f, Ejercicios de Periodismo. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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TEMA 7: COMUNICACIÓN INSTRUMENTAL Y REFERIDA A LOS EFECTOS

EXPRESIONES INSTRUMENTALES Y REFERIDAS A LOS EFECTOS. DIFERENCIAS

a. Generalmente cuando los Actores comunican, incluyen indicaciones instrumentales

Son instrumentales aquellas manifestaciones comunicativas que les permiten a los Actores:

1º Identificar, ponerse de acuerdo a propósito de lo que se trata, describirlo, evaluarlo. Son indicaciones que tienen que ver con el objeto de referencia de la comunicación. Así cuando se dice “Madrid es la capital de España”.

2º Describir, proponer, explicar, cuándo y de qué manera hay que actuar con las herramientas, con los objetos, con las personas, en las diferentes situaciones.

Son todas las indicaciones que sirven para coordinar, pautar, las actuaciones de los Agentes. Así cuando se dice “yo friego los cacharros y tú haces las camas”.

b. Las comunicaciones también pueden incluir otras indicaciones que se refieren a los efectos de la interacción.

En esta tipología he distinguido entre dos empleos diferentes de la comunicación, que se refieren:

1º Al logro que los Actores esperan conseguir, están consiguiendo o no consiguen con la participación de los otros.

Las referencias al logro se saldarán con la satisfacción o la insatisfacción de la necesidad, el deseo, el móvil, la expectativa, que anudó la relación. Por ejemplo, cuando el niño le dice a la madre dame más pastel, porque todavía tengo hambre”. Y el maestro le dice al alumno “estoy muy contento con tus progresos”.

2º A la relación entre los Agentes.

Estas manifestaciones comunicativas hacen referencia a las circunstancias de la interacción. También a los comportamientos de quienes interaccionan. Se resolverán con la aceptación o con el rechazo del Ego por el Alter; y viceversa. Así cuando el mismo niño dice “si no me das más pastel, ya no te quiero”.

APLICACIONES EXISTENCIALES DE LA COMUNICACIÓN

Véase que la especialización de las indicaciones se corresponde con cuatro campos existenciales distintos. Cuando la comunicación alcanza su pleno desarrollo, en las interacciones humanas, nada humano le es ajeno. Interviene en el conocer, el hacer, el querer, el deber ser.

Las categorías y análisis de este epígrafe se resumen en la Tabla 18.2.

Las comunicaciones referidas a los efectos precisan de un análisis más detallado, que se desarrolla en el capítulo próximo.

En el capítulo precedente se han aclarado las diferencias que existen entre las indicaciones instrumentales y las que hacen referencia a los efectos. Y se ha adelantado que, en estas últimas, están incluidas dos tipologías: aquellas que hacen referencia al logro y las que se refieren a la relación entre los Agentes.

Tanto las referencias al logro como a la relación se manifiestan necesariamente como actos expresivos. Es decir, por el recurso a la comunicación.

En las comunicaciones entre las personas generalmente es posible diferenciar las manifestaciones comunicativas a propósito del logro, de aquellas que se refieren a la relación. Excepto en aquellos casos en los cuales el logro que persigue el Agente consiste precisamente en establecer una relación con el Otro o en modificar otra relación existente. Esa distinción tiene importancia porque en las interacciones humanas, frecuentemente es imposible satisfacer al mismo tiempo el logro y preservar la relación. Conflicto sobre el que se volverá más tarde y que siempre dinamiza comportamientos comunicativos.

La distinción entre comunicaciones instrumentales y referidas a los efectos es un paso evolutivo importante, y esencial para la hominización. La Figura 19.1, ilustra las diferencias estructurales. Y este epígrafe se refiere a las características que las distinguen.

INDICACIONES RELACIONADAS CON EL LOGRO

El logro implica:

• La existencia en el Agente de una tensión (fisiológica, afectiva, cognitiva).

■ Por ejemplo, hambre; necesidad de afecto; curiosidad por enterarse de algo2.

• En el medio (natural o creado por los hombres) la existencia de un objeto, una situación, un vínculo, una meta que es el logro, o que se requiere para el logro.

■ Por ejemplo, el logro puede consistir en conseguir objetos materiales, como alimentos, libros; situaciones buscadas, posición económica, autoridad; relaciones deseadas, tales como aceptación, noviazgo, amistad; conocimientos o aprendizajes, de una asignatura, un idioma.

Estos logros y cualquier otro que se pueda pensar, se reconocen porque motivan la participación del Agente en las interacciones con Otros. Y porque una vez logrados, reducen la tensión. Como es lógico el comportamiento de cada Agente en la interacción para la búsqueda del logro, concluirá con el éxito o el fracaso.

■ Por ejemplo, mediante las expresiones del cortejo, asociadas con la acción de cubrir a la hembra, el ganso en celo logra o no logra satisfacer la necesidad de copular;

■ Mediante pucheros, asociados con la pataleta, el niño consigue o no consigue el objetivo afectivo de monopolizar la atención de la madre;

■ Mediante las preguntas al profesor, asociadas con el ejercicio en la pizarra, el alumno alcanza o no alcanza la meta intelectual de comprender el cálculo integral.

INDICACIONES REFERIDAS A LA RELACIÓN

Los Actores incorporan a las interacciones la comunicación referida a las interacciones, para manifestar aceptación, rechazo, o indiferencia; y para negociar las demandas de aceptación, la solicitud de que el rechazo o la indiferencia se transformen en aceptación. Esas actitudes en ocasiones se hacen extensivas a lo que es del Otro; a lo que el Otro hace o dice o piensa.

• Las indicaciones de aceptación también informan de que el Agente se aviene a verse implicado en el logro del Otro, asumiendo la función que se le asigna. Por ejemplo, existe aceptación:

■ En el comportamiento del mono dominante que permite a un Agente eludir el castigo, prestándose a ser desparasitado;

■ En la gallina que consiente en ser picoteada por otra que pretende dejar constancia de su status superior en el gallinero;

■ En el neurótico que coopera a la afirmación de los miembros sanos de su familia, recayendo en sus síntomas cada vez que sus familiares deciden por él.

• La relación de rechazo se manifiesta en la comunicación de dos formas:

1ª La negativa del Otro a interactuar.

■ Por ejemplo, la indiferencia de la hembra del ánade frente al cortejo del macho. De la moza hacia quien le invita a bailar.

2ª La negativa del Agente a asumir en la interacción la función que el Otro le propone.

■ Por ejemplo, entre los animales, el mono dominante que opta por la agresión al solicitante en vez de permitir que le desparasite. La gallina que prefiriese el combate al sometimiento;

■ Y entre los humanos, al adolescente fanfarrón que responde a un saludo con un insulto. El neurótico que, en vez de reaccionar con una crisis depresiva a la prepotencia de sus familiares, discutiese la normalidad de unas relaciones basadas en el avasallamiento.

En nuestra especie la comunicación que tiene que ver con las relaciones entre los Agentes, obedece a reglas, lo mismo que sucede en las especies animales. La diferencia consiste en que las reglas animales están controladas por pautas; las humanas por normas.

— Las pautas que regulan las interacciones animales presentan pocas variantes entre las diferentes poblaciones de una misma especie; cambian muy lentamente y tienen una elevada tasa de cumplimiento.

— En cambio las normas que se aplican por los grupos humanos en las interacciones suelen ser diversas: se transforman en un tiempo comparativamente muy breve y se las trasgrede con frecuencia.

Tanto en las interacciones animales como en las humanas, la valoración del Otro no se hace sólo por lo que hace, sino además por lo que significa la posición que tiene en el grupo. Entre nosotros el juego de posiciones es mucho más complejo, porque intervienen al tiempo los roles, los estatus y otras modalidades de la división y de la estratificación social. En todo caso, humanos y animales pierden la valoración que tienen, o ganan otra mejor, en la medida que

ascienden y descienden en la jerarquía del grupo. La Figura 19.2 representa y resume estos análisis.

USOS HUMANOS DE LA COMUNICACIÓN REFERIDA A LOS EFECTOS

Como es sabido en las especies animales gregarias existe una organización bastante rígida que asigna a cada miembro del grupo una posición. Así entre las aves de corral, las manadas de equinos, bóvidos y proboscidios, las bandas de simios, la posición que ocupa cada animal condiciona si tiene o no derecho al logro (comer, procrear, unirse al grupo, ser desparasitado) y en qué orden. Determina con qué miembros del grupo están autorizados a relacionarse; y si esas relaciones deben ser horizontales o jerárquicas (de cooperación o de dominio-sumisión).

En todas las especies las interacciones se utilizan para la satisfacción de las necesidades de sus miembros. Pero en las gregarias además es la ocasión en la que se reproduce la organización del grupo. Porque en el desarrollo de la interacción se incorporan, cuando sea preciso, los cambios de posición que se producen entre los miembros. Por esa razón es habitual, e incluso obligatorio, que la interacción incluya expresiones referidas al logro y a la relación. Véanse algunos ejemplos de tales indicaciones:

■ Lamer al macho dominante cuando se ha sido aceptado en el festín y se ha saciado el hambre (entre los cánidos y felinos);

■ Chasquear los labios cuando se ha obtenido autorización para desparasitar al otro (entre los simios),

■ Cruzar la cabeza sobre el cuello del otro (entre los equinos y prosboscídeos).

Las funciones de estas manifestaciones expresivas consisten, precisamente, en confirmar o modificar la asignación de logros y la naturaleza de la relación que corresponde a cada animal en el grupo. Estas utilidades que tienen las expresiones referidas a los efectos, han podido ser la razón por la se han desarrollado tan rápidamente, al tiempo que se iba haciendo más compleja la organización de las especies gregarias.

En los humanos la norma es que aparezcan indicaciones referidas a ambos efectos, durante el transcurso de la interacción. El término “norma” aquí quiere decir dos cosas:

• Que la mayor parte de las interacciones humanas incluyen la manifestación por parte de los Agentes, de evaluaciones a propósito del logro alcanzado y a propósito de la propia relación;

• Que existen reglas sociales que imponen a los Agentes la expresión de esas evaluaciones.

Las relaciones en las cuales las personas tienen que contar con los demás para conseguir algo, es poco habitual que se manejan sin recurrir a manifestaciones referidas a los efectos.

■ Por ejemplo, lo más habitual es que se formulen observaciones o juicios relativos a uno mismo, al Otro o a la situación, cuando se trabaja, se come o se hace el amor. Aunque

teóricamente el logro que persiguen estos comportamientos pudiese conseguirse sin ninguna expresión.

Los Agentes que, en estas situaciones, o en otras que sean esenciales para la reproducción social, se limitasen a actuar ejecutivamente o a servirse de la comunicación de modo exclusivamente instrumental, serían tenidos por personas indecorosas e incluso bestiales.

LA INCORPORACIÓN DE LOS VALORES A LAS COMUNICACIONES HUMANAS

a. Las pautas prehumanas en los valores humanos

Entre los humanos existe no sólo el hábito, sino a veces la obligación de comunicar a propósito del propio comportamiento y del ajeno en las interacciones. Estas normas se han superpuesto sobre pautas de comportamiento preexistentes.

Esa continuidad entre pautas y normas se muestra en que la coerción normativa responde a razones similares a las que se han indicado entre los animales gregarios, puesto que nuestra especie es social. También cada grupo humano prescribe a sus miembros la clase de relaciones y de logros que le son exigidos, permitidos o prohibidos. Y también, entre los humanos, la interacción es ocasión en la que se redefinen las relaciones y las expectativas de cada sujeto.

Cuando la pauta prehumana se transforma en una norma social, incorpora nuevos mecanismos coercitivos para imponer a los comunicantes el recurso a las indicaciones relativas a los efectos:

• Entre los animales el sistema de posiciones es el resultado de los refuerzos (positivos o negativos) que la experiencia va asociando a la interacción con los otros. El animal persistirá en aquellas interacciones que le proporcionan una gratificación o le ahorran una punición. En cambio, desistirá de aquellas que se saldan con un castigo, o bien tratará de modificarlas.

• Entre los humanos estos mecanismos basados en la gratificación y en la frustración, también intervienen en las interacciones. Pero lo hacen incorporados a un sistema axiológico de refuerzos. Este nuevo sistema de control opera con valores tales como “aprobación- desaprobación que recibe la persona”; “legitimidad- ilegitimidad del comportamiento según las personas y los casos”.

• En tanto que los animales que se refieren al logro sólo pueden y deben dar cuenta a los otros de si la interacción ha conducido al éxito o al fracaso, los humanos deberán además mostrar que su comportamiento ha sido legítimo.

• Mientras que los animales que se refiera a la relación sólo pueden y deben dar cuenta de a quiénes aceptan, a quienes rechazan, a quiénes someten y a quiénes se someten, las personas deberán además expresar a quiénes aprueba o desaprueba, e inquirir por quiénes es aprobado y desaprobado.

b. Conflictos entre alcanzar el logro y preservar la relación

Entre los animales gregarios ya se observa que a veces el grupo impone a algunos de sus miembros la renuncia al logro para preservar la relación. O inversamente, obliga a renunciar a la relación para conceder el logro. Incluso, en ocasiones, priva de ambas cosas. Es la manifestación prehumana del conflicto entre logro (satisfacción del deseo) y relación (preservación de la organización y del funcionamiento de la colectividad).

En los humanos la contraposición entre logro y relación se manifiesta en muchas más formas. Los deseos abarcan necesidades muy numerosas y complejas. Y la organización social cumple funciones más diversas y esenciales que la mera ordenación de sus miembros.

Los dilemas entre logro y relación, derivan de la contraposición entre “pulsiones de la naturaleza –exigencias de la sociedad”. A ella se refieren los psicoanalistas como el conflicto entre “principio de placer” y “principio de realidad”.

Aquí no interesa abundar en las tensiones que subyacen en el comportamiento humano. Basta con señalar que los hombres y las mujeres aprenden a contradecir sus deseos y a renunciar a sus relaciones en la escuela de la frustración, como los animales. Pero además ese autocontrol se refuerza mediante la socialización, cuando se les educa a los jóvenes en los valores que justifican esas privaciones. Nuevamente se pone de manifiesto que la comunicación, cuando se hace humana, lleva a una escala acrecentada, el conflicto entre necesidades de los especímenes y reproducción de la especie.

La diferencia entre lo que debe expresar el hombre y el animal se ilustra la Figura 19.3

c. Vía por la que entran los valores en las interacciones humanas

Los análisis precedentes muestran la incorporación de valores sociales para regular a las interacciones. Esa regulación se lleva a la práctica por medio de las comunicaciones referidas a los efectos. Por lo tanto, el estudio de cómo funcionan estas comunicaciones y de cuáles son sus orígenes evolutivos, proporciona conocimiento sobre los vínculos entre las pautas animales y las normas sociales.

INTERACCIONES HUMANAS EN LAS CUALES ES OBLIGADO QUE PARTICIPE LA COMUNICACIÓN

La existencia de expresiones comunicativas referidas a los efectos en las interacciones humanas ha sido destacada por los autores de la Escuela de Palo Alto, aunque sus trabajos han prestado más atención a las expresiones concernientes a la relación que a las que tienen por referencia el logro. Destaca la obra de los fundadores G. Bateson* y P. Watzlawick*, frecuentemente publicada en libros colectivos con la participación de otros miembros del grupo.

Según estos investigadores la presencia de este tipo de expresiones, debe de generalizarse a toda interacción. Aseguran que “es imposible NO comunicar”.

Esta hipótesis de Palo Alto ha sido influyente en Teoría de la Comunicación. Y además les ha permitido a los Autores de la Escuela, ofrecer algunos de los análisis más interesantes que se han hecho, sobre las dificultades de las comunicaciones en el seno de los grupos primarios. Sin embargo –a juicio de quien escribe– esta aseveración es abusiva. No resulta aplicable a la mayoría de las interacciones humanas y resulta perjudicial para el desarrollo de la Teoría de la Comunicación. Ahora no interesa insistir en una crítica que tuvo su tiempo. Pero sigue teniendo interés examinar los supuestos que están detrás de esa creencia (errónea) en el carácter inevitable de las manifestaciones comunicativas, por dos razones:

• La primera, porque todavía no se han esclarecido las razones por las que algunas veces es imposible no comunicar (pero sólo algunas veces).

• La segunda, porque un estudioso de la comunicación, debe de tener claro que SÍ es posible NO comunicar. Cuando se siembran dudas al respecto, se está induciendo a un error teórico de mucha entidad.

En consecuencia, se va a distinguir entre aquellas interacciones en las que es obligado para alguno de los Agentes el recurso a expresiones comunicativas (sean instrumentales o referidas a los efectos) y aquellas otras en las que la incorporación de actos expresivos es optativa.

a. Cuándo y por qué es imposible (a veces) NO comunicar

Para los humanos es imposible relacionarse con Otros sin comunicar, en los siguientes casos:

a1) Cada vez que el Agente implique en la interacción representaciones o valores

Estas circunstancias aparecen en las siguientes ocasiones:

1. Cuando la interacción incluye alguna secuencia abstracta, que necesariamente tiene que ser mencionada a Alter por el recurso a la comunicación.

2. Si en la interacción existe una referencia a los efectos, tal como se ha explicado en este mismo capítulo. Tal referencia es obligada:

– Cuando el Agente tenga que legitimar su derecho al logro.

– Cuando tenga que verificar si es o no aceptado por los Otros.

En las interacciones de los tipos (1) y (2) los actos ejecutivos del Agente, por sí solos, NO son suficientes para lograr que Otros se impliquen eficazmente en el logro que el primero persigue. Dicha insuficiencia aparece en las siguientes situaciones:

• Cuando el Otro no conoce o no comprende el logro; o bien las relaciones que requiere el logro; o los medios que llevan al logro. O cuando sí que los conoce y comprende, pero no los acepta.

• Cuando la interacción incluye alguna secuencia indeseada por el Otro, que necesariamente tiene que ser negociada entre los Agentes que interactúan.

a2) Cuando el comportamiento del Agente está necesariamente asociado a la manifestación de alguna indicación

Estos casos tienen interés para todas las ciencias del comportamiento. Se comenzará el análisis con algunos ejemplos conocidos, de manifestaciones expresivas que acompañan a determinadas actuaciones de las personas:

■ El rubor, la palidez, el sudor, la respiración acelerada, son inseparables de numerosas acciones. Al Agente no le resulta posible evitar (aunque lo pretenda) que estas expresiones acompañen a la acción ejecutiva.

La manifestación no voluntaria de alguna indicación en las interacciones, aparece en los comportamientos de los Agentes que tienen un correlato somático; aquellos que generalmente ponen en actividad el sistema neurovegetativo.

Esa es la razón por la cual, estas indicaciones escapan al control voluntario del Agente. Su origen y los motivos por los que aparecen se van a examinar seguidamente, a la luz del estudio genético de la comunicación que se desarrolla en este libro.

El cuerpo se expresa, aunque la persona no lo desee, cada vez que concurran estas tres condiciones:

• Primera condición: El logro que persigue el Agente en la interacción con Otros, tiene que ver con la satisfacción de necesidades primarias.

Se entienden por “necesidades primarias”, aquellas que son dinamizadas por estímulos endógenos, tales como el metabolismo o las hormonas. Tienen que ver principalmente con la alimentación, la sexualidad, la crianza, la pertenencia al grupo, los mecanismos de respuesta del organismo ante situaciones que comprometen la vida del individuo o del grupo.

Segunda condición: La presencia del Otro o los Otros o bien lo que esos otros hacen o dicen, moviliza en el Agente que se manifiesta, esa necesidad o carencia primaria.

El despertar de una demanda de Ego se produce de dos maneras distintas:

— Se despiertan los deseos ajenos cuando el Alter hace algo con la intención de que Ego los manifieste. Por ejemplo, cuando la madre exhibe los caramelos ante el niño; cuando la mujer o el hombre realizan insinuaciones sexuales.

— Pero también aparece esa conducta demandante de Ego, en ausencia de estimulaciones conscientes de Alter. Alter estimula, aunque no se lo proponga, la manifestación expresiva de las necesidades primarias de Ego, (salivación, rubor…) cuando su presencia o sus manifestaciones activan pautas comunicativas filogenéticamente antiguas. Concretamente, las pautas que aparecen en la segunda etapa, para referirse al mundo objetal.

Estas pautas comunicativas prehumanas se conservan en nuestra especie y se activan en los momentos que le corresponden durante la ontogénesis. A partir de entonces entrarán en funcionamiento cada vez que las personas nos encontremos en el estado de necesidad con el que tales pautas están asociadas.

• Tercera condición: la satisfacción de esa necesidad primaria está sobredeterminada por controles sociales que la persona ha interiorizado.

Esa sobredeterminación existe casi siempre, salvo en algunas culturas y solamente durante determinadas edades. Como es bien sabido, en nuestra especie la satisfacción de las necesidades primarias está mediada por las organizaciones y por las formas de producir los recursos materiales e inmateriales. Precisamente por eso nuestras necesidades son humanas y las denominamos deseos.

b. Manifestaciones ritualizadas de los deseos

La sobredeterminación de los deseos se refleja en las maneras que Ego los manifiesta y en las condiciones de las que depende, que los Otros se los satisfagan o se los frustren. Las comunidades logran instaurar esos comportamientos comunicativos y ejecutivos, entre sus miembros más jóvenes durante la socialización. En concreto les educan para que aprendan determinados rituales decorosos, que deben de cumplirse, cuando se mencionen los deseos y cuando se les da satisfacción. Esos rituales suelen requerir manifestaciones explícitas de autocontrol. Se comprende cuál es la función socializadora que cumplen los rituales del decoro: se establecen para que los nuevos miembros reproduzcan en sus vidas privadas, el distanciamiento de la naturaleza que se produjo a nivel de la especie.

Para llevar a cabo esas manifestaciones ritualizadas de las necesidades primarias, la cultura proporciona a los necesitantes un abundante y variado surtido de recursos comunicativos. Por ejemplo, frases, gestos y maneras corteses, indirectas, de dar a conocer la necesidad y la demanda. Estas indicaciones aprendidas durante la socialización son al tiempo, referencias al logro y a la relación.

En todo caso la norma social que regula la manifestación del deseo, se superpone sobre la pauta comunicativa que forma parte de nuestra herencia animal. No la sustituye. Por ese motivo, siempre que en la interacción se den las condiciones que desencadenan la pauta, van a manifestarse las formas no voluntarias de expresar al Otro la demanda. Sin perjuicio de que, al tiempo, el Agente esté manejando con competencia y con convicción, las maneras socialmente correctas de referirse al hambre, al sexo, a la necesidad de aceptación y de compañía, al miedo, al dominio y la sumisión.

Frecuentemente las normas sociales le imponen al Agente, el aplazamiento o la renuncia al logro. Esas exigencias se suelen aplicar en razón del sexo, la edad, la posición, los compromisos familiares o sociales de cada individuo. Como es lógico existe un surtido igualmente abundante y elaborado de recursos comunicativos, que le permite a la persona frustrada, expresar la conveniencia, el aprecio social, la importancia que, para él mismo, para otros, o para la sociedad en su conjunto, tiene la aceptación por su parte de la renuncia al logro. Al tiempo que su cuerpo, estará proclamando que las necesidades primarias pueden ser controladas, pero no abolidas4.

c. Manifestaciones comunicativas inconscientes

Estos mismos mecanismos operan cuando existe una asociación NO consciente, adquirida en los primeros años de la infancia, entre un repertorio de experiencias vividas por el niño o la niña en las interacciones con los Otros, y el repertorio de expresiones corporales innatas. A esta categoría pertenecen las indicaciones que se denominan impropiamente “actos fallidos” y también los “lapsus linguae”. A tenor de lo ya dicho se entiende que son indicaciones que han encontrado en pautas comunicativas prehumanas, la oportunidad de seguir solicitando la satisfacción de necesidades primarias e irreductibles.

• Cuando existe una referencia a representaciones o valores (en los casos del tipo a1) la incorporación de manifestaciones comunicativas a la interacción es intencionada por parte del Agente;

• En cambio, cuando las expresiones tienen un correlato somático (en los casos del tipo a2) esas indicaciones aparecen involuntariamente.

En consecuencia, en ciertos tipos de interacciones humanas, que movilizan pautas comunicativas presociales, existen manifestaciones comunicativas inconscientes.

Esas indicaciones involuntarias tendrán o no tendrán eficacia para el logro del Agente que así se expresa. Pero es imposible que NO aparezcan en esas interacciones. Así lo vienen afirmando

sucesivas corrientes de pensamiento de origen sicoanalítico y siquiátrico. Entre ellas la escuela de Palo Alto. Todos quienes mantenemos este punto de vista, estamos utilizando las tesis freudianas, contrastadas diariamente en el trabajo clínico.

Las expresiones inconscientes son auténticas manifestaciones comunicativas. Se plasman en una materia expresiva, que por lo general es el cuerpo o alguno de sus órganos; o en un objeto simbólico que representa al cuerpo. Y son indicaciones analógicas, que están reproduciendo los actos ejecutivos que se le están pidiendo al Otro. Esos actos (deseados y no permitidos) son el objeto de referencia designado.

Otra cosa distinta es que estas expresiones involuntarias logren culminar con éxito una interacción. En realidad, lo consiguen pocas veces. Porque las normas que están sobredeterminado todas las interacciones referidas a las necesidades primarias, sofocan la consciencia de que existe, en uno mismo o en el Otro, una pauta que funciona con autonomía, y que está indicando algo. Para que las manifestaciones involuntarias del deseo se incorporen como componentes de las interacciones, es necesario que Ego y Alter sean capaces de representarse que esas expresiones inconscientes (el rubor, la transpiración, el acto fallido...) son demandas. Y que reconozcan (con acierto o con error) que la demanda tiene un contenido censurado.

Ese reconocimiento se logra por medio de una metacomunicación. Es decir, cuando los Agentes se ponen a analizar “qué quiere decir” o “qué significa” esa expresión involuntaria (el rubor, la transpiración, el acto fallido...). Pero cuando se ha dado este paso, los Agentes están manejando sus bloqueos y resistencias, a otro nivel. La necesidad primaria y su gratificación frustrada, se mencionan como referencia de una comunicación intencionada del tipo a1.

El control social hace difícil que las interacciones que se desarrollan según las normas, tengan cabida para las manifestaciones no conscientes. La prueba está en la existencia de las profesiones de sicoterapeutas, sicoanalistas y siquiatras.

INTERACCIONES HUMANAS EN LAS QUE NO ES OBLIGADO QUE PARTICIPE LA COMUNICACIÓN

La mayoría de las interacciones humanas NO se refieren a necesidades primarias; NO movilizan pautas comunicativas filogenéticas; NO están prohibidas o restringidas. Por lo tanto, la mayoría de las interacciones transcurren sin que aparezcan expresiones involuntarias (del tipo a2).

Incluso, muchas de esas interacciones llegan a término sin que sea obligado el recurso a las expresiones intencionadas (del tipo a1). En estos casos es posible interactuar sin comunicar, mediante una secuencia exclusivamente formada por actos ejecutivos.

■ El trabajo en cadena se desarrolla eficazmente sin la existencia de ninguna expresión voluntaria o involuntaria; aunque nada se opone a la incorporación de ambas.

■ Una situación similar existe entre los contendientes de una batalla, quienes disparándose a la distancia del tiro de fusil no podrán percibir, aunque se produzcan, las expresiones inconscientes de temor o exaltación de sus contrarios.

■ Algunos casos de catatonía se manifiestan precisamente, como la ausencia de toda manifestación expresiva en la interacción. Sin que, por ello, la persona enferma quede imposibilitada para relacionarse ejecutivamente con los otros.

LA CONFUSIÓN ENTRE INFORMARSE Y COMUNICARSE

La sentencia la Escuela de Palo Alto “es imposible no comunicar”, es una frase brillante. Aunque sea errónea ha despertado el interés por las manifestaciones no deseadas, del deseo. Si

bien es falso que todas las interacciones tengan componentes comunicativos, es verdad que participan expresiones instrumentales y referidas a los efectos en muchas interacciones humanas.

El inconveniente reside en que esa sentencia induce a un error teórico. Confunde la información que el Agente obtiene cuando tiene frente a sí la presencia de Otro, y la indicación que el Actor recibe cuando se relaciona comunicativamente con ese Otro. En la primera parte de este libro están explicadas las diferencias que existen entre los usos significativos de la información (precomunicativos) y los usos indicativos (comunicativos). Recuérdese:

Cualquier persona le ofrece datos a otra persona, interactúe o no con ella. Esa información se la proporciona a Otro por el simple hecho de resultar accesible a la observación.

El observador está en condiciones de asignar a esos datos que proceden del observado, algún significado. Por ejemplo, tiene la posibilidad de utilizar los datos para hacerse una idea del estado de esa persona; o de las necesidades del Otro; o de sus intenciones; o de su modo de ser. Del mismo modo que cuando ese Observador ve una nube obscura, obtiene los datos que le permiten colegir que va a llover.

Este tipo de información que llega por el camino de la observación (de una persona, de una nube) es significativa, pero no es comunicativa.

La persona y la nube a son objetos a los que se refieren las elucubraciones del Observador. Ni la persona ni la nube observadas, son Actores de la comunicación.

En la comunicación se maneja información, pero no todas las informaciones se obtienen por vía comunicativa.

Fuera de la comunicación también se obtiene y maneja información:

— Cuando se observa el entorno y lo que en él ocurre;

— Cuando en la reflexión, elaborando los datos que ya conocemos sobre las cosas, deducimos nuevos datos que modifican nuestra anterior representación del mundo;

— Cuando experimentamos con los objetos, como por ejemplo hacen los investigadores, combinando las substancias químicas, o los niños pequeños manipulando sus juguetes.

Para evitar la confusión entre comunicación e información se ha realizado la Tabla 19.1.

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