cataluña, Apuntes de Historia del Derecho. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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Asignatura: Historia del Derecho, Profesor: Ignacio Cremades Ugarte, Carrera: Derecho, Universidad: UCM
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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE DERECHO

Nacionali smo centralist a y

nacionalismo periférico: Cataluña

Laura de Hoyos Zurdo

Prof. Luis Moreno Pastor

Práctica Historia del Derecho

27/9/2017

ÍNDICE:

1. El Nacionalismo

2. La Marca Hispánica

3. Unión Del Reino De Aragón y el Condado de Barcelona

4. Cataluña

5. La Guerra de Sucesión en Cataluña

6. Origen del sentimiento nacionalista

7. Consecuencias de la Independencia

8. Opinión Personal

1. El Nacionalismo

Entendemos por nacionalismo a aquella ideología que pone como centro de interés y atención a la nación. La nación es para esta corriente entendida no sólo como el espacio geográfico sino también, y especialmente, el conjunto de tradiciones, historias que forman el carácter y la naturaleza de un pueblo determinado. El nacionalismo se basa en fuertes sentimientos de orgullo y amor por lo que se entiende

como la patria, pudiendo ser la misma un espacio muy pequeño o un territorio muy extenso.

Si bien el nacionalismo como sentimiento de defensa del territorio en el que uno vive puede encontrarse hace mucho tiempo en diferentes partes del mundo, cuando hablamos de nacionalismo como ideología o corriente de pensamiento debemos señalar finales del siglo XVIII y el siglo XIX como momentos de nacimiento del mismo. En gran parte el nacionalismo se tiende a vincular con los hechos ocurridos a partir de la Revolución Francesa de 1789, hecho histórico que despertó un claro clamor por la soberanía nacional del pueblo francés. Al mismo tiempo, con los avances militares de Napoleón sobre otros territorios de Europa, el nacionalismo también se convirtió en un importante fenómeno en territorios que buscaban defenderse de tales invasiones. En el caso de otras regiones como Estados Unidos y Latinoamérica, el nacionalismo tiene mucho que ver con los períodos de formación de los Estados nacionales y de la necesidad de amar su historia.

Así, el nacionalismo no sólo rescata el espacio geográfico sino la identidad que la población del mismo, que ha desarrollado a lo largo de la historia.

Es ahí donde el nacionalismo entra en una delgada línea entre el orgullo nacional y la xenofobia. Esto es así debido a que en numerosas situaciones, un fuerte nacionalismo que se basa en la valorización permanente de esa patria supone al mismo tiempo desprecio, miedo o violencia hacia todo aquello que caiga por fuera de esa idea nacional. Hoy en día, el nacionalismo es un fenómeno muy común debido a la importancia que ha tenido la globalización, la cual supone la pérdida de fronteras y de culturas diferenciadas. El nacionalismo surge entonces en este sentido como una contrapropuesta.

2. La Marca Hispánica

Cuando los árabes llegaron a la Península Ibérica, en pocos tiempo consiguieron hacerse con el control de casi toda su totalidad, y prosiguieron su conquista más allá de los Pirineos hasta que, en 732, fueron derrotados.

Carlomagno llevó a cabo una política expansionista del reino, tanto hacia oriente como hacia el sur, hacia las penínsulas italiana e ibérica, creando zonas fronterizas conocidas con el nombre de marcas.

El sistema de gobierno de Carlomagno se basaba en un férreo control del territorio, gracias a la intermediación de señores que controlaban zonas más reducidas que, en las fronteras, se organizaban en condados. Hacia la Península Ibérica, el primer condado bajo su control fue el del Rosellón, los cristianos de Gerona; a éstos les siguieron los de Urgel y Cerdaña, lo que permitió que, en 801, fuese conquistada Barcelona. Estos primeros condados permitieron consolidar la Marca Hispánica. La Marca Hispánica es la zona catalana con límites en el Llobregat, Solsona, Cardona (o zonas montañosas cercanas), ampliada paulatinamente hacia el Segre y el Noguera Ribagorzana por un lado, y el Noya por otro.

La zona atrae a muchos cristianos que huyen de la represión de Abd Al-Rahman. Los territorios conquistados fueron divididos en condados, al frente de los cuales se puso a Condes, este cargo no era hereditario. Normalmente los condes de la Marca no eran francos, la base étnica de la población de la Marca Hispánica fue en su mayoria hispánica desde el principio. Apenas existió presencia franca, salvo la imprescindible para garantizar el control político.

Los condados en que se dividió la Marca Hispánica fueron los de Rosellón, Gerona, Ampurias, Besalú, Ausona, Urgel, Cerdaña, Barcelona y Pallars. El Condado con más importancia de la Marca Hispánica fue el de Barcelona ya que era la encargada de defender la frontera.

Durante la época de Wifredo, que coincide con el desmoronamiento

del Imperio y con el inicio del feudalismo. Los señores feudales aprovecharon las circunstancias y se independizaron. Pero los condados de la Marca Hispánica, incluido el de Barcelona, no les interesó declararse independientes.

Wifredo fue el primer conde hereditario de Barcelona y, por lo tanto, el fundador de la dinastía condal barcelonesa.

El primer conde que intentó una autonomía real de la Marca Hispánica fue Borrell II, hijo de Wilfredo. Borrell II hombre ambicioso y quería conseguir un dominio más allá del Llobregat. Por lo que decidió realizar una ruptura paulatina con los francos, soliviantando al pueblo de Barcelona contra el Imperio, y paz con el califa de Córdoba.

3. Unión Del Reino De Aragón y el Condado de Barcelona

En 1137, Ramiro II, rey de Aragón, firmaba los esponsales de su hija Petronila, que contaba con un año de edad escasamente, con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, si bien el matrimonio no se celebró hasta 1151. Se unían así, o, mejor dicho, se "confederaban" así el reino de Aragón y el condado de Barcelona, porque ambos estados conservaban su autonomía, de modo que el catalán jamás se tituló rey de Aragón. Surgía de esta manera, aunque entonces no se tenía conciencia de ello, la llamada Corona de Aragón. Esta unión se efectuaba cuando uno y otro estado ni siquiera estaban próximos geográficamente, puesto que les separaban los condados independientes de Pallars, de Urgel y los almorávides de Lérida. El concepto político e institucional de la denominada Corona de Aragón, suma de estados diferentes, no surgió en el siglo XII, sino en el XIV, durante el reinado de Pedro IV (1336-1387), a la par que su configuración territorial fue también lenta y, desde luego, posterior al enlace de Petronila y Ramón Berenguer IV. La confederación tomó el nombre del estado que en el momento de su formación, en 1137, tenía mayor categoría dentro de la escala política, el reino de Aragón frente al condado de Barcelona. Esta primacía tuvo también carácter jurídico, como puede observarse y se hizo valer en

determinados momentos del proceso de Alcañiz-Caspe, cuando compromisarios aragoneses, valencianos y catalanes se reunieron para elegir un nuevo rey, una vez extinguida la línea directa de la dinastía que originara la "confederación". La Corona de Aragón terminará siendo un amasijo de estados, de categoría jurídica muy diversa, y en lugares también diversos, destacando, entre los peninsulares, los reinos de Aragón y Valencia y el condado de Barcelona, además del reino insular de Mallorca, aunque éste no siempre estuvo unido a ella. Cada territorio integrante conservó su propia identidad jurídica y administrativa, si bien el representante legal será uno sólo, el rey de Aragón. 4. Cataluña Cataluña se forma lentamente desde el siglo IX al XIII en el seno de la Marca Hispánica, y como consecuencia del feudalismo. Su herencia básica y sus elementos étnicos son hispanos. Hay algo de influencia franca, pero es muy escasa. La futura Cataluña formó parte del país que los griegos llamarón Iberia y los romanos Hispania; formó parte de la Hispania romana y visigoda, del Reino Visigodo español. Sus raíces son pues profundamente hispanas.

La idea de la reunificación hispana estuvo siempre latente durante la Reconquista. Los primeros reyes de Asturias y León se consideraban herederos de la tradición visigoda y reivindicaron la antigua unidad hispana. Ante el hecho consumado de la formación de diversos reinos cristianos, los reyes de todos los reinos pretendieron adoptar el sistema imperial como medio de lograr aquella unidad nacional.

El inicio de la formación de Cataluña tiene sus raíces en la Reconquista, además de en el feudalismo. No existe duda de que propios y extraños tenían conciencia entonces de que la futura Cataluña formaba parte de Hispania. 5. La Guerra de Sucesión en Cataluña A comienzos del siglo XVII España distaba mucho de ser un país homogéneo, tanto institucional como económicamente hablando. Las regiones orientales continuaban manteniendo sus propias instituciones como las cortes o los fueros. Las diferentes partes del país tampoco

contribuían a la hacienda real del mismo modo: Castilla soportaba la mayor carga fiscal y, en un tiempo en el que la guerra llevaba más de 100 años formando parte del día a día de España, la región central, cada vez más despoblada y empobrecida, no podía afrontar por sí sola la defensa de los intereses españoles. Las remesas americanas tampoco eran suficientes. Por todo ello, eran cada vez más las voces que pregonaban que el Gobierno central debía dirigirse a las provincias no castellanas para intentar obtener más recursos económicos.

Mientras Aragón y Valencia aportaban sumas de forma ocasional, Cataluña se negaba en firme a contribuir a los gastos ocasionados por la defensa nacional.

Al otro lado de los Pirineos se estaba librando la llamada Guerra de los 30 años, en la que media Europa se vio envuelta en una lucha donde se mezclaron intereses religiosos y políticos.

Aunque entre 1636 y 1637 Barcelona aportó a la Corona una importante suma, Cataluña seguía resistiéndose tanto al pago de impuestos, como a aportar tropas. Por eso Olivares y sus asesores planificaron las operaciones militares de 1639 eligiendo Cataluña como escenario en el que desarrollarlas. De ese modo, obligarían a Cataluña a contribuir al esfuerzo de guerra. Pero en realidad, lo único que el gobierno consiguió es soliviantar los ánimos. El 7 de junio los campesinos y segadores pasaron a la Historia durante el conocido Corpus de Sangre, y se hicieron dueños de la ciudad.

Los cabecillas de la revolución política dirigieron sus ojos a Francia, su vecino y enemigo de España, se firmó un pacto de vasallaje con Francia a finales de 1640. El 16 de enero proclamaban la República Catalana, sacrificada una semana después a costa de la ayuda francesa. Ese mismo mes franceses y catalanes derrotaron a las tropas de Felipe IV en la Batalla de Montjuic.

A pesar de la victoria, Cataluña acababa de entrar de pleno en una guerra. Y Por si fuera poco, ahora los franceses contaban con una base en España con la que amenazaban Aragón y Valencia.

Un año después el nuevo conflicto bélico se trasladaba a las comarcas orientales aragonesas. La extensión de la Guerra de Secesión llegó al Bajo Aragón.

Finalmente, entre 1646 y 1648 los franceses fueron neutralizados en Cataluña. La Paz de Westfalia (1648), les privó de la colaboración de sus aliados holandeses, y la Fronda comenzó a ocupar su atención en el interior del país, por lo que Cataluña dejó de ocupar un lugar importante en los proyectos de los franceses.

El progresivo alejamiento de Cataluña con respecto a Francia ofreció a Felipe IV la oportunidad de realizar un último esfuerzo para recuperar el principado. A mediados de 1651 el ejército español mandado por don Juan de Austria, hijo bastardo de Felipe IV, avanzó sobre Barcelona e inició un prolongado asedio de la ciudad mientras las fuerzas navales establecían un bloqueo. Barcelona se rindió el 13-10-1652, aceptando la soberanía de Felipe IV y a don Juan de Austria como virrey a cambio de la amnistía general y de la promesa del monarca de conservar las constituciones catalanas; se decretó el perdón general y el respeto a los fueros. España había recuperado la lealtad de Cataluña y los catalanes podían jactarse de haber preservado sus constituciones y privilegios.

6. Origen del sentimiento nacionalista La idea nacionalista catalana no es algo de ahora, sino que se remontan a finales del siglo XIX y principios del XX.

En sus orígenes el catalanismo era apoyado por una minoría, casi inexistente, considerado hasta como una secta religiosa, según Rovira i Virgili había uno por comarca, que solía coincidir con un hombre distinguido y que tenía fama de loco.

El nacionalismo catalán tuvo mucho que ver con el auge industrial y económico de Cataluña de finales de siglo XIX. Sobre todo con el regreso de capitales que trajo el desastre del 98, que también fue aprovechado por el nacionalismo para desprestigiar la imagen de

España. Por lo que en las siguientes décadas creció a gran velocidad, propagando el sentimiento que llevaba vivo desde el siglo XVIII, como era la idea de una comunidad lingüística y cultural diferenciada, con tradiciones y raíces históricas propias. Esa identidad colectiva adquirió contenido político, por primera vez, en las ideas federalistas del Sexenio Democrático. Al terminar el siglo, después del desastre colonial, una parte creciente de la burguesía catalana se distanció de los partidos dinásticos y buscó un espacio político propio, la Lliga Regionalista. El nacionalismo catalán adquirió una nueva dimensión a partir de 1905, cuando las protestas por asaltos militares a los periódicos catalanistas confluyeron en Solidaritat Catalana, una coalición interclasista que consiguió un éxito impresionante en las generales de 1907. El nacionalismo catalán demostraba así la fuerza de un movimiento moderno de masas, bien arropado por unos símbolos identitarios cada vez más populares: la bandera cuatribarrada, el himno Els Segadors y la festividad del 11 de septiembre, la Diada Nacional. La primera experiencia de autogobierno comenzó en abril de 1914, cuando se constituyó la Mancomunitat de Catalunya. Poco antes se habían fundado otros partidos catalanistas. Todos ellos fueron perseguidos por Primo de Rivera, que no ocultaba que uno de los motivos de su golpe de Estado era terminar con la amenaza del separatismo catalán. En el verano de 1930, muerto ya Primo de Rivera, los firmantes del Pacto de San Sebastián tenían muy claro que uno de los puntos de su programa republicano tenía que abordar era “la cuestión catalana”. En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 triunfaron con claridad las candidaturas catalanistas, republicanas y de izquierdas, abanderadas por Acció Catalana y Esquerra Republicana. El apoyo del Gobierno de Azaña fue una pieza clave del proceso autonomista. Y su caída el inicio de unas relaciones cada vez más tirantes entre Madrid y Barcelona. Las tensiones entre los gobiernos republicano-radicales, sostenidos por la CEDA, y la Generalitat, dominada por Esquerra Republicana, fueron creciendo a lo largo de 1934. El 6 de octubre, en medio del desafío revolucionario lanzado por los socialistas, Lluís Companys proclamó, en nombre de la Generalitat, el “Estat Catalá de la República Federal Espanyola”. Lo que vino después fue el procesamiento de Companys y sus consellers, la suspensión de la autonomía y varios miles de detenciones. En febrero de 1936, el triunfo del Front d’Esquerras fue

incontestable. Llegó la amnistía de los presos y el restablecimiento de la Generalitat. Pero unos meses más tarde irrumpió el golpe de Estado militar que fragmentó al país en dos mitades y provocó una larga y sangrienta guerra civil. Al final, el triunfo del ejército de Franco fue también el del utranacionalismo español. La imagen más clara de un régimen dictatorial sanguinario que cimentó sus bases ideológicas, además del anticomunismo y el catolicismo, en la idea incuestionable de la unidad de España. En los últimos años del franquismo se produjo en toda España un amplio proceso de movilización social y política que en Cataluña estuvo liderado por el catalanismo de izquierdas. El autogobierno se percibía como un paso más del camino hacia la democratización del Estado. La llegada al poder de Adolfo Suárez, en julio de 1976, permitió la apertura de un proceso de reformas más abierto y tolerante que culminó con las elecciones generales celebradas en junio del año siguiente. Las fuerzas políticas catalanas, incluidos socialistas y comunistas, compartían la reivindicación de autogobierno. Las imágenes de la Diada celebrada el 11 de septiembre de 1977 en Barcelona, con un millón de manifestantes en la calle, obligaron a Suárez a actuar. El 29 de septiembre un decreto-ley ordenó de forma provisional la constitución de la Generalitat. La maniobra de Suárez consiguió dejar en vía muerta una alternativa más rupturista, como la que propugnaban los socialistas y comunistas catalanes, y allanó el camino para que la futura constitución fijara los límites de la autonomía. La Constitución de 1978, que declaraba al mismo tiempo “la indisoluble unidad de la nación española” y el derecho a la autonomía de las “nacionalidades y regiones que la integran”. Comenzó entonces un período de hegemonía nacionalista en Cataluña que iba a durar más de veinte años. El hecho de que un grupo significativo de electores catalanes, durante muchos años, dieran su voto al PSC en las elecciones generales y municipales, otorgo un peso mayor a la identidad nacionalista. Pujol representaba, para un electorado sin una identidad ideológica marcada, una garantía de estabilidad y continuidad en la Generalitat y la defensa de los intereses de Cataluña frente a los gobiernos centrales. El pujolismo terminó en las elecciones de 2003 cuando el PSC, que había obtenido más votos que CiU. En julio de 2010 el Tribunal Constitucional publicó una esperada sentencia, motivada por un recurso del Partido Popular, que anulaba

algunos de los artículos del nuevo Estatuto catalán y subrayaba que la definición de Cataluña como nación no tenía valor jurídico. La sentencia fue el comienzo de una amplia campaña de movilización nacionalista en Cataluña, con una tensión secesionista que ha llegado hasta la consulta soberanista celebrada el 9 de noviembre de 2014. Las grandes manifestaciones nacionalistas que han recorrido las calles de Barcelona, como la del 11 de septiembre de 2012, hacen visible un descontento ciudadano que en Cataluña encuentra la vía de expresión de una identidad nacional alternativa, visible y cercana.

7. Consecuencias de la Independencia

Si Cataluña se independizase, creando un nuevo Estado, esto tendría consecuencias como por ejemplo, en cuanto los aspectos negativos, España perdería una parte sustantiva de su propia realidad nacional, al separar algo que lleva unido varios siglos y que conforman una realidad nacional incuestionable. En términos económicos, Cataluña representa un porcentaje muy importante del PIB español, lo que afectaría a la renta nacional y a la de todos y cada uno de los españoles. Para los catalanes sería una verdadera hecatombe, por lo menos a corto y medio plazo. Se verían inexorablemente fuera de la Unión Europea y de los principales organismos internacionales, se cortaría de forma radical las conexiones del mercado interior español, lo que acabaría con el principal mercado comercial de Cataluña. En Estado catalán independiente sería un pequeño Estado aislado, fuertemente empobrecido y sin capacidad real para ofrecer prestaciones satisfactorias a sus ciudadanos

Estimularía sin duda el afán independentista de otras regiones españolas, haciendo inviable el actual mapa político español. Es decir, España no se rompería solo por Cataluña, sino que abriría un proceso disgregador de consecuencias imprevisibles.

Por fin, los efectos en el marco de la Unión Europeas serían muy negativos: transforma el mapa político del continente de forma abrupta, podría estimular experiencias análogas en otras partes y trastocaría todo el entramado organizativo e institucional de la Unión.

Respecto a los positivos, tendríamos que referirnos a elementos simbólicos y sentimentales, es decir, de satisfacción de los anhelos de independencia de una parte importante de la población de Cataluña. Es

evidente que las conformaciones ideológicas nacionalistas solamente se satisfacen, en último extremo, con la creación de un Estado independiente. Y dado que estamos ante imaginarios simbólicos que delimitan nociones de identidad y pertenencia colectiva, parece evidente que la segregación vendría a solucionar ese problema percibido hoy por un porcentaje muy importante de catalanes.

8. Opinión Personal

Personalmente no estoy a favor de la independencia de Cataluña, no por otra cosa si no porque creo que este movimiento que se ha credo ahora ha sido creado por las personas que mandan y no es un movimiento de la clase obrera, sino que los políticos han aprovechado que los Catalanes están desesperados por la situación actual del país y del mundo en general, y les han hecho pensar que es la única salida y que la culpa de todo es de España, para así ellos poder coger el poder, y realmente creo que se va a crear un nuevo país igual de represor que España, pero gobernado por otros, y la clase obrera seguirá igual de oprimida. Pero también es verdad, que yo no soy catalana y no creo que tenga que opinar sobre la autodeterminación de un pueblo al que yo no pertenezco.

BIBLIOGRAFÍA:

• https://www.elconfidencial.com/espana/ cataluna/2017-07-14/cataluna-independencia- juncker-consecuencias_1415085/

• http://www.vozpopuli.com/espana/Consecuencias- independencia-Cataluna_2_1064613534.html

• http://www.bajoaragonesa.org/elagitador/cuando- cataluna-desconecto-y-proclamo-su-republica-la- guerra-de-secesion/

• http:// elprincipatdecatalunya.blogspot.com.es/2011/03/ origen-del-nacionalismo-catalan.html

• https://enriquegomezg.com/2017/02/03/origen-y- evolucion-del-nacionalismo-catalan/

• https://www.diariocritico.com/noticia/205810/ noticias/cataluna-en-la-espana-moderna.html

• http:// elprincipatdecatalunya.blogspot.com.es/2009/10/ origen-y-formacion-de-cataluna-1-parte_13.html

• http://www.celtiberia.net/es/biblioteca/?id=2658

• Libro “Los 10 mitos del Nacionalismo Catalán”, de Joaquín Leguina

• Libro “Cataluña y las demás Españas”, de Santiago Muñoz Casado

• Libro “España y Cataluña”, de Henry Kamen

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