Filosofia de reale uno de los mas grandes pensadores de la epoca., Otro de Filosofía del Derecho. Universidad Internacional de Cataluña
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pedro-fuentes20 de septiembre de 2017

Filosofia de reale uno de los mas grandes pensadores de la epoca., Otro de Filosofía del Derecho. Universidad Internacional de Cataluña

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La Filosofia dei Derecho de Miguel Reale*.

Luis Recaséns Siches (Da Universidade Autônoma do México).

1. La personalidad filosófico-jurídica de Miguel Reale.

Sin duda Miguel Reale, profesor en Ia Universidad de

São Paulo, Brasil, es uno de los iusfilósofos más destacados

de nuestro tiempo. Muchas son Ias contribuciones produ-

cidas por Miguel Reale a Ia filosofia jurídica contemporâ-

nea. Pero entre todas ellas tal vez una de Ias más impor- tantes sea su llamada teoria tridimensional dei Derecho,

Ia cual en sustância ha sido aceptada por muchos pensado-

res contemporâneos, entre ellos por quien escribe estas pá-

ginas, quien Ia ha incorporado a su propia filosofia jurídica.

Pero Reale no es tan solo uno de los más eminentes filó-

sofos dei Derecho hoy en dia, sino que es, además y a Ia

vez, un autêntico filósofo en términos generales, con ge-

nuína vocación y con mente aguda, profunda y clara, y un

gran jurista — con producción especializada en ei campo

de ia teoria dei Estado y dei Derecho público. Reale ha

contribuído además con m u y importantes estúdios a Ia

historia dei pensamiento jurídico. H a aportado certeros

análisis sobre Cicerón, Leibniz, Rousseau, y sobre otros

muchos temas en los anales de Ias doctrinas jurídicas y

políticas.

* Extraído de "Panorama dei Pensamiento jurídico en ei

Siglo XX", v. I, p. 553-567 — Editorial Parma S.A., México, 1963,

com especial agradecimento aos Editores.

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Hay que subrayar no solo Ia obra escrita de Miguel Reale, que es copiosa y m u y lograda. También hay que llamar Ia atención hacia su fecundo magistério, entendido este como apertura de horizontes, como siembra de inquie- tudes, como entrenamiento de Ia mente, y jamás como actitud dogmática.

Miguel Reale desarrolla asimismo una serie de eficaces actividades para estimular ei interés por Ia filosofia y por ei pensamiento jurídico. Es ei director dei Instituto Bra- sileiro de Filosofia, y de ia Revista Brasileira de Filosofia por este sacada a luz, Ia cual constituye una de Ias más valiosas publicaciones sobre estos temas en ei Hemisfério Occidental. H a sido ei organizador, activo, inteligente, de múltiples congresos nacionales e internacionales de filosofia. Miguel Reale posee una espécie de carisma como pensador original, que ilumina y estimula, y como eficiente coordi- nador de actividades.

Miguel Reale ha aportado menos puntos de vista y aná- lisis en páginas vibrantes y llenas de atractivo, en Ias cuales se revela, como dice Bagolini, a Ia vez ei espiritu práctico dei abogado y Ia sensibilidad dei político, pero también, y sobre todo, una capacidad de formidable rigor filosófico. H a llevado a cabo críticas decisivas contra dos posturas unilaterales: ei normativismo formalista o puro tecnicismo jurídico, ei cual, a pesar de sus valiosas aportaciones, re- sulta insuficiente y mutila Ia verdadera realidad dei De- recho; y ei sociologismo, ciego para captar ei sentido de los valores, incapaz de aprehender Ias dimensiones peculiar- mente esenciales de Io jurídico.

Algunos comentaristas han llamado "ecléctico" ai pen- samiento de Miguel Reale. M e parece que ese calificativo es incorrecto. En Ia obra de Miguel Reale hay una clara y rigorosa coherencia; hay además una articulación m u y personal de los temas básicos de Ia filosofia jurídica; y hay un espiritu estricto de construcción. Claro que Miguel Reale no ha intentado elaborar una filosofia jurídica enteramente nueva, empresa que careceria de sentido, y que dificilmente

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pudiera representar algo positivamente valioso. La filoso- fia, para Reale, es diálogo, confrontación, empeno constante de superaciones, reajuste, reconstrucción, a Io largo de toda su historia. Y ese irse elaborando en diálogo y en recípro- cas confrontaciones, cobra todavia más vigor por Io que se refiere a Ia conversación entre los contemporâneos.

El resultado de resumir todas Ias partes, mejor dicho, todos los miembros, de Ia filosofia jurídica de Miguel Reale, seria, desde luego, algo fascinante. Pero aqui m e limitaré a hacer sobrasalir dos de Ias grandes aportaciones de Miguel Reale: su concepción tridimensional dei Derecho, con todas Ias consecuencias a que ella da lugar; y su doctrina de axio- logia jurídica.

Claro que en Ia exposición de esas dos sustanciales aportaciones de Miguel Reale, se reflejan en escorzo otras partes de su filosofia jurídica. Lo cual pone de manifesto precisamente esa clara y recia coherencia que se da en ei pensamiento de Miguel Reale y a Ia que m e referi, unas lí- neas más arriba.

Según Miguel Reale, Ia filosofia representa un perenne esfuerzo encaminado a sondar, a profundizar, en Ias raíces de los problemas. La filosofia aspira a un conocimiento que solo se consideraria satisfecho cuando obtuviese, con Ia certeza de lo necessário, todos los princípios o todas Ias razones últimas explicativas de Ia realidad, mediante una plena interpretación de Ia experiência humana. Pero en Ias vicisitudes dei tiempo esa pasión por Ia verdad se re- nueva siempre: surgen teorias, sistemas, posiciones perso- nales, perspectivas diversas, en un dinamismo que nos es connatural y propio de modo que Ia universidad de los problemas no puede contar con resultados o soluciones que posean validez necessária y universal. Sin embargo, podría decirse, que en ese afán total de verdad se produce ei acer- camiento a Ia verdad total.

En fin de cuentas, en los tumultos de ideas y de sis- temas reside precisamente Ia grandeza y Ia dignidad dei saber filosófico, sin que por razón de aquéllos resulte

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comprometida Ia pretensión que Ia filosofia liene de ser conocimiento rigoroso. La filosofia no existiria, si todos los filósofos culminaran en conclusiones uniformes e idên- ticas. La filosofia es una actividad perenne dei espiritu, dictada por ei deseo de renovarse siempre en Ia universa- lidad de los mismos problemas. La universalidad de Ia fi- losofia está más en los problemas que en Ias soluciones. La filosofia misma es, por así decirlo, ei primero de sus pro- blemas, pues ella revierte su "problematicismo" sobre su propia docência.

El estúdio dei Derecho quedará siempre en un plano superficial y mutilado, si es que uno no trata de captar sus raíces mediante Ia reflexión filosófica. El Derecho es una realidad universal, que encontramos donde quiera que ei hombre existe, a modo de una peculiar expresión de Ia vida y de Ia convivência humanas. Precisamente por ser ei De- recho un fenômeno universal, por eso es susceplible de investigación filosófica. La filosofia no puede ocuparse sino de aquello que tiene un sentido de universalidad. En Ia Fi- losofia dei Derecho debe reflejarse Ia necesidad de espe- culación sobre ei problema jurídico en sus raíces. La misión de Ia filosofia dei Derecho es misión de análisis crítico de Ia experiência jurídica, para determinar Ias verdades bási- cas sobre ei Derecho.

Ahora bien, ai Derecho hay que entenderlo en su reali- dad plenária, y circunscrito por Ia ralidad de Ia cual emer- ge, y para Ia cual se produce. Por eso declara Reale que jamás pudo compreender ei Derecho como una pura abstracción, ni lógica ni ética, separada de ia experiência social; pero tampoco como mera realidad social examinada como si ella constituyese un conjunto de simples hechos trabados tan solo por vínculos de causalidad.

La ciência jurídica es una ciência cultural normativa; puesto que ei jurista no se limita a explicar lo que sucede, sino que se preocupa también de un fin que debe ser reali- zado, ei cual constituye una medida de Ia conducta. Y ei Derecho todo se halla enraizado en Ia realidad de Ia vida humana, que es histórica, y condicionado e influído por esta.

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2. Su teoria tridimensional dei derecho. Teoria dei derecho.

Según Miguel Reale ei Derecho es una realidad histó- rico-cultural que posee esencíalmente três dimensiones, Ias cuales constituyen elementos esenciales de toda experiência jurídica: es un hecho espiritual, en ei cual y por ei cual se concretan historicamente valores, ordenándose normativa- mente relaciones intersubjetivas respecto de Ias exigências complementarias de los indivíduos y de Ia comunidad. Así pues, hecho, valor y norma, son Ias três dimensiones esen- ciales de Ia experiência jurídica. En toda realidad jurídica hallamos siempre Ia presencia dei hecho, dei valor y de Ia norma — dimensiones inseparables —. El hecho, que tiene lugar en ei espacio y en ei tiempo, realiza un valor gracias a Ia mediación de Ia norma. En todas Ias modalidades de Ia conducta hay, en síntesis, ei hecho de una energia espi- ritual que, imantada por un valor dominante, se inclina a realizarlo como ley, como forma, como norma.

Hay varias modalidades de Ia conducta humana: Ia religiosa, Ia moral, Ia convencional, Ia econômica y Ia jurídica.

En Ia conducta religiosa hay un darse como condición de comprensión, un subordinarse como razón de conquista estimativa, lo que muestra su analogia con ciertas formas más altas de Ia conducta amorosa. De Ia conciencia de Ia muerte surge ei sentimiento de trascendencia.

La conducta moral brota de Ia conciencia dei deber: en ella nos sentimos ligados por nosotros mismos: sea en Ia llamada moral autônoma en Ia que ei propio agente for- mula Ia norma de su conducta, sea es Ia moral heterónoma en que ei agente moral reconoce una autoridad superior que legisla para su conducta. Tanto en una como en otra modalidad Ia decisión dei acto moral depende dei hombre. La fuerza y Ia coacción vician de nulidad ei acto moral. En ei reino de Ia moral, ei hombre aparece investido en forma suprema de su cualidad de persona y, en consecuen- cia, de Ia libertad.

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En ei campo de Ias costumbres y usos sociales, llamado de los convencionalismos, lo que impele ai hombre es Ia conveniência. Conveniene observar esas regias, si uno no quiere pasar por inculto, extravagante, áspero, tra- table, etc.

Tanto ei Derecho como Ia moral son bilaterales, pof cuanto son siempre hechos sociales que implican Ia presen- cia de dos o más indivíduos. No existe acto moral fuera dei campo social. Guando se habla, pues, de bilateralidad en ei Derecho, lo que importa es ei sentido de esa relación, Ia instância valorativa o deontológica que en ella se verifica, y no su aspecto de enlace social que existe también en Ia moral. La relación jurídica presenta siempre Ia caracte- rística de ligar dos personas entre si, en razón de algo que atribuye a esas dos personas ciertos comportamientos y ciertas exigências. Ese algo objetivo que enlaza en ei De- recho a Ias personas es lo que se llama bilateralidad atri- butiva. La mera bilateralidad no es suficiente para espe- cificar Ia conducta jurídica. La esencia dei Derecho está siempre en Ia "bilateralidad atributiva"

En Ia conducta econômica ei sujeto se pone ante otro sujeto en razón de los bienes o riqueza permutable o sus- ceptible de goce o posesión. Miguel Reale ha profundizado con fino rigor filosófico en ei caráter tridimensional dei Derecho. Cierto que esa tridimensionalidad había sido barruntada o apuntada por otros autores, como ei próprio Reale lo expone. Así, en cierta manera por ei culturalismo de Ia escuela neokantiana suroccidental alemana, especial- mente por Emil Lask y Gustav Radbruch; en los estúdios de Roscoe Pound, así como en los de Julius Stone, y en ei pensamiento de Jerome Hall. Pero Miguel Reale distingue entre dos tipos de enfoque tridimensional dei Derecho: tri- dimensionalidad genérica y abstracta; y tridimensionalidad específica y concreta.

El primer tipo, es decir, Ia tridimensionalidad genérica y abstracta, tal y como se presenta en los autores mencio- nados y en vários otros, separa los três elementos como

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objetos independientes, que pueden ser estudiados por três espécies de disciplinas jurídicas. Así, en ese enfoque ge- nérico abstracto de Ia tridimensionalidad, a Ia sociologia, Ia historia y Ia etnologia jurídicas habría de tocar ei estú- dio de lo jurídico como hecho; a Ia filosofia y política jurídicas, le habría de corresponder ei estúdio dei Derecho como valor; y a Ia ciência dei Derecho, le incumbiria ei análisis dei Derecho como norma.

En cambio, ei tipo de enfoque específico y concreto de Ia tridimensionalidad, propugnado y desenvuelto por Miguel Reale, integra esos três elementos en un complejo unitário.

Observa Miguel Reale que los tridimensionalistas que se mantienen en un plano genérico y abstracto, se limitam a afirmar ei caracter fáctico-axiológico-normativo dei De- recho, sin deducir de este planteamiento dei problema todas Ias consecuencias en él implícitas, y que tienen largo alcance para Ia filosofia, Ia sociologia y Ia filosofia dei Derecho, no solo para aclarar y determinar mejor viejos problemas, sino también para situar nuevas cuestiones requeridas por Ias situaciones histórico-sociales de nuestro tiempo.

Lo cierto es que aceptada Ia índole esencialmente triá- dica dei Derecho, ningún especialista puede aislar de ma- nera absoluta uno de los factores, para convertirlo en objeto exclusivo de cualquier investigación de orden jurídico. Así, resulta que surgen, desde luego, los siguientes problemas:

a) Si hay três factores correlacionados en ei Derecho, qué es lo que garantiza una unidad dei proceso de elabora- ción jurídica y en qué consiste esa unidad?

b) Si en ei Derecho hay três factores, de qué modo se correlacionam dichos factores, o, expresándolo otras pa- labras, como actúan unos factores sobre los otros?

c) Puede hablarse de un factor dominante que subor- dine los demás ai ângulo de sua propia perspectiva?

d) Si todo estúdio dei Derecho es tridimensional, como se distinguirán, entre si, Ias investigaciones filosófica, sociológica y técnico-formal, que tengan por objeto Ia expe-

riência jurídica?

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De Ias respuestas dadas a esas preguntas básicas se derivarán nuevas cuestiones, como, por ejemplo, Ia relativa

a Ia clasificación dei saber jurídico, o, dicho con mayor

claridad, de Ias diversas ciências dei Derecho, a Ia luz dei

tridimensionalismo, como una distinción de los estúdios

según los diversos planos y âmbitos de investigación, bien

se trate dei plano y âmbito transcendental (filosófico), bien se trate dei plano o âmbito empírico-positivo.

En ei plano filosófico, ei conocimiento dei Derecho

como valor suscita una deontología jurídica; como hecho

da lugar a Ia culturología jurídica; y como norma, lleva

a Ia epistemología jurídica. En ei plano cientifico empírico

o positivo, Ia dimension de valor invita a elaborar una polí-

tica dei Derecho; Ia dimension de hecho da lugar a Ia his-

toria dei Derecho, a Ia etnografía jurídica y a Ia sociologia

jurídica; y Ia dimension de norma origina Ia teoria general

dei Derecho y Ia ciência jurídica técnico-dogmática.

Ahora bien, Reale subraya, y esto tiene capital y dici-

siva importância, que no se puede separar de un modo

absoluto y tajante estas três dimensiones: en cada una de

ellas se refleja esencialmente Ia referencia a Ias otras dos.

E n efecto, cualquier norma envuelve una referencia ne- cesaria a una situación de hecho y a un orden de valores. Analogamente, cuando Ia sociologia jurídica estudia ei De-

recho como un hecho social, advierte que este hecho impli-

ca esencialmente referencias a normas y a valores. Y, de

modo similar, ai enfocar ei problema de los valores jurí-

dicos, lo miesmo en ei plano filosófico que ai mero nivel

empírico-positivo, se da una referencia esencial a Ia situa-

ción de hecho en que dichos valores deben plasmar, así

como también ai caracter normativo dei instrumento para

su realización. Por eso cualquier conocimiento dei Derecho

es necesariamente tridimensional. Lo que caracteriza a

cada uno de los tipos de conocimienta sobre ei Derecho es ei predomínio de Ia investigación de una de Ias três dimen-

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siones sobre Ias otras dos; pero esas otras se reflejaji en aquélla sobre Ia cual recae ei acento predominante dei estúdio.

El conocimiento jurídico no se presenta, en su conjunto,

como una espécie de "scientia omnibus", antes bien se des-

dobla en planos lógicos que no pueden ni deben ser con-

fundidos (ante todo, en ei plano trascendental o filosófico,

y en plano empírico-positivo); y dentro de cada uno de esos

planos se distinguen três âmbitos o esferas diferentes de

investigación, que dan título de autonomia, por ejemplo a

Ia sociologia dei Derecho, a Ia política dei Derecho, a Ia

ciência dogmática dei Derecho, a Ia historia dei Derecho, y

a Ias diversas partes en que se desenvuelve Ia filosofia jurí-

dica propriamente dicha.

El Derecho es uno solo para todos los que lo estudian.

Por eso es necessário que los diversos especialistas se man-

tengan en contacto permanente, para integrar y completar

sus respectivas investigaciones. Sin embargo, esto no quiere

decir que en sentido propio se pueda hablar de una única

ciência dei Derecho, a menos que se quiera dar ai término

"ciência" una connotación genérica de "conocimiento" o de

"saber" susceptible de desdoblarse en múltiples formas de

"saber" en función de los vários "objetos" de conocimiento,

que Ia experiência dei Derecho posibilite logicamente.

La unidad dei Derecho es una unidad de processus,

esencialmente dialéctica e histórica. La unidad dei Derecho

no es simplesmente una aglutinación de factores en Ia con-

ducta humana, como si esta pudiese ser conducta jurídica

abstraída de aquellos três elementos (hecho, valor y norma),

que son conducta o pueden pensarse como tal, anadiéndole

después Ia nota de lo jurídico. No se debe pensar una

conducta jurídica como una espécie de morada que acoja

três personajes; es una implicación de aquellos três facto-

res, o no es nada. Es decir, seria solamente cualquier forma de actividad psicofísica indiferenciada.

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Cuando hablamos de conducta jurídica no debemos pensar en algo substancial o substante, capaz de recibir Ias

notas exteriores de un sentido axiológico o de una directriz

normativa. Por ei contrario, Ia conducta jurídica es tal, en

tanto y en Ia medida en que está ya dotada de aquel sen-

tido y de aquella directriz, esto es, en tanto que se revela

como fáctico-normativa encaminada a unos valores espe- cíficos

Reale está de acuerdo con Ia afirmación de que ei De-

recho es un hecho histórico-cultural; pero es un hecho his-

tórico-cultural o un producto de vida humana objetivada,

solamente en tanto que ese hecho humano se integra nor-

mativamente en ei sentido de ciertos valores.

Según Reale esa unidad de processus encuentra su raiz

su fundamento en ei análisis mismo dei hombre y de su polaridad e historicidad radicales.

Si pensamos en todo lo que ei hombre ha venido cons-

tituyendo y realizando a través dei devenir histórico social en obras y en actos, obtendremos Ia "dimension objetiva dei propio hombre", lo que se suele denominar mundo his- tórico, espiritu objetivo, mundo cultural, o como mejor quie- ra llamársele.

Reale cree que se podría hablar de "intencionalidades objetivadas". Cada uno de todos los bienes culturales, — desde los más vulgares hasta Ias más supremas creaciones dei arte, de Ia ciência de Ia religión —. poseen una índole binaria: son en tanto que deben ser, (realidades referidas a valores), y, por consiguiente, existen tan solo en Ia medida en que valen para algo. El valor peculiar de tales entes es un valor reflejo, presupone Ia intencionalidad axiológica dei hombre como agente de Ia historia.

La historiografia es ei espejo en ei cual ei hombre se contempla temporalmenle, adquiriendo plena conciencia de su existir, de su actuar. Por consiguiente, cualquier cono- cimiento dei hombre desprovisto de dimension histórica

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seria equivoco y mutilado. Lo mismo puede y debe decirse dei conocimiento dei Derecho, que es una expresión dei vivir, dei convivir de los hombres.

Hemos de pensar ai hombre como ser esencialmente histórico, y hemos de afirmarlo como fuente de todos los valores, cuyo proyectarse en ei tiempo no es sino Ia expre- sión misma dei espiritu humano "in actu", como posibilidad de actuación infinita y libre.

La historia no es pensable como algo concluso, como mera catalogación muerta de hechos de una humanidad "pasada", pues Ia categoria dei pretérito solo existe en tanto que hay posibilidad de futuro, ei cual da sentido ai presente, que a su vez se convierte en pasado. El presente, como tensión entre pasado y futuro, — ei deber ser, que da sen- tido a lo que se es y se fue —, lleva a establecer una cor- relación fundamental entre valor y tiempo, entre axiología e historia.

Ahora bien, ei mundo de Ia cultura, en tanto que pa- trimônio de actos objetivados en ei tiempo que se traduce en una "acumulación de obras", en tanto que mundo de Ias intencionalidades objetivadas, es, como tal, reflejo y se- gundo. Pero ese mundo de Ia cultura se presenta desde otro punto de vista, a saber: a través de Ias obras procura- mos reduscubrir ei acto crcador o demiurgo, ei espiritu como libertad constitutiva de Ia historia. De tal modo se llega, a Ia conclusión primordial de que entre todos los entes, solo ei hombre posse y otorga una forma originaria y fundante: es y debe ser; y, además, se llega a Ia conclusión de que ei ser dei hombre es su deber ser.

El revelarse dei hombre a si mismo ya es en si y por si un valor, Ia fuente de todos los valores. El ser dei hombre es, de manera originaria y no derivada, su deber ser.

Si en ei llamado "mundo de Ia cultura" hay análoga inte- gración fáctico-axiológica, esto es así porque ei hombre lo constituyó a su "imagen y semejanza".

Asi como, en ei plano gnoseológico, sujeto y objeto se implican y se correlacionan ontognoseológicamente, sin

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que un término pueda ser reducido ai otro, y sin que, ai mismo tiempo, uno de ellos sea pensable sin ei otro, (po- laridad gnoseológica entre subjetividad y objetividad), dei mismo modo ei hombre, en Ia raiz de su ser histórico, es en tanto en cuanto debe ser; pero nunca su existência agota Ias virtualidades de su proyectarse temporal axiológico, ni los valores son concebibles extrapolados o abstraídos dei existir histórico (polaridad ética entre ser y deber ser).

La polaridad, sea en ei plano gnoseológico, sea en ei plano ético, se resuelve en un processo dialéctico unitário de implicación: ei análisis fenomenológico dei acto cognos- citivo muestra una recíproca implicación entre sujeto y objeto; y ei análisis de Ia acción práctica revela Ia polaridad entre teoria y práctica, como términos que se correlacionan. Es esta implicación Ia que condiciona trascendentalmente Ia unidad dialéctica dei espiritu, que, en tanto que tal, es incompatible con ei divorcio establecido por Kant entre una instância teorética y una instância práctica.

A través de Ia dialéctica de Ia polaridad, será posible restablecer una co-impiicación entre "experiência gnoseo- lógica" y "experiência ética", que Ia unidad fundamental dei espiritu reclama.

A Ia luz de esa correlación e implicación de caracter bipolar, que surge y se constituye en ei devenir histórico, cuya unidad es dialéctica o de processus, se compreende que cada valor se va actualizando en momentos existencia- les que no agotan los motivos o temas axiológicos, sino que plantean Ia exigência de renovadas experiências de valores.

Pues bien, entre Ias modalidades de espécies de esas experiências, está Ia dei Derecho, ei cual, por consiguiente, es tridimensional, como lo es toda obra cultural, en tanto que tensión entre factum y valor, tensión que se expresa en Ia objectividad de Ias normas. — La tridimensionalidad de Ia conducta ética se especifica, pues, como tridimensio- nalidad de Ia conducta jurídica. Esto excluye Ia posibilidad de reducir ei Derecho a un ordenamiento lógico-formal.

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Una vez sentado ei caracter dialéctico de implicación y polaridad, que rige Ia proyección de los valores en ei factum de Ia experiência jurídica, — proyección que se refleja en sucesivas objetividades normativas —, ya está abierto ei camino para contestar Ia segunda pregunta formulada, es decir, Ia pregunta sobre como los três factores dei Derecho se correlacionan, o sea, como actúam los unos sobre los otros.

Si Ia unidad es dialéctica, ella se desdobla en momen- tos, y vale por su unidad y en su unidad, sin que cualquiera de los factores pueda ser considerado como predominante, de modo absoluto.

Sin embargo, de manera relativa, se puede decir que para ei jurista, en tanto que jurista, ei momento culminante es ei normativo. Pero Ia norma jurídica jamás poderá ser compreendida integralmente atendiendo tan solo a su aspecto formal de proposicion lógica. Esto no obsta para que pueda y deba ser estudiada, por abstracción, por Ia lógica jurídica formal. Con todo, Ia norma jurídica implica, necesaria y concomitantemente, una referencia tensional a los datos de hecho y a Ias exigências axiológicas que le dieron vida, así como también a Ias implicaciones inter- ferentes o sucesivas de caracter fàctico-axiológico que pue- den cambiar su significación. Esta es Ia razón por Ia cual Ia espécie de normativismo jurídico que resulte compatible con Ia concepción tridimensional, que dei Derecho tiene Miguel Reale, es un normativismo concreto, y no un norma- tivismo abstracto y formal.

Desde ei punto de vista de Ia jurisprudência o ciência jurídica, ei Derecho debe ser visto como norma, siempre y cuando se considere Ia norma como una unidad integrante y dialéctica de hechos y valores. Cada norma jurídica tra- duce Ia solución o Ia composición tensional que, en ei âmbito de cierta situación histórico-social, fue posible lograr entre exigências axiológicas (ideales políticos, intereses, presiones ideológico-económicas, valoraciones jurídicas, morales, re- ligiosas, etc), y un determinado complejo de hechos.

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Es obvio que Ia norma jurídica no brota dei hecho por virtud de un processus de revelación immanente, cual su- cede con Ias leyes físico-naturales explicativas de los fenô- menos, Ias cuales son, en ei fondo, como ya se dijo con acierto "ei retrato sintético dei hecho" Las normas jurí- dicas, lejos de ser una mera captación de lo que ya se contiene en ei hecho, implican una toma de posición opcio- nal y constitutiva por parte dei hombre, frente ai hecho, y según critérios de valor, irreductibles ai plano de Ia f acti- cidad. Así pues, Ia norma es una síntesis superadora que traduce, no un Derecho ideal o ei más perfecto, antes bien, apenas ei Derecho positivo o positivable, en función de va- loraciones prevalecientes en un determinado médio social.

Ahora bien, como quiera que después de Ia constitución de Ia norma prosiguem las experiências axiológicas, pro- duciéndose mutaciones, mayores o menores, en Ia tabla de los valores o en Ia incidência o comprensión particular de estos; y como quiera que concomitantemente se verifican câmbios contínuos en las situaciones fácticas, es preciso re- conocer que Ia norma jurídica permanece siempre en estado tensional. La realizabilidad de Ia norma jurídica — y re- cuérdese que desde Ihering se dice que Ia realizabilidad es una nota esencial dei Derecho — implica una continua re- ferencia a las conexiones fáctico-axiológicas ya vividas, así como también a las nuevas conexiones fáctico-axiológicas inherentes ai devenir histórico.

En suma, según Miguel Reale, en Ia concepción tridi- mensional dialéctico-integrante dei Derecho, están conteni- dos o implicados los siguientes asertos:

1) Se senala un momento conclusivo, pero particular. Este momento conclusivo de Ia norma se halla, no obstante, inserto en un "processus", siempre abierto ai advenimiento de nuevos hechos y de nuevas valoraciones.

2) La norma jurídica no tiene una significación en si misma, como u m dato matemático, o sea, como abstraída de Ia experiência (normativismo abstracto), sino que, por

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ei contrario, vale en Ia funcionalidad de los momentos que condicionam su eficácia (normativismo concreto).

3) La norma jurídica implica una previa toma de po- sición opcional, que se da en una decisión por parte dei poder, tanto si se trata de un órgano constitucionalmente establecido para dictar regias jurídicas, como si se trata dei poder difuso en ei cuerpo social, según acontece en ei caso de las normas consuetudinarias.

4) La norma jurídica no puede ser interpretada ni apli- cada como una simple proposición lógica. La estructura lógico-formal de Ia norma jurídica es ei soporte de signi- ficaciones estimativas, y presupone constantes referencias ai plano fáctico.

5) La norma jurídica posee una cierta elasticidad, capaz de tomar en consideración, en mayor o menor grado, los câmbios fáctico-axiológicos. Guando tal elasticidad se vuelve incompatible con los câmbios operados en ei médio social, entonces se impone una revocación o una derogación de Ia norma y Ia' sustitución de esta por otra más adecuada.

Tales asertos equivalen a decir que Ia norma jurídica sufre una alteración semântica, a pesar de Ia inalterabilidad formal de su enunciado, a pesar de Ia permanência into- cable de su ropaje verbal. La semântica jurídica es ei estú- dio de los câmbios de sentido temporal de las regias de Derecho, y constituye una demonstración cabal de Ia índole integrante y dialéctica de esas regias.

Si bien para ei jurista, en tanto que jurista, ei Derecho se presenta sub specie normativitatis, en cambio, no sucede lo mismo cuando se acioptan otros puntos de vista, o sea, cuando se contempla ai Derecho en otras perspectivas.

Para ei sociólogo dei Derecho, ei punto saliente dei processo dialéctico de ia positividad jurídica está repre- sentado por ei factum de Ia conducta, cuya comprensión requiere Ia referencia a los otros dos factores, a fin de que se pueda hablar de un hecho especificamente jurídico y no solo de un hecho genericamente social. Es precisamente Ia

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tridimensionalidad lo que explica y legitima Ia autonomia de una sociologia jurídica en ei âmbito de Ia sociologia general.

Cuando se afirma que Ia sociologia jurídica tiene por objeto ei estúdio dei Derecho como hecho social, con ello se acentua Ia conciencia teorética. Ahora bien, un hecho social puede ser considerado jurídico, solo por virtud de presentar algo específico: Ia especificidad dei "factum ju- ridicum", Ia cual deriva de su calificación normativa, de nexos de imputabilidad, y de su correspondência a intere- ses y valores, que son reconocidos como merecedores de una específica garantia. Si se hiciese total abstracción de esos "elementos de referencia", desapareceria entonces Ia nota específica de Ia juricidad.

Así pues, no es correcto decir que ai sociólogo solo le interessa Ia efectividad o Ia eficácia dei Derecho, por ejemplo, ei Derecho como conducta observable empírica- mente. Por más que Ia eficácia sea ei aspecto dominante en Ia comprensión dei sociólogo, Ia eficácia implica una correlación necesaria con Ia vigência (cualidad técnico for- mal de Ia norma jurídica) e con ei fundamento (cualidad axiologica de Ia norma jurídica).

Así pues, no se trata de simples cuestiones de grado, — aunque evidentemente haya también una diferencia cuantitativa — sino que se trata de una diferencia de cuali- dades, en Ia captación dei proceso de positivización jurídica, o sea de Ia realizabilidad normativa de los valores.

Por otra parte, ei cultivador de Ia política dei Derecho o política legislativa, quien procura Ia vivência de los va- lores en las ocasiones y contingências espacio-temporales, a fin de suministrar Ia norma de Derecho más oportuna y necesaria en función de los intereses actuales de Ia comuni- dad, pone un especial acento en Ia dimension de valoración. El político dei Derecho no analiza, pues, valores en ei plano trascendental, sino que se ocupa de valoraciones en Ia órbita empírico-positiva, realizando un trabajo de senalamiento de directrices axiológicas, en función de lo posible, dentro dei campo de lo político.

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Con esto se evita ei equívoco de pensar que sea siempre de caracter filosófico-jurídico toda y cada una de las consi-

deraciones dei hecho jurídico a través dei prisma axioló-

gico. Una cosa es ei estúdio de los valores como "condi- ciones trascendentales" de Ia experiência jurídica (plano

de investigación dei filósofo dei Derecho); y otra cosa es Ia averiguación de las valoraciones actuales, o sea, de Ia

vivência psicológico-social de valores, dentro de las condi-

ciones empíricas en que ei legislador debe colocarse, en tanto

que intérprete de las aspíraciones colectivas (plano de inda-

gación dei político dei Derecho).

Los problemas de política dei Derecho, como se des- prende de lo expuesto, corresponden principalmente a las formulaciones de lege ferenda; mientras que Ia ciência dei Derecho se desenvuelve sobre todo sobre ei plano de lege lata, mediante Ia interpretación, Ia construcción y Ia sis- tematización de las regias jurídicas en vigor.

La tarea de Ia política dei Derecho, punto de inter- sección dei saber jurídico con ei saber político, desgracia- damente fue excluída por mucho tiempo de Ia labor cientí- fica. Pero hoy se hace cada vez más necesario restablecer una tradición de estúdios, que una doctrina positivista, demasiado estrecha, creyó poder sustituir mediante Ia so- ciologia jurídica y Ia sociologia política. Estas, en realidad, suministran datos y elementos, con los cuales, en conexión con otros factores de orden psicológico, econômico, etc, ei legislador debe orientarse en su labor de elaboración de Ia regia jurídica, según las exigências axiológicas de prudên- cia, de oportunidad y de conveniência, tal y como todas ellas se confíguren en las diversas ocasiones históricas.

Lo que motivo ei descrédito de Ia antigua teoria de_ Ia legislación, ai modo de las obras clásicas de Bentham o de Filangieri, fue su caracter abstracto de índole iluminística o moralizante, en contraste con Ia carência de conocimientos psicológicos, sociológicos y econômicos sobre los hechos condicionantes de Ia acción legislativa, como, por ejemplo,

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sobre Ia opinión pública, las ideologias, los grupos de presión; y íue también Ia falta dei sentido de sintesis, que debe poseer quien, en ei plano de Ia práctica, no se ocupa

genericamente de los valores, antes bien, sobre todo, de Ia problemática de los médios y de los fines, en ei âmbito de una determinada convivência y dentro de las coordenadas de una singular situación histórica.

E n ei fondo y en fin de cuentas, ei fin es ei valor, en

cuanto reconocido racionalmente como motivo de conducta.

Así pues, Ia política dei Derecho senala ei momento teleo- lógico, que prepara y demanda Ia opción por una determi- nada solución legislativa, con exclusión o aplazamiento de otras vias posibles, todo lo cual implica ei estúdio objetivo de Ia correlación entre los médios idónes y los fines recla- mados por Ia colectividad.

Resulta, pues, que no se debe confundir ei plano filo- sófico dei valor, visto como condicionalidad trascendental de Ia experiência ética en su universalidad, con ei plano cientifico-positivo de las condicionalidades empíricas, a que se subordinam los procesos concretos de valoración, esto es, con las conexiones teleológicas que tejen Ia trama de Ia positivídad jurídica.

Por consiguiente, resulta clara Ia distinción entre Ia esfera de Ia filosofia dei Derecho — estúdio crítico-trascen- dental de las condiciones lógicas, axiológicas e histórico— culturales de Ia experiência jurídica — por una parte, y, por otra parte, ei âmbito de las diversas ciências o saberes jurí- dicos, que tratan de Ia experiência jurídica según vários critérios empírico-positivos.

Así pues, en contraposición a cualquier discriminación abstracta, Reale considera que, puesto que ei conocimiento dei Derecho es esencialmente tridimensional, lo que sucede en cada ciência particular es ei predomínio de determinada perspectiva en función de uno de los três elementos apun- tados, distinguiéndose además cada investigación también por ei sentido de su desenvolvimiento.

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O, expresándolo de otra manera, se puede distinguir entre três sentidos vectoriales de indagación a los eu ales corresponderán diversas exigências metódicas, a saber:

Hecho valor Norma (vigência) Valor norma Hecho (eficácia) Norma hecho Valor (fundamento)

Desde ese punto de vista relativo, Miguel Reale afirma que Ia ciência dei Derecho es normativa, cuando ei De- recho se contempla en tanto que los análisis de él se verti- calizan en Ia dimension de normatividad. En cambio, Ia f acticidad es Ia dimension que interesa predominantemente a Ia sociologia jurídica. Por otra parte, tales discrimina- ciones nos auxilian para rechazar Ia norma jurídica como pura categoria lógica estática, como un simple juicio ca- racterizable como hipotético, disyuntivo o conjuntivo. La norma jurídica es una entidad histórico-cultural: es ei momento de un proceso que requiere e implica los otros dos momentos para su plena comprensión. La lógica jurí- dica formal estudia ei soporte o trama ideal de Ia norma, aclara su significado lógico; pero seria equívoco perder de vista Ia índole dialéctica e integrante que le es propia.

Por consiguiente, si se comprende que es imposible aislar cualquiera de los três factores que componen ei De- recho, y que, por tanto, se debe conservar su unidad dia- léctica, Ia tridimensionalidad suministra critérios objetivos para Ia clasificación de las formas dei saber jurídico, po- niendo un poço de orden en ei maré magnum de los estú- dios relativos ai Derecho.

3. Forma y contenido según Reale. Axiología jurídica.

Forma y contenido son dos elementos que se interfie- ren ei uno ei otro, sin que jamás se resuelvan ei uno en ei otro, ni se anule ei uno por ei otro. La exigência de salvaguardar Ia certeza y Ia objetividad de Ia norma jurí-

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dica, llevada a su limite máximo, puede determinar que se perjudique ei contenido dei Derecho. Y, a Ia inversa, Ia preocupación de hacer valer y de salvar ei contenido dei Derecho en cada una de las particularidades de sus deter- minaciones sociales, puede conducir ai Derecho libre, a Ia perdida de toda objetividad, así como de Ia certeza verda- dera y propia de Ia norma jurídica. Ante estas dos posi- bilidades extremas, Reale subraya con ei debido relieve ei caracter de Ia ciência dei Derecho y de Ia jurisprudência como forma de conocimiento en ei cual las dos citadas exi- gências deben corregirse e implicarse mutuamente, sin disolverse Ia una en Ia otra.

El fenômeno jurídico concreto, en todos sus aspectos, está caracterizado siempre por un hecho social que asume Ia forma objetiva de Ia certeza jurídica. Pero, en compen- sación, Ia certeza objetiva de un sistema de normas tiene una función jurídica real solo, cuando sirve a los intereses reales de Ia situación social a que pertence ei sistema. La norma en cuanto a su contenido concreto implica intereses. El contenido concreto de los intereses se traduce en Ia obje- tividad formal de Ia norma. Esta implicación mutua, como polaridad de forma y contenido, constituye Ia peculiaridad dei dato jurídico.

El problema de Ia interpretación jurídica es ei pro- blema de un proceso cognoscitivo que implica en si Ia coexistência de dos actividades, una irreductible a Ia otra: una actividad de adecuación ai esquema formal de Ia norma, y una actitud de adecuación ai desenvolvimiento de Ia realidad social sobre Ia cual debe aplicarse Ia norma.

Luigi Bagolini considera que ei punto de vista de Reale es institucionalista. La esencia dei fenômeno jurídico es Ia de un ordenamiento o institución que se expresa en normas. Al puro normativismo, Reale contrapone ei aspecto institucional dei fenômeno jurídico. Pero, por otra parte, contra ei puro sociologismo de algunos autores neo-positi- vistas que tienden a reducir ei fenômeno jurídico a un mero hecho social y a concebir ei conocimiento jurídico concreto

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como conocimiento sociológico, Reale hace valer ei elemento de objetividad normativa, mediante ei cual debe expresarse necesariamente ei Derecho concebido como ordenamiento.

El fenômeno jurídico es institución y ordenamiento, pero a Ia vez tiene en si algo que supera su propio caracter de ordenamiento normativo. Reale concibe una exigência puramente filosófica, Ia cual, si por una parte Ueva a una concepción integral dei fenômeno jurídico como ordena- miento normativo, por otra parte conduce a rebasar Ia propía concepción institucional. El análisis dei Derecho positivo revela algo que resulta inagotable en las manifes- taciones fenoménicas y exteriores de este. Y así se hace patente Ia necesidad de un espécie de trascendentalismo axiológico. La regia o norma jurídica es Ia expresión limi- tada de un juicio de valor más extenso, en ei cual aquélla se origino, pero que tiene una esencia propia y Ia virtualidad de engendrar nuevas y nuevas normas.

El valor es ei elemento que impide Ia reducción de Ia esencia de Ia regia jurídica a una relación pura y simple de presupuestos y consecuencias, y también a un mero juicio fáctico. Esencialmente implícita en toda regia jurídica hay Ia idea de un deber ser axiológico.

El primer tema de Ia axiologia jurídica, según Reale, es ei de relación entre valor, obligación, y finalidad o pro- pósito. Un fin o propósito es un valor reconocido como motivo para Ia conducta. Los valores son los fines últimos, es decir, aquellos fines que no pueden ser tomados ulter- riormente como médios para otros fines. Los valores son, pues, Ia base para los fines o propósitos. La axiologia es ei fundamento de Ia teleología.

Miguel Reale está de acuerdo con Nicolai Hartmann en Ia distinción entre ei deber ser absoluto de los valores, por una parte, y ei deber hacer u obligatoriedad positiva pre- sente que mana de ellos en determinado momento. Pero, en cambio, discrepa frente a Hartmann en dos puntos. Reale no cree que los valores sean meras ideas; tampoco entiende que pueda haber valores indiferentes a Ia existen-

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cia, a Ia realidad, porque todo valor se manifiesta a través de Ia historia, renovándose constantemente. Los valores se manifiestan en Ia realidad concreta dei hombre, quien es Ia única realidad en Ia cual se cruzan o confluyen Ia ontologia y ia axiologia.

El hombre es solo en tanto en cuanto es sujeto de una obligación; y es sujeto de una obligación solo en tanto que él es lo que es. Valor, obligación o deber, y propósito, son pasos en Ia unidad de un proceso que, a pesar de muchos zig-zags, siempre está de acuerdo con ei ideal de adecuación entre realidad y valor.

Según Reale, los valores son percibidos a través de un proceso de caracter emocional. Por consiguiente, los valo- res no pueden ser reducidos por completo a fórmulas ra- cionales. Sin embargo, hay algo racional en ei campo de los valores, en tanto en cuanto los valores funciónan como base para los fines o propósitos, que son fijados o estable- cidos de un modo racional. Y, además, hay racionalidad también en Ia relación entre fines y médios.

Los valores son Ia posibilidad para que ei sujeto pueda actuar, en tanto en cuanto él los haya elegido como fines para su conducta. Y los valores son las posibilidades que ei contorno histórico ofrece ai hombre a través de Ia con- ciencia que él tenga de ese marco situacional.

Por lo tanto, los valores son variables. Sin embargo, los valores tienen una objetividad relativa, que está ga- rantizada por Ia estructura misma tanto de Ia conciencia, como por Ia dei ambiente, contorno y circunstancia.

El hecho de que Reale considere que los valores son variables, no implica una posición escéptica o relativista, porque Reale considera Ia persona humana — y Ia posi- bilidad que esta tiene de elegir valores —, como ei valor fuente y básico.

Hay cambio en ei contenido de los valores, porque hay cambio en las posibilidades básicas que Ia mente, en su desarrollo histórico, ofrece ai conocimiento y a Ia voluntad. No obstante, a través y por debajo de todo ese cambio, hay

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una necesidad metafísica permanente: Ia necesidad meta- física dei valor, Ia cual, aun teniendo un contenido variable, hace posible para los otros valores Ia coexistência dentro dei contorno histórico determinado por esos valores.

La justicia, que es Ia meta última dei Derecho, consti- tuye precisamente ese valor cuya función hace posible Ia

realización ordenada de otros valores. La justicia es un valor cuyo contenido está constituído por aquel conjunto de condiciones que, aunque variando ai tenor de los diversos ambientes y de las diversas situaciones sociales, hacen posi- ble ei orden social.

Reale habla dei bien común en relación con Ia justicia. En ei concepto de bien y de interés común presupone ei concepto de integración de los intereses individuales que surgen en una determinada realidad social. El bien común correspondiente a una determinada situación social, pre- supone Ia posibilidad de relación y de integración de los intereses particulares de los indivíduos que viven en ella. El bien común surge dei acuerdo de los intereses indivi- duales. El interés de un indivíduo está en contraste con ei bien comum, quando está en contraste con ei acuerdo de los intereses ajenos.

Decir que Ia justicia es un valor, que se pone como con- dición para Ia realización de otros valores, no significa sim- plesmente decir que Ia justicia sea un fin. La justicia per- tenece a Ia realidad de los valores y Ia realidad de los va- lores no es reductible a Ia realidad de los fines.

Se ha definido esta concepción de Reale como histori- cismo axiológico. Reale polemiza tanto contra ei histori- cismo puro de caracter idealista, como contra toda con- cepción de los valores como elementos meta-hístóricos, o como elementos separados dei proceso histórico.

Los valores son los datos que constituyen las directrices dei proceso histórico. El proceso histórico es un proceso espiritual es ei propio proceso en ei que se desdobla Ia conciencia humana. La história no es una serie de datos físicos, porque es precisamente Ia explicación de Ia con-

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ciência. La conciencia, esto es, Ia realidad espiritual, se distingue de Ia realidad física, precisamente en cuanto que aquélla es generadora de valores. La conciencia es pro- yección de valores. La relación entre Ia conciencia de un indivíduo y Ia de otro, y Ia relación entre Ia conciencia de un indivíduo y ei conjunto de las conciencias de los demás, constituyen relaciones de valores. La consecuencia de todo ello se explica en su realidad espiritual, como proyección de valores.

Reale habla de Ia persona humana como valor absoluto, que está implicado en cada forma de experiência moral y jurídica. Concibe Ia persona como posibilidad de elección constitutiva de valores. La persona es ei fundamento de Ia libertad. La libertad se entiende aqui no como pura liber- tad empírica, no como pura racionalidad meta-empírica, antes bien, en sentido axiológico como elección concreta de valores.

La persona es valor absoluto porque es condición de afirmación y de actuación de todo sistema de valores. Ofender y destruir Ia personalidad humana significa ofen- der y destruir ei valor absoluto, esto es, aniquilar Ia posibi- lidad de elección de los valores. Colocarse contra Ia per- sona significa oponerse a Ia comunicación histórica de los valores, Ia cual solo puede convertirse en posible a través de Ia libre elección de los valores.

La persona es ei valor absoluto e incondicionado, porque es Ia condición imprescindible para Ia elección y Ia comunicación de todos los demás valores. Pero todos los demás valores son relativos a las situaciones culturales e históricas que expresan. La objetividad de un valor, o de un sistema de valores, coincide con Ia objetividad dei ambiente social y de Ia situación cultural en Ia cual se ma- nifiesta aquél. Es una objetividad relativa, no absoluta, no incondicionada, antes bien, social e historicamente con- dicionada.

Según ei pensamiento de Reale, no se puede imaginar una creación de valores que no este condicionada por Ia

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situación histórica en que se produzca. Una experiência de valores determina situaciones históricas, pero ai mismo tiempo está condicionada por situaciones históricas prece- dentes. El pasado histórico, las estructuras históricas pre- téritas, son las condiciones positivas en Ia experiência de los valores.

El pasado histórico no se resuelve dialécticamente en Ia creación presente de los valores. E n oposición crítica contra algunas doctrinas neohegelianas, Reale considera que ei pasado no es un momento dialéctico negativo en relación con ei presente, sino que es un "momento dei espi- ritu, condicionante de otras posibles aperturas y perspecti- vas de Ia existência humana".

Una axiologia a-histórica o méta-histórica no puede tener sentido, porque es solamente en Ia historia, y a través de ia historia, como se perfecciona ei conocimiento dei mundo de los valores, aunque estos trasciendan de las contingências dei vivir histórico, en cual jamás logrará captarlos definitivamente en todas sus posibilidades y proyecciones.

A través de Ia historia, los valores son racionalizados como fines. Racionalizar significa necesariamente mediar. Por eso, Ia racionalización dei valor como fin indica que ei valor debe ser considerado en relación con los médios idôneos para su realización.

Reale se opone a Ia resolución dei problema ético sobre ei plano naturalista de los médios. La elección de los médios no es esencial ai valor, pero es esencial a su reali- zación histórica como fin. Por otra parte, Reale quiere combatir también toda concepción abstracta dei valor, tal y como esta se produce cuando ei valor es considerado exte- riormente a su nexo con las condiciones de su realización. Por eso, Reale afirma Ia esencialidad de tal nexo. En este âmbito sustenta una polaridad entre valores y médios: una polaridad, en cuya base está ei valor, ei cual aunque en cuanto a su actuación este condicionado a los médios, es todavia susceptible de prevalecer sobre estos.

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