Cristianismos primitivos y gnosis, Apuntes de Literatura Hebrea. Universidad de Salamanca (USAL)
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Cristianismos primitivos y gnosis, Apuntes de Literatura Hebrea. Universidad de Salamanca (USAL)

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Asignatura: Literatura aramea 1, Profesor: m m, Carrera: Estudios Hebreos y Arameos, Universidad: USAL
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CRISTIANISMOS PRIMITIVOS Y GNOSIS

Don Antonio Piñero Sáenz es licenciado en filosofía pura por la Universidad Complutense de Madrid (1968), en filología clásica por la Universidad de Salamanca (1970) y en filología bíblica trilingüe por la Universidad Pontificia de Salamanca (1976); además de doctorarse en filología clásica por la Universidad Complutense de Madrid (1974). De dilatada experiencia en el ámbito académico, ocupa desde 1983 la cátedra de Filología Neotestamentaria en la Universidad Complutense de Madrid.

Su linea investigadora se ha dirigido hacia la traducción de la literatura judía helenística, la literatura apócrifa del Nuevo Testamento y a la filología neotestamentaria en general. Entre sus publicaciones figuran: la serie APOCRIFOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO (Madrid. Edit. Cristiandad 1982--) Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi (3 volúmenes): Madrid, Trotta, 2000. El Nuevo Testamento. Introducción al estudio de los primeros escritos cristianos, El Almendro, Córdoba, 2000. Los Apocalipsis. 45 textos apocalípticos apócrifos, judíos, cristianos y gnósticos, Edaf, Madrid, 2007

En primer lugar hay que hacer una aclaración necesaria. Jesús no fue el creador del cristianismo; sino sus seguidores (tampoco concretamente Pablo). Él no abandonaría nunca el judaísmo ni tenía la intención de crear una escisión de éste. Si leemos los evangelios descubrimos que se describe a Jesús de dos formas distintas; como predicador y como hijo de Dios. La primera se corresponde con la realidad de su vida y obra. La segunda en cambio, se debe a la reinterpretación que hicieron los primeros cristianos de la figura y misión de Jesús; ya que él nunca se consideró como tal (quizá a lo sumo profeta). Como la resurrección antes del juicio final no se contemplaba en el judaísmo del S.I d.C., la opinión generalizada era que si Dios lo había resucitado, habría adquirido la categoría de “divino”.

Seguidamente, procedió a aunar todas las cualidades aplicables a la persona de Jesús que apareciesen en el Antiguo Testamento. De ese modo nació la “cristología” como la exégesis de las escrituras en busca de Jesús. Dentro de la generalidad del cristianismo, había subgrupos; cada cual con una manera de interpretarlas distinta. De entre todos destacan tres: los judeocristianos, los paulinos y los gnósticos.

Los judeocristianos son el grupo primigenio. Surgieron en Judea y Galilea al poco de la muerte de Jesús. Se consideraron sus únicos verdaderos seguidores pues creían que el Mesías vendría a auxiliar únicamente al pueblo de Israel.

Los paulinos, como su nombre puede anticipar, son los seguidores de Pablo de Tarso y su doctrina (que afirmaba que Jesús era un Mesías universal). Tenían la idea de que como Dios había prometido a Abraham que su prole se extendería por toda la tierra, consideraron buena la idea de permitir la conversión de los gentiles. Evidentemente se les facilitó el acceso desechando la obligatoriedad de cumplir ciertos requisitos exclusivos de la ley judía (la circuncisión, las limitaciones alimenticias...).

Por último están los gnósticos. El término “gnosis” significa literalmente “ciencia, conocimiento”.

Esta vertiente defiende que el mundo es transitorio; que parte del hombre es puramente espiritual y que éste ha de renunciar a los bienes y placeres banales para lograr por medio de una revelación intelectual, su liberación. Evidentemente para esta ardua tarea deben ser conducidos por guías dedicados a esta labor. Su pilar fundamental es el capítulo 4 del evangelio de San Marcos. Para el resto de la humanidad el futuro no sería muy alentador. La mayoría acabaría aniquilada excepto unos pocos, que se salvarían pero con una categoría inferior.

No obstante las discrepancias de este colectivo con el resto de los cristianos no acaba aquí. Su concepción de Dios dista mucho de la común, ya que aseguran que no hay una sola divinidad sino dos (una superior y otra inferior). Por una lado está Dios; un ente complejo que pasa largos siglos en la soledad y la paz de su pensamiento interno (“étnoia”). Llegado el momento, Dios quiso expandirse y para ello creó una “plenitud de sí misma” (para unos infinita y para otros limitada) y una corte de “logos”. Dicha corte carecía de conocimiento todavía; mas la sabiduría buscó conocer a su padre antes de tiempo; debido a esto, fue expulsada de la corte del logos. La sabiduría lloró su desgracia y de sus lágrimas surgieron la materia (inteligible) y la divinidad inferior (el “demiurgo”, de la que se dice que es necia; asociada a Yahvé). Dios contempló las ideas divinas (logos) y las materializó creando en Universo. Del mismo modo alumbró al ser humano; que se compondría de un cuerpo y un alma; más éste se arrastraba cual serpiente. Viéndolo así Dios se apiadó de su situación, convenciendo al demiurgo para que hiciera algo por mejorarlo; y lo que hizo fue nada más y nada menos que insuflarle su propio espíritu, de modo que se quedó sin él y pasó a los primeros habitantes de la Tierra (Adán y Eva). De esta manera, la naturaleza humana se compondría de cuerpo, alma y espíritu; las tres materias del Universo. El espíritu otorgado a los hombres se diseminó a lo largo de las generaciones, desvirtuándose. Llegados a un punto, Dios consideró oportuno tomar medidas para salvarlo; por lo que envió a un redentor. De estas afirmaciones hay referencias en el evangelio de San Juan.

Tras lo anteriormente explicado y llegados a este punto, es propicio preguntarse las causas del triunfo de los postulados paulinos. Primeramente hay que indicar que fueron los artífices de la primera jerarquización apostólica. Acertadamente suprimieron las dificultades que planteaba el judaísmo a la hora de acceder al grupo al tiempo que impusieron la regla de la fe (dogmática).A finales del S.II d.C. Elaboraron su propio canon de escrituras; tras el que el acceso a étas se limitaría a la élite, de tal modo que no se pudiesen originar reinterpretaciones por doquier. Por último aunque no menos importante, el sistema de seguridad social facilitaba en cierta manera la estigmatización salvaje que conllevaba declarase cristiano.

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