(2) quiles, jennifer mas que amigas, Proyectos de Sociología y ética. secundaria
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(2) quiles, jennifer mas que amigas, Proyectos de Sociología y ética. secundaria

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Quiles, Jannifer - Mas que amigas - gj.rtf

MUJER TENÍAS QUE SER

COLECCIÓN DIRIGIDA POR SYLVIA DE BÉJAR

MÁS QUE AMIGAS

JENNIFER QUILES

PLAZA & JANÉS EDITORES, S.A. A Sabina Pons, mi amiga del alma Primera edición: abril, 2002 © 2002, Jennifer Quiles © 2002, Plaza 8c Janés Editores, S. A. Travessera de Gracia, 47-49. 08021 Barcelona Printed in Spain - Impreso en España ISBN: 84-01-37751-X Depósito legal: B. 12.052 - 2002 Fotocomposición: Comptex & Ass., S. L. Impreso en A fie M Gráfic, S. L. Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona) Digitalización: marta Edición:buxara, 2007

I N D I C E

AGRADECIMIENTOS 13 INTRODUCCIÓN. Tan feliz como cualquiera 17 1. Hecha un lío. Mujeres, hombres y orientación sexual 25

Orientación sexual 36 Homosexualidad 40 Bisexualidad 42

2. El enemigo exterior. Las dificultades de no ser heterosexual 47 Heterosexismo, homofobia y prejuicios sexuales 53 1. Ámbito social y cultural 54 2. Ámbito psicológico e individual 58

a) Actitudes negativas hacia la homosexualidad y la bisexualidad 58 b) Homofobia interiorizada 60

¿Cómo acabar con los prejuicios sexuales? 64 Ejercicio 67

3. ¡No es cierto! Algunos tópicos sobre homosexualidad y bisexualidad 69 ¿La homosexualidad es natural? 71 ¿Cómo se origina la homosexualidad? 74 ¿La homosexualidad es una enfermedad? 75 ¿La Biblia condena la homosexualidad? 77 En una pareja de lesbianas, ¿una hace de hombre y la otra de mujer? 80 ¿Los gays y las lesbianas abusan de los niños? 80 ¿Los gays y bisexuales son promiscuos? 81 ¿Las personas bisexuales son infieles? 82 ¿La bisexualidad es una fase? 82 ¿Es verdad que los bisexuales contagian el sida? 83

4. Ser o no ser. El camino hacia la aceptación 85 Identidad lesbiana 89 Identidad bisexual 97 La pregunta clave 98 Soy lesbiana 99 Soy bisexual 102

5. El enemigo interior. Cómo desmontar tu propio rechazo 105 ¿Te molesta la imagen masculina de algunas lesbianas? 116 ¿Recelas del mundo gay? 122 ¿Aceptas la diversidad? 132 Dificultad añadida: no ser hombre 134 Terminar con los prejuicios contra nosotras mismas 139 Construir tu autoestima 140

6. Primeros pasos. ¿Dónde están las otras? 145 Ambiente 150 Asociaciones y colectivos 157 Anuncios de contactos 158 Internet: la revolución 160 Zonas rurales y ciudades pequeñas 167

7. Sexo lésbico. Qué hacen dos mujeres en la cama 169 Nuestra idea del sexo 172 Nuestro grado de autoestima 175

Lo que sabemos de nuestro sexo 177 Todo lo que deberías saber de nuestros genitales 178 La importancia de conocerse a una misma 197 Claves del sexo lésbico 201

Fantasías 201 Caricias y masajes 202 Sexo oral 202 Tribadismo o rubbing 204 Estimulación vaginal 204 Sexo anal 206 BDSM 206 Orgasmos 208

Algunas cuestiones finales 210 8. Compartir emociones. Parejas y familias lesbianas 217

Parejas lesbianas 219 Mayor visibilidad del lesbianismo 222 Relación igualitaria y con un alto grado de intimidad 227 Noviazgos cortos y con características propias 228 Monogamia en serie 232 Fusión 235 Muerte de la cama lésbica 237 Familias lesbianas 243

9. Salir del armario. Cómo, cuándo y con quién 247 ¿Por qué salir del armario? 249 Costes y beneficios 253 Recomendaciones previas 254 Antes de empezar 255 Mostrarte en público 257 Amistades 258 Familia 260 ¿Por qué queremos que nuestros padres lo sepan? 260 Padres 262 Hijos 264 Trabajo 265

10. Mujeres pensantes. Un poco de cultura lesbica y bisexual 271 Un poco de historia 274 Novelas en español o escritas en España 276 Novelas traducidas al español 281 Un poco de cine 286 Y de música 289 Mitos televisivos 290

Epilogo 295 APÉNDICE 1. Para los padres 297 APÉNDICE 2. Más modelos de formación de la identidad homosexual 310 APÉNDICE 3. ¿Qué leer? Otros libros que pueden ayudarte 317 APÉNDICE 4. Direcciones útiles 327 Colectivos en España 328 Colectivos en América Latina 342 Recursos en Internet 351 Direcciones útiles en español 351 Direcciones útiles en inglés 352 Terapeutas 352

VOCABULARIO 355 BIBLIOGRAFÍA 358 NOTAS 362

Agradecimientos

Este libro no habría sido posible sin la ayuda de Sylvia de Béjar, que confió en mí mucho antes de que yo misma lo hiciera. Sus consejos y su valiosa edición hicieron posible que Más que amigas tenga el aspecto que tiene ahora. Muchas son las personas que me han ayudado y a quienes quiero agradecer sus ánimos y su apoyo, sobre todo a Montse Trivino, que, de forma desinteresada, ha traducido al español las citas en inglés que aparecen en el libro y me ha aguantado durante estos años de duro trabajo con una paciencia infinita. Y, por supuesto, a mi madre, mi hermana Sonia y mi cuñado David, por su apoyo constante e incondicional durante todo este tiempo. ¿Qué sería de mí sin ellos? También quiero agradecer la colaboración de los siguientes psicoterapeutas, que amablemente leyeron el manuscrito: Elisenda Castells, Rafa Ruiz, Joan Maria Bovet, Norma Vázquez, Itziar Cantera, Grupo Aldarte, Adriana Rubinstein, Cristina Garaizabal, Adoratriz Nieto, Nicole Haber, Maika Gómez, Fuensanta López y Begoña Pérez y en especial a Marián Ponte, por sus ánimos y apreciaciones. También a los profesores Sonia Soriano y Juan Antonio Herrero Brasas. Y, sobre todo, a los terapeutas Berta Silva, Anja Rudolph, Miguel Herrador, Salvador Morales, Daya H. Rolsma Tehusijarana y Mercedes Lasala, por todos estos años de aprendizaje sin los que jamás me habría sentido capaz de escribir el presente libro. En este sentido, agradezco los buenos consejos de Josep Saqués y Bel Ferrer, que me han sido muy útiles a la hora de afrontar esta peripecia editorial. También los interesantes intercambios con Alberto Bacigalupe y Mayte. Y la intensa experiencia vivida gracias a Maria Marounga y Josep Maria Fericgla de la que tanto he aprendido. Asimismo quiero dar las gracias a los integrantes de la lista de correo xena-subtexto, que com- partieron muchos momentos conmigo, en especial a Carolina, Verónica, Gloria, y Mapi, por sus opiniones sobre mi trabajo y su apoyo. A mis compañeros de Mundo Deportivo les doy las gracias por haberme enseñado tantas cosas durante los últimos diez años de mi vida, en especial a Joanjo Pallas por sacarme de alguna cri- sis; a Esther Muntañola, a Valentín Garcia, a Ferran Quevedo, a Eduard Omedes y los demás Joteros por todas esas risas. Y también a Teresa Gordo por todos esos favores. A Connie y Helle, de la librería Cómplices de Barcelona, por su amabilidad y los ratos de charla interesante entre libros. ¿Qué haría yo sin ellas? A todos los colectivos de gays y lesbianas españoles por su maravilloso trabajo y su esfuerzo anónimo diario, que ha hecho posible que un libro como este pueda publicarse, en especial a la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya, al Casal Lambda, al Grup de Lesbianes Feministes y a BarceDona. A mis amigos Ferran Camarasa, Carlos Mayor, Sorda Harris, Vicky Aznar, Ana Naranjo y Charo Salas por los momentos felices y divertidos que hemos compartido y por su comprensión cuando yo parecía estar en otro planeta. También a Ángels Balaguer y sus inyecciones de opti- mismo cuando más lo necesitaba. Y, en especial, a Ainhoa Goma, para la que no tengo palabras que puedan agradecer lo bastante su apoyo incondicional durante este tiempo; a Héléne Ben- haim, que tuvo que aguantarme en mis peores momentos y, cómo no, a Sonia Vicente y Emma- nuelle Mazzarella, por todos esos años estupendos en los que aprendí tanto. A Ceci Giménez, por los buenos tiempos. Y, sobre todo, a mi ídola, Isabel Franc, por los ratos agradables y sus valiosas enseñanzas, que han sido el mejor regalo. A mi fotógrafo Pascual Gómez y a mi estilista M.a Carmen (Polopeló de Barcelona), por cuidar de mi imagen con tanto cariño y profesionalidad. Y, por último, a Mónica González, por su ayuda y útiles comentarios acerca del libro.

INTRODUCCIÓN Tan feliz como cualquiera

Tenía diecisiete años cuando me planteé por primera vez que me gustaban las mujeres y que quizá podía ser lesbiana. Muchos pensamientos se atropellaron en mi cabeza. Corría el año 1985 y, a pesar de los avances sociales, aún no era fácil para una adolescente considerar semejante posibilidad. No tenía idea de lo que era ser homosexual. Sólo sabía que era algo tabú y que los adultos se referían a esa clase de personas con términos muy despectivos. Que yo pudiera mere- cer esos calificativos y ese desprecio me aterrorizó. Supe entonces que aquello debía guardarlo en secreto. Y eso fue lo peor. Creer que eres un monstruo cuando tienes diecisiete años es algo que no le deseo a nadie. Si me lo hubieras preguntado entonces, lo habría negado, pero en aquel tiempo mis sentimientos podían resumirse en una palabra: desprecio,

• despreciaba a las lesbianas, porque no quería ser «algo tan horrible», • despreciaba a los gays, porque me parecían seres «espantosos», • despreciaba a las personas bisexuales, porque creía que eran gente viciosa, • despreciaba a los heterosexuales, porque ellos poseían la dicha de ser «normales» y el

mundo era suyo, • despreciaba a los hombres, porque ellos tenían más ventajas que las mujeres, • despreciaba a las mujeres (sí, eso también es posible), porque me daba rabia ser una ciuda-

dana de segunda categoría, • me despreciaba a mí misma porque no quería ser así.

Puedes imaginarte lo feliz que podía ser en esas circunstancias, sintiendo tanto odio, tanta rabia y tanto rechazo. He necesitado dieciséis años de mi vida para darme cuenta de que, en realidad, eso de que te gusten las mujeres no es sólo cuestión de aceptarlo. No basta con decir «soy así» y punto. Influyen tantos factores y tantos prejuicios internos y externos, muchas veces incons- cientes, que resulta complicado abarcarlos todos. Durante el proceso de escribir este libro, me di cuenta de que la mayoría de mis problemas habían estado relacionados con esos prejuicios. To- mar conciencia de ellos y observar cómo pueden influir en todo lo que sientes, piensas y haces supone la tarea más ardua. Pero una vez que lo descubres se produce una nueva revolución. Quizá no tan radical como la que sucede cuando por primera vez admites ante ti misma que te gustan las mujeres, pero sí más profunda y positiva, porque es el primer paso hacia una vida mejor y más feliz. Cuando ya no queda ninguna duda que resolver y has integrado por completo el hecho de que te gustan las mujeres y que eso está bien y es normal, a pesar de que la sociedad diga lo contrario, entonces ya sólo te queda vivir. A lo largo de estos dieciséis años he tratado de crecer como cualquier otra persona, pero siempre acosada por dudas y preguntas que nadie podía aclarar. Desde el principio, mi inquietud me llevó a buscar respuestas. Sin embargo, la sociedad en la que vivía no las tenía o, al menos, no se encontraban con facilidad. La información me llegó en cuentagotas y tuve que buscarla hasta debajo de las piedras. Muchas veces he valorado de forma negativa mi carácter inconformista e insatisfecho, pero ha sido ese mismo carácter el que me ha llevado a perseguir un sueño: enten- der y aceptar lo que soy en una sociedad que no lo entiende ni lo acepta ¡todavía! Este libro es el resultado de esa búsqueda y ojalá te ahorre a ti todo ese tiempo que podría haber aprovechado en otras cosas. Puede que te sientas confusa o desdichada porque no tienes claro lo que eres o temes recono- cerlo. Quizá tienes dudas sobre lo que te pasa. Es lógico, en el colegio no tuviste una asignatura de orientación sexual o algo como «Lesbianas, bisexuales, heterosexuales, todas somos hijas de Dios» y, por supuesto, tus padres nunca te hablaron de eso. Tal vez tienes claros tus sentimientos, pero careces de respuesta para todas las preguntas que se

te plantean y estás cansada de llevar doble vida ♀,1 sientes mucha rabia por lo «injusta que es la sociedad» y te preocupa cómo se tomarán tus seres queridos el hecho de que tengas una relación con una mujer. Quizás eres lesbiana desde hace mucho tiempo y sólo has abierto este libro por curiosidad, para ver qué dice de eso que ya crees tener superado. Pero déjame que te haga algunas preguntas. ¿Cómo es tu relación con los hombres? ¿Tienes amistades heterosexuales? ¿Te lo pasas bien con ellas o a veces te sientes un poco «bicho raro» y no acabáis de conectar? ¿Crees que sus vidas son más monótonas que la tuya? ¿Y qué pasa con tus padres y el resto de tu familia? ¿To- dos saben lo tuyo? ¿Y en tu trabajo? ¿Qué opinión te merecen el mundo gay y lésbico? ¿Te implicas en la lucha por defender tus derechos o crees que eso sólo es para radicales feministas que quieren llamar la atención? ¿Y qué opinas de las mujeres bisexuales? ¿Confías en ellas o procuras mantenerte lo más lejos posible? ¿Y de los gays? Y si eres bisexual, ¿cómo es tu vida? ¿Tienes claro lo que significa serlo o crees que sólo es una manera de justificar que puedes salir con un hombre y una mujer a la vez? ¿Tus amigos saben que lo eres? ¿Qué piensas de las lesbianas? ¿Te parecen mujeres poco femeninas? ¿Te relacio- nas con ellas? ¿Luchas por tus derechos o crees que posees los mismos que cualquier ciudadano heterosexual? ¿Te gustan las mujeres pero prefieres salir con hombres para evitarte problemas? ¿Tal vez estás casada y tu marido ignora tus aventuras con otras mujeres? ¿Estás harta de que la gente asocie ser bisexual con ser promiscua? En resumen, quizás en estos momentos estás cuestionándote si eres o no lesbiana, si eres bi- sexual, qué eres en definitiva. O tal vez lo tienes claro, pero aún te sientes incómoda con ese aspecto de tu sexualidad. En cualquier caso, antes de abordar esa pregunta, ¿no crees que tener información fiable y exacta sobre la homosexualidad y la bisexualidad te ayudará a ver las cosas de otra manera?

A lo largo de la historia, las relaciones entre personas del mismo sexo han sido condenadas y ocultadas de forma que la heterosexualidad se ha convertido en lo único aceptado y permitido. Esta ideología heterosexista ♀ en la que se fundamenta nuestra sociedad contribuye a que pervi- van los prejuicios contra las personas que no se amoldan a la norma mayoritaria. De nada sirve que las relaciones entre personas del mismo sexo existan desde los orígenes de la humanidad y que las investigaciones de los últimos treinta años hayan probado que las diversas orientaciones sexuales son igual de sanas y naturales en el ser humano. Ese conocimiento no ha calado aún en la mayoría de la sociedad ni en las principales instituciones que administran los países, incluidas las comunidades médica, jurídica o política. La prueba de ello es que en casi todo el mundo homosexuales y bisexuales no gozan de los mismos derechos que la población heterosexual, cuando no se les persigue legalmente; son ciudadanos de segunda categoría. ¿Por qué? Nacer y crecer en el seno de una sociedad heterosexista implica que los individuos asimilen esa ideología, aunque sin ser, la mayoría de las veces, conscientes de ello. ¿Dudas de lo que te digo? Pues te propongo un sencillo ejercicio. ¿Crees todas o algunas de las frases siguientes? No con- testes a la ligera. Reflexiona con detenimiento sobre cada una de ellas antes de responder y ob- serva si en el fondo de tu mente les atribuyes alguna credibilidad:

Ser lesbiana es algo malo. Las lesbianas son marimachos que se visten con ropa de hombre. Las lesbianas son mujeres que no han encontrado al hombre adecuado. Las lesbianas son mujeres feas que nunca atrajeron a ningún hombre. Las lesbianas creen que son hombres.

1 Las palabras que aparecen en negrita y con el símbolo de la mujer vienen definidas al final en el apartado vocabulario.

Las lesbianas son así por vicio. Las lesbianas son así porque sufrieron agresiones sexuales. Las lesbianas son así porque crecieron rodeadas de hombres. Las lesbianas están enfermas. Las lesbianas son promiscuas y no tienen parejas duraderas. Las lesbianas odian a los hombres. Las lesbianas viven en un gueto porque quieren. Las lesbianas buscan mujeres para pervertirlas. A las lesbianas les gustan todas las mujeres. En una pareja de lesbianas, una hace de hombre y otra, de mujer. Las bisexuales son mujeres viciosas. Las bisexuales son lesbianas reprimidas. No hay que fiarse de una bisexual. Las bisexuales siempre engañan a sus parejas. Las bisexuales nunca tienen parejas estables. Las bisexuales contagian el sida a las lesbianas. Las bisexuales son mujeres emocionalmente inestables. Las bisexuales no son ni chicha ni limoná.

Aunque alguno de estos tópicos te parezca ridículo, la mayoría están muy arraigados en la con- ciencia popular. Mucha gente —y puede que tú misma aunque ahora no te des cuenta— cree en ellos de forma inconsciente, porque se los han inculcado desde la infancia. Es normal que te sientas confusa ante toda esta información negativa que se contradice con lo que tú eres, una mujer estupenda que simplemente ama a otras mujeres y merece la felicidad como cualquier ser humano. Y a pesar de todo, hay quien se permite el lujo de afirmar que acepta a gays, lesbianas y bi- sexuales pero... Siempre hay un pero: no permitirían que una persona homosexual cuidara o educara a sus hijos. ¡Y les aterra la idea de que podamos adoptar niños! ¿Por qué ibas a pensar tú de otra forma si nadie te dijo nunca lo contrario? Para las mujeres que se sienten atraídas por personas de su mismo sexo, la asimilación de esas ideas tiene unas consecuencias psicológicas devastadoras: • integrar una parte de una misma que es negativa socialmente supone un largo proceso que puede abarcar muchos años, • estos prejuicios interiorizados pueden provocar problemas psicológicos (falta de autoestima, depresión, odio hacia una misma, etcétera) que influirán en las relaciones sociales y de pareja e, incluso, en el desarrollo profesional.

Cada mujer es distinta y cada una afrontará todo esto de forma diferente, según la familia donde ha crecido, la educación recibida y su personalidad. Por eso a unas les cuesta más que a otras integrar lo que supone ser lesbiana o bisexual, y no todas tienen las mismas habilidades para afrontar el rechazo social y la discriminación. Ser lesbiana o bisexual, por tanto, supone enfrentarse a cuestiones que las personas hetero- sexuales jamás necesitarán plantearse. ¿Qué puedes hacer tú para superarlas de una vez y conti- nuar tu vida sin que te causen más dificultades?:

1. Conocer de forma exhaustiva en qué consiste la orientación sexual y cómo funciona, inclui- das la homosexualidad y la bisexualidad. La información es básica porque la ignorancia es la que provoca la mayoría de nuestros problemas. Algunas de las cosas que crees ahora sobre estos temas pueden ser la causa de esas dudas que te atormentan. Con la información correcta podrás

construir una imagen positiva de lo que supone ser lesbiana o bisexual y acabar con los tópicos y estereotipos erróneos que aprendiste a lo largo de tu vida. 2. Conocer el mundo homosexual y bisexual te permitirá acercarte a tu propia cultura, que ha sido negada a lo largo de siglos de historia, con la consecuencia de que parezcamos invisibles. La cultura ayuda a formar la identidad de las personas y conocerla te dará fuerza para ser tú misma y enfrentarte al rechazo social, que se basa, insisto, en la ignorancia y la costumbre. Co- nocer a otras personas homosexuales y bisexuales facilitará que cambies tu percepción de ellas para que construyas una imagen positiva de lo que significa ser lesbiana, gay o bisexual. 3. Estar alerta ante los prejuicios que has interiorizado y desmontarlos uno a uno para que no sigan repercutiendo de forma negativa en tu vida. Mientras todavía exista algún prejuicio ente- rrado en tu interior, tu existencia se verá influida por ellos. 4. Una vez logrado lo anterior, cada individuo debe plantearse salir del armario ♀ (sólo cuando esté preparado para ello) para vivir de forma libre y plena, educar a las personas de su entorno y hacerles ver con su ejemplo que sus ideas sobre estos temas eran erróneas. Las investigaciones llevadas a cabo demuestran que a menor conocimiento de personas homo y bisexuales, mayores prejuicios contra ellas y viceversa. Cada lesbiana y bisexual tiene a su alcance ayudar a que los heterosexuales de su entorno cambien sus ideas erróneas sobre nosotras. Recuerda que, al igual que a ti, a ellos nadie les educó en estos temas. La diferencia reside en que tú necesitas esa edu- cación para aceptarte a ti misma y a ellos no les hace falta porque no les afecta. Puede parecerte ahora que callar y llevar una doble vida es la forma natural de evitarte problemas. Pero esa ac- titud, aunque no te lo parezca, está relacionada con las creencias negativas acerca de las relacio- nes homosexuales que subsisten en tu inconsciente. Es importante que te des cuenta de esto.

Mi propósito es guiarte a través de estos cuatro pasos para alcanzar un estado en el que puedas aceptar lo que eres sin que te sientas culpable. No importa el momento en que te encuentres: si acabas de descubrir que te gustan las mujeres, si eres lesbiana o bisexual desde hace tiempo y has hojeado este libro sólo por curiosidad o conoces a alguien que lo es. Seas lo que seas y estés donde estés, podrás hacer que tu vida mejore. Y entonces podrás invertir tu tiempo en otras co- sas mucho más importantes, como amar y ser feliz. Te lo mereces.

1. Hecha un lío. Mujeres, hombres y orientación sexual

Es probable que cada día hagas cosas de forma instintiva, sin darte cuenta. Te duchas, comes, estudias, pagas facturas, escribes o conduces. Hubo un tiempo en que tuviste que aprender a hacerlas. Entonces quizá te parecieron complicadas, pero ahora te resultan tareas fáciles y sin secretos. Como dijimos en la introducción, en la escuela no tuvimos una asignatura de orienta- ción sexual ni nada parecido. Algunas fuimos afortunadas porque incluyeron en nuestra ense- ñanza clases de sexualidad, aunque lo más probable es que fueran lecciones sobre anatomía y reproducción. Si eres muy joven, quizá tu suerte ha sido mayor y hubo alguien que te habló de homosexualidad y tal vez de bisexualidad. Pero seguro que aquella charla no fue suficiente. Hay mucho por saber de la orientación sexual y ni las escuelas ni los padres prestan atención a este tema. Ante esta falta de información, cuando de pronto descubres que te gustan las mujeres, es normal que aparezcan el desconcierto y las dudas y que te sientas hecha un lío. Pero con el aprendizaje adecuado, todo esto te parecerá tan sencillo como esas tareas que realizas cada día de forma inconsciente… Ahora vamos a explorar un poco tu situación. Aquí tienes una serie de preguntas e ideas que quizá te hayan pasado por la cabeza. Algunas pueden parecer te lejanas, pero seguro que muchas de ellas te habrán atormentado en más de una ocasión. Incluso puede ocurrir que no te hayas planteado nada de esto y que consideres que tus relaciones con mujeres se deben a que ellas te buscan y no sabes por qué. En ese caso, quizás estés negando algo importante de ti misma.

Confusión y dudas¿Me gustan las mujeres realmente? — Si me gustan, ¿soy lesbiana? — Si siento deseos por una sola mujer, ¿soy lesbiana? Haber tenido relaciones sexuales con una mujer, ¿me convierte en lesbiana? — Si me gustan más las mujeres que los hombres, ¿soy bisexual? — ¿Ser bisexual es el primer paso para ser lesbiana? — Nunca he tenido una relación con una mujer y, sin embargo, creo que soy lesbiana — Si soy lesbiana, ¿sigo siendo una mujer? — ¿Y por qué me siguen gustando los/algunos hombres? — Creo que soy lesbiana, pero me asusta la idea — ¿Esto será para siempre? — Sé que no soy lesbiana, pero no puedo evitar desear a otras mujeres y acostarme con ellas — No sé qué tengo que hacer en la cama con otra mujer — Necesito tiempo para estar segura de que soy lesbiana

Culpa y desasosiego — ¿Por qué a mí? — ¿Qué he hecho mal? — Yo no tengo nada en contra de la homosexualidad, pero ¿por qué me siento tan mal? — Mis padres se han portado bien conmigo, ¿por qué les hago esto? — Todo lo malo que me pase será por culpa de ser así — Dios me está castigando — ¿Por qué ahora?

Rechazo No quiero ser así — La gente me despreciará — Me avergüenzo de mí misma — Tengo que dejar de ser así porque me repugna — Esto es una «putada»

Temores — Si en el trabajo se enteran, me despedirán — Tendré que vivir siempre ocultándome — Nunca seré feliz — Si los demás lo saben, dejarán de hablarme y me señalarán con el dedo — No podré tener hijos — Seré víctima de agresiones

Soledad y aislamiento No tengo a quién contárselo He de guardarlo en secreto porque nadie lo entenderá — Me siento sola — ¿Hay otras como yo? — ¿Cómo puedo encontrarlas? — Nunca tendré pareja — Mi familia me dará de lado — ¿Se lo tengo que contar a mis padres? — ¿Cómo se lo digo? — Las mujeres del ambiente ♀ no me gustan

UN INCISO El estrés y la ansiedad que producen todas estas preguntas y pensamientos pueden dejarte en un estado bastante crítico. Si estás deprimida, triste, ansiosa y/o tienes conductas autodestructivas (abuso de dro- gas y alcohol, sexo sin precauciones, conducción temeraria, comportamientos agresivos, etc.) y este libro no te ayuda a superar todo eso, plantéate la posibilidad de pedir ayuda profesional. Al final encontrarás una lista de psicólogas recomendadas.

Antes de seguir, me gustaría contarte algunas historias. Todas son reales, aunque he cambiado nombres y circunstancias para preservar la intimidad de sus protagonistas. Es probable que al- gunas te suenen y encuentres detalles con los que quizá te sientas identificada.

De toda la vida. Raquel, treinta y cinco años Desde pequeña Raquel supo que el mundo femenino no le resultaba tan atractivo como el mas- culino: en los cuentos, en los tebeos, en la televisión, quienes mejor se lo pasaban eran los chi- cos. Decidió entonces que sería como ellos porque era más divertido, así que empezó a jugar con sus compañeros en lugar de relacionarse con las chicas. De forma inconsciente asimiló lo que tenía alrededor: se comportaba como los otros niños, incluso prefería vestirse como ellos. Pero cuando llegó la adolescencia, la presión del entorno la forzó a abandonar esas actividades y a tratar de ser más femenina. Aun así, Raquel no se identificaba con sus compañeras de clase. Sin embargo, sabía que no era un chico, por lo que tampoco estaba a gusto con ellos. Empezó a sentirse como un bicho raro. Cuando descubrió que le atraían otras niñas, algo se removió en su cerebro. Sin ser consciente de lo que estaba ocurriendo silenció y enterró bien hondo esa información. Pero, a cambio, tam-

bién sepultó todo vestigio de sexualidad. A medida que crecía, su vida estuvo entregada por completo a los estudios y, más tarde, al trabajo. El sexo y las relaciones no existían para ella, sólo las amistades muy íntimas con otras chicas. Pero sus amigas tarde o temprano empezaban a tener novio y la rechazaban un poco. Por fin, a los veintitrés años pudieron más sus emociones que su represión: se enamoró de una chica. No fue capaz de ocultar por más tiempo aquellos sentimientos tan intensos y se atrevió a pedir ayuda a su mejor amiga. Por suerte, ella la apoyó desde el principio y la animó a acudir a un bar de lesbianas. Raquel empezó a frecuentar aquel local los fines de semana. Al principio iba con su amiga, hasta que poco a poco conoció a otras mujeres y se atrevió a salir sola. Todo fue lento y complicado porque estaba llena de prejuicios sobre las lesbianas. Pero al fin, un día conoció a una chica e iniciaron una relación que le ayudó integrar lo que era.

Renacer a los treinta. Sara, treinta y dos años De pequeña Sara era una niña muy movida. Sus padres la llevaron al psicólogo y le diagnostica- ron hiperactividad. Su carácter la acercó a los otros niños, cuyos juegos eran mucho más físicos que los que practicaban las niñas, más sosegados y quietos. Cuando llegó la adolescencia, su hiperactividad fue remitiendo. A esa edad empezó a tener las mismas inquietudes y anhelos que el resto de sus compañeras. Pronto empezó a salir con chicos, pero no llegó a enamorarse de la forma que le contaban sus amigas. Años después, en la universidad mantuvo una relación más estable con un chico, incluso tuvo relaciones sexuales con él, pero de alguna forma Sara no se sintió completa. Algo en su interior le decía que aquello no podía ser todo. A los veintinueve decidió romper la relación con su no- vio porque ya no podía ocultarse por más tiempo que no estaba enamorada de él, que el sexo no era gratificante y que ella esperaba mucho más del amor. Sin saber muy bien cómo, empezó a pensar en la posibilidad de que le gustaran las mujeres. Ese pensamiento surgió de forma casi natural en su mente. Por su trabajo como diseñadora de pági- nas web, tenía cerca un medio que podía resultar muy prometedor: Internet. Llena de curiosidad, se atrevió una noche a entrar en un chat de lesbianas. No sabía qué buscaba con exactitud, pero quería probar. Empezó a frecuentar el lugar hasta que conoció a varias chicas. Algo surgió con una de ellas. Se pasaban las noches enteras charlando y Sara sintió que aquella amistad virtual era lo más intenso que había vivido nunca. Un día decidieron conocerse en persona. La atrac- ción fue mutua y así se inició una relación que dura hasta hoy.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Lola, cincuenta y cinco años La vida de Lola transcurrió como la de muchas otras mujeres. Fue al colegio, tuvo un novio formal, y en cuanto él acabó sus estudios y encontró un buen trabajo, se casaron. Pronto tuvie- ron descendencia, la típica parejita. No podía esperar más. Como tantas mujeres, Lola se encargaba de la educación de sus hijos, de la casa, de la compra, y de todas esas tareas que se supone que una señora debe atender. Nada parecía indicar que las cosas pudieran ser diferentes. Fueron pasando los años y su matrimonio dejó de ilusionarle. Su marido pasaba más tiempo en el trabajo y en el bar de la esquina que con ella. Se sentía inútil y fracasada. Un día empezó a asistir a unos cursillos que ofrecían en la asociación del barrio. Allí conoció a un grupo de mujeres cuyas vidas le parecieron más interesantes que la suya. A los cuarenta y nueve decidió buscar un trabajo para realizarse. A medida que ella crecía y se sentía mejor, la relación con su marido se deterioraba más y más, hasta que decidieron separarse. Sola y con sus dos hijos, inició una nueva vida en la que tuvo que trabajar duro para salir adelante. Con el paso del tiempo, conoció a una mujer con la que entabló una estrecha amistad. Para su sorpresa, se sintió atraída por ella. Estaba convencida de que después de su marido no volvería a enamorarse y aquella amiga irrumpió en su vida demostrándole todo lo contrario. Iniciaron una relación que Lola trató de ocultar a su familia porque le avergonzaba, pero poco a poco fue acla- rando sus sentimientos y acabó reuniendo el valor necesario para comunicárselo a sus hijos. Ya eran mayores y aceptaron sin problemas el amor de su madre.

Doble vida. Luisa, cuarenta y un años Luisa vivía en un pueblo y las oportunidades de expresar allí cualquier diferencia eran pocas. La presión social la llevó a ocultar en su interior algo que descubrió enseguida: le gustaban las mujeres. Haciendo caso omiso de estos sentimientos secretos, se casó a los veinte años. Sabía con seguridad que no amaba a aquel hombre, pero prefirió la comodidad del matrimonio para no tener problemas. Su vida de casada fue un engaño. A espaldas de él empezó a acudir a los bares de ambiente de una ciudad cercana, donde conocía a mujeres con las que tenía relaciones, por lo normal esporádicas. Pero esa clase de vida le aportaba más problemas que alegrías. Por un lado engañaba a su marido, que no tardó en darse cuenta de que algo iba mal. Y, por otro, mentía a sus amantes femeninas, a quienes ocultaba su condición de casada y llenaba de falsas esperan- zas. Cuando se enamoró de una mujer, supo que la mentira en que vivía desde hacía tanto tiempo tenía que acabar. Decidió contarle la verdad a su esposo. Al principio, él quiso que siguieran juntos aunque ella conservara sus amistades femeninas. La situación fue un poco confusa para su novia y aquel triángulo no satisfizo a ninguno de los tres. Al fin, Luisa dejó a su marido y se estableció con su nueva pareja. Ahora quiere recuperar el tiempo perdido.

Depende del momento. Ana, treinta y siete años Desde pequeña Ana supo que le gustaban los chicos y las chicas por igual. Y también supo que era mejor llevar en secreto el hecho de que le gustaran las personas de su mismo sexo. Ya de adulta tuvo varios novios formales. Los amó y fue feliz con ellos en todos los aspectos, pero seguían atrayéndole las mujeres, aunque nunca se había atrevido a dar el paso para acercarse a alguna. Temía equivocarse y ser rechazada. Un día la oportunidad llamó a su puerta. En un cur- sillo de submarinismo conoció a una chica por la que se sintió atraída. Y resultó ser algo mutuo. Inició con ella una relación que le pareció muy gratificante. A lo largo de los años alternó relaciones con personas de ambos sexos. Si analizaba sus expe- riencias, no podía dar más peso en la balanza al género masculino que al femenino. Los hom- bres le aportaban unas cosas y las mujeres otras, y no quería renunciar a ninguna de las dos. Para ella estaba claro que amaba a seres humanos por encima de su género. En la actualidad lleva cinco años viviendo con una mujer, con la que es feliz. Aunque ha habido hombres y mu- jeres en su vida, nunca coincidieron en el tiempo. En todas sus relaciones ha sido fiel.

Encuentro casual. Laura, veinticinco años. Laura siempre fue heterosexual. Nunca tuvo la más mínima duda. Llevaba cinco años con su novio cuando se cruzó con una mujer de la que se enamoró con locura. Aquella relación le abrió nuevos horizontes y la ayudó a crecer: ya no era feliz con su compañero y decidió separarse. Pero la relación con su nueva amante no duró mucho. Sola y confusa por la experiencia, nece- sitó cierto tiempo para aclarar sus sentimientos. Pero hoy sabe lo que quiere y lo que es. Admite que es heterosexual, aunque algunas mujeres pueden atraerle. También asegura que el sexo con las mujeres es muy satisfactorio, quizás incluso mejor que con los hombres, pero sigue sintién- dose atraída por ellos en planos diferentes. En la actualidad tiene novio y está contenta por haber vivido esa experiencia que le ha hecho abrirse y ser más tolerante. Considera que prefiere a los hombres, pero que podría volver a enamorarse de una mujer y que eso no tiene por qué poner en duda su orientación sexual.

Algunas cuestiones Ahora que has leído estas historias, responde a las siguientes preguntas:

— ¿Quién es lesbiana y quién no? — ¿Hay alguna que sea más lesbiana que otra? — ¿Las mujeres que han estado casadas son bisexuales? — ¿Y las que han tenido novio?

— ¿Cuándo es lesbiana una mujer y cuándo bisexual? — ¿Qué es lo que marca la diferencia? — ¿Se nace siendo de esa manera o la orientación sexual puede variar a lo largo del tiempo? — ¿Puedes ser heterosexual y tener relaciones con una mujer? — ¿Lo tienes claro?

Si tienes dudas para responder es por la confusión que existe en torno aestos temas. Y ello se debe a que nuestra sociedad no nos ha educado para saber que existen orientaciones sexuales diferentes tanaceptables como la heterosexual, ni cómo funcionan. Al no saber nadade esa diversidad, todo resulta confuso cuando te sucede a ti. Tampoco tendrías todas estas dudas que te planteé al principio delcapítulo si desde pequeña te hubieran enseñado cómo funciona la sexualidad humana y qué es la orientación sexual; y, sobre todo, si te hubieran hablado de forma positiva acerca de todo ello. Con esa formación todo el mundo comprendería que las relaciones entre personas del mismo sexo son algo normal y natu- ral en el ser humano. Por desgracia, las cosas no son así, pero tú puedes ampliar tus conoci- mientos para aclarar esas dudas que sólo constituyen un lastre entu vida.

Orientación sexual Para que podamos acercarnos al tema de la homosexualidad y la bisexualidad de manera más objetiva, necesitamos un poco de información sobre la sexualidad humana. Trata de apartar de tu mente todas las ideas preconcebidas que tienes sobre este tema y lee lo que sigue con atención, como si fueras una observadora que mira algo desde fuera. Por el momento, no intentes identificarte con nada, sólo léelo. Desde que nacen y a medida que crecen, los niños y las niñas adquieren conciencia de su sexo y su género (masculino o femenino), hasta formarse una identidad sobre lo que son. Es decir, descubren su sexo biológico: macho si tiene los genitales masculinos (entre otros rasgos), y hembra si posee los femeninos. Y también se identifican con uno de los dos géneros. La identi- dad de género es un concepto un poco más complejo porque implica que la persona asuma las características establecidas por la sociedad para el género en cuestión y que se identifique con ellas, de forma que se considere a sí misma hombre o mujer. En este proceso en el que los niños y las niñas forman su identidad como personas, se les ense- ñan los roles adecuados a su género, es decir, qué implica y cómo tienen que comportarse para cumplir con lo que la sociedad espera de ellos como mujeres o como hombres (estas atribucio- nes varían de una cultura a otra). Y en esa información que reciben se les enseña, por defecto, a ser heterosexuales, no porque la heterosexualidad sea natural o normal, sino porque vivimos en una sociedad donde la orientación sexual*mayoritaria y aceptada es la heterosexual. La hetero- sexualidad es un estilo de vida hegemónico, «casarse y tener hijos, que a su vez se casen y los tengan ha sido la opción socialmente prevista para el conjunto de la población. Para ser "nor- mal" basta con ser esposo y esposa; pero el modelo establece, además, que la excelencia se al- canza siendo padre y madre. Un solo tipo de relación, la pareja estable y el matrimonio; un solo tipo de familia, la reproductora».1

* La orientación sexual indica hacia qué género orienta una persona su afectividad, deseo, fantasías y conducta sexual.

El aprendizaje al que niños y niñas son sometidos por el entorno empieza desde la más tierna infancia. Desde distintos medios (la familia, la escuela, la televisión, el cine, la literatura) se les inculcan, además de los roles correspondientes a su género, otra serie de principios sobre las cosas, como pueden ser las creencias religiosas o morales. Aunque en un primer momento los niños y las niñas no tengan conciencia de ello, en sus mentes se va formando la escala de valo- res que en el futuro será la base de sus creencias. Como señala la psicóloga Lynda Field,2 «nuestras creencias más arraigadas se basan en las cosas que oímos muy pronto en nuestras

vidas», a los tres años nuestro inconsciente está lleno de ideas que no hemos podido cribar de- bido a que no estamos preparadas para ello todavía. Simplemente absorbemos todo lo que nos llega como si fuéramos esponjas. La escuela psicológica Gestalt considera que este aprendizaje se realiza mediante un mecanismo denominado introyección, que consiste en que una persona incorpora una idea sin asimilarla. La introyección permite la rapidez del aprendizaje, tan necesaria durante la infancia, pero tiene como inconveniente el incorporar creencias que pueden no ser positivas para el desarrollo del individuo. Por ejemplo, si una niña recibe de su entorno la idea de que las relaciones entre per- sonas del mismo sexo están mal (sin ninguna razón que justifique tal creencia) y resulta sentir atracción por las mujeres, la idea negativa provocará en ella un conflicto interno. Necesitará dar coherencia a dos aspectos que se contradicen en su interior: por un lado, sus sentimientos, y por otro, el juicio moral negativo que la sociedad hace sobre ellos. Las creencias básicas que adquirimos en la niñez pueden modificarse y cambiar a lo largo de la vida de una persona, pero las más arraigadas están ahí, las hemos interiorizado por completo, muchas veces sin darnos cuenta de ellas. Simplemente creemos en algo, sin cuestionarnos por qué o de dónde ha surgido esa idea. Un ejemplo lo tenemos en la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal, las cosas que reciben aprobación por parte del entorno y las que no. En nuestra sociedad, tanto el hombre como la mujer deben amoldarse a sus roles de género para ser bien aceptados. En cuanto alguien se sale de su papel, es visto con recelo por los demás, que también han sido educados para esperar eso de nosotras. Y el papel de cada uno está bien claro y definido a través de los millones de mensajes recibidos en el mismo sentido: hombre, mujer, heterosexualidad. Por eso, salirse de esas expectativas causa extrañeza, cuando no rechazo. Aunque las relaciones entre hombre y mujer se enseñan como única opción posible, las cosas no son tan sencillas. Hace ya muchos años que la mayoría de los terapeutas sexuales aceptan las teorías de Alfred Kinsey acerca de la sexualidad humana, sobre todo en cuanto a la orientación sexual. Kinsey y sus colaboradores realizaron un profundo estudio acerca de los hábitos sexua- les de la población de Estados Unidos en los años cuarenta y cincuenta que supuso una auténtica revolución.* De sus conclusiones se sirvió para establecer su teoría sobre la orientación sexual de las personas que, según él, podría considerarse una especie de continuo que va desde la pura heterosexualidad hasta la pura homosexualidad, pasando por gradaciones diversas (véase cuadro 1 en la siguiente página).

CUADRO 1. La escala de Kinsey.

0 = Exclusivamente heterosexual 1 = Predominantemente heterosexual,

sólo incidentalmente homosexual 2 = Predominantemente heterosexual,

algo más que incidentalmente homosexual

3 = Igualmente heterosexual que homosexual

4 = Predominantemente homosexual, algo más que incidentalmente heterosexual

5 = Predominantemente homosexual, sólo incidentalmente heterosexual

* Entre otros datos figuran las archiconocidas cifras: el 37% de los hombres y el 13% de las mujeres de su estudio habían tenido, antes de los cuarenta ycinco años, al menos una experiencia homosexual que alcanzó el orgasmo.

6 = Exclusivamente homosexual En la actualidad se considera que las personas pueden moverse a lo largo de esta escala durante su vida, que su orientación sexual no está en un punto fijo y «en ocasiones, como por ejemplo durante la adolescencia, se pueden encontrar distintas puntuaciones según se analicen los de- seos, las fantasías, la atracción, la vinculación emocional o las conductas sexuales».3

Es por ello que algunos expertos sugieren que se consideren los actos como homo u heterosexuales en lugar de a las personas. En resumen, que es por completo normal que una persona pueda tener fantasías o deseos hacia las personas de su mismo sexo. Lo que pasa es que siempre nos lo han ocultado y eso ha provocado que esos sentimientos despierten confusión y temor en la mayoría de la gente. Esa atracción puede llevarse a la práctica o no. Y quien tenga una relación sexual o afectiva con alguien de su mismo sexo puede seguir siendo heterosexual o no. Todo depende de cada caso particular y de cómo quiera identificarse. Para ser homosexual o bisexual lo más importante es que la persona se identifique a sí misma como tal, es decir, que asuma la etiqueta homosexual o bisexual en su propia definición. Esto significa incluir esa etiqueta en el conjunto de las características que utiliza para definirse. No es necesario tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo para identificarse como homo- sexual o bisexual, aunque la mayoría de la gente necesita esa comprobación por haber sido edu- cada como heterosexual. También es cierto que muchas personas son homosexuales y bisexua- les en la práctica, pero niegan esa identidad. Su actividad sexual no concuerda con la definición que dan de sí mismas y se consideran heterosexuales. La orientación sexual es una cuestión muy compleja y, en mi opinión, este tipo de confusiones y contradicciones está relacionado con la negatividad que tienen asociadas estas orientaciones debido a la falta de educación sobre ellas.

HOMOSEXUALIDAD Aunque en España apenas contamos con estudios rigurosos sobre la homosexualidad,* en otros países llevan varias décadas analizando la cuestión. Así, los expertos han observado el fenó- meno desde todos sus ángulos y han aclarado aspectos importantes que han permitido conocer mejor la esencia del ser humano. El propio concepto de heterosexualidad existe gracias al de homosexualidad. Hasta que se empezó a hablar de ella no surgió la necesidad de buscar un tér- mino para referirse a las personas que tenían relaciones con el sexo opuesto. Como ya hemos visto, los niños y las niñas son sometidos a un proceso de aprendizaje, muchas veces a través de mensajes tácitos e implícitos, sobre cómo deben ser y comportarse. Pero ¿qué pasa cuando sienten algo diferente de lo que les están enseñando? ¿Qué pasa cuando sus senti- mientos y su sexualidad no tienen nada que ver con esos mensajes implícitos que reciben de su entorno sin cesar? Muy sencillo, deben aprender por sí mismos y mismas a manejarse con todas esas emociones. No hay nadie que les diga qué camino deben tomar ni cómo actuar ante las diversas situaciones que se les plantean. No tienen ningún modelo que imitar. Y, para colmo, la poca información que reciben sobre lo que les ocurre es casi siempre negativa. Por lo general, es durante la adolescencia cuando los jóvenes consolidan su identidad como individuos. En esta etapa se produce el despertar sexual y es entonces cuando pueden darse cuenta por primera vez de que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo. Todo parece indicar que la orientación sexual se forma en los primeros años de vida (antes de los cinco años incluso), pero no es hasta más tarde que se toma conciencia de ella. Quienes impiden que los y las adolescentes reciban información clara sobre la homosexualidad creyendo que así evitarán que sean homosexuales están muy equivocados. Se ha demostrado que no tiene nada que ver y la falta de información, por desgracia, tiene graves consecuencias para quienes siendo homo- sexuales no tienen referentes en los que mirarse. Al contrario de lo que pretenden, esa escasez de información positiva y adecuada les provoca serios problemas psicológicos. Los psicólogos suelen comparar el proceso de formación de la identidad homosexual con el de otras minorías, por ejemplo, raciales. Pero la diferencia estriba en que los niños y las niñas de una etnia minoritaria reciben el apoyo de su familia y su grupo. Su entorno más próximo les enseña las herramientas necesarias para hacer frente a la discriminación. Sin embargo, los jóve-

* La mayoría de los estudios que expongo en este libro proceden de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, que son los países que más tiempo y dinero han invertido en la cuestión gay, lésbica y bisexual. Esto se debe a que en España no se han llevado a cabo investigaciones tan exhaustivas sobre estos temas. Ello no quiere decir que la mayoría de sus conclusiones sean extrapolables a nuestra realidad.

nes homosexuales no cuentan con este apoyo. Además de no recibir ninguna enseñanza de su entorno inmediato (colegio, amigos, medios de comunicación) tampoco la tienen de su familia. Así que deben enfrentarse solos y solas a su diferencia, sin que nadie les ayude a comprenderla y con todo el sufrimiento que ello conlleva. De alguna manera han de inventarse su propia identidad. Y esto tiene muchos costos. Vivir con el rechazo del entorno sólo puede soportarse mediante la invisibilidad. La mayoría de los adolescentes optan por ocultar lo que les pasa. Esto genera estrés, aislamiento, sensación de soledad, ansiedad, angustia o depresión. Incluso pueden aparecer conductas autodestructivas como el abuso de drogas y alcohol o la práctica de sexo no seguro. Por no hablar del alto índice de suicidios entre adolescentes homosexuales. Las cifras no engañan, todos los estudios4 que se han llevado a cabo parecen indicar que un gran porcentaje de suicidios en adolescentes se debe al conflicto que les supone afrontar la homosexualidad. Es decir, que una minoría de jóvenes están expuestos a situaciones dolorosas y peligrosas debido a que casi nadie los tiene en cuenta ni se ocupa de ellos como merecen. Conscientes de ello, en noviembre de 2001 la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya* inició en esa comunidad autónoma una campaña destinada al colectivo de formadores (profesores, educadores y Administración) y a los alumnos, para orientar, normalizar y reclamar una educa- ción plural donde se contemple la presencia de gays y lesbianas. Para este colectivo, en la ac- tualidad «detectamos aún muchos problemas para educar en la diversidad de orientación sexual. Faltan medios y recursos formativos e informativos para el personal docente, que en muchas ocasiones no tienen las herramientas para enfrentarse a los alumnos gays y lesbianas y a los con- flictos que supone dentro de la comunidad educativa [...] Los niños y adolescentes gays y les- bianas encuentran en la actualidad en la escuela muchos problemas para poder expresarse y sentir según su orientación sexual. Consideramos de vital importancia que tengan, dentro del marco de la escuela, modelos cercanos a seguir [...] así como apoyo de todo el cuerpo de forma- dores, de padres y madres y de las instituciones».

BISEXUALIDAD Hasta hace poco, la bisexualidad se veía como una fase a medio camino entre dos orientaciones sexuales y, por tanto, como un estado de inmadurez en la evolución sexual de una persona. Los estudios realizados en torno a la orientación sexual hacían siempre hincapié en la homo y la heterosexualidad y se dedicaba poco espacio a la bisexualidad. Desde hace unos años empiezan a realizarse investigaciones que demuestran que la bisexualidad es una orientación sexual tan válida como las otras, con sus propias características, y que las personas bisexuales, al igual que las homosexuales, también tienen que hacer frente a numerosos obstáculos que entorpecen su desarrollo personal. La falta de atención que se le ha prestado a la bisexualidad ha fomentado una gran confusión en torno a qué es ser bisexual. En un estudio publicado en 1993 sobre bisexuales británicas, se aprecia que la percepción de la bisexualidad varía de forma considerable en cada persona. Esta diversidad hace difícil delimitar el proceso de formación de la identidad bisexual. En dicho es- tudio la bisexualidad se define como la atracción afectiva o sexual hacia los dos géneros. La forma de interpretar esta definición varía muchísimo de un individuo a otro. Así, mientras hay mujeres casadas que nunca han tenido relaciones con otras mujeres que, sin embargo, se consi- deran bisexuales, también hay mujeres que mantienen desde hace años una relación monógama con una mujer y que se identifican con la etiqueta. Incluso hay algunas que prefieren no defi- nirse porque creen que eso las limita y que su sexualidad es algo en constante evolución o que escapa al encajonamiento de una palabra. Para la autora del estudio, Sue George, vincular la bisexualidad a la conducta sexual reduce el número de individuos que podrían autodefinirse como tales. La autora considera que «las personas son bisexuales en sus emociones, en sus fan- tasías, en sus deseos, en sus identificaciones, en sus amistades, en su comunidad y en su activi-

* En España ha habido otros grupos que han iniciado campañas similares, como el COGAM de Madrid y diversos colectivos de Euskadi.

dad política, ya sean célibes, tengan una relación monógama con otra persona —del sexo que sea— o establezcan múltiples relaciones. Es una identidad que no puede cambiar ninguna pa- reja, independientemente de quien sea esa pareja, del tipo de relación que se establezca o de la duración de la misma. La única persona que puede decidir sobre tu orientación sexual eres tú misma. Por mucho que los demás se esfuercen, no pueden imponerte tus sentimientos».5

Ante todo esto, cabe plantearse unas preguntas: • Si la comunidad científica sabe que la homosexualidad y la bisexualidad no son más que una variante sexual del ser humano, ¿por qué no fomenta una mejor y más positiva información acerca de ella, sobre todo en las escuelas? • ¿Por qué los y las adolescentes homosexuales están tan desatendidos? • ¿Por qué hay tanto abismo entre «lo que se cree» y «lo que se sabe» de la homosexualidad y la bisexualidad? • ¿Acaso hay alguien que fomenta ese abismo? ¿Por qué?

Bien, ahora ya tienes unos cuantos datos sobre la orientación sexual. Es probable que esto aún no resuelva tu situación si tienes dudas. Pero déjame insistir en algo: para ser homosexual hace falta identificarse como tal. Es decir, para ser algo, una tiene que sentir que es ese algo, que se identifica con esa etiqueta. Por ejemplo, para ser médico, aparte de estudiar la carrera, una per- sona tiene que identificarse con la etiqueta médico y aplicársela en el conjunto de características que utiliza para definirse a sí misma. Muchas personas pueden sentir atracción sexual hacia personas del mismo sexo y eso no significa que sean homosexuales; la propia identificación es lo que marca la diferencia. Una mujer puede sentir deseos o fantasías hacia otras mujeres y ser heterosexual. Si ese es tu caso, debes saber que es normal que tengas esta clase de deseos y que los lleves a la práctica. Como acabas de ver, la orientación sexual es mucho más compleja de lo que nos han enseñado hasta ahora. También es verdad que hay personas que se engañan y nie- gan la definición a pesar de que su conducta sexual se limita a personas de su mismo sexo. Pero cada cual es libre de definirse como le plazca, ¿no te parece? Uno de los principales motivos que tienes para rechazar lo que te pasa, para tratar de ocultarlo o negártelo a ti misma se debe a las connotaciones tan negativas que tienen las palabras homo- sexual y lesbiana. Ya hemos dicho que esa negatividad está relacionada con la falta de educa- ción sobre el tema. Ahora es el momento de que hagas un análisis profundo y observes si recha- zas identificarte como lesbiana sólo por la negatividad del concepto. También puede ser que simplemente no lo seas, pero no te dejes engañar por las apariencias, puede que en el fondo de tu mente pese más la homofobia ♀ que la realidad (hablaremos de ello en el próximo capítulo).

RECHAZO DE LA ETIQUETA «LESBIANA» En un estudio realizado en Inglaterra6 entre población lesbiana y heterosexual todos los participantes coincidieron en un estereotipo de lesbiana percibida como hombruna, anormal y agresiva, además de poco atractiva, de aspecto masculino y negativa en su relación con los hombres. Incluso las lesbianas entrevistadas reconocieron haber tenido esa imagen antes de aceptarse a sí mismas como tales y cono- cer de verdad el mundo de las mujeres homosexuales. Es lógico que a ti te haya pasado lo mismo, pero ahora puedes cambiar esas ideas

Una vez que hayas aceptado el hecho de que te gusta una mujer o las mujeres en general, senti- rás la necesidad de redefinirte para comprender mejor lo que te pasa y darle sentido a lo nuevo. Pero puede que elijas no ponerte ninguna etiqueta. Tal vez te plantees qué necesidad tenemos de poner nombres a las cosas y te digas que no es necesario o que basta con ser feliz con lo que se siente, sin etiquetarlo. Pero no te engañes negándote a identificarte con el nombre que tiene lo que tú sientes. En nuestra sociedad las relaciones entre personas del mismo sexo se consideran relaciones homosexuales. A las personas que les gustan los hombres y las mujeres por igual se les llama bisexuales. Tengas la orientación sexual que tengas, cuando estés saliendo con una mujer, esa relación será una relación lésbica. Solo es una cuestión de palabras. Es fácil que cuando descubras que te gustan las mujeres surja la duda sobre si eres lesbiana,

bisexual o hetero, sobre todo si estos deseos aparecen en la edad adulta. Admitirlo ha cuestio- nado tu sexualidad. Hasta ese momento, aunque quizá nunca te lo habías planteado de forma consciente, pensabas que eras heterosexual. Que te gusten las mujeres o una única mujer supone replantearte muchas cosas. Pero todo depende de que seas sincera contigo misma.

2. El enemigo exterior. Las dificultades de no ser heterosexual

«La condena más general de todas las relaciones homosexuales (especialmente masculinas) tuvo su origen por el siglo VII antes de Cristo», explica Alfred Kinsey. Por aquel entonces el enfren- tamiento político entre diferentes grupos religiosos provocó que unos condenasen las prácticas homosexuales de sus enemigos como método paradiferenciarse y señalar la maldad del adversa- rio. Hay que tener en cuenta que entonces no existían los conceptos de homosexualidad ni de bi- sexualidad tal como los entendemos ahora, ni constituían una identidad con la que poder identi- ficarse.1 Simplemente había relaciones sexuales entre hombres y eso es lo que se declaró pe- cado. Las relaciones sexuales entre mujeres pasaron másinadvertidas porque no se concebía que eso pudiera existir.* En el pasado se consideraba que la mujer no tenía deseos y mucho menos sexuales; su función se reducía a tener hijos y criarlos. La condena de la homosexualidad ha incluido, a lo largo de los siglos, a las personas bisexuales cuando tenían relaciones con el mismo sexo. A efectos prácticos, bisexuales y homosexuales eran metidos en el mismo saco. Durante mucho tiempo, sobre todo cuando el poder político no estaba separado del religioso, la homosexualidad fue calificada de pecado, muchas veces relacionada con la herejía. En el siglo XIX cambió la forma de interpretarla y pasó a considerarse más como una enfermedad. Aunque era un delito penado por la ley (incluso con la muerte),** los homosexuales eran vistos como unos enfermos y la ciencia empezó a indagar sus causas para erradicar el mal. Sin embargo, las investigaciones llevadas a cabo demostraron que eso no era verdad y, por fin, en 1973 la homosexualidad fue excluida de la lista de enfermedades mentales por la Asociación Americana de Psiquiatría (la más alta institución sobre la materia en Estados Unidos) y, unos años después, por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Como siempre ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, los cambios son muy lentos y requieren muchos años para que se completen y asuman. En la actualidad, a pesar de que la ciencia considera estas orientaciones como una expresión más de la naturaleza humana y sin ninguna connotación negativa, esta creencia no se ha asentado aún en el saber popular, ni si- quiera en toda la comunidad científica, política y jurídica. Y esto tiene cierta lógica porque hasta ahora casi nadie ha tratado de acabar con esas creencias desfasadas. A principios del siglo XIX también era impensable que las mujeres tuvieran derecho al voto o que los niños no tuvieran que trabajar en las fábricas. Si nos remontamos en el tiempo, la esclavitud era algo normal y acep- tado por la sociedad y a nadie se le pasaba por la cabeza que los esclavos pudieran tener dere- chos o que fueran iguales a sus amos. Incluso en tiempos más remotos se hacían sacrificios humanos en honor a las divinidades, sin que nadie se sorprendiera de lo que hoy nos parece una atrocidad. Hace sólo sesenta años, un régimen dictatorial consideró que los judíos debían ser exterminados y a quienes ejecutaban esa orden les pareció de lo más normal hacerlo. Hoy en día todo esto nos parece inaceptable e incomprensible. La humanidad ha evolucionado en otra dirección y los derechos de las personas se han convertido en algo que defender. Con la homosexualidad y la bisexualidad ocurre lo mismo, mucha gente sigue aferrada a antiguas creencias que tuvieron sus orígenes en otro contexto cultural e ideológico pero que se han con-

* Corre el rumor de que ya en el siglo XIX la reina Victoria de Inglaterra se negó a firmar una ley contra las relaciones sexuales entre mujeres porque, según ella, no podía prohibirse lo que no existía. Desde luego, estaba equivocada y existen documentos históricos que atestiguan la presencia de relaciones sexuales entre mujeres en el pasado. ** Todavía hoy hay nueve países donde la homosexualidad se castiga con la pena de muerte, según el último informe de la ILGA (International Lesbian and Gay Association) del año 2000.

vertido en algo natural*. Ahora llega el momento de cambiar esas creencias y tú tienes la opor- tunidad de hacerlo, de ser una avanzada a tu época. Tanto si eres lesbiana o bisexual como si no. Por desgracia, aunque estemos en un momento histórico de cambio respecto a la aceptación de homo y bisexualidad, el rechazo infundado tiene terribles consecuencias para millones de perso- nas de todo el mundo. Hasta el punto de que Amnistía Internacional ha incluido a las personas homosexuales como minoría perseguida en numerosos países. Ha costado mucho, pero al fin algunas instituciones y organismos empiezan a dar la señal de alarma sobre lo que está ocu- rriendo. En el mundo occidental, la inmensa mayoría de los estados discriminan legalmente a los homo- sexuales basándose en estas creencias que ya no tienen defensa posible a la luz de las investiga- ciones de los últimos treinta años. A causa de estos prejuicios, los gobiernos privan a homo- sexuales y bisexuales de derechos tan fundamentales como el del matrimonio, la adopción o la custodia de los hijos que se comparten con la pareja. Y este hecho le parece normal al resto de la población, que lo acepta con total naturalidad. La homofobia es algo generalizado en todas par- tes. La heterosexualidad está por encima de la homosexualidad y la bisexualidad. Hay gente que opina que esto no es cierto en España y se basan en las encuestas sobre las acti- tudes de la población que suelen difundir los medios informativos cada vez que se debate la conveniencia de equiparar nuestros derechos a los de los heterosexuales. En ellas la mayoría de los encuestados se declara favorable a la igualdad. Sin embargo, esto no significa que la realidad haya cambiado. Ni la calidad de vida de gays, lesbianas y bisexuales ha mejorado de forma tan espectacular ni la gente heterosexual nos acepta de verdad. Tal como señala Juan Antonio Herrero Brasas, profesor de la Universidad de California y autor de un interesante libro sobre la cuestión homosexual en la actualidad, La sociedad gay. Una invisible minoría: «Efectivamente se han hecho encuestas, según las cuales a un porcentaje alto de la sociedad española no le impor- taría tener un hijo homosexual, le aceptarían, etc. Yo no estoy de acuerdo en absoluto en que la situación de gays y lesbianas en la sociedad sea buena y, ni mucho menos, óptima. En la ce- guera del mundo heterosexual sí entiendo que puedan llegar a creerse esas cosas. Pero, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. La abrumadora represión emocional y psicológica, el trauma emocional acumulado de tantos gays y lesbianas es el testimonio irrefuta- ble de la represión y la opresión».

DICEN QUE NOS ACEPTAN Hace un año se me ocurrió sondear a un grupo de amigos heterosexuales a los que conozco desde hace muchísimo tiempo y aseguran no tener prejuicios sobre este tema. Para ponerles a prueba (¿te he co- mentado que a veces soy un poco perversa?) les pregunté si pensaban que los gays y las lesbianas eran más promiscuos que los heterosexuales. Para mi sorpresa algunos estaban convencidos de ello: «No tienen parejas estables, pero yo creo que eso es por su naturaleza», me dijo uno. ¡Y nos conocíamos desde hacía doce años!

Heterosexismo, homofobia y prejuicios sexuales El primero en utilizar el término homofobia fue el psicólogo George Weinberg en 1969. Este término se usa para describir las reacciones hostiles hacia gays y lesbianas. Algunos estudiosos consideran que la homofobia no estaría dentro del ámbito de las fobias tradicionales, sino que se asemeja más a actitudes como la xenofobia (odio a los extranjeros) o la misoginia (odio a las mujeres). Por la misma época se acuñó también el término heterosexismo, que el psicólogo Gregory M. Herek, uno de los principales estudiosos de los prejuicios hacia las personas homosexuales, bisexuales y transexuales en Estados Unidos, define como «sistema ideológico que niega, me- nosprecia y estigmatiza cualquier forma no heterosexual de conducta, identidad, relación o co- munidad». Y señala que,el heterosexismo actúa a través de un proceso doble de invisibilidad y

* En 73 países todavía es ilegal la homosexualidad, según el informe de la ILGA (International Lesbian and Gay Association) de 2000.

ataque: la homosexualidad permanece culturalmente invisible y cuando las personas homo- sexuales se muestran, entonces son atacadas por la sociedad. Herek desaconseja el uso de la palabra homofobia porque implica que el prejuicio antigay es una enfermedad más que un fenómeno social. La palabra heterosexismo tampoco le parece ade- cuada porque está más vinculada a lo social y cultural que a las actitudes individuales. Por eso él propone el uso de «prejuicio sexual» para definir las actitudes negativas basadas en la orienta- ción sexual, tanto si el objeto a quien van dirigidas es homosexual, bisexual o heterosexual. Dada la organización social de la sexualidad que existe, este tipo de prejuicio casi siempre se dirige hacia las personas que realizan prácticas homosexuales o se definen a sí mismas como gays, lesbianas o bisexuales.2 El heterosexismo, la homofobia y el prejuicio sexual pueden actuar, sobre todo, en dos ámbitos: el social y cultural por un lado y el individual y psicológico, por el otro.

I. ÁMBITO SOCIAL Y CULTURAL La sociedad presupone siempre la heterosexualidad, sin tener en cuenta que hay una minoría de la población que no se corresponde con esta etiqueta. Hay varias formas en que la sociedad oprime a homosexuales y bisexuales, según el psicólogo Dominic Davies.3 Es evidente que estos mecanismos represivos varían según el país e incluso la zona geográfica dentro del mismo:

Conspiración de silencio: parece como si homosexuales y bisexuales no existieran, apenas aparecen en los medios de comunicación y hay escasez de centros sociales o culturales donde puedan reunirse y encontrarse. – Negación de su cultura: se ha eliminado toda referencia positiva a la homosexualidad, ocul- tando las contribuciones realizadas por artistas, filósofos, científicos, políticos... homosexuales y bisexuales a lo largo de la historia. – Negación popular: a pesar de todos los estudios realizados, la gente de la calle sigue igno- rando la existencia de lesbianas, gays y bisexuales, y la mayoría de los países no les permiten tener los mismos derechos que tienen las personas heterosexuales. Por mucho que gays y lesbia- nas lleven a cabo actos reivindicativos que mueven a cientos de miles de personas, casi nunca aparecen de forma positiva en los medios de comunicación. – Miedo a la visibilidad: muchos heterosexuales e incluso algunos homosexuales se sienten incómodos ante las relaciones entre personas del mismo sexo. La gente heterosexual habla sin problemas de lo que hace con su pareja durante el fin de semana, pero si lo hace un gay es acu- sado de ir propagando a los cuatro vientos su intimidad o de estar haciendo apología de la homosexualidad. Mucha gente acepta a gays y lesbianas mientras estén calladitos y sean dis- cretos. Simbolismo negativo: la sociedad crea reglas y normas de conducta de las que se excluye a los grupos minoritarios, que además sonvistos como desviados. Un ejemplo de esto es que gays y lesbianas no pueden beneficiarse de las ventajas legales y sociales que permite el matrimonio y luego la misma sociedad que les niega ese derecho les acusa de ser incapaces de establecer relaciones duraderas y deser promiscuos.

El heterosexismo se puede observar en todas partes, sobre todo enla educación. Para muchos psicólogos especialistas en el tema es muy importante incluir imágenes positivas sobre homo- sexualidad y bisexualidad en la educación de los y las adolescentes para:

• ayudar a quienes lo son a aceptar su sexualidad como algo natural y saludable, • educar a los y las jóvenes heterosexuales sobre diversidad sexual, lo que permitirá acabar con el heterosexismo y la homofobia, • ofrecer a quienes tienen dudas información veraz y objetiva sobre ladiversidad sexual y así permitirles que encuentren apoyo contraevitar el rechazo, el miedo y la opresión que, de otra

forma, tendránque sufrir.

Pero a pesar de las recomendaciones de los expertos, los estados siguensin cumplirlas. Por ejemplo, en Gran Bretaña existe una normativa promulgada en 1988 durante el mandato de Margaret Thatcher (la famosasección 28 de la ley de gobierno local) que prohíbe expresamente ofrecer educación positiva sobre diversidad sexual en escuelas públicas. Desoyendo a los espe- cialistas en la materia, algunos estados contribuyen a que una minoría de adolescentes paguen las consecuencias de ese grave error político. En su tesina Lesbianismo: sexualidad ignorada, la psicóloga especializada en sexualidad Marián Ponte4 llevó a cabo una investigación sobrela influencia del control social a las lesbianas. Este se produce a travésde dos mecanismos: el autocontrol y el control externo. Por autocontrol «se entiende todas aquellas conductas que tienen como objetivo evitar que el entorno conozca una determinada información del sujeto y pueda actuar en consecuencia. Se trata fundamentalmente de comportamientos de ocultación, mentira, camuflaje, etc.». El control externo «se ejecuta sobre el individuo con el fin de inhibir determinados comportamientos desviantes. Este control puede ir desde una conducta manifiesta, como el despido, por ejemplo si lo aplicamos al mundo laboral, hasta conductas muy sutiles y de difícil apreciación, como son actitudes hostiles o dis- criminatorias, comentarios, silencios, etc.» En ambos mecanismos influyen factores personales y sociales. Por ejemplo, en el autocontrol podría haber las siguientes variables personales: miedos e inseguridades, edad, bajo nivel de autoestima; y como variables sociales: un entorno familiar hostil y experiencias previas negati- vas. Ambas clases de control afectarán en la satisfacción de la persona. Para la psicóloga «el control de la identidad sexual favorecerá la insatisfacción independientemente de si este control es propio o externo». «Si las personas pueden expresar con libertad su identidad sexual lesbiana en sus diversos entornos será más fácil tener un nivel alto de satisfacción.» Ponte también explica que el control social sobre las lesbianas puede provocar:

— que transcurra un largo período de tiempo desde que descubren su homosexualidad hasta que la reconocen y admiten — que, ante el hecho de plantearse la homosexualidad, tengan alguna de las siguientes reaccio- nes:

— negación — culpabilidad y rechazo — vergüenza — ocultación — represión — evitación — miedo y duda

— que al reconocer su homosexualidad puedan sentir: — arrepentimiento — marginación social — necesidad de aceptación — discriminación — falta de una imagen social positiva y no estereotipada — desaprobación de los padres — chantajes o reproches de los padres — ponerse a la defensiva — dificultades — pérdida de relaciones

— falta de adecuación personal — falta de adecuación familiar — ocultación social — indefensión — postura de negación de los padres — malestar o angustia — mantener relaciones heterosexuales — cambio de actitudes — inhibición personal

ETIQUETAS LIMITADORAS Master status5 es un concepto psicológico con el que se explica el fenómeno por el cual una persona se ve reducida a una única etiqueta. Esto se observa a menudo en mujeres a las que mucha gente sólo ve como lesbianas. Un ejemplo concreto sería el de una escritora a la que los medios de comunicación siempre definen como «escritora lesbiana», anulando las características que ella puede considerar más importantes en su propia definición.

2. ÁMBITO PSICOLÓGICO E INDIVIDUAL El heterosexismo, la homofobia y los prejuicios sexuales también actúan de forma individual y pueden distinguirse dos clases diferentes de actitudes:

a) Actitudes negativas hacia la homosexualidad y la bisexualidad El heterosexismo cultural fomenta en los individuos actitudes negativas hacia quienes no son heterosexuales. Ya sabemos que desde muy pequeñas las personas aprenden a valorar las rela- ciones heterosexuales como lo único positivo, bien porque no oyen hablar de otras opciones, bien porque de forma directa se les indica que las otras posibilidades sexuales no están bien. Estas actitudes negativas pueden limitarse al pensamiento o materializarse en actos concretos, que van desde discriminaciones de todo tipo a agresiones verbales o físicas (incluido el asesi- nato).

CRÍMENES DE ODIO En el año 2000 más de 200 personas fueron asesinadas en todo el mundo por su orientación sexual se- gún se desprende del informe anual de la ILGA. Entre los llamados crímenes de odio (hate crimes), que comprenden los asesinatos a todo tipo de mino- rías (raciales, religiosas, etc.), los estudios indican que los cometidos contra las personas homosexuales son más crueles y feroces. ¿Por qué?, se preguntan los investigadores. ¿Qué les pasa a quienes come- ten esa clase de crímenes? ¿Qué les mueve a perpetrarlos?

Los seres humanos tendemos a servirnos de los prejuicios y los estereotipos para ordenar el mundo en el que vivimos. Esto nos crea la ilusión de que todo está bajo control. Como dice Gregory Herek, los gays, las lesbianas y los bisexuales no son más que un símbolo para muchas personas, porque en realidad no conocen a nadie así o creen que no lo conocen, ya que la mayo- ría de ellos optan por ocultar su orientación para ahorrarse problemas. Pero ¿qué motiva a las personas a mostrar este rechazo hacia la homosexualidad? Herek6 ase- gura que hay tres actitudes diferentes que tienen finalidades concretas:

■ Actitudes que cumplen una función de expresión de valores y que permiten a las personas afirmar su adherencia a una serie de ideas que están relacionadas de forma estrecha con sus concepciones sí mismas. Un católico practicante puede rechazar la homosexualidad porque así lo manda la Iglesia. Al hacerlo está expresando sus convicciones religiosas. ■ Actitudes con una función de expresión social porque al mostrarlas, el individuo siente que pertenece a un determinado grupo, que le otorga aceptación, aprobación e incluso estima de quienes considera importantes (familia, vecinos, compañeros de clase). Es decir, un joven que

está en un ambiente donde se expresa de forma habitual el rechazo hacia la homosexualidad mediante burlas y chistes heterosexistas, repetirá este tipo de conducta para sentir que forma parte de ese grupo. ■ Actitudes que sirven a una función ego-defensiva cuando la persona, al mostrar esa negativi- dad, reduce la ansiedad que le produce su propio conflicto con la sexualidad. Es el caso, por ejemplo, del personaje que aparece en la película American Beauty, que es abiertamente homó- fobo y que en realidad también tiene deseos homosexuales. Su rechazo de la homosexualidad tiene que ver con sus deseos reprimidos. Cuando algunas personas insultan a una persona homo- sexual, están afirmando su heterosexualidad y esa necesidad de declararla puede estar relacio- nada con sus propias dudas.

Para Herek, hay un vínculo muy claro entre las actitudes individuales y el heterosexismo cultu- ral, puesto que cualquier manifestación de prejuicio sexual se produce sólo cuando el individuo necesita coincidir con la ideología cultural a la que pertenece. Por tanto, a mayor educación positiva sobre la diversidad sexual humana, mayor facilidad para que las personas tengan una actitud más abierta y tolerante sobre la misma. Por las investigaciones que se han llevado a cabo, se ha descubierto que la mayoría de la gente que rechaza a las personas homosexuales no conoce a ninguna. En una encuesta entre universi- tarios estadounidenses, el 94 por ciento de quienes tenían actitudes negativas no conocía a una lesbiana y el 92 por ciento no conocía a un gay.

PERSONAS CON MAYORES PREJUICIOS HACIA GAYS Y LESBIANAS 7 ♦ Hombres: al parecer tienen más dificultades para aceptar la homosexualidad, sobre todo la masculina. Gregory Herek señala incluso que en Estados Unidos la socialización masculina implica la homofobia, es decir, que para ser hombre en ese país, hay que ser homófobo. Mayores: en general, las personas de mayor edad aceptan menos la homosexualidad. Con una educación muy religiosa, conservadora y tradicional: quienes han sido educados o proceden de familias tradicionales y muy religiosas, aceptan menos la homosexualidad. Con un tipo de pensamiento autoritario o de blanco-negro: las personas con actitudes más negativas suelen reducir la realidad a blanco o negro, correcto o incorrecto, bien o mal, sin permitir que haya opcio- nes intermedias. Con menos educación: a menor educación, más prejuicios hacia gays, lesbianas y bisexuales.

b) Homofobia interiorizada (actitudes negativas interiorizadas por los propios homosexuales) Al habernos educado en este ambiente que rechaza y critica todo lo que no sea heterosexual, interiorizamos esta negatividad de forma inconsciente y se produce un fenómeno psicológico con el que los homosexuales tienen que capear sin conocer su existencia: la homofobia interiori- zada. Algunos estudiosos prefieren llamarlo opresión interiorizada.8 Como ya vimos, los niños y las niñas aprenden a ser heterosexuales. Pero en la adolescencia, cuando tienen sus primeros impulsos sexuales conscientes, no todos se amoldan a esas enseñan- zas. Una proporción considerable siente deseos hacia personas de su mismo sexo. Sin embargo, casi todos los mensajes que reciben sobre la homosexualidad son negativos y de la bisexualidad apenas oyen hablar. En principio podría parecer que esto no es cierto. No es habitual hallar mensajes que rechacen de forma directa la homosexualidad y la bisexualidad, pero si nos fija- mos, hay infinidad de mensajes implícitos que no las apoyan. Basta con acudir al cine o a una biblioteca para comprobar que los referentes que tienen los jóvenes son claros y unívocos: hay que ser heterosexual; hay que establecerse en parejas estables, sobre todo el matrimonio; hay que tener hijos, no encuentran referentes positivos de lo que ellos y ellas sienten. En todo caso, el mensaje implícito que reciben es: «lo que tú sientes está mal». Los pocos personajes homosexuales o bisexuales que pueden encontrar en el cine o la televisión son en su mayoría negativos (asesinos psicópatas; personas infelices; retratos llenos de tópicos y

comentarios (2)
Gracias parece muy bueno y me ayudará a comprender a la comunidad LGBTI
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