Comentario de textos, Preguntas de examen de Lengua y Literatura
Nayab.imtiaz
Nayab.imtiaz24 de octubre de 2015

Comentario de textos, Preguntas de examen de Lengua y Literatura

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¿Cómo trabajar para hacer un comentario de textos filosófico?

Hay mucho escrito sobre cómo hacer un comentario de textos y sus

variantes con los distintos tipos de textos (literarios, históricos, científicos, otros), a ellos deben dirigirse quienes traten de informarse ampliamente; aquí nos vamos a ceñir a dar unos consejos metodológicos prácticos, con el fin de orientar de modo eficaz a nuestros alumnos de Historia de la Filosofía en 2º curso de Bachillerato. Además, hemos de tener en cuenta que tenemos un trasfondo que nos condiciona y actúa como objetivo, el modelo de examen de Selectividad en el distrito universitario de La Rioja. Aceptémoslo.

Trabajo previo al comentario de textos: 1º Tenemos que conocer el filósofo en su contexto histórico, sus antecesores filosóficos, su talante o modo de ser, los objetivos de su vida, y la relación de todo esto con su obra, pues repercute en ella de modo importante. 2º Hay que estudiar los temas de teoría sobre los que va a versar el texto, para poder entender el contenido sobre el que vamos a trabajar y profundizar posteriormente. 3º Tenemos que ver si conocemos ese mismo tema que muestra el texto, pero desde el planteamiento de otros filósofos que lo trabajaron y trataron antes que él, qué soluciones le dieron y cómo las recibe el autor de nuestro texto; así como las soluciones posteriores y cómo repercute el pensamiento de nuestro autor, si ello ocurre y en qué aspectos.

Una vez que tenemos esta visión global de antecedentes, contexto, autor y contenidos, repercusiones o influencias, entonces y sólo entonces me puedo poner a leer el texto con garantías de trabajarlo bien. Hemos adquirido esa visión global. Supongámoslo. Tenemos el texto encima de la mesa:

Lo leemos varias veces, usando el diccionario (de la lengua o filosófico, según proceda) tantas veces como sea preciso, con paciencia, sin precipitarnos, hasta haber comprendido bien su significado global.

A continuación, comenzamos el trabajo de interpretación del significado: releyendo despacio y con lápiz en la mano para subrayar, vamos marcando los conceptos claves en recuadro (por ejemplo, con lápiz de color); las ideas principales las subrayamos con lápiz normal. Lo hacemos selectivamente, sin excedernos en el subrayado, pues perdería su función. Una vez realizado, volvemos a echar una ojeada al texto. ¿Qué estamos viendo?

La estructura del texto, los nervios y tejidos sobre los que se construye el texto: la relación entre las ideas principales y secundarias, el orden del pensamiento expresado. Extraigámoslo.

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Ya tenemos, en borrador, el esquema básico, nos servirá de guía, pero hay que ir mejorándolo a medida que nos vayamos aclarando con su significación y sus matices.

Ahora profundicemos en el contenido. Nos vamos a poner a extraer los conceptos claves, que son las piezas, como las columnas sobre las que se asienta el edificio del contenido; y para evitar que ese edificio se nos pueda hundir, tenemos que asentarlo sobre piezas sólidas, es decir, conceptos claros y precisos. Para lograr esto, ¿qué tenemos que hacer? Definirlos bien, es decir: expresar brevemente su significado, en el contexto temático en que se hallan, con precisión y rigor. Éste es el trabajo más delicado, quizás el que os resulta más difícil: definir bien los conceptos . Así que nuestro libro, los apuntes o fotocopias de clase y un buen diccionario filosófico son nuestras herramientas de trabajo, necesitamos tenerlas a mano para usarlas, consultándolas tantas veces como necesitemos. Y paciencia, pues si nos equivocamos aquí, se arrastrarán las consecuencias encadenadamente a todo el trabajo. Sufriremos un terremoto significativo después, cuando creamos que lo teníamos acabado, y lo sentiremos mucho, pues se arruina todo nuestro trabajo en proporción directa a lo bien o mal que estuvieran definidos los conceptos.

Vamos con los materiales imprescindibles básicos para resolver los problemas que van surgiendo: En primer lugar, el manual que aconseje tu profesor y que se utilice en clase o las fotocopias, si se utilizan apuntes fotocopiados. En mis clases usamos el siguiente libro: José A. Baigorri y otros: Historia de la Filosofía y de la Ciencia, editorial Laberinto, Madrid. Me gusta porque es sencillo, ordenado, claro y bastante completo. No obstante hay otros libros buenísimos, de ellos señalamos sólo dos más: Hay uno más completo, aunque más complejo, pero que explica los temas, para el nivel de 2º de Bachillerato, bastante detalladamente y algunos de mis compañeros y colegas lo consideran muy bueno: Alejandro Bugarín Lago: Historia de la Filosofía, editorial Everest. En algunos puntos lo utilizamos en clase y lo aconsejo a mis alumnos. Hay un tercero, que quizás es bueno y sencillo para clase, aunque está organizado como en fichas; con lo cual, fragmenta los temas. Ahora bien, si el profesor lo aconseja y lo utiliza, seguro que resuelve este problema, entonces puede ser práctico y sencillo para el alumno: J. de Echano y otros: Historia de la Filosofía, editorial Vicens Vives. En algunas ocasiones lo utilizamos nosotros por su sencillez y claridad.

Como diccionario filosófico, hay uno muy breve y práctico: Gerard Durozoi y André Roussel: Diccionario de Filosofía, editorial Teide, Barcelona. Hay otro, con el mismo título, complementario al anterior, aunque en sí mismo es menos práctico, en la editorial Mileto. Yo he puesto uno, que usamos en nuestro distrito universitario, en Internet: www.cossio.net; pulsa Departamentos; pulsa Filosofía; dentro de la página pulsa Diccionario filosófico. Ahí lo tienes. Para empezar es una buena ayuda. Y para los valientes que quieren saber más: Ferrater Mora, J.: Diccionario de Filosofía, ed. Alianza, Madrid (4 vols.), lo encuentras en la biblioteca del Instituto ¡Ánimo!

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Sólo después de haber trabajado bien la definición de conceptos, nos encontramos en buena disposición para poder comprender bien el tema y las ideas en él contenidas. Ahora podremos volver al texto, releerlo con nuevos ojos y tener una buena visión de él, con más profundidad y matices. A partir de ello resolvemos las preguntas que nos hagan, que suele ser el esquema o el resumen.

El esquema consiste en mostrar la articulación de las ideas y su relación lógica, que se ve a partir del subrayado de conceptos e ideas. Diferenciaremos ideas principales y secundarias, así como las relaciones entre ellas; de este modo obtendremos la estructura lógica como se hallan ordenadas las ideas del tema tratado en nuestro texto. Se pueden hacer distintos tipos de esquemas (llaves, flechas, etc.); en Filosofía, para ver bien el orden del contenido, la organización del pensamiento, solemos usar con frecuencia los esquemas numéricos. Aunque no son espectaculares, son muy claros y prácticos.

El resumen consiste en elaborar una síntesis razonada, de modo breve y objetivo, que muestre el tema centralcontenido en el texto, el significado. Se trata de dar en el núcleo temático, como la flecha disparada por un arquero en el blanco de una diana; señalando, brevemente, en qué ideas apoya esa tesis o tema principal el autor del texto. Sólo eso, por ello sale bien partiendo del esquema. Ahora no desarrollamos ningún tema, únicamente centramos el trabajo en el punto clave, como la mirada en el objetivo hacia donde vamos al caminar hacia un lugar concreto. Incluso, brevemente, podemos señalar el método de argumentación (exposición inductiva, deductiva, descripción, narración, diálogo…) en el tratamiento del tema (por ejemplo, en Platón es a través de un diálogo entre el personaje principal, Sócrates, y los discípulos, que se limitan a acompañar asintiendo u oponiéndose de distintas maneras para hacer avanzar la supuesta conversación maestro-discípulo). Vamos con la contextualización. Los libros de Historia de la Filosofía para 2º de Bachillerato suelen tener, en cada uno de los temas o bloques temáticos, una parte dedicada al contexto, y suele estar bastante completa. Trabajémosla.

En esta parte se trata de ubicar al autor y su obra en el contexto histórico, económico, político, social y cultural; pues sólo en su ambiente histórico podemos comprender el pensamiento, ya que la obra de todos y cada uno de los filósofos responde a los problemas más acuciantes planteados en su época.

Hagamos primero un pequeño trabajo de investigación, busquemos los datos que reflejan la trama de los acontecimientos más destacados de la época en que se sitúa y vive nuestro autor:

• datos económicos, políticos, sociales y culturales pertinentes y característicos;

• situar su vida, preocupaciones y talante, relación con el contexto;

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• objetivos de su obra, evolución o etapas de su pensamiento, y relación con el contexto, otras líneas de pensamiento o escuelas;

• finalmente, relación del texto con el contexto y ubicación en el pensamiento del filósofo.

Es decir, se trata de trabajar como si siguiéramos la onda expansiva de una piedrecita que echamos al agua de un estanque, en círculos interrelacionados y englobantes, pues unos nos conducen a otros y nos abren las puertas para su comprensión, de manera que podamos ir desde el exterior al interior y del núcleo al exterior; pues esto nos permitirá una visión y comprensión adecuada del significado de nuestro texto. Si no lo hacemos así, cualquier texto puede llegar a parecernos una alucinación y no entenderemos nada; pero ¡ojo!, seremos nosotros los alucinados, pues habremos sido incapaces de viajar a través del tiempo, con la materia de los datos históricos, para recrear una aproximación de las coordenadas ambientales en las que se produjo el problema que se plantea en nuestro texto. Sólo un trabajo adecuado en la línea señalada, nos situará en el terreno para empezar comprender. Por ello, yo aconsejo trabajar esta parte antes del análisis temático, aunque aparezca posteriormente en las preguntas del examen de Selectividad, pues así, nos centramos metodológicamente, para proceder con orden desde los cimientos de la ubicación, ascendiendo progresivamente en nuestra comprensión y, de esta manera, poder desarrollar un análisis y una explicación temática fundada.

A continuación, pues ya dominamos en líneas generales el texto, nos disponemos a desarrollar el análisis temático.

En primer lugar, tenemos que plantear el problema que contiene el texto, para lo cual no hay ya dudas, pues lo hemos hecho en el resumen: tómalo de ahí. ¿Cómo? Resumiendo el resumen con precisión y objetividad. Es un buen punto de partida. Como ahora se trata de una elaboración temática, en ello se va a mostrar nuestra personalidad por cómo nos enfrentarnos al problema, cómo nos expresamos, qué elementos destacamos, cuáles eludimos, incluso nuestra visión global o parcial del tema, hasta nuestro nivel cultural general y nuestra madurez. Pero, no hay que sentir miedo, esto es así siempre, incluso cuando hablamos con los demás, en la calle, si la otra persona tiene preparación y percepción psicológica; así que no te preocupes por ello. Yo te aviso para que cuides todos los aspectos del trabajo, tanto los formales como los de contenidos, pues tu profesor los valora todos.

Aspectos que no pueden faltar en el análisis que hemos de realizar en esta parte:

1. Antecedentes o historia del problema, cómo se había venido planteando, cómo repercute en el autor que trabajamos y originalidad de éste.

2. Circunstancias del contexto (económicas, sociales, políticas...) o personales, vivenciales (por ejemplo, en Platón: el impacto y decepción

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absoluta del sistema político producido por la condena a muerte de Sócrates) que marcan o tiene alguna influencia en el pensamiento general del filósofo y en el problema planteado, o incluso, que se muestre explícitamente en el texto.

3. Análisis de los conceptos y desarrollo explicativo de los mismos, mostrando su significación con claridad y sencillez, la relación entre ellos, para ir trabando con rigor y coherencia la argumentación del tema.

4. Relación contrastada de estos conceptos e ideas con otros filósofos ya estudiados, de manera precisa, breve y sencilla.

5. Importancia del tema en nuestro filósofo, en su obra. 6. Y la repercusión posterior en sus discípulos y en la Historia de la

Filosofía, relacionándolo con otros filósofos que han tratado el mismo tema, señalando semejanzas y diferencias.

Extraer una conclusión sintética, valorando el tema, la aportación del autor, importancia en su época y, si conocemos, su transcendencia en nuestra cultura (por ejemplo, en el caso del mito de la caverna, se trata de uno de los textos de mayor transcendencia en la cultura y la ciencia occidental), su actualidad, incluso si me ha enriquecido personalmente o me ha aportado una perspectiva nueva sobre el problema tratado.

Al ensayo filosófico, dadas sus peculiaridades, ya le hemos dedicado un trabajo específico de orientación, a él te remito.

Por último, no olvides cuidar la presentación: respetar los márgenes, escribir con letra clara, prestar atención especial a la ortografía y utilizar un lenguaje sencillo y preciso. Creo que he terminado mis consejos. Ahora se trata de aplicarlos; no obstante, a cada profesor le gusta que le sigan sus alumnos; por ello, el mejor consejo, el más práctico, es adaptarse al modo de trabajar tu profesor y seguir sus indicaciones, pues serán las más idóneas para el modelo de examen que tú tengas. Y cuando no entiendas, pregúntale, con toda confianza, seguro que te hará caso y después te sentirás mejor, ganarás en confianza y también en comprensión.

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