Historia de los Reinos Hispánicos, Apuntes de Historia de España
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Historia de los Reinos Hispánicos, Apuntes de Historia de España

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Historia de los Reinos Hispánicos
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Historia de los Reinos Hispánicos (2018 - 2019)

Tema 1: Introducción. Desarrollo de la Historia Medieval en España.

El concepto se refiere a mostrar la evolución de los diferentes reinos de la Península Ibérica de los siglos V a XIV y sus diversas culturas (cristiana, musulmana, judía). Esta idea se opone a una visión conjunta de la época de Franco. Con la llegada de la democracia y las autonomías, las diferentes regiones fueron desarrollando sus diferentes historias, con el estado central también queriendo integrar la multiculturalidad de España. A medida que el país se descentraliza, también lo hace la historia tradicional de España. La pluralidad de España se ve reforzada por su historia.

El concepto de Reinos Hispánicos también combate una serie de concepciones, como por ejemplo el concepto de ​Reconquista ​(que implica que el territorio era legítimamente de los cristianos) o ​Visigotismo ​(que señala a los visigodos como el único origen de España). La Edad Media en realidad es solo una construcción historiográfica que cambia con la cultura que la rodea.

La Edad Media puede dividirse en Baja Edad Media (siglos V - X), Plena Edad Media (XIV - XV) y Alta Edad Media (XI - XIII).

El Medievalismo siempre ha sido prestigioso e importante en la cultura española, debido a la importancia de la época en la formación nacional. Es también importante debido a los nombres de los medievalistas españoles exitosos, como Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz y Vicens Vives. El sistema académico español siempre ha tenido problemas económicos y políticos que lo han llevado a una cierta autocracia. Había un aislamiento que hacía que llegaran pocas novedades, creándose un mundo autoreferencial que llevará al colonialismo historiográfico (profesionales de fuera estudian la historia de dentro). En los últimos años han aparecido diferentes trabajos sobre el medievalismo español, como el de Cristina Segura (1990) en el que analiza el medievalismo por regiones, el de Julio Valdeón sobre cuestiones metodológicas y los trabajos del profesor Jaume Agüero.

En el s XIX se fragua el peso del medievalismo en España, atado con el romanticismo artístico y su característica de mirar al pasado. Se acaba también la fuerza del análisis de la formación del alma española, pasándose a enfoques dirigidos a las revoluciones campesinas y las clases obreras. la educación es autodidacta hasta principios del Siglo XX, donde empiezan a tener importancia organizaciones y revistas. A partir del año 36, la Guerra Civil aumenta el carácter aislacionista del medievalismo español, y más aún con el franquismo. Muchos medievalistas tuvieron que exiliarse. En los años 40 empieza la historiografía nacionalista española, que construye la idea de que España es diferente, y justifica el régimen dictatorial, habiendo una conexión

importante entre acción política e investigación histórica. No podemos descartar la idea de que nos encontramos ante un historiador militante o comprometido con el régimen (militante orgánico). A partir de la decepción en España surge también la Historiografía Positivista (que toma datos y los reduce al papel). En el año 47 surge una conferencia llamada “La Reconquista y la repoblación del país”. Se reflexiona sobre la Reconquista y sus territorios, tratados desde un punto colonialista, tratado desde un punto de vista positivista por historiadores como José María Font. También surgen obras como la “Biografía de Alfonso X”, de Ramón de Ballester. Todo gira alrededor de las pruebas y de la historia política.

En los años 50 hay un gran esfuerzo individual por parte de intelectuales en donde son escasos los viajes al exterior y poco interés por la metodología o la interdisciplinaridad. La historia se mueve por una motivación ideológica. Vicens Vives no tiene su obra publicada en el extranjero, aunque hay excepciones por parte de los exiliados, como Albornoz o Castro. Es un paisaje desolador. En los 50 también viajó Vicens Vives al Congreso de Ciencias Medievales de París, donde queda impresionado por los estudios de la Escuela de los Anales. A su vuelta, creó una escuela propia, la Escuela de Barcelona, a la cual pertenecieron Jordi Nadal o Josep Fontana. Gracias a esto, la historia socioeconómica se convertiría en parte del conjunto. Hay además una progresiva llegada del Marxismo inglés, que se hace hegemónico a partir de los 70. La modernización fue también ayudada por Hispanistas (estudiosos de la historia de España que investigan desde fuera del país) que estudiaban la historia con trabajos libres de influencias nacionalistas o políticas, ayudados por su contacto con los historiadores locales. Al llegar los Hispanistas, los historiadores locales empiezan también a racionalizar la historia, dándose cuenta de sus similitudes con otras culturas, lo que les permite leer sobre esta clase de temas. durante esta época, también se publican fuentes y repositorios documentales, además de archivos. Se crean o refuerzan también revistas como ​Hispania Sacra​.

Los 60 fueron unos años de despegue económico, con lo social primando sobre lo nacional, ya sin estar ante una sola historia positivista. Aparece también el multidisciplinarismo. También ocurre el fin del Franquismo, que causa un aumento del diálogo con el exterior, causando que expertos salgan y hagan tesis en sitios como Inglaterra o Alemania. Dentro de España hay también un cambio en los estudios, que pueden ser a nivel autonómico, local, nacional…

En los 80 el Marxismo y los Anales franceses tienen una influencia particular que hacen que España empiece a compenetrarse con el resto de Europa. Destaca “La formación del en la Península Ibérica”, que muestra el espíritu de esta época, enfrentándose al esencialismo y a la idea de la España eterna de los hombres y Dios, siendo fruto de judíos, cristianos y musulmanes por igual. Ponía en duda el esencialismo español y la unidad medieval. Los historiadores atados al marxismo se centran en problemas sociales, pero también hubo historiadores que hacían historia tradicional, adherida al documento y creando un relato racional. También surge la llamada Historia de las mentalidades, encabezada por Legoff y Bonassie, introduciendo temas como la

muerte, el trabajo, las lecturas, la historia de las mujeres, y algo que se daba ya antes en la Escuela de los Anales, la interdisciplinaridad. A finales de los 80 hubo dos acontecimientos esenciales: la crisis del marxismo en el 89 (caen los países del socialismo real) y la refinación de la Escuela de los Anales en el llamado Tournant Critique (renovación de la revista que fracasa).

En los 90, nos encontramos con una mayor variedad metodológica y una mayor cohabitación entre historia tradicional, política, especialista, marxista… según expertos, en general, la historia social y los campos de innovación metodológica (viejos autores convertidos a nuevas metodologías, hispanistas y nuevos historiadores). Cada vez nos encontramos en una situación más compleja y variada, que podemos llamar epistemología metodológica. Incluso en este contexto, la historia tradicional sigue teniendo un peso importante. Los trabajos de historia social incluyen tanto de españoles, como Bonachía, como de hispanistas como Teófilo Ruiz, además de la historia rural o la nobleza, minorías étnicas, fronteras, alimentos… La nueva historia política trata de discursos, estudios, representaciones del poder, lo cual muestra una renovación de la historia política. Se abandonan las historias sobre reinados y se enfocan en parentescos.

Por último, tenemos las tendencias más recientes, como la búsqueda de convergencia de filología e historia, surgiendo el medievalismo que mezcla las dos anteriores y además la historia del arte. Eso da lugar a una mayor interdisciplinariedad, o que se empiecen a estudiar textos medievales. Nos encontramos también con la posibilidad de la historia digital. No hay una única corriente en el medievalismo español, debido al reciclamiento de antiguos escritores, hispanistas, o jóvenes historiadores en el extranjeros. Podemos establecer una conexión entre las investigaciones y el extranjero. Hay un buen sistema editorial, donde los buenos autores son aquellos que reciben mayores ventas. El estado de salud es controversial, o está mejor que nunca debido a todos los medios disponibles, o está regular debido a la complacencia histórica o la falta de oportunidades para los jóvenes.

Tema 2: Romanización y germanización en el tránsito a la Edad Media.

El neogoticismo es la utilización de los reinos visigóticos para crear unidades políticas, para buscar un pasado glorioso y común. En el siglo XIX el neogoticismo sirvió para la creación de un estado liberal español basado en el mundo visigodo, en parte debido a la aparición de otros estados y el romanticismo. No es la primera vez que se usaba el neogoticismo, como con los reyes católicos o los reyes asturianos con el fin de justificar la Reconquista, donde los cronistas de Alfonso III se vinculan con Leovigildo para legitimar su ataque contra el sur y buscar una restauración del reino de Toledo. Los cronistas del siglo XI y XII también integran la historia visigótica en la historia silense. También se puede encontrar en el “​Chronicon Compostellanum”, una obra del año 1126 que nos habla de toda la historia de España desde la invasión visigoda hasta la

muerte de de Urraca I de León,​ y la obra de Lucas de Tuy, clérigo e historiador autor del “Chronicon Mundi”, en el siglo XIII. La Casa de los Austria, la época de Carlos V, y la Casa de los Borbones también lo usarán. Con el reinado de Isabel II, la imagen visigoda se volverá a usar, pero centrándose en el concepto de la unidad y no el de la sangre y el linaje.

Los historiadores medievales del siglo XIX creían que los visigodos habían sido importantes para la formación de España porque habían proporcionado una fe, un sistema político y una serie de leyes al territorio, además de la importancia del Tercer Concilio de Toledo (7 de Abril de 589), en donde Recaredo se convierte al catolicismo, unificando religiosamente a los visigodos y los pueblos grecorromanos. En la Restauración, el neogoticismo se usó como elemento político en la unidad política excepto por los socialistas y anarquistas que creían en el universalismo. A comienzos del siglo XX surge el historicismo, la creencia que dice que los acontecimientos son irrepetibles, que todos los acontecimientos están atados a un devenir histórico. En España nos encontramos con la escuela histórico jurídica, que cree que españa habría surgido debido a los sistemas políticos como el ejército, la monarquía… Aparte de esta esta la escuela histórico eclesiástica, que cree que la religión es la columna vertebral de las naciones.

Alrededor de la Primera Guerra Mundial, e inspirado por Spengler y Nietzsche, Ortega pública “La España Invertebrada) donde explica que cree que España está en un proceso de desintegración debido al regionalismo e indepentismo, y que parte del problema de España es que los visigodos convivieron con el último gobierno romano, habiendo heredado su corrupción, y sostiene que nada positivo salió de ellos, no pudiendo elaborar estructuras feudales estables. Los pensadores atados a las instituciones de libre enseñanza rechazaron estas ideas, algunos incluso diciendo que la cultura visigoda fue corrompida, a su vez, por la musulmana. Después de la guerra civil destaca “La historia de los heterodoxos españoles” por Marcelino Menéndez Pelayo. A partir de cierto punto, y debido a la influencia eclesiástica en la Historia, se relaciona el ser español con el Mediterráneo y la romanización con el ser español, en vez de con los visigodos.

Tras el Franquismo, el reino español es retratado como un resultado de la influencia visigoromana, con Cantabria estando aislada y Toledo siendo un reino fragmentario. Thomson escribe un libro en donde denuncia la debilidad de la monarquía visigoda.

Desde el año 409 en adelante, podemos hablar del Estado Visigodo, punto a partir del cual entran los pueblos germánicos en España. Esta penetración trae la presencia de los visigodos, que se asientan en la antigua diócesis romana de España. La ocupación termina en el año 525, punto hasta el cual compartió el territorio con otros pueblos. Este mundo, por lo tanto es un conglomerado en donde los visigodos comparten territorio con la población visigoromana. Durante muchos años se intentó identificar a los visigodos como un Estado más débil que el romano, que tiene que hacer frente a la aparición del islam, y que puede crear una serie de organizaciones jurídicas.

Las razones por las cuales ha sido considerado un estado han sido historiográficas, basada en la silenciación de fuentes, la creación de relatos con intenciones políticas y la perspectiva de que la única ruptura que sucedió fueron islámicas. Las pruebas que creen que el mundo visigodo fue diverso muestran la debilidad de su poder político, debido a la presencia del episcopado católico, por la profundización de la dicotomía de los hombres poderosos contra los humildes…

El año 409 marca la llegada de suevos, visigodos y alanos, tres años antes habían cruzado el Rhin. Estos pueblos se caracterizan por su carácter aristocrático y la importancia del rey. A los alanos se le pierde la pista, los suevos se asientan en Gallaecia, y los godos. Los suevos se instalan con pactos con los romanos, después de deambular durante años por el imperio romano, entregando tierras a cambio de ayudas. A los visigodos les llevó establecerse un tiempo, durante el cual su centro político será Tolosa, siendo agentes del Imperio rom para contener a otros pueblos. Desde el 476, los visigodos no responden a los romanos y empiezan a integrarse. En 484, Alarico II intenta aplicar la Lex Romana al pueblo visigodo. Los repartos de tierra afectaron a zonas muy concretas de la Península. A finales del siglo VI la separación religiosa se desvanece debido a matrimonios mixtos y conversiones. Se declara la unidad del pueblo español, quedando excluídos los judíos (por el Liber Iudiciorum).

El asentamiento visigodo está limitado por su propio número, asentándose sólo en determinadas zonas, hablamos de 180000 a 200000 visigodos respecto a 5 millones de hispano romanos. Los motivos del asentamiento de los visigodos en el área en el que lo hicieron no están claros. Se entiende que eligieron zonas lejos de la zona visigoromana, y en grupos familiares, por su tradición y para practicar el arrianismo. Esto no explica por qué se instalaron en la Península. Esto se puede deber a un triple motivo: la ruralización. La meseta era un buen lugar para la agricultura y ganadería, además considerando que los centros administrativos seguían en las ciudades. Puede deberse también a que había que enfrentarse a los suevos, vascones y francos (pos estrat). También podrían haber querido alejarse del mar, ya que eran un pueblo de interior.

Hay poca información sobre los asentamientos visigodo. Hay un aumento de la pequeña propiedad, que no significa que no sigan habiendo grandes, pero debido al proceso de ruralización, las aldeas serán las grandes beneficiadas. Frente a estas, se conservan algunos centros urbanos, normalmente de carácter episcopal (Barcelona, Mérida…). A partir del siglo VI se permiten las existencias de nuevas ciudades.

Considerados mayores de edad a los quince años, expuestos a los caprichos de la naturaleza, como pestes, poca esperanza de vida, gran dispersión de la población, hambruna. Las ciudades que se crean estarán situados al norte para combatir a los pueblos de la cordillera cantábrica, se da evangelización.

Los siglos VI y VII se pueden considerar una continuación del declive del imperio romana. Esto está asociado a la ruralización del pueblo visigodo. Muchas de estas comunidades surgen precisamente de villas en descomposición. El metal quedará relegado a elementos de lujo, además de que se dejan de trabajar las minas. La

economía agraria se caracteriza por su falta de excedentes, al estar sujeta a los caprichos de la naturaleza y tener una baja productividad. Las vías romanas siguen existiendo, pero no hay nada que transportar ni demanda, así que quedan inutilizadas. Hay una atomización del espacio económico, fragmentándose en células. El proceso visigodo trae un enriquecimiento de los poderosos y un empobrecimiento del campesino, buscándose las relaciones familiares, la clientela del noble, y la encomendación personal al noble (privatización de las relaciones de poder). El pequeño propietario entrega tierras y libertad por seguridad a un gran propietario, que se aprovecha de las tierras y del vacío de poder que crea el estado, que usa para establecer el suyo propio. La gran propiedad se convierte en señorío y sustituye al Estado.

En esta sociedad rural constatamos la disminución de la esclavitud a partir del siglo VI gracias a la economía y el cristianismo, siendo convertidos en siervos. En estas circunstancias, llegan los visigodos a la Península. La existencia de reglas de hospitalidad y la falta de agentes intermedios como artesanos hacen que ambos grupos se acaban mezclando, culminando en la aparición de elementos que los unan como la aceptación de matrimonios mixtos, la aparición del liber y la ruptura de barreras religiosas con Recaredo. Surge una sociedad basada en la degradación del poder romano, con la privatización de los recursos y el cambio de la ley por los intereses del gobierno.

El año 875 es el año en el que triunfa Leovigildo ante los suevos, pasándose del reino de Tolosa al reino de Toledo. En este momento, los visigodos entienden la península como un territorio conjunto, incluyendo sus sedes episcopales y las fronteras al norte con los vascos y los cántaros. A partir de este momento se busca un reforzamiento del poder de la nobleza (destaca el trabajo de Leovigildo, que intenta territorializar el concepto de súbdito, buscando una unión de godos e hispanos). Se crean también instituciones de poder, como un órgano consultivo exclusivo para el rey (Oficium Palatinum). La ruralización lleva a la aparición de una nueva circunscripción, un territorio, llevado por un conde, que tienen atribuciones legales. En este momento de identificación, la Hacienda Pública se confunde con los asuntos propios de la Corona.

El año 881 va unido a la unión definitiva de romanos y visigodos mediante la conversión de Recaredo. El poder eclesiástico tenía una inmunidad fiscal que no solo abarcaba un territorio ahora visigodo, sino que además ataba moralmente a tanto romanos como visigodos a este último. También empiezan a celebrarse “Concilios”, asambleas en conjunto con la iglesia de las que saldrán legislaciones particulares. Eran obligatorios bajo la amenaza de excomunión y podían clasificarse en provinciales (incumbían sólo al episcopado provincial) y generales (agrupaban a los obispos del reino y tomaban decisiones de interés general). Estos momentos de colaboración se ejemplifican en una serie de tratados elaborados en estos Concilios. San Isidoro de Sevilla sostiene que el conjunto de naciones forma no un Imperio, sino un sinónimo con la Iglesia.

El ejercicio del Rey está vinculado además al carácter moral de sus acciones. El cuarto concilio de Toledo concluye que los nobles son los que controlan el ejercicio

moral del rey. Esto se puede ver en la práctica, en la coronación de Sisenando en el año 631, en el que el monarca tiene muchos problemas para sacar adelante su reino hasta que cuenta con el apoyo de la nobleza. También existe el caso de Chisdasvinto, que tiene una reacción de violencia contra la nobleza, eliminando enemigos y arrebatando bienes, además de prohibir matrimonios de parentesco próximo. En el caso de Wamba, este sufre una revuelta de algunos nobles, la cual gana y castiga a los sublevados. Tras esto, y tras intentar pasar una ley militar noble obligatoria, le pasa el poder a Ervigio.

El último proceso sería el triunfo de la nobleza, atado a una tendencia a una economía de grandes propiedades, con una degradación del sistema romano basado en la autoridad (relación con la ruralización, la privatización del poder…). También el Cuarto Concilio de Toledo establece el poder de la nobleza, compensándose a los nobles perseguidos y prometiéndoseles un juicio ante sus iguales. A esto hay que añadirle la peste, el hambre, la llegada musulmana… A finales de esta época se margina a la mayoría de la población de la toma de decisiones, que contempla los primeros conflictos entre la nobleza.

En cuanto a la cultura visigoda, gira en parte de las parroquias rurales, para extender el cristianismo, separándose poco a poco de la ciudad en respuesta al proceso de ruralización. También surgieron las Capillas propias del Señor, que provocan tensiones. El monacato empezará a desplegarse en la Península Ibérica. Tenemos también la conversión de Recaredo, en la que los visigodos se unen a la Iglesia Católica, usando la conversión se usará como una herramienta política. Esto provocó inconformismo en algunos godos, al esencialmente aliarse con el mundo eclesiástico y tener que luchar a su favor, por lo que hay un problema de cristianización, al estar la población también dispersa. Se produce, como en la nobleza, una privatización entre la conexión entre Dios y el hombre, que roba el sentido de comunidad cristiana, centrándose más en un hombre individualizado, hay un “individualismo contractual”, que busca la salvación mediante acciones personales. El bautismo, eucaristía… pierden su valor comunitario. En el mundo monástico también surge la regla de San Fructuoso, que propone un contrato en el que los monjes se ponen al servicio del abad.

La periferia peninsular fue refugio de figuras como Martín de Braga, y en el siglo VI tenemos lo que podríamos definir como renacimiento Isidoriano encabezado por San Isidoro, intelectual y arzobispo de Sevilla durante tres décadas. Una de sus obras más importantes es “Etimología”, en donde intenta explicar el origen de todas las palabras, además de “Historia de los suevos y los godos”, en donde cuenta la historia de los pueblos invasores de la península desde una perspectiva parcial hacia ellos. Se le considera uno de los fundadores de la Edad Media, actuando como puente entre los visigodos y el Imperio Carolingio.

Tema 3: Los árabes en la Península Ibérica El estudio de la cultura árabe en la península puede empezarse definiendo

exactamente que es Al Andalus. En el año 711, los invasores árabes bereberes

destituyen el reino visigodo que por aquel entonces gobernaba, y denominan la Península y parte del oeste de Francia. Al Andalus, siendo una definición a la vez política y geográfica. Las fuentes cristianas perciben Al Andalus como un enemigo, causado por una conjura judía, o una venganza de Don Julián, gobernador de Ceuta, que ve a su hija deshonrada por Roderico. Las fuentes árabes, mientras tanto, muestran el proceso de llegada a la península como algo unitario, un proceso armónico y centralizado, a pesar de reconocer ciertas rebeliones. Para los musulmanes, la entrada en la península es un paso más en un proceso de expansión que había comenzado hace mucho tiempo. No llegaron a dominar nunca todo el territorio, y en los primeros siglos habían grandes diferencias dependiendo del asentamiento, habiendo diferencias entre el Valle del Guadalquivir y el resto de Al Andalus. Hay incluso algunas zonas donde este principio de soberanía no se aceptara, con estas poblaciones siendo clasificadas como “rebeldes” o “disidentes”. Otros historiadores han usado palabras como “separatistas” o “autónomos”.

A nivel general, entre los siglos VIII y X estamos en una sociedad de transición. A partir de ahí se empieza a lograr una sociedad unificada. Acién señala que esta época está clasificada por la prominencia de lo privado a nivel abstracto, y de lo urbano a nivel concreto. La invasión a nivel general es una expansión de la campaña musulmana en el norte de África. Entre los años 640 - 642 están en Egipto, en el 670 en Túnez y en el 700 ya están a la altura de Marruecos. Las etapas finales de esta invasión fueron capitaneadas por Muza, que lanzó a musulmanes y tribus bereberes a la conquista. Tarik, el lugarteniente de Muza, cruza el estrecho con todas estas poblaciones en el año 712. Tras derrotar a Don Rodrigo en la Batalla de Guadalete, Tarik se dirige a Toledo en un proceso que llevará 40 años.

Para los historiadores del siglo XIX, se consideran españoles a tanto los visigodos como los musulmanes. Claudio Sánchez Albornoz defiende la continuidad hispánica, explicada por el número reducido de invasores que se instalaron en el territorio, no teniendo la suficiente influencia cultural. Los visigodos también tenían unas raíces hispano-romanas a las que agarrarse. Otras ideas consideran que la historia de España y de Al Andalus van cada una por su lado. La realidad andalusí estaba totalmente separada de la cristiana, al no considerarse ellos españoles.

En cuanto a la invasión, hay una gran pobreza de fuentes para los comienzos, con uno de estos siendo la “Crónica Mozárabe”. Un español establecido en Francia publicó un libro en el que dice que los árabes jamás invadieron la península, pretendiendo que era una conspiración por parte de los cronistas para encubrir la conversión pacífica del Sur de España al Islam. Esta tesis es totalmente indefendible. Américo Castro hablaba de la España de las Tres Culturas (judía, cristiana, árabe).

La creación del Imperio Árabe tiene un gran impacto en la Meca, punto de reunión religioso y comercial. Mahoma nace el 22 de Abril del año 571 y recibe su primera revelación a los 40 años, iniciando su función predicadora, empezando por su familia y más tarde expandiéndose, con opositores empezando a aparecer en grandes números ante sus prácticas monoteístas. En el año 622 se produce la huida de Mahoma

de La Meca, que marca el inicio del calendario musulmán. Mahoma se vinculaba con Abraham, que había tenido dos hijos, Isaac e Ismael, con el padre escogiendo a Ismael y los cristianos a Isaac. Esto lleva a una lucha entre los dos. A los musulmanes a veces se los llamarán “ismaelitas”. Con el tiempo llegaron a controlar la Meca, con su libro fundamental siendo el Corán, que se predicaba oralmente hasta que los seguidores de Mahoma lo transcribieron. Hubo una serie de enfrentamientos internos tras la muerte de Mahoma, con un grupo haciéndose con el poder y creando el cargo de máximo dirigente de califa. La dinastía Omeya se creará en el año 661, transformando un sistema tribal en un proceso expansionista, con un poder mayor hereditario.

La conquista del norte de África se prolongó durante 70 años, con una gran cantidad de derrotas. Surgirá en este contexto un debate sobre el puesto de califa y su sucesión, además de un conflicto entre el califa y los suníes (musulmanes que creen en la Sunna, una serie de relatos y dichos atribuídos al Profeta) que causará un cisma en la religión islámica.

Cuando los musulmanes llegan, la península está en un proceso de privatización del poder, religión y leyes. En el siglo VI, además, hay una fuerte contracción demográfica que acentuarán el proceso de ruralización. En este escenario, en el año 711, 12000 bereberes y árabes atacan Gibraltar y se expanden con facilidad, alcanzando rápidamente el poder político, haciéndose cargo de la estructura política del país. La cuestión es que se empieza a establecer una relación entre conquistadores y conquistados, con los últimos siendo mayores en número. Los conquistadores pretendían conseguir rápidamente impuestos, pero la tierra será un elemento esencial entre generales. Hay pactos mediante matrimonios y con las jerarquías eclesiásticas para ayudar con la recolección de impuestos quedándose aún así con el diezmo. Existe un debate sobre si la conquista fue armada o por pactos, además de discusiones sobre el reparto de las tierras adquiridas por las armas. Podemos afirmar que los árabes se quedaron las tierras más ricas, con los bereberes quedando limitados a otras peores.

A partir de su conquista, la Península fue adherida al Imperio Musulmán, y denominada Al Andalus, de capital Sevilla y luego Córdoba. No sabemos si había una división en provincias, pero los gobernadores tenían una influencia mayor, siendo a veces designados por el califa. La conquista y la expansión eran los principios fundamentales del gobierno.

El número de bereberes y árabes que llegan se calcula alrededor de 15000, haciendo la conquista bastante implausible sin el uso de pactos o negociaciones, de una manera similar a la visigoda. Las diferencias entre ambos grupos son casi menores. La proximidad geográfica de Al Andalus a África hizo que las familias se pudieran mover rápidamente, pudiendo reconstruir con facilidad las estructuras familiares. La mayoría conquistada integraba a los conquistadores solo a veces, porque los musulmanes son agnaticios (podía a veces heredar la mujer), mientras que los cristianos son cognitivos (solo heredaba el varón). La división social que nos encontramos se basa tanto en el origen étnico como en la religión. Una de las primeras preocupaciones de este pueblo es la creación de una estructura de recaudación de impuestos.

Los bereberes continúan con la misma estructura que tenían en su tierra, con un concepto de la tierra comunal y una sociedad comunal. Esto causaba conflictos entre estos y los árabes. Se habla incluso de un proceso de arabización. En cuanto a los cristianos, aquellos que pactaron retuvieron sus territorios y control sobre sus campesinos. Aquellos que se resistieron fueron dominados como esclavos, con estos últimos siendo más bien una minoría. En ambos casos debían pagar impuestos, y algunos se llegaron incluso a convertir al islam. Hubo matrimonios pactados en los que los hijos pasaban a ser parte del linaje del padre, poniendo fin a la familia. Había familias que resistieron esta absorción, y la Iglesia siguió siendo importante. Los campesinos eran siervos agrupados en aldeas o cortijos en comunidades que les obligaban a entregar parte de su producción. Parte de estos campesinos fueron a las montañas y se juntaron con otros prófugos visigodos, formando comunidades independientes.

En cuanto a los judíos, apoyan la invasión tras la persecución visigoda, ayudando con el dominio de las ciudades. Llamaron a la invasión “Sefarad”, y continuaron con sus actividades artesanales. La frontera más importante era la norte, con las primeras resistencias a la invasión árabe, como la batalla de Covadonga. La batalla no es mencionada por la crónica mozárabe. Según los árabes, las primeras resistencias son las de el Pirineo Occidental y no Asturias. En la crónica de Alfonso III se magnifica la resistencia cristiana, pensando que se reordenaron los datos para justificar un origen heroico de los reyes cristianos. Se establecieron dos fuentes de resistencia (buscar nombres) más tarde unidos por un matrimonio que haría llegar al poder a Alfonso I. A pesar de sus exageraciones, el reino abarcaba desde Galicia hasta Asturias.

Los árabes mientras tanto tendrán conflictos internos y los bereberes. Habrá una hambruna que causará un repliegue que Alfonso I usará para comenzar su expansión por la Península. El Emirato se desarrolla a lo largo de los años 735 y 739, convirtiéndose poco a poco en reino a partir de provincia, simulando lo que los Omeyas habían hecho ya en Siria. Había problemas en luchas religiosas entre los árabes y luchas por la sucesión entre los omeyas.

En el año 739, una rebelión bereber lleva al establecimiento de la dinastía Abasí, que intenta eliminar a todos los miembros de las familias anteriores. Entre los supervivientes se encuentra Abd Al Ramal, que volverá en el año 755 y crea un estado copiado de sus antecesores en Oriente, destacando a los miembros de la dinastía Omeya. Empieza a controlar distritos y provincias como un gobernador, se crea el centro político en roma y la construcción del alcázar. Profundiza su reinado a partir de la expansión territorial. Al Ramal tendrá problemas manteniendo el poder, teniendo una falta de control efectivo sobre el territorio, frente a lo que potencia la presión fiscal y crea un ejército personal de 700 hombres, además de crear un patrimonio personal. El reinado dura del año 755 al 788, y estuvo plagado de conflictos internos y externos.

En la segunda parte de su reinado podemos distinguir un fuerte énfasis en la urbanización, una política que será continuada por su sucesor Muhammad I y que afectará a la estructura del gobierno y potenciará las ciudades. Repite la organización en departamentos alrededor de una cancillería formada por visires y secretarios con

creación de protocolos de corte. Aumenta también la fiscalización mozárabe y la acuñación de moneda.

Muhammad I continúa esta política, suprimiendo los privilegios islámicos y aumentando la fiscalidad a los cristianos. En lo territorial se da una política de preservación, funda además nuevas ciudades y da nuevos mecanismos de control a aquellas ya existentes (gobernadores, murallas). También impulsa una agenda islamizada, fundando nuevas mezquitas y baños, y potencia el comercio regional, abandonando la yihad como fuente principal de recursos.

Durante el emirato, los muladíes y los bereberes se opusieron a la influencia de Córdoba en zonas del Valle del Ebro, como Mérida. Esto lleva a una serie de rebeliones debido a la presión fiscal y las resistencias al proceso de islamización, con los bereberes (previa estructura tribal) y muladíes (antiguos cristianos) mostrando más beligerancia, convirtiéndose en figuras “feudalizantes”. Los enfrentamientos de finales del siglo IX y comienzos del X son resultado de las contradicciones de las diferentes formaciones sociales. Además de enfrentamientos contra el Estado, hay enfrentamientos entre territorios urbanos y rurales y enfrentamientos entre individuos y grupos de poder por las Marcas (estados fronterizos).

Los muladíes tienen una influencia “fuedalizante”, donde se han ido abandonando los privilegios del principio de la conquista e incluso se deshacen antiguos pactos. La extensión de la islamización reduce la imposición de relaciones de independencia de tipo señorial. La política de urbanización fue atractiva para muchos individuos que partieron hacia las ciudades. Ante esta situación los muladíes intentaron recuperar territorios ocupados por campesinos independientes en zonas meseteñas ofreciendo protección frente al Estado islámico. La estrategia muladí consistía en primero rebelarse no pagando impuestos, a continuación, una rebelión abierta atacando y saqueando poblaciones cercanas que no están bajo sus control, y por último, tras el control del territorio, procuran obtener más recursos.

Los bereberes podrían haber tenido una sociedad tribal. Su esquema inicial es el de la agrupación comunal de la tierra, que rechaza por completo el pago de impuestos. La islamización y la ascendencia de familias enriquecidas que pretenden ir contra las poblaciones bereberes son las causas de la resistencia.

Otros grupos organizados islámicos entenderán que los linajes incorrectos tienen el poder, provocando conflictos internos. La República de Pechina se hace independiente, y por otro lado, B. Hayjay, a quienes se le concede la independencia por ser difíciles de dominar. La mayoría de las ciudades eran leales al califato y eran atacadas por señores rurales en desacuerdo con sus políticas.

En un califato, el califa era el jefe político y espiritual de todos los musulmanes, encargado de defender la heterodoxia oficial. Era también el jefe militar, que defendía la comunidad musulmana frente a sus enemigos. Aunque oficialmente sólo podía haber un califa (durante años solo existió el de Bagdad), a principios del siglo X los fatimíes se apoderan de Túnez y nombran un califa, con Ab Rahman III haciendo lo mismo en Al Andalus. Los símbolos del poder eran el trono, el signo real, el cetro y la

capacidad de acuñar moneda, además de actividades protocolarias como el fin de mes de ramadán, la despedida de otros gobernantes…

Ab Rahman III durante sus primeros 25 años de reinado establece su control sobre el territorio andaluz y supera la crisis previamente descrita, por la fuerte impronta militar que tiene este califato, teniendo unos recursos mayores a sus predecesores, con algunos historiadores diciendo que el principio de su reinado fue caracterizada por un período de paz, lo cual es inexacto porque hasta su imposición no hubo demasiada convivencia. Hay que resaltar también la presencia o la realización de nuevos actos con otros pueblos. A partir del año 929 asume el título de califa, con la visión tradicional diciendo que después de restaurar el control del territorio y someter todo el territorio sometió a Al Andalus para asumir el título de califa, mientras que otra visión dice que fue en respuesta a los fatimíes proponiendo a su propio califa.

La administración cuenta con pocos datos, aunque tenemos algo llamado “La Cancillería de Estado”, conformada por cuatro visires, uno que se ocupa de las provincias, otro de las marcas y los puertos, un tercero que trata todas las cuestiones administrativas, y una última que se encarga de la policía. A veces se nombra un Haziis, un ministro al cual se le asignan visires. También había Cadíes, que eran sacerdotes que cumplían con su deber con respecto al Corán. Al haber un mayor control territorial había una mayor recaudación de impuestos. Los impuestos se dividían en operaciones militares, obras públicas y la creación de un tesoro (reservas). No aparecen reflejados los gastos administrativos, por lo que es difícil hacerse una idea de las finanzas. El territorio sigue estando centralizado y lo seguirá con Al Hakar y con Al Mansur. Algunos historiadores piensan que el territorio estaba dividido y la idea del centralismo era propaganda omeya.

Al Hakar nombró heredero a su hijo Isán, considerándose esta una era dorada en Al Andalus. Hisam no llegará a gobernar, estando en su lugar Hisan II, con un gobierno caracterizado por las luchas de poder. Al Mansur se hará fuerte en el gobierno y aseguró el poder del rey, aislandolo y creando un ejército privado. Aumentó el número de visires para dejar fuera del gobierno a las familias tradicionales, lo cual causó fricciones. Tras la muerte de Hisan, se acabará el califato, fragmentándose en una centena de reinos llamados Reinos de Taifas

En cuanto a la cultura, el concepto de ella es “Emanantista”, proviene de Dios. Esta concepción es compartida por todos los intelectuales de Al Andalus, destacando sobre todo Al Farabi. Se descubre el número cero, y adaptan del mundo latino la mecánica y otras ciencias. Al Andalus se encarga de difundir la cultura, pasando los textos romanos por todo el mundo árabe, que luego se traducirán al latín. El período omeya es de recepción y adaptación, entrando en contacto con intelectuales como Hipócrates, que aparecen citados en textos. Se mejora el contacto con occidente, y la astronomía y las ciencias naturales se convierten en temas habituales. La palabra divina estará presente en gran mayoría de la documentación de la era. El refuerzo del árabe como lengua oficial potenció su uso. Resaltan los “Ajbares”una serie de relatos sobre

Mahoma sin relación entre ellos con la intención de resaltar a la dinastía gobernante. La poesía es también un sector estudiado.

Tema 4: Los nuevos núcleos cristianos en el norte peninsular

La cronología a la que nos referiremos va del 711 al año 1071. Las dos grandes características de este período serán el intento de establecer un vínculo político y social con los visigodos y aprovecharlo y el impacto de la presencia de Al Andalus en la península, provocando la homogeneización de la cultura cristiana. Para muchos historiadores este es el momento en el que se produce la transición al feudalismo, mientras que otros la mueven a la parte final. El mundo asturiano tiene en realidad muchas características propias, pero también es una sociedad joven que no acaba de crecer del todo. Las fuentes de esta época son escasas (poemas, documentos judiciales, cartas…), con un vacío documental importante entre el siglo VIII y el IX.

Entre el año 718 y 722 tuvo lugar un encuentro entre Pelayo y un destacamento musulmán en Covadonga. La documentación astur le dio demasiada importancia a la batalla, incluyendo elementos ageográficos. Pelayo vivía en el norte con su familia y se rebeló contra los musulmanes por motivos sociales y por las ambiciones de un musulmán de casarse con su hermana. Tras su victoria, los musulmanes fueron expulsados de su tierra y más tarde murió dejando un núcleo de poder como muchos otros, por lo que la idea de un reino rebelde único contra una gran fuerte no es eficaz. No obstante, podemos afirmar que muchos de estos poderes se definen por su oposición a Al Andalus.

Por lo tanto, el norte era una zona de pequeños centros cristianos. Pelayo seguramente era un notable que había pactado originalmente con los musulmanes y luego decidió luchar contra ellos. Una vez que lucha podemos también considerar que los musulmanes se alejan de Asturias. El hijo de Pelayo, Fávila, muere, y pasa el poder al yerno de Pelayo, Alfonso. La sucesión astur no pasaba de padres a hijos, sino que era más relevante las conexiones personales, en este caso reforzada por el matrimonio de la hija de pelayo y Alfonso, que provenía de una de las familias aristocráticas de la época. El reinado de Alfonso llega a ocupar parte de lo que serían Castilla y Galicia oriental, al menos según la crónica de Alfonso III, datada de finales del siglo IX.

La teoría de la despoblación del Valle del Duero fue desarrollada por Claudio Sánchez Albornoz, que defiende el vaciamiento del Valle del Duero y su repoblación por parte de los cristianos. Según la crónica de Alfonso III, se realizaron una serie de campañas que conquistaron una serie de ciudades y centros poblacionales anexos, como Tui, Lugo, Zamora, Salamanca, León, Osma… donde se eliminó a los musulmanes y se trasladaba a la población cristiana. Para Albornoz, esta despoblación hacía imposible el aprovisionamiento del ejército musulmán, sobre todo tras las rebeliones bereberes. Otros elementos que habrían colaborado son la peste o la hambruna, que los llevaron al sur. Hay varias menciones a vacíos de población, reforzando esta última teoría. Esta

tesis tiene pocos defensores hoy en día, en parte por el poco poder del ejército asturiano en comparación con la musulmana, aparte de no tener los recursos suficientes para conquistar toda esa área.

La crónica Albeldense muestra un panorama más moderado, diciendo que el monarca atacó León y saqueó varias ciudades. La crónica afirma que en el espacio controlado extra fue controlada Galicia hasta el Miño, estando constatada la rebelión gallega. Es decir, es más una incorporación de territorios que otra cosa, ya que el territorio se adquiere con la resistencia de sus habitantes, no dejando espacio para más población, tratándose de una anexión. Algunas fuentes insisten en el vacío poblacional, pero es más bien por su origen en la crónica de Alfonso III, que se había convertido en una verdad oficial. Albornoz pensaba que la toponimia era parte esencial del proceso, notando una gran cantidad de nombres germanos y prerromanos en el norte y toponimia de los conquistadores en el Duero, lo cual era inexacto, ya que existían nombres germanos y prerromanos en la zona. Tambíen decía que cuando un nombre árabe aparecía era debido a la presencia mozárabe. Esto suponía un flujo de población muy intenso, por lo que es más preciso pensar en las poblaciones que se habían arabizado con la conquista. Además, es cierto que existió la población mozárabe, aunque no explica que hubiera allí una población que cultive las tierras. Algunas fuentes árabes y cristianas reflejan la situación, aunque hay veces que los documentos hacen referencia a la presura (ocupación de tierra no ocupada), en ese caso se realiza en los bordes de zonas ocupadas.

Los asturianos tuvieron diferentes campañas de guerra y periodos de paz, en las primeras tuvieron que hacer frente a sublevaciones con vascones y gallegos que muestran una resistencia a incorporarse al reino, donde toma especial importancia la sucesión del monarca. Pelayo fue sucedido por Fávila, y a esté Alfonso I. Las sucesiones serían una alternancia no conflictiva, aunque puede que no fuera pacífica. Alfonso II, en el llamado “testamento de Oviedo”, hace una loa a su genealogía y a la línea de los jefes astures. Hay un conflicto en la concepción del reino, con una parte opinando que era una herencia de los visigodos y otra pensando que los astures eran una parte esencial de él. El pueblo de astur ya existía en registros visigodos, y sus descendientes serían los que echan a los musulmanes. Barbero y Vigil muestran el rechazo de estos pueblos a ser dominados desde la época romana, sosteniendo un profundo indigenismo. No sabemos si Pelayo era visigodo o un indígena asturiano, teniendo en cuenta que el primero es un término casi cultural.

El reino asturiano se consolida y expande en la segunda mitad del siglo IX. Los reinados de Ordoño I (850 - 866) y Alfonso III (866 - 910) suponen una expansión territorial considerable y problemas para Córdoba. Entre sus conquistas se encuentran Oporto, Braga, Orense... Respecto a esta expansión hay dos posibilidades, una señala al rey como conquistador y otra favorece a los aristócratas que colaboran en la expansión territorial mediante pactos y anexiones de territorios próximos a sus dominios, aunque luego el rey tuviera derecho sobre esas propiedades.

La mayor parte de los bienes conquistados quedan en manos de aristócratas, la conquista puede interpretarse como una actividad económica para la apropiación de recursos para el reino norteño. Hay también intervenciones normanas en el norte y ataques musulmanes hacia el centro del reino astur, lo cual evidencia la fomentación y financiación de campañas de desgaste por parte de Córdoba. La época de Alfonso III nos aporta una lista de condes, que proporciona información sobre la organización territorial, con algunos territorios definidos con nombre de ciudades, otros denominados con topónimos de provincias. Las rebeliones gallegas muestran la dificultad de controlar la zona.

Las Crónicas Asturianas son documentos escritos a los que podemos referimos como fuentes primarias de la época. Estas fuentes están en diversas ediciones (versiones modificadas de la original debido a traducciones o estudios previos). En caso de las crónicas asturianas, tenemos varias entre las que escoger, como la de Juan Gil, Yves Bonnaz... Los problemas de estas crónicas han sido estudiadas por Diez y Diez o Sánchez Albornoz.

La primera crónica asturiana es la albeldense, que recoge materiales diversos para componer un texto que va desde los emperadores romanos hasta Alfonso III. La segunda crónica es la de Alfonso III, que tiene dos redacciones, rotense y obetense. Los dos textos tienen diferencias, con la segunda siendo más florida y sofisticada, y la primera más directa. En un principio se pensó que la obetense era la más antigua, y la primera una vulgarización, pero ahora se sospecha que fue al revés. La obetense sería una formalización del texto primitivo porque un clérigo estaba interesado en promocionar a los reyes astures y la participación del clero en su formación. La obetense se adjudica al Obispo Sebastián, mientras que algunos afirman que la rotense sería atribuida a Alfonso III, si bien no todo el mundo está seguro. También está la teoría de que ambas obras salen de una fuente primitiva perdida, con una versión ruda y otra elegante.

Entre las características de las crónicas se encuentra el carácter visigotizante de las mismas, la conexión entre los visigodos y el reino astur y una gran dificultad en la escritura para mantener la coherencia. En la crónica albeldense se ilustra a Pelayo como el descendiente de los reyes visigodos, movido a Oviedo por motivos históricos. En la crónica de Alfonso III, Oviedo se compara al Nuevo Toledo, y se habla del fin de los reyes godos para dar pie a un nuevo reino.

La última crónica se llama la Crónica Profética, muy reducida y breve que hace hincapié en la restauración de los godos, se sostiene que la invasión musulmana es culpa de los pecados de los visigodos, y que la recuperación del reino cristiano debía hacerse en el año 884, por lo que su expulsión era inminente. Esta crónica ilustra el radicalismo mozárabe, y puede sostenerse que la crónica asume que la profecía ya se ha cumplido debido a las acciones de Pelayo y los sucesos de la batalla de Covadonga. La crónicas silencia las relaciones del reino astur con los francos, a pesar de que Alfonso II según diversas fuentes se reconocía como alguien al servicio de Carlomagno.

La victoria de Carlos Martell pone el reino astur en el punto de mira de los carolingios. Hubo dos intentos de penetración bajo Carlomagno, uno en Zaragoza (fracasado) y otro en los Pirineos (en donde llegaron a entrar en Barcelona). La historiografía ha considerado las zonas al sur de los pirineos invadidas como Marcas, o territorios fronterizos, aunque Ramón de Abadal dice que no es así porque no hay marqueses, si bien la palabra puede usarse para simplemente designar un territorio y no necesariamente un espacio político. Las fuentes carolingias denominan “hispanis” a los visigodos en territorio francés. Muchos tenían la permisividad de Carlomagno y Luis el Piadoso. Se dividían entre “maiores” y “miniores” y existía el término “aprisio”, sobre la apropiación de tierras y su puesta en cultivo.

El reino de Pamplona entre los siglos VIII y IX es bastante desconocido. Gracias a fuentes musulmanas, sabemos que un caudillo conocido como Iñigo Iñiguez controlaba parte del territorio y buscaba buscar entendimiento con los muladíes para resistir la influencia franca. Durante un siglo, la descendencia Iñiga consiguen progresos, o bien los registros de un rey llamado García Jiménez nos dejan ver como otros soberanos existían. La dinastía Jimena será la responsable de anexionar la Rioja. Se sigue avanzando hacia el sur, aunque hay derrotas significativas como la de Valdejunqueras. Tras el colapso del Califato, el monarca navarro Sancho III puede avanzar agresivamente hacia el sur por León. Este expansionismo rápido se puede considerar parte del motivo de la instauración del feudalismo. El reino leonés se llama así porque la ciudad de León podría ser la sede regia, si bien los reyes parecían afines con la ciudad de Oviedo, llegando incluso a llamarse a este período “asturleonés”. No se proclaman reyes de una realidad geográfica determinada, sino que se declaran reyes en León, haciendo la mayor de sus actividades allí, volviendo a Oviedo esporádicamente. En el año 1017 hay un concilio especial, donde nos encontramos menciones a las treguas o asambleas de paz que nos encontramos en la documentación catalana. Alfonso V pretendía aupar al rey de León sobre los otros reinos cristianos. Empezarán a ser importantes territorios al sur. Los reinos catalanes están influenciados por la presencia franca. Poco a poco, los habitantes de estos condados se irán distanciando de los francos gracias a personajes como Vilfredo el Velloso, desplazándose poco a poco hacia el sur.

En la monarquía asturiana surge la medida de que el Reino Visigodo se da por concluído. Cuando se da este Reino, empezará a haber un Rey de los astures. En el siglo X, la monarquía queda en manos de Alfonso III y su descendencia, en donde hubo pugnas por el poder, aunque la descendencia estaba asegurada en los herederos masculinos a partir de la familia que tenía el poder. En el reino de Pamplona sucede algo similar en el mismo siglo. Se aseguraron el trono gracias a Sancho Garcés I y sus descendientes intentaron asegurar el poder. La sucesión en el reino leonés, de Pamplona y en los reinos catalanes aseguraba la máxima autoridad del Rey por su conexión a sus antepasados, elegidos por Dios. El Rey tiene todo el poder, teniendo rangos incluso de Juez y líder militar, al menos de forma ideal (teocrático, vinculado a Dios), pero en la realidad, se ve forzado a lidiar con el poder de los aristócratas. Una de

las formas en las que puede reinar es en su itinerario, en donde el Rey viaja y hace su entrada en las diversas ciudades que sirven para afianzar su poder (el Rey habita su reino y hace sentir su presencia). Los reyes asturianos defendían un vínculo con un pasado visigodo. Usaban el ritual de la ceremonia de la Unción, que los sacralizaba quedando por encima del resto de la población al ser elegido por Dios, algo reforzado por múltiples referentes bíblicos e históricos para ilustrarlos. Se trataba de humillar la figura del Rey ante Dios, no ensalzarla.

El Rey tenía diferentes palacios esparcidos por el territorio, gobernados por merinos. El Rey, mientras tanto, tiene un número de personas que siempre viajan con él. El Comes Palatii era el conde de mayor calibre, seguidos en autoridad por los merinos que cuidaban los diversos palacios regios. Los condes estaban al frente de los palacios, que revisan impuestos y se los devuelven al Rey, quedándose con un porcentaje. También funcionaban como jueces de problemas de propiedad de campesinos y otros problemas comunes. Tienen ejércitos particulares y reciben además órdenes directas del Rey. Albornoz insistía en la capacidad del monarca de revocar y nombrar condes, aunque parece que esto no era exactamente así. Los condes pertenecían a la alta aristocracia, y a los condados eran hereditarios (no se heredaban de padres a hijos necesariamente, pero si dentro de la familia).

En cuanto a la justicia, seguimos la tradición visigoda del ​Liber Iudiciorum​, realizándose los juicios ante el conde o el Rey. Hay jueces no expertos necesariamente en derecho, y son necesarios los ​Boni Homines​, hombres de cierta posición que conocen la zona y las familias implicadas. Los juicios no tienen registros escritos y a menudo no terminaban con la sentencia (a menudo en casos favorables se hacían tratos para que el perdedor pudiera quedarse a cambio de una renta, por ejemplo).

En cuanto a la fiscalidad, hay diferencias significativas dependiendo de cada zona. El Rey recibía cierta cantidad de dinero de los campesinos, con algunos territorios no pagando impuestos, lo cual se traducía en revueltas. Hay también inmunidad en ciertos territorios, que suponían la renuncia del Rey a que sus empleados ejercieran su trabajo en algunas zonas. Esto puede ser interpretado como un signo de la decadencia del rey, o más recientemente, como una manera de conservar territorios frente a otras aristocracias.

Para la aristocracia no hay muchos datos en los siglos VIII y IX, pero podemos decir que esta aristocracia intenta vincularse a la visigoda. En el siglo X, intenta buscar vínculos entre la propia aristocracia, como una endogamia regional, para intentar darle al propio grupo social una mayor cohesión. Los matrimonios seguían siendo una parte importante y se regían como en el ​Iudiciorum​. El varón daba un diezmo a cambio del matrimonio. En caso de muerte del marido, la viuda gestionaría sus propiedades hasta volver a casarse, en este caso los bienes pasarían a ser del nuevo marido. Los esposos no son plenamente consortes si no han establecido sus derechos sobre las propiedades antes de la unión. La herencia se divide igualmente entre hombres y mujeres, teniendo a su disposición hasta un quinto de la herencia.

Así como tenemos una gran aristocracia, también hay una pequeña, representada por los Infanzones y los ​Boni Homines.​ Los primeros eran nobles visigodos que habían llegado a las tierras del norte y que mantenían ahí sus privilegios como herederos de sangre, aunque no tuvieran patrimonio, según Albornoz. Estaba equivocado, ya que el Rey o les daba tierras o se incorporan a la gran aristocracia, teniendo que hacer servicio de armas, y pudiendo recibir tierras y regalos de los magnates. Albornoz era un historiador institucionalista que interpreta el feudalismo como una institución o contrato jurídico entre dos partes.

Los ​Boni Homines​ eran propietarios con diferentes orígenes judiciales. Los magnates, (o seniores a a partir del siglo VIII) realizaban préstamos a campesinos, o bien en dinero en en material. Podían poner multas y juzgar a campesinos. Actuaban por poder regio, pero tenían una gran autonomía que les permitía entre otras cosas fundar monasterios, devolviéndole a Dios en cierta manera su tierra. Estos magnates acumulaban también territorio de manera muy esparcida, que vendían a menudo y descuidaban habitualmente si no eran beneficiosos económicamente.

Tenemos la certeza absoluta de que existe una serie de pequeños propietarios libres. Albornoz piensa que la idea de pequeños propietarios era extendida, viviendo en una arcadia pacífica. Bonnassie afirma que estos propietarios duraron hasta el año 1000, y funcionando como una barrera como el feudalismo, presentando una amenaza al tener armas y recursos económicos. Bonnassie es un representante de mutacionismo, que defiende que el feudalismo surge a partir del año 1000. Frente a estas posturas, Barthélemy dice que es cierto que estos propietarios existen, y que podemos hablar de una arcadia feliz, con documentos que lo demuestran, pero que esta es sólo la que le interesaba publicar a la Iglesia. Barthélemy señala que nos han llegado también mucha información que señala la importancia del campesinado dependiente. Pone también énfasis en la propiedad campesina, diciendo que probablemente no tienen la plena propiedad de sus tierras, teniendo acuerdo con señores que les daban cierta autonomía.

Los campesinos accedían a la propiedad principalmente por herencia, dividiéndola entre sus hijos (reduciendo cada vez más las tierras de cada generación). Algunos fueron capaces incluso de comprar tierras y otros que logran tierras a partir de la aprisión de las mismas, una figura jurídica que garantizaba la propiedad de las tierras a quien las rotulaba, en caso de que no tuvieran dueño. Cultivaban espacios de tierra baldíos que se incorporaban a su territorio. Esto incluía también a los nobles. También existe la copropiedad, en donde el campesino comparte su tierra con un poderoso, cultivando la tierra y luego dividiendo la cosecha. Están también los contratos ad laborandum, en donde a una familia campesina se le da una tierra que cultivar, pudiéndose incluso llegase a alcanzar la propiedad de la tierra. Esta no tenía que ser necesariamente entre noble y campesino. Por último, los hijos podían elegir no dividir su tierra mediante el pro indiviso y trabajarla juntos.

Existían también comunidades campesinas (o comunidades de aldea), propiedades familiares que tenían los campesinos y se transmitían entre ellos, teniendo

derechos colectivos sobre pastos y bosques. Estas comunidades intentaban ser eliminadas por los poderosos. Existían también las comunidades de valle, Cortázar reconoce iglesias y casas familiares en esta clase de emplazamientos geográficos, que incluían a gente emparejada entre sí. Los bosques y sitios de explotación eran abundantes, y la ganadería tenía una especial importancia.

Más allá de estas comunidades, los campesinos viven en agrupamientos que los textos llaman “villas”, refiriéndose a un territorio (en el sentido de que tiene cargas fiscales). La villa es una realidad social y económica sobre la cual se ejerce una presión social. Por villa se entiende un agrupamiento de población y su espacio próximo (bosques, baldíos, molinos…). Hay otros autores que se refieren a ella como un espacio de explotación. En cualquier caso, sobre ellas se crean redes sobre en el mundo navarro y gallego. En Cataluña aparece el término “manso”, proveniente del cercano Imperio Carolingio.

En cuanto a la relación de los campesinos con los grandes propietarios, los campesinos son continuamente presionado por la aristocracia y los grupos eclesiásticos con un doble filo, la obtención de la propiedad o de las rentas. Poco a poco, estos grupos se apropiaron de los territorios campesinos mediante compras (principalmente de magnates, iniciando una nueva relación de trabajo y protección), multas (de los condes y centros eclesiásticos), donaciones (los campesinos continuaban en la tierra, podían ser de tipo religioso y eran devueltas cuando el campesino moría), el profiliatio (procedimiento romano en el que un hijo era adoptado por otro para obtener derechos sobre su propiedad), la ivcomuniación (se buscaba un condominio donde todo el mundo tenía su parte). Los dos últimos son procedimientos de sometimiento con el objetivo de forzar servidumbre y rentas sobre los campesinos.

Están registrados pleitos de campesinos contra nobles, pero no había ninguna garantía debido a la falta de formación de los responsables en los juicios. El robo era el principal medio de rebelión. No se conocen muy bien cuales son las cantidades explícitas de las rentas, pero en la documentación medieval aparecen los “servis”, que pasan de ser esclavos romanos a sirvientes medievales que cuidan de una tierra. A veces hay casos en los que una persona se entrega a otra, por crímenes, deudas o botín de guerra. La condición de siervo se heredaba de padres a hijos.

En cuanto a la economía, algunos autores hablan de crecimiento económico, sustentado en un aumento de la superficie cultivada. Sobre este aumento, hay diferentes explicaciones, una que habla de como el hierro y el molino de agua hicieron que se cualtivaran más tierras, mientras que otras dicen que es por la expansión hacia otras tierras. Esto se suele presentar como antagónico al periodo visigodo y la posterior estancamiento. Autores como Bucher también hablan de una economía cerrada, donde los productos se consumían cerca de donde se cultivaban. También se le llama economía natural, ya que en gran parte del territorio hay una ausencia de moneda excepto en el norte, y existe el trueque como elemento económico. Hay también un comercio de larga distancia basado en productos de alta calidad (telas, vasos…) y un mercado extranjero

que trae productos como capas. Existe también un comercio medio limitado, pero prima el comercio próximo donde se intercambian principalmente productos de la tierra.

En el reino asturiano original no había quedado incluida casi ninguna sede episcopal del antiguo reino visigodo. Surge la figura de Eternio de Osma, y más tarde, aparecen centros episcopales como Vigo o Osma. Estos reconocimientos hay que medirlos con cuidado, debido a las muchas falsificaciones. Algunos obispos eran impuestos por el Rey, otros por los magnates, otros por la propia Iglesia. En Cataluña, la Iglesia recibió ventajas sobre otros, y a partir de cierto punto, los condes empezarán a nombrar los condes ellos mismos. Se buscan obispos con una trayectoria importante en monasterios, con su comportamiento avalado por el Rey.

Los asuntos sobre las propiedades de la Iglesia se trataban en los Concilios, además de otros temas referidos a cambios de comportamiento dentro de la Iglesia. Estos Concilios no eran producto de movimientos culturales o de paz liderados por la iglesia para evitar violencia desmedida. En el año 1030, tenemos un Concilio en Bic donde se habla de que se querían tener una serie de días sin violencia donde se protegían a los mercaderes para hacer negocios. Otros Concilios hablan de la reforma moral del clero, y de intentar reforzar la actividad episcopal del mismo. En la parte occidental, los Concilios son más tradicionales, con todos los grandes propietarios reuniéndose para establecer medidas políticas alrededor de su reino. En estos Concilios hay también la preocupación por la vida correcta que debería llevar el clero, y una preocupación por los bienes de la Iglesia. En algunos Concilios se señala que si se llegaran a usurpar las tierras eclesiásticas el poder regio intervendría.

En cuanto al monacato, hay una gran número de monasterios de gran variedad (algunos con cien monjes, algunos con cinco o seis; algunos urbanos, otros rurales). Los monasterios son separados de las diócesis y no pagaban rentas, si bien esto solía pasar solo en las marcas. Algunos eran de carácter familiar, fundados por un primer abad que acogía sobre todo a familiares. Cuando el abad moría, alguno de sus familiares intervenía. En muchos casos eran lugares donde pasar los últimos años de vida. También aparecerán individuos que querían integrar el cenobio, se sometían al abad y les hacían regalos y donaban sus propiedades. Esto provocaba conflictos, como en caso de un posible abandono o problemas con la entrega por parte de los familiares por cuestiones de herencia. Muchos de estos cenobios tenían graves problemas de autoridad en su interior, debido a los desórdenes personales, la relajación y la comprensión del monasterio como una pensión. Los bienes del monasterio eran de toda la comunidad.

La estancia permitía rezar por las almas de familiares y amigos, pero también concebía una protección social. El cenobio estaba en el centro de la organización. Los territorios estaban situados alrededor de decanías, al frente del cual estaba un clérigo, con campesinos que trabajaban para ellos. También conocemos monasterios mixtos, con un abad y una abadesa, separados y con conflictos frecuentes. En cuanto a las reglas, existieron la isidora y benedictina, con la última siendo la más popular.

En cuanto a la cultura, existe el adopcionismo. Se sostenía que el hombre tenía una forma temporal, con Jesús siendo un hijo adoptivo de Dios, siendo considerado hijo de María y José. Para el obispo de Liébana, estas ideas hacían demasiado humano a Jesús, peligrando la salvación. El obispo de Félix le apoyará y al final se realizará un Concilio donde se condenará al adopcionismo. El adopcionismo se ve como un intento de acercarse al islamismo.

Los Beatos escriben libros sobre el apocalipsis. Pensaban que vivían en el fin de los días y que el obispo de Liébana era el Anticristo.

Tema 5: La Expansión Territorial de los Reinos Cristianos (Siglos XII - XIII)

La expansión territorial es un proceso continuo en el que hay momentos de mayor o menor avance inconsistente, que lleva a la integración de varios reinos en el suyo. El único que quedará fuera es el reino nazarí de Granada. Depende no solo de la actuación de los Reyes cristianos, sino también de los conflictos surgidos en Al Andalus y sus terminales en el norte de África. Las victorias militares y motivaciones políticas explican estos movimientos. Esta expansión es fruto del desarrollo del feudalismo como nuevo sistema político y social de la Europa del momento. Este proceso no es solo un proceso exclusivo de la Península, sino que se encuentra en otras regiones de Europa. No es un fenómeno militar o político dirigido por un impulso religioso. Las causas que los explican se encuentran en la estructura social del norte peninsular.

Durante la alta edad media, el norte vivió un proceso que lo llevó a la feudalización. Durante los siglos XII y XIII la fuente principal de riqueza fue la tierra, con los señores siendo propietarios, los campesinos trabajadores y con la obtención de parte del trabajo campesino por parte del señor. La relación entre campesino y señor es económica pero también extraeconómica en el sentido de que exige una coerción especial por parte del señor.

Los señores son la clase privilegiada, y aplican una ideología aplicada por la Iglesia en donde cada uno tiene una función, los tres órdenes del feudalismo (los señores protegen, los campesinos trabajan y el clero reza).

En la Plena Edad Media viviremos un renacimiento de las ciudades, y la aparición de excedentes alrededor del comercio. En un primer momento, los señores cobraban en especie, pero con el tiempo se empezarán a hacer con dinero. La ciudad estimuló el crecimiento agrario, ya que el campo debía abastecer a las ciudades. En este sentido, Bois dice para el caso de Francia que las explotaciones campesinas son importantes para el desarrollo del feudalismo, pero para Hilton, lo más importante serían los señoríos. Se puede ver el mundo agrario y las ciudades como algo contrapuesto, con las ciudades como una isla de libertad. Hoy en día se señala que es un todo.

También es un momento de crecimiento demográfico, especialmente en los siglos XI y XIII, en los que se duplica la población. Normalmente analizamos al

campesinado a partir del orden de los tres estamentos, pero últimamente se incluyen nuevos criterios como el criterio del orden social. En cuanto a las explotaciones campesinas, se remiten al ejemplo de casas de explotación, ya que es donde los nobles recogen rentas. Las explotaciones estaban formadas por una familia nuclear con una media de tres hijos. Había una esperanza de vida de unos 40 años y la edad de casamiento era entre los 20 y 25 años para los varones y entre 15 y 20 para las mujeres. El método de herencia era igualitario, con preferencia hacia el primogénito varón. El feudalismo provocó esta tendencia, ya que solo quería que se le sucediera una familia. Los campesinos disponen de sus tierras a cambio del pago de rentas. El tamaño de la tierra y el valor de las rentas varían de región a región. Los cereales y los viñedos ocupan la mayor parte de las tierras. Eran importantes los molinos, arados y animales de tiro. En los molinos el grano de trigo se transforma. Tiene importancia también el grano doméstico, las parejas de bueyes y las vacas. No los caballos, que están asociados a los nobles. Existen también los cerdos, ovejas y gallinas.

En cuanto a las diferencias entre campesinos, hay diferentes tipos dependiendo del número y calidad de las tierras, con algunos campesinos como los buyeros prestando bueyes a cambio de un pago en especias. La situación del campesinado era complicada, pero los nobles intentaban asociar a los nobles con su tierra. Recibían cánones por matrimonios entre campesinos, y mediante el ​Ius Maletractandi​ se les daba el derecho a maltratar a los campesinos. Poco a poco se dará una adscripción a la tierra. Los campesinos acomodados son los grandes beneficiarios de este periodo, además de los caballeros y la baja nobleza. En esta época la movilidad social se reduce considerablemente, ya que hay un proceso de adscripción a la tierra, una de las principales características de la servidumbre. Los campesinos ricos tienen importancia, ya que se van a relacionar tanto en lo político como en lo económico con gente de órdenes superiores, incluso llegando a oficiar de delegados en consejos rurales de los señores o siendo usados como referencia para otros campesinos, al darles préstamos y servir de mediadores con los señores. Chris Wickham dice que muchos de estos campesinos pasarán a formar parte de la baja nobleza.

Las comunidades locales se dividen en aldeas y “concejos”. No hay una opinión única sobre quien promueve la creación de las aldeas. Tampoco hay consenso en si la población estaba dispersa o concentrada. En cualquier caso, la población no es estática en la Plena Edad Media, y la presencia de aldeas no quita la existencia de otros centros de población. Estas aldeas llegaron a tener conflictos con otras aldeas por cuestiones de territorio. Las parroquias, por otra parte, son la adscripción de los fieles a un territorio. Es donde se paga el diezmo y donde está el cementerio, que ayuda a determinar la identidad familiar.

Los concejos, o instituciones de gobierno, contaban con jueces, alcaldes… No hay un consenso en quien los nombra, algunos dicen dirigentes, otros que los vecinos. Los factores de desarrollo de los concejos rurales son en primer lugar el desarrollo de las estructuras señoriales, la adscripción eclesiástica a la parroquia (que conlleva el pago del diezmo y la creación de una red parroquial), el desarrollo de la fiscalidad regia

y la formación de élites campesinas (que ocupan muchas veces cargos en estos concejos). Estos concejos no son lo que podríamos llamar parlamentos, pero serán una fuente de resistencia y disconformidad contra la violencia de los nobles.

El instrumento jurídico y constitucional que permitió a los señores obtener parte de la producción agraria fue la propiedad de las tierras. La propiedad territorial y feudal es una propiedad que genera derechos superpuestos. Un señor tiene derechos sobre las propiedades de los campesinos, y estos sobre las propiedades que les corresponden. Por lo tanto, la propiedad es una propiedad feudal, con diferentes derechos sobre ella, que nada tiene que ver con la propiedad absoluta que existe en el capitalismo. El feudalismo se caracteriza por la capacidad de los señores por obtener ese excedente, que tiene una base jurídica, pero tiene también una práctica en el poder del señor. El señor ejercía su poder a partir de la defensa de los campesinos de otros nobles, a cambio de un pago por parte de los campesinos, por lo que es una situación comprometida creada por los propios señores. A esto se le añade la superioridad militar y los derechos jurídicos que le permitían obtener rentas.

Por lo tanto, la relación de los campesinos y los señores en la edad media no es solo una cuestión de derecho, sino también de poder. Guerreau señala que en este período hay que razonar en función al poder, no al derecho. Sobre los elementos de la propiedad de la tierra y la jurisdicción hay diferentes tipologías o tipos de señoríos. Moxó habla de señoríos atados a la tierra y de señoríos atados a personas. Esta es una tesis que estuvo atada a debates del siglo XIX sobre el señorío. Para Bartolomé Clavero, esto engloba una serie de derechos superpuestos, como un dominio útil (campesinos), un dominio eminente (señor o propietario), dominio directo (de los dos) y dominio señorial (sobre toda la villa). Esta tesis fue discutida en los años 70. Carlos Estepa señala que toda esta cuestión son más categorías de análisis que otras cosas.

Esta situación tiene sus orígenes en la Alta Edad Media, y la situación no deja de crecer a lo largo del siglo XII y XIII. En la Península Ibérica el poder señorial no se hace a costa de un poder central (como en Francia), sino por una concentración de tierras, el uso de las inmunidades de ciertos territorios, el desarrollo de los señoríos, la generalización del concepto de que cada tierra debía tener un señor. El señor será señor de un lugar, y en ese lugar ejercerá el control del concejo. Esto se hace mediante fueros, una forma de regular la vida local, además de controlar las multas y la justicia. El señor no estaba interesado en la vida de las aldeas. Sus intereses eran el poder y la recaudación.

Las ciudades van a ser consecuencia del crecimiento agrario y económico. Para algunos historiadores estos son cosas distintas, como islas feudales o no feudales. Para otros, habrá una conexión inevitable entre ambas. Las ciudades no siempre son iguales, pero por lo general tienen una topografía específica. Son recintos amurallados, con muchos servicios y con una residencia de diversos poderes señoriales y eclesiásticos en su interior. Estepa dice que estas tres tipologías se pueden encontrar en todas las ciudades. Dentro de la económica se encuentran la artesanía, el comercio y la actividad agraria, con una diversidad de oficios muy grande, gente que trabaja el textil,

la ganadería, el metal…, y sobre todo, se genera un excedente que se convierte en dinero. Otra característica es la diversidad social, existen obispos, artesanos, funcionarios, una corte de poderosos, minorías étnicas, marginados (prostitutas, aventureros, pobres…). Habían ciudades dependientes del Rey y otras del Señor. Los gobiernos de las ciudades empezaron a separarse poco a poco del Rey debido a su inactividad dentro de las mismas.

La expansión tradicional fue un proceso muy dilatado en el tiempo. Hay dos polos, Toledo y Sevilla. Hay cuatro modelos de organización social y política: Los territorios antiguos son las zonas originarias de León y Castilla, entre Cantabria y el Duero, además de Aragón y Navarra. El segundo modelo son las Extremaduras, que incluye la zona entre el Duero y el Sistema Central, además de la región aragonesa al sur del Duero. El tercer modelo es el de las órdenes militares, que se establecen en el Guadiana. Por último, las zonas conquistadas en el siglo XIII, los repartimientos, como Valencia o Andalucía.

Los territorios antiguos proceden de la Antigua Edad Media, en donde se ve un aumento de los señoríos en manos de la nobleza y los señores eclesiásticos, gracias a la acumulación de propiedades de los señores y la generalización de las inmunidades y exenciones, que proporcionaba el Rey para delegar en la nobleza. Los beneficiarios de estos cambios van a ser las instituciones eclesiásticas, los monasterios benedictinos y las órdenes militares y los señores en general. Con esto se creará una trama compleja de señoríos que hace disminuir la lista de hombres dependientes al rey. Poco a poco el realengo se confirmará como una forma de señorío. El señorío directo del rey se encogerá a la vez que aumenta el de los nobles. Serán importantes las zonas urbanas, especialmente los concejos, que recibirán el control de zonas rurales. Esto hará que haya una superposición administrativa, que lleva a importantes conflictos.

Mientras tanto, las extremaduras empiezan por la conquista de Toledo, que permitió la conquista de territorios alrededor del Tajo. Aquí no se favorecerá tanto a la nobleza, ya que es la frontera y el rey deseaba control, aunque aún se premiaban ciertos méritos militares de algunos caballeros villanos. En paralelo, crecerán las organizaciones episcopales, habiendo gran cantidad de cabildos y obispados, que formarán con los caballeros un modelo social. En Ávila o Soria puede verse esta clase de dominio, extendiéndose casi hasta el Sistema Central en la forma de Órdenes Militares. Fueron actores importantes en la expansión territorial, destacados en la formación de señoríos. También cabe resaltar el papel de la Primera Cruzada donde estas Órdenes, como la del Temple, ganan notoriedad al enfrentarse a los musulmanes. En la Península surgen órdenes como la de Santiago, formadas por caballeros nobles que cumplen un factor militar y religioso. En cuanto a la composición de estas órdenes hay unas células centrales y luego cuarteles distribuidos por el territorio.

Los repartimientos se vuelven relevantes en el Siglo XIII, como Mallorca o Valencia. En muchas de estas zonas, la población musulmana permaneció allí un tiempo, gracias a la entrega de tierras. En Andalucía y Murcia hay una época de expansión, en la que se alcanzan Sevilla y Córdoba, con rebeliones mudéjares que coinciden con la

marcha de un gran número de poblaciones musulmanas. Había ocho concejos dependientes del rey, particulares por su alta población y por la gran importancia de la nobleza, que impulsaron los repartimientos. Un tipo de repartimientos son los donadíos, recompensas por la fidelidad política y la proximidad al régimen. Los heredamientos son concesiones que se hacen a los nuevos pobladores, territorios más reducidos. Para muchos historiadores, esta repoblación es un fracaso, ya que hay pruebas de que no hubo una gran integración, debido a la falta de hombres y exceso de tierras vacías. La conquista de Mallorca fue violenta, con libros de repartimiento que otorgan tierras a los caballeros y al rey. En esta zona se fue construyendo una idea de pequeña propiedad y un comercio solvente. Mallorca formaría un reino independiente que pasaría luego a anexionarse a Aragón.

Es cierto que tenemos una especificidad para cada reino, pero también hay paralelismos importantes, con uno siendo el contexto social y económico. En todos los reinos, el rey es el centro del sistema político. Al principio las instituciones serán escasas y el reino será el señorío del rey, siendo entendido desde una perspectiva patrimonial. Poco a poco, en los siglos XII y XIII, el rey será la justicia y la fiscalidad y será importante la delegación del señorío en los nobles. Con Alfonso X, vuelve la idea del derecho romano, y empieza a generarse la idea de la monarquía, que empieza a ser un sistema de gobierno donde el rey es parte del sistema (la monarquía es más importante que el rey). Por lo tanto, la monarquía no es algo únicamente del rey, sino también de la nobleza y la Iglesia. Nos puede dar la imagen de un sistema perfectamente estructurado, pero en realidad era muy inestable, con muchas intrigas.

La monarquía a veces era representada como progreso hacia un sistema centralista, pero en realidad es una imagen que viene del siglo XIX. Tanto la monarquía como la nobleza son imprescindibles en el sistema, sin sedes centrales, si bien hay algunas ciudades importantes. La monarquía es itinerante, con la presencia física del rey siendo una manera más de gobernar. El rey se apoya en una corte pequeña fija, compuesta por el oficial superior (mayordomo), alférez (líder militar), canciller (redactor de documentos) y oficiales domésticos (coperos, camareros, médicos…), además de otros cargos específicos a ciertas tareas. Algunos componentes de la misma eran alta nobleza.

La administración territorial era más importante que la central, con ponentes y merinos, territorios en manos de nobles en forma de tenencias . El rey concede tenencias a cambio de servicios, con un vínculo semi servicial. Las tenencias desaparecerán en el siglo XIII al entrar en conflicto con los señoríos y las nuevas funciones judiciales y fiscales del rey. Los ingresos de la fiscalidad vienen de los impuestos sobre los territorios de los señores, por las tasas del tráfico de mercancías, multas, caloñas judiciales, regalías de los montes comunales, las tercias y los décimos de la Iglesia…

Esto hará que se desarrolle un sistema nuevo de cortes en el siglo XIII, vinculadas a las ciudades y los nuevos dirigentes urbanos. Gracias al siglo XIX, las ciudades tienen una reputación revolucionaria, cuando en realidad quien domina las

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