Arte medieval cristiano completo, Apuntes de Historia del Arte. Universidad de Alcalá (UAH)
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Arte medieval cristiano completo, Apuntes de Historia del Arte. Universidad de Alcalá (UAH)

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Asignatura: Arte Medieval Cristiano, Profesor: Bertos Bertos, Carrera: Ingeniería en Geodesia y Cartografía, Universidad: UAH
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Hª DEL ARTE MEDIEVAL (UGR)

ARTE MEDIEVAL BERTOS

BERTOS HERRERA, PILAR 13-14

HISTORIA DEL ARTE MEDIEVAL.

Introducción.

El cristianismo se extiende pronto en todos los países helenísticos, Mesopotamia, el Imperio Romano y por último en el Islam. De estas religiones toma sus temas y las formas de su arte. En consecuencia, cuando se promulga el Edicto de la Paz, en el s. IV bajo Constantino, el arte cristiano posee ya unas tradiciones generales y unas costumbres particulares que se mantienen o se combinan y dan lugar a aspectos muy diversos que originan temas y disposiciones comunes con una disciplina de base fuerte y de liturgias fijadas a partir de entonces.

En este panorama se produce un hecho trascendental: la escisión de Oriente y Occidente. Esto determinó: 1º: El predominio de ciertas formas y normas y 2º: la progresiva diferenciación oriental y occidental, aunque perduren las influencias y una base común.

El arte cristiano tiene una idea del tiempo como fluencia de origen y fin, previsto por la voluntad de Dios. El tiempo, a partir de entonces, tiene, pues, un comienzo (Génesis) y un final (la Eternidad del Apocalipsis). El espacio entre ellos es la historia del Universo, y ahí dentro está la redención de Cristo. El tiempo cristiano tiene, por tanto, un pasado, un presente y un futuro, además de ser irreversible. Lo que ha pasado así ha sido y según ello tendrá pena o gloria el Día de la Resurrección. Por eso, para el cristiano hay un tiempo externo y un tiempo interno (el del alma). Como consecuencia el tiempo vence al espacio y rige la angustia (el mal) o la esperanza (el bien) en el Apocalipsis. El tiempo finito (con principio y fin) se pone frente al tiempo del alma, porque el hombre tiene la necesidad de infinitud, que llega con el Juicio Final. Todo esto se traduce en el Arte. Con la civilización cristiana, la idea de Dios no es víctima del tiempo como en los paganos, se expresa y activa precisamente a través del proceso temporal. El cristiano, en su transcurrir, ve la huella temporal de Dios, y en el futuro ve la posibilidad de su contemplación y de su gozo. Igualmente, consideramos que el tiempo del arte cristiano está unido a los grados de infinitud que les separan. Por ello, este arte usa técnicas que les permitan llegar a esa ruta metafísica y hay formas descarnadas de materia, puras y esquemáticas, en las que se apoya la idea sin perder su significado. Ejemplos notables son la pintura románica y la técnica impresionista con formas en pleno devenir (Greco) y Zurbarán (con volúmenes de perfiles secos y claros que le dan a la pintura estatismo), que indican la plenitud de cada cosa en su destino. Frente a la idea del tiempo del arte cristiano, el cristianismo crea formas dinámicas abiertas a la esperanza.

El significado de la luz que se toma en este época es muy importante: ésta se identifica tradicionalmente con el espíritu, y es la manifestación de la moralidad, la intelectualidad y las Siete Virtudes. Se interpreta como fuerza creadora, como energía cósmica y como irradiación. Siempre se une al color (alta Edad Media), como en las paredes de los templos románicos, en los que vibra la luz de las pinturas murales. Su importancia se refleja también en el espacio (como en el Pantocrátor, en San Clemente de Tahull), que personifica en sí mismo la Luz Divina, y se refleja en la leyenda que aparece en el librito que sostiene Cristo: Ego sum lux mundi (Yo soy la luz del mundo). La luz es, por tanto, espacio, y Cristo es la esencia de la Luz Divina recogida en la inscripción. La posición de la luz frente a las sombras significa verdad frente a engaño (Luz de Dios frente a Luz del Infierno), luz de la belleza frente a la luz de la tragedia. La luz surge de la pintura, y ésta refleja todo lo que rodea al hombre (belleza, vida, que son aspectos asociados a la luz). Como consecuencia, la luz casta de la imagen de la Venus de Botticelli, enlaza en su simbolismo con esa pureza con otra obra importante en la Edad Media: El Matrimonio Arnolfini de J. Van Eyck, porque la vela encendida de la escena simboliza el carácter sagrado de la ceremonia (como luz) y el espejo del fondo del cuadro significa la verdad del acto (de la boda), y es, por tanto, como un documento acreditatorio. La luz, en general, frente a la sombra, es claridad y tinieblas, es también luz conceptual y luz real y produce algo a considerar: el claroscuro (muy usado, y muy impactantemente, por Caravaggio). Éste puede ser: lumínico, realista, tenebroso, vital y compositivo.

En conclusión, las formas de toda pintura, la luz, el color y la sombra dan lugar a ella tal y como la conocemos.

Tema I: El Arte Paleocristiano.

El arte medieval parte desde antes de que empiece la Edad Media porque el arte medieval cristiano empieza en la época paleocristiana, es decir, en plena Edad Antigua, terminando en plena Edad Moderna, dado que el gótico en algunos casos poseía convivencia con el renacimiento. Cronológicamente, por ello, empezamos en el s. II y terminaremos en el s. XVI.

Los primeros años, hasta el 1000, son los de la Alta Edad Media, siendo éstos los del arte cristiano DIVIDIDO, que está entre el mundo de Oriente y Occidente. El primero da lugar al Arte Bizantino y el segundo al Arte Paleocristiano. Desde el año 1000 al 1500, se le da vida al Arte Cristiano Unificador, de la Baja Edad Media, dando lugar a dos corrientes: el Románico y el Gótico. Por tanto, hablar de Arte Paleocristiano implica internarse hasta los primeros siglos de nuestra era y salirse de la Edad Media, siendo otro problema a considerar la calidad artística de este primer arte cristiano. Una realidad que, a veces, es muy reducida y nos plantea el problema de este arte y el no cristiano (pagano), por la inferioridad notable del primero. Para aclararlo hay que fijarse en la cronología llamándose primer arte cristiano a aquél dentro de los límites del mundo romano, existiendo a la vez dos centros neurálgicos de interés: occidente con Roma y oriente con Jerusalén. En consecuencia, habrá arte paleocristiano oriental y occidental.

El límite para este primer arte cristiano está en el año 313, que es cuando se edicta el Edicto de Milán o de la Paz por Constantino. Este arte nos ofrece dos cualidades contradictorias: la Unidad y otra la Pluralidad.

La Unidad surge de la intención con que se hacen las obras de arte: es cierto en ese sentido que el arte cristiano crea formas permanentes hasta ahora: basílica…, y se gloria de haber creado formas básicas perdurables. Y hay unidad en el desarrollo de una iconografía que nos une para ver la vida de Cristo y en la que hay temas del Antiguo Testamento que predicen su misión. Tiene conexión esto con el mundo judío. La temática del Antiguo Testamento numéricamente es de importancia, y pudo surgir hacia el cristianismo a partir de las sinagogas judías más que de entre los mismo cristianos.

La Pluralidad surge como consecuencia del peso de los tiempos que se individualizan, aunque dependiendo de romanos. Esto da lugar a la polémica de los orígenes: se afirma que el arte cristiano surge del romano, y a la vez asimila las tradiciones greco-helenísticas que se desarrollaron en Asia Menor y en Alejandría (integradamente, pluralidad es Grecia, Roma…, en su belleza y variedad). A partir del s. III el arte decae y se degradan sus cualidades, porque comparando el Aga pacis de Augusto (s. I d.C.) con los relieves de la Columna Trajana (s. III d.C.), vemos que los hombres que trabajaban en el s. I. d.C. eran más minuciosos. Además, en el s. III d.C. el arte cristiano no goza aún de libertad de expresión y cuenta con artistas menos excelsos que el mundo pagano, por opresión hasta el 313 d.C.

También hay que tener en cuenta la intención de Lo Narrativo de las obras de este período. Tanto en el arte cristiano como en el pagano, uno apoyado en la política y otro en la religión. En ambos casos hay motivaciones suficientes como para que surjan las obras de arte. Cuando llega la libertad de la Iglesia (313, con el Edicto de Milán), el arte paleocristiano supera el escalón de inferioridad y a la vez se integra con nuevos modos: da lugar al arte bizantino en la Baja Edad Media (con algunos de sus rasgos). La comunidad cristiana se había abierto a los convertidos provenientes del paganismo, progresivamente y con aceptación de gente de todos los estamentos sociales, contrastando con la rigidez exclusivista judía, lo que causa separaciones. Una de las preguntas más frecuentas es sobre qué clases sociales nutrían estos primeros paganos cristianizados. Solía ser gente pobre, humilde (de barrios periféricos), militares, esclavos… pero también había gente acomodada (más inteligente).

Éstos son los que dotan a los cristianos de los medios financieros para sobrevivir y propiciarles los lugares de reunión para la liturgia, que eran sus propias casas. En el s. III d.C. un gran número de éstas casas se transformó en los lugares habituales de propagación del cristianismo. En el s. IV d.C. su cantidad ascendía a unas 25. Se les denominaba TITULI y cada una se individualizaba bautizándola con el nombre del propietario que la cedía. Las excavaciones rara vez han sacado a la luz restos de estas primitivas iglesias domésticas, o bien no se han encontrado sus restos por dos razones principales: una, que no siempre la nueva iglesia (de después de la Edad Media) se construyó en el lugar exacto del antiguo tituli, sino en el lugar más próximo que fuera adecuado, y dos, que solían estar en un apartamento de los pisos superiores y se borraron sus huellas al destruirse en el s. IV d.C.

Los Cementerios Subterráneos o CATACUMBAS están mejor conservados (como en Roma o Siracusa). También se las bautizaba con el nombre de los que cedieron (acomodados) o compraron los lugares para construirlas. Su desarrollo está en relación con la organización eclesiástica de la primera Iglesia. Sus orígenes se remontan hasta el Papa Fabiano (s. III d.C.), el cual divide a Roma en Siete Regiones, cada una de ellas gobernada o administrada por un diácono. Entre sus competencias estaba la funeraria, adjudicando una zona a cada una (que solía estar fuera de las murallas de la ciudad), y que comprendían una serie de cementerios. Los orígenes de las construcciones subterráneas de éstas catacumbas no son por seguridad frente a las persecuciones (como pretenden alegar algunos y las películas), sino que desde épocas remotas la piedra del Lacio (resistente), provoca la creación de una red de galerías con una finalidad hidráulica, con la que se encontró la solución del problema funerario cristiano por dos causas: 1: el espacio que se necesitaba y 2: el elevado coste de los terrenos suburbanos.

Sólo una de las catacumbas era propiedad de la Iglesia: la llamada “El Cementerio” (de principios del s. III d.C.) o de “San Calixto” (su nombre actual). En ella se enterraron a todos los Papas del s. III d.C. por ser la oficial de la Iglesia. Poco a poco, casi todas se convirtieron en propiedad de ella, con algunas excepciones de familias ricas que querían conservarlas a perpetuidad. Una característica notable de las catacumbas y cementerios de Roma es que casi todas se encuentran en la periferia de la ciudad (entonces, no hoy, ya anexionadas por el imparable crecimiento urbano actual).

Las cuadrillas de fosores cristianos alcanzaron pronto una notable maestría técnica, sobre todo para las salas más importantes y futuras guardianas del esperado perfeccionamiento que las elevaría sobre las demás de la catacumba. Las galerías normalmente tenían 1 m de ancho por 2 o 3 m de alto. Constaban de un pasillo principal del que salían ramales. Una vez cubierto todo el espacio de la catacumba, bien se ahondaban hacia abajo nuevas galerías o se creaban más niveles en alto, surgiendo varios pisos.

Para la ventilación y la entrada de luz se utilizaban lucernarias. En estas construcciones subterráneas, se localizaban los lóculos (especie de nichos), que era la forma más simple de enterramiento. Eran unas cavidades rectangulares hechas en las paredes, donde se colocaban los cadáveres (a veces más de uno entre familias). Se solían cerrar con una placa de mármol que podía tener pintado o esculpido el nombre del difunto o de la familia.

La siguiente formación en nivel de rango era el arcosolio, una forma, como decimos, más rica de sepulcro. Se excavaba en la pared un arco que servía para cerrar y guarecer la tumba en un nivel inferior, y que se decoraba con frescos. Los arcosolios, además, estaban normalmente en una pequeñas habitaciones aparte llamadas cubículos, que constituían tumbas de familias o corporaciones. Se iluminaban por lucernarias abiertas en las bóvedas, y solían tener las paredes cubiertas de pinturas. Algunos autores afirman que podrían haber sido lugares apropiados para las celebraciones litúrgicas (en algunos se aprecia como un pequeño altar, para comuniones, bautizos, eventos eucarísticos…). En éstos casos, el culto congregacional sería a pequeña escala, dado el reducido espacio que presentaban, y además, en las catacumbas sólo se solían celebrar funerales, también con un número de asistentes poco elevado. Aparte de todo, también había cementerios al aire libre en los que la reunión podía ser mayor, y eran los que preferían los primeros cristianos para ser enterrados.

Con relación a las excavaciones arqueológicas: hasta el s. XV se desconocía la existencia de las catacumbas. Un investigador del s. XIII, realizó una lista de las posibles existentes, pero muy confusa. No es hasta el s. XVI, debido a un hallazgo casual (como suele ocurrir en estos casos) de unas galerías con unas pinturas en la Vía Salari cuando se empiezan a estudiar. Los arqueólogos del XVII y XVIII no siguieron el método topográfico para estudiarlas del s. XVI, sino que las despojaron a muchas de sus riquezas (epígrafes, sarcófagos…) para llevarlas a los museos (como el Lateranense de Pío Clementino). En el s. XIX se volvió a la exploración científica y se trazaron las líneas maestras de la arqueología cristiana, surgiendo la llamada “Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada” (institución, como su propio nombre indica, de la Iglesia), que cambió el sistema de estudio. Las catacumbas se consideran hoy día por los principales estudiosos como de capital importancia para el estudio del cristianismo primitivo, como documentos que hablan de aspectos de su sociedad, de su jerarquía, de sus dogmas, de su arte (claro está), etc… .

Destacamos tres catacumbas sobre todas las demás por su importancia:

- La Catacumba de “San Calixto”: que es el cementerio oficial más antiguo de la cristiandad albergada en Roma. Tuvo su origen en un cementerio al aire libre, y en ella fueron enterrados con seguridad nueve Papas del s. III d.C. Esto dio lugar a que se llamara también La Cripta de los Papas (dentro de San Calixto). Sus galerías se desarrollan a través de más de 10 km y es muy significativa la riqueza de sus pinturas.

- La Catacumba de “Domitila”: tiene dos niveles principales. Su núcleo cristiano más antiguo es de la segunda mitad del s. II d.C., y ésta catacumba limitaba con la Basílica de los Santos Nereo y Aquileo. Los cuerpos de estos mártires se colocaron en una cripta del segundo piso de la catacumba que el Papa Sandámaso transformó en basílica.

- La Catacumba de “Priscila”: se construyó con dos pisos y se da la circunstancia de que sus galerías (las del segundo piso) no tienen un rumbo simplemente casual (como en el primer piso y en los demás casos de catacumbas), sino que actúa correspondiendo aun proyecto ideado de antemano. Su origen es diferente (las otras son redes hidráulicas), pues inicialmente fue un Arenarium (una cantera de roca volcánica) usada en el s. III d.C. Dentro está la llamada “Capilla Griega”, también nombrada “El Cubículo de la Fractio-Panis”. Es una estancia rectangular interrumpida hacia su mitad por un arco. En las paredes hay nichos, y su nombre deriva de la presencia de dedicatorias en griego en ellos. Sus frescos son de la segunda mitad del s. II d. C., y en el nicho absidiar (del ábside), se encuentra el tema más importante desde el punto de vista iconográfico: se reproduce un banquete eucarístico (de ahí también lo de “fractio-panis”, -“partir el pan”-).

También hay que hablar de Las BASÍLICAS. Un caso evidente de las Iglesias Domésticas es la de Doura-Europos. Está fechada en la primera mitad del s. III, y tiene una gran sala de reunión y un batisterio (una especie de pila bautismal) decorado con pinturas religiosas. Se trata de una “Domus- Eclesiae” (“Casa-Iglesia”) primitiva y precursora como otras de las Grandes Basílicas del s. IV, sus antecedentes más directos. Un interrogante lógico sería el de cómo se llegó a la idea de lo sacro de estos lugares (de que pasaran de ser casas normales a lugares sagrados). En el s. III d.C. se extendió la idea de que estos centros eran lugares santos. Al filo del s. III d.C. ya tenían los primeros cristianos sus recintos sagrados marcados, y al principio (en general), es difícil distinguir una casa-iglesia de una casa normal, y más aún si no presentaba restos de signos religiosos (pinturas, por ejemplo). Tras el Edicto de la Paz, estas casas debieron ser suplantadas por edificios más suntuosos. Según la opinión de algunos investigadores, el plan de la casa fue lo que debió influir más en la construcción de las Iglesias, porque en Jerusalén los apóstoles (como en la ocasión de la recepción del Espíritu Santo), se reunían en casas particulares para el culto y las celebraciones, y esta idea pasó al mundo greco- romano. Además, las grandes casas paganas (romanas) con su atrio, el pórtico y las majestuosas habitaciones fueron de fácil acoplamiento y adaptación a las exigencias de la liturgia y el culto cristianos.

Esas “Domus-Eclesiae” (“Casas-Iglesia”) del s. III d.C. pasaron entonces a denominarse “Domus- Dei” (“Casas de Dios”) o Dominucum (Espacio Sacro). Tras la victoria de Constantino en el 331 d. C. y el aumento considerable del número de cristianos, se añadieron naves y un ábside a estas casas, para acomodar mejor a los fieles. Así, el Dominicum, se parecía más a lo que eran las Basílicas Paganas, de la misma manera que las de Roma en tipo latino de Iglesia-Basílica, rectangulares o cruciformes que predominaban en su elementos arquitectónicos. Como consecuencia, es fácil hallar basílicas civiles del mundo pagano usadas para la política o la administración pública y basílicas cristianas con un vestíbulo, unas naves y unas formas muy similares. Tras la paz, poco a poco se fue instaurando una nueva forma de culto, el de los mártires. Por ello, junto a las Iglesias Episcopales, nacen las llamadas “Conmemorativas”, que estaban dedicadas a los mártires y que se levantaban sobre los lugares de sus martirios o de sus sepulcros. También se les llama “Memoriae” o los “Martiria”. Derivan de los mausoleos paganos. Son de planta central (circular), pequeñas y, como decimos, destinadas a venerar la memoria y los restos de ésos mártires. El máximo desarrollo lo experimentaron en el s. IV (a mediados), cuando acabaron las persecuciones por completo a la Iglesia.

Las diferencias básicas entre los Templos Cristianos y los Paganos consisten en su funcionalidad principalmnte. El Templo Cristiano era el lugar de reunión ( y sigue siéndolo) de los creyentes, mientras que el Pagano era sólo la Casa de ése Dios, no sirviendo para que los fieles se reunían en ella. Otra diferencia es que el pagano era habitado sólo por la Imagen de Culto, mientras que los cristianos no tenían imagen alguna por entonces. Éstos últimos sólo buscaron en los primeros un modelo que fuese aplicable para sus fines, tomando de sus Basílicas los elementos que les servían.

Esquema de la BASÍLICA CRISTIANA PRIMITIVA DE OCCIDENTE: En el exterior existía un gran patio cuadrangular, porticado, llamado Paradisus o Atrium. En el centro solían albergar una Pila de Abluciones, llamada Cantharus. La parte del Pórtico que se adhería a la fachada de la Iglesia se llamaba Narthex. En el interior, por lo general, se dividían de 3 a 5 naves, siendo la central siempre de doble anchura que las laterales y además, sobresaliendo en altura. En ese sobresalir está el cuerpo de ventanas para la iluminación. Terminaba en un gran arco Triunfal, abierto sobre la nave transversal (crucero). En la cabecera se situaba el Ábside, que generalmente era semicircular. En su fondo se situaba la Cátedra Episcopal, y en su centro el altar. A los lados del ábside normalmente había dos laterales, que servían para servicios auxiliares. Uno era el Prothesis, que servía para los preparativos del culto, y otro el Diaconicum, que guardaba los objetos sagrados necesarios para la liturgia. El Espacio creado es el llamado Espacio Tensión o Espacio Camino, denominado así por que el fiel, desde la puerta de entrada al Templo, se ve dirigido irremisible y arquitectónicamente hacia el ábside central. Los elementos de la construcción lo conducen, lo guían, lo inducen a ver e ir hacia ese lugar concreto. La orientación de los edificios era hacia el Oriente (considerado como el lugar de nacimiento del Sol, simbología del nacimiento de Cristo). Ejemplos de Basílicas Paleocristianas Occidentales más notables (en Roma):

1ª: La Basílica de “San Juan de Letrán”o Lateranense: El nombre le viene de los primitivos propietarios del terreno donde descansa. Es la más importante dentro de las Basílicas por dos razones: es la primera construida y sirve como modelo a las siguientes. Fue construida por Constantino después del 313 y fue dedicada a Nuestro Salvador. Su aspecto actual no corresponde con el de entonces, pues se hizo sobre ella una restauración de tipo barroco (sobre todo en las naves), dirigida por el arquitecto italiano Borromini en el s. XVII. A pesar de ello, respetó y mantuvo sus proporciones iniciales, la distribución espacial y la luz. Reúne en su interior prácticamente la historia de los primeros siglos del cristianismo en Roma. Se celebraron en ella tres Concilios Ecuménicos, conservando además reliquias.

Tenía una planta basilical de 5 naves, la central más ancha, y un ábside semicircular con ventanas superiores. Las naves se separaron por columnas y la cubierta (como en casi todas) es a doble vertiente (a tijera). Otro elemento de interés que alberga es su Batisterio San Juan Letrán o Lateranense, situado tras el ábside, que tiene una planificación central tomada de los balnearios romanos. Es importante porque es el único existente que nos ha llegado. Se levantó sobre los restos de una casa de campo del s. I y tuvo una planta circular. La actual octogonal es fruto de

una reconstrucción bajo el Papa Sixto III en el s. IV. El hecho de que en los batisterios, a partir de entonces, predomine la forma octogonal no es casual: el número ocho está ligado al concepto o la idea de la Resurrección. Además, después del séptimo día en que Dios terminó su Creación, descansó el octavo. El interior de este batisterio de San Juan de Letrán presenta a su vez ocho columnas alquitrabadas, que separan el espacio central (inicialmente cubierto por una cúpula por ser de planta circular y ahora por un cimborrio al ser octogonal) del resto, que es el anillo exterior cubierto por una bóveda de cañón. La iluminación se consigue mediante otras ocho ventanas.

2ª: La Basílica de “San Pedro del Vaticano”: Fue creada poco después de la lateranense. Se alzó en el lugar donde San Pedro fue martirizado en la primera mitad del s. IV. Para ello se destruyeron cementerios cristianos y paganos. Después fue destruida ella misma a comienzos del s. XVI para hacer la actual, de Bramante y Miguel Ángel. La primitiva tenía una disposición muy similar a la de San Juan de Letrán. Variaba en su mayor tamaño y en que la nave central era adintelada y las laterales tenían arcos. Muy importante era el ábside, transformado en el 600. La cripta (tumba del apóstol), estaba a más bajo nivel que el ábside, lo cual requería unas escaleras para acceder de él a la parte inferior, y un pasillo redondo. Esto es de crucial importancia, pues dará lugar a la idea de Girola de las Iglesias de peregrinación de la Edad Media. Otra diferencia es que su fin era conmemorativo de San Pedro; era, por tanto, una “Martiria”. Desde fines del s. II las tumbas se extendieron hacia el sur de Roma, y cubrieron el Circo de Gallo y Nerón (en desuso), y una de las construcciones más importantes que trajeron consigo fue una Rotonda con un atrio de lados curvados dedicada a San Andrés y consagrada a fines del s. V o principios del s. VI. Después, la obra se unió al Mausoleo de Honorio, parte de la Basílica de San Pedro. Se destinaron inicialmente para albergar los restos de la familia imperial de Teodosio.

3ª: La Basílica de “San Pablo de Extramuros”: Su espacio camino es gigantesco e impresionante. Se levantó a finales del s. IV o principios del V. La actual es una reconstrucción, pues la primera fue víctima de un incendio del s. XIX. Conserva su esquema primitivo, la amplitud de dimensiones y algunas estructuras que no se quemaron. Tenía un gran patio con pórtico. El interior tenía 5 naves separadas por columnas unidas por arcos, un crucero continuo (poco sobresaliente lateralmente), un gran ábside (tan ancho como la nave principal) y con cubierta a dos aguas.

4ª: La Basílica de “Santa María la Mayor”: Construida en el s. V. Dedicada desde su origen a la Theotocos (madre de Dios con el Niño en brazos). Hay estudiosos que piensan que se levantó para contraponer el culto cristiano al pagano (con Diosas como Atenea). También se ponía en relación con la construida por el Papa Liberio en el s. IV, pero estudios posteriores (de la segunda mitad del s. XX y principios del XXI) rechazan esta relación, y en lo que coinciden es en que fue seguramente dedicada por el Papa Sixto V a Santa María. Sufrió alteraciones en el Románico y en el Renacimiento, pero a pesar de ello la estructura que presenta respeta la inicial. Tiene 3 naves (que conservan sus proporciones primitivas), con grandes columnas, un ábside semicircular y con el techo de casetones (reconstruidos en el Renacimiento). También es importante la leyenda (muy difundida en Roma) que existe sobre su construcción, que sugiere que fue la propia Virgen aparecida a Sixto V la que le dio la idea de dedicarle una Basílica.

5ª: La Basílica de “Santa Sabina”: Es muy importante por sus innovaciones. Marca una modificación en la anchura y altura de las naves en relación con otras basílicas. Ésta es de menores proporciones que las anteriores. Se levantó en el s. V, y presenta un esquema sencillo: 3 naves con columnas corintias unidas por arcadas, un ábside y una fachada precedida por un arco. Lo que destaca (y lo que no se ve en otras) son las ventanas con celosías que matizan la luz y que son placas de alabastro agujereadas. Esto es de capital importancia, porque luego se ve este uso lumínico en las Iglesias Asturianas del Arte Prerromanico, como en la de San Miguel Lillo o la Románica de Cervantos.

6ª: La Basílica de “Santa Inés”: del s. IV, reconstruida posteriormente. Es importante por ser la primera con Triforio (un pasillo angosto que sirve para circular por el piso superior de una construcción) para facilitar el movimiento de los fieles. El conjunto también destaca porque no sólo

está formado por la Basílica, sino que presenta restos de un cementerio y el “Mausoleo de Santa Constanza” (prototipo de “memoriae”). Bajo la Basílica se extienden las galerías de una Catacumba. Fue levantada en la época Constantiniana. Tenía un atrio, 3 naves (la central mayor), un gran ábside y un pasillo continuo, con cubierta de doble vertiente.

El “Mausoleo de Santa Constanza” es el más importante de planta central en la actualidad. Se destinó para recibir los restos de la hija de Constantino, construido en el 350 (mitad del s. IV). Precedido por un atrio rectangular que se rodeaba de su pórtico. En el interior (dividido en dos espacios concéntricos por doce columnas por parejas sobre las que descansan arcos) hay cuatro grandes nichos y junto a ellos doce menores intermedios. Es de gran interés que sobre las columnas hay entablamentos (los arcos no descansan directamente en los capiteles de las columnas). Esto es de gran importancia porque así se da más altura a la construcción (la Catedral de Granada, de planta gótica, usa este sistema para ganar altura). En el anillo interior del Mausoleo, el tipo de cubierto es una bóveda anular de medio cañón. La arquitectura interior conserva la forma original, pero los frescos de la cúpula son del s. XVII. Sustituyeron la decoración musivaria del s. IV, de la que se conservan algunos restos.

7ª: La Basílica de “San Esteban Rotondo”: distintas interpretaciones le han adjudicado varios caracteres: de capilla, templo… etc. Fue construida en la segunda mitad del s. V, y decorada a principios del s. VI a partir de mosaicos y mármoles, todos perdidos. Lo más curioso es su estructura (ni mausoleo ni martiria). A pesar de sus reformas en la Edad Media y en el Renacimiento, conserva su planta de 3 naves circulares concéntricas. La externa (de mayor transformación posterior) se dividía en ocho sectores, cuatro destinados como acceso a San Esteban y otros cuatro usado como capillas. El espacio interior es muy claro y tiene una gran carga diáfana (dividido por columnas del exterior). Desde él se ven los cuatro accesos que le dan aún más luminosidad. La luz es importante porque las cuatro puertas mencionadas y los ventanales actúan como chorros de luz que lo invaden.

Clase de Prácticas I: Aquí aprenderemos a comentar una obra de arte que veamos en una diapositiva. Una descripción es exponer lo que a ti te parece la obra, pero comentarla es que, viéndola, se llegue a enmarcarla en un tiempo y estilo, mediante unos mecanismos y deducciones que deben ser certeras. Es un estudio analítico. Hoy, 23-11-09, hemos visto un “Ecce Homo” (Dios bejado y ultrajado, azotado y con la corona de espinas puesta, cuando Poncio Pilato lo presenta al pueblo y dice: “Ecce homo” (“He aquí al Hombre”), y un Cáliz muy decorado del barroco. Hemos comprendido la diferencia entre símbolos y realidad. El cáliz es un símbolo que asociamos con la sangre de cristo, o con el vino. Sin embargo, que el vino no lo es, sino que mediante la transustanciación el sacerdote lo convierte en la auténtica sangre de Cristo, igual que ocurre con el pan. El cáliz es el vaso sagrado que usó en la Última Cena.

ARQUITECTURA PALEOCRISTIANA DE ORIENTE: Hay muchos ejemplos, pero nos centraremos básicamente en dos de ellos. Tiene nexos de unión con occidente, pero a pesar de ello muestran peculiaridades. Las dos fundamentales a las que nos referimos son:

El Templo del Santo Sepulcro de Jerusalén: una obra del s. IV construida por Constantino, en la que se funden la Basílica con el Martirium, tanto que en el lugar donde Cristo fue muerto se levantó un templo circular adecuado para la veneración, pero está precedido por un atrio y una basílica: la de La Resurrección del Gólgota.

La Basílica de la Natividad en Belén. También es del s. IV. Tenía 5 naves, un pórtico a los pies y una cabecera octogonal. Todo fue posteriormente transformado. Lo que se unía en ella era la planta basilical con la central, y ésta estructura renace en la Catedral de Granada. Esta cabecera, como hemos dicho, fue transformada posteriormente en el siglo VI y por eso la que se ve hoy es otra lobulada que restituyó a la original.

Hay un investigador, Rosenthal, que en un libro de una gran calidad (titulado “La Catedral de Granada”), establece y hace un estudio de las conexiones entre su cabecera y las del arte paleocristiano. Siempre según él, dice que para basar su modelo hay que irse a las Iglesias compuestas por una rotonda exenta unida a una Basílica, obras de importancia en el modelo arquitectónico de la Alta Edad Media. Los alzados de estas rotondas no tienen grandes analogías con la rotonda de la Catedral de Granada, ni en la forma ni en las proporciones que ésta tendría después. Como consecuencia, y al no encontrar un antecedente convincente ni en el Gótico Español, ni en el Renacimiento Italiano ni en la Europa Medieval nacen distintas hipótesis: unos piensan que el cabecero de la Catedral de Granada fue invención imaginativa de Diego de Siloe, lo cual es poco probable, y otros grupos, como al que pertenecía Rosenthal, piensan que el antecedente está, pues, en el Arte Paleocristiano: al combinar una Capilla Mayor circular con una nave basilical, Siloe creó una planta similar a la de añadir una nave a un Martiria. Tal vez son ejemplos de base para esta curiosidad de la Catedral de Granada la Iglesia del Santo Sepulcro, que une el Mausoleo de Santa Elena con la Iglesia de los Mártires Pedro y Marcelo, y la Iglesia de los Apóstoles de Constantinopla que une una Basílica antesala de un Mausoleo Octogonal (También mandada construir por Constantino). Otras pueden ser como la de la Natividad de Belén (que en el período primitivo antes de su reforma en el s. VI) tenía una base de 5 naves con un Monumento Conmemorativo Octogonal en el lugar donde nació Cristo.

Así, este grupo, a mediados del s. XII, abrió el Anástasis del Santo Sepulcro, para unirlo con la Iglesia de la Resurrección del Gólgota. De esta forma, esta importante iglesia se convirtió en un ejemplo tardío de este estilo arquitectónico que aparecerá después en la Catedral de Granada. Además, en el s. XVI sólo la Iglesia del Santo Sepulcro conservaba esta forma. Sin duda, el proyecto de Diego de Siloe está relacionado con este antecedente paleocristiano uniéndolo con el estilo renacentista. El tipo de estilo seguido en la cabecera (de rotonda alta con cúpula de ventanales) se encuentra ya en el arte antiguo (como en los Panteones Romanos). Fue muy usado, como decimos, en el mundo romano, pasando a las construcciones paleocristianas (como al Mausoleo de Santa Constanza, ya estudiado), y a la Europa Medieval en los batisterios, las Iglesias Templarias y a través de las construcciones del Santo Sepulcro. A pesar de todas las similitudes, para Rosenthal, este no fue el modelo más directo seguido para la construcción de la Catedral de Granada, sino el mencionado Sto. Sepulcro y Sta. Constanza, que posee una cúpula alta con ventanales y un deambularlo inferior con Capillas alrededor (como en Granada). Siloe debió conocer el Sto. Sepulcro mediante las ilustraciones y la transmisión oral de los peregrinos, además de las escrituras. Esto hizo que no tuviera demasiado en cuenta su importancia. En el Renacimiento (con su retorno al gusto clásico aunque con aportaciones medievales), se ve al Sto. Sepulcro como una reconstrucción arqueológica (de ahí su importancia). Estos teóricos renacentistas (como Rosenthal) se basan en su estado en el s. XVI, corrigiéndolo por el concepto espacial que existe en su siglo y por la idea que tenían del mundo antiguo romano. Este filtro hace que Siloe haga surgir la Catedral de Granada con la idea espacial renacentista y su compleja y curiosa estructura.

Otro importante arte oriental es el que surge en Siria. A grandes rasgos, en el norte de Antioquía, se da una Basílica de tipo rectangular (con cubierta a doble vertiente) que por lo general tiene un ábside semicircular en la cabecera pero con una novedad: dos cámaras cuadradas a los lados: una como prótesis para la ofrenda y otra como diaconicum para el vestuario. Otra novedad es la aparición de la fachada: el ejemplo crítico es la Basílica de Turmanin. Su fachada está precedida por un Nartex y encuadrada por dos torres. Pero lo importante de esta estructura es que esos elementos están tratados con trabazón y unidad, lo que les confiere una sensación de haber estado meditados. Luego será muy usada.

Otro rasgo muy importante en Siria es la aparición de su MONASTICISMO. Ocurre en los s. V y VI fundamentalmente este fenómeno. Su significado se refleja en que sus esquemas duraron mucho y son el germen del monasticismo occidental medieval (aunque hay quien piensa que no lo son). Suelen estar bien conservados. Su esquema era el siguiente: alrededor de un patio se organizaban todas sus dependencias, como siendo éste un eje central. Junto al camino donde se situaban se encontraba la Iglesia, que tenía una zona de santuario y un foro para los frailes o monjes, con habitaciones

auxiliares. Separada de la Iglesia estaba la Tumba Monástica. Otro edificio era el Pórtico, cuya función era una mezcla entre refectorio y hospicio de caridad (siempre relacionado con el sustento). La última zona eran los llamados edificios de Habitación y Comunes, que eran los únicos no públicos y donde vivían y se albergaban los monjes. Tenían una torre vigía para defensa de sus campos que los sustentaban.

Qlat Siman de San Simeón el Estilita. Es del s. V y muy importante, porque a la estructura monástica que acabamos de ver se añade dentro un “Martirium”: el levantado alrededor de las reliquias del Santo, que es la columna donde vivió toda su vida y que marca el eje arquitectónico de toda la Iglesia. Su planta se levanta en función a ella, es cruciforme (no basilical), y su estructura centrada es típica de los santuarios martirianos. También es llamativo el elemento exterior (muy usado luego en el Románico) que conforman las columnas adosadas a la fachada y los arcos ciegos. Aclaramos que San Simeón representa un tipo de monje muy bien definido: fue un gran asceta místico, y su fama en vida acercó a muchos visitantes al lugar, lo cual jugó un papel importante en la política de Bizancio, pues a su muerte su fama es aprovechada por el Emperador Zenón, que levanta un gran Centro de Peregrinación (el mencionado Monasterio) y de camino atrae a las gente de su provincia más problemática de aquél tiempo.

La ESCULTURA PALEOCRISTIANA. El arte paleocristiano es cristiano por el contenido pero romano en lo artístico, y como consecuencia sus principios son difíciles de determinar. La mayor parte de la escultura paleocristiana tiene un carácter funerario.

El SARCÓFAGO era la forma más lujosa de sepultura, y por tanto en él se suelen representar con más asiduidad las esculturas paleocristianas.

Su forma es de pila oval o de caja rectangular, las básicas.

La cubierta podía ser como de tejado (a doble vertiente) o ser plana con un ático inscrito con una leyenda.

Entre los temas (muchos y todos cristianos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento) que decoran sus caras principales están: la Creación, el Pecado Original, el Sacrificio de Abrahán, Jonás y la Ballena y el profeta Daniel entre los Leones. Del Nuevo Testamento los más representados son los milagros relacionados con Cristo: las Bodas de Canáan, la Resurrección de Lázaro, la Multiplicación de los Panes y los Peces, la Curación del Ciego y el Buen Pastor.

En cuanto a la disposición en las caras se siguen distintos modelos: o forman una serie narrativa sin interrupción (recordando la Columna Trajana) o están separadas por arcos con columnas. Las columnas normalmente son Corintias con fustes salomónicos o entorchados. Hay otro tipo de sarcófagos en los que lo más importante es la presencia de una Concha con el retrato del difunto. El último tipo son los llamados de Estrígiles: que están ornamentados con un motivo consistente en acanaladuras sinuosas en forma de S, con escenas religiosas entre medias.

También se establecen distintas etapas cronológicas en el estudio de éstos sarcófagos (siendo el más importante durante el dominio de Constantino):

(del 190-220): Es la de Alejandro Severo, considerado un héroe guerrero. En esta etapa se construye el Sarcófago Ludovisi, perteneciente a este general. Los temas que desarrolla son de batallas y la iconografía de la muerte no aparece como tal, sino que el difunto aparece en el centro de la escultura triunfante, anulando la Idea de la Muerte la de la Victoria.

(del 220-250): llamada de la Cacería. Es semejante en estilo a la de Batallas, y los personajes siguen representándose como héroes. Coincide esta etapa con una época de inseguridad en el Imperio Romano, dominando así la talla de Leones que simbolizan el terror que inspira el Más Allá.

(del 250 hasta Costantino): donde el tema preferido es la Filosofía. Se produce ahora un mayor cultivo de la forma y una mayor helenización. Esta filosofía representaba el conocimiento de la realidad del destino del hombre y se acerca al mundo de la idea y del amor, que entra de lleno en el cristianismo.

Hay un sarcófago importante, el de Gallons, muy discutido por si es o no cristiano. Posee la imagen del Buen Pastor, en el centro un filósofo con sus discípulos y el Tema de la Orante (con las manos levantadas). El hecho de que su literatura contemporánea insista en el cristianismo como verdadera filosofía de Salvación es considerado como un argumento a favor de que este sarcófago sea cristiano. Algo semejante le ocurre al de Santa María Antiqua, que en forma y contenido es parecido (con el Buen Pastor, un filósofo con sus discípulos y la Orante), pero ahora se introduce además un tema nuevo: el tema de Jonás y el del Bautismo de Cristo, claramente cristianos. Otro factor que encontramos en el s. III es esa idea del cristianismo como verdadera filosofía de Salvación, que penetra en el pueblo (no sólo se queda en las esferas más cumbre de la Sociedad), y el contenido temático de los Sarcófagos se amplía con escenas relacionadas con la Salvación. Un ejemplo importante es el Sarcófago de Jonás (de finales del s. III y principios del IV). Su tema marino no es nada extraño, pues muchos sarcófagos romanos anteriores lo tenían. Sus tallas siguen el modelo continuo en dos frisos: arriba los temas del Nuevo Testamento: la Resurreción de Lázaro y San Pedro entre los Soldados por ejemplo, y abajo los del Antiguo Testamento: Jonás, de cuya historia representa la carga de su nave, su naufragio, él en la playa y su posterior descanso. La idea central de esta representación de Jonás es la Resurrección: su tema de la salvación aparece dos veces, una cuando es engullido por la Ballena y otro cuando es devuelto a la playa. Esto no es casual, sino que entra en esos nuevos temas, pues Jonás alude como símbolo a la Muerte y Resurrección de Cristo (estuvo también tres noches y tres días en el vientre de la Ballena después que ésta lo expulsara).

Existe un arte importante que hay que mencionar antes de la etapa Constantiniana: el ARS HUMILIS. Según algunos grupos de investigadores, hay un grupo de obras cristianas en las que se observa un estilo popular, que no queda desconectado del mundo pagano romano. El uso de un estilo popular sencillo no es debido a la menor capacidad de los artistas sino que tiene una deliberada intención excepcional.

El ejemplo clave de este arte podemos encontrarlo en el Pórtico de la Basílica de Santa Sabina: es del s. V, de cedro y ciprés, decorado por ambos lados con 18 paneles. Los temas desarrollados son del antiguo y nuevo testamentario, siendo un ejemplo máximo del Ars Humilis el de la Crucifixión de Cristo. A pesar de la desaparición de algunos paneles, las representaciones del Antiguo Testamento se usan aquí de manera diferente: en este pórtico los paneles van por en forma y en contenido, asemejados a las formas de un díptico (como este libro de madera pintado o en relieve por ambas caras interiores). El primero estaba dedicado al Antiguo Testamento y el siguiente al Nuevo (de los Evangelios). Esa comparación se consigue mediante unos recursos estilísticos: comparando los temas e iconográficamente los sitúa juntos, dándoles luego las mismas dimensiones, para finalmente separar los milagros por un motivo: un elemento horizontal que marca el suelo. Con ello pretenden hacer un paralelismo entre los temas configuradores del panel, aunque no consiguiendo siempre una total simetría (a veces aparecen tres milagros de Cristo frente a cuatro representaciones del Antiguo Testamento).

Algo también de interés de las Puertas de Sta. Sabina es el recurso que aumenta la viveza de yuxtaposición de luces, que, vistas bajo los trabajos de Exégesis contemporáneos, se cree que intentan revelar un sentido tipológico en las escenas: por ejemplo se representa el árbol que vuelve dulces las aguas amargas así como la figura de Cristo, que convierte también lo amargo (el pecado, el mal), en bien. En la iconografía de estas puertas se manifiesta cómo acontecimientos del Antiguo Testamento anuncian algunos del Nuevo, usando las figuras premesiánicas que anuncian el nacimiento del misterio de la Eucaristía: el pasaje del maná caído del cielo o el sacrificio de Isaac por su padre Abrahán, que argüirán una futura diferencia entre Verdad Revelada o Inspirada. Para aumentar la fuerza de lo representado intentan igualar en los paneles proporciones y organizaciones. Otro recurso es la yuxtaposición física de imágenes y también de los detalles de las escenas, repetidos aumentando

sus semejanzas. Hay testimonio de dos estilos diferentes: en los paneles más grandes se sigue un arte más cuidado con diferencia (refinado, pulido, con más tratamiento en los paisajes, en las figuras y en los movimientos), mientras que en los más pequeños es donde se desarrolla este estilo más sencillo y popular (ars humilis), y cuyo ejemplo más representativo, antes bosquejado, es el del panel de la crucifixión, el primero conocido hasta ahora que trata esta representación plática (Discurso en que se enseña la doctrina cristiana, se elogian los actos de virtud o se reprenden los vicios o faltas de los fieles). En ella se coloca a Cristo triunfante y victorioso sobre la Cruz y la Muerte, de pie (ni moribundo, desvencijado o caído), con los ojos abierto (vivo), sin aureola de Santidad y colocado entre los dos ladrones (de menor tamaño que jerarquizan la figura de Jesús). Los tres cruces tienen esbozado debajo un patíbulo. Los personajes están desnudos, sólo vestidos con el Paño de Pureza. Todas estas representaciones se sitúan sobre una arquitectura de fondo muy estilizada, que enmarca la situación de la obra en un espacio abierto, para que lo resaltable sea la figura de Cristo. Destaca, en suma, su sencillez y su importancia dentro de este ars humilis.

Los SARCÓFAGOS Constantinianos: Dejando atrás el Ars Humilis, entramos de lleno en la época de mayor esplendor decorativa de los Sarcófagos Cristianos, inmediatamente posterior a las tres etapas que vimos con anterioridad, y la de mayor importancia. La idea predominante en ellos es la que en general presentan todos: un mayor contenido teológico como premisa fundamental y junto a él (de importancia), también en general, presentan un mayor rigor en la distribución de las escenas. En esta época de Constantino se centran en el simbolismo de las ideas principales con conexiones del mundo griego estilístico. Los Sarcófagos más relevantes son:

El Sarcófago “Dogmático”: llamado así por su profundo contenido teológico. Es del s. IV, de tendencia clásica, presenta un doble friso y fue encontrado en el s. XIX en la Basílica de San Pablo Extramuros. Vamos a tratar los temas que representa en su cara lateral, de arriba a abajo y de izquierda a derecha: primero aparece la Creación del Hombre y la Mujer por medio del Misterio de la Santísima Trinidad, luego el Redentor Cristo entregando a Adán y Eva los medios de subsistencia tras el Pecado Original, y cerca el Árbol con la Serpiente, como símbolo de él. En el centro aparece el Clipeo (concha) con los retratos esculpidos de los difuntos. La siguiente escena son las Bodas de Canáan y la Multiplicación de los Panes y los Peces, para terminar la parte superior con la Resurrección de Lázaro. Abajo se representa primero la Epifanía (la Adoración de los Reyes Magos a Cristo recién nacido, implícito en él el reconocimiento de todos los pueblos de la Tierra del Nacimiento de Dios, y uno señala la Estrella Polar), luego la curación del Ciego (representado más pequeño) y, correspondiendo con el Clipeo central de arriba aparece Daniel entre los Leones con el Profeta Habacuc. A la derecha, siguen las escenas con Cristo prediciendo la Triple Negación de Pedro (fácil de identificar ésta siempre por la aparición del gallo implícita en ella), y las finales: la Captura de San Pedro y éste en el milagro donde hace brotar agua de la Roca (aunque otros discuten que podría ser Moisés).

Los Rasgos más destacables de éste sarcófago son: 1º: el tema inicial (de la Creación), es interpretado por algunos como el Juicio de Salomón, cosa poco probable, pues el de la Creación tiene un profundo contenido teológico y dentro del contexto general del sarcófago ayuda a que en su contemplación se produzca una sucesión de ideas más lógica. 2º: la escena de la Epifanía es de las primeras representadas y reviste importancia por los vestidos orientales de los magos, que revelan el gusto de representar las diferencias entre pueblos con el contenido teológico que conlleva (como hemos dicho antes): que los distintos hombres adoren a Dios. El escabel donde María apoya los pies es igual al de la representación de Dios Padre en la escena de la Creación (justo encima), lo que da una mayor importancia a estos dos temas con respecto a los demás usando como recurso la repetición de este detalle o recurso. 3º: El tamaño diminuto de Lázaro y del Ciego intentan quizá igualarse para guardar un paralelismo para evitar rupturas estilísticas. 4º: la figura de Daniel hay que destacarla por su postura de Orante (con las manos alzadas), y su idea pareja que es la Salvación de las Almas. Tenía este sarcófago, como dijimos, un profundo contenido dogmático: muestra la controversias teológicas sobre el Misterio de la Santísima Trinidad, discutido entonces y por el que se produce (por uno de los motivos) el Concilio de Nicea (uno de tantos que se celebraron en este tiempo difícil para el cristianismo, y donde hubieron de sentar sus bases). Así, con la aparición de Cristo en la Creación, se

ayuda a entender lo que ya hoy (aun siendo un misterio) se bosqueja: que Padre, Hijo y Espíritu Santo son un mismo y solo Dios, lo que en aquella época era difícil de asimilar, comprendiendo que incluso muchos cristianos eran conversos del paganismo. De esta manera, este sarcófago refleja su ambiente cristiano contemporáneo y sus problemas. La sucesión de Ideas, antes mencionada, del sarcófago se produce de la siguiente forma: arriba con la Creacion y la Caída en el Primer Pecado se relaciona con el otro extremo: la idea de Resurrección y Salvación del Hombre mediante la Eucaristía. Abajo el tema de la Epifanía representa a Cristo encarnado, y , como pareja, la idea de su reconocimiento como tal se presenta en los Reyes Magos (los pueblos gentiles).

El Sarcófago “de los Dos Hermanos”: También del s. IV y cuya tendencia clásica es aún mayor. Es Constantiniano y perteneciente al llamado “Estilo Bello”. Es de dos pisos también (de doble friso). Su nombre viene de los dos varones enmarcados en la Concha que centra la composición, los difuntos enterrados. Sus escenas son (siempre de arriba abajo y de izquierda a derecha): la Resurrección de Lázaro (en la que aparece la Virgen María besando la mano del Señor), la Predicción de la Negativa de San Pedro y un pasaje relacionado con Moisés. En el centro está la Concha con el retrato de los dos hermanos y a su derecha: Abrahán detenido por Dios en el sacrificio de Isaac y Jesús ante Pilato. En la parte de abajo están: San Pedro o Moisés con la roca de la que brota agua, la Prisión de San Pedro, Daniel entre los Leones, una escena relacionada con la vida de San Pedro, la Curación del Ciego y finalmente el Milagro de la Multiplicación de los Panes y los Peces. Los Rasgos Destacables de este sarcófago son: 1º: el uso discreto del trépano (usado para esculpir, mayormente, cabellos y árboles, pues produce oquedades más profundas sobre el nivel general del relieve, dándole mayor contraste entre luces y sombras y mayor vivacidad, usado mucho en el arte pagano). 2º: Jesús aparece siempre como Christus Puer (Niño). y muy importante: aparece una de las primeras alusiones (y siendo muy comunes a partir de aquí) a la Passio Christi (“Pasión de Cristo”), Jesús ante Pilato. De aquí nacen los sarcófagos de la Passio Christi, dados a mediados del s. IV y cuyo tema único y principal es precisamente ese: la Pasión de Cristo. El siguiente sarcófago es un ejemplo claro de éstos:

El Sarcófago de “Domitila”: Se encuentra en el Museo Laterano y es de finales del reinado de Constantino. Sus temas destacan por su importancia iconográfica e histórica. Es de un solo registro (un solo piso), y sus temas de derecha a izquierda son: Simón de Cirene llevando la Cruz de Cristo (novedad exclusiva de éste sarcófago), la Coronación de Cristo no con una corona de espinas sino de Gloria (escena simbólica como coronación de Vida Eterna a la que lleva la Pasión, que es el proceso representado), el espacio central y a su derecha: la Conducción de Cristo ante Pilato, y el Lavatorio de la Manos de éste último. El centro, en el que ahora nos fijamos, tiene un tinte especial: representa una Cruz sostenida por el pico de un Águila con una Corona de Laurel impuesta, y en su interior el Crismón (símbolo constituido por las letras Chi y Rho, las dos primeras del nombre de Cristo en Griego, y visto en infinidad de obras del arte medieval cristiano posterior –como el Crismón Trinitario de Jácar-). Este tema refrenda la idea de la Victoria de la Vida sobre la Muerte con la Crucifixión de Cristo (sobre la cruz, el águila y la corona de laureles representan esta idea de triunfo, y Cristo es representado por el Crismón). Debajo de la cruz aparecen dos legionarios en actitud pasiva.

Clase de Prácticas II: En esta clase de prácticas dimos los siguiente: primero, y más importante, aprendimos a crearnos el esquema básico para el reconocimiento de una obra, después de haberla comentado. Primero averiguaremos el Nombre, luego el Autor, su Cronología (siglo o año al que pertenece), su Localización (principalmente el país de donde viene la obra de arte) y por último el Estilo (Barroco, Gótico, Renacentista...). También se ha dicho que se trataría posteriormente la importante diferencia entre fachada y portada. Después, la mayor parte de la clase estuvo dedicada al RETABLO (mediante tres diapositivas, una de dos retablos con sus partes diferenciadas, otra un retraro y una última de un sagrario con un manifestador). El contenido fue el que sigue: hay que saber distinguir, a la vista de un retablo: 1º: Si es el principal (el mayor de una Iglesia, en su Capilla más grande) o uno lateral, 2º: El Material con el que está hecho, 3º: Su Sección (recta, cóncava o trapezoidal-poligonal, hasta a veces combinadas. La recta es si el retablo es paralelo a la pared sobre la que se apoya, la cóncava si se abomba hacia fuera y la poligonal si es como un tablero) y 4º: Los Elementos que tiene: sus calles, pisos... etc.

Los pisos son horizontales y las calles verticales. Puede darse la circunstancia (sobre todo en los retablos más pequeños, laterales), que tenga pocos o estos sean hasta únicos. La parte inferior (desde la primera calle al suelo) se llama BANCO (el espacio de debajo del piso primero) y el SOTOBANCO, otro cuerpo más abajo del banco (pueden existir los dos o no). Entre las calles puede haber Entrecalles, más pequeñas y entre medias de las principales. La Calle más importante siempre es la central, más grande y ancha que las laterales. El resto de la iconografía del retablo, sea la que sea, siempre va en función de la lectura que tenga la de ésta calle principal. El TEMA que tratan siempre se centra en ella, y puede sobresalir hacia delante, destacando además siempre por el ÁTICO, su parte superior y prolongación, que destaca en altura encima de las laterales. Normalmente, el ático tiene un tema iconográfico que suele ser un Cristo en el Calvario (crucificado) o el Misterio de la Santísima Trinidad, siendo el porqué de esto que todos los programas iconográficos, sean el que sean, todos rematan en la Muerte y Resurrección de Cristo.

Los límites entre los pisos son los ENTABLAMENTOS, compuestos de alquitrane, friso y cornisa (aunque puede faltar alguno de estos tres elementos). Entre las calles son los ELEMENTOS DE SUSTENTACIÓN, que son columnas, estípites...etc. El ático aparece siempre que haya 3 calles o más, pero si la capilla donde está colocado el retablo es pequeña y éste tiene sólo una calle puede no haberlo, todo depende de la intención y destino. En la parte inferior aparece en los retablos el SAGRARIO, que guarda el Copón (recipiente abombado con tapadera) que guarda a su vez las sagradas formas y la Patena (plato muy plano donde se colocan las sagradas formas que el sacerdote ha consagrado). El Sagrario siempre está colocado bajo la Calle Principal y puede tener encima un MANIFESTADOR (muy frecuente en la antigüedad, pero ahora cayendo en desuso), que sirven para manifestar la CUSTODIA. Los hay de distintos tipos, siendo uno muy común el en forma del colmena (por sus paneles). Es como un espacio superior al sagrario y que se puede cerrar mediante unas puertas (con forma de arcada), donde en su interior se encuentra la custodia con la sagrada forma. Su decoración está fundamentalmente basada en espejos con motivos florales. Nunca narra historias (aunque en el techo puede llevar algunas pinturas excepcionalmente), porque pretende transmitir que es un espacio sobrenatural (donde se alberga Dios), de grados infinitos que manifiesta el carácter divino de la Eucaristía. El significado y razón de los espejos se encuentra en que como antiguamente los retablos de iluminaban mediante velas (y no con luz eléctrica como ahora), éste tipo de luz vibraba, y al reflejarse en los espejos ayudaba a acrecentar esa sensación mística y sobrenatural. Por tanto, la Teatralidad barroca es muy importante en este elemento, que se abre en un momento determinado... etc. Así, que sea de madera dorada (muestra de esplenor y gloria), su brillo, su relación iconográfica con el Sagrario... todo tiene que ver con la magnificencia y la mencionada teatralidad que quiere transmitirse con este elemento. No tiene porqué tener nada que ver con el tema del retablo donde se encuentre.

El Sarcófago de “Junio Basso”: Es el sarcófago más importante dentro de los de la línea de la Passio Christi. Está realizado en mármol, siendo de columnas variadas (unas decoradas con estrías, otras con motivos figurativos divinos…), de doble friso y con cinco compartimentos dedicados al tema de la Pasión. Uno de los aspectos más importantes de él es que está fechado en una inscripción que aparece en un bordecito de su parte superior, donde además se alude al difunto que guardó: Julio Basso. La fecha es el 359 d.C. (mitad del s. IV). Los temas que se representan en sus paneles son (de arriba abajo y de izquierda a derecha, como siempre): el Sacrificio de Abrahán, la Prisión de San Pedro, Cristo adoctrinando junto a San Pedro y San Pablo, el Prendimiento de Cristo y por último el Lavatorio de Pilato (en la parte superior). Abajo están Job (aunque algunos investigadores actuales lo ven como un precedente del Cristo de la Meditación) con su mujer (aunque otros creen que es San Pedro), Adán y Eva tras el Pecado Original, en el centro la Entrada de Cristo en Jerusalén, Daniel entre los Leones y por último la Detención de San Pablo (o San Pedro). A parte de su rica iconografía, sus lados menores están también decorados, uno con las escenas de la vendimia (tema natural en el arte pagano) y el otro con la recolección de la mies adornado con símbolos estacionales.

Los Rasgos Destacables de este sarcófago son: 1º: El fuerte influjo clásico en algunas de sus figuras (en el tratamiento de paños y actitudes sobre todo, siendo precisamente la figura de Eva víctima del influjo de la Afrodita de Cnido de Praxítedes). 2º: Cada escena está inscrita firmemente en su propio

marco arquitectónico, sin elementos sobresalientes, sino bien definidos sus límites. Los recursos usados están pensados para ello. 3º: Se tiene en cuenta la prioridad de los cuadros, y aunque exista entre ellos una lógica sucesión temporal, están separados por rango de importancia, existiendo además una clara preferencia en la representación de Cristo, viéndolo en la parte superior central sentado en el trono, destacando, y debajo también en el centro entrando en Jerusalén. Así, forman estas dos placas el eje estructural de toda la composición. 4º: Otro recurso es el sentido de la simetría que se plantea, teniéndola en cuenta, guardándola en la parte superior el Prendimiento de San Pedro y el de Cristo y abajo nuestros Primeros Padres y Daniel con los Leones (que se acompaña, como recurso simétrico, de dos personajes que no tienen relación con él). 5º: Otro detalle es la variedad de columnas, que pueden aparecer con estrías, con estrías retorcidas, con figuras aladas decorativas con motivos de la vid, y en las que siempre se suele usar el capitel corintio, por ser más elaborado y suntuoso que el dórico o el jónico.

El tema central de la obra es el Cristo adoctrinando, donde aparece sentado en la Gloria sobre la figura de Caelus (Dios pagano del Cielo), que coge con sus dos manos los extremos del manto que simboliza precisamente la idea del cielo. Este hecho de situarlo bajo Cristo indica la supremacía de éste y su doctrina sobre el paganismo, siendo este un primer ejemplo clave en la importancia dentro de la transmisión de idea que aportará el arte.

El Sarcófago “174”: Del Museo Lateranense, también trata este tema de Cristo sobre Caelus. Es de principios del s. IV, y en él aparece, como decimos, Cristo transmitiendo la Ley, por lo que lleva el rollo de los Evangelios entregándoselo en mano a San Pedro que se acerca a recibirlo. A ambos lados de él está, además de San Pedro, San Pablo en actitud de aclamación. En un altísimo porcentaje de obras paleocristianas y posteriormente cristianas aparecen juntos San Pedro y San Pablo, por ser considerados los principales pilares de la Iglesia, aunque durante sus vidas no estuvieran juntos ni sus conversiones fueran paralelas, pues la de San Pablo se produjo de otra forma y ni vivió en época de Cristo. El Sacrificio de Abrahán y Cristo ante Pilato son las dos escenas que acaban conformando las de este sarcófago, y están relacionadas entre sí, pues el Sacrificio de Abrahán es símbolo del sacrificio de Cristo, ya que el cordero que apareció escondido entre las zarzas sustituyendo a su hijo Isaac antes de que le asestara el golpe mortal simboliza la ocultez del cuerpo de Cristo bajo los accidentes del Pan y el Vino en la Eucaristía.

El Sarcófago de “Los Tres Pastores”: Es también de importancia, elaborado en la segunda mitad del s. IV, de gran calidad y hermosura plástica. En él se representan a tres pastores mezclados con temas no cristianos. La imagen del pastor central se eleva sobre un pedestal con grifos, típicos del arte romano. También aparece el Trípode de Apolo, a la vez que una gran cantidad de Putti, representaciones de Cupidos que están trabajando en la vendimia. La lectura cristiana que se hace de ellos y de estos otros temas paganos es que los putti aluden a la más intensa vida espiritual que aporta el cristiano. Desde el punto de vista artístico es destacable el profundo contraste de luces y sombras del sarcófago, conseguido gracias al fuerte uso del trépano (técnica cuyas características se vieron con anterioridad), dándole gran sensación voluminosa. También es destacable la importancia del detalle que se cuida mucho aun en figuras pequeñas, y la belleza de las figuras (todos los putti están maravillosamente trabajados, algunos con movimientos vivaces). Todo ello potencia la creación de un espectacular “horror vacui”, clave de la obra.

En la segunda mitad del s. IV aparece otro tipo de Cristo, que es el adulto. Por lo tanto se muestra barbado y con melena. Esta nueva creación da comienzo en la época Teodosiana, apareciendo por primera vez en los sarcófagos de “Puertas de Ciudad”, llamados así por tener sus escenas un fondo arquitectónico (de también nuevo uso, dejando atrás el fondo neutro) en el que se ve una ciudad, que representa simbólicamente a la Jerusalén Celestial. Este tema iconográfico está muy usado, por ejemplo, en el Monasterio de Santo Domingo de Silos (España).

El Sarcófago de “San Ambrosio de Milán” Inicia la serie de estos sarcófagos de “Puertas de Ciudad”, y está considerado una obra monumental. Es de finales del. S. IV. En él, aparece también Cristo entregando las Leyes a San Pedro. Los talleres que más trabajaron este tipo de sarcófagos

fueron los del centro y norte de Italia. Al parecer, este sarcófago contuvo los resto del Santo que le da nombre, y está esculpido por sus cuatro caras, con gran influjo del arte griego (en las figuras, los gestos, las expresiones, las telas…). Sus temas están relacionados con el Nuevo y el Antiguo Testamento, y en el principal (colocado en la cara frontal) se representa a Cristo de pie sobre el Monte del Paraíso rodeado de los apóstoles, y en la cara posterior a Cristo Maestro, sentado adoctrinando a los Discípulos (siendo la primera imagen de Gloria y la segunda más sometida). En los lados laterales están los temas del Antiguo Testamento: Elías portado en el carro tirado por caballos y el Sacrificio de Abrahán.

Para finalizar el estudio de los sarcófagos hay que tener en cuenta los Talleres de la ciudad de Raabe, los cuales al desaparecer los de Roma debido al saqueo de los bárbaros en el 410, llegan a desarrollar una escultura importante en los años siguientes, presentando algunas novedades: la tapa que cubría los sarcófagos ahora es semicircular, y las representaciones adquieren unas connotaciones mayoritariamente simbólicas con menos figuras (quizás una sola decore el frontal). Se ahonda en lo personal, perdurando la elaboración de este foco hasta los s. V y VI.

También, por último, se le debe prestar atención a las ESCULTURAS DE BULTO, aunque sean muy poco frecuentes. Entre ellas destaca el tema del Buen Pastor, habiendo quien lo relacionara con la representación pagana del “Moscóforo”, un devoto pagano que llevaba las ofrendas al Templo. Otros investigadores lo niegan, dado que los Evangelios aluden directamente al tema del Buen Pastor específicamente. Además, hay que señalar el significado diametralmente opuesto al del arte pagano, porque el Buen Pastor alude a Cristo como Pastor de Ovejas, como Cordero Inmaculado, que deja al rebaño para salvar a la oveja descarriada cargándola sobre sus hombros, lo cual engloba un significado eucarístico (pues da la vida por ella). Por eso aparece mucho en las puertas de los Sagrarios. Sin embargo, el Moscóforo en el paganismo tiene un carácter más bucólico en relación con las estaciones.

El Tema del Buen Pastor se representa siguiendo distintos tipos:

1º: El Señor cogiendo al cordero con una sola mano y sostenido con la otra por un cayado.

2º: De la misma forma pero además acompañado por dos reses a sus pies que lo miran y una palmera a sus espaldas (formando una escena más completa que equilibra la composición)

3º: Cogiendo al cordero con las dos manos, sin cayado, pero llevando una alforja como una bandolera. Éste tipo será el más desarrollado en las obras de arte posterior cristiano, amén de en el paleocristiano, porque mantiene un hilo de conexión directa con la descripción del Buen Pastor que hace el Evangelio de San Lucas.

Una representación que sigue este tipo, del s. IV, lo representa con el cabello rizado, joven e imberbe, poseyendo una mezcla del arte romano, dado que porta una túnica exómide. Parece en ella desviar la mirada a un punto lejano, seguramente el rebaño, que da una amplitud magistral a la estatuilla entre lo visto y lo que no se ve. El tipo del cayado se considera más tosco que éste, el cual dio paso a la representación del Cristo Doctor, Maestro, que aparece en los sarcófagos (como en el que hemos estudiado de Julio Basso), y que es otro icono que perdurará y se enriquecerá incluso hasta nuestros días.

Para finalizar la Escultura de Bulto señalamos la Estatua Sedente (conservada en el Museo de las Termas de Roma), esculpida en el 360. En ella se representa a Cristo como Maestro (Doctor). El tipo iconográfico que sigue es el de Christus Puer, Cristo juvenil, y sentado sobre una Cátedra (signo de grandeza para los romanos), la cual perdurará en la Historia del Arte como en la de la Iglesia como elemento litúrgico (el Papa, cuando salía del Vaticano, iba portado antiguamente en una). Lleva en las manos el rollo de los Evangelios para enseñarlos.

LA PINTURA PALEOCRISTIANA

Dejamos la escultura y pasamos a la gran manifestación por antonomasia del Arte Paleocristiano. Es considerada una fuente de gran interés para el estudio de todo este arte en general. Hasta el s. XX existía una postura tradicional que suponía esta pintura como una ruptura con el mundo clásico, siendo un arte nuevo nacido de la nada dentro del mundo romano. Esta postura es desechada totalmente en la segunda mitad del mismo siglo, pues un arte no se puede improvisar sin ningún fundamento de partida. La cuestión ineludible es la pregunta de cómo era el arte pagano cuando surge este nuevo, cristiano. Pues era expresivo, tendiendo a la desmaterialización, despreciando en cierto modo la forma plástica. Todo este arte orientalizante queda recogido en la obra literaria “Estética”, del antiguo filósofo pagano Plotino, que recoge las tesis para estudiar el arte cristiano bizantino y medieval, dado que contiene herencias neoplatónicas del ambiente general de la época. Junto a la importancia de este aspecto, el arte cristiano presenta influencias del mundo judío:

1ª: Siempre se ha hecho hincapié en que la falta de imágenes en el cristianismo es por culpa del judaísmo, pero cada día más estudios revelan la relación que existe entre él y las sinagogas que estuvieron decoradas con pinturas,

2ª: el mundo judío experimenta unos programas iconográficos ya desarrollados y tratados antes del mundo cristiano, el cual toma como suyos algunos ya muy elaborados, del Antiguo Testamento, que es la base del mundo judío.

La Iconografía de la Pintura Paleocristiana: Las escenas bíblicas se representan de la misma forma casi siempre, lo que se considera no como una falta de inspiración de los artistas, sino como la muestra de un respeto por la lectura simbólica que contienen, cuyo mensaje es siempre el mismo. Uno de los conceptos fundamentales que se quieren trasladar es el tema de la Salvación, con la representación del Buen Pastor sobre un paisaje idílico, que representa al Señor salvando a la oveja descarriada abandonando el rebaño (como antes explicábamos), pero todo en un ambiente grato y agradable. A los ojos del cristiano nuevo, esta representación no suponía ninguna extrañeza, pues ya la había podido observar dentro del mundo pagano pero con una lectura bien distinta. Relacionadas con el tema de la Salvación también aparecen otras escenas bíblicas: Daniel salvado de los Leones, Los Tres Jóvenes de Babilonia salvados del Fuego y Jonás (símbolo del sacrificio de Cristo, como ya estudiamos) con la Ballena (al cual también estaban acostumbrados por tratarse de un tema marino). Otra idea que también se refleja en estas pinturas es la de la Fe en la Resurrección, expresada en dos temas de fácil reconocimiento y entendimiento: el milagro de la Resurrección de Lázaro y los milagros relacionados con la Curación del Ciego (cuya clave es el retorno, la vuelta a la visión, que simboliza el triunfo de la Luz sobre las Tinieblas, en definitiva, de la Vida sobre la Muerte –la Resurrección-).

Clase de Prácticas III, (06-11-09): Vimos tres diapositivas. En la 1ª observemos Elementos de Sustentación Arquitectónica. a) Pilar: elemento de sustentación aislado de sección cuadrada (o poligonal si se adorna con pilastras o columnas adosadas). b) Pilastra: elemento de sustentación cuyas principales diferencias con el pilar son que su sección suele y puede ser más rectangular y siempre está adosada a la pared (o a otro pilar). c) Columna: su sección es siempre circular, en el fuste. d) El Pie Derecho: suele ser de madera, es más débil, y tiene una zapata en su parte superior que reparte el peso para que todo él no se acentúe en un punto concreto. e) Ménsulas: elementos volados en saledizo que suelen sustentar balcones u otro tipo de saliente arquitectónicos, y que también tienen intención decorativa en portadas, ventanas, retablos... . Es importante observar que tengan más profundidad que anchura, siendo sino al contrario Cartelas. f) Estribo o Contrafuerte: es otro elementos de sustentación parecido a la pilastra pero teniendo una connotación más de refuerzo, usado sobre todo en construcciones románicas y góticas (arbotantes). Suelen soportar el peso de cúpulas de piedra. g) Dintel: Parte superior sustentada por dos jambas (simétricas e idénticas) en puertas y demás construcciones similares.

En la 2ª diapositiva estudiamos: El Balaustre o Columna Abalaustrada. Son elementos de sustentación muy débiles (nunca podrían separar las naves de una basílica, por ejemplo), cuya sección es circular, pero no totalmente como en las columnas (aunque sigan siendo una), sino con formas abalaustradas,

con molduras y líneas más rectas entrantes y salientes, siendo el fuste no recto absolutamente, sino con curvas y contracurvas que le dan su forma más especial y original. Normalmente se usa en las barandas de escaleras, aunque también en balcones, rejas, retablos, puertas... . Por lo cual, no suelen llevar capitel (aunque pueden). Se usaron principamente en el Renacimiento. La diferencia más notable y más significativa (para evitar confusión) con el Estípite, es que son troncocurvos, no troncopiramidales, como son siempre los estípites (aunque la mayoría de sus restantes características sean prácticamente idénticas con respecto a la columna). Suelen ir adosados, aunque en las barandas y retablos no tengan porqué. En la 3ª diapositiva observamos diferentes tipos de sustentadores de cúpulas y formas absidales. Sin embargo, a pesar de que se dilucidó que podrían ser trompas y pechinas (formas curvas o poligonales de sustentación de cúpulas, respectivamente), el escaso tiempo restante y la confusión general dio por zanjada la discusión, aplazando sus explicaciones para la próxima sesión.

Aludiendo a su vez al tema de la Resurrección, es también importante el tema relacionado con la Virgen y los Apóstoles y los Mártires, que recuerdan su interacción (de los Santos), entre nosotros y Dios a la hora de la resurrección de nuestras almas, donando con ello cada vez más una configuración rica a la pintura paleocristiana. También son frecuentes las escenas relacionadas con la enseñanza de la doctrina de Cristo, incluyéndose dentro del mismo grupo los dos sacramentos de iniciación al cristianismo: el baustismo y la eucaristía. Hay otras pinturas que conservan no sólo la forma, sino algunos significados de los modelos paganos, siendo un ejemplo la representación de los “Amores” o “Amorcillos”: imágenes pequeñas que representan las imágenes de las almas del otro mundo. Otro ejemplo es el uso de la representación de las Cuatro Estaciones (muy frecuentes en el mundo pagano como símbolo del paso del hombre en el tiempo), aquí trasladado a la concepción cristiana simbolizando que su religión significa e implica renovación (cambios) para el hombre. La forma de representación de Cristo es diversa, con distinta simbología. Una de ellas es exponiéndolo como la Viña, pues San Juan dijo que Cristo es la Viña y los Discípulos sus Ramas (Sarmientos). Otra representación importante usada para su exposición es la del Cordero, porque los profetas hablan en el Antiguo Testamento de Dios como El Cordero sin Mancha, tomando como base la Pascua Judía (después Pascua Cristiana). El Pez también puede interpretarse como símbolo de Él, porque el nombre de Cristo Salvador en griego es el anagrama de Jesus Salvator (nombre de las primeras letras asemejan un pez). El tema del Buen Pastor también se usa.

Ante todos estos temas los investigadores se plantean dos cuestiones fundamentales (amén de otras muchas): 1ª: ¿Por qué en estos hipogeos donde se encuentran estas pinturas y demás reliquias conviven temas paganos con temas cristianos? García Vellido, prestigioso investigador, intenta resolver esta pregunta comentando que en estas catacumbas se producían enterramientos privados de familias aristocráticas, siendo algunos miembros aún paganos y otros recién conversos al cristianismo. Esas dos facciones supone que querían convivir en la otra vida, en el más allá. Y 2ª:¿Esta rica iconografía fue creada sólo con el fin de albergarse en los lugares funerarios? Unos piensan que estos ciclos tan desarrollados en algunas catacumbas no pudieron ser inventados, sino que suponen la existencia de unos textos sagrados que servían de modelo para su elaboración. Otros creen sin embargo que sí se creó esta iconografía para estos lugares en exclusiva.

En cuanto al Estilo, se sigue de cerca el usado en las pinturas paganas, respondiendo a unos trazos rápidos, formando y dominando grandes manchas de color. Los modelos más antiguos que se conocen son los frescos del Batisterio de Doura Europos (la más antigua Domus Eclesiae, de la que ya hablamos en su momento), y que no presentan un arte excesivamente refinado, siendo lo interesante el hecho de su existencia y el de que mezclan temas del Antiguo y del Nuevo Testamento, desapareciendo luego algunos y permaneciendo otros hasta nuestros días. En otras pinturas, como en las de la Catacumba de San Calixto, los temas se tratan ya más ricamente, con un estilo y una expresión más ilusionista, ligera, elegante, que se corresponde con el Cuarto Estilo de las Pinturas Pompeyanas (contemporáneas suyas). El arte decorativo en alza era este, y como consecuencia de su seguimiento aparecen en las pinturas paleocristianas primigenias de esta Catacumba arquitecturas caprichosas como fondo, paisajes, follajes, escenas de caza, vendimia, animales y hasta figuras mitológicas, que tienen aún cabida. En realidad, este arte decorativo se acepta entre los judíos y entre

los cristianos, aportándole su propio significado respectivamente. Además, esa aceptación es aún mayor, porque muchas veces esos temas pompeyanos tenían sentido funerario de por sí, reconocidos en la sociedad cristiana. Por ejemplo, el Pavo Real era interpretado por los paganos como de carne incorrupta, por lo que lo incluían sobre todo en las Tumbas Imperiales, y en el cristianismo pasa a ser una imagen de eternidad e inmortalidad, aplicada a Cristo, por ser el primero de los resucitados que abre camino a todos los demás. Ahora pasaremos a estudiar las pinturas más importantes dentro de las Catacumbas y elementos arquitectónicos que las conservan:

Pinturas en la Catacumba de “San Calixto”: Como sabemos, esta Catacumba es especial arquitectónicamente hablando, y ahora conocemos que también lo es iconográficamente. En ella se encuentra el Cubículo de los Cinco Santos, donde se representa a estos cinco Santos en actitud orante (con los brazos levantados y extendidos, hechos con rápidos trazos) y en medio de un jardín florido (a pesar de encontrarse la pintura en un lugar tenebroso como un cementerio), que es símbolo de la Morada de la Felicidad Eterna. Además, un dato importante y curioso es que aparece el nombre de cada personaje inscrito a su lado, como por ejemplo el de Dionysos in Pace (“Dionisio ya reposa en Paz”) con un Pavo Real. Por tanto, la idea que quiere transmitir la pintura no es de dolor ni de muerte, sino de serenidad y gozo, de paz, de tranquilidad, por lo que no presenta elementos bruscos. La técnica usada en su elaboración es la llamada compendiaria, mediante la cual las figuras se expresan mediante pocas pinceladas, que son las esenciales. Tampoco hay sumo cuidado en el detalle. Otro tema importante en la Catacumba de San Calixto es el del Buen Pastor, apareciendo en uno Cristo con un Cántaro y el Cordero a sus hombros, hecho en técnica compendiaria y con grandes manchas de color. Está tratado, insistimos, con una rapidísima técnica, trasladando la idea de gozo y serenidad, pues aparece rodeado del rebaño y con un monte suave en la parte trasera. Cerca de este tema se representan otros relacionados con él: la Multiplicación de los Panes y los Peces, Moisés desatándose las sandalias en presencia de Dios y el Manantial del que brota agua en el desierto.

En el Cubículo de los Sacramentos, los temas aluden al Bautismo y la Eucaristía, apareciendo entre otros Jonás y la Ballena, el mencionado Milagro del Manantial del que brota agua en el desierto, la Curación del Paralítico, el Bautismo de Cristo, el Sacrificio de Abrahán y de nuevo la Multiplicación de los Panes y los Peces. En este mismo cubículo existe una pintura especial: la titulada “El Banquete Eucarístico”. Ésta y otras difícilmente se pueden interpretar como una simple comida fúnebre (como las de carácter pagano, en las que se simboliza la no falta de las viandas en el otro mundo), porque este tema es muy repetido en distintas catacumbas de maneras muy diferentes, pero siempre con una constante: siempre se presenta un determinado número de cestos de pan (lo que no aparece en los frescos de referencia de un banquete fúnebre pagano, en los que se representan otras y más viandas). Esa es la clave que los diferencia. Los cestos de pan aluden a la Multiplicación de los Panes y los Peces como elemento eucarístico, como Pan de Vida. Dentro de esta temática, el tratamiento de los Panes y el Vaso de Vino es interesante (otra pintura de la misma sala de la Catacumba de San Calixto): los panes, como en la pintura anterior, aluden a la Multiplicación de los Panes y los Peces (por lo que aparece debajo del cesto un gran pez), pero en el interior de dicha cesta se representa además una copa o un vaso de vino, que simboliza la Eucaristía. Esto implica una complicación de los temas sucesivos, y es de tal importancia, que se considera la más antigua representación del tema eucarístico del Pan y el Vino dentro del Arte Cristiano, que luego, como podemos comprobar, tendrá un importantísimo desarrollo no como figuras premesiánicas, sino como propios símbolos.

Pinturas en la Catacumba de “Domitila”: Alberga un ejemplo relevante de cómo un tema pagano tiene su reinterpretación en el cristianismo: la representación de Cristo Orfeo. En ella se presenta la figura de un pastor con una flauta en la mano, rodeado de su rebaño, y teniendo como fondo un paisaje abierto de colinas, expuesto todo ello con esas pocas y rápidas pinceladas de la técnica compendiaria. Lo que interesa de esta pintura es la interpretación que en ella se hace de Cristo, visto como un símil del héroe griego Orfeo, pues lo mismo que éste amansaba a las fieras con su música, Él con su doctrina y los Evangelios mueve el corazón del hombre amansándolo, esquematizando su espiritualidad hacia una nueva, por lo que también es Buen Pastor (llevando al Cordero descarriado junto al Camino de la Verdad, el rebaño). Así pues, este tema del Buen Pastor, aparece también junto a la primera pintura pero como estamos acostumbrados a estudiarlo, en su forma original y

sencilla, también usando técnica compendiaria para su elaboración con grandes manchas de color. Cristo Docente o Maestro entre los Apóstoles también se representa junto a ellas decorando un arcosolio y presentando a Cristo Joven, sin barba, situado en el centro de la composición vestido con la indumentaria (la toga) de maestro, y rodeado, como decimos, de sus Discípulos. De ella son destacables tres elementos: 1º: las figuras se acoplan perfectamente a la forma del arco (una de las primeras adaptaciones al marco). 2º: la figura de Cristo se destaca mediante el tamaño, que al centrar la composición y ser en una arcada coincide con el punto más alto, aprovechando esta circunstancia para hacerlo más grande que las demás, ya que al no llevar símbolo de santidad debe recurrir a otro recurso para destacarlo (también sus ojos son de una gran viveza con respecto a los de las demás figuras), y 3º: predominan muy visiblemente las manchas de color, pero con la curiosidad de que en ellas rigen los tonos claros y suaves.

Pinturas en la Catacumba de “Priscila”: En ella cobran importancia dos temas principalmente: el de “Los Tres Hebreos en el Horno”, que narra un pasaje del Antiguo Testamento, narrado específicamente por el profeta Daniel, en el que tres hermanos (también se le da ese nombre) simbolizan la Fe en la Salvación del Hombre, por sus actitudes al ser quemados vivos. Es una representación también muy ligada al judaísmo. La técnica que se usa en su elaboración (que es la compendiaria, pero con esta novedad), ha dado lugar a que las pinturas que la siguen hayan sido bautizadas con el nombre de “Pinturas Flotantes”, por ser muy ligeras, dándonos la sensación de que sus figuras están mantenidas sobre las llamas. Este recurso técnico se liga a la idea que quiere sugerir la pintura (pues los protagonista se supone que no mueren, sino que sus almas son salvadas). Este intervención divina se expone a la luz con la intervención de un destacable elemento iconográfico en la parte superior de la pintura: una paloma con una rama en el pico. Hay que mencionar, irremediablemente, el poco cuido del detalle propio de la técnica compendiaria y las grandes manchas de color.

La pintura titulada “Vida de una Difunta”, interesa por no ser ya una representación aislada como la mayoría de hasta entonces, sino una sucesión de tres escenas relacionadas entre sí. La primera, más a la izquierda, representa la figura de un Obispo que bendice las bodas de la difunta, mientras el futuro y joven marido le entrega el velo nupcial para la consiguiente celebración de la ceremonia. En el centro aparece la imagen de la propia difunta más destacada en tamaño, orante con los brazos extendidos. En la última escena más a la derecha, aparece ella ya como madre (con un niño en brazos), fruto del matrimonio acontecido. Se consideró como la Virgen con el Niño, lo cual perdió totalmente su lógica al comprender que la sucesión de pinturas narraba en realidad la vida de la difunta (de donde le viene el título) prematuramente muerta.

El tema de la Orante es muy frecuente dentro de la pintura paleocristiana, representando a los difuntos así en un ambiente paradisíaco que expresa el deleite de la otra vida, llena de paz y serenidad después del sufrimiento de ésta.

En el Cementerio Mayor, por ejemplo, se representa a una mujer con velo, ricamente vestida, orante y con un niño delante. Esta pintura rompe un poco con las anteriores y la destacamos por ello, y se le dan dos interpretaciones: 1ª: Unos creen que es una difunta anónima con su hijo, y 2ª: otros intvestigadores argüen a que es la Virgen con el Niño, con lo que ocurriría entonces la aparición de una nueva iconografía con respecto a la usada para representarla en el s. III (dada que ésta que presentamos data de la primera mitad del s. IV). Antes se solía representar de cuerpo entero, sentada, con el Niño en sus rodillas y frecuentemente acompañada de otras figuras orantes. Aquí, sin embargo, aparece de medio cuerpo y con dos símbolos cristianos a ambos lados de su figura de gran trascendencia: el Crismón (del cual ya estudiamos su significado).

Pinturas en la Catacumba de “Los Jordanos”: En ella existe una Orante, fechada en la mitad del s. IV, que se representa de pie, con vestidos ricos, y cuyo importantísimo rasgo destacable es la realización detallada del rostro, de una belleza sublime, tratado con esmero y que parece sugerir rasgos fisionómicos, lo cual es una gran rareza en esta primera pintura cristiana, pues lo que intentaba

trasladar con más firmeza con la figura de la orante era su significado de Alma Salvada, digamos con un carácter abstracto sin relación con el difunto.

Dedicaremos el siguiente y breve espacio a la Decoración de las Basílicas paleocristianas con pintura, cerrando así éste amplio capítulo. Dichas Basílicas fueron rica y profundamente decoradas. Las artes plásticas a veces presentan rasgos contradictorios, ya que las tradiciones de las que parten son diversísimas. Una de ellas relevante es la helenística, por dos razones: la permanencia de cierto gusto por algunos temas mitológicos y por la decoración anecdótica propia de las figuras clásicas. Otra tradición o elemento que les llega es el papel que juega Oriente, que transforma el carácter de su herencia conduciendo a un gusto por los materiales más ricos (oros, colores fastuosos…). La consecuencia que sigue a ello es que el mosaico en las Iglesias Cristianas no se compone de trozos de mármol generalmente como los de los romanos, sino que ahora (dada esa influencia oriental), es de cristales teñidos esmaltados y cubiertos de oro (que refracta la luz, produciendo más vistosidad, belleza, destacando el nivel simbólico que ya tenía la luz). En Roma podemos observar gran cantidad de todas estas características sobre todo en el Batisterio de San Juan de Letrán y en el Mausoleo de Santa Constanza. En el s. V, por ejemplo, son importantes las decoraciones de la Basílica de Santa Sabina, la de Santa María la Mayor y la de San Pablo Extramuros (entre otras muchas, siendo éstas las más destacables por su importancia).

Tras el triunfo de la Iglesia, también se introdujeron motivos nuevos, no constando todo de recuerdos y herencia, como la Cruz, que hasta ese momento era poco frecuente, porque se consideraba un elemento de suplicio (y en las Catacumbas, donde más se desarrolló el arte pintor paleocristiano, se quería, como vimos, transmitir gozo y serenidad). Pero a partir de Constantino, la Cruz adquiere una simbología nueva, que la eleva a emblema del cristianismo. Junto a la Cruz, otro tema nuevo es el tipo de representación de Cristo, que por la influencia de otras religiones se suele identificar con el astro solar ahora, y por ello junto a su imagen se presentan símbolos solares (apareciendo como el Ave Fénix y con la Palmera, elementos adheridos entonces con bastante fuerza). En ese momento a partir de Constantino, a su vez, se le interpreta como Soberano, siendo en ese caso la representación de Cristo reinando en Majestad en la Jerusalén Celestial, llevando el Rollo de la Nueva Ley (los Evangelios), rodeado de la Corte Celestial (apareciendo a veces los evangelistas figurativamente, quizá también argüido por las reformas renacentistas, como un ejemplo de una diapositiva en clase -11/11/09- en la que uno aparecía como un buey alado), y también atrayendo a las ovejas (aludiendo a la idea del Buen Pastor). También se representa frecuentemente como Juez, figurando entonces junto a María y San Juan que interceden por los hombres, acogiendo Cristo a su vez a los Mártires en el Paraíso. Una última forma de representación de Cristo de ésta época destacable es en la que aparece como Cosmocrátor, organizador del Mundo, por lo que ocupa la cúpula de la Iglesia o Basílica donde se sitúe, por ser ésta símbolo precisamente del cosmos.

La decoración del Mausoleo de Santa Constanza (el cual ya observamos de buena arquitectura clásica, con veinticuatro columnas corintias, arcos y cúpula de estructura central a un eje, rompedor y levantado para el enterramiento de las hijas del Emperador Constantino), desapareció en el s. XVII, sobre todo en cuanto a los antiguos mosaicos se refiere, así como los mármoles que decoraban a su vez todas las paredes, en las cuales se pintaron posteriormente representaciones que también desaparecieron, pero ya en el s. XX, por consideradas impropias del lugar. De lo que queda, son de interés los mosaicos de la bóveda de cañón, divididos en recuadros de los que destaca la gran fantasía de sus desiguales dibujos, tratados con gran fuerza en las figuras y en el movimiento. Las tres decoraciones de la entrada se consideran más rígidas geométricamente, tratando sobre temas de la Cruz. El resto de las decoraciones recogen la temática principalmente de las Catacumbas, pero destacando aquí, como hemos comentado, el uso del de la Cruz. En su interior también se halló el llamado Sarcófago de Pórfido, el destinado a guardar los restos de una de las hijas de Constantino, importante por la mezcla de temática que se produce en sus relieves. Por último, cabe señalar que la escena que decora el ábside del Mausoleo representa a Cristo donando la Paz a San Pedro y a San Pablo en medio de un paisaje estilizado con palomas y ovejas. Así, de esta forma y con este capítulo cerramos nuestro escueto estudio sobre el Arte Paleocristiano.

Tema II: EL ARTE BIZANTINO.

El primer problema que plantea el estudio del Arte Bizantino es el de la Clasificación de sus etapas y su cronología, el cual intentaremos esclarecer dada su larga duración:

Primerta Etapa llamada de Formación, que se extiende desde Constantino (al que acabamos de dejar) hasta Justiniano, abarcando cronológicamente parte del s. IV al s. V. Esta etapa interesa por la vinculación que plantea entre el Arte Paleocristiano y el Arte Bizantino.

La segunda mitad del s. V se considera de una gran inestabilidad debido a los problemas políticos, dando lugar a un escaso florecimiento del arte.

Primera Edad de Oro del Arte Bizantino, S. VI (el gran siglo de Justiniano), cuya actividad se encuadra del 527 al 565, englobando la Primera Edad de Oro del Arte Bizantino. Uno de los ideales de Justiniano era reconstruir el Imperio Romano, y con esta impronta se extiende lo bizantino en el s. VI por los pueblos bárbaros, resultando de ambas cosas la fusión de una técnica que aprende este arte de los propios romanos, habiendo junto a ello herencias de Bizancio e influencias nacionales (dada ésta última expansión a la que nos hemos referido), siendo éstos los tres pilares que acunan el surgimiento de este arte. Al hablar del movimiento expansivo, hay una cabeza de puente importante en él en Italia, en la ciudad de Rávena, a través de la cual el Arte Bizantino actúa sobre occidente en la Alta Edad Media.

El s. VII es de nuevo una etapa de crisis, sin tampoco florecer demasiado el arte en ella, y en los s. VIII y IX es cuando hay que situar el Problema de los Iconoclastas, que radica en la orden del Papa León Isáurico (desde el 726), de prohibir las imágenes para el culto, siendo posteriormente una idea condenada en el II Concilio de Nicea (celebrado el 787), y cuya reposición vino ya con Teodora (mtiad del s. IX). Este problema afectó muy directamente al arte, pues atacó las imágenes desde un punto de vista tan crucial como el religioso.

La transición de este problema nos abre de par en par las puertas de la Segunda Edad de Oro del Arte Bizantino, coincidente de la Dinastía Macedonia, que abarca cronológicamente desde el final del problema iconoclasta (s. IX) hasta finales del s. XI. Manifestaciones ejemplares de esta etapa llegan a extenderse incluso hasta Europa (fuera de Bizancio y donde ya se extendía el uso del Románico), siendo el más destacable la Basílica de San Marcos de Venecia.

El siguiente paso en la historia cronológica del Arte Bizantino está protagonizado por las tensiones que procuraban las Cruzadas, llegando entonces el último florecimiento esencial del Arte Bizantino, centrado en el s. XIV y muy destacablemente en Mistra (Grecia), ciudad donde se concentra unos de los centros neurálgicos más importantes de este arte. Finalmente no se produce desde entonces un derrumbe total de esta tendencia, porque en 1453, tras la toma de Constantinopla por los Turcos, continúa por Grecia y Rusia hasta el s. XV.

La siguiente cuestión de más lógica para tratar es la de los Elementos que Conforman el Arte Bizantino: Hay tres fundamentos que le dan vida: lo romano, lo helenístico y lo oriental. Bizancio fue la continuación de Roma y respetó sus normas arquitectónicas (tipología ésta, la ARQUITECTURA, por la que comenzaremos), agregándole elementos de la etapa helenística e influencias orientales (sobre todo en las decoraciones amén de en otros campos).

Las Características Fundamentales de la Arquitectura Bizantina son:

: El uso de grandes ladrillos (más que de piedras). Construían los muros con cantos rodados y mortero, alternando hileras de ladrillos (todo sujetado y fortalecido por el hormigón).

: El constante uso del Cimacio, un elemento en forma de pirámide truncada invertida colocado entre el capitel de las columnas y el arranque de los arcos.

: El uso de los Tirantes entre las Impostas

: Los abovedamientos los construían sin cimbras, las armaduras de madera que se usaban cuando se quería construir una cúpula, la cual se efectuaba sirviéndose de ellas como base, como esqueleto. Las bóvedas son, por tanto, muy ligeras (ya que como hemos dicho no usaban grandes piedras), dado el uso de materiales poco pesados, valiéndose en ocasiones de una red interna de tubos (también hechos de ligeros materiales) que le daban ligereza a la obra y cohesión a los elementos que formaban la propia cúpula, cubriendo ésta como último paso con elementos decorativos.

: Las cubiertas estaban reforzadas por nervios (de ahí las cúpulas nervadas), que descansan sobre trompas o pechinas, usando también a veces junto a ellas el Tambor, una estructura prominente en la parte más elevada de la cúpula y que, aunque normalmente presentaba ventanas, podía no albergarlas.

: Para contrarrestar el empuje de las bóvedas se usaban otras de medio cañón y un conjunto de casquetes, contracúpulas y cúpulas más pequeñas. Un ejemplo clave de ello es la Iglesia o Basílica de Santa Sofía.

7ª: También es variada la estrucura de las Iglesias que siguen su doctrina. Hay Basílicas con Atrio (como San Demetrio de Salónica, de la Etapa de Formación), Basílicas con Tribuna (colocada sobre las naves laterales que en el mundo oriental era el Matronum para las mujeres) y Edificios de Planta Central (cuyo ejemplo más significativo es la Basílica de San Sergio y Baco, importante y de gran significado dentro de este Arte Bizantino, que recoge un gran rectángulo en el que se inscribe un octógono).

8ª: Otro elemento que se da cita en este arte es la existencia de ábsides semicirculares (siendo tres normalmente, cada uno en una cabecera finalizadora de las naves), pero pudiendo ser a su vez Poligonales, lo que supone una novedad. Uno de los logros más importantes es la creación de la Basílica Abovedada y cerrada por una Cúpula (no siendo todas de cubierta Plana como las del Arte Paleocristiano), siendo el mejor ejemplo Santa Sofía de Constantinopla, llegando a tener la Cúpula tal significado e importancia como para llegarla a simbolizar con el Cosmos Regido por Dios.

Las Partes Fundamentales de la Basílica Bizantina:

Comenzando por el exterior, en él se encuadra un Atrio con Pórticos en sus cuatro lados, lo que nos lleva a la fachada del Templo. Lo más significativo es el Nártex, el lugar destinado a los catecúmenos. A veces existía lo que se llamaba el Exonártex, que era la denominación dada al Nártex exterior cuando existían dos (recibiendo uno un nombre –Nártex- y otro uno diferente –Exonártex-). Otros estudiosos prefieren llamar al segundo Pórtico, pero puede llevar a confusión.

La construcción interior constaba de tres partes fundamentales:

: la naos, que era el lugar destinado a los fieles,

: la bema, el espacio elevado que queda entre el ábside y la nave, equivalente de alguna forma al prebisterio actual

: la iconostasis, que es un biombo o cancela perforada (por lo que dejaba entrever algo) que separaba ese prepiterio o bema de la nave. Es importantísimo, pues pasa al mundo occidental, existiendo un maravilloso ejemplo dél en el Arte Prerrománico Español en la Iglesia de Santa Cristina de Lena.

4ª: Para finalizar, cerca del ábside principal existían también dos habitaciones dadas a su vez en el ya estudiado Arte Paleocristiano, la Prótesis y el Diacónicum, y que conservan su función: guardar las especias para la celebración religiosa y lugar de vestimenta respectivamente.

En la Decoración de las Basílicas Bizantinas se usan procedimientos y temas legados de Roma, Grecia o bien de Oriente. Algo importante es que el edificio bizantino tiene muy presente los juegos de masas, pero dada la pobreza de los materiales empleados trata a las fachadas como si fueran una gran panel que decorar con mosaicos, siempre de colores brillantes por la influencia oriental. En el interior lo fundamental vuelve a ser la policromía, de fuerte influencia oriental a su vez, mezclada con una temática muy amplia en las pinturas. Marcada posteriormente por el problema de los iconoclastas, por ello, generalmente los dibujos son geométricos, de carácter vegetal, animal… etc. En cuanto a lo que se refiere a los capiteles usados en las columnas, imitan los modelos antiguos, usando normalmente el jónico pero con más frecuencia el corintio (más rico). Las hojas de acanto podían ser de dos tipos: ligeras (con un carácter carnoso blando) o espinosas (tratadas casi como ganchos). Sobre el capitel se colocaba (como indicábamos hace unas líneas) el cimacio (de forma piramidal truncada invertida), que se desarrolló grandemente, llegando a fundirse con el capitel, dando lugar al llamado Capitel Imposta (que es lo que parece portar encima). Las dichas hojas de acanto sufren una evolución, en cuyo final pierden su personalidad, con lo cual acontece que no se proyectan hacia el exterior (como venía siendo natural), sino que se funden con el capitel formando una sola superficie continuada sobre el propio cuerpo del capitel, resultando simplemente éste de forma troncocónica decorada. A fines del s. IV, se le dio importancia a otro capitel Teodosiano, cuya característica fundamental es que sus hojas son labradas y acuñadas mediante la técnica del trépano (ya estudiada y otras muchas veces referenciada). En este capitel, el ábaco casi desaparece, desarrollándose sobre todo el cimacio.

Clase de Prácticas IV (13-11-09). Terminamos de ver las trompas y pechinas. La misión, como dijimos, es pasar de un espacio cuadrado a uno circular en ambas, y las pechinas se componen de triángulos esféricos y las trompas de bóvedas semicónicas. Luego, la cúpula en sí, puede llevar tambor, linterna y copulín. También vimos el cimborrio, torre que suele rematar el crucero, no teniendo nada que ver con la cúpula. La segunda diapositiva consistió en una Pintura Paleocristiana, la cual comenzamos a comentar a trozos. Se habló de los trazos, qué podría ser el objeto central, las funciones, el estilo... etc. Finalmente, se hizo el comentario exacto, cuidándose de tratar el tema, los rasgos, la técnica usada, el fondo, la expresión de los personajes, el movimiento, la luz, la adaptación al marco... .

El tema (religioso) trataba a Jesús y la Samaritana, cuando éste le pide agua (cosa extraña a alguien de otra tribu, en la antigüedad y en su tiempo). La pintura constaba de tres elementos fundamentales, uno esencial: Jesús, la Samaritana y el Pozo. Éste es el eje de la composición (su ausencia haría imposible la lectura del tema). Centra la obra y destaca su tamaño (en medio del arcosolio donde se sitúa). El diálogo de las manos de los personajes es interesante, Cristo pidiendo el agua y la Samaritana sacándola. La técnica usada es la compendiaria (pocas pinceladas trazando un perfil de las figuras fuerte para destacarlas). El estudio anatómico es notable en los rosros, agrandando los ojos y destacando los rasgos faciales, como retratando sus almas a través de la mirada, que denotan paz de un diálogo apacible. La perspectiva es nula y el paisaje consta de un fondo sin profundidad, pero que se sabe abierto por la presencia de unas plantas. La luz es natural, de sol, frontal, y no proyectando sombras de los personajes (al no interesar la tercera dimensión). El color es ocre, parejo en la obra, sin grandes contrastes, de tonalidades suaves y sólo más destacado en los mencionados perfiles resaltados y en el tratamiento de los cabellos y rasgos faciales. El movimiento es tranquilo, centrado en los gestos. No hay riqueza en el tratamiento ornamental (sin detalles), como en telas, encajes o adornos (ayudando a seguir resaltando las figuras, el dibujo esencial). Los personajes son jóvenes, y hay una adaptación al marco, ayudando el fondo a ello sirviendo de escuadra. Todo esto nos debe de llevar a decir: que el autor es anónimo, el tema religioso, la cronología como de finales del s. III-principios del IV, localizada probablemente en las Catacumbas de Roma, y el estilo: pintura paleocristiana. No podemos confundirnos, pues cada época tiene sus rasgos propios, como la mural románica y ésta.

En la tercera diapositiva observamos una cruz. Estudiamos sus elementos y los tipos de cruces. Los dos elementos que forman la cruz se denominan Patibulum (el horizontal) y el Stipes (el vertical). El tipo de cruz observada en la imagen, por ejemplo, se llama Commisa en forma de Tau, que es una cruz en donde el patibulum está muy alto, siendo la Immisa cuando éste está más centrado hacia

abajo. Otra característica que se puede estudiar en ellas es si son sublimis o humilis (más altas como la de Cristo, o más bajas como las de los ladrones). También hay que observar si tiene sub pedarium, elemento que no aparece en todas, normalmente en las representaciones de Cristo de cuatro clavos y menos en de tres: es el reposadero para los pies. Por último observamos cómo son las cantoneras, los remates finales de los brazos superiores de la cruz (tres), y finalmente la decoración (si existe). En la observada en la imagen consiste ésta última en una simbología que quedó por estudiarse en el próximo día.

Los capiteles de las basílicas bizantinas: el usado en primer lugar fue el corintio (como dijimos, de naturalismo carnoso), teniendo sus hojas una idea fresca, natural (como en la etapa romana). Bizancio, así pues, se nutre de elementos del arte romano.

Primer tipo de capiteles se observa en el período de conformación, arrastrados con fuerza.

Posteriormente evoluciona hacia el segundo estilo, más desecado y con rapidez. Las hojas se contraen en ellas mismas (ejemplo en el Batisterio de los Ortodoxos).

El tercer tipo sobresale porque ese desecamiento nos lleva a desvelar la importancia de la forma del conjunto, lo que se puede ver en la Basílica de San Apolinar el Nuevo en Rávena.

Éste penúltimo estilo nos conduce finalmente al conjunto de planos rígidos en que se convierte el capitel en el cuarto, cuyo principal representante es San Vital en Rávena también. Esta evolución va preparando al capitel para el Islam (donde su jugosidad está totalmente perdida).

Ahora estudiamos las OBRAS ARQUITECTÓNICAS DESTACABLES DEL ARTE BIZANTINO EN SU PRIMERA EDAD DEORO:

1ª: La Basílica de “San Demetrio de Salónica”: Pertenece a la etapa de formación del Arte Bizantino, fechada en el s. V. Fue incendiada en la Segunda Guerra Mundial y reconstruida posteriormente de forma rápida. Lo más especial que tiene es que sirve para fijar el paso vivo de lo paleocristiano a lo bizantino: presenta 5 naves y termina en ábside (tomado de la Basílica Paleocristiana), y posee una especia de girola y Nártex (como vimos, muy frecuente en este arte nuevo).

Con la llegada de la Primera Edad de Oro del Arte Bizantino la preocupación que surge es la idea espacial, nueva y distinta a la paleocristiana, partiendo de conceptos técnicos existentes en Roma y Oriente Medio, pero aquí están impregnados de un sentido de la parcelación del espacio con una dilatación creciente. Todo estaba dominado por una unidad sin muchas parcelaciones, y modifican este concepto (Iglesia de los Santos Apóstoles, del s. VI, en donde se distribuyen los espacios en una especie de retícula con cúpulas). Lo que origina este cambio es la transmisión de una sensación de multiplicidad (que sustituye a la unidad y al espacio camino paleocristianos) espacial pero tratada con unidad, a pesar de todo y a tener en cuenta, lo cual aparecerá más tarde también en San Marcos de Venecia y en la obra más importante que representa este nuevo concepto, de la primera mitad del s. VI y la más alta y conocida de este arte:

2ª: La Basílica de “Santa Sofía de Constantinopla”: Desde la parte más elevada de su cúpula hasta el suelo hay 50 m. Lo fundamental que se intenta lograr en ella es compaginar la idea de la Basílica Paleocristiana con la de la Cúpula.

La planta está formada por dos ejes: uno central que va desde los pies a la cabecera de la Iglesia estando precedido de un Atrio con Nártex sobre el que se levanta una galería y un Exonártex, y otro longitudinal (debido a la presencia de la cúpula). Con este edificio, Justiniano quiso aventajar a todos los existentes en la cristiandad.

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