ARQUEOLOGIA MUNDO MEDITERRANEO, Ejercicios de Arqueología. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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ARQUEOLOGIA MUNDO MEDITERRANEO, Ejercicios de Arqueología. Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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Asignatura: Arqueología, Profesor: Angel Morillo Cerdán, Carrera: Historia, Universidad: UCM
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Tema 8: ARTESANIA Y MANUFACTURAS EN ROMA

La cerámica romana, es una producción artesanal organizada y estandarizada, que constituye un material-guía de enorme importancia para establecer dataciones ajustadas en los registros arqueológicos correspondientes. Además, su presencia en los centros de producción y de consumo, algunas veces muy alejados de su lugar de fabricación, posibilita la obtención de datos sobre las estructuras de comercialización, fuente de primer orden para la reconstrucción del comercio antiguo y, en definitiva, de la historia económica del mundo romano.

1. La fabricación de cerámica en el mundo romano Una de las grandes ventajas inherentes a la cerámica romana es su gran abundancia en cualquier yacimiento, lo que le convierte en una gran herramienta para la reconstrucción histórica. Por otra parte, al tratarse de una producción artesanal organizada y estandarizada, con producciones en serie realizadas según determinados criterios funcionales y estéticos que van cambiando a lo largo del tiempo, constituye un material-guía de enorme importancia para establecer dataciones más o menos ajustadas en los registros arqueológicos correspondientes. Por otra parte, el análisis de la presencia de los materiales en los centros de producción y de consumo posibilita la obtención de datos sobre las estructuras de comercialización, fuente de primer orden para la reconstrucción del comercio antiguo y, en definitiva, de la historia económica del mundo romano.

5. Principales producciones cerámicas 5. 1. Denominación, uso y funciones Como bien ha apuntado M. Zarzalejos, la mayor parte de los investigadores interesados en el estudio de las cerámicas romanas coincide en destacar el carácter subjetivo y, en ocasiones, poco atinado de las denominaciones aplicadas a las diferentes especies alfareras. Se emplean criterios puramente formales o funcionales, como sucede con las ánforas, las lucernas, las cerámicas comunes o las cerámicas de paredes finas, llamadas así por la delgadez de sus paredes. En otras ocasiones, como en la sigillata, se opta por su origen geográfico para distinguir las diferentes producciones. A veces, la revisión de toda una producción antes poco definida, ha llevado a sustituir un nombre subjetivo por una nueva denominación. Sería el caso de la cerámica llamada “campaniense”, llamada así por su supuesta fabricación en Campania, terminología que ha sido sustituida por la más neutra “cerámica itálica de barniz negro”, si bien tampoco son producciones barnizadas. En otros casos la denominación deriva de aspectos tecnológicos, como la cerámica vidriada o cerámica engobada. La cerámica romana de mesa por excelencia, terra sigillata, debe su nombre a la presencia de figuras decoradas y de sello o marca de alfarero (ambos elementos reciben el nombre de sigillum), por lo que debería aplicarse a cualquier producción con decoración figurada mediante un molde o con relieves (Fig. 13). Con el tiempo, el campo de aplicación de este nombre se extendió a las series romanas con acabado en rojo brillante, pero incluyendo también los vasos de la misma producción que no estaban decorados, que constituyen una mayoría abrumadora. Pese a la falta de propiedad del término, su introducción en los ambientes investigadores explica su mantenimiento.

Por lo que se refiere al uso y función de los recipientes cerámicos romanos, hasta hace poco tiempo apenas se le ha prestado atención, ya que otros aspectos como la tipología, la datación, la decoración o la iconografía centraban los estudios cerámicos. En realidad la función de determinados recipientes no plantea problemas en casos como los de la sigillata, ánforas o lucernas, por poner tan sólo algunos ejemplos. Por este motivo, fue precisamente el campo de la cerámica común, que agrupa recipientes de formas y usos muy diversos, donde primero se planteó esta cuestión. La presencia de determinadas formas en contextos geográficos y cronológicos concretos nos habla de disponibilidad de determinados alimentos o sustancias

(relación entre la presencia de lucernas y la llegada de aceite) o los gustos culinarios (boles para papillas o polentas, platos para carne o pescado) y su evolución a lo largo del tiempo.

M. Beltrán ha propuesto la distinción de varios apartados: - Menaje de mesa. Se encuentra integrado por formas con función de plato (catillus, patella, patina), tazas o escudillas (catinus), que se emplearon para servir y consumir alimentos sólidos, piezas para beber (pocula o vasa potoria), que incluyen desde vasos globulares o de perfil troncocónico hasta formas más elaboradas como el escifos, la cílica y el cántaro. El servicio de mesa se completaba con la jarra (urceus) y la botella (lagoena), que presentan perfiles muy diversos y variables en el tiempo. Suelen corresponder a producciones que se enmarcan dentro de las categorías de cerámica de barniz negro, terra sigillata, cerámica de paredes finas u cerámica común. - Menaje de cocina y despensa. Es una categoría muy grande donde se integra un conjunto muy variado de recipientes y objetos para la transformación y conservación de alimentos. Alguna de las más características son la olla (aula), recipientes por excelencia para la cocción, la fuente para el horno (patina), la marmitas o cazuela (caccabus), empleada para cocer a fuego lento o la sartén para freír (sartago). Todos estos recipientes podían cubrirse con tapaderas para concentrar el calor (operculum). - Contenedores y recipientes para el consumo, almacenaje y transporte. Las cerámicas más comunes para estos usos son las ánforas, de diferentes formas, y las grandes dolia o tinajas, de cuerpo ovoide. - Recipientes de lavado o tratamiento diverso. Barreño o lebrillo (pelvis), colador, embudo, etc. - Instrumentos para la preparación de sustancias. El ejemplo más característico es el mortero (mortarium), con su mano de golpeo (pistillum), destinados a triturar y mezclar alimentos para preparar salsas. - Objetos de iluminación. Lucernas o lámparas de aceite. - Objetos de utilidad diversa. Dentro de esta categoría amplia se pueden incluir los objetos de escritorio como los tinteros, incensarios ungüentarios, etc

5.2.Vajilla de mesa 5. 2. 1. Cerámicas itálicas de barniz negro

Dentro de esta denominación se encuentran las cerámicas de mesa caracterizadas por un engobe o barniz negro con reflejos metálicos. En realidad, no estamos ante un barniz propiamente dicho sino ante una solución de arcilla con determinados componentes (óxido de potasio) que reacciona ante la cocción volviéndose negra.

Estas producciones, fabricadas en Italia entre finales del siglo IV y mediados del siglo I a. C., derivan de la vajilla helenística, tanto en su repertorio formal como en la tecnología aplicada y el color negro característico. Su vinculación con la Campania llevó a Lamboglia a denominarlas de forma genérica como “Campaniense”, si bien hoy se prefiere el término más neutro “Cerámica itálica de barniz negro”, ya que se han identificado otros centros de producción tanto en el sur de Italia como en Sicilia. Lamboglia fue el primero en sistematizar esta producción en 1952. Este investigador distingue una variante preliminar, la Precampaniense y tres variantes de Campaniense (A, B y C). Además establece al menos cuatro zonas productoras.

En 1981, Morel, recogiendo la nueva información derivada de numerosas excavaciones, crea una nueva clasificación alfanumérica de gran complejidad, que sigue siendo empleada hoy en día. Este autor señala que, más allá de la forma, es preciso hacer hincapié en las cuestiones técnicas para identificar centros productores y momento de fabricación. Investigadores como E. Sanmartí, J. Principal o M. Py se han ocupado en las últimas décadas de la introducción de la cerámica itálica de barniz negro en la Península Ibérica y el sur de Francia.

En la Península Itálica, de donde estas cerámicas son originarias, se distinguen diferentes producciones, de acuerdo con los centros de fabricación y las características

morfológicas. Lo que caracteriza estas producciones es su absoluta estandarización tanto morfológica como decorativa, directamente relacionada con un tipo de organización de la producción y de los modelos de explotación adoptados, que parecen evolucionar desde un modelo inicial de tipo esclavista a una verdadera actividad de tipo “industrial”. Fue fabricada para ser comercializada a través del comercio marítimo, lo que queda en evidencia por su repertorio formal, que se restringe a los tipos abiertos (platos, copas y variantes), más fáciles de apilar en las embarcaciones.

A partir de los años finales del siglo IV a. C., coincidiendo con la crisis y ruina del artesanado de Atenas y la interrupción de sus exportaciones, surgen talleres locales en el ámbito del Mediterráneo Occidental (Roma-Etruria, Rosas, Marsella, Cádiz). De todas ellas las más conocidas y que alcanzarán un mayor desarrollo serán las surgidas del llamado “Taller de las Pequeñas Estampillas”, identificado como la Cerámica Protocampaniense. Dicha producción surge entre el final del siglo IV y mediados del III a. C. en la Etruria centro-meridional y el Lacio centro-septentrional. El repertorio formal está representado por cuencos y copas con y sin asas con una decoración estampada en el fondo interno de un motivo central (palmeta, roseta, elementos figurados) o bien series de cuatro estampillas impresas con la misma orientación y sentido. Las pastas son calcáreas, depuradas y bien cocidas, con una tonalidad que oscila entre el beige claro y el anaranjado, y un recubrimiento espeso, de color negro brillante, aplicado por inmersión y con el fondo externo y parte del pie en reserva. Su difusión fue costera, alcanzando los asentamientos coloniales griegos de Massalia (Marsella) y Emporion (Empúries) y todo el Levante español hasta Murcia.

El Italia su difusión es muy limitada y Capua por el sur y Cosa hacia el norte. Las restantes producciones, conocidas como Campaniense A, B y C, alcanzan un gran desarrollo y fueron comercializadas en grandes cantidades en el Mediterráneo central y occidental. La más antigua es la Campaniense A, fabricada en el Golfo de Nápoles, aprovechando las arcillas provenientes de la isla de Ischia. Su vasta comercialización marítima se encuentra en relación con la exportación de vinos de Campania a través del puerto de Puteoli (Pozzuoli), fundado en 194 a. C., tras la II Guerra Púnica. Sus formas abiertas y fácilmente apilables nos indican esta vocación comercial como cargamento secundario de las ánforas vinarias. El vasto periodo cronológico de esta producción abarca desde finales del siglo IV hasta mediados del siglo I a. C. Según Morel, pueden distinguirse cinco etapas productivas: Primitiva (finales del siglo IV- principios del III a. C.), focalizada en la isla de Ischia, en la que se imita cerámica ática; Arcaica (280-220 a. C.), que combina formas helenísticas con perfiles propios y que apenas se difunde; la gran expansión comercial corresponde en realidad a las fases (220- 17 180 a. C.), Media/ Clásica (180-100 a. C.) y Tardía (100-50/40 a. C.), que se distinguen por el predominio de unas formas sobre otras. Esta producción se caracteriza por pastas de coloración rojiza o parda, granulosa y dura. El “barniz” exterior es negro de calidad muy variable, pudiendo presentar irisaciones rojizas y a menudo son visibles las estrías del torno. Junto al pie son frecuentes manchas rojizas y huellas digitales, que evidencian que han sido sostenidas por esa parte durante su inmersión en arcilla.

Las formas más características son platos de pescado, cuencos sin pie, páteras planas y profundas, sin olvidar otras como el tintero (formas Lamboglia 23, 25, 27c, 5, 8b, 6, 28, 5/7, 1). Las decoraciones pueden ser impresas, con una roseta central y cuatro estampillas (palmetas, rosetas, hojas de hiedra) dispuestas radialmente y rodeadas por una franja con impresiones de ruedecilla. También aparecen piezas pintadas con bandas horizontales o incisas con círculos concéntricos, decoración esta última que se hace más común desde el 150 a. C. Las cerámicas Campanienses B fueron fabricadas en diferentes áreas productoras de la Península Itálica, por lo

que se ha acuñado la denominación “Grupo o Círculo de la B” para hablar de diferentes producciones coetáneas con las mismas características formales y técnicas. El inicio de estas producciones arranca del primer cuarto del siglo II a. C. en los centros etruscos que imitaban Campaniense A, y pronto desarrollaron formas nuevas inspiradas en productos metálicos, de los que esta región era una gran productora. Desde ahí pasan a ser fabricadas en otros talleres. Ya Lamboglia situaba en Campania, concretamente en Cales, el principal grupo productor de la campaniense B.

El fin de su producción suele ponerse en relación con el inicio de la terra sigillata fabricada en Arezzo. Las formas son diferentes a las de la Campaniense A, predominando páteras y platos con pies anulares elevados, inspirados en ejemplares de vajilla metálica, y con perfiles angulosos (formas Lamboglia 1, 5, 3 y 4). Las pastas son calcáreas de tonalidad beige o rosadas, bien depuradas, duras y muy cocidas, recubiertas con un engobe negro, de tonalidades grisáceas o azuladas. Las decoraciones más frecuentes son incisas y consisten en círculos concéntricos dispuestos en el fondo del vaso, a veces con estrías entre dichos círculos. Las estampillas (losanges, palmetas) son mucho menos frecuentes (Fig. 14). También este tipo presencia una gran difusión por el Mediterráneo occidental. En la Península Ibérica alcanzan no sólo los centros costeros levantinos, sino que coincide con la conquista de territorios cada vez más amplios del interior, donde se documentan estos materiales (Fig. 15). En relación con su amplia difusión se encuentra un número creciente de producciones con rasgos tecnológicos bien diferentes a las originales etruscas, que permiten distinguirlas bien. Esto llevo a Morel a crear la denominación de “Campanienses B-oides” para los materiales de imitación fabricados en el norte y centro de la Campania (Cales y Pompeya).

Las pastas son claras y los engobes de baja calidad y escasa adherencia. Imitaciones de este mismo tipo se detectan en la Península Ibérica. La cerámica Campaniense C fue fabricada en la costa sudeste de Sicilia, en las ciudades de Siracusa y Morgantina entre el 150 y el 50 a. C. Sus pastas son grises, a veces con una tonalidad verdosa muy marcada, y un recubrimiento negro poco espeso y de tacto jabonoso. Su repertorio formal es más escaso, predominando platos y páteras inspirados en la Campaniense B. La decoración puede ser impresa (palmetas de varios tamaños, losanges) e incisa (grandes círculos concéntricos). Su presencia es minoritaria en relación con las producciones A y B. Cuando la producción de cerámica Campaniense A finaliza hacia el 50/40 a. C., la primacía de la cerámica fabricada a gran escala se traslada a la antigua Arretium (Arezzo), en la Etruria, donde se introduce rápidamente un nuevo léxico, sustituyendo el recubrimiento de “barniz” negro por otro rojo, la llamada terra sigillata itálica.

5. 2. 2. La terra sigillata itálica (TSI)

La terra sigillata es un término latino adoptado por los eruditos modernos, aplicado a los vasos decorados a molde con marca de alfarero y figuras en relieve (sigilla) y, por consecuencia, a toda la cerámica fina de mesa de superficie roja datada en época imperial, este o no sellada o decorada. Fue F. Rossi, un erudito del siglo XVIII, quien aplicó por primera vez esta denominación, aunque el término fue consagrado por Dragendorf, quien realiza a finales del XIX la primera clasificación formal de este tipo de recipientes.

Entre el 50/40 a. C. se detecta la presencia de unas producciones cerámicas muy características, con un recubrimiento externo rojo y acabado muy brillante. Esta cerámica roja, que se aparta de los productos acabados con “barniz” negro, que habían copado el ámbito de la cerámica de mesa desde varios siglos atrás, tuvo algunos precedentes en la llamada sigillata oriental, fabricada en Asia Menor (Samos, Pérgamo) en la segunda mitad del siglo II a. C. y en las series de presigillata de la región de Etruria y Sicilia, ambas producciones muy minoritarias.

Rápidamente los productos itálicos con este acabado rojo brillante se imponen en los mercados romanos occidentales, dando origen a series propias en la Galia, Hispania y el norte de África, que constituyen fabricaciones diferenciadas desde el punto de vista tecnológico, morfológico y decorativo, que adoptan en principio el nombre de la región productiva (terra sigillata gálica (TSG), terra sigillata hispánica, terra sigillata norteafricana, etc.).

Bajo el nombre de terra sigillata itálica englobamos una serie de producciones de vajilla fina con recubrimiento exterior rojo brillante. Estas series están emparentadas desde el punto de vista morfológico, decorativo y tecnológico. Con anterioridad a dicha denominación, autores como Dragendorf o Goudineau han empleado la de “terra sigillata aretina”, ya que la fabricación se constató desde finales del siglo XIX en la actual Arezzo (antigua Aretium). En el mundo anglosajón se le conoce como “Ceramic of Samian Ware”, teniendo en cuenta que en Samos fue uno de los primeros lugares donde la documentaron arqueólogos británicos y la influencia de la llamada cerámica helenística “samia”. En 1985, Pucci propone la denominación de terra sigillata itálica (TSI). Recientemente, el Conspectus Formarum ha propuesto la terminología de “sigillata realizada a la manera itálica” (al italico modo confecta), porque así se distinguen de las provinciales que imitan las itálicas, para las que se reserva la denominación “terra sigillata local de tradición itálica”.La sistematización de las formas lisas fue realizada en 1968 por Goudineau, a cuyo trabajo siguió en 1985 el de Pucci, y en 1990 una obra colectiva firmada por los más destacados especialistas bajo el nombre de Conspectus Formarum Terrae Sigillatae italico modo confectae.

La TSI es una producción de cerámica fina de mesa realizada con arcilla muy bien depurada, cubierta con un engobe de color rojo brillante, solución de la misma arcilla que el vaso pero más diluida, a la que se le aplica un colorante o coloide, en este caso óxido de hierro. Se cuecen entre 900 y 1080º C. en hornos tipo mufla con cúpula, que permiten regular la temperatura y la entrada de oxígeno en la cámara de combustión, gracias a los que se consigue que el recubrimiento adopte el color rojo (Fig. 16).

Los primeros productos de terra sigillata surgieron en el área etrusca (Aretium, Pisa, Luni), en el mismo ámbito de los alfares que fabricaban las vajillas de barniz negro. Todavía existen ciertas dudas sobre los estímulos que le dan origen. Lamboglia lo ponía en relación con postulado, mucho más ajustado a la realidad, se basan en la existencia de unas producciones datables entre el 50 y el 30 a. C. estrechamente emparentadas con formas de barniz negro itálico y con marcas y motivos decorativos comunes a ambas producciones. De hecho Dragendorf llega a la conclusión de que la TSI había surgido en los mismos talleres que fabricaban vasos de barniz negro. En Arezzo se descubren vasos de recubrimiento negro y de recubrimiento rojo en estratos superpuestos. Sea cual sea su origen no cabe duda del influjo de la vajilla metálica de bronce y planta en sus formas y decoraciones.

Tras una etapa inicial de experimentación (50/40-30 a. C.), el centro de Arezzo arranca su producción entre los años 30 y 20 a. C. elaborando formas lisas y decoradas. Más tarde surgen otros talleres itálicos (Puteoli) y extraitálicos (valle del Pó, Lyon, Herrera de Pisuerga, Sur de Hispania…).

La observación de los materiales conocidos ha permitido detectar algunas variantes técnicas y morfológicas, a las que se les ha asignado una determinada cronología. Los materiales recogidos en campamentos establecidos para la conquista de Germania como Dangstetten, Haltern y Oberaden, cuya datación es perfectamente conocida gracias a los textos antiguos, ha permitido aquilatar la cronología de las diferentes fases con 5/10 años de intervalo temporal. Sin embargo, no hay que olvidar que nos referimos a centros receptores, no

productores, lo que podría implicar cierto desfase temporal respecto a los talleres donde se fabrican, muy poco conocidos desde el punto de vista arqueológico.

Se han distinguido producciones lisas y decoradas. Por lo que se refiere a las producciones lisas, que se concentran en platos y boles (los denominados “servicios”), se han establecido varias etapas (Fig. 17 y 18):

- Etapa Antigua, comprendida entre los años 30 y 15 a. C. Los materiales presentan pastas claras (beige y rosadas), con abundante grano calcáreo y una cubierta de color rojo vivo. Las marcas de officina presentan distribución radial.

- La Época Clásica representa el punto álgido de la producción, que se sitúa entre el 15 a. C. y el cambio de Era. Los productos de esta etapa presentan pastas de color asalmonado muy depuradas y un recubrimiento rojo anaranjado muy brillante. En este momento se popularizan las marcas en posición central.

- La Fase Avanzada se extiende entre el cambio de Era y aproximadamente el 40 d. C. Los vasos de este momento presentan pastas más oscuras y una cubierta de el influjo ejercido sobre estos talleres por producciones orientales de barniz rojo fabricados en Pergamo o Samos desde mediados del siglo II a. C. Goudineau lo vincula a la propia tradición etrusco-campana. Quienes defienden este último.

- Las Producciones Tardoitálicas se sitúan en torno al área de Pisa entre el período de Claudio-Nerón y los flavios. Se caracterizan por la disminución de calidad que afecta tanto a la técnica como a la decoración. Las formas se estandarizan y su repertorio se reduce considerablemente. También se aprecian cambios en las decoraciones que pierden el estilo narrativo de las etapas antiguas. La exportación extraitálica es ya sumamente restringida. Por lo que respecta a las producciones decoradas, su producción arranca hacia el 30 a. C., perviviendo hasta el 40 d. C. (Fig. 19 y 20). El repertorio tipológico se reduce a las copas, cráteras, cántaros y olpes, siempre con decoración a molde. Las composiciones revelan un estilo muy cuidado en el tratamiento de temas figurados de asunto mitológico, representaciones arquitectónicas, animales, máscaras o elementos vegetales, sin olvidar las representaciones eróticas (Fig. 21). Hasta el 15-10 a. C. se emplean únicamente moldes con negativo en relieve, pero a partir de ese momento comienzan a utilizarse el relieve aplicado (pequeñas piezas sobre las que se inscribe con punzón o estampilla los motivos decorativos, que se aplicaban sobre el vaso y se pegaban antes de la cocción). Gracias a las marcas de officina se conocen los nombres de algunos importantes ceramistas que contaron con un número importante de esclavos aplicados a las labores de realización de punzones y elaboración de moldes. Entre ellos podemos destacar a Rasinius, Ateius, Cornelius o Perennius. Oxe y Comfort llegan a documentar más de 2600 marcas de alfarero en su Corpus Vasorum Arretinorum (1968), que se han ampliado varias decenas más en la nueva edición del Corpus, de 2000 (Oxé, Comfort y Kenrick). No se firman todos los recipientes sino sólo unos cuantos, quizá para distinguir en cada hornada las producciones de cada alfarero (Fig. 22). Junto con Arezzo, otros talleres itálicos que fabricaron TSI se ubicaron en los puertos de Pisa y Puteoli, que inician su producción en fecha posterior a la de los talleres aretinos, claramente orientada a la exportación de esta producción acompañando a productos de primera necesidad. Los materiales hallados en Pisa revelan una evidente relación con uno de los más conocidos alfareros de Arezzo –Ateius- y dos de sus libertos –Zoilus e Hilarus-. Al norte de la actual Italia, en la Galia

La dispersión de la TSI fue muy grande. A través del comercio marítimo-fluvial los recipientes alcanzan todo el Mediterráneo, copando el mercado hasta la época de Claudio,

momento en que son desplazadas por las producciones gálicas. Remontando el Ródano, alcanzan asimismo los campamentos militares establecidos en las fronteras renanas y existen producciones claramente orientadas a abastecer las tropas por parte del Estado romano. La TSI alcanza incluso zonas muy interiores como la Meseta Norte hispánica, donde asentamientos militares como Herrera de Pisuerga, Astorga y León presentan cantidades muy importantes de dicha producción. Las posibilidades comerciales de la TSI impulsan la creación de sucursales, como la de Ateius en La Muette (Lyon, Francia), e incluso imitaciones regionales en ámbitos militares (L. Terentius en Herrera de Pisuerga) o civiles (cerámica bética “tipo Peñaflor”). Dichas imitaciones se denominan de forma genérica “terra sigillata local de tradición itálica”

5. 2. 3. Terra sigillata gálica (TSG)

La instalación de sucursales de terra sigillata itálica al sur de la Galia y el propio desarrollo económico y productivo de esta región impulsan la creación de nuevos centros productores cerámicos regionales, que rápidamente se hacen con el mercado de cerámica de mesa antes controlado por las producciones de TSI. Las primeras producciones puramente gálicas, con un repertorio formal y decorativo diferenciado de las de terra sigillata itálica, surgen hacia el 20 d. C. En tan sólo 20 años, hacia el 40 d. C., han desplazado por completo a los recipientes itálicos. A partir del 60/70 d. C., la TSG comienza a ser sustituida por otras producciones. Se puede establecer asimismo una distinción regional de áreas productivas. Los primeros talleres surgen en el sur de la Galia, concretamente en La Graufesenque y Montans. A este momento corresponde la mayor difusión de la TSG. A fines del siglo I d. C., sin duda coincidiendo con la competencia de otras producciones regionales como la terra sigillata hispánica, que arrebata rápidamente los mercados de la Península Ibérica, se registra un desplazamiento de los principales talleres hacia el centro de la provincia, marcado por la preponderancia del taller de Lezoux. Finalmente, desde mediados del siglo II d. C. serán una serie de talleres del este de la Galia, vinculados al aprovisionamiento del limes germánico, quienes tomen el relevo. A continuación presentamos los rasgos más característicos de los materiales fabricados por estas tres grandes áreas productivas.

5. 2. 4. Terra sigillata hispánica (TSH)

La terra sigillata hispánica (TSH) surge en las provincias hispanas a imitación de las producciones de terra sigillata gálica, que dominan por completo el mercado peninsular a mediados del siglo I d. C. Al igual que en el caso de las producciones sudgálicas, la creación de una importante infraestructura productiva se encuentra en relación tanto con la existencia de un mercado acostumbrado a determinadas formas y decoraciones que imitar en un primer momento, como de la existencia de un fuerte desarrollo agropecuario y comercial previo, que facilita la difusión como cargamento secundario de la vajilla cerámica fabricada en los alfares correspondientes. No cabe duda de que zonas como el valle del Ebro o la Bética, donde surgieron los complejos productores más importantes, habían alcanzado un nivel de desarrollo económico muy importante a mediados del siglo I d. C. Es posible que el origen de la TSH se deba a la instalación en suelo hispano de sucursales o talleres dependientes de centros sudgálicos, aunque no se ha podido probar. En relación con estos momentos iniciales deben situarse diversas series que se vienen denominando “precoces” y “singulares”, entendiendo por las primeras aquellas producciones hispánicas iniciales inspiradas en productos extrapeninsulares pero con rasgos inequívocamente hispanos, y por las segundas aquellas que, pese a haber sido fabricadas en la península Ibérica presentan rasgos formales que no se corresponden con los de la sigillata hispánica. De cualquier forma estas producciones, que funden rasgos particulares con la imitación de características de la TSG, aún están por definir

correctamente. El estudio de las producciones hispánicas de terra sigillata puede sistematizarse en razón de criterios cronológicos y tecnológicos que permiten distinguir una etapa altoimperial y otra bajoimperial en el desarrollo de estos productos. Entre ambas se extiende un periodo de transición, correspondiente a las producciones entre 250-260 y 320 d. C. Durante mucho tiempo, la TSH se confundía en los yacimientos hispanos con la TSI y TSG. En 1912 Oxé sugiere por primera vez la existencia de una producción hispana, lo que se confirma en 1924 con el hallazgo de hornos y moldes en Abellá (Lérida). En 1961 se publica la monografía de Mezquíriz sobre los hallazgos de Pompaelo (Pamplona), donde se realiza la primera tipo- cronología. En los años 70 Garabito empieza a trabajar sobre los alfares riojano del entorno de Tricio (Tritium Magallum), hasta la publicación de su monografía en 1978. También en los 70 Sotomayor trabaja en los alfares de Andújar, que proporcionan hornos, testares y moldes. En 1978 Mayet publica su trabajo general de la TSH y unos años más tarde, en 1985, Mezquíriz vuelve a publicar la seriación en el Atlante. Desde entonces han continuado los trabajos de seriación (Rodríguez, 1998; Roca y Rodríguez 1999 y 2005). Gracias a estos trabajos se han podido establecer las características de la producción de terra sigillata hispánica altoimperial, de la que nos ocuparemos en primer lugar. Se conoce la existencia de grandes centros, con un importante volumen productivo, un funcionamiento bastante prolongado y una gran capacidad de distribución de sus productos (Fig. 29 y 30). Este sería el caso de los centros establecidos en el entorno de Tricio y los Villares de Andújar (Jaén). Junto a estas grandes áreas productivas funcionaron talleres de menor entidad, con menos flujo de fabricación, un lapso temporal de funcionamiento mucho más reducido y una difusión que afecta a un entorno espacial más próximo, algunos vinculados con los grandes centros productores cercanos. Sería el caso de Bronchales (Teruel), Cartuja y Albaicín (Granada), o el Castillón y Alameda en Antequera (Málaga), o bien de talleres para el abastecimiento de villae o ciudades, como el taller de Mérida. El principal problema es que el conocimiento arqueológico de los talleres es muy escaso, especialmente en el caso de los alfares riojanos, debiendo partir de la información proporcionada por los centros receptores. 27 5. 2. 4. 1. Los centros productor.

5. 2. 4. 1. Los centros productores riojanos

En el área riojana radica un complejo alfarero de enorme magnitud. Esta zona se concentra en torno al valle del Najerilla, estratégicamente situado entre la Meseta y el puerto fluvial romano de Vareia (Logroño), punto más septentrional que alcanzaba la navegación en el río Ebro. El núcleo antiguo que aglutinó este vasto complejo alfarero fue Tritium Magallum, identificado con el actual Tricio, con los centros alfareros de Tricio, Bezares, Arenzana de Arriba y Arenzana de Abajo, a los que se suman los de Baños de Río Tobía, Camprovín, Nájera y Manjarrés, entre otros, que apenas han sido objeto de intervenciones arqueológicas (Fig. 31). Las características técnicas que tipifican estas producciones serán las pastas de tonalidad rojiza o beige-anaranjada, con puntos amarillos y pequeñas vacuolas que le confieren un aspecto granuloso. La cubierta suele presentar coloración castaño-rojiza, brillante, unas veces con aspecto vítreo y ligeramente granuloso. El arranque temporal de estos talleres fue situado inicialmente por Mezquíriz a mediados del siglo I d. C., si bien F. Mayet adelanta ligeramente la fecha hasta la época de Claudio para las producciones precoces de imitación gálica. Hoy en día se acepta que el arranque de la producción tuvo lugar en torno al 60 d. C. Se conocen más de 100 marcas salidas de estos centros y otras doscientas presuntamente relacionadas con ellos. Las marcas de officina de los alfares riojanos suelen expresar el nombre en nominativo o genitivo, o bien emplear las fórmulas EX OF, EX OFI, EX O, EX, OF precediendo al nombre, dispuestas en el fondo interno del vaso en cartelas rectangulares de extremos rectos, redondeados o bífidos e incluso inscritas en un círculo. También se conocen marcas intradecorativas, presentes en el molde. Por lo que respecta a las formas fabricadas, predominan platos, cuencos y boles. Dentro

de los productos lisos puede efectuarse una distinción entre perfiles de inspiración gálica y los genuinamente hispánicos. En el campo de los productos decorados a molde, la forma de bol carenado (Hisp. 29) y el vaso cilíndrico (Hisp. 30) predominan hasta época flavia, momento a partir del cual serán sustituidas por los cuencos hemisféricos (Hisp. 37), llamados a imponerse sobre otras formas decoradas (Hisp. 40, 1, 20, etc.) durante los siglos II y III (Fig. 32). 28 Los esquemas decorativos más antiguos siguen de cerca los productos sudgálicos, con temas vegetales de guirnaldas y festones, arquerías, gallones o cruces de San Andrés. Uno de los alfareros que representan esta etapa inicial de la sigillata riojana es Vllo. Pronto aparecen temas dispuestos en metopas que distribuyen la decoración generando espacios lisos separados por motivos verticales que servirán de base a punzones animales, antropomorfos, vegetales o geométricos. El llamado “estilo de círculos”, que consiste en series de círculos concéntricos en friso corrido, se desarrollará a partir de los años 60/70 d. C. en coincidencia con la implantación de la forma Hisp. 37, con la que estará estrechamente relacionado. Otras modalidades decorativas poseen un carácter mucho más restringido, como el “estilo de frisos” o el “estilo de rombos” (Fig. 33). Los productos del área riojana llegaron a todos los rincones de Hispania, especialmente su mitad septentrional, llegando al territorio bético donde entraban en competencia con los materiales fabricados por el centro de Andújar. Se han documentado vasos de este origen en el norte de África, el sur de la Galia e Italia.

5. 2. 4. 2. Andújar y otros talleres de la Bética

El segundo gran centro de producción de las sigillatas peninsulares se localiza en Los Villares (Andújar, Jaén), identificado como la romana Isturgi. El centro de Andújar ha sido objeto de numerosas campañas de intervención, que han proporcionado restos de cinco hornos y diversos testares, con lo que se puedes establecer la secuencia relativa de producción. El momento inicial de la producción tiene lugar en época de TiberioClaudio, aunque su máximo desarrollo lo experimenta a partir de los años 60/70 y se prolonga hasta mediados del siglo II, momento a partir del cual se produce la paulatina extinción de estos alfares, quizás ante la concurrencia de los productos africanos. Desde el punto de vista técnico, las pastas características de Andújar presentan texturas generalmente blandas, con tonalidades pardo- rojizas y abundantes partículas calcáreas, recubiertas de una capa espesa de color rojo acastañado mate. Desde el punto de vista tipológico las producciones lisas de Andújar se agrupan en formas clásicas de origen gálico y formas hispánicas. Al igual que en caso de Tricio predominan platos y especialmente cuencos y boles. Por lo que respecta a las producciones decoradas a molde, uno de los temas mejor documentados es el de guirnaldas, al que se añade el de festones, ambos bastante vinculados en algunas de sus variantes a la producción del taller de M.S.M. Asimismo, se encuentran bien 29 representadas las decoraciones cruciformes, metopadas, así como las consistentes en la alineación de un mismo motivo en forma de friso o motivos circulares entre metopas. En algunas ocasiones, los productos de Andújar evidencian la aplicación de otras técnicas decorativas, como el burilado o la barbotina. Se conocen cincuenta y dos marcas de oficina. Suelen figurar en el fondo interno de formas lisas y se presentan en cartelas rectangulares de ángulos redondeados y, excepcionalmente, in tabula ansata. Los nombres suelen aparecer expresados con las iniciales de los tria nomina. También se han documentado marcas intradecorativas. Una modalidad absolutamente distintiva de estas producciones béticas está representada por el empleo de entalles impresos, que parece corresponder a la última etapa de actividad del centro. Estrechamente relacionados con el centro de producción de Andújar, se encuentran otros talleres de fabricación de terra sigillata identificados en las provincias de Málaga y, sobre todo, en la de Granada. En la primera se conocen cuatro pequeños talleres ubicados en la Depresión de Antequera, todos ellos activos durante la segunda mitad del siglo I en la cercanía de ciudades como Singilia Barba y Antikaria,

destinados a su abastecimiento. Presentan un repertorio formal más reducido y homogéneo, que se ciñe a la elaboración de determinadas formas de plato y cuenco. En la provincia de Granada se conocen los alfares de Cartuja y el del Carmen de la Muralla, en el Albaicín, ambos estrechamente relacionados entre sí, que al igual que los anteriores se concentran en las formas más características.

5. 2. 6. Terra sigillata africana (TSA)

Otro fenómeno de producción y exportación de terra sigillata a escala “industrial” se verifica a partir de finales del siglo I d. C. y de forma intensiva entre los siglos III y V d. C. en otra provincia del Mediterráneo occidental, el África Proconsular, en particular en la zona coincidente con la actual Tunicia. La aparición de talleres en esta región obedece a los mismos estímulos que actuaron sobre otras producciones provinciales, como las gálicas e hispánicas. Los estudios de Lamboglia (1941) propusieron una organización de las series africanas en tres grandes categorías: terra sigillata Clara A, C y D. Los posteriores trabajos de Hayes (1972 y 1980) incorporan estas producciones bajo el término African Red Slip Ware. Su catalogación formal fue completada a inicios de los años 80 en el Atlante delle Forme Ceramiche. Hoy en día suelen conocerse como terra sigillata africana (TSA). Estas producciones, realizadas a torno de forma mayoritaria, se caracterizan por pastas y recubrimientos anaranjados muy claros, detectándose notable predominio de las formas lisas sobre las decoradas. No aparecen marcas de officina.

5. 2. 6. 1. Terra sigillata Africana A Esta producción imita inicialmente formas y decoraciones de los recipientes de TSI y TSG. Su cronología arranca de fines del siglo I, llegando al III d.C. Su área de fabricación se localiza en Cartago y sus cercanías. Su pasta es de aspecto granuloso aunque fino y el recubrimiento externo de color anaranjado brillante. Se han distinguido varias fases en la producción, que suponen un empeoramiento paulatino de la calidad. Los materiales se difunden por las costas peninsulares y africanas, Italia, las costas orientales del Adriático, Grecia y algunos centros del Mediterráneo oriental. Durante la primera mitad del siglo III d. C., en consonancia con el deterioro de su calidad se va reduciendo su difusión.

5. 2. 6. 2. Terra sigillata Africana A/D

Variante de transición representada por varias formas concretas, que fue definido por Carandini y sistematizado por Hayes. Las pastas son toscas, con intrusiones gruesas y una cubierta espesa, brillante y con tendencia a desprenderse. Su repertorio morfológico se reduce a escudillas y platos de grandes dimensiones que imitan las formas más tardías de la TSA A. Este grupo debe ser originario de Tunicia central o meridional y se sitúa temporalmente entre finales del siglo II y los primeros años del siglo IV d. C. Aparece en las provincias occidentales del Imperio, alcanzando también Grecia y Siria.

5. 2. 6. 3. Terra sigillata Africana C

Desde finales del siglo II, comienzan a difundirse una nueva producción de gran calidad, caracterizada por su arcilla anaranjada y un recubrimiento del mismo tono, que será exportada en grandes cantidades, dominando a partir de ese momento los mercados mediterráneos, con formas bien características como platos, grandes bandejas y boles. Hayes estableció una evolución en tres etapas a partir de la variación de sus rasgos tecnológicos y

decorativos: 200/300 d. C., 300-450/475 y 420-450/500 d. C. Sus centros productores se encuentran en la región de Sahel, al sur de la actual Tunicia, que alcanzó una gran prosperidad económica a partir de la llegada al poder de la dinastía severa.

De nuevo en este caso los talleres productores se encuentran en la región de Cartago (Oudna, Mahrine), que inicia una nueva producción después del eclipse de la TSA de la variedad A a fines del siglo III. Estos productos se caracterizan por una cubierta anaranjada, poco espesa y de adherencia variable, aplicada solo en el interior y el borde externo de las piezas. Desde el punto de vista morfológico destaca un predominio absoluto de las formas abiertas, con pie atrofiado durante los siglos IV y V, o con pie elevado entre inicios del siglo V y mediados del VII. La decoración constituye su aspecto más original, ya que consagra el empleo de la técnica del estampado. Hayes diferenció hasta cinco estilos con significado cronológico. Los tres primeros emplean motivos florales y geométricos, en tanto que los dos últimos hacen uso de motivos animales (palomas, corderos, peces), figuras humanas, bustos, cruces y monogramas cristianos. Estos productos se identifican por todo el Mediterráneo occidental (Fig. 37, 38 y 39).

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