Examen junio 2019 - TT, Ejercicios de Traducción. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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Examen junio 2019 - TT, Ejercicios de Traducción. Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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Asignatura: Revisión y Corrección de Traducciones B2-A, Profesor: Carlos Fortea, Carrera: Traducción e Interpretación, Universidad: UCM
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HELMUT KOHL

8 NOV 2009

El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín. Habían pasado más de cuatro

decenios desde del comienzo de la guerra fría y 28 años desde el momento de su

construcción.

Durante décadas, el muro de Berlín no sólo desgarró familias, una ciudad y un país en

dos partes, lo que ya es bastante malo. También era un símbolo de la guerra fría.

Representaba la división de Berlín, de nuestro país, de Europa y del mundo en una parte

libre y en una no libre.

Finalmente, el muro cayó de forma completamente pacífica, sin un tiro, sin

derramamiento de sangre. Fue como un milagro. La protesta pacífica de las personas de

la República Democrática Alemana (RDA) había ido cobrando impulso de forma lenta,

pero continuada, a lo largo de los meses; y finalmente, era ya incontenible. El obstinado

régimen del Partido Socialista Unificado (SED) de la RDA, que hasta el último

momento había rechazado reformas fundamentales, fracasó por la voluntad de libertad

de las personas, tal como Konrad Adenauer, el primer canciller de la República Federal

de Alemania (RFA), había pronosticado hacía 40 años.

Después de la caída del muro, en noviembre de 1989, no iba a transcurrir ni siquiera un

año hasta que alcanzáramos la reunificación en paz y libertad, con la aprobación de

nuestros socios y aliados en el mundo. El 3 de octubre de 1990 pudimos celebrar el día

de la unidad alemana. Fue un triunfo de la libertad.

Por tanto, el 20º aniversario de la caída del muro es para nosotros, los alemanes, sobre

todo un día de gran alegría y gratitud. Al mismo tiempo, también representa para

nosotros una fecha importante para tomar conciencia del contexto histórico en el que

cayó el muro y en el que posteriormente se produjo la unidad alemana. Porque ni la

caída del muro ni la reunificación son acontecimientos inevitables de la historia, que se

dieron de ese modo, sin más.

Antes bien, la caída del muro y la reunificación son el resultado de un permanente y

difícil acto de equilibrio político que se remontaba a 1945-1949 y que siempre fue

extremadamente discutido. Era el constante equilibrio entre el distanciamiento y el

acercamiento. Por un lado, se trataba de mantener abierta la cuestión alemana. Por otro,

se trataba de construir, en la medida de lo posible y sin renunciar a las propias

posiciones fundamentales, unas "relaciones normales" entre la República Federal de

Alemania y la RDA, de facilitar la vida a las personas de la parte oriental de nuestro

país y de contrarrestar el extrañamiento entre los alemanes del Este y del Oeste.

Yo jamás dudé de que el muro caería en algún momento y de que Alemania volvería a

unirse. Pero siempre fue una pregunta abierta cómo y cuándo ocurriría esto. Durante

largo tiempo ni siquiera supe si esto sucedería mientras viviera. Siempre estuvo claro

que para que eso ocurriera debían concurrir muchas cosas; tal como sucedió durante los

años 1989 y 1990. No sólo la voluntad de libertad de las personas de la RDA; no sólo

la glásnost y la perestroika; no sólo la política de distensión entre Oriente y Occidente;

no sólo el presidente de EE UU, George Bush; no sólo el secretario general soviético,

Mijaíl Gorbachov; no sólo el canciller alemán: nadie se habría bastado por sí solo para

llevar a cabo la caída del muro y la reunificación. Se requería más bien una feliz -me

gustaría decir histórica- constelación de personas y acontecimientos.

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