dossier sociologíal, Ejercicios de Informática. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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dossier sociologíal, Ejercicios de Informática. Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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Asignatura: Sociología, Profesor: Pedro López López, Carrera: Información y Documentación, Universidad: UCM
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dossier:Maquetación 1

DOSSIER El compromiso social

en el trabajo bibliotecario

COORDINADO POR PEDRO LÓPEZ LÓPEZ

INTRODUCCIÓN

Con gran ilusión encaraba hace unos meses la tarea de coor- dinar este dossier dedicado al compromiso social de las profesio- nes relacionadas con Biblioteconomía y Documentación (archiveros, bibliotecarios, documentalistas). Agradezco aquí el encargo de Marta Martínez Valencia, directora de EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA, y hago público reconocimiento de su valentía y ho- nestidad al llevar adelante una línea editorial inequívocamente comprometida socialmente.

El dossier ha contado con la colaboración de profesionales de una alta talla profesional, intelectual y moral, reflejadas en el com- promiso social de todos ellos en sus respectivos cometidos pro- fesionales.

Desde el punto de vista del coordinador de este dossier, más importante que el cómo es el para qué; por eso, tenemos que re- basar la miopía tecnológica –no producida necesariamente por la tecnología– fortaleciendo el pensamiento social y el compro- miso cívico en Biblioteconomía y Documentación. Lo que el lec- tor va a encontrar en las páginas de este dossier son muestras de este compromiso.

También quiero agradecer la inestimable ayuda de una exce- lente compañera, Mª Jesús del Olmo, que ha traducido al espa- ñol el artículo de Saad Eskander, además de prestarse a servirnos de puente comunicativo con Toni Samek, el colectivo John Doe, y el propio Saad Eskander, dado su formidable dominio del inglés.

Sirvan estas breves notas del currículo de los autores para aquilatar mejor el peso de sus contribuciones:

El Colectivo John Doe está formado por cuatro miembros: George Christian, director ejecutivo de la Library Connection, Inc.; Bárbara Bailey, Directora de la Welles-Turner Memorial Library (Glastonbury), Peter Chase, Vicepresidente de la Library Connection y Director de la Plainville Public Library, miembro del Comité para la Libertad Intelectual de la Connecticut Library Association, y Janet Nocek, Directora de la Portland Library. El colectivo recibió el Premio Paul Howard al valor de la American Library Association, además de otros varios premios al oponerse a las medidas que el gobierno estadounidense puso en marcha en su lucha contra el terrorismo, medidas que ponían en peligro la privacidad y las libertades cívicas de los usuarios de las biblio- tecas.

Daniel Canosa es bibliotecólogo del Instituto Superior de Formación Docente N° 35 Montegrande, Buenos Aires. Ha tra- bajado en bibliotecas públicas, populares y universitarias, así como en archivos digitales y centros de documentación. Experto en servicios bibliotecarios para comunidades indígenas, fue en 2006 premio del concurso Fernando Báez por su trabajo Radios indígenas: aprovechamiento de experiencias para desarrollar colecciones de audio en bibliotecas indígenas, consultable en http://www.caicyt.gov.ar/noticias/se-entragron-los-premios-del- concurso-latinoamericano-fernando-baez.

Saad B. Eskander es director de la Biblioteca Nacional de Irak desde noviembre de 2003. Doctor en Historia Internacional por la prestigiosa London School of Economy, Eskander se hizo muy conocido mundialmente por el mantenimiento de un blog en el que iba escribiendo un diario desde la Biblioteca Nacional de Irak dando a conocer al mundo los avatares cotidianos de la bi- blioteca y de la vida en Bagdad.

Susana Fernández es responsable de Documentación del Centro de Investigación para la Paz (CIP-Ecosocial-FUHEM)

desde el año 2000. Licenciada en Geografía e Historia y Técnico Documentalista por IEPALA. Secretaria de la Asociación Espa- ñola de Investigación para la Paz (AIPAZ) desde el año 2004.

Javier Gimeno Perelló es licenciado en Filología Hispánica, Master en Documentación científica y en Filosofía de la Ciencia y facultativo de archivos y bibliotecas. Ha dirigido bibliotecas uni- versitarias y públicas y centros de documentación. Miembro del Consejo Asesor de la Biblioteca Nacional de Venezuela. Activista en diversos colectivos sociales, presidente de Bibliotecarios por la Paz, miembro de la Plataforma Contra el Préstamo de Pago en Bibliotecas, del Foro BibliotecAlternativa y del Foro Social de In- formación, Documentación y Bibliotecas.

Pedro López López es profesor de la Facultad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Complutense. Sus líneas de trabajo en los últimos años son los derechos humanos y el compromiso cívico de la profesión bibliotecaria. Coordinador de Información, conocimiento y bibliotecas en el marco de la glo- balización neoliberal (Trea, 2005) y De volcanes llena: biblio- teca y compromiso social (Trea, 2007). Coautor con Inmaculada Vellosillo de Educación para la ciudadanía y Biblioteca Escolar (Trea, 2008). Miembro del Consejo Asesor de la Biblioteca Na- cional de Venezuela.

José Antonio Magán es Director de las Bibliotecas de la Universidad Complutense de Madrid desde 2003. Licenciado en Filología Hispánica y facultativo de archivos y bibliotecas. Se- cretario Ejecutivo de REBIUN (Red de Bibliotecas Universitarias Españolas) desde 2006. Ha coordinado las obras Tratado bá- sico de biblioteconomía y Temas de biblioteconomía univer- sitaria y general y publicado varios trabajos en publicaciones colectivas.

Toni Samek es profesora de la School of Library and Infor- mation Studies, de la Universidad de Alberta (Canadá), en la Es- cuela de Estudios de Información y Documentación. Autora de varios trabajos que reflejan su compromiso social, su libro Bi- bliotecología y derechos humanos, originalmente publicado en inglés, está a punto de publicarse en español por la editorial Trea. En 2007 obtuvo el premio anual de Enseñanza LJ, patrocinado por ProQuest (ver sección “Trazos” de EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA, nº 164, marzo-abril 2008).

Gisela Sendra Pérez es coordinadora de la Junta Multicul- tural de la Red de Bibliotecas Públicas de Gandía. Ha trabajado durante varios años como coordinadora de Juventud del Ayunta- miento de Gandía. En 2002 puso en marcha el Programa de es- critura creativa en las bibliotecas de distrito, y más tarde se incorporó en el equipo de la red de bibliotecas, ocupándose del diseño de nuevas estrategias para la atención a nuevos usuarios, de donde surgió el Proyecto sobre multiculturalidad y bibliote- cas.

Inmaculada Vellosillo González es profesora de la Facul- tad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Com- plutense. Licenciada en Ciencias de la Educación, experta en bibliotecas escolares. Ha publicado varios trabajos sobre este tema y ha participado en investigaciones como Las bibliotecas escolares en España (patrocinado por la Fundación GSR e IDEA, 2005) e Internet en el Aula (Fundación GSR, MEC e IDEA, 2007). Coautora del libro Bibliotecas escolares, ¿para qué? (Anaya, 2004) y de Educación para la ciudadanía y bi- blioteca escolar (Trea, 2008).

Facultad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Complutense de Madrid

El mito de la neutralidad en Biblioteconomía y Documentación

Pedro López López

EL COMPROMISO SOCIAL EN EL TRABAJO BIBLIOTECARIO

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DOSSIER

EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA N. 166 ~ JULIO-AGOSTO 2008

La estafa del fin de las ideologías

En las últimas cinco décadas, el mito de la neutralidad se refiere fundamentalmente a una idea impulsada por la derecha desde los años cincuenta del siglo XX y contra- puesta a la de compromiso social.

Ya advertía Norberto Bobbio (2000, p. 51) de que no hay nada más ideológico que afirmar que estamos ante el fin de las ideologías. Pero veamos con más detalle el recorrido de este mito.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Esta- dos Unidos, preocupado por la influencia de la Unión Soviética sobre los trabajado- res estadounidenses y europeos, busca combatir ideológicamente al socialismo y lleva a cabo una serie de iniciativas. El pri- mer think tank data de una fecha tan temprana como 1946: se trata de la Re- search and Development Corporation (RAND), organización fundada por la US Air Force en Santa Mónica (Mattelart, 2007, p. 62). En 1950 se crea el Comité Americano para la Libertad de la Cultura y el Congreso para la Libertad de la Cul- tura. Se trata de iniciativas destinadas a propagar el pensamiento antisocialista or- ganizando congresos de intelectuales que propagan la ideología liberal-conserva- dora. Estos congresos y actividades están financiados en gran parte por la CIA (1); de hecho, el Congreso para la Libertad de la Cultura lo organiza el agente de la CIA Michael Josselson (Stonor Saunders, 2001, p. 13). Naturalmente, la CIA no aparece por ningún lado, sino que son

fundaciones filantrópicas las que canalizan ese dinero: Ford, Carnegie, Kaplan, Far- field, etcétera.

En 1955, el Congreso para la Libertad de la Cultura se celebra en Milán, y es en esa reunión donde recibe un impulso im- portante la tesis del fin de las ideologías. El intelectual que goza de más predicamento en estas actividades es el austríaco Frie- drich A. von Hayek, que años después pu- blicó el libro cabecera de la revolución conservadora: Camino de servidumbre. Su discurso insiste machaconamente sobre una idea guía: el individuo-empren- dedor es la medida de todas las cosas. Tanto él como otros autores –el historia- dor Raymond Aron, los sociólogos Daniel Bell, Alvin Toffler, etcétera– no dejan de predicar obsesivamente la tesis del “fin de las ideologías”. El triunfo de este enfoque suponía el fin de lo político, el fin de las clases y sus luchas y el fin de los intelec- tuales críticos y su compromiso social (Mattelart, 2007, p. 86). Desde entonces, con la revolución conservadora que tuvo lugar a finales de los años setenta, con la llegada al poder de Margaret Thatcher y Ronald Reagan (sin olvidar, en los mismos años, la llegada del papa conservador Karol Wojtyla), la idea del compromiso so- cial es atacada desde un discurso conser- vador que se presenta como neutro e “independiente” (2), para, de esta manera, desactivar el discurso crítico acusándolo de parcial, no profesional.

Al parecer del sociólogo Armand Mattelart (2002, p. 67) el concepto de so- ciedad de la información viene en ayuda de esta operación político-ideológica e “in-

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terviene en la construcción del fin de los ‘fines’: fin de la ideología; fin de la política; fin de la lucha de clases; fin de la concien- cia crítica de los intelectuales”. La socie- dad de la información (o sociedad postindustrial) se basará en una “tecnolo- gía intelectual” y “será dirigida por una co- munidad científica carismática sin ideología”. El terreno para la semántica de la sociedad global lo preparan el profesor de literatura Marshall MacLuhan y el es- pecialista en asuntos de comunismo Zbig- niew Brzezinski, futuro consejero del presidente Carter en materia de seguridad. El discurso de la sociedad global que ambos construyen tiene como referencia el único país que merece el calificativo de “sociedad global”: Estados Unidos. Este país se convierte en el faro que ilumina a las demás naciones. Su cultura, sus modas, sus tecnologías, adquieren el rango de universales; propone modos de vida, de comportamiento y de organiza- ción a imitar. La sociedad global nacerá – explica Mattelart– de extrapolar el arquetipo originado en Estados Unidos. “La revolución tecnotrónica convierte la revolución política en un vestigio del pa- sado”.

Está claro que la intención es dejar fuera de combate la esfera política, que es en la que se cuestiona el sistema. Pero oi- gamos a Thomas Mann, que en su mag- nífica novela La montaña mágica hace decir a su “alter ego” Settembrini: “No existe la no-política, todo es política... El problema social, el problema de la vida en sociedad, es en sí mismo político, entera- mente político, única y exclusivamente po- lítico. Quien se consagra a ese problema (y el que se zafase de él no merecería ser lla- mado hombre) se consagra a la política”.

Desde otros contextos académicos tam- bién se intentó desactivar la contestación al capitalismo. Por ejemplo, llama la aten- ción una larga tradición psiquiátrica en Es- tados Unidos cuya pretensión ha sido patologizar la rebeldía, complementando así muy bien la otra función represora del sistema consistente en criminalizarla. Ya en 1813 el médico presbiteriano Benja- mín Rush diagnosticó que la rebelión con- tra la autoridad es “un exceso de pasión por la libertad” y “constituye una forma de insania” (Gelman, 2008). En 1851, el doctor Samuel Cartwright descubrió un trastorno interesante, la “drapetomanía”, consistente en el irrefrenable deseo de huir por parte de los esclavos. Este trastorno les llevaba a no prestar la debida atención a las órdenes del amo. Igual que el tonto se fija en el dedo cuando se le señala la luna, las eminencias médicas de la época no veían un problema en la esclavitud,

sino en la falta de diligencia del esclavo. Un poco más cerca de nuestra época, en 1980, los psiquiatras estadouni- denses llegaron a hablar del “de- sorden de oposición desafiante”.

Como vemos, el discurso del fin de las ideologías no es nada inocente y más bien intenta desactivar sólo las ideologías que cuestionan el capita- lismo y los discursos que le- gitiman la dominación de unas clases sobre otras.

En la introducción a su libro La lucha de la cultura, Michael Pa- renti nos regala esta reflexión: “Una de las enseñanzas ideológicas más persistentes en los Estados Unidos es que nuestra sociedad está especialmente libre de enseñanzas ideoló- gicas. La ideología es algo importado de tierras extrañas o que han introducido en nuestros hogares grupos supuestamente siniestros, como la ‘ideología comunista’. Sin embargo, a los americanos se nos adoctrina sobre ciertos preceptos, como el patriotismo, el hombre rico hecho a sí mismo y la viabilidad rentable del mercado libre. También recibimos nociones sobre raza, clase y relaciones de género y sobre la distribución democrática del poder en nuestra sociedad pluralista. Mi opinión es que la mayoría de estas creencias son en sí mismas ideológicas. Sin embargo circulan ampliamente, permanecen libres de cual- quier examen crítico y se considera que re- presentan el orden natural de las cosas. Estas ideologías no surgen de forma es- pontánea, sino que las diseminan las insti- tuciones dominantes de la sociedad. Sirven como instrumentos de control so- cial. Por el contrario, los puntos de vista iconoclastas tienen una difusión limitada y generalmente se les considera como algo más allá de lo aceptable”.

Más adelante (p. 148), Parenti nos ilus- tra acerca de cómo circula en el mundo de la información el mito de la objetividad, se- ñalando que los reporteros y editores de noticias que trabajan para los mayores conglomerados empresariales, creen que son objetivos en su tratamiento de las no- ticias. Si se interroga a estos elaboradores de noticias, no dejan de señalar que se consideran profesionales que sólo cuentan los hechos sin contaminarlos con opinio- nes personales, y que van directos a las fuentes para conseguir sus reportajes sin ningún sesgo ideológico. En esta línea, se- ñala Parenti, es lógico que la cadena Fox News, una de las más conservadoras de

Estados Unidos que difunde generosa- mente comentarios de lo más reacciona- rios, se presente como “la única cadena de noticias que es limpia y equilibrada”.

Ésta ha sido la estrategia del neolibera- lismo (armazón teórico de la derecha) du- rante las últimas décadas, presentando sus propuestas como “naturales”, neutrales, objetivas, profesionales, asépticas, inde- pendientes, desideologizadas; en defini- tiva, conformando el “sentido común”. Así, “esta ideología prácticamente ha de- jado de necesitar justificación. Se ha con- vertido en el sentido común de un naciente consenso mundial” (Díez, E. J., 2007, p. 302). Y continúa Enrique J. Díez: “Bajo el disfraz de la ‘realidad obje- tiva’ [los neoliberales] presentan las pre- misas y el marco ideológico del paradigma reinante en nuestra época: la visión neoli- beral del mundo”.

Evidentemente, la autopresentación de tal ideología como objetiva, neutra, inde- pendiente, etcétera, lo que pretende es de- sactivar a sus críticos presentándolos como parciales, subjetivos, no profesiona- les, etcétera. Pues bien: hay que dejar claro que la supuesta neutralidad supone la aceptación acrítica de la ideología do- minante, y ello supone una postura tan ideológica, tan política, como la de aque- llos que la critican. Dicho de otra manera, Parenti sostiene que normalmente lo ob- jetivo no refleja más que unanimidad de los prejuicios, o “el punto de vista domi- nante”.

Por si todavía no queda claro para al- guien, merece la pena en este punto des- tacar que en España la tesis del fin de las ideologías ya había sido expuesta a finales de los cincuenta por el falangista y ex mi- nistro franquista Gonzalo Fernández de la Mora, que reivindicaba la paternidad de esta tesis, por encima de la atribución a Daniel Bell, que hasta 1961 no deja nada escrito al respecto. Fernández de la Mora, defensor a ultranza de la tecnocracia, uti- lizó la expresión “crepúsculo de las ideo-

logías”, publicando en esos años un libro bajo ese mismo título. Igualmente, tam-

bién la psiquiatría del régimen echaba una mano con “estudios” como los de Vallejo Nájera, uno de los cuales se titulaba “Biopsiquismo del fana- tismo marxista”, considerando el marxismo como una enfermedad mental. Este psiquiatra, defen- diendo el robo de niños a los repu-

blicanos, llegaba a decir: “las íntimas relaciones entre marxismo e inferiori-

dad mental ya las habíamos expuesto anteriormente. La segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible”. Es de su- poner que Vallejo Nájera pensaba que su discurso era objetivo, que la seudociencia que utilizaba no tenía contaminación ide- ológica y que sus consideraciones eran “apolíticas”.

Para aportar una referencia actual, el diario Público publicaba una entrevista el pasado 21 de junio de 2008. El entrevis- tado era el compromisario más joven del congreso que el PP celebraba por esos días en Valencia, Javier Dorado. Ante la primera pregunta contesta: “Las palabras izquierda y derecha son del siglo XIX, ya no sirven. Prefiero usar otras como ilu- sión, libertad, igualdad”. Como vemos, el guión de la derecha es el mismo desde hace décadas: se decreta el fin de las ideo- logías y se recurre a un lenguaje confuso que sirve para justificar cualquier cosa (evi- dentemente, las tres palabras –ilusión, li- bertad e igualdad– tienen distinto significado para la derecha que para la iz- quierda).

Estas referencias nos ayudan a valorar mejor las raíces del “apoliticismo” –muy unido a posiciones tecnocráticas– y de la neutralidad/objetividad.

Frente al discurso del fin de las ideolo- gías y de lo obsoleto del esquema dere- cha/izquierda, parece que esta distinción sigue vigente. Mientras la izquierda –que hoy está en los movimientos sociales, más que en órganos institucionales– piensa en el mundo que habitamos como un lugar que debemos compartir la familia humana procurando que los recursos, la riqueza y el poder se repartan del modo más equili- brado posible, procurando que todos los seres humanos puedan participar activa- mente en los procesos sociales que les afectan y procurando también atajar males como las enfermedades, la miseria o las guerras; la derecha sigue pensando en el planeta en términos de oportunidades de negocio, convirtiendo todo lo que existe en mercancía para la compraventa, inclu- yendo bienes necesarios para cubrir las necesidades básicas, organismos vivos e

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incluso a los propios seres humanos. El premio Nobel de Economía Robert Solow, comentando las políticas de la administra- ción Reagan, resumía muy bien el asunto: la derecha siempre defiende más poder para los más poderosos y más dinero para los más ricos (3). Siempre ha sido así, y no parece que esto vaya a cambiar en las pró- ximas décadas.

Apoliticismo vs. compromiso social en Biblioteconomía y Documentación

En Biblioteconomía y Documentación, frente a la postura de compromiso social, una corriente, aparentemente mayoritaria, defiende un enfoque que podríamos llamar técnico-gerencial (tecnocrático) y que tam- bién se presenta como neutral. El mito de la neutralidad ha encontrado terreno abo- nado en nuestras profesiones (biblioteca- rios, archiveros, documentalistas y docentes). Pero frente a un orden social que genera enormes desequilibrios e in- justicias sociales, sólo caben dos posturas: se cuestiona o se apoya ese orden. La in- hibición, que pretende pasar por neutrali- dad, independencia, equidistancia, objetividad y otras imposturas intelectua- les, sólo enmascara, y se traduce de facto en una postura de apoyo a ese orden so- cial generador de injusticia.

Para los presuntos “neutrales”, pare- ciera que el compromiso resta profesiona- lidad. Esto queda desmentido por la cantidad de gigantes intelectuales que ha dado la historia, que han estado compro- metidos socialmente en su tiempo. Por re- ferirnos a nuestra área de conocimiento, los padres de la Documentación, los bel- gas Paul Otlet y Henri La Fontaine, fue- ron destacadas personalidades comprometidas con el pacifismo. Resulta sorprendente que los que hoy nos opone- mos a guerras como la de Irak y otras po- sibles que están en la agenda del país más poderoso del mundo, recibamos con fre- cuencia el desprecio de ese sector que se pretende neutral, cuando estas personali- dades, que vivieron en el tiempo de la Pri- mera Guerra Mundial, desarrollaron teoría de la Documentación, pero se mutila su obra al dejar de lado su compromiso so- cial. Otlet trabajó enérgicamente por con- seguir una sociedad que evitara la guerra; de hecho, uno de sus escritos llevaba por título Le fin de la guerre. La Fontaine, co- creador de la Clasificación Decimal Uni- versal, igualmente fue un destacado

pacifista y socialista activo en su tiempo, llegando a ser senador y a conseguir el Premio Nobel de la Paz en 1914. Otro personaje destacado en la órbita de los tra- bajos sobre información es el irlandés Sean MacBride, autor del archiconocido “informe MacBride” en los años setenta. Igualmente, fue una destacada personali- dad comprometida con su tiempo, acti- vista de derechos humanos, fundador de Amnistía Internacional y presidente de la misma entre 1961 y 1974. Por toda su labor en defensa de los derechos humanos llegó a recibir el Premio Nobel de la Paz en 1974.

Quizás estas referencias quedan muy lejos en el tiempo. Vayamos a alguna más cercana. Tan sólo hace unos meses (en 2007) se le concedió el premio anual de Enseñanza LJ, patrocinado por ProQuest, a la prestigiosa profesora Tony Samek, australiana de origen y residente desde hace años en Canadá (Universidad de Al- berta). La portada del Library Journal, correspondiente a noviembre de 2007, se dedicó a la profesora Samek. El premio se concedió en reconocimiento a una visión social de la docencia en Biblioteconomía y Documentación. Para Samek, una pro- fesora con conciencia social y una activista de los derechos humanos, la enseñanza en esta área debe incluir el estudio de cues- tiones sociales, y además opina que debe ir más allá de las aulas y hacer algo por transformar la sociedad. Para una parte de los colegas estos parámetros no son váli- dos y están teñidos de “política”; eviden- temente, estos parámetros cuestionan el orden existente.

Estos cuatro ejemplos (desde luego, pueden ponerse muchos más) ponen de relieve que ser un profesional de primera

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línea no está reñido, ni mucho menos, con el compromiso social. Pero esto no arre- dra a los “neutrales”; por el contrario, éstos con frecuencia se encorajinan con estos asuntos –demostrando así que en realidad tienen un problema ideológico– y ejercen una presión social que se traduce en censura, que se enmascara de múltiples maneras y que consigue que muchas per- sonas se autocensuren por esta presión. No cabe duda de que, para la corriente “neutral” queda mejor citar en un artículo informes técnicos y trabajos supuesta- mente neutrales que a autores de la talla de Ramonet, Mattelart, Chomsky, Wa- llerstein, Zinn y otros que cuestionan fun- damentadamente el discurso dominante.

El planteamiento que se presenta como neutral –pero que no es tal– es funcional a la doctrina económica vigente y al capita- lismo actual, que, con su necesidad de convertir a toda la sociedad en un inmenso supermercado, intenta desacreditar el compromiso social de los profesionales, que socava seriamente su legitimidad. Mientras los valores no funcionales al ca- pitalismo se presentan como parciales, sectarios, subjetivos e ideológicos, los que son funcionales se presentan como si fue- ran “naturales” y no necesitaran ser aprendidos. Sólo así se explica que poda- mos encontrar en un titular de periódico: “Los centros privados de Venezuela temen que la nueva Ley de Educación adoctrine a los niños en el socialismo” (El País, 18 de marzo de 2007). Evidentemente, el re- dactor del titular piensa “objetivamente” que el capitalismo no requiere adoctrina- miento, o que en caso de que lo haya, no es objetable si es para construir la socie- dad capitalista, pero sí si lo es para cual- quier discurso alternativo. Otro ejemplo más reciente aún nos lo proporciona la co- nocida enciclopedia Wikipedia, que a fi- nales de mayo de 2008 decidió bloquear desde su web el enlace a www.rebelion. org por considerar este medio “fuente no neutral ni verificable”. El sitio www.rebe- lion.org fue incluido en la lista negra de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/ MediaWiki:Spam-blacklist, junto a decenas de direcciones dedicadas a difundir spams. Rebelión es un medio de información al- ternativo no sujeto a intereses políticos ni empresariales, pero claramente de iz- quierdas. Al parecer, una “bibliotecaria” (terminología de Wikipedia) cuyo nombre de usuario es “Gusgus” tomó esta decisión (4). Ni Canal 9, ni Fox News, ni La Razón, ni el periódico ABC, ni El Mundo ni la COPE, ni Libertad Digital, por citar medios de comunicación inequívocamente derechistas, han tenido el mismo trata- miento. Considerar a medios como éstos

neutrales, revela obscenamente el sesgo ideológico de quien tomó la decisión. Y es que en asunto de fuentes y medios de co- municación la neutralidad se traduce en proporcionar el mayor pluralismo y vera- cidad posible, no en censurar las fuentes de un lado del espectro ideológico y no las del otro.

De la “dichosa neutralidad española” ya hablaba Antonio Machado, según nos relata Ian Gibson en su biografía, Ligero de equipaje. Manuel Machado escribía a su hermano Antonio que esa neutralidad consiste “en no saber nada, en no querer nada, en no entender nada”. Se refería a la posición de neutralidad española ante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), de la que decía Antonio Machado: “es verda- deramente repugnante nuestra actitud ante el conflicto actual, y épica nuestra in- consciencia, nuestra mezquindad, nuestra cominería. Hemos tornado en espectáculo la guerra, como si fuese una corrida de toros”. Unas décadas después fue España la víctima de la neutralidad europea, cuando un golpe de estado terminó con un régimen democrático e instaló una dic- tadura de casi cuatro décadas.

Y es que la neutralidad se viste con la mascarada de “juego limpio”, pero en mu- chas ocasiones en realidad oculta cobardía y miseria moral. Pero además, ocurre que en España solemos ser “más papistas que el Papa” y, teniendo como referencia cul- tural a Estados Unidos, muchos ignoran que en este país hay un sano sector con un notable sentido del compromiso social. Por eso en una entrega de Óscars los ac- tores se rebelaron contra la guerra de Irak. Y por eso los tecnócratas de nuestra área de conocimiento ignoran que la American Library Association (ALA) ha emitido mu- chas resoluciones en protesta contra el re- corte de las libertades civiles, amparado en la lucha contra el terrorismo (una lucha que no hace más que alimentarlo, según todos los datos), contra la tortura, contra la Patriot Act, contra la destrucción de los recursos culturales en Irak, etcétera. Algu- nas de ellas (5): - En relación con el genocidio de Darfur,

la ALA urge a la profesión a que pro- mueva el conocimiento de este genoci- dio a través de colecciones, programas, exposiciones, guías de recursos, etcé- tera (resolución aprobada en junio de 2006).

- En junio de 2005, la ALA pide la reti- rada de las tropas estadounidenses de Irak y el retorno a la completa sobera- nía del pueblo de Irak.

- También en junio de 2005, la ALA se opone a los planes del gobierno esta- dounidense en relación con el supuesto

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derecho de éste a desinformar, mani- pular, destruir y otras tácticas relacio- nadas con la información, para las cuales el gobierno reclama carta blanca en su lucha contra el terrorismo.

- En junio de 2004, la ALA condena el uso o la amenaza de la tortura por el gobierno estadounidense, “como una bárbara violación de los derechos hu- manos, la libertad intelectual y el impe- rio de la ley”.

- En junio de 2003, la ALA deplora la pasividad de las autoridades británicas y estadounidenses para asegurar las ins- tituciones culturales y evitar la pérdida de importantes objetos de su riquísimo patrimonio cultural. Sabido es que las tropas de las potencias aliadas en la ocupación de Irak, se ocuparon sobre todo de la protección de los pozos pe- trolíferos (cuando al parecer iban a lle- var la democracia y los derechos humanos al país, y el petróleo no apa- recía en ninguna de las razones que lle- varon a la ocupación). Esta breve muestra basta para darse

cuenta de que profesionalidad y responsa- bilidad social no tienen por qué estar reñi- das.

¿Es “profesional” el activismo bibliotecario?

En alguna reunión de colegas he oído, ante alguien que ha suscitado un tema so- cial, comentarios del tipo “seamos se- rios...” o “esto no es serio...”, en una clara actitud de recriminación que venía a signi- ficar que lo que se había suscitado no era “profesional”. Habría que advertir a estos pretendidos profesionales “serios”, que los que estamos preocupados por los efectos sociales de algunas directivas europeas (como la que impone un canon a las bi- bliotecas por el préstamo de libros), de la creciente externalización y privatización de la administración pública, del modelo de propiedad intelectual que se va impo- niendo, etcétera, no nos tomamos a broma nada de lo que tratamos.

Algunos nos “reconocen” el derecho a ejercer como ciudadanos en nuestros ratos libres, pero siempre y cuando esta activi- dad esté absolutamente desconectada de la profesión. Sin embargo, son numerosas las asociaciones que hacen activismo, y no sólo llevando libros o profesionales para poner en marcha proyectos (ésta sería una parte asistencial que nadie cuestiona), sino formulando una crítica cívica que es nece- sario ejercer, no sólo como ciudadanos,

sino como profesionales. Al fin y al cabo, el ejercicio de la profesión “constituye la principal responsabilidad y aportación del ciudadano a la comunidad” (Cobo, 2003, p. 360).

¿Tenemos derecho, como profesiona- les, a promover el debate sobre cuestiones como la creciente privatización de los ser- vicios públicos, que afecta, sin duda, a los servicios bibliotecarios? No sólo tenemos derecho, ¡tenemos obligación!

Como se manifiesta en la Declaración de Buenos Aires, emitida en el Primer Foro Social de Información, Documenta- ción y Bibliotecas (Buenos Aires, 2004), los bibliotecarios, documentalistas y archi- veros “deben participar en los procesos sociales y políticos que se relacionan con su quehacer cultural, ámbito laboral y ejer- cicio profesional”. Además, estos profe- sionales de la cultura “son facilitadores del cambio social, formadores de opinión, promotores de la democratización de la in- formación y el conocimiento, gestores educativos y actores comprometidos con los procesos sociales y políticos”.

También en 2004 tuvo lugar en Chile la XV Asamblea General de ABINIA, aso- ciación de estados iberoamericanos para el desarrollo de las bibliotecas nacionales, en la que se redactó el documento Valo- res éticos compartidos por las bibliote- cas nacionales. Entre los valores declarados figura “la promoción de una cultura democrática, de libertad y partici- pación ciudadana”, así como “la promo- ción de los derechos universales de los pueblos a la educación, la cultura y los co- nocimientos”.

No son éstas las únicas referencias que pueden darse; diversas instituciones como IFLA, UNESCO, el Consejo de Europa,

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etcétera, se pronuncian en parecidos tér- minos en múltiples documentos (ver López López, 2007). La biblioteca pública es una institución esencial para la democracia. Vincularla exclusivamente a labores y pro- cesos técnicos supone empobrecer su fun- ción, sin lugar a dudas. ¿Cómo se pueden promover los valores democráticos, los de- rechos humanos, el respeto a las minorías, el interculturalismo y otras cuestiones re- lacionadas con el fortalecimiento de la de- mocracia desde la inhibición, desde la “neutralidad”? La promoción de los valo- res democráticos sólo se puede hacer desde una postura de activismo social, es imposible hacerla desde esa malentendida neutralidad que proclaman algunos profe- sionales.

El activismo no empobrece, sino que enriquece la actividad profesional. La re- lación entre biblioteca y cultura cívica debe ser fortalecida. Por ello, en los departa- mentos universitarios de Biblioteconomía y Documentación de países anglosajones y nórdicos se está prestando actualmente atención a incluir en los planes de estudio temas como biblioteca y ciudadanía, in- clusión social, cultura de servicio público, perspectiva de género, etcétera. (Morillo Calero, 2007).

He defendido en diversos trabajos la necesidad de una formación ciudadana en el currículo de Biblioteconomía y Docu- mentación (López López, 2007), pro- puesta respaldada por una buena cantidad de documentos internacionales que enco- miendan a la universidad la formación de ciudadanos responsables socialmente, es decir, que recomiendan ir más allá de la preparación técnica. Si este tipo de pre- paración no se completa con pensamiento social y conciencia del compromiso cívico de la biblioteca, nuestra titulación queda convertida en lo que se conoce como for- mación profesional, es decir, una prepa- ración técnica desprovista de formación intelectual. Desde la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el siglo XXI (UNESCO) hasta los propios estatu- tos de la Universidad Complutense, a la que pertenezco, la misión de formar ciu- dadanos en la educación superior se ex- plícita claramente. Sólo falta que el colectivo docente resista la fuerte acome- tida del ámbito empresarial, que intenta poner exclusivamente a su servicio los pla- nes de estudios universitarios. La forma- ción de profesionales y de ciudadanos debe seguir al servicio de toda la sociedad (administración, ONG, ciudadanía en ge- neral), y no entregarse acríticamente a una lógica mercantil desaforada.ou

Referencias bibliográficas

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DÍEZ, Enrique Javier. La globalización neoliberal y sus re- percusiones en la educación. Barcelona: El Roure, 2007.

GELMAN, Juan. La doma de los jóvenes bravíos [consul- tado 1-4-08]:

http://www.juangelman.com/wordpress/?p=345 LÓPEZ LÓPEZ, Pedro. “La formación ciudadana en Bi-

blioteconomía y Documentación: España y el Espacio Europeo de Educación Superior”. En: GIMENO PE- RELLÓ, J., LÓPEZ LÓPEZ, P. y MORILLO CALERO, M. J. De volcanes llena: biblioteca y compromiso so- cial. Gijón: Trea, 2007, pp. 445-481.

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MORILLO CALERO, Mª Jesús. “El compromiso, bibliote- cas y bibliotecarios”. En: GIMENO PERELLÓ, J., LÓPEZ LÓPEZ, P. y MORILLO CALERO, M. J. De volcanes llena: biblioteca y compromiso social. Gijón: Trea, 2007, pp. 25-47.

PARENTI, Michael. La lucha de la cultura. Hondarribia: Hiru, 2007.

STONOR SAUNDERS, Frances. La CIA y la guerra fría cultural. Madrid: Debate, 2001 (or.: 1999).

Notas

(1) A este respecto, el documentadísimo libro La CIA y la guerra fría cultural, de la historiadora Frances Stonor Saunders ofrece una demoledora profusión de datos.

(2) El calificativo de “independiente” también es uno de los preferidos por la derecha. De hecho, en el libro de Sto- nor Saunders se informa sobre la cantidad de millones de dólares que la CIA invirtió para su “guerra cultural” en sobornos, becas, subvenciones a congresos, edito- riales y revistas que se calificaban de “independientes”.

(3) Tomo la referencia de un artículo de Josep Ramoneda publicado en El País el 20 de junio de 2008: “¿Hay una vía a la izquierda?”.

(4) http://www.larepublica.es/spip.php?article11427 También puede consultarse el artículo de Pascual Se- rrano colgado en http://www.rebelion.org/noticia.php ?id=69124 Entrando en la página personal de “Gusgus” averigua- mos que se trata de una “bibliotecaria” autorizada de Wikipedia que se llama Mercedes. Su formación uni- versitaria, según nos informa, comenzó por la carrera de Químicas, que abandonó para terminar haciendo Di- rección de Empresas, un dato que nos da alguna pista, ya que parece muy afín a la óptica empresarial esa cu- riosa forma de concebir la “neutralidad” con múltiples raseros.

(5) Agradezco a María Jesús del Olmo la información pro- porcionada en este punto.

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El presente trabajo pretende mover a la reflexión y al debate y se basa, parcial- mente, en un libro que publiqué el año pa- sado titulado Librarianship and Human Rights: A Twenty-first Century Guide (Oxford: Chandos, 2007); trata sobre di- versos aspectos de la filosofía de la biblio- teconomía, los aspectos morales y éticos de la biblioteconomía, los derechos huma- nos, la acción social, la justicia social, la participación ciudadana en el cambio so- cial, y la ética profesional de la biblioteco- nomía.

Los valores fundamentales de la biblio- teca, como la libertad intelectual, son asu- midos por la profesión tras un reiterado consenso general; pero la forma en que los bibliotecarios y documentalistas de todo el mundo se enfrentan a esos valores es claramente distinta. El artículo que nos ocupa está inspirado en numerosos casos ejemplares de bibliotecarios, documenta- listas y expertos en información de todo el mundo, que han sido capaces de arriesgar su vida profesional y hasta personal por la defensa de los derechos humanos. Sus voces se hacen eco del activismo local, na- cional y transnacional de hoy día sobre los diversos conflictos generados por la falta de reconocimiento de los derechos huma- nos, por la lucha a favor del reconoci- miento y la representación política, por la exclusión social y por el papel de la insti- tución bibliotecaria en estos conflictos. Estas llamadas de atención han conse- guido situar a la biblioteca y al trabajo bi- bliotecario dentro de los movimientos sociales y como una parte activa dentro del discurso global sobre los derechos hu- manos. De este modo, bibliotecarios y do- cumentalistas se han convertido en actores políticos capaces de desafiar las redes exis- tentes de control, al proporcionar nuevas

posibilidades para las estrategias de resis- tencia.

Para la reflexión y el debate

“No por pensar ansiosamente en el futuro hay que olvidar el presente”

Gandhi

Hace varios años, al hilo de una inves- tigación, descubrí que en 1983, durante la XLIX Conferencia General de la IFLA en Munich, se adoptó una “Disposición a favor de los bibliotecarios que han sido víc- tima de violaciones de los Derechos Hu- manos”. La disposición reconoce los riesgos que los bibliotecarios asumen al mantener valores fundamentales de la bi- blioteca como la libertad intelectual. De- clara: “En nombre de los derechos humanos, los bibliotecarios, como profe- sionales, deben expresar su solidaridad con aquellos de sus colegas que son per- seguidos por causa de sus opiniones, estén donde estén” (1). En 1989, la IFLA al- canzó la cobertura global al ampliar el texto de la Disposición de Munich y adoptó una “Disposición sobre la libertad de expresión, la censura y las bibliotecas”. Esta disposición anima a los bibliotecarios y las asociaciones de todo el mundo a apo- yar la ejecución del Artículo 19 de la De- claración Universal de los Derechos Humanos, sobre el intercambio de infor- mación de cualquier abuso que restrinja la libertad de expresión en su entorno; y, cuando sea necesario, elevar el asunto al Presidente de la IFLA y, si procede, a cual- quier otra organización competente, sea de ámbito internacional, no gubernamen-

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Es profesora de la Escuela de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Alberta

en Edmonton, Canadá. Recibió el Premio Anual de la Enseñanza del Library Journal de 2007,

patrocinado por ProQuest. Es autora del libro Intellectual Freedom and

Social Responsibility in American Librarianship, 1967–1974 (publicado en 2001) y de

Librarianship and Human Rights: A Twenty-first Century Guide (2007, pronto en edición

castellana).

Los derechos humanos en el trabajo bibliotecario

Toni Samek

tal o intergubernamental (2). (Según el Ar- tículo 19: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”) (3). La dis- posición también atribuye al presidente de la IFLA la capacidad “de intervenir del mejor modo posible ante las autoridades competentes en defensa de la libertad de expresión y cooperar con otras organiza- ciones internacionales, si fuera necesario para este fin” (4). Al igual que yo desco- nocía la existencia de estas declaraciones internacionales, me pregunté cuántos otros bibliotecarios, como yo, estarían en la ignorancia sobre este asunto, y sospe- chaba que serían muchos.

A cambio, tenía la certeza, fruto de mis contactos con multitud de bibliotecarios y documentalistas de diversos países en los últimos quince años, de que, a pesar de las buenas intenciones del Artículo 19, las presiones sociales, económicas, culturales, políticas e ideológicas que afectan a la pro- fesión bibliotecaria han conducido hacia una práctica habitual de “autocensura” entre los profesionales de la información. Hay países como Portugal, Sri Lanka o el Reino Unido que contemplan sanciones para aquellos bibliotecarios que infrinjan sus propios códigos deontológicos que, en todo el mundo, suelen dictar que bibliote- carios y documentalistas deben asumir la defensa de la libertad intelectual y comba- tir la censura (5). Aunque la libertad inte- lectual haya sido el primer valor fundamental de la profesión avalado por la IFLA, en la práctica resulta que la gran mayoría de los bibliotecarios del mundo no cuenta con ningún tipo de protección que avale la libertad de expresión en el lugar de trabajo sobre “asuntos no confidencia- les, tanto profesionales como de política bibliotecaria y asuntos de interés público, dentro del marco de leyes aplicables” (6). Todo ello ha conducido a una inquietante situación en la cual bibliotecarios y docu- mentalistas abogan, en nombre de sus usuarios, por el cumplimiento de unos de- rechos y libertades que a ellos mismos les son denegados. ¡Qué ironía tan terrible! A pesar de esto, y a pesar de lo que asumo como un extendidísimo desconocimiento de las disposiciones de la IFLA de 1983 y 1989, me he encontrado con que muchas estrategias sociales de acción concreta son usadas por bibliotecarios y documentalis- tas de todo el mundo para sortear esta ba- rrera fundamental en apoyo de los derechos humanos, ante innumerables ad- versidades y riesgos. Estas estrategias se

plasman en actos de resistencia política de bibliotecarios y otros profesionales de la información frente a la dominación ideo- lógica de la realidad en asuntos como la guerra, la revolución, el cambio social y el fundamentalismo global de mercado. El hecho de llevar a cabo este tipo de estra- tegias implica diferentes grados de riesgo personal y profesional para bibliotecarios y documentalistas, en función del distinto contexto político, legal, económico, ideo- lógico, tecnológico y cultural de los países y las comunidades en las que viven y de- sarrollan su trabajo; así como de otros fac- tores más personales como el género, la clase social, la orientación sexual, la ciu- dadanía, la discapacidad, el origen étnico, la ubicación geográfica, la lengua, la filo- sofía política, la raza o la religión. A raíz de esto comprendí que era el momento en que nosotros –la comunidad mundial de bi- bliotecarios y documentalistas– reconocié- ramos, con todas sus consecuencias, el contexto político en el que se desarrolla habitualmente el trabajo de bibliotecarios y documentalistas.

Según comenta Shiraz Durrani, biblio- tecario keniata en el exilio, “la manipula- ción de información, sea consciente o inconsciente, es un asunto de importan- cia, no sólo para la vida local, sino tam- bién en las relaciones internacionales. Los bibliotecarios sólo tienen dos opciones: convertirse en el instrumento ideal en manos de aquellos que buscan manipular el pensamiento de poblaciones enteras, o bien defender los derechos democráticos de las personas manipuladas, contra viento y marea. No existe una tercera vía” (7). Creo firmemente que la prioridad de la biblioteconomía del siglo XXI ha de ser la actuación sobre las disposiciones de dere- chos humanos de la IFLA de 1983 y 1989, para evitar convertirnos en un ins- trumento de manipulación ajena, para apoyar firmemente los valores fundamen- tales de la biblioteca, y para prestar la de- bida atención a los derechos humanos y democráticos en todo el mundo. No ha- cerlo contribuiría a hacer realidad, una vez más, la tremenda advertencia de Heinrich Heine: “Donde se queman libros se ter- mina quemando a la gente” (8). Una con- dición determinante para lograr llevar a cabo estas prioridades es trabajar para la IFLA y en torno a la IFLA.

La IFLA identifica entre sus prioridades profesionales el apoyo del papel de las bi- bliotecas en la sociedad; la defensa del principio de libertad de información; la promoción de la alfabetización, de la lec- tura y del aprendizaje a lo largo de la vida; el acceso y suministro de información sin restricciones; el equilibrio entre los dere-

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chos de propiedad intelectual de los auto- res y las necesidades de los usuarios; la propuesta de compartir recursos; la con- servación del patrimonio intelectual; el de- sarrollo profesional de los bibliotecarios; la promoción de normas, directrices y mejo- res prácticas; el apoyo a la infraestructura de las asociaciones bibliotecarias; y la re- presentación de las bibliotecas en el mer- cado tecnológico. La planificación estratégica de la IFLA fija su atención en el papel que la información y los servicios de información juegan en “problemas mun- diales como el desarrollo sostenible y el VIH/SIDA, así como en las cuestiones sobre los sistemas indígenas de conoci- miento y las culturas orales y la dificultad de aplicar el sistema de derechos de pro- piedad intelectual en estos contextos (9). A pesar del trabajo innovador llevado a cabo por la IFLA, Durrani advierte que “si bien es cierto que la IFLA ha hecho y puede seguir haciendo mucho trabajo de calidad, no conviene olvidar que repre- senta a un grupo de asociaciones bibliote- carias oficiales de todo el mundo, en su mayoría conservadoras y pro-sistema. Uno no puede esperar que la IFLA sea una organización radical que esté por el cambio y a favor de los intereses de las cla- ses trabajadoras de todo el mundo. Pero también es contraproducente que haya un solo tipo de organización (sea la IFLA u organizaciones progresistas alternativas), hay espacio de sobra para ambos tipos de organizaciones; en ocasiones pueden tra- bajar codo con codo, y otras veces tener contradicciones; esto sería enriquecedor y mostraría la fortaleza del sistema” (10). Al mismo tiempo, Durrani recuerda la nece- sidad perentoria de que surjan organiza- ciones alternativas progresivas si las bibliotecas quieren llegar a ser “más rele- vantes para la mayoría de la gente” (11). Es cierto que en todo el mundo los biblio- tecarios comprometidos y críticos buscan persuadir y labrar un consenso general, a través de una serie de medidas como la re- cogida de firmas, la publicación de mani- fiestos, la redacción de mociones, la convocatoria de concentraciones de pro- testa, los boicots, la organización de con- ferencias alternativas, además de sacar publicaciones, llevar a cabo campañas de presión sobre las instituciones y promover el intercambio diario de información para luchar contra injusticias históricas. A con- tinuación voy a desgranar casi un cente- nar de estrategias que ya han sido llevadas a cabo por colectivos bibliotecarios y que han mostrado su utilidad:

1. Acceso a la información 2. Reformas legales

3. Accesibilidad 4. Envío de cartas 5. Investigación para la acción 6. Listas de distribución 7. Reconocimiento del activismo 8. Campañas de presión al gobierno 9. Información y concienciación sobre el

SIDA 10.Manifiestos 11.Programas de acción alternativos 12.Gestión de las relaciones con los me-

dios de comunicación 13.Notas de disculpa 14.Desarrollo de políticas para congresos

y reuniones 15.Premios 16.Reuniones con el gobierno 17.Bibliografías 18.Proyectos de recuperación de la me-

moria histórica 19.Uso de blogs 20.Objetos promocionales (pins, camise-

tas, llaveros, etcétera) 21.Ferias del libro 22.Bibliotecas móviles 23.Libros 24.Música 25.Préstamo 26.Nombramiento de responsables 27.Boicots 28.Actividades de diseminación de infor-

mación 29.Campañas 30.Respuesta a las pandemias 31.Esquemas de clasificación 32.Acuerdos y colaboraciones 33.Desarrollo de la colección y política de

la colección 34.Recogida de firmas 35.Programas y estatutos 36.Colecciones 37.Declaraciones de posicionamiento 38.Desarrollo de la comunidad 39.Pósteres 40.Estudios sobre la comunidad 41.Proclamas 42.Guías y sesiones de conferencias 43.Programas y actividades 44.Cooperación internacional 45.Programas para niños y jóvenes 46.Cooperación multidisciplinar 47.Proyectos 48.Sentencias y jurisprudencia 49.Protestas 50.Diálogo crítico 51.Foros públicos 52.Formación sobre diversidad cultural 53.Publicaciones 54.Declaraciones 55.Concentraciones 56.Dedicatorias 57.Reafirmaciones 58.Respuesta a desastres 59.Presentación de protestas

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60.Discrepancia 61.Disposiciones y mociones 62.Programas de acción sobre diversidad 63.Compartir recursos 64.Documentación 65.Mesas redondas 66.Respeto medioambiental 67.Becas 68.Formación en Biblioteconomía y Do-

cumentación 69.Bibliotecas escolares alternativas 70.Guías para elecciones 71.Seguridad humanitaria 72.Formación ética 73.Seminarios 74.Exposiciones 75.Espacios autónomos 76.Películas 77.Discursos 78.Forum 79.Escaparates 80.Captación de fondos 81.Fomento del compromiso estudiantil 82.Historicismo 83.Simposios 84.Libertad intelectual 85.Enseñanza 86.Grupos de interés 87.Formación para el activismo 88.Desarrollo internacional 89.Traducciones 90.Entrevistas 91.Educación de los directivos 92.Inversión socialmente responsable 93.Sitios web 94.Anuncios de empleo 95.Wikis 96.Etiquetado 97.Estatus de la mujer

Plantilla de acciones modestas para trabajar por los Derechos Humanos en el ejercicio de la profesión bibliotecaria

“La acción expresa prioridades” Gandhi

Creo firmemente que los bibliotecarios y documentalistas del mundo entero nece- sitan ser conscientes y tener un mejor ac- ceso al tipo de estrategias arriba mencionadas, que son práctica habitual de la corriente bibliotecaria crítica internacio- nal, donde las consideraciones sobre la condición humana y los derechos huma- nos priman sobre otros intereses profe-

sionales. La comunidad bibliotecaria crí- tica, que considero admirable por su vi- sión optimista del futuro, ha ido aumentando su visibilidad y poco a poco ganándose un sitio dentro del panorama mundial, a lo largo de muchas décadas. En este momento, podemos destacar grupos contemporáneos como Bibliotek i Samhälle (Bibliotecas en la Sociedad) en Suecia, Arbeitskreis Kritischer Bibliothe- karinnen und Bibliothekare (Grupo de Trabajo de Bibliotecarias y Bibliotecarios Críticos) en Austria, Arbeitskreis Kritis- cher BibliothekarInnen (Grupo de Tra- bajo de Bibliotecarios Críticos), en Alemania, el Gremio de Bibliotecarios Progresistas de EE UU, Información para el Cambio Social (de alcance inter- nacional), el Círculo de Estudios sobre Bibliotecología Política y Social en Mé- xico; el Grupo de Estudios Sociales en Bibliotecología y Documentación de Ar- gentina, LibrarianActivist.org en Canadá, y el Grupo Activista de Bibliotecarios y Documentalistas Progresistas Africano.

Los motivos que me mueven a defen- der y promocionar la comunidad biblio- tecaria crítica no son superficiales. Tengo tres objetivos: A) animar a los biblioteca- rios y documentalistas para que adopten el punto de vista ético en el debate actual sobre lo que constituye el trabajo profe- sional; B) favorecer el uso consciente por parte de bibliotecarios y documentalistas de la retórica específica de la profesión sobre los derechos humanos (como liber- tad de expresión, libertad de pensamiento, libertad de búsqueda, privacidad o confi- dencialidad) como vía de acceso hacia la concienciación profesional sobre cuestio- nes más amplias como el desarrollo soste- nible, las pandemias, la pobreza, la guerra y la paz, la tortura, la destrucción de re- cursos culturales y la intimidación por parte de los gobiernos; C) fomentar la bi- blioteca como posible foco de resistencia (12). ¿Cómo se puede iniciar un proceso así? A continuación voy a explicar un mo- delo muy simple que he usado como punto de partida en Canadá, con cierto éxito; de modo que es posible que pueda ser de utilidad en otras zonas. *El respaldo a la postura del International

Center for Information Ethics (ICIE, Centro Internacional para la Ética de la Información) que sostiene que muchos de los artículos de la Declaración Uni- versal de los Derechos Humanos (1948) son “la base del pensamiento ético sobre la responsabilidad de los es- pecialistas de la información” y que “los especialistas de la información tie- nen una responsabilidad moral con res- peto a los usuarios en un micro nivel

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(individuos), meso nivel (instituciones) y macro nivel (la sociedad)” (13). Estos elementos incluyen, entre otros:

- Respeto a la dignidad de los seres hu- manos (Art. 1)

- Confidencialidad (Art. 1, 2, 3, 6) - Igualdad de oportunidades (Art. 2, 7) - Privacidad (Art. 3, 12) - Derecho a ser protegido de penas o

tratos crueles, inhumanos o degradan- tes (Art. 5)

- Derecho a la propiedad (Art. 17) - Derecho a la libertad de pensamiento,

de conciencia y de religión (Art. 18) - Derecho a la libertad de opinión y de

expresión (Art. 19) - Derecho a la libertad de reunión y de

asociación pacíficas (Art. 20) - Derecho a la seguridad social, y a ob-

tener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recur- sos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad (Art. 22)

- Derecho a la educación (Art. 26) - Derecho a participar en la vida cultural

de la comunidad (Art. 27) - Derecho a la protección de los intere-

ses morales y materiales que le corres- pondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autor/a (Art. 27).

* Favorecer que bibliotecarios, documen- talistas y otros agentes de la sociedad de la información y del conocimiento participen en el diálogo, la colabora- ción, la organización, la empatía, la toma de decisiones, la práctica, la filo- sofía y el desarrollo de las políticas que promuevan la mejoría de los problemas sociales, tanto a nivel local, como na- cional e internacional.

* Apoyar la diversidad y la actuación den- tro del mundo profesional de la infor- mación, especialmente en asuntos relacionados con la libertad intelectual.

* Ampliar la concepción tradicional de la libertad intelectual dentro del ámbito bi- bliotecario.

* Descubrir la amplitud del movimiento mundial de la corriente de biblioteco- nomía comprometida y crítica.

* Favorecer la diseminación de los am- plios objetivos de la biblioteconomía crí- tica

* Oponerse a la neutralidad de la biblio- teca en lo que concierne a asuntos cul- turales, políticos y económicos.

* Contribuir al desarrollo de la memoria institucional de la biblioteconomía en toda su amplitud; una memoria capaz

de dotar de una identidad colectiva que aglutine la gran variedad de voces di- versas de la información (oficiales y no oficiales) dispersas por todo el mundo.

* Situar la biblioteconomía al frente y en el centro de las sociedades del conoci- miento.

* Consolidar los valores fundamentales de la biblioteca a través de la asunción de los valores de la ética de la informa- ción y del movimiento mundial de apoyo a la justicia de la información.

* Contar con bibliotecarios y documen- talistas como parte activa en los con- flictos sociales.

* Comprometerse con una visión opti- mista.

* Buscar la sintonía con otros movimien- tos del siglo XXI que persiguen explo- rar el compromiso cívico dentro de las redes culturales.

Reflexión final: la importancia de los estudios de Biblioteconomía y Documentación como base para el éxito

Los bibliotecarios y documentalistas juegan un papel esencial en el fomento y la preservación de los ideales de toleran- cia, democracia, derechos humanos y me- moria colectiva en multitud de zonas inestables del mundo. En palabras del Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel: “la libertad de prensa está siendo amenazada, del mismo modo que el patrimonio de los pueblos y sus culturas están siendo sometidos por la globaliza- ción predominante. La resistencia social y cultural es fundamental para la libertad y para los derechos de los individuos y los pueblos … usted, que es uno de los res- ponsables de conservar la memoria … puede contribuir … [al oponerse] al ‘pen- samiento único’… que conduce a la des- trucción de la identidad y la cultura” (14). Wayne Wiegand, sin embargo, advierte que la biblioteconomía es “una profesión mucho más interesada en los procesos y en las estructuras que en la gente” (15). Por su parte, Jack Andersen advierte que los estudios de biblioteconomía y docu- mentación “han logrado crear un discurso metafísico que tiende a favorecer el em- pleo de lenguaje técnico y administrativo. Tal lenguaje no invita al análisis y a la con- ciencia crítica en tanto en cuanto se dis- tancia de los objetos a los que se refiere.

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De hecho, el lenguaje técnico y adminis- trativo a menudo se sitúa en contra de las necesidades básicas humanas, y se centra mucho más en cómo mejorar las cosas, que en describirlas y plantearse crítica- mente si esas cosas (por ejemplo sistemas de organización de conocimiento) funcio- nan o no” (16). Edgardo Civallero insta a los profesionales de la información “a abandonar su silencio, su torre de mármol, sus posiciones privilegiadas en la nueva so- ciedad de conocimiento, su actitud apolí- tica y su presunta objetividad. Deben involucrarse más profundamente en los problemas, ponerse del lado de los desfa- vorecidos y luchar hombro con hombro (sin herramientas, sin tecnologías, sin di- nero, solo armados de la imaginación, de la vocación de servicio y de las ganas de trabajar) junto a otros que han sido –y si- guen siendo– marginados por haber sido fieles a si mismos” (17).

Las premisas de Wiegand, Andersen, y Civallero se hacen eco de la advertencia que en 1992 realizó el experto en ética de la información Rafael Capurro: “una eco- nomía de la información que busca redu- cir ‘la información’ a un mero valor de cambio, sin tener en cuenta las diferentes ‘formas de vida’ en las que se basa, no es menos peligroso que una explotación ciega de la naturaleza. Al diseñar herra- mientas, estamos diseñando también un modo de ser... Las ciencias de la docu- mentación … deben llevar a cabo una pro- funda autoreflexión formal-interpretativa, así como histórico-cultural. Hay que resis- tir la tentación de convertirse en una heu- rística puramente técnica o en una metadisciplina, para entregarse de pleno a la ética y a la política” (18). De hecho, como ha expresado el nuevo grupo de in- terés canadiense sobre las Bibliotecas en la Comunidad, hay una necesidad urgente de “desafiar al conjunto de la comunidad bibliotecaria para que reflexione sobre cómo los valores fundamentales sobre la inclusión han derivado en una mera bús- queda de eficacia y en la cuantificación … [y reconocer que] el trabajo bibliotecario va más allá de simples listas de tareas y programas de ordenador” (19).

Siguiendo una línea similar, Herbert I. Schiller sugiere que “centralizar la aten- ción sobre la tecnología en los planes de estudios de Biblioteconomía y Documen- tación sirve para engañar a muchos, bi- bliotecarios incluidos, y convencerlos de que el nuevo medio para alcanzar un es- tatus y un respeto profesional es concen- trarse en la maquinaria de la información, la producción y la transmisión. Cuando este punto de vista se vuelve exclusivo, de- liberadamente o no, irremediablemente se

desatienden las necesidades de la mayoría de la gente y la base social de la profesión” (20). Schiller no encuentra “ninguna in- compatibilidad inherente al hecho de que las escuelas de biblioteconomía ofrezcan cursos más orientados hacia lo tecnoló- gico, mientras dichas escuelas dediquen una atención creciente al uso social de esos nuevos instrumentos”. Según Schi- ller, precisamente este “debería ser el ob- jetivo de los nuevos planes de estudios de Biblioteconomía y Documentación, cómo garantizar el uso social de las nuevas tec- nologías de la información. Pero no es esto lo que está sucediendo, más bien pre- valece el punto de vista opuesto” (21).

Christine Pawley coincide con esta co- rriente crítica, y aboga porque aportemos nuestra capacidad de compromiso colec- tivo a los estudios de Biblioteconomía y Documentación; según su opinión, la for- mación actual tiende a “perpetuar el statu quo, en vez de transformarlo” (22). En particular, Pawley describe las “cuatro áreas centrales relacionadas con la teoría y la práctica de la hegemonía cultural que ha preocupado habitualmente a los secto- res vinculados con la enseñanza de la bi- blioteconomía: los contactos con el mundo empresarial, la profesionalización, la aspiración de obtener un estatus cientí- fico, y estratificación de la alfabetización y de las instituciones” (23). “Desde una perspectiva de clase –afirma– el mismo fracaso de los estudios de biblioteconomía y documentación para enfrentarse a cues- tiones sociales es un signo del poder he- gemónico ejercido por las clases dominantes” (24). Pawley indica que se haría un mejor servicio a los estudiantes si los preparásemos para “abordar más am- pliamente aquellas cuestiones políticas re- lacionadas con el control de la producción y la distribución de la información y, de hecho, con su propia definición” (25). Por tanto, el desafío clave para la comunidad bibliotecaria del siglo XXI es que “educa- dores”, como la que suscribe, sean capa- ces de promover el lenguaje y la cultura de la corriente bibliotecaria crítica, capaz de prestar un mayor respaldo a los valores fundamentales de la biblioteca, y fomen- tar y promover la participación activa en la mejora de los problemas sociales. Este no es un desafío menor, pero afortunada- mente ya hemos empezado a trabajar en lo más difícil.

En los próximos años será necesario hacer un seguimiento del trabajo de insti- tuciones como la UNESCO, la IFLA, las bibliotecas nacionales y las asociaciones de bibliotecas (oficiales y no oficiales) en rela- ción con el movimiento de la biblioteco- nomía comprometida y las presiones que

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ejercen a favor de una profesión más hu- manista, conectada con un mundo sin tra- bas culturales, con financiación pública del trabajo bibliotecario, donde prevalezca la libertad de expresión sobre cuestiones profesionales y de política bibliotecaria, a cualquier nivel dentro de la jerarquía de la organización, el respeto a la diversidad cul- tural, el deseo de reparación respecto a concesiones, omisiones, ausencias y ne- gaciones de la memoria colectiva, y una oposición decidida a la mercantilización de la información, a la “globalización empre- sarial, a la privatización de los servicios so- ciales, a la monopolización de los recursos informativos, a la destrucción o apropia- ción interesada del patrimonio cultural y de las huellas de la actividad humana” (26). Una condición sine qua non para lle- var a buen puerto esta visión, es fomentar mundialmente que los programas de Bi- blioteconomía y Documentación incluyan el compromiso con las personas y la lucha por la mejora de los problemas sociales. Del mismo modo que mi visión sobre este asunto es esperanzadora, profesoras pro- gresistas de biblioteconomía como Chris- tine Pawley destacan que la hegemonía “nunca es total y que, históricamente, al- gunos bibliotecarios y educadores de bi- blioteconomía se han opuesto con firmeza a la dominación ideológica” (27).ou

Traducción de Marta Martínez Valencia y María Jesús del Olmo

Notas

(1) Resolution on Behalf of Librarians Who are Victims of Violation of Human Rights, adoptada por el 49 Consejo y Conferencia General de la IFLA en Munich, Alemania, 1983. Disponible en: http://www.ifla.org/ faife/policy/munich.htm (consultado: 26 de octubre de 2006).

(2) Resolution on Freedom of Expression, Censorship and Libraries, adoptada por el 55 Consejo y Confe- rencia General de la IFLA, Paris, Francia, 1989. Dis- ponible en: http://www.ifla.org/faife/policy/paris_e. htm (consultado: 26 de octubre de 2006).

(3) Declaración Universal de Derechos Humanos. Dis- ponible en: http://www.un.org/Overview/rights.html (consultado: 26 de octubre de 2006).

(4) IFLA (1989), op. cit. (5) Shachaf, P. (2005) A global perspective on library

association codes of ethics, presentado en la confer- encia anual de la Association for Library and Infor- mation Science Education: Boundary Crossings, 13 enero, Boston. Disponible en: http://ella.slis.in- diana.edu/~ shachaf/ALISE%202005.ppt (consul- tado: 26 de octubre de 2006).

(6) American Library Association (2005). Resolution on Workplace Speech. Adoptada el 26 de junio de 2005.

(7) Culture, Media and Sport Committee (2005) Public li- braries: Third Report of Session 2004–05. Disponi- ble en: http://www.publications.parliament.uk/pa/ cm200405/cmselect/cmcumeds/81/81i.pdf (consul- tado: 26 de octubre de 2006).

(8) Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen. From Heinrich Heine’s play Al- mansor (1821). Ver: http://www.ala.org/ala/oif/ban- nedbooksweek/bookburning/bookburning.htm. (consultado: 26 de octubre de 2006).

(9) Raseroka, K. (2005) ‘Strateic plan for IFLA Presi- dent’s Report’, World Library and Information Con- gress. 71 Consejo y Conferencia General de la IFLA, 1-16 August, Oslo, p. 6.

(10) Listserv posting. Desde shirazdurrani@blueyonder.co. uk. A: libplic@yahoogroups.com. Fecha: 3 de Julio de 2004. Asunto: Social Forum, Documentation and Li- braries deadline.

(11) Ibid. (12) Gracias a Mark Rosenzweig, quien me introdujo en el

concepto de la biblioteca como foco de resistencia. (13) International Center for Information Ethics. Disponible

en: http://icie.zkm.de/research (consultado: 26 de oc- tubre de 2006).

(14) Esquivel, A. P. (2004) “Between the walls of informa- tion and freedom”. En: Actas del 70 Consejo y Con- ferencia General de la IFLA, 22–27 Agosto, Buenos Aires. Disponible en: http://www.ifla.org/IV/ifla70/ ps-Perez_Esquivel-e.htm (consultado: 8 de noviembre de 2006).

(15) Wiegand, W. A. (1999) “Tunnel vision and blind spots: what the past tells us about the present; reflections on the twentieth-century history of American librarian- ship”. En: Library Quarterly 69 (1): 24.

(16) Andersen, A. (2005) “Information criticism: Where is it?”. En: Progressive Librarian. Issue 25: 7.

(17) Civallero, E. (2004) “Indigenous libraries, utopia and reality: proposing an Argentine model” En: Aborigi- nal Libraries Project. National University, Córdoba.

(18) Capurro, R. (1992) “What is information science for? A philosophical reflection”. En: Peter Vakkari and Blaise Cronin (eds). Conceptions of Library and In- formation Science: Historical, Empirical and Theo- retical Perspectives, Londres: Taylor Graham, pp. 90–3.

(19) De: “annette de faveri” <annetdef@vpl.ca>. A: toni.samek@ualberta.ca. Asunto: Petition: CLA In- terest Group. Fecha: 16 de mayo de 2006. Libraries in communities. Terms of reference.

(20) Schiller, H. I. (1996). Information Inequality: The Deepening Social Crisis in America, New York: Routledge, p. 36.

(21) Ibid., 37. (22) Pawley, C. (1998) “Hegemony’s handmaid? The li-

brary and information studies curriculum from a class perspectiva”. En: Library Quarterly 68 (2): 137.

(23) Ibid., 123. (24) Ibid., 132. (25) Ibid., 139. (26) Rosenzweig, M. (2001) “What progressive librarians

believe: an international perspectiva”. En: Innovation 22 (June): 1–5.

(27) Pawley, C. (1998) “Hegemony’s handmaid? The li- brary and information studies curriculum from a class perspectiva”. En: Library Quarterly 68 (2): 123–44.

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“El acceso a la información fomenta la construcción de sociedades más libres”. Me gustaría comenzar utilizando la frase con la que participé en el libro conmemo- rativo del vigésimo aniversario del Centro de Investigación para la Paz: “Pensar la paz veinte años después”. Esta idea tenía que intentar resumir, en pocas palabras, la aportación del Centro de Documentación a la labor llevada a cabo por el CIP, y aun- que en un principio el encargo parecía sencillo, supuso un gran reto mirar hacia atrás y analizar cómo el trabajo de un do- cumentalista podía haber contribuido a mejorar un poco el mundo que nos rodea.

La invitación a participar en este dos- sier dedicado al compromiso social de los profesionales de la documentación, me ha ayudado a profundizar en aquella primera reflexión, e intentar identificar las cualida- des que debemos desarrollar y que marca- rán el salto cualitativo hacia una documentación socialmente responsable.

Cuando hablamos de la labor del docu- mentalista siempre nos referimos a su ca- pacidad como gestor de la información, experto en su búsqueda y recuperación, como especialista en tareas de cataloga- ción, clasificación y análisis, la capacidad de evaluación y filtración de lo pertinente frente a lo que no lo es, la capacidad de sín- tesis, etcétera. También nos referimos a otras cualidades de carácter personal, como la capacidad para asumir los retos que le impone la evolución continua de su profe- sión, la visión en relación a la nuevas opor- tunidad que surgen, la adaptación a los nuevos formatos, la habilidad de comuni- cación, espíritu crítico, afán de superación, capacidad para trabajar en equipo...

En el caso de un Centro de Documen- tación especializado como el nuestro, tam- bién se necesitan una serie de cualidades que tienen más que ver con principios y valores personales que con la propia cua- lificación profesional, pudiendo así plan- tearnos algunas cuestiones como: ¿cuáles son los valores que un documentalista debe cultivar para conseguir formar usua- rios conscientes y responsables?, ¿cómo

un documentalista puede contribuir con su trabajo a la consecución de un mundo más justo, solidario, sostenible y en paz?

Enumerar los valores y principios ade- cuados para desarrollar nuestra labor de forma responsable es una tarea difícil, y aunque soy consciente de que se queda- rán muchos en el tintero, me gustaría des- tacar algunos importantes:

El compromiso, en nuestro caso, con los principios básicos de responsabilidad social que rigen la institución que nos am- para, FUHEM, la cual desde su creación a mediados del siglo XX se ha caracterizado por su independencia frente a cualquier confesión y organización religiosa, polí- tica, sindical, patronal o económica; y por su respeto a la pluralidad, fomentando la participación social, la exclusión de las marginaciones, la educación en la tole- rancia, la convivencia democrática, y el respeto a los derechos humanos, y a los valores de libertad, paz, justicia y protec- ción del medio ambiente.

La responsabilidad de cumplir con los objetivos marcados bajo el principio de ex- celencia en el trabajo.

La independencia de pensamiento y con ella la posibilidad de refutar las ideas impuestas y preconcebidas con las que no estemos de acuerdo, defendiendo los prin- cipios en los que uno cree.

La tolerancia o respeto a las ideas de los demás, aún cuando sean diferentes a las nuestras.

La generosidad y solidaridad con los colectivos más desprotegidos, en pos de trabajar por una mayor cohesión social.

El respeto a la diversidad y la bús- queda de la integración social como for- mas de combatir la intolerancia, el racismo y la xenofobia.

La disposición para la resolución de cualquier conflicto de forma no violenta, fomentando las labores de prevención y mediación.

La defensa de los principios de equi- dad, libertad y justicia universal para paliar las grandes desigualdades que se producen en este mundo globalizado.

Centro de Investigación para la Paz: CIPEl documentalista comprometido La documentación como compromiso social

Susana Fernández Herrero

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La sostenibilidad de nuestros actos, tanto en la vida cotidiana como en el puesto de trabajo donde pasamos muchas horas, y donde debemos ejercer también como ciudadanos responsables en accio- nes tan cotidianas; por ejemplo apagar el ordenador cuando no se utilice, mantener las luces apagadas cuando no sean estric- tamente necesarias, hacer un uso respon- sable de la calefacción o del aire acondicionado, con el fin de ahorrar ener- gía; o bien utilizar dispositivos de ahorro de agua, promover el reciclaje y la reutili- zación tanto de papel, como de cualquier envase o mobiliario, etcétera.

El consumo responsable con el fin de minimizar en lo posible el impacto que nuestro afán consumista tiene en la natu- raleza.

El desarrollo de sinergias mediante la participación en redes de centros de in- vestigación o de documentación afines.

La motivación para trabajar todos los días con la misma intensidad, aún a pesar de que haya momentos en los que uno tenga la sensación de que las cosas nunca van a cambiar.

Las labores de visibilización. Todos sa- bemos que lo que no es visible parece que no existe, por ello, parte de nuestra labor es ayudar a las organizaciones y movi- mientos sociales a sacar a la luz los princi- pales problemas que afectan a los sectores más desfavorecidos de la sociedad, como punto de partida en la búsqueda de solu- ciones.

Por último, la empatía, que es para mí una de las grandes carencias de una so- ciedad actual que defiende de forma egoísta un estilo de vida insostenible, aun- que sea a costa de la precariedad, miseria y hambre de muchos seres humanos.

A continuación, me gustaría exponer cómo podemos plasmar y defender estos principios en nuestro trabajo diario y cómo, en mi caso, el Centro de Investiga- ción para la Paz es el marco idóneo para

el desarrollo de los mismos. Para ello, voy a hacer un análisis retrospectivo del origen del CIP desde 1984 hasta hoy, y su evo- lución organizativa y temática.

Origen y evolución del CIP

El Centro de Investigación para la Paz nació, bajo el amparo de FUHEM, en 1984, en medio de una coyuntura política caracterizada por el enfrentamiento entre bloques, la carrera armamentística y el es- pectro de una guerra nuclear. Esta situa- ción fomentó el desarrollo de los movimientos pacifistas preocupados por la Investigación para la Paz (Peace Rese- arch) en todo el mundo, cuya intención era aportar alternativas a los aspectos más negativos de la Guerra Fría.

En este contexto, el CIP asumió el papel de convertirse en un centro de in- vestigación capaz de abordar aquellos temas de mayor relieve para la sociedad española desde una posición crítica y com- prometida. Apostó por el trabajo en red y estableció contactos y acuerdos de inter- cambio con destacados centros de todo el mundo, con el fin de disponer de docu- mentación publicada de diferentes países, a la que no se podía acceder de otra ma- nera en ese momento.

Uno de los rasgos que caracterizó y di- ferenció al CIP de otros centros similares fue la inauguración en 1985 de un Servi- cio de Documentación. Este servicio su- puso una gran apuesta por la construcción de un flujo de información caracterizado por su rigurosidad y su carácter plural, y derivó poco después en un Centro de Do- cumentación, cuya función fue la bús- queda y recogida de información para satisfacer las demandas de documentación especializada o de divulgación referida a los temas de interés del CIP. Aunque en el momento actual es fácil pensar en Inter- net como la forma habitual de acceder a todo tipo de información y en cualquier idioma, es necesario situarse cronológica- mente a mediados de los años ochenta para recordar que la forma de acceso a ese tipo de documentación era su formato en papel y que, además, la mayor parte de la investigación especializada tenía lugar fuera de nuestras fronteras.

El Centro de Documentación fijó como su objetivo primordial crear y mantener un fondo especializado compuesto por una biblioteca que albergara obras de referen- cia fundamentales, un archivo de prensa que recogiera noticias de periódicos na- cionales e internacionales, una hemero-

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teca con una amplia selección de revistas especializadas de cualquier parte del mundo, y un archivo de Literatura Gris de gran valor ya que sus fondos serían el fruto de la política de intercambios instituciona- les fomentada por la institución.

El Centro se convirtió poco a poco en un gran espacio de referencia documental para investigadores, especialistas, medios de comunicación, personal docente, estu- diantes y organizaciones no gubernamen- tales, debido a la variedad, riqueza y pertinencia de sus fondos, y los documen- talistas que hemos trabajado en él durante más de dos décadas hemos sido conscien- tes de la responsabilidad que asumíamos al manejar una documentación tan espe- cializada y hemos evolucionado hacia un concepto diferente de nuestro trabajo. Pensamos que nuestro rol tenía que ir más allá de la función de adquirir y preservar la colección, de gestionar los sistemas de or- denación del fondo y de ponerlo a dispo- sición del usuario; que teníamos que desarrollar otras funciones como la locali- zación de fuentes, la difusión selectiva de la información, el trabajo cooperativo con otros centros afines y la generación de una canal entre los creadores y productores de la información y nuestra comunidad de usuarios, siempre, todo ello, bajo los cri- terios de exhaustividad, pertinencia, pre- cisión, rapidez y economía.

A diferencia de otras bibliotecas más convencionales, nosotros no concebimos el Centro como un espacio de atesora- miento de documentos, donde el aspecto más importante sea el valor de la infor- mación guardada en él y donde la labor fundamental se circunscriba a la mera guarda y custodia del fondo. Nosotros tra- bajamos en la superación del concepto de unidad pasiva de información, que espera que el usuario se acerque a realizar su de- manda, y avanzamos hacia una actitud proactiva donde el usuario y no la docu- mentación se convierta en el protagonista real, y por ello, el verdadero valor de nues- tro trabajo radica en la capacidad que ten- gamos de hacer disponible ese fondo y difundirlo más allá de las paredes de nues- tra biblioteca.

Para conseguir este objetivo tenemos que superar la fórmula habitual: Informa- ción + Gestión documental = Conoci- miento pasivo, para llegar a transformarla en: Conocimiento pasivo + Transferencia humana = Conocimiento activo.

Conscientes de la importancia de crear conocimiento a partir de los recursos de que disponemos, actuamos con el fin de que dicho conocimiento se convierta en un recurso estratégico para nosotros, para los usuarios y para la propia institución.

Desde el Centro llevamos a cabo una labor de sensibilización social mediante la oferta pública y gratuita de la información contenida en nuestro fondo y en Internet procedente de una pluralidad de fuentes oficiales, medios de comunicación y revis- tas de prestigio; pero también de medios de comunicación alternativos, críticos, cuya difusión es menor y que considera- mos que deben ser más visibles, con el fin de que nuestros usuarios puedan contras- tar la información, acceder a otros canales más independientes y que de esta manera tengan herramientas suficientes para de- sarrollar su espíritu reflexivo y crítico.

Otra de nuestras funciones es ayudar en la labor de investigación del CIP, facili- tando a los usuarios internos la informa- ción adecuada a sus necesidades, y con ello poder participar en el proceso de creación de productos de investigación propios, mediante la elaboración de cro- nologías, recopilaciones bibliográficas, bi- bliografías comentadas, elaboración de dossieres temáticos... También participa- mos en el final del proceso, la difusión, siendo esta parte de gran importancia ya que tenemos que llegar a los usuarios po- tenciales interesados en nuestro ámbito te- mático, así como a aquellos que participan en la creación de pensamiento y en la toma de decisiones de políticas sociales, con el fin de incidir o al menos poder mos- trar alternativas a las políticas actuales.

Una de las funciones más importantes del CIP es su proyección hacia el mundo educativo, no sólo en el nivel de postgrado e investigación, sino a nivel básico, ya que si queremos tener ciudadanos responsables y comprometidos, tenemos que trabajar desde el ámbito escolar. Para ello, facilita- mos a los educadores formación y material adecuado para trabajar en el aula el respeto a los valores fundamentales: la convivencia y el respeto al otro a través de la educación intercultural, la protección del medio am- biente mediante la educación ambiental, la resolución y mediación de conflictos a tra- vés de la educación para la paz...

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Adaptación a los nuevos tiempos

Tras un proceso de reflexión colectiva, y a tenor de los cambios y tendencias emergentes en el panorama mundial, el Centro de Investigación para la Paz ha emprendido la ardua tarea de detectar cuáles son los temas que despiertan un mayor interés e inquietud en la sociedad. Estos temas tienen que ver sobre todo con la crisis ecológica y el impacto que nues- tros estilos de vida está dejando sobre el planeta (el cambio climático, la falta de sostenibilidad, la huella ecológica). Por otra parte, la falta de vertebración social en un mundo que sufre un consumo exce- sivo en algunas zonas y que no es capaz de acabar con la lacra de la pobreza que asola a gran parte de la humanidad, con- vierte el tema de la satisfacción de las ne- cesidades humanas en otro de los focos de interés de este renovado CIP, ahora CIP- Ecosocial.

El tercer ámbito lo constituyen las cues- tiones relacionadas con el desarrollo y la calidad de la democracia, así como la im- portancia del reconocimiento de la diver- sidad social, el respeto a la alteridad y el desarrollo de un nuevo concepto de ciu- dadanía. Estas tres líneas se complemen- tan con una cuarta que analizará las situaciones de conflictos y falta de seguri- dad generadas fundamentalmente por el control de lo recursos naturales y por las desigualdades en la distribución de los cos- tes ambientales.

El Centro de Documentación también ha realizado importantes cambios, en re- lación a dos aspectos: el primero, en cuanto al contenido de sus fondos, acom- pañando al CIP-Ecosocial en sus labores de reorientación, adaptando sus áreas a las nuevas líneas de investigación, y dando prioridad a los nuevos temas, sobre algu- nos que, sin abandonarse del todo, han dejado de ser prioritarios. El segundo cam- bio tiene más que ver con la manera de trabajar, y es el resultado de un estudio sobre los profundos cambios que se han producido en las formas de acceso a la do- cumentación.

En este sentido, la implantación de In- ternet como vehículo de transmisión de la información, y la consiguiente eliminación de las barreras geográficas, espaciales y temporales, han modificado el uso tradi- cional que se hacía de las bibliotecas y cen- tros de documentación. Para conseguir información ya no es necesario personarse en una biblioteca, sino que Internet nos ofrece una gran oferta, sin salir de casa. El problema es que entre la maraña de infor-

mación que es la Red, su falta de criterio, las diferentes “estrategias” de posiciona- miento en la web que adoptan algunas pá- ginas y desarrollo de la parte invisible de Internet, se hace difícil encontrar informa- ción veraz, de calidad y pertinente a las ne- cesidades reales de los usuarios.

Este problema se agudiza aún más en el caso de información especializada como la nuestra. Por ello, la disminución del nú- mero de visitas al Centro y la evolución del perfil de los usuarios nos ha llevado a hacer una profunda reflexión sobre cuáles eran las modificaciones a llevar a cabo con el fin de adaptarse a los nuevos usos do- cumentales del siglo XXI. Como nuestra prioridad son los usuarios, si el usuario ac- tual ha decidido modificar sus pautas y costumbres a la hora de acceder a la do- cumentación, nosotros debemos ofrecerle el mismo servicio de ayuda y asesora- miento que cuando visitaban físicamente el Centro, pero ahora desde la distancia.

La posibilidad de proyección de nues- tros fondos, pero sobre todo de nuestra fi- losofía de trabajo, a través de la Red, nos llevó el año pasado a emprender el pro- yecto de creación de un Centro de Docu- mentación Virtual (CDV), que respondiera a los principios de labor social que defen- demos, pero, eso sí, con una dimensión global. Las paredes de nuestra biblioteca ya no van a ser una barrera para su pro- yección, sino que alcanzaremos lugares donde antes no habíamos llegado. Nues- tra comunidad de usuarios no se va a cir- cunscribir a aquellos que pueden acceder físicamente a los documentos, sino que nuestra labor traspasará todas las fronte- ras y facilitará a los usuarios una comuni- cación asíncrona con nuestro centro.

El salto a la virtualidad no va a modifi- car nuestro compromiso con los usuarios, sino que va a conllevar nuevas posibilida- des, tales como: - La integración y aprovechamiento de

todos los recursos que ofrece Internet, independientemente de su soporte.

- El diseño y gestión de un nuevo servicio que sea accesible, de fácil manejo y efi- ciente.

- La puesta a disposición de los usuarios de documentos de producción propia, correspondiente a cualquier etapa de la historia del CIP, lo cual permitirá la vi- sibilidad externa del gran capital inte- lectual que posee nuestra institución.

- El desarrollo de productos de informa- ción especializados, como un Directo- rio de Enlaces que de forma categorizada nos permita mostrar al usuario una selección de organizacio- nes e instituciones de interés para cada ámbito temático.

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- La posibilidad de descarga a texto com- pleto de documentos relevantes me- diante enlaces profundos, que son respetuosos con los derechos de autor.

- La selección, a través de la hemero- teca de un abanico de revistas espe- cializadas, indicando cuáles se pueden consultar en nuestra biblioteca y las que poseen un formato electrónico y permiten la descarga total o parcial de sus contenidos a través de su página web. Este salto tampoco debe modificar

nuestra labor de búsqueda, filtro y servi- cio de referencia para nuestros investiga- dores y usuarios externos, con la diferencia de que ahora podemos hacerlo a otros niveles. Para comprobar el éxito del nuevo servicio contamos con una he- rramienta gratuita que nos ofrece un po- tente buscador en Internet que permite hacer un análisis de control de las visitas a la página del Centro de Documentación Virtual y gracias a la cual, hemos podido constatar más de 2.000 visitas en los cua- tro primeros meses de vida. Esta herra- mienta también nos ofrece datos de los lugares de procedencia de dichas visitas, mostrando un panorama global de usua-

rios que ya son reales, y que proceden fundamentalmente de España y de Amé- rica Latina, aunque hay visitas desde todos los continentes.

Si analizamos los resultados de este análisis y los comparamos con las visitas recibidas en el centro durante los años nos damos cuenta que en cuatro meses hemos superado el número de visitas de los últi- mos siete años, lo cual confirma la impor- tancia de continuar con nuestro compromiso de excelencia del servicio, de respeto a la libertad de información, y la oferta de información veraz y contrastada, así como el apoyo a la promoción de la in- vestigación, eso sí, a través ahora de la Red.

A la luz de estos datos, podemos afir- mar que nuestro Centro de Documenta- ción Virtual va camino de convertirse en un lugar de encuentro y reflexión entre el personal de la institución, los investigado- res y colaboradores vinculados con ella y un colectivo de usuarios virtuales, donde se aborden, desde un punto de vista mul- tidisciplinar, diferentes aspectos de la rea- lidad actual, con el fin de impulsar la protección del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y las desigualdades so-

ciales, y la promoción de la democracia y la paz en el mundo.

Para concluir, quisiera destacar cuán afortunada me siento por poder aplicar mis conocimientos de gestión documental en un Centro donde la información se convierte en un instrumento para favore- cer el desarrollo de una Cultura de Paz, y estoy convencida de que si nuestra labor contribuye a mejorar un poco el mundo que nos rodea, todo nuestro esfuerzo habrá merecido la pena.

Empecé el artículo con unas palabras mías, pero me gustaría acabarlo con unas palabras de Carlos Berzosa, Rector de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Asesor del CIP, que resumen muy bien los principios que he querido destacar en todo momento: “La sociedad del conocimiento que queremos construir entre todos ha de ser, ante todo, una sociedad humana, libre, igualitaria, respetuosa con las diferencias, tolerante, democrática, pacífica, en la que el conoci- miento sea la puerta abierta al sentido crí- tico, a la refutación de las ideas dominantes y a horizontes nuevos de dignidad, de paz, de libertad y de enriquecimiento espiritual tanto individual como colectivo”.ou

La biblioteca de Gandía

Durante el tiempo que llevo trabajando en la adaptación de bibliotecas a la multi- culturalidad he tenido ocasión de conocer variados y sugerentes discursos relaciona- dos con la inmigración en los que he po- dido advertir una pauta común: esa cautela generalizada en el uso de la termi- nología relacionada con el tema, como si, por un consenso tácito, tuviéramos que utilizar las palabras con la mayor asepsia posible. Me explico: hay cierta tendencia a evitar nombrar directamente términos como “inmigrante” o “extranjero”, porque su uso en mensajes de dudosas intencio- nes –o no tan dudosas–, ha provocado que se les identifique fácilmente con su versión más despectiva y mezquina, pervirtiendo su significado esencial. Creo que ha lle- gado el momento de efectuar algunos reajustes en nuestros discursos y de volver a llamar a las cosas por su nombre. Ha- blar de inmigrantes no equivale a hablar de una condición inferior de las personas que se deciden a migrar. Desde el punto de vista sociológico y demográfico, el tér- mino “migración” hace referencia al “des- plazamiento de individuos o grupos humanos de unas zonas a otras de pobla- ción, con cambio temporal o definitivo de residencia” (1). Es cierto que estos movi- mientos provocan cambios, a veces ines- perados, tanto en las poblaciones de

partida como en las de destino. Pero estos cambios no deberían entenderse como si- tuaciones irregulares con carácter tempo- ral y de por sí conflictivas, sino más bien como procesos evolutivos, más o menos complejos, de las poblaciones. Esto signi- fica que en el momento en que una co- munidad empieza a ser receptora de individuos de diversa procedencia, debe asumir la nueva situación como indefinida y plantear estrategias políticas que permi- tan hacer frente a las transformaciones so- ciales que va a experimentar. Con ello quiero establecer el principio que rige nuestro trabajo en la biblioteca de Gandía (Valencia): los inmigrantes no son vistos ni tratados como grupos desfavorecidos o discriminados por el hecho de ser inmi- grantes, sino que se les presupone la cua- lidad de la diferencia (por hablar una lengua distinta o por una simple cuestión de ritmos o de hábitos) y les es reconocido su derecho a ser atendidos por igual, con el ofrecimiento de materiales y recursos apropiados, que garanticen este principio de igualdad.

De todos es sabido que durante los mo- vimientos migratorios mundiales más re- cientes, España ha sido y sigue siendo uno de los países de destino para grandes gru- pos de desplazados, sobre todo de países de Sudamérica, de Europa del Este y del continente africano. Dentro del territorio español, algunas comunidades soportan una mayor presión demográfica, resultado de la llegada de mayor número de inmi-

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Servicios multiculturales: bibliotecas para usuarios de múltiples nacionalidades

Coordinadora de la Junta Multicultural, Red de Bibliotecas Públicas de Gandía

Gisela Sendra Pérez

grantes en un plazo de tiempo relativa- mente corto. Este sería el caso de la Co- munidad Valenciana y, más concretamente, de la ciudad de Gandía, cuyo trabajo relacionado con la diversidad cultural en las bibliotecas se menciona en este artículo.

Para empezar, me gustaría rescatar, como elemento para la reflexión, algunas manifestaciones a propósito de la multi- culturalidad expuestas por Edgardo Civa- llero (2), en las que expresa con rotundidad su desacuerdo respecto a la nueva moda de etiquetar como “multicul- turales” las bibliotecas que, simplemente, se limitan a cumplir con su deber ético si- guiendo las recomendaciones de la UNESCO en cuanto a la función de la bi- blioteca pública como tal. Civallero plan- tea cuestiones que a primera vista resultan obvias, pero que en el fondo son suficien- tes para suscitar un interesante debate sobre la materia: “¿Cuál es la diferencia entre una biblioteca pública y una multi- cultural?”. Lo cierto es que el capítulo ter- cero del Manifiesto de la Biblioteca Pública de la IFLA/UNESCO, de 1994, empieza así: “La biblioteca pública presta sus servicios sobre la base de igualdad de acceso a todas las personas, independien- temente de su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o condición social”. Este concepto se amplía y aclara en las di- rectrices (3) posteriores, revisadas y publi- cadas en 2001, entre las que podemos encontrar propuestas como: “El objetivo de la biblioteca pública es servir a todos los ciudadanos y grupos (...). La biblioteca pú- blica ha de prestar sus servicios basándose en el análisis de las necesidades de la co- munidad local (...). Los servicios deben ajustarse a los grupos destinatarios que se haya identificado en la comunidad (...). Las bibliotecas públicas han de estar dispuestas a adaptarse y evolucionar al ritmo de los cambios que se produzcan en la socie- dad”.

Paralelamente, diversos estudios (4) su- gieren que una comunidad, aunque tienda a la homogeneidad, está siempre com- puesta por individuos con características diferentes que pueden ser agrupados según múltiples criterios que los identifica como subgrupos dentro de la comunidad. Por ejemplo, podríamos establecer colec- tivos por edades, por género, por profe- sión, por aficiones, por condiciones físicas, por creencias religiosas, por status social, etcétera, lo que nos conduce al hecho indiscutible de que en toda sociedad existen culturas diferenciadas o subcultu- ras, no necesariamente relacionadas con los flujos migratorios, entre las que se dan, además, interacciones que provocan el

surgimiento de nuevas culturas híbridas. Es decir, la sociedad es multicultural en cual- quier caso.

Por tanto, podemos considerar legítima la observación de Civallero en cuanto a la inutilidad de otorgar a las bibliotecas la particularidad de ser “multiculturales”, por dos motivos: uno, se trata de una redun- dancia, ya que la “diversidad cultural” es una cualidad inherente a la sociedad y, por tanto, no tendría por qué ser tratada como un característica nueva ni original en la concepción de las bibliotecas; y dos, se trata de una obviedad por las ya conoci- das funciones que debiera cumplir toda bi- blioteca pública. Estas afirmaciones se apoyan en el principio básico de que las bibliotecas tienen el compromiso de aten- der las demandas de la comunidad en que se asientan.

A pesar de la lógica manifiesta, tam- poco podemos negar que el fenómeno mi- gratorio ha provocado una forma, si no nueva, sí peculiar, de diversidad cultural: la que concurre por la incorporación de grandes grupos de individuos procedentes de otros países. Es evidente que el hecho de proceder de otro país no sólo conlleva la nacionalidad como distintivo de origen, sino que engloba un complejo paquete de atributos ideológicos y culturales que se trasladan con las personas como parte de sí mismas y que puede producir choques allá donde no se perciban como propios. En el fondo, no es la nacionalidad en sí la que genera conflictos, sino los prejuicios existentes, de unos y de otros, hacia lo di- ferente o ajeno. Esta presunción nos plan- tea un reto interesante: tendremos que ser capaces de llevar a cabo una revisión pro- funda de la interpretación que damos a

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nuestras percepciones, de nuestra versión de los hechos, para poder dar respuestas que se ajusten a las verdaderas demandas.

En este contexto, las bibliotecas, en- tendidas como centros culturales de ca- rácter público, deben estar preparadas para los cambios poblacionales causados por los desplazamientos demográficos. Pero no se trata tanto de llevar a cabo grandes transformaciones que las con- vierta en lo que ya deberían ser –centros “inter”, “multi”, o “pluri” culturales, como se quieran llamar–, sino más bien de ac- tualizarlas de manera paulatina, tratando de subsanar los posibles defectos en cuanto a la diversidad informativa y a las diferentes vías de acceso a la información que nos exige hoy la población y que, por su parte, las TICs nos permiten.

Uno de los grandes inconvenientes que encontramos en los servicios públicos, se halla en las diferencias idiomáticas. Parece que ahí radica una de las mayores dificul- tades. Aunque es cierto que las creencias religiosas o los usos y costumbres de ori- gen provocan choques culturales en la co- munidad, estos pueden suavizarse y llegar a ser comprendidos o aceptados, cuando no compartidos, si conseguimos una buena comunicación entre las partes. Por ello, el idioma adquiere tanto protago- nismo al iniciarse una relación, porque la transmisión y el entendimiento de los mensajes es primordial para provocar el interés o el acercamiento hacia aquello que es nuevo –refiriéndome tanto a lo nuevo que encuentra “el que llega” como a la nueva situación que se produce para “quien ya estaba”–.

Desde este punto de vista, el primer paso hacia la actualización de nuestras bi- bliotecas sería el reciclaje y la capacitación de las personas que prestan atención di- recta al público en la utilización de otras lenguas, en el conocimiento de otras cul- turas y en la familiarización con imagina- rios colectivos distintos a los nuestros. El segundo paso se centraría en la adquisi- ción, distribución y difusión de los mate- riales en todos los idiomas posibles (de entre los que utilizan los residentes del mu- nicipio en cuestión). La diversificación idiomática en la oferta de nuestras colec- ciones es imprescindible para la consecu- ción de un objetivo justo y en el que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad: la salvaguarda de las lenguas minoritarias. Ekman (5), en sus reflexiones sobre cómo llegar a los usuarios, apunta: “La nueva lengua es la clave para integrarse en la so- ciedad, para estudiar y para trabajar. Pero la lengua materna es tu corazón y tus sen- timientos, la clave para contactar con tu origen y con el futuro de tu patria, la clave

para contactar entre padres, abuelos e hijos. Saber más de un idioma es un be- neficio tanto para el individuo como para la sociedad”. Nuestra propia experiencia nos demuestra que el hecho de disponer de literatura de otros países en su lengua original predispone a sus lectores a una mejor aceptación de su nueva realidad. La posibilidad de encontrar algo que les re- sulta familiar les ayuda a relajarse, a bajar la guardia, y con ello a entablar con mejo- res ánimos el diálogo con sus nuevos veci- nos.

Aquí juegan su primer papel las biblio- tecas públicas. La disponibilidad de fondos en diferentes idiomas es una de las ma- niobras iniciales que hay que llevar a cabo cuando se trata de mejorar el servicio, pero no es la única, ya que si pretende- mos acabar hablando de utilidad y de efi- cacia, considero primordial en este proceso la implantación de nuevas tecno- logías y el fomento de su uso como herra- mienta al servicio del conocimiento.

En la biblioteca de Gandía nos propu- simos, en 2003, la reorganización de al- gunos espacios y la ampliación de recursos para poder adecuar este servicio a posi- bles usuarios que empezaban a hacerse presentes en nuestra población. La biblio- teca como tal se ofrece del mismo modo antes y después de plantearnos la necesi- dad de iniciar un proyecto relacionado con la multiculturalidad, pero nuestro trabajo ha repercutido positivamente en la pobla- ción inmigrante, provocando un aumento significativo del porcentaje de extranjeros en el censo de usuarios. Este porcentaje es hoy equivalente al de la población en general, lo cual nos indica que el uso de nuestras bibliotecas se ha equilibrado en lo que se refiere a las nacionalidades presen- tes. Además, se da un hecho que, aunque parezca carecer de importancia, en el fondo es un buen síntoma: el uso de las bi- bliotecas por parte de inmigrantes se ha normalizado entre los usuarios no extran- jeros, es decir, hoy en día a nadie le llama la atención la presencia de usuarios de muy distinto origen y condición. Y re- marco la importancia de este hecho por- que haber conseguido que personas con rasgos diferentes puedan pasar desaperci- bidas es muestra de aceptación, o al menos de ausencia de prejuicios respecto a quien lee, estudia o realiza un préstamo justo al lado.

Hay que destacar el papel de la pro- gramación sociocultural que se lleva a cabo desde la red de bibliotecas, dentro de un programa ambicioso que abarca todas las actividades en conjunto. Todas se pla- nifican al mismo nivel y se ha constatado que la asistencia y la participación en estas

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actividades es completamente indepen- diente de la nacionalidad, basándose, como es natural, en los intereses e inquie- tudes de los usuarios por los temas que se ofrecen, los cuales por su parte, son de una enorme diversidad. Encontramos, por poner algunos ejemplos, actividades de animación lectora para niños y para adul- tos, club de jazz, taller de teatro, escuela de padres, clubes de lectura, exposiciones de muy variadas temáticas... Todas ellas se enmarcan en el mismo entorno: la propia biblioteca; se difunden y ejecutan si- guiendo las mismas pautas y normas y se valoran con los mismos baremos de utili- dad y eficacia. Con esta actitud se garan- tiza que el acceso al conocimiento, la información y las obras creativas estén a disposición de todos los miembros de la comunidad por igual.

Los fondos Una de las responsabilidades de la bi-

blioteca es recopilar, mantener y difundir la información relativa a la historia y la memoria de la comunidad: la información local. Es muy importante para el ciuda- dano estar al corriente de la historia del lugar en que vive para entender mejor la situación presente y su posible evolución. Desde la biblioteca se hace un gran es- fuerzo en proporcionar esta información a los recién llegados para ayudarles a co- nocer el estado actual de la comunidad en que se encuentran y facilitarles así la com- prensión de su nueva realidad. Se progra- man cursos de aprendizaje de la lengua local (valenciano en nuestro caso), foros de

debate sobre temas de la comarca, activi- dades para la familiarización con los servi- cios bibliotecarios, etcétera. Pero nuestro compromiso ha de ir un poco más allá, puesto que nuestro objetivo es adecuar los servicios a las necesidades de unos usua- rios que vienen de muy lejos. Para ello, hemos de darles la oportunidad de acer- carse también a la historia de sus comuni- dades de origen, ya que si no lo hacemos, muchos de ellos podrían perder el nexo de unión con su tierra natal, con su propia historia y algunos, dada su corta edad, ni siquiera llegarían a establecerlo, lo cual sería una imprudencia y una irresponsabi- lidad por nuestra parte no hacer algo por evitarlo.

Pero la adquisición de fondos significa- tivos para la creación de pequeños archi- vos de la memoria es una tarea ardua. Tengamos en cuenta que entre los ciuda- danos que hoy componen nuestras comu- nidades pueden identificarse infinidad de lugares de procedencia, lo cual supone compilar infinidad de “historias locales”. La nacionalidad no es referencia sufi- ciente, ya que su concepto es excesiva- mente amplio, pero nos puede servir como base a partir de la cual ir profundi- zando hacia zonas concretas que se ajus- ten al origen de cada grupo. Con este fin, hemos empezado a desarrollar un nuevo proyecto de coordinación y conexión con bibliotecas de las ciudades de procedencia de nuestros usuarios, con algunas de las cuales ya hemos establecido relaciones de intercambio y colaboración, con buenas expectativas de ampliación en el futuro. Contamos también con las nuevas tecno- logías como herramienta imprescindible

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