Ensayo lucrecio, Monografías de Filosofía. Universidad Adolfo Ibáñez
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Ensayo lucrecio, Monografías de Filosofía. Universidad Adolfo Ibáñez

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Ensayo de Lucrecio
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Ensayo: “Las limitancias de la libertad individual bajo la potestad de la institucionalidad religiosa que impone el estado”

Lucrecio, destacado filósofo romano (99 a.C – 55 a.C) , creó a lo largo de su vida una corriente filosófica que permitió ver el mundo de una manera totalmente distinta a la que hasta ese minuto se veía. Luchó contra la religión argumentando coherentemente, que ésta imponía en las personas una

gran suma de males. A continuación daré a disposición de ustedes mis razones por las cuales considero al igual que él, que las personas se deben negar a toda práctica supersticiosa o más bien,

religiosa.

A lo largo de mucho tiempo, incluso en la actualidad, las religiones han puesto a los hombres a disposición de las mismas generando terror e incertidumbre. Se ha llamado a las personas a comportarse de manera “ética” puesto que de lo contrario el Todopoderoso no será piadoso, generando en los fieles miedo al porvenir y por defacto, una intranquilidad del alma. Aquí una de las falacias más utilizadas por cristianos: “Yo me ire al cielo y vos al infierno” (apelación al temor).

Para analizar los efectos que ha generado la superstición sobre el hombre solo bastaría analizar el uso que le han dado los grandes gobernantes. Los políticos usaron/usan a la superstición como herramienta para hacer cumplir las leyes y justificar su posición en la sociedad. Usaban como excusa a los Dioses para poder invadir distintas regiones y robar. Por ello Lucrecio critica fuertemente a la religión, a creer en aquello que las personas no pueden ver ni tocar, a lo que no está compuesto por lo se compone todo cuerpo en el universo, átomos. A continuación les dejo una cita que refleja a cabalidad lo planteado:

“(…) dado que la multitud es inconstante y desenfrenada en sus ilícitos deseos, fácil a la ira, violenta e impetuosa, no queda más remedio que tenerla sujeta con misteriosos terrores”. (1)

1. POLIBIO, Historias, VI, 56, 2.

Si bien esta cita podría ser un buen argumento para apoyar el uso de la divinidad en materia política, no lo es si consideramos que se le está mintiendo a la gente, imponiéndoles una farsa religiosa, un Dios que no existe. Tampoco lo es si se reprime aquellas personas que desean ser “libres” practicando una cultura distinta a la del “estado”. Durante muchísimos años y aún en los tiempos actuales, existieron represiones a todo hombre que no practicase la religión oficial y un ejemplo de ello es la inquisición. Respecto a esto último, dos famosos autores se pronuncian.

“El fuego y el humo cubren las imágenes aullantes de los hombres, mientras ya han consumido las silenciosas de los fantoches, de los contumaces. Algunos han gritado su conversión, otros la definitiva blasfemia. Las llamas han consumido al digno y al indigno”.(2)

(2) Natale Benazzi y Matteo D’Amico, Barcelona, El libro negro de la Inquisición, pp. 260-262 (Hay quienes consideran falaz mencionar la inquisición al momento de criticar a la Iglesia. A menudo hay escapes de contexto y se tilda a la Iglesia como “mala” dado un hecho puntual, sin embargo en esta ocasión hago énfasis en que las represiones no han sido únicas y solo me detengo a mencionar una de las muchas).

Autores como Mijail Bakunan plantean que el hombre ha sido engañado. Éste, acoge un contrato social que busca seguridad a cambio de la pérdida de ciertas libertades. Pero el surgiente estado a menudo adopta una religión como oficial. El autor describe las consecuencias:

“La idea de Dios implica la abdicación de la razón humana y la justicia humana; es la negación más decisiva de la libertad humana y lleva necesariamente a la esclavitud de los hombres, tanto en la teoría como en la práctica.” (3)

(3) Mijail Bakunan, Dieu et l'état

Volviendo a la inquisición, la fé fue argumento para robar la riqueza de los herejes he inclusive la de los fieles (donantes), empobreciéndolos. El usufructo imparable de las autoridades las hizo ricas y las inversiones de esta empresa se tradujeron en la edificación de más altares.

Por otro lado me gustaría hacer noción a la serenidad. Ésta es la condición óptima que a criterio de Lucrecio, permite la tranquilidad del alma, la generación de placer. Un cuerpo intranquilo, afectado por la superstición, sufrirá. Comparto por completo su postura en esta materia. Hay que controlar los incentivos a tener un espíritu supersticioso pero no por ello nos vamos a deshacer de la cultura. El no eliminar de raíz la cultura religiosa permitirá, primero, observarla y entender las grandes equivocaciones de la especie humana, y segundo, admirar (no al dios en sí) el arte creado gracias a ella. A continuación os dejo otra cita que explica el pensamiento de Lucrecio:

“(…) Es decir, si alguien prefiere llamar al mar Neptuno o decide denominar al vino Baco, es indiferente siempre que no se contamine con esta superstición”. (4)

4. Cfr. L., II, 654-659.

Resumiendo, pretendo entonces, aceptar la mitología, no la superstición. Esta última genera temores y por ende, la intranquilidad del alma. Nos esclaviza a un sistema dotado de supuestas divinidades. Se acepta como válida las interpretaciones alegórico-morales del mito resguardando siempre el no caer en supersticiones. Esto se comprueba en la siguiente cita:

“En consecuencia, el efecto que la filosofía de Lucrecio tuvo en su tiempo fue el oponerse a la superstición de los romanos, ayudando a los hombres a sobreponerse a ella” (5)

5. Vid. CICERÓN, De natura deorum, I, 20.

A modo de conclusión, recalco mi postura: “me opongo rotundamente a que el estado imponga prácticas religiosas, éstas traen males y se alejan del bienestar”. A fin de hacer valer las leyes, usar a la religión como medio no es más que utilizar un método maquiavélico. Yo rechazo este mecanismo puesto que la religión por ningún motivo debe justificar las pretensiones políticas. Se ha comprobado, tanto con Lucrecio como con otros autores que los dioses han traído temor a la población, generado caos, muertes y abusos. Se han destinado grandes sumas de recursos a la construcción de altares y no a lo que realmente importa, lo real, lo atómico, las personas. Ian Hites

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