EL HUMANISMO EUROPEO Y SU IMPORTANCIA RESPECTO A LA CULTURA CLÁSICA, Apuntes de Traducción. Universidad de Salamanca (USAL)
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EL HUMANISMO EUROPEO Y SU IMPORTANCIA RESPECTO A LA CULTURA CLÁSICA, Apuntes de Traducción. Universidad de Salamanca (USAL)

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Asignatura: Tradicion clasica, Profesor: J J, Carrera: Estudios Hebreos y Arameos, Universidad: USAL
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Yamil Aliende Goldáraz

LA IMPORTANCIA DE LA TRADICIÓN

CLÁSICA EN EN HUMANISMO EUROPEO

EL RESURGIMIENTO DEL IDEAL DE “HUMANITAS”

Antes que nada debemos situar al humanismo renacentista entre la segunda mitad del

siglo XIX y finales del siglo XVI. Hasta entonces, Europa se encontraba sumida en la

oscura Edad Media que debido al gran influjo de la religión cristiana, tenía unos rasgos

socio-culturales muy marcados. La tierra era un baño de lágrimas. La insignificancia del

hombre pecador por naturaleza que busca el perdón de un Dios distante en su

perfección. El temor a la llegada del Juicio Final. La concepción ptoloméica del

universo. A esto hay que sumarle la estratificación y el inmovilismo social, con una

ruptura social insalvable; y el plano político, la constante pugna entre las cabezas

visibles de los dos grandes poderes (Papa y emperador), por imponer su superioridad.

En este ambiente de pesimismo e inestabilidad surge una corriente literaria de la mano

de Petrarca. Se buscarán los antiguos manuscritos hasta entonces ocultos en las

bibliotecas de conventos. Luego de la celebración del Concilio de Florencia (1439),

encomendado a unificar la fe católica y ortodoxa; así como la posterior caída de

Constantinopla (1453), propiciaron la renovación del conocimiento griego en occidente.

La sociedad sentía curiosidad por los saberes antiguos recogidos en aquellos códices,

permitiendo su estudio de forma más sosegada a los intelectuales.

Surge entonces la humanae litterae, que se enfrenta a la hasta entonces reinante divinae

litterae. Del mismo modo se inicia un proceso de purificación de los escritos antiguos,

con el fin de descartar modificaciones posteriores que por adaptar el texto al canon

cristiano acababan desvirtuándolo. Sin embargo, los fines del humanismo no concluían con esta actividad de recuperación. No se buscaban los grandes modelos de la

antigüedad únicamente para admirar su belleza e imitarla; el verdadero cometido abrir

el camino al cambio en la moral, el arte, la política, etc. Imitar a los antiguos para

educar los presentes en las virtudes de éstos. Por ello el humanismo renacentista hace

suyo el papel que en su momento ya interpretaron grandes figuras como por ejemplo

Cicerón y Varrón en la Roma republicana. En definitiva el ideal de romano de

humanitas es decir: la educación. La educación o más bien el desarrollo humano

mediante la educación, el paso del estado natural al estado civil; y para lograrlo se echó

mano de grandes herramientas formadoras como son la filosofía, la filosofía y las artes.

LA NUEVA IMAGEN DEL HOMBRE

La literatura humanística a pesar de sus diversas temáticas tiene como objetivo

primigenio recobrar la fe en la creatividad del hombre; en su capacidad de transformar

el mundo y forjar su destino. Así es como ya en los primeros humanistas aparecen

claros los grandes motivos de la exaltación del hombre y de sus capacidades creadoras,

y la ruptura de la concepción medieval. Un ejemplo de ello es Giannozzo Manetti; una de las primeras personalidades del Humanismo. En su libro “La dignidad y la

excelencia del hombre”, critica a una de las obras más representativas de la mentalidad

medieval; “La miseria de la vida humana”, escrito el diácono Lotario di Segni

(posteriormente Inocencio III). Manetti exalta al hombre en su naturaleza conjunta

(física y espiritual), contraponiéndola al ideal del De Contemptu Mundi. Tanto las

aptitudes como actitudes humanas son dignas de alabanza, y la libertad que le confiere

Dios, un signo inequívoco de la especial relación con los une. Otro claro ejemplo es

Lorenzo Valla, que en su diálogo “El placer”, ataca uno de los aspectos centrales de la

ética medieval: el rechazo del cuerpo y el placer. Haciendo uso de la concepción

epicúrea, conocida gracias al redescubrimiento de Lucrecio, arremete contra la moral

ascética. Para Valla toma acción humana irremediablemente tiene tintes hedonista; y eso

incluye la ansiada espera de la vida eterna, pues las Sagradas Escrituras se refieren a

ella como “paradisus voluptatis” (paraíso del placer). Según Valla, no se pueden

contraponer cuerpo y espíritu porque no existe una parte superior a otra. Por otro lado el

placer, lejos de ser un pecado es más bien un don divino (divina voluptas), pues es

donde la naturaleza se expresa con mayor fuerza.

LA NUEVA IMAGEN DEL MUNDO

La clave para entender el mundo natural está en el hombre. El hombre es el código, el

paradigma del universo, y que como microcosmos, presenta las mismas características

fundamentales. El hecho de que todas sus partes se interrelacionan y desarrollan

funciones complementarias, lo asemejan al equilibrio silencioso del universo. Los

distintos niveles en los que el universo se configura (minerales, plantas, animales, seres

humanos, inteligencias superiores), no están sino interrelacionados por

misteriosas correspondencias. Cada cual, en su plano, es la manifestación de una forma

ideal; cada unidad es el signo de un aspecto esencial de la naturaleza.

El estudio de los astros y de las leyes de la naturaleza implica el uso de las matemáticas

Fiel a la concepción pitagórica y platónica, el humanismo renacentista ve los números

y las figuras geométricas como simples instrumentos para el cálculo o la medición; sino

entes individuales. Así por ejemplo, el humanista Luca Pacioli redescubre la proporción

áurea, considera como hicieran en su momento Pitágoras y Platón, que la matemática es

el fundamento de todo lo existente. Para el humanismo del Renacimiento existe en la naturaleza un orden matemático que puede ser descubierto y reproducido, y este ideal

alimentó un espíritu de búsqueda y experimentación que fue fundamental para el

desarrollo de la razón.

BIBLIOGRAFÍA:

PELÉ ANTONIO, El discurso de la dignitas hominis en el humanismo del

renacimiento, (Madrid, Ed. Dyckinson, 2012).

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