores. Quizás sea esta la razón por la que habitualmente actúa de noche.

Batman, por Pat Lee (2004)

Encontrártelo de noche te puede llevar al infarto (dibujo

de Eduardo Barreto, 2000)

Da miedo verle (dibujo de Kieron Dwyer yDennis Janke

(1990)

Batman lanza su cordel para desplazarse (“Batman Begins,

Chritopher Nolan, 2005)

Batman aparece

inesperadamente (de la serie televisiva producida por

Bruce Timm y Eric Radomski, 1992)

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Aunque siente un gran respeto por la Ley y el Orden, y lucha del lado de ambos conceptos, su forma de proce- der tiende a situarle al borde de los mis- mos, cuando la ocasión lo requiere (y sucede con frecuencia). Por esta razón los políticos y la policía locales mantie- nen hacia él una actitud ambigua que se polariza hacia el rechazo cuando Bat- man comete alguna transgresión. Sólo James W. Gordon y su esposa, ambos

policías, creen en él, aunque esa confianza haya sufrido algunos reveses. De hecho, tienen instalado en la azotea de la comisaría un enorme reflector, con el emblema del personaje: un murciélago muy estilizado, que les per- mite llamarlo cuando le necesitan, proyectando dicha imagen sobre las nubes que suelen cubrir la ciudad de Gotham. De ese modo, Batman recibe encargos para que resuelva casos difíciles y complejos con su capacidad deductiva o, en ocasiones, para que pueda ir, con sus métodos marginales, más allá de lo que la policía legalmente puede permitirse.

El personaje suele mostrarse ante los demás frío y distante. Y así lo parece. Pero cuando se está frente a él siempre se tiene la sensación de en- contrarse con un sujeto en perpetua ebullición, aunque permanezca en si- lencio; parece una ballesta a punto de dispararse; un volcán momentos antes de entrar en erupción; un puño vigoro- samente cerrado, en persistente ten- sión. Nunca ha- bla más de lo ne-

cesario. Es propio de él presentarse sigilosamente en el interior de los edificios o en cualquier lugar exte- rior, en silencio, y marcharse cuando ha obtenido la información que desea, dejando con la palabra en la boca a su interlocutor, sin que éste advierta su ausen- cia hasta que se hace tan pesada como una losa. Pero Batman es sensible con los ancianos y los niños.

La batseñal (de la serie televisiva producida por Bruce Timm y Eric Radomski, 1992)

Si Batman se enfada, es mejor correr... (dibujo de Carmine Infantino y Joe Giella, 1965)

...porque es implacable con los rufianes. “BatmanBegins

(Christopher Nolan, 2005)

BATMAN visto por un psiquiatra

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No oculta su odio visceral hacia los que están fuera de la Ley. Con ellos es despiadado: los acosa, los golpea, los derriba, los captura, los asusta, si es necesario los suspende en el vacío para que confiesen. Y cuando ha conseguido lo que desea, los entrega a la policía. A su modo es cruel, pero nunca se ha tomado una vida. Batman es temible. Aun los que han tenido ocasión de tratarle, ignoran la especial susceptibilidad que tiene Batman ante los niños huérfanos o los que han sido víctimas de cual- quier clase de violencia.

Batman se mueve principalmente de noche y sobre los tejados de la ciudad. Para ello se vale de sus aptitudes acrobáticas y de un sedal que maneja hábilmente enganchan- do el garfio del extremo en los salientes más inverosímiles de las construc- ciones, o incrustándolo en las paredes con una pistola lanzadora especial. Las grandes distancias suele cubrirlas en automóvil, moto de gran cilin- drada, avión o lancha, dotados de la más alta tecnología mecánica y Elec.- trónica. El aspecto de tales artilugios recuerda sin ambages a quién perte- necen, pues su forma siempre evoca a las del oscuro murciélago humano.

Batman esconde toda esta maquinaria en una gran cueva que le sirve de refugio y está dotada de los más sofisticados ordenadores multimedia que le ayudan en sus labores de detective. No sólo está conectado a Internet

Un avión con señales inequívocas acerca de a quién pertenece (“Batman”, Tim Burton, 1989)

El batmovil de “Batman Begins

(Christopher Nolan, 2005); lo más parecido a un carro de combate

El Batman de Jim Lee y Scott Williams en acción (2001)

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sino, también, a otras redes se- cretas o semisecretas, a las que puede acceder gracias a sus conocimientos de Informática. La cueva está situada en las entrañas de una gran colina que aún conserva su decoración na- tural con estalactitas y, también, a la numerosa colonia de murcié- lagos que la habitaban desde mucho antes de que el Señor de la Noche se adueñara del magno recinto.

Se puede acceder a ella des- de una puerta secreta en el interior de la Mansión Way- ne, que se encuentra situada en la cima de la colina, o desde el exterior: por una oquedad labrada en la ladera de la montaña, que se man- tiene oculta a ojos indis- cretos mediante un sofisti- cado holograma tridimensio- nal que simula rocas y arbus- tos. Pero los habitantes de Gotham ignoran tales he- chos.

El personaje suele actuar solo, mas con alguna frecuencia se hace acompañar por un joven enmascarado, que va ataviado con un disfraz de mayor colorido, al que llama Robin. Lo que ignoran las personas que cono-

La batcueva, repleta de maquinaria contra

el crimen (dibujo de John Byrne, 1996)

Ubicación de la batcueva (dibujo de Jerry Robinson y George Roussos, 1942)

Batman y Robin (dibujo de Norm Breyfogle, 1992)

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cen su existencia, es que el disfraz de Robin ha ocultado, verdaderamente, a tres sujetos distintos: con trayectorias vitales diferentes en algunos aspectos principales. Ya se hará referencia a ellos más adelante. Batman es realmente el álter ego de Bruce Wayne. Un rico industrial de Gotham, con fama de mujeriego, que es habitual de las notas mundanas de la prensa local. Posee media ciudad, y es el principal activo de la vida económica y social de la sombría y violenta urbe.

No se entiende a Bat- man sin conocer las coor- denadas vitales de Bruce Wayne. Por lo que el presente comentario psi- quiátrico se centra, más que en el primero, en el se- gundo y, así, en ambos a la vez.

Bruce Wayne aparentando ser el play boy que le sirve de máscara (interpretado aquí porChristian Bale en

“BatmanBegins” de Christopher Nolan, 2005)

Los dos “Robin” supervivientes: Tim Drake y Richard Grayson [este

disfrazado como “Nightwing”] (dibujo de George Perez, Jim Aparo

y Mike DeCarlo, 1989)

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LA BIOGRAFÍA DE BRUCE WAYNE (BATMAN)

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ruce Wayne es un hombre soltero de cuarenta y seis años de edad; hijo único; sin una formación académica específica conocida, lo que no le impide presidir el imperio económico más importante de la ciudad de Gotham. La fortuna de Bruce Wayne, heredada en gran parte de sus padres, el Dr. Thomas Wayne y su esposa Martha Wayne, es "dinero viejo"; amasado originalmente por el bisabuelo paterno de nuestro personaje. La Compañía Wayne posee numerosas industrias y entidades filantrópicas. Las empresas de alta tecnología, han trabajado en numerosos proyectos militares para el Gobierno; lo que conviene a Batman para dotarse de los elementos tecno- lógicos más avanzados y utilizarlos en su lucha sin despertar sospechas.

Una parte nada despreciable de la fortuna de los Wayne procede también de los terrenos que el abuelo acumuló en los alrededores de Gotham, y sobre los que posteriormente se construyó el actual centro de la ciudad. Generalmente, Bruce Wayne delega las funciones directivas de sus empresas en personas de su confianza, como Lucius Fox. Aunque hubo un tiempo que se ocupó personalmente de ellas y las hizo extremadamente productivas. Gracias a eso se pudo permitir crear la Fundación Wayne, una

organización filantrópica que se dedica a sostener económicamente toda suerte de asociaciones benéficas, científicas y sanitarias. Al no poder compatibilizar esas tareas con las actividades de Batman decidió volver a delegar fun- ciones para dedicarse plenamente a lo que considera su verdadera tarea, que es ser Batman. Thomas Wayne, conocedor por su profesión de las posibles conse-

Thomas Wayne rescata al pequeño Bruce de la caverna con murciélagos (“Batman

Begins”, Christopher Nolan, 2005)

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cuencias de una infancia desarrollada bajo el abrigo de unos recursos económicos prácticamente ilimitados, inculcó a su hijo la necesidad de uti- lizar dicha fortuna de un modo racional. De hecho, aunque no lo necesita- ba, él mismo estudió y ejerció la carrera de Medicina por la vocación de ser personalmente útil a los demás.

Bruce Wayne ha vivido siempre, salvo un cierto período de tiempo, en la Mansión familiar. Al parecer, casi sin amigos con los que jugar. Durante su primera infancia mostró una inteligencia brillante; des- tacó siempre en los estudios. Aunque se aburría mucho en clase. Su padre tuvo que luchar con tesón para canalizar adecuadamente los esfuerzos del muchacho sobre las materias que estudiaba, pues Bruce se mostraba algo disperso y caprichoso; sin una disciplina de estudio sistemático espon- tánea, debido a la gran facilidad que tenía para retener el material de las asignaturas, sin estudiar. Y su padre intentó corregirle con una educación amable, pero firme y minuciosa. Aunque la madre de Bruce Wayne también consideraba razonable cierta disciplina para poder encauzar la conducta dispersa de su hijo, procu-

La gran tragedia, según Mike Manley (“Año cero” número 511, Septiembre 1994)

... y un juramento que dura toda una vida (“Batman: La máscara del fantasma”, Eric Radomski y Bruce W. Timm, 1993)

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raba suavizar el rigor paterno, siempre que ello era posible. Bruce la recuerda leyéndole cuentos en la cama para hacer más breve la llegada del sueño nocturno. En líneas generales, Bruce piensa en su madre como el contrapunto de su padre. Ella era más familiar, más próxima y comunicativa, con gustos más livianos que los de Thomas Wayne; a quien recuerda más seve- ro, serio, ordenado, meticuloso y entregado a sus tareas. Las características personales de ambos se complementaban y el matrimonio pa- recía llevarse bien. A los seis años de edad, una tarde de primavera en la que Bruce se encontraba jugan- do solo en los extensos jardines de la Mansión

Wayne, rodeó un matorral situado en una zona apartada y cayó por un socavón que había pasado inadvertido hasta entonces gracias a la maleza que lo cubría. Bruce no recuerda cuanto tiempo estuvo cayendo, aunque le pareció eterno; lo cierto es que cuando tocó fondo, se encontró en el oscuro interior de una cueva, de cuya bóveda colgaban numerosos murciélagos. Tras el correspondiente susto, Bruce recuerda la sensación de alivio que experimentó cuando su padre acudió a rescatarlo con una potente linterna eléctrica. Y también recuerda el sobrecogimiento que inundó a los dos cuando, gracias a la luz artificial, pudieron advertir las enormes dimensio- nes de aquella cueva, situada justo bajo los cimientos de la Mansión familiar, y los innumerables murciélagos que la habitaban. Algunos han creído ver en este episodio algo parecido a una premoni- ción, pues esa cueva fue la que Batman transformaría más tarde en su cuartel general, adoptando preci- samente el murciélago co- mo emblema para su cruzada.

Aspecto generalmente admitido para Alfred

Pennyworth, mayordomo, tutor, enfermero, cómplice y

amigo de Bruce Wayne

Alfred Pennyworth tuteló la minoría de edad de Bruce Wayne (Michael Caine en “Batman Begins”, Christopher Nolan, 2005)

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Cuando Bruce Way- ne contaba ocho años de edad, presenció un hecho dramático que marcó para siempre su vida. Sucedió la tarde de un 26 de Junio, ya anochecido. Había acudido con sus padres a una sala cinematográfica del elegan- te barrio Park Row para presenciar la proyección de la película "La marca del Zorro", seleccionada por su madre. Al salir del local, el matrimonio Wayne sufrió

un atraco que se saldó con un tiroteo en el que la pareja encontró la muerte. El pequeño Bruce presenció atónito e impotente toda la escena, pero fue capaz de labrar a fuego en su juvenil mente el rostro del homicida: un delincuente llamado Joe Chill. Las sirenas de los coche-patrulla de la policía consiguieron poner en fuga al asesino, cuando volvía su revolver hacia el rostro del niño. Bruce Wayne aún se estremece evocando aquel momento. Y más aún cuando re- cuerda que fue él quien sugirió a su madre que se pusiera al cuello el collar de perlas que despertó la codicia del criminal.

Aquí, quizás, sea interesante introducir un pequeño inciso para que el lector advierta los cambios que el personaje ha sufrido a lo largo del tiempo para adaptarlo a

cada época. Durante la primera década de las aventuras del héroe, los guionistas repetían siempre que Thomas Wayne fue el único tiroteado. Su esposa murió también, allí mismo, pero como consecuencia de un infarto desencadenado por la situación. Parece que en aquellos tiempos se consideraba excesivamente perverso el asesinato de una mu- jer (recuérdese el desprecio de sexo comoagravante penal, in- corporada de nuevo, por cierto, al Código Penal español, en 2004); por lo que se recurría al mencionado subterfugio para explicar la muerte de la madre

Bruce Wayne delega la dirección de sus negocios en su hombre de confianza Julius Fox, encarnados aquí por Christian Bale y Morgan Freeman respectivamente

(“Batman Begins”, Christopher Nolan, 2005)

Bruce hace breves visitas a la casa familiar durante la preparación que se ha impuesto para luchar contra el crimen (“Batman Begins”, Christopher Nolan, 2005)

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de Bruce. Posteriormente, en épocas de una

violencia social más generalizada y con el auge de la igualdad entre los sexos a todos los niveles, los guionistas ya se atrevieron a sostener que Martha Wayne también murió como consecuencia di- recta de las heridas de bala infringidas por el asesino. Originalmente, lo que buscaba el ladrón era la cartera del Dr. Wayne. Es más adelante cuando se añade el detalle de que la pieza codiciada era también el collar de perlas que Martha Wayne lle- vaba al cuello; y que ambos encontraron la muerte al resistirse al asesino. Que fuera Bruce quien sugirió a su madre que se pusiera el collar, es un añadido muy de última hora para añadir dramatismo a la vivencia traumática infantil de Bat- man.

Bruce juró vengar la muerte de sus padres en el mismo lugar del crimen con los ojos anegados por las lágrimas, cuando los cadá- veres de sus padres aún yacían sobre el ensangrentado pavimento. Jura- mento que repitió después ante su tumba, añadiendo que, en su memoria, no descansaría hasta erradicar El Crimen de Gotham. Los inicios de su orfandad fueron difíciles por muchas razones que a nadie se le pueden ocultar. No sólo debía adaptarse a una dramática situa- ción nueva, sino que, también, tuvo que dedicar gran parte de su tiempo a conseguir zafarse de la tutela del Estado. Durante un buen número de

meses, inundó la Administra- ción de papeles hasta que consiguió que se olvidaran de él. Creció bajo la tutela ofi- cial de Alfred Pennyworth, el mayordomo de la familia, y de la Dra. Leslie Thompkins, una médico y asistente social que había atendido al joven Bruce

en el mismo lugar del asesinato de sus padres, y lo había acompañado

Bruce se entrena duramente para su futura carrera como Batman (dibujo de, al parecer,

Bob Kane, 1939)

Un murciélago irrumpe en el salón e inspira el

disfraz de Batman (dibujo de Frank Miller y David Mazuchelli, 1986)

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posteriormente en todos los momentos que siguieron al acontecimiento. La Dra. Thompkins terminó encariñándose con él y se unió a Alfred en la solicitud de su tutela legal, con la aceptación más o menos indiferente del muchacho. Pese a la buena voluntad y a la dedicación de ambas personas, el propio Bruce Wayne se dice a sí mismo que tras la muerte de sus padres su infancia estuvo presidida por la ausencia de amor. Siempre sintió la falta del cariño de sus progenitores. Y aún lo echa de menos ahora que es adulto. Tras aquel lamentable acontecimiento, Bruce creció solo, sin amigos, y se volvió más taciturno. Ya no necesitó de nadie para que disciplinara sus actos pues se tornó más responsable y metódico. Concentró sus esfuerzos en lecturas que le permitieran alcanzar el grado de conocimiento que creía que necesitaría en el futuro para luchar contra el crimen. Se pasaba largas horas leyendo en la biblioteca de su casa: la Mansión Wayne.

La primera aparición pública de Batman tal y como la vieron originalmente Bob Kane y Bill Finger en

Detective Comic nº 27 (1939) y recrearon Frank Miller y David Mazuchelli, años después, en “Batman: Año uno” (1986).

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Sus resultados escolares fueron muy desiguales. Lo mismo alcanzaba "el nivel de genio", según sus profesores, en las asignaturas que le interesa- ban, como se limitaba a obtener las calificaciones que necesitaba para supe- rar la materia en las que le resultaban indiferentes.

Con frecuencia, por la no- che le despertaban pesadillas en las que volvía a presenciar el ase- sinato de sus padres. Se incorpo- raba asustado, sudoroso y con una gran sensación de angustia. Ha te- nido estas pesadillas durante toda su vida, incluso en la actualidad; si bien ha pasado algunas tempo- radas sin apenas sufrirlas. Durante los años que si-

guieron a la muerte de sus padres, Bruce no volvió a pisar Park Row. Los recuerdos le resultaban demasiado dolorosos y no podía acercarse a aque- llas calles. Cuando Bruce terminó la Escuela Superior, sin grandes esfuerzos, se negó a seguir estudios universitarios. Organizó meticulosamente sus finan- zas y partió hacia Europa cuando contabadieciséis años de edad. Solo, pero con la férrea determinación de prepararse definitivamente para luchar con- tra el crimen, como había prometido a sus padres. En Europa recorrió las Universidades más prestigiosas, matriculán- dose en asignaturas sueltas; pero nunca terminó cursos completos. También se hizo alumno particular de grandes personalidades y científi- cos que poseían alguna clase de conocimiento que deseaba aprender. Así, se familiarizó con todo aquello que pensaba le sería útil en su cruza- da: criminología, explosivos, botáni- ca, química, informática y psicolo- gía criminal, entre muchas cosas más. Aprendió el arte de la caracte- rización cinematográfica, para cambiar de aspecto cuando la ocasión lo requiriese. Y frecuentó los ambientes del hampa para conocer su forma de pensar y moverse.

El reflector con la batseñal (“Batman Begins”, Christopher Nolan, 2005)

La batseñal indica a Batman que la policía le necesita (“Batman vuelve”, Tim Burton, 1992)

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Pero, en aquella época, Bruce no sólo se dedicó al estudio: también frecuentó amistades femeninas, que le hicieron menos solitaria su reclusión, y asistió a los acontecimientos que se encontraban a disposición de un joven acaudalado como él. Tampoco perdió total- mente el contacto con su casa y sus empresas, pues volvía de vez en cuando a Gotham, por muy cortas temporadas, cuando algo requería su presencia allí. "¿El señor viene con el tiem- po justo de poder deshacer las maletas esta vez?", solía observar Alfred en cada uno de aquellos viajes con el sentido del humor y la flema que le proporcionaba su origen britá- nico. Y cuando asimiló en Europa todo lo que creyó provechoso, se marchó a Asia. Allí aprendió la mayor parte de las artes marciales. Practicó la autodisciplina, la concentración,

todas las técnicas de meditación. Se formó en el desprecio y la superación del dolor y de las emociones. Aprendió a controlar su cuerpo, manejándolo a voluntad en muchas de sus funciones. Aceleró sus reflejos hasta alcanzar límites asombrosos para cualquier humano corriente. Modeló su espíritu, en fin, para aventajar a los delincuentes en cualquier contingencia que le pu- dieran suscitar. Finalmente, cuando se creyó preparado, volvió definitivamente a su casa diez años después de haberse ido de ella. Tenía veintiséis años. Pero, se trajo algo más que Ciencia y dominio de sí mismo: du- rante su estancia en Asia, aprendió que la venganza no era el motor que debía impulsar su vida. Y lo sustitu- yó por un afán desmedido de justi- cia. Durante un año, Bruce se dedicó a completar su entrenamiento en la Mansión Wayne, a adaptarse a su nuevo estilo de vida, y a acon-

No siempre es fácil manejarse entre los tejados de Gotham (“Batman Begins”,

Christopher Nolan, 2005)

Los métodos de Batman son expeditivos; como colgar

por los pies a los malhechores en el vacío hasta que confiesan (“Batman Begins”, Christopher Nolan, 2005)

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dicionar la cueva que había descubierto bajo los cimientos de la casa cuando era niño. La dotó de todos los elementos tecnológicos que podrían ayudarle en su cruzada contra el crimen.

Además, se de- dicó a sus negocios e inició la construcción de las dos torres ge- melas de la Fundación Wayne, que se en- cuentran rematadas en lo alto por una estruc- tura que las mantiene unidas y alberga el lujoso ático que sirvió de vivienda a Bruce durante algún tiempo.

El edificio de la Fundación Wayne es singular en Gotham, debido, también, al enorme árbol artificial que está situado entre ambos rascacielos. Este contiene en el interior del tronco un lujoso ascensor privado para uso exclusivo del propio Bruce. Así, durante el tiempo que habitó el ático, pudo regresar a su casa sin ser visto, después de una noche de correrías bajo el disfraz de Batman. Una de las primeras acciones filantrópicas de la Fundación Wayne consistió en financiar la Clínica de la Dra. Leslie Thompkins; la mujer que fue su tutora durante su infancia, para la que siempre ha albergado fuertes sentimientos de gratitud. Esta Clínica se dedica a la aten- ción de personas marginales y sin recursos. Se encuentra situada en lo que antes fue el muy elegante barrio Park Row, cerca del lugar donde murieron asesinados los padres de Bruce, y conocido ahora con los nom- bres de Distrito Suicida o Callejón de la Muerte. Al crecer la ciudad por fuera de su perímetro original y desplazarse el centro a otros barrios, Park

Batman con el velocísimo batmovil (“Batman”, Tim Burton, 1989)

Un encuentro entre Batman y Leslie Thompkins (dibujo de Tim Sale, 1996)

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Row perdió su antigua solera y fue abandonado por sus primitivos habitan- tes. Con el tiempo, al no habérsele prestado la atención que precisaba para su mantenimiento, los edificios perdieron su antigua distinción mostrán- dose gravemente deteriorados y amenazados de ruina. El barrio se encuen- tra ahora ocupado por delincuentes de toda clase y gente de vida marginal.

Puesto que aventurarse por ese sector puede tener fatales consecuencias para quienes se aventuran a hacerlo, los habitantes de Gotham lo han rebautizado de ese modo. No obstante, los 26 de Junio de cada año, incluso los delincuentes más bragados, procuran no dejarse ver por las calles del DistritoSuici- da; porque Batman patrulla por el barrio la

noche de ese día, y ¡ay de quien se deje atrapar por él! Porque está espe- cialmente furioso. Nadie conoce la razón de ese ritual. El primer año de la llegada de Bruce a Gotham no fue muy afortu- nado en su guerra particular contra la delincuencia. El joven hizo varias salidas nocturnas, cubriendo su rostro con un pasamontañas para no ser re- conocido. Pero casi nunca consiguió sus propósitos de detener a los delin- cuentes que encontraba en su camino. Y no sólo eso: por si fuera poco, él mismo fue perseguido por la policía en más de una ocasión como un crimi- nal más. Tanto unos como otros llegaron a herirle con sus disparos, heridas que fueron curadas con esmerada paciencia por el fiel Alfred, como otras más que vendrían en el futuro. Sus dificultades no se debían a falta de vo- luntad por su parte, pen- saba Bruce, ni a ausencia de habilidad para dete- nerles; el problema era que los delincuentes no le temían. Y fue así có- mo, reflexionando sobre los inconvenientes que encontraba para desarro- llar su proyecto, le surgió a Bruce la idea de disfrazarse de un modo que aterrase a los forajidos y le proporcionara la ventaja que da la sorpresa y el temor al ofuscar las decisiones del oponente.

Los murciélagos forman un ejercito de aliados para Batman (“Batman Begins”, Christopher Nolan, 2005)

El símbolo de Batman, eficazmente reconocido por los delincuentes de Gotham

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Ocurrió una noche mientras leía un libro que había comprado, durante sus correrías por Europa, en una librería de viejo de Londres. Su título era Tra- tado sobre la mente criminal, escrito por Sir Maxwell Floppy. Vencido por el sueño, Bruce dio una cabezada, y el libro cayó de sus manos quedando abierto en el suelo al azar. Cuando Bruce se inclinó para recogerlo, encontró una frase que le llamó poderosamente la atención: "...los crim- inales son cobardes y supersticiosos...". Repitió la frase en voz alta, como si la paladeara. Y cuando lo hacía, un murciélago irrumpió en el salón donde se encontraba, rompiendo los cristales de un gran venta- nal. Aquella asociación de ideas le proporcionó la que había buscado con tanto afán: se disfrazaría como un gran murciélago negro cada vez que realizase sus sali- das nocturnas; así, los delincuentes, "cobardes y su- persticiosos", terminarían por conocerle, reconocerle y temerle. Era todo lo que necesitaba. Originalmente el traje era de color gris y la capa oscilaba entre el color negro, unas veces, y el color azul oscuro en otras ocasiones. Ha sido en los últimos años cuando se planteó un cambio definitivo de color, haciendo que fuera totalmente negro. Es un detalle de menor importancia que no añade nada al personaje desde el punto de vista de la Psiquiatría. Por eso se hace caso omiso del detalle y se indica aquí que el color fue negro desde el principio. Con la ayuda del leal mayordomo, confeccionaron los primeros trajes; si bien Alfred no dejó pasar ocasión alguna para desaprobar las in- tenciones que albergaba Bruce. Mas, rindiéndose ante lo inevitable, procu- ró servir a su señor en estas tareas con la misma eficacia que ponía en otros trabajos. Alfred Pennyworth, entró al servicio de la familia Wayne cuando Bruce contaba cuatro años de edad. El pequeño Bruce quedó vivamente impresionado por el acento británico de Alfred la primera vez que le oyó hablar; lo que le hizo exclamar: "tengo que conseguir hablar yo también de ese modo". El padre de Alfred había desempeñado antes el cargo en la casa de los Wayne, y recomendó a su hijo cuando se retiró. El joven mayordomo procedía de la mejor escuela de servicio doméstico de Londres. Pero, antes

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de decidirse por el oficio de su padre, había sido actor como su madre y sus hermanos. Por las mismas fechas hizo cursos de primeros auxilios que le resultarían muy útiles en el futuro para restañar una y otra vez el maltrecho cuerpo de Bruce Wayne en sus corre- rías como Batman. Fue la experiencia de Alfred como actor la que le permitió instruir a Bruce en la impostación de la voz, educándosela concienzudamente para que la utilizara una octava más baja cuando hablase disfrazado. De ese modo, sería más difícil que alguien pudiera identificar a la persona que se ocultaba bajo la máscara con el mun- dano y muy conocido Bruce Wayne. Y así, nació Batman. En sus primeras aventuras como Batman, Bruce, con veintisiete años de edad, tuvo mejor suerte contra los delincuentes que en los encuentros anteriores. Como no rehuía actuar con contundencia, no tardó en lograr su deseo de que los malhechores le te- mieran, tanto por sus actos como por su aspecto. Y, poco a poco, consiguió que se corriera la voz en los circuitos del mundo del hampa sobre la existen- cia de un enorme murciélago negro que patrullaba las calles de Gotham por la noche.

Pero no sucedió lo mismo con la policía que lo persiguió al principio como si fuera un forajido más. Batman sólo consiguió el respeto del entonces teniente James W. Gordon, recién llegado a Gotham, cuando salvó a su hija de morir en manos de unos criminales que la tenían secues- trada. Fue entonces cuando Jim comprendió que ambos estaban del mismo lado de la Ley.

Batman come a veces (dibujo de Mark Bagley, 1997)

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Una vez ganada la confianza de Gordon, la colaboración entre Batman y la policía se hizo cada vez más estrecha. Es una alianza que ha sufrido numerosos reveses. Gor- don se ha jugado el puesto en varias ocasiones por defenderla ante sus jefes. Y, gracias a él, la postura más generalizada entre la policía es la de admitir la colaboración de Batman y tenerlo mejor como aliado que como enemigo. Fue así como surgió la idea de colocar un reflector en la azotea de la Comisaría para proyec- tar el murciélago que le sirve de emblema en las nubes que cubren la ciudad, o sobre los muros de los más altos rascacielos. Cuando tal cosa sucede, Batman sabe que le nece- sitan y Gordon que Batman acudirá inmediatamente.

En el segundo año de su existencia, Batman descubrió, ca- sualmente, el paradero de Joe Chill: el asesino de sus padres. No tuvo que esforzarse mucho en reconocerlo. El correr de los años había modificado ligeramente los rasgos del rostro del criminal; pero no tanto como para impedir una eficaz identificación para la bien entrenada memoria de Bruce Wayne.

Los comienzos con el teniente Gordon no fueron muy buenos (dibujo de David Mazzucchelli,

1987)

Sólo su aspecto provoca temor entre los

delincuentes (dibujo de Frank Miller y David Mazzucchelli, 1987)

BATMAN visto por un psiquiatra

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Batman consiguió capturarle y llevarlo al DistritoSuicida, al mis- mo lugar donde veinte años atrás había dado muerte a Thomas y Martha Wayne. Una vez allí, le recordó su crimen. Como Joe se negase a aceptar la evidencia, Bat- man le descubrió la razón por la que sabía todo sobre el siniestro asesi- nato: él era el niño super- viviente. Y se quitó la máscara para que el ho- micida le pudiera recono- cer mejor. Hasta los de- lincuentes más taimados

tenían como uno de sus objetivos posibles desvalijar al supermillonario Bruce Wayne; era utópico pensar que Joe Chill no le reconociese. En ese instante, otro delincuente, que se encontraba apostado en las proximidades de la desigual pareja, puso fin a la vida de Joe Chill con certeros disparos. Creía que éste iba a delatarlos a Batman, y no reparó en que éste no llevaba la máscara puesta. Así, Joe Chill murió llevándose con él un secreto que valía oro en el mundo del hampa: la identidad secreta del enorme mur- ciélago negro, Batman.

El propio Batman bromea a veces con el susto que provoca en los demás, aunque sólo lo haga entre amigos como el

comisario Gordon (dibujo de Neal Adams, 1971)

Espléndida recreación de Gary Oldman del teniente James Gordon en “Batman

Begins” (Christopher Nolan, 2005), compárese con el personaje del cómic de Frank Miller y David Mazzucchelli (1987)

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Pero la muerte de Joe Chill dejó insatisfecho a Bruce. Su sed de ven- ganza personal parecía colmada con la muerte del delincuente; pero, no su- cedía lo mismo con el juramento que había hecho a sus padres de erradicar el crimen de Gotham. Por eso, la carrera de Batman, lejos de concluir allí, continuó empeñada en una lucha a la que no se le avistaba ni siquiera un remoto final.

El tercer año de Batman, cuando Bruce Wayne contaba veintinueve de edad, también fue importante en la vida del per- sonaje. Acudió al Circo con una de esas novias que solía exhibir de cara a la prensa aunque no representaran mucho en su vida privada. Una vez dentro, se sentó al lado de un niño de tres años, llamado Timothy Drake, que presenciaba la función junto a sus padres. El niño parecía profundamente emocionado con el Circo, sobre todo con el número de los trapecistas. Momentos antes de sentarse bajo la carpa había conseguido que sus padres le hicieran una fotografía junto a su héroe favorito: Richard Grayson. Éste, era otro niño de trece años de edad que formaba con sus padres, John y Mary, el trío

de trapecistas más famosos de Gotham debido a su cuádruple salto mortal. Por esa razón se les conocía con el nombre de los Grayson Voladores. Y componían el mayor atractivo del espectáculo que iban a presenciar. Lo que todos ignoraban, es que unos días antes, un ganster llamado Anthony Zucco había intentado cobrar al director del Circo una protección, para que no le sucediera nada malo al negocio. El hombre se había negado a ceder al chantaje. Casualmente, Richard (Dick) había tenido la oportunidad de escuchar a escondidas la conversación entre el ganster y el director del circo. Pudo ver el rostro de Zucco, pero no consiguió comunicarle a nadie lo que había presenciado, ni siquiera a sus padres. Y pronto olvidó el incidente.

Una de las pocas ocasiones que se

le dibujan los ojos a Batman (Barry Windsor Smith, 1996)

Otro Batman de Jim Lee (2002)

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El día que Bruce acudió al Circo, los maleantes habían preparado un accidente para vengarse de la nega- tiva recibida, y para dar una lección ejemplarizante al empresario. Poco antes de que los espectadores comen- zaran a atestar el recinto, debilitaron las cuerdas de los trapecios con ácido. Más tarde, los Grayson Voladores ini- ciaron su número, ignorantes de que su trabajo había sido víctima de un sabotaje. Y cuando los padres de Ri- chard se colgaron de sus respectivos trapecios con las piernas para recibir al niño tras el cuádruple salto mortal, los cordeles se quebraron precipitán-

dose ambos hacia la pista de arena contra la que encontraron la muerte aplastados. Richard, contempló atónito lo que había sucedido desde lo alto del mástil, con el trapecio aún entre sus manos. Pero Bruce Wayne no estaba menos desconcertado, pues había presenciado su propia suerte, repetida en aquel niño que lloraba impotente ante los cuerpos sin vida de sus padres. Controlando la náusea que le invadía, Bruce se perdió entre la multitud agitada que le rodeaba para aparecer poco después transformado en Batman. Así pudo investigar el accidente encontrando que la rotura de las cuerdas de los trapecios había sido deliberada: no podía caber dudas de que habían pre- senciado un asesinato. Tras conversar con Dick y con el director del Circo, Batman descubrió quién era el principal sospechoso. Tim Drake, el niño que se había sentado accidentalmente junto a Bruce, quedó vivamente impresionado cuando vio precipitarse al vacío a los padres de Dick. Pero no se conmovió menos al pre-

Típico Batman de Neal Adams (1976)

Pese a todo, ser Batman es abrumador (dibujo de Norm Breyfogle y Steve

Mitchell, 1990)

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senciar la espectacular llegada de Batman al escenario del crimen deslizandose por el cordel con la enorme capa ondeando a su espalda. Vio cómo éste cruzaba unas pala- bras con el director de la pista, trepaba hacia la posición en la que se encontraba Dick e inspeccionaba las cuerdas de los trapecios, para bajar a continuación con el niño sujeto a su ancho pecho. Dick Grayson fue tutelado por el Estado, pues se entendía que un Circo no era el mejor lugar para criar a un niño. Así que lo enviaron a un orfanato regen- tado por monjitas que dedicaron su tiempo a consolar al crío y a retirar de su mente los posibles deseos de venganza que pudiera anidar. El drama del chico había impresionado viva- mente a Bruce. Cuando se enteró de que carecía de otros parientes y de la soli- taria suerte que le esperaba en el Orfelinato, luchó todo lo que pudo con la Admi- nistración del Estado para conseguir su tutela oficial. Tardó dos meses en resolver toda la burocracia estatal. Pero, al fin, lo consi- guió. La labor de las monjas había surtido su efecto sobre Dick. Con-siguieron erradicar el resentimiento del muchacho, aunque seguía pensando que era necesario hacer Justicia y perseguir tanto a los asesinos de sus padres como a cualquiera que se situase al margen de la Ley.

(1997)

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Ya en camino hacia la Mansión Wayne, Dick no estaba muy seguro de que le gustase vivir con el superficial Bruce Wayne. Cuando llegó a la casa no se privó de manifestar a éste y a Alfred sus dudas de que Bruce fuera la persona más idónea para hacerse cargo de él. También les expresó sus deseos de que la Justicia alcanzase a los asesinos de sus padres.

Bruce creyó verse a sí mismo hablando por boca de aquel mucha- cho. Y, en contra de la opinión del mayordomo, no encontró mejor forma de tranquilizar al joven que revelarle su identidad secreta. Sabía que con ello se ganaría el respeto inmediato de Dick. Y eso fue lo que sucedió. Pero no se conformó sólo con eso. También le ofreció la oportuni- dad de canalizar sus deseos de Justicia a través de un entrenamiento muy duro que le permitiera transfor- marse en un trasunto de Batman. Bruce no conocía una forma mejor para imponer la Justicia en el mundo del hampa que esa. Y el joven la aceptó como propia.

Seis meses más tarde nació Robin. Bruce depositó en Dick todo el afecto paternal del que había carecido él mismo en la última parte de su niñez. Le instruyó en todo lo que sabía como Bat- man. Pero también le facilitó que tuviera un hogar, amigos con los que relacionar- se y unos estudios reglados. Sin advertir- lo, Bruce repetía con el niño la suave pe- ro firme conducta directora que su padre había tenido con él años atrás. Algo que

Bruce y Richard son abiertamente heterosexuales (dibujo de Marshall Rogers, 1977)

La relación entre Bruce y Richard es claramente paterno-filial (dibujo de John

Cleary y Phil Jiménez, 1995)

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se había negado a sí mismo durante lus-tros.

En numerosas ocasiones se ha especulado sobre el tipo de relación que une a ambos personajes; afirmándose, repetidas veces, que es de tipo homosexual. Sin embargo tales comentarios han sido siempre artificios aparecidos en la prensa cuando los propietarios de los derechos sobre ambos personajes necesitaban aumentar las ventas de las películas, las series de televisión y los cómics que protagonizaban los dos. Los guionistas nunca han ofrecido dudas de que la relación entre Batman y Robin es clara- mente paterno-filial. Lo han plasmado de un modo implí- cito en los textos y, también, explícitamente, en los diálo- gos que mantienen ambos personajes. La heterosexualidad de ambos personajes se ha subrayado siempre haciéndoles tener a cada cual sus propias andanzas heterosexuales. Una de las primeras aventuras conjuntas de Batman y Robin fue, precisamente, la captura de Anthony Zucco, el asesino de los padres del últi- mo. Lo consiguieron con audacia e inteligencia y lo pusieron a disposición de la Justicia. Dado al

abrumador peso de las pruebas testificales que consiguieron reunir, Tony Zucco fue condenado a estar recluido en la cárcel durante varios años, lo que supuso una gran satisfacción personal tanto para Bruce como para el propio Dick. Se inicia así una etapa de fértil complicidad entre ambos personajes. Es el período de tiempo donde se han desarrollado la mayoría de las aven- turas clásicas de la pareja y de Batman en solitario. Durante esta época Batman se muestra equilibrado. Lo que suele atribuirse a que la ponderación de Dick supone cierta contención para el irascible, aunque contenido, Bruce. Acostumbran a comentarlo entre ellos, sobre todo por iniciativa de Dick, que parece advertir cierta inestabilidad psicológica en su tutor. Cosa que Bruce suele admitir sin muchas reti- cencias. Es la temporada que Batman emplea para desarrollar su statu quo en la ciudad de Gotham. Y así logra hacerse un lugar tanto entre la policía como entre los malhechores. Define su trabajo como una acción perma- nente de persecución de villanos y protección de las gentes. Y se empeña en enseñar a Robin que lo primero es pensar y, después, golpear. (lo que, para el presente texto se ha bautizado como la regla de Batman).

Una muestra de la heterosexualidad de Richard Grayson

BATMAN visto por un psiquiatra

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Durante este período, Batman actúa siempre de forma metódica y sistemática. Atiende a todos los detalles. Nada se le escapa. Es riguroso, disciplinado, puntual, ordenado, meticuloso. Se le podría clasificar como un fanático del trabajo (del trabajo de Batman se entiende). Batman llena por completo su vida. Deja cualquier situación laboral o placentera que esté realizando como Bruce Wayne con tal de atender a sus tareas de vigilante enmascarado; no se concede ningún descanso. En esta larga y fructífera etapa de su vida, Batman tiene con frecuencia pesadillas sobre el asesinato de sus pa- dres. Aunque, según él mismo confiesa, no suponen ninguna tortura para su espí- ritu. Pero lo cierto es que le hacen des- pertarse sudoroso y angustiado. A pesar de lo que dice, de vez en cuando reconoce que la muerte de sus padres pesa de un modo permanente sobre él. En no pocas ocasiones, cuando está herido, confiesa que no se atreve a cerrar los ojos para dejarse llevar por las dulzuras de la inconsciencia, porque si lo hiciese vería morir de nuevo a sus pa- dres. Y, además, la noche de cada 26 de Junio, aniversario del asesinato de Thomas y Martha Wayne, patrulla por el DistritoSuicida, en un rito que sólo sirve para enardecer su memoria y enfurecer su ánimo.

Batman sabe que la muerte de sus padres marcó el destino de su vida. Y, hombre racional al fin, afirma que es lo que es por su propia vo- luntad: "Elijo que este trauma dé significado a mi vida, porque nunca he encontrado nada mejor". Lo que no parece advertir Batman es que semejante elección le impide, a su vez, encontrar otra que pudiera ser mejor. Sus recuerdos afloran, junto a síntomas de ansiedad, cuando presen- cia delitos que implican a niños, o contempla casos de orfandad explotada y malos tratos de cualquier clase sobre pequeños inocentes. Pero su auto- disciplina le impide rechazar esos casos o huir. Y soportando la náusea que siente afronta las situaciones con entereza.

El espléndido ático de Bruce Wayne en la Torre de la Fundación Wayne (dibujo

de Marshall Rogers, 1977)

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En esas ocasiones, suele comentar a quien quiere escucharle, sin que nadie advierta con claridad los sentimientos que ocultan sus palabras, que "un niño necesita a sus padres. Es algo terrible para un niño tener que crecer solo". Con no poca frecuencia siente que traiciona el juramento que hizo a sus padres cuando no captura a algún criminal. Y tiende a acusarse de pequeños fallos que cualquier otra persona no dudaría en disculparse. Lo hace no sólo en la lucha contra el delito, sino también en otros aspectos más cotidianos de la vida. Porque Batman no debe cometer errores. Ni de- be disfrutar del ocio mientras el crimen siga enseñoreándose de Gotham. Batman debe ir siempre por delante de los delincuentes y de cualquier acontecimiento. Batman nunca deja aflorar sus emociones. Con frecuencia sus alia- dos le han acusado de ser un hombre frío y sin sentimientos. Mas, él recha- za esa acusación y siempre responde que tiene muchos sentimientos. Lo

que sucede es que no los expresa porque "no me hará ningún bien dejarme dominar por las emo- ciones". Y añade que ha dedicado tantos años de su vida a prepararse, precisa- mente para conseguir con- centrarse exclusivamente en lo que está haciendo sin dar lugar a que las emo- ciones le empañen el inte- lecto y enturbien su visión de lo que tiene ante sí en cada momento. En este tiempo Bat- man se gana enemigos im- portantes y otros de menor calibre. Entre los primeros, los de mayor renombre son Joker, Doscaras, Pingüino, Hiedra Venenosa, Zeus, Acertijo.

Los inicios, otra vez (dibujo de Jim Lee y Scott Williams, 2003)

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