Hitoriaa, Ejercicios de Historia. Universidad de Salamanca (USAL)
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Hitoriaa, Ejercicios de Historia. Universidad de Salamanca (USAL)

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Asignatura: Historia I, Profesor: Adolfo Domínguez, Carrera: Historia y Ciencias de la Música, Universidad: USAL
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1. Demografía.

El estudio histórico de la demografía y de la sociedad se viene llevando a cabo desde el siglo XX.

Nuevas fuentes o un mejor análisis de las ya existentes pueden cambiar la imagen que tenemos sobre la población y la sociedad en la Edad Moderna.

Fuentes:

1. Los recuentos de población o vecindarios: estos documentos se generaban con el objetivo de llevar a cabo la recaudación de impuestos, su contenido se encuentra bajo sospecha. No

registraban toda la población, sino solo la sujeta a las cargas fiscales, y había intentos de

ocultar datos y personas para evadir impuestos.

2. Los registros sacramentales: es la fuente más completa con la que contamos, no serían obligatorios, habituales y periódicos, hasta 1563.

La población en la Tierra

La población mundial alcanzaba, en el siglo XVI, los 461 millones de personas, todos los datos apuntan a una evolución positiva de la población mundial a lo largo del XVI.

Dentro de Europa, Francia era el país más poblado, seguido de Rusia y del Imperio Turco. Éste último

experimentó un fuerte incremento de población gracias a la expansión territorial, pasando de 9 a 28

millones de habitantes. A continuación se situarían Italia y Alemania, pero en rigor, durante el siglo

XVI constituían espacios políticos fragmentados y no se pueden situar al mismo nivel que otras

potencias. Les seguirían España y Portugal.El hecho de contar con menor número de población, no

impidió que estos dos últimos estados se lanzaran al mar y obtuvieran el monopolio del comercio

ultramarino y de los territorios descubiertos. A lo largo del siglo la evolución del crecimiento

demográfico no fue homogénea, pero sí se puede apreciar una ralentización en las últimas décadas.

La distribución de la población En general, la población presenta un saldo negativo en las áreas urbanas, que se suele paliar con el flujo

migratorio que proviene del campo para buscar fortuna en la ciudad.

A la cabeza de la red urbana europea, se situaba París, seguida de Nápoles, Milán, Venecia y

Granada. En conjunto, las ciudades italianas comenzaron el siglo en cabeza, por detrás de la capital

francesa, pero fueron perdiendo importancia a favor de las ciudades del noroeste de Europa, a donde

se va desplazando el eje económico a lo largo de la centuria.

Finalmente, podemos destacar cómo las ciudades que experimentaron un mayor crecimiento en el XVI

fueron aquéllas que poseían puertos atlánticos o que ostentaban la capitalidad de algún Estado.

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Nupcialidad

En contra de lo que se creyó durante años, e incluso siglos, los nuevos datos han revelado que en

Europa occidental existía un importante número de mujeres que no llegaban a casarse, y que aquellas

que contraían matrimonio solían hacerlo en torno a los 25 años o incluso más tarde. En el resto del mundo, las mujeres solían casarse. Los datos nunca presentan un panorama homogéneo. Entre la alta

sociedad, las mujeres solían contraer matrimonio antes de los 25. Del mismo modo, si adoptamos una

perspectiva comparativa, veremos cómo por ejemplo, entre la población en general, en Inglaterra se

casan después de haber cumplido los 26, mientras que en España lo hacen entre los 20 y los 22 años.

Natalidad Durante el siglo XVI, Europa registra una alta tasa de natalidad: 35 a 45 niños por cada mil habitantes

al año. ¿Qué factores inciden sobre estos datos?

1.No utilizar métodos anticonceptivos: aunque se conocían algunos, su uso estaba restringido

generalmente al ámbito de la prostitución o las relaciones ilícitas.

2.Los preceptos religiosos que restringían las prácticas sexuales: nos referimos sobre todo a los

establecidos periodos de abstinencia, como la Cuaresma.

3.Otros factores de difícil medición: las prácticas del amamantamiento o el estrés producido por situaciones de crisis, como pestes o hambrunas.

Mortalidad

Habitualmente, al hablar de la Edad Moderna se suele contraponer a la alta natalidad una alta mortalidad, protagonizada principalmente por episodios periódicos de sobremortalidad; es decir, crisis que conllevan una reducción drástica de la población. Sin embargo, es inadecuado aplicar este esquema a la generalidad europea, ya que los estudios más recientes han puesto de manifiesto las fuertes diferencias registradas entre distintas sociedades. Los principales factores que incidían sobre la tasa de mortalidad:

El hambre Aunque no parece que la muerte por inanición fuese frecuente, lo que sí está claro es que el hambre constituía una clara preocupación para los hombres del XVI. De hecho, algunos prestigiosos historiadores han sostenido que las hambrunas eran la causa de las sobremortalidades más típicas.Parece que las hambrunas solamente eran habituales en regiones dedicadas al monocultivo cerealista y mal comunicadas. Además, solían venir acompañadas por epidemias, que conllevaban la delimitación de los cordones sanitarios. Este cordon cortaba el comercio con el exterior y podia producer subidas de precio de los alimentos más básicos.

Las epidemias La reina de las epidemias del siglo XVI seguía siendo la peste, igual que ya ocurriera en la Edad Media. Desde su reaparición en Europa occidental en 1347, la peste fue una visitante habitual hasta 1719, fecha en la que se registra el último brote de gravedad, en Marsella. Es muy difícil para el historiador distinguir entre la verdadera peste y la pestilencia, nombre con el que se designaban muchas otras epidemias, entre las que también fueron habituales el tifus y la viruela. En todo caso, las pérdidas ocasionadas por estas enfermedades podían llegar a alcanzar un tercio de la población afectada. La principal causa de este alto impacto reside en la incapacidad de la medicina de la época, para hacer frente a estas epidemias. En general, los remedios más habituales para tratarla eran la tríaca magna y otras pócimas, pero desde luego el más efectivo era huir del lugar donde se hubiera declarado la enfermedad. A pesar de ello, sí existieron algunos remedios útiles para tratar los síntomas, y se establecieron medidas preventivas, entre las cuales la más destacada era la delimitación de cordones sanitarios.

En principio, estas medidas preventivas eran dictadas y controladas por las autoridades locales, pero

con el tiempo las autoridades centrales se implicaron cada vez más en la tarea. Gracias a esta implicación se aplicaron medidas más amplias como exigir una patente de sanidad a los buques que

llegasen a puerto, o controlar el tráfico terrestre.

La violencia

El siglo XVI registró una disminución del duelo, del recurso a la venganza y de los enfrentamientos entre banderías nobiliarias, pero al mismo tiempo, contempló el crecimiento de

los ejércitos y, por tanto, un aumento de la violencia asociada a sus actividades. Entre las batallas más sangrientas podríamos citar Lepanto o la toma de Tenochtitlán, pero los efectos de la presencia

del ejército se hacían notar también entre las poblaciones no combatientes. La concentración de las tropas en muy

malas condiciones de higiene, era suficiente para la aparición y propagación de enfermedades infeccionas, como la

disentería, el tifus y la sífilis. Además, su sola presencia representaba un saqueo de las reservas alimenticias de la

zona, además de significar una alteración de la vida cotidiana. Finalmente, fueron habituales los grandes saqueos

de ciudades, motivados generalmente por el impago de su soldada. Los más conocidos fueron el saqueo de Roma en

1527 y el de Amberes en 1576.

La mortalidad ordinaria

Llamamos mortalidad ordinaria a la que se produce habitualmente en las distintas poblaciones, es decir, que no se debe a factores externos o repentinos, sino a las circunstancias ya existentes en la zona y entre la población. Este tipo de mortalidad ha sido mejor estudiada en Inglaterra. Allí la esperanza de vida, en la segunda mitad del XVI, rondaba los 40 años; las tres cuartas partes de los nacidos llegaban a cumplir diez años y únicamente un 9,3% de las mujeres moría al dar a luz. Como contrapunto, podemos tomar el caso de Ginebra, donde la mortalidad infantil era mucho más grave: un 50% de las defunciones correspondía a niños menores de 10 años.A nivel general se suele hablar de una esperanza de vida al nacer de entre 25 y 35 años, y de una mortalidad infantil de entre 150-350 por mil. No obstante, como en el caso anterior, las diferencias de una zona a otra pueden ser notables. Los factores que suelen incidir sobre estos datos son la atención que se puede prestar al infante, las costumbres de amamantamiento y la calidad de la alimentación sustitutoria que se puede ofrecer al niño. En cuanto a la esperanza de vida general, una vez traspasado el umbral de los 20 años, se suele situar en los 60 años. Las principales causas de mortalidad ordinaria eran las infecciones, las malas condiciones higiénicas y el agua contaminada o no potable. Las migraciones Se puede hablar de varios tipos de movimientos migratorios: 1.Migraciones estacionales: por ejemplo la trashumancia o las que se deben a la necesidad temporal de jornaleros debido a los trabajos agrícolas. 2.Migraciones “profesionales”: aquellas que se deben al ejercicio de una profesión itinerante, (canteros, juglares…).

3.Nomadismo o seminomadismo: movimientos protagonizados por grupos nómadas, entre los cuales, destacaban los vagabundos.

4.Migraciones estructurales: la migración desde las montañas a las riberas del Mediterráneo, en busca de mejores condiciones de vida; o la migración del campo a la ciudad. Se llaman estructurales porque

afectan a la estructura demográfica de las zonas que los acogen, y en segundo lugar porque colaboran a la difusión de conocimientos y pautas de conducta, sobre todo cuando se produce el retorno

a sus lugares de origen.

5. Migraciones religiosas: a causa del cuius regio eius religio fueron muchos los que abandonaron sus lugares de origen en busca de la tolerancia religiosa. Los judíos se vieron especialmente afectados.

6.Migraciones a raíz de los descubrimientos: lógicamente fueron España y Portugal los estados más afectados por este tipo de migraciones. A modo de ejemplo, unas 250.000 personas partieron de Sevilla,

rumbo a América.

7.El comercio de esclavos: por un lado, la guerra en el Mediterráneo proveyó de galeotes a las galeras, lo que ya suponía un flujo esclavista, pero el más importante fue el que afectó a los esclavos negros subsaharianos. Estos fueron trasladados a Europa, a las islas atlánticas y a Santo Tomé, pero también

a la América española (75.000) y a Brasil (50.000).

1. Economía Sector agrario

El sector agrario era el más importante y dentro del mismo, lo era el cultivo del cereal. Es preciso

también señalar los cambios y acciones que se llevaron a cabo respecto al cultivo del campo, durante

esta época. En primer lugar, se puso en marcha una tendencia a la recolonización interior, al cultivo

de tierras baldías o que presentaban ciertas dificultades para el asentamiento. Este fenómeno

especialmente motivado por el aumento de la demanda y de los precios, se produjo gracias tanto a capital público como privado.

En segundo lugar, se contempla a lo largo y ancho de Europa una mejora de las técnicas de

cultivo, en aras de una mayor productividad:

Se implementaron cambios en el sistema de rotación de la tierra: ejemplo Países Bajos. Allí se alargaban las fases de rotación y se eliminaba el barbecho. También se practicaba la plantación sucesiva de especies que requerían distintos cuidados y nutrientes, para evitar el agotamiento del suelo. Este tipo de agricultura permitía la ganadería extensiva.

Se mejoró el utillaje.

Se potenciaron ciertos cultivos y se introdujeron algunos nuevos, muchos procedentes de

América. En estos momentos se produce la expansión del cultivo de la caña de azúcar en las

islas atlánticas y en el continente americano, al tiempo que en Europa se introduce el cultivo

de productos como el tabaco, el chocolate o el maíz.

Finalmente, no se puede dar una imagen suficientemente nítida del sector agrario en los comienzos

de la Edad Moderna, sin tener en cuenta los sistemas de propiedad de la tierra. En este sentido, los historiadores destacan la importancia de las propiedades de la Iglesia, aunque también señalan su

desigual evolución. En general, dentro de los países católicos, la Iglesia adquirió nuevas propiedades gracias a las donaciones, mientras que en los países reformados, las perdió debido a la expropiación generalizada. A pesar de ello, también hubo expropiaciones, aunque más limitadas,

dentro de países de confesión católica. Como es lógico, la nobleza no se quedaba atrás en cuanto a la posesión de tierras, aunque este régimen de propiedad debe ser puesto en perspectiva. Los señores

debían respetar, en algunos casos, derechos de propiedad anteriores, e incluso posteriores, a la constitución del señorío; pero, además, algunos vasallos podían acceder a la propiedad de la tierra en unas condiciones que les acercaban a la categoría de cuasipropietarios. Por otra parte, los

señores siempre podían encontrar la forma de ampliar sus derechos, como ocurría en Polonia, donde existían las corveas, es decir, el trabajo forzoso de los vasallos, muchas veces gratuito y

otras pagado a bajo precio. Por el contrario, en Europa occidental las corveas casi habían desaparecido, aunque el señor contaba con otras ventajas, como la reserva señorial, tierras reservadas al cultivo del señor, pero también este derecho fue perdiendo importancia, limitándose, en

muchos casos, a un pequeño huerto. Por su parte, el campesino podía acceder al cultivo de las tierras del señor mediante un régimen de tenencia , que le proporcionaba estabilidad, ya que el derecho

que adquiría sobre el cultivo de la tierra podía ser heredado o vendido por él mismo. En los lugares donde predominaba este sistema, los pagos al señor solían ser en dinero y no en especie, lo que a la larga traería problemas para los nobles, debido a la erosión monetaria. En cambio, en otros

territorios, como en la Italia meridional o en el Sur de Castilla, el señor tenía la total disposición de la tierra, en virtud del ejercicio de la práctica del mayorazgo, y no cedía el derecho al cultivo de

modo estable a cambio de un pago, sino que arrendaba las tierras.

Manufacturas

El primer lugar entre las manufacturas lo ocupaban los metales, como el cobre o el plomo. De hecho la creciente demanda llevó a los mineros a cavar galerías cada vez más profundas, para satisfacer las necesidades comerciales. Para ello, se introdujeron nuevas técnicas de extracción y manufactura, entre ellas, los altos hornos, aplicados a las fraguas de producción de hierro.

Por supuesto, estos no eran los únicos metales deseados, habría que añadir los metales preciosos que, desde el descubrimiento de América, parecían afluir sin freno a la Península Ibérica. El metal más importado fue el oro, procedente del nuevo continente, primero durante el llamado ciclo de oro de las Antillas y luego con la conquista de tierra firme. Pero a la larga, fue la plata el metal más codiciado, ya que los avances técnicos en su extracción, como una mejor ventilación y drenaje de las galerías, suponían un claro ahorro y por tanto, un mayor beneficio. Además, el descubrimiento de los grandes depósitos de mercurio de Huancavelica en Perú, un elemento vital para la amalgama de la plata.

Por detrás de la minería y la manufactura de los metales, encontramos también diversas actividades

orientadas al consumo inmediato de los productos procesados, como los molinos, los lagares o las tahonas, por citar algunos. Asimismo, no se puede olvidar tampoco la industria textil, que poseía una amplia clientela y que no estaba sujeta a gremios ni ordenanzas. En este campo también se

introdujeron mejoras técnicas como el uso del batán, del huso de rueda o de la máquina para hacer calceta, que economizaban la producción de los tejidos.

Habría que añadir también la recién aparecida industria de la imprenta, gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles por parte de Johannes Gutemberg. Los impresores se difundieron por toda Europa, creando una red libraría cada vez mayor, que contaba con sus grandes centros en

París y en Amberes.

Finalmente, debemos hablar de la construcción naval, que gracias a los descubrimientos, el comercio ultramarino y la guerra marítima, concentró los mayores avances técnicos de la obra,

así como una gran cantidad de mano de obra y capital. La primera fase estaría representada por la galera, tremendamente útil en el Mediterráneo, pero se vería ensombrecida primero por la

carabela, más útil para la navegación oceánica, y después por el galeón, mucho mejor preparado no solo

para la navegación en ultramar, sino también para la carga de mercancías y, lo más importante, para hacer frente a los

ataques de corsarios y piratas.

Mercados Para hablar del mercado en la Edad Moderna, es preciso resaltar el conjunto de elementos que hacen posibles unas

actividades comerciales cada vez más complejas e internacionales: los caminos, los medios de transporte, las ferias,

los mercados locales, la moneda, los sistemas contables, el correo, las medidas de seguridad en los caminos o las

relaciones diplomáticas.

1.La circulación de mercancías Existían mercados locales, los semanales y las ferias. Estas últimas solían celebrarse una o dos veces al año, y

reunían a una gran cantidad de comerciantes, sin embargo, también presentaban importantes inconvenientes como el

coste de trasladar las mercancías a gran distancia y el tener que ajustar las negociaciones a las fechas de celebración

de cada feria. Por ello, ganaron cada vez más importancia las lonjas, un lugar de intercambio diario, donde cualquier

cosa de valor podía ser cambiada por otra. Asimismo, este es el momento en que comienzan a desarrollarse y a

ganar cada vez más importancia las bolsas, donde se negociaba con productos y capitales, no olvidemos que la

moneda era en sí misma una mercancía.La más importante era la bolsa de Amberes ,fundada en 1460.

En cuanto a las rutas comerciales, si a comienzos del XVI el Mediterráneo aún revestía una gran

importancia, los descubrimientos de nuevos territorios y rutas desplazaron el protagonismo

comercial hacia las rutas oceánicas. En este aspecto, es preciso destacar que, para quien podía permitírselo, el transporte marítimo era más beneficioso, ya que se podía trasladar una gran

cantidad de productos a un coste razonable. Por el contrario, el transporte terrestre solo era usado para grandes mercancías o importantes cantidades de productos cuando las distancias eran

cortas, o cuando el valor de la mercancía compensaba los inconvenientes. Por tanto, se puede decir sin temor a equivocarse, que el eje económico mundial se había desplazado hacia el océano Atlántico, que en principio se hallaba monopolizado por España y Portugal, y bajo el reinado

de Felipe II, bajo una misma monarquía.

Instituciones que controlaban este monopolio:

-La Casa da Inda e da Guiné en Lisboa: comercio de especias y productos exóticos.

-La casa de contratación de Sevilla: comercio con el continente Americano.

Pero como ya hemos mencionado en otras ocasiones, el resto de las potencias europeas no iba a permitir durante

mucho tiempo la existencia de este monopolio. Principalmente los franceses, holandeses e ingleses harán todo

lo posible por dañar el comercio hispano-portugués, cosa que lograrán al poder ofrecer en Europa productos mucho

más competitivos, debido a su menor precio. Lógicamente, en la mayor parte de los casos estos productos eran fruto

de saqueos en las colonias y de las actividades de los corsarios, aunque con el tiempo, algunas de estas potencias

lograron crear colonias propias en lo que antes era dominio exclusivo de España y Portugal. Así, con el tiempo los

verdaderos beneficiarios de las nuevas riquezas fueron otros. Los mercaderes, italianos primero, y alemanes después,

lograron explotar mucho mejor que españoles y portugueses, las ventajas que comportaba el comercio de los

productos coloniales. Además, los mercaderes se harán cada vez más fuertes, cuando decidan unir fuerzas y crear

compañías, como hicieron en Londres, al crear la Moscovy Company.

Así con un nuevo desplazamiento de los beneficios comerciales, Amberes acabó convirtiéndose en el primer núcleo

comercial y financiero en Europa, aunque su liderazgo también tenía fecha de caducidad. La posición de Amberes se

vio dañada por las dificultades que se presentaron en el sur de Alemania y con el comercio del Báltico, lo que hizo

que perdiera importancia como centro económico a fines del XVI. Ámsterdam vendría entonces a ocupar su lugar.

Origen de los productos comerciados

América Ofrece: productos agrícolas, cueros, oro y plata.

Demanda: esclavos africanos y productos manufacturados.

Báltico Ofrece: brea, hierro, madera, lino, trigo y arenques.

Demanda: pocas manufacturas, vino, sal y plata.

Extremo OrienteOfrece: especias, seda y otros productos exóticos.

Demanda: plata.

Como puede verse, la plata era el producto más codiciado, por lo que circuló por todo el circuito económico mundial.

1. Finanzas

Como decíamos antes, la moneda era una mercancía más y por tanto, susceptible de ser comerciada.

Por ello, y para desarrollar un sistema económico cada vez más complejo, aparecieron nuevos instrumentos financieros y se potenció el uso de otros ya existentes: letras de cambio, crédito o bancos. El crédito entre particulares solía mantenerse dentro de las prácticas tradicionales,

intentando siempre diferenciarse de la usura para evitar las críticas de la Iglesia. Sin embargo, el

crédito de los estados se presentaba más complejo. Dado que las monarquías, algunas extensas y

dispersas, necesitaban pagar cantidades en lugares remotos, crearon nuevas figuras, como los juros en la hacienda de los Austrias; la aparición de la deuda pública remunerada a un 10% de interés; y los asientos, que se encargaban de transferir capital, cambiar moneda y prestar dinero.

Asimismo, perfeccionaron los sistemas contables.

Obviamente, en el centro de este sistema seguían encontrándose los usureros, los

cambistas y en ocasiones, auténticos banqueros, como los Fugger.

2. Sociedad Nobleza

La nobleza se puede definir como una clase terrateniente de origen militar, que, en la Edad Moderna, representaba en torno al 1 y el 2% de la población. Sin embargo, no se trataba de un

grupo homogéneo, ya que dentro del mismo existían diferencias económicas y sociales. Por ello, suele hablarse de alta y baja nobleza. Normalmente la diferencia residía en si solo se poseía un señorío jurisdiccional o además un título. A lo largo del XVI, lo habitual era que casi todos los

nobles que ostentaran un título, poseyesen también un señorío; sin embargo, podía haber señores jurisdiccionales sin título nobiliario. Por último existían propietarios rurales o urbanos, que no

poseían señoríos, y que eran llamados caballeros o gentileshombres.

En realidad, la mayoría de los títulos nobiliarios fueron concedidos por los reyes, y no tenían por tanto un origen medieval, es decir, que no procedían necesariamente de la nobleza militar. Por

supuesto, si el ennoblecimiento se producía era gracias a que existían personas que vivían como nobles, sin serlo, y que por sus servicios o contactos podían llegar a adquirir un título. Sine

embargo, mientras que la condición

nobiliaria era heredada por todos los hijos, no ocurría lo mismo con el título. En todos los

países influidos por el Derecho Romano, únicamente el primogénito heredaba el título, aunque el resto de los hijos recibían la denominación de caballeros. En cuanto a la transmisión de la

propiedad, la preeminencia del primogénito no estaba tan extendida. Por ejemplo, en los estados germanos y eslavos, la propiedad era repartida por igual entre los varones, de ahí la extrema

fragmentación política de dichos territorios.

Los señoríos constituían la base de la riqueza nobiliaria, y también de una parte considerable de su poder, ya que dentro del señorío, los señores constituían la autoridad pública, la judicial y el nombramiento de las autoridades locales. En cuanto a la explotación de las tierras, estas solían ser

cedidas a los campesinos para su explotación, a cambio de rentas fijas o bien, de una parte de la cosecha. No obstante, solía existir una reserva señorial, cuya cosecha era propiedad íntegra del

señor, aunque su explotación solía llevarse a cabo por mano de obra campesina, en muchos casos forzada.

En tanto que autoridad dentro de su señorío, el señor contaba con medios de coerción económica sobre los campesinos:

Poseían el monopolio de medios técnicos. Ejemplo: los molinos o las herrerías. Cobraban impuestos sobre las vías de comunicación.

Poseían preferencia para vender sus productos. Poseían derechos exclusivos de caza y pesca.

Cobraban derechos sobre las ventas y las transmisiones de herencias.

Pero ser noble conllevaba también muchos gastos, como mantener distintos palacios y residencias

o proveer de buenas dotes a sus hijas. Por tanto, no es extraño que a fines del XVI, muchas casas nobiliarias estuvieran endeudadas. A pesar de ello, contaban con una importante ventaja, no podían ser encarcelados por deudas. Este era, solamente uno de los privilegios de los que gozaban,

entre los cuales también podemos señalar las concesiones de cargos lucrativos en la administración civil, o que se les concediera la privatización de ciertos impuestos. No quiere decir que todas las

familias nobiliarias escaparan a la ruina pero, en cualquier caso, aquellas casas que cayeron, dejaron

paso a otras nuevas.

Población urbana

Entre los habitantes que poblaban las ciudades, podemos distinguir tres grandes grupos social:

una minoria burguesa,

Habría que añadir dentro de este esquema a los grupos marginados, pero de ellos hablaremos más

tarde.

Las ciudades eran gobernadas por familias que vivían de las rentas de la propiedad o del capital, y

cuyos miembros eran llamados “burgueses honrados”, una condición seminobiliaria y hereditaria. Aunque se suele incluir dentro de este grupo únicamente a los comerciantes, no se puede olvidar el peso de los graduados universitarios, que vivían del ejercicio de su profesión o

quienes lograban obtener un puesto dentro de la burocracia. Había sin embargo una importante diferencia entre todos estos “burgueses”, y es que, mientras que las profesiones liberales no eran

consideradas un obstáculo para el ennoblecimiento, lo era el ejercicio del comercio. Por oposición, los comerciantes se enorgullecieron cada vez más de su experiencia práctica, y por ello, cuidaban especialmente la formación de sus hijos.

Los financieros eran comerciantes al por mayor, que no solo negociaban con dinero, sino también con otros productos de alto valor. Eran, por decirlo así, comerciantes-banqueros. Esto no quiere decir que la especulación fuese su única actividad económica, por ejemplo, sabemos que los Médicis

o los Fugger se interesaron también por la industria textil; pero, en general, la burguesía del XVI era en su mayoría comerciante o financiera, y mostraba poco interés por la industria. Esta solía

estar en manos de los artesanos especializados, constituidos en gremios.

Los gremios o corporaciones se encargaban de:

Reglamentar la formación profesional, mediante el aprendizaje.

Organizar las condiciones de trabajo, fabricación y venta de productos.

La especialización fue en aumento y a lo largo del XVI surgieron cada vez más gremios. Por

ejemplo, fue el momento en que aparecieron las corporaciones de impresores y libreros. Pero también existían cofradías de diversos oficios, también llamadas gremios amalgados.

Dentro de los gremios existían maestros y aprendices, pero ¿cómo se accedía a la condición de

maestro agremiado? En teoría, era necesario superar un examen de maestría pero, con el tiempo, el

proceso se convirtió en un mecanismo de selección económica y social, ya que para hacer el examen

había que correr con importantes gastos, de los que los hijos y yernos de los maestros solían estar

exentos, por lo menos en parte. Existían además otro tipo de restricciones, no se admitía ni a hijos

ilegítimos ni a miembros de ciertos grupos étnicos y religiosos. En algunos lugares de Europa, los

gremios estaban directamente relacionados con los gobiernos del municipio.En Londres el cabeza del

municipio debía pertenecer a uno de los doce gremios mayores. Sin embargo, a lo largo del siglo, se fue

produciendo una disminución del papel de los artesanos, a favor del de los nobles. Así, en Italia por

ejemplo, comerciantes y artesanos fueron marginados del gobierno de las ciudades.

No se debe olvidar que, por debajo de los gremios, existía un gran número de trabajadores no

cualificados y que solían ser denominados de forma despectiva, ganapanes. Campesinado Los campesinos formaban el 80% de la población europea. En su mayoría no eran propietarios, sino que cultivaban las tierras mediante un régimen de tenencia o arrendamiento, lo que implicaba que debían pagar una renta, y por tanto debían ya una parte de la cosecha antes incluso de

haberlaplantado. Además, cualquier campesino, propietario o no, debía contribuir con una décima parte (diezmo) de su producción a la manutención del clero. En el caso de los no propietarios, lo

mejor que les podía ocurrir era tener un contrato de larga duración, perpetuo y hereditario, que les garantizase una mínima estabilidad. En estos casos, se les solían ceder tierras no cultivadas, a cambio del pago de un canon, y del reconocimiento de la autoridad del señor por parte de quien

comparara o heredara el contrato. En otras palabras, se trataba del disfrute en usufructo de las tierras cedidas.Otro tipo de contrato, menos favorable, era el arrendamiento. En este caso, el

campesino alquilaba la tierra y debía correr con todos los gastos de explotación, además de tener que hacer frente a una mayor inestabilidad. El último tipo de contrato sería el de aparcería, el propietario corría con parte de los gastos de explotación, a cambio de una parte de la producción.

Por supuesto, el campesino no contaba únicamente con el cultivo de la tierra, sino también con una serie de

propiedades comunales de las que hacer uso. Este era el caso de montes, prados y marismas, que eran propiedad de

las parroquias. Incluso las propiedades individuales podían estar sometidas al derecho comunal del espigueo, es decir

al derecho a buscar grano en las tierras ya cosechadas, lo que permitía la alimentación del ganado de los campesinos

pobres. Sin embargo, las propiedades comunales se vieron cada vez más limitadas a causa de las exigencias de los

campesinos ricos, los señores y los burgueses.

Los campesinos ricos, más o menos el 5% de la población campesina, se erguían como intermediarios del señor

jurisdiccional, poseían ganado y podían permitirse contratar mano de obra para el cultivo de sus tierras. Por detrás de

ellos, habría un 25% de campesinos medios, es decir independientes y no sujetos al señorío, y por último un 60 o 70%

de campesinos dependientes. Aunque por detrás de estos, aún podríamos situar a los jornaleros y mozos de labranza

que no contaban con una tierra propia o cedida que cultivar.

Grupos marginados Según los datos de que disponemos, alrededor de un 10% de la población europea en el siglo XVI vivía en la

pobreza. Sin embargo, aunque esta podía verse incrementada en ocasiones por las crisis económicas, las guerras

o las epidemias, parece que el mayor factor que contribuyó al aumento de la pobreza fue el progresivo

deterioro del nivel de vida a raíz de la subida de precios, en la segunda mitad del siglo.

Hay que tener en cuenta además que la principal fuente de ingresos de una familia la constituía el trabajo del cabeza

de familia, por lo que su muerte o incapacidad suponía en muchas ocasiones caer en la pobreza. Así, muchos

mendigos suelen ser viudas, enfermos o ancianos.

Existían instituciones religiosas encargadas de paliar el problema, pero a lo largo del siglo XVI

aparecieron nuevos modos de afrontar esta realidad. En Países Bajos y Alemania existía la llamada “policía de pobres”, encargada de ejercer y reglamentar la asistencia social mediante

instituciones municipales, pero también de “impulsar” a los pobres a trabajar, generalmente de manera forzada. El pensamiento de fondo era que si uno no tenía trabajo, debía ser forzado a encontrar uno para poder devolver a las instituciones asistenciales el coste de su manutención. El

Sistema acabó extendiéndose a Francia, Italia y España. En las ciudades, aquellos pobres que no eran

controlados por una parroquia eran considerados vagabundos y se les rehuía todavía más, esto se

debe a que entre los pobres también se ocultaban los delincuentes, a estos se les llamaba “falsos

pobres”. Y es que la línea que separaba a pobres de vagabundos y bandoleros era fina y difusa.En

esta situación, no resulta extraño que la legislación penal tuviera por costumbre castigar a los

individuos que no estaban integrados en ningún grupo, así como a los forasteros. Finalmente, entre

los grupos marginados debemos destacar, precisamente, a los bandoleros. Según la terminología

italiana, bandolero era aquella persona que había sido expulsada de la comunidad por las

autoridades, que había sido proscrito mediante un bando. En cambio, en la terminología castellana se

utiliza a menudo la palabra forajido, que no significa exactamente lo mismo, sino que se aplica a

quien ha abandonado su comunidad ya sea por propia voluntad o por decisión oficial. No obstante, el

bandolerismo también podía ser fruto de disputas familiares, e incluso, un historiador de evidente

prestigio, como Fernand Braudel, ha apuntado que este fenómeno podría considerarse como una

forma latente de los alzamientos campesinos. En todo caso, y como puede verse, el fenómeno era

más propio de países mediterráneos.

Revueltas populares Las revueltas no son un fenómeno nuevo, de hecho pueden verse como un

movimiento de larga duración, originado en las jacqueries de mediados del siglo

XIV. Durante el siglo XVI, las revueltas populares suelen deberse a una conjunción

de las crisis económicas con las ideologías religiosas. Así por ejemplo las ligadas a los movimientos milenaristas o la

llamada guerra de los campesinos alemanes. Estas revueltas radicales fundaban sus exigencias en la igualdad del

género humano y por tanto, solían organizarse en hermandades o germanías. Pero de poco sirvieron las alusiones a la

Biblia o a la moral, ya que casi todas las revueltas acabaron con el triunfo de la nobleza y de los reyes. Sin embargo,

también hay historiadores que apuntan que las revueltas pudieron frenar los intentos de los señores de volver a

introducir la servidumbre.

Con la aparición de la Reforma protestante, muchas de sus protestas se marcaron con reivindicaciones religiosas, lo

que unido al deterioro del nivel de vida, fue en parte la causa de un recrudecimiento de las revueltas en el último

decenio del siglo.

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