Hobsbawm. Historia Contemporánea, Apuntes de Geografía. Universidad de La Rioja (UR)
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Hobsbawm. Historia Contemporánea, Apuntes de Geografía. Universidad de La Rioja (UR)

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Asignatura: Crisis del Antiguo Régimen, Profesor: José Miguel Delgado, Carrera: Geografía y Historia, Universidad: UNIRIOJA
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La invención de la tradición

ERIC BOBSBAWM

y TERENCE RANGER (EDS.)

LA INVENCION DE LA TRADICION

~

I

CRITICA BARCELONA

MUNICIPALIDAD DE ROSIIRIO BIBLIOTECA ARGENTINA

"DR. JUAN A LVAR;"Z"

REGISTRO 1. l.U.:t:i­ INaRESO tZ,. i, 'U/(f)'1

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorizaci6n esc rita de los titulares del CO[)VTlPhl bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduccion total 0 parcial de esta por cualquier medio 0 procedimiento, comprendidos 1a reprografia y el tratamiento infonn<iti­ co, y la distribuci6n de ejemplarcs de ella mediante alauiler 0 prestamo publicos.

Titulo original: THE INVENTION OF TRADlTlON The Press Syndicate of the University of Cambridge Cambridge (Gran Bretafia) First published, 1983

Traduccion castellana de Omar Rodriguez

Cubierta: Joan Batalie

I1ustracion de In cubierta: La jura de Sama Gadea, M. HinHdez Acosta (1864). Fotocomposici6n: punt groc

© E. 1. Hobsbawm 1983 © Hugh Trevor-Roper 1983 © Prys Morgan 1983 © David Cannadine 1983 © Bemard S. Cohn 1983 © Terence Ranger 1983

© 2002 de la traduccion castellana para Espana y America: EDITORIAL CainCA, S.L., Proven<;a, 260, 08008 Barcelona

e-mail: editorial@ed.critica.es ISBN: 84·8432.350.1 Dep6sito legal: B. 20.538.2002 lrnpreso en Espana

2002.- HUROPE, S.L., Lima 3, bis, Barcelona

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~ 1. INTRODUCCION: LA INVENCION1 DE LA TRADICION

ERIC HOBSBAWM

Nada parece mas antiguo y relacionado con un pasado inmemorial que la pompa que rodea a la monarquia britimica en sus manifestaciones ceremoniales publicas. Sin embargo, como se explica en- un capitulo de este libro, en su forma modern a tal boato es un producto de finales del siglo ~·del siglo xx. Las «tradiciones» que parecen 0 reclaman ser an­ tiguas son a menudo bastante recientes en su origen, y a veces inventadas. Cualquier persona familiarizada con los colegios de las antiguas universi­ dades briftinicas sera capaz de recordar la institucion de estas «tradicio­ nes» a escala local, a pesar de que algunas, como el festival anual de Nine Lessons y Carols en la capiUa del King's College en Cambridge en la no­ che de Navidad, se pueden generalizar utilizando un medio de mas as mo­ demo como la radio. Esta observacion constituyo el punto de partida de un congreso organizado por la revista historica Past & Present, que a su vez es la base de este libro.

EI termino «tradicion inventada» se usa en un sentido amplio, pero no impreciso. Incluye tanto las «tradiciones» realmente inv.entadas, construi­ das y formalmente instituidas, como aquellas que emergen de un modo di­ ficil de investigar durante un periodo breve y mensurable, durante unos pocos afios, y se establecen con gran rapidez. La aparicion en Navi­

" dad de la monarquia britanica en los medios (instituida en 1932) es un ejemplo de las primeras, mientras que la emergencia y el desarrollo de pnicticas asociadas con la final de la copa del tiltbol britl:inico 10 es de las

.~ segundas. E!H:vidente que no todas son igual de permanentes, pero nues-

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8 9 LA INVENCION DE LA TRADICION

tra principal preocupacion es su aparicion y consolidacion, mas que sus posibilidades de supervivencia.

La «tradicion inventada» implica un grupo de practicas, normalmente gobernadas por reglas aceptadas abierta 0 tacitamente y de naturaleza simbolica 0 ritual, que buscan inculcar determinados valores 0 normas de comportamiento por medio de su repetici6n, 10 cual implica automatica~ mente continuidad con el pasado. De hecho, cuando es posible, normal­ mente intentan conectarse con un pasado hist6rico que les sea adecuado. Un ejemplo sorprendente es la elecci6n deliberada del estilo gotico para Ia reconstrucci6n del Parlamento britanico, y la decisi6n igualmente deli­ berada de reconstruir la camara pariamentaria despues de la Segunda Guerra Mundial siguiendo los mismos pIanos utilizados anteriormente. EJ pasl;ldo historico en que se inserta la nueva tradician no tiene por que ser largo y alcanzar 10 que se supone que son las brumas del pas ado. Las re­ voluciones y los «movimientos progresistas» que rompen con 10 anterior, por definici6n, tienen su propio pasado apropiado, a pesar de que este quede interrumpido en una fecha concreta como 1789. Sin embargo, en la medida en que existe referencia a un pasado historico, Ia peculiaridad de las dradiciones inventadas» es que su continuidad con este es en gran parte ficticia. En resumen, hay respuestas a nuevas situaciones que toman la forma de referencia a viejas situaciones 0 que imponen su propio pasa­ do por medio de una repetici6n casi obligatoria. Es el contraste entre el cambio constante y la innovaci6n del mundo moderno y el intento de es­ tructurar como minima aIgunas partes de la vida social de este como in­ variables e inaiterables, 10 que hace que «Ia invenci6n de la tradici6n» sea tan interesante para los historiadores de los dos siglos pasados.

En este sentido, la «tradici6n» debe distinguirse cIarameDLe de la «costumbre» que predomina en las denominadas sociedades «tradiciona­ les». EI objetivo y las caracterfsticas de las «tradidones», incIuyendo las inventadas, es la invariabilidad. EI pas ado, real 0 inventado, al cual se re­ fieren, impone practicas fija8o(normalmente formalizadas), como la repe­ tici6n. La «costumbre» en las sociedades tradicionales tiene la funcian do­ ble de motor y de engranaje. No descarta la innovaci6n y el cambio en Ull momenta determinado, a pesar de que evidentemente el requisito de que parezca compatible con 10 precedente 0 incluso identico a este Ie impone limitaciones sustanciales. Lo que aport a es proporcionar a cualquier cam­ bio deseado (0 resistencia a la innovaci6n) la sandon de 10 precedente, de la continuidad social y la ley natural tal y como se expresan en la historia. Los estudiantes de los movimientos campesinos saben que la recIamaci6n por parte de un pueblo de una tierra 0 un derecho comun «por costumbre desde tiempos inmemoriales» a menudo no expresa un hecho hist6rico, sino eI equilibrio de fuerzas en la Iucha constante del pueblo contra los se-

INTRODUCCiON: LA INVENCJON DE LA TRADICION

nores 0 contra otras comunidades. Los estudiantes del movimiento obre­ ro briUinieo saben que «Ia costumbre del oficio» 0 del pequeno comercio puede representar no una tradicion, sino cualquier derecho que los traba­ jadores hayan establecido en la practica, aunque sea recientemente, y que ahora intentan extender 0 defender otorgandole Ia sanci6n de la perpe­ tuidad. La «costumbre» no puede a!canzar la invariabilidad, porque incluso en las sociedades «tradicionales» la vida no es asf. EI derecho con­ suetudinario 0 la ley comun muestran todavia la combinaci6n de flexibi­ lidad sustancial y adhesion formal a 10 precedente. La diferenda entre «tradici6n» y «costumbre» en este senti do se ilustra bien en este casO. La «costumbre» es 10 que hacen los jueces, la «tradici6n» (en este caso in­ ventada) es la peluca, la toga y otra parafernalia formal y pnlcticas ritua­ lizadas que rodean esta ace ion sustancial. EI declive de la «costumbre» transforma invariablemente la «tradicion» con la que habitualmente esta relacionada.

,Una segunda distincian,menos importante, que debe hacerse es la que If:( '.. e:J;te entre la «tradicion» segun se entiende aqui y la convencion 0 ruti­ ~ ~ na.\que no tiene un significado ritual 0 una funcion simb6lica como tal, a ~ f~ pes~r de que la podria adquirir accidentalmente. Es evidente que cual­, ~ § Quier pnictica social que necesita lIevarse a cabo repetidamente tendera, ~ ~ ior conveniencia 0 por eficiencia, a desarrollar un grupo de convenc.io~es c( ~ arutinas, que pueden ser formalizadas de facto 0 de iure con eI obJehvo ~ ~ ~e ensenar la practica a los nuevos aprendices. Esto se aplica tanto a las ~ ., practicas sin precedentes (por ejemplo, el trabajo de un piloto de aviones) i gcomo a otras mucho mas familia res. Desde la revoluci6n industrial, las so­ m' ciedades se han visto obligadas por naturaleza a inventar, instituir 0 desa­

rrollar nuevas redes de convenciones 0 rutinas determinadas de un mo­ n ..

do mas frecuente que las sociedades anteriores. En la medida en Que fun­ cionan mejor cuando se convierten en habito, procedimiento automatico o incluso acto reflejo, requieren invariabilidad, 10 que puede dificultar otro requisito necesario de la practica: Ia capacidad para reaccionar ante contingencias imprevistas 0 poco habituales. Esta es una debilidad bien conocida de la rutinizacion 0 de Ia burocratizaci6n, particularmente en los niveles subalternos donde la actuaci6n invariable se considera como la mas eficiente.

Estas redes de convencion y de rutina no son «tradiciones inventadas» en la medida en que su funci6n, y por consiguiente su justificaci6n, es mas bien tecnica que ideologica (en terminos marxistas, pertenece a la «base» mas que a la «superestructura»). Estan disenadas para faciIitar inrnedia­ tamente operaciones practicas definibles y se modifican 0 abandonan nlpidamente para enfrentarse a necesidades practicas cambiantes, sin 01­ vidar la inercia que cualquier practica adquiere con el tiempo y la resis­

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IO LA INVENCION DE LA TRADICION

tencia emocional a cualqu.i.er innovUj;;ion por parte de la gente que se sien­ te Jigada a ella. Lo mismo sucede con las «reglas» reconocidas de juegos u otros modelos de interaccion social, donde estos existan, 0 con cualquier otra norma de base pragmatica. Cuando esto se da en combinacion con la «tradicion», la diferencia se hace ittmediatamente observable. Llevar cas­ cos duros cuando se monta a caballo tiene un sentido practico, como su­ cede con los cascos de protecciOn para los motociclistas 0 los cascos de acero para los soldados. Utilizar un tipo deterrninado de sombrero duro en combinacion con la chaqueta roja de caza tieJ.l,e un sentido totalmente diferente. Si no fuera asf, serfa tan faci! cambiar el traje «tradicional» de los cazadores de zorros como introducir en el ejercito, una institucion mas bien conservadora, un casco de forma distinta si se pudiese demostrar que proporciona una proteccion mas eficiente. De hecho, se podrfa sugerir que las «tradiciones» y las convenciones pragmaticas 0 las rutinas estan relacionadas de modo inverso. La «tradicion» muestra debilidad cuando, como sucede entre los judfos liberales, las prohibiciones dieteticas se pue­ den justificar pragmaticamente, al argumentar que los antiguos hebreos prohibieron el cerdo basandose en motivos higienicos. De modo contra­ rio, los objetos y las practicas son mas susceptibles de un uso ritual y sim­ bolico cuando no van cargados de uso practico. Las espuelas de los un i­ formes de los oficiales de caballeria son mas importantes para la tradicion cuando no hay caballos, los paraguas de los oficiales de la guardia vesti­ dos de civil pierden su significado cuando no se Bevan plegados (es decir, cuando son utiles), las pelucas de los abogados diffeilmente podrian tener su significado moderno si el res to de la gen~..Do hubiese dejado de l1e­ varlas.

Inventar tradiciones, como se asume aquf, es esencialmente un proce­ so de forrnalizacion y ritualizacion, caracterizado por la referenda a1 pa­ sado, aunque solo sea al imponer la repetici6n. EI proceso actual de crea­ cion de estos rituales y simb61icos complejos no ha sido adecuadamente estudiado por los historiadores. En gran parte continua siendo Oscuro. Se puede decir que se ejemplifica de manera mas clara cuando una «tradi­ cion» se inventa deliberadamente y es construida por un unico iniciador, como es el caso de los Boy Scouts de Baden-PowelL Quizas se puede se­ guir casi tan f,icilmente en el caso de las ceremonias oficialmente institui­ das y planeadas, siempre que se puedan documentar facilmente, como en el caso de la construccion del simbolismo nazi y las concentraciones del partido en Nuremberg. Probablemente es mas diffeil seguirlo cuando es­ tas tradiciones han sido en parte inventadas, en parte desarrolladas en grupos privados (donde el proceso es mas diffcil de registrar por medio de la burocracia), 0 han aparecido de manera informal durante un periodo de tiempo como, por ejemplo, en el parlamento 0 en la profesion legaL La di-

INTRODUCCION: LA INVENCION DE LA TRADICION

ficultad se halla no s610 en las fuentes, sino tambien en las tecnicas, a pe­ sar de que tenemos a nuestra disposicion tanto disciplinas esotericas es­ pecializadas en el simbolismo y en el ritual, en la heraldica y en el estudio de la liturgia como disciplinas historicas warburguianas para el estudio de estas materias. Por desgracia, ninguna de ellas son familiares a los histo­ riadores de la era industrial.

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Probablemente, no hay ningun tiempo ni lugar por el que los his­ toriadores se hayan interesado que no haya vivido la «invencion» de la tradicion en este sentido. Sin embargo, hay que esperar que sea mas fre­ cuente cuando una rapida transformacion de la sociedad debilita 0 des­ truye los modelos sociales para los que se habian diseiiado las ~~viejas» tradiciones, produciendo otros nuev~ los que esas tradiciones no pue­ dan aplicarse, 0 cuando esas viejas tradiciones y sus portadores y promul­ gadores institucionales se convierten en insuficientemente adaptables y tlexibles, 0 son de algun modo elirninados: en resumen, cuando se produ­ cen cambios 10 bastante amplios y rapidos en la oferta y en la demanda. Estos cambios han sido particularmente significativos en los ultimos 200 aiios, y, por consiguiente, es razonable esperar que formalizaciones ins­ tantaneas de nuevas tradiciones se agrupen durante este periodo. Esto im­ plica, incidentalmente, tanto contra el liberalismo decimonouico como contra la mas reciente teorfa de la «modernizaci6n», que estas forrnaliza­ dones no solo se limitan a las denominadas sociedades «tradicionales», sino que tambien tienen lugar, en una forma u otra, en las «modemas». En terrninos generales esto es aSl, pew b.ay que ser prudente con las siguien­ tes afirmaciones: primero, que las viejas formas de estructura comunitaria y autoritaria, y por consiguiente las tradiciones que se les asocian, no se pudieron adaptar y se hicieron rapidamente inviables, y segundo, que las «nuevas» tradiciones simplemente fueron resultado de la incapacidad de usar 0 de adaptar las viejas.

La adaptacion tuvo lugar para 'liejos us os en nuevas condiciones y por medio de la utilizaci6n de viejos modelos para nuevos objetivos. Las vie­ jas instituciones con funciones establecidas, referencias al pas ado e idio­ mas y practicas rituales necesitarian adaptarse segun esta via: Ia Iglesia ca­ t6lica se enfrento con nuevos retos politicos e ideologicos y cambios importantes en la composici6n de los creyentes (como la notable femini­ zacion tanto de los fieles laicos como del personal clerical);l los ejercitos profesionales tuvieron que hacer frente al servicio militar obligatorio; las viejas instituciones como las cortes de justida opera ban ahora en un con­

1. Vease pOI ejemplo G. Tihon, «Les religieuses en Belgique du XVIII" au xX" siecle: Approche Statistiquc», Belgisch Tijdschriji v. Nieuwsle GeschiedenislRevue Beige d'Histoi­ re COnlemporaine, VII (1976), pp. 1-54.

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13 LA lNVENCI6N DE LA TI!:AD1CI6N

texto diferente y a veces con cambios en sus funciones en un nuevo con­ texto. Asf sucedio con las instituciones que disfrutaban de continuidad no­ minal, pero que de hecho se convertian en algo muy diferente, como es e1 caso de las universidades. Bahnson2 ha analizado el nipido declive, des­ pues de 1848, de la pnktica tradicional de los exodos en masa de estu­ diantes de las universidades alemanas (por razones de conflicto 0 mani­ festaciones) en terminos del cambiante cankter academico de las universidades, la edad creciente de la poblacion estudiantil, su aburguesa­ miento, que condujo a la disminucion de las tensiones entre los ciudada­ nos y los estudiantes y los desordenes de estos ultimos, la nueva institu­ cion de la movilidad libre entre las universidades, el consiguiente cambio en las asociaciones estudiantiles y otras transformaciones.3 En todos estos casos, la novedad no es menos nueva por el hecho de haber sido capaz de disfrazarse faCHwente de antigOedad.

Mas interesante, desde nuestro pun to de vista, es el uso de antiguos materiales para constnHr tradiciones inventadas de genero nuevo para propositos nuevos. Una gran reserva de estos materiales se acumula en el pasado de cualquier sociedad, y siempre se dispone de un elaborado len­ guaje de practica y comunicacion simbolicas. A veces las nuevas tradicio­ nes se pudieron injertar en las viejas, a veces se pUdieron concebir me­ diante el prestamo de los almacenes bien surtidos del ritual oficial, el simbolismo y la exhortacion moral, la religion y la pompa principesca, el folclore y la francmasonerfa (en sf misma una tradicion inventada de gran fuerza simbolica). Asi, el desarrollo del nacionalismo suizo, conco­ mitante con la formacion de un modemo estado federal en el siglo XIX, ha sido brillantemente estudiado por Rudolf Braun,4 quien tiene laventaja de trabajar en una disciplina (Volkskunde) que se presta a estos estudios, y en un pais donde la modemizacion no ha sido frenada por la asociacion con los abusos nazis. Las tradicionales practicas de costumbres ya exis­ tentes, como las canciones populares, las competiciones fisicas y el tiro, fueron modificadas, ritualizadas e institucionalizadas para nuevos propo­ sitos. Las tradicionales canciones populares fueron provistas de nuevas melodias en el mismo idioma, a menudo compuestas por maestros de es­ cuela y transmitidas a un repertorio coral CUrD contenido era patri6tico­ progresista (<<Nation, Nation, wie voll klingt der Ton»), a pesar de que se

2. Karsten Bahnson, Akademisehe Auszuge aus deustsehen Universitiits und Haem­ chularten (Saarbriicken, 1973).

3. Se registran 17 exodos durante el siglo XIIIIl, 50 en el perfodo 1800-1848, pero s610 6 de 1848 a 1973.

4. Rudolf Braun, Sazialer und kultureller Wandel in einem liindlichen /ndustriegebiet im 19. und 20. lahrhundert, cap. 6 (Erlenbach-Zurich, 1965).

INTRODUCCI6N: LA INVENCION DE LA TRADICION

les incorporaban poderosos elementos rituales de los him nos religiosos. (La formaci6n de nuevos repertorios, especialrnente para las escuelas, es algo digno de estudio.) Los estatutos del Federal Song Festival (lno nos recuerda al eisteddfodau?) declaran que su objetivo es «el desarrollo y la mejora de la formaci6n musical del pueblo, el despertar de sentimientos mas elevados hacia Dios, la Libertad y el Pafs, la uni6n y la fratemidad de los amigos del Arte y de la Patria». (La palabra «mejora» introduce la ca­ racteristica nota del progreso decimononico.)

Un complejo ritual poderoso se formo alrededor de estas ocasiones: los pabellones de los festivales, las estructuras para la exposicion de ban­ deras, los templos para las of rend as, las procesiones, el repique de campa­ nas, los retablos vivientes, los saludos de armas, las delegaciones guberna­ mentales en honor del festival, las cenas, los brindis y las oraciones_ Viejos materiales se adapt an nuevamente para esto:

Los ecos de forrnas barrocas de celebraci6n, exhibici6n y pompa se dan sin Lugar a dudas en esta nueva arquitectura del festival. Y, como en la celebraci6n barroca, el estado y la iglesia se mezclan en un plano mas ele­ vado, de modo que una aleaci6n de elementos religiosos y patri6ticos emerge de estas nuevas forrnas de actividad coral, de tiro y de actividad gimnastica.5

Aqui no se puede discutir hasta que punto las nuevas tradiciones pue­ den utilizar viejos materiales, pueden ser forzadas a inventar nuevos len­ guajes 0 concepciones, 0 amp liar el viejo vocabulario simbolico mas alIa de los lfmites bien establecidos. Esta claro que muchas instituciones poli­ ticas, los movimientos ideologicos y los grupos, no menos en el naciona­ lismo, eran tan imprevisibles que incluso la continuidad historica tuvo que ser invent ada, por ejemplo al crear un antiguo pasado mas alIa de la efec­ tiva continuidad historica, tanto mediante la semificcion (Boadicea, Ver­ cingetorix, Arminio el Querusco) como por la falsificacion (Ossian y los manuscritos medievales checos). Tambien esta claro que se crearon nue­ vos simbolos y concepciones como parte de movimientos nacionales y de estados, como el himno nacional (cuyo primer ejemplo parece ser el bri­ tanico en 1740), la bandera nacional (en todo caso una variacion de la re­ volucionaria francesa tricolor, desarrollada entre 1790 y 1794),0 la perso­ nificacion de «la nacion» en un simbolo 0 una imagen, ya fuera oficial, como en el caso de la Marianne 0 de la Germania, 0 no oficial, como en los estereotipos de John Bull, eI delgado Tio Sam yanqui y el «German Michel».

5. Rudolf Braun, ap. cit., pp. 336-337.

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LA rNYENCr6N DE LA TRADlCI6N

Tampocohabria que olvidar Ia interrupci6n en la continuidad que se da a veces de manera clara incluso en los tradicionales topoi de antigiiedad genuina. Seglin Lloyd,61as canciones de Navidad inglesas dejaron de crear­ se en el siglo XVII, para ser sustituidas por canciones de los libros de him­ nos del tipo Watts-Wesley, a pesar de que se puede observar una modifi­ caci6n popular de estas en las religiones de base rural como el primitivo metodismo. Sin embargo, los villancicos fueron el primer tipo de canci6n popular que fue resucitado por los coleccionistas de clase media para ocu­ par un sitio «en los nuevos entomos de las iglesias, los gremios y las insti­ tuciones femeninas», y desde aquf se difundieron en un nuevo medio ur­ bano a traves de «cantantes callejeros 0 chicos que cantaban delante de las puertas de las casas con la vieja esperanza de obtener alguna propina». En este sentido, God rest ye merry, Gentlemen no es viejo, sino nuevo. Tal interrupcion se hace visible incluso en los movimientos que se describen deliberadamente a sf mismos como «tradicionaIistas», y que apelan a gru­ pos que, por sentido comlin, estan considerados como los depositarios de la continuidad historica y la tradicion, como lO!t"eampesinos. 7 De hecho, la aparicion de movimientos para la defensa de las tradiciones, ya sean «tra­ dicionalistas» 0 de otro tipo, indica esta interrupcion. Estos movimientos, comunes entre los intelectuales desde el movimiento romantico, no pudie­ ron desarrollar 0 incluso preservar un pasado vivo (excepto construyendo santuarios humanos naturales para rincones aislados de vida arcaica), pero tenian que convertirse en «tradicion inventada». Por otro lado, no hay que confundir la fuerza y la adaptabiJidad de las tradiciones genuinas con la «invencion de la tradici6n». Donde los modos de vida antiguos alin exis­ tian, las tradiciones no .tenfan por que ser revividas 0 inventadas.

Sin embargo, se podrfa sugerir que donde se han inventado, a menu­ do no es porque los viejos modos de vida ya hubieran desaparecido 0 no fueran viables, sino porque se han dejado de utilizar deliberadamente 0 se

6. A. L. Uoyd, Folk Song in England (Londres, 1969), pp.134-138. 7. Hay que distinguir este caso del renacimiento de la tradici6n destinada a objetivos

que real mente demuestran estar en crisis. «La recuperaci6n del viejo vestido regional de los campesinos (hacia 19(0), de sus danzas populares y de rituales similares para las ocasiones festivas no fue un hecho burgues ni tradicionalista. A simple vista se podria ver como ano­ ranza nostalgica de la vieja cultura que estaba desapareciendo rapidamente, peroenreali ­ dad era la demostraci6n de una identidad de c1ase por medio de la cual los campesinos pr6speros pod ian distanciarse a sf mismos en sentido horizontal en relaci6n a los ciudada­ nos y en sentido vertical de los arrendatarios, los artesanos y los trabajadores rurales.» Pa­ lIe Ove Christiansen, «Peasant Adaptation to BOUrgeois Culture? Class Formation and Cul­ tural Redefinition in the Danish Countryside», Ethnalogia Scandinavica (1978), p. 128. Vease tambien G. Lewis, «lbe Peasantry, Rural Change and Conservative Agrarianism: Lo­ wer Austria at the Turn of the Century», Past & Present, 81 (1978), pp. 119-143.

rNTRoDuccrON: LA INvENcrON DE LA TRADICION

han adaptado. Asi, situandose a sf misma de modo consciente en contra de la tradicion y a favor de la innovacion radical, la ideologfa liberal del cam­ bio social decimononica fracaso sistematicamente al no suministrar los la­ zos sociales y de autoridad que se daban por supuestos en anteriores so­ ciedades, y creo vacios que debieron llenarse con practicas inventadas. EI exito de los encargados de fabrica tories en Lancashire (a diferencia de los liberales) en la utilizacion de estos viejos lazos para su beneficio muestra que estos todavfa se podian utilizar, incluso en el entomo sin precedentes de la ciudad industrial.s Rasta cierta' punto no se puede negar que los mo­ dos de vida preindustriales no se adaptaron a la larga a una sociedad re­ volucionada, pero no hay que confundir este acontecimiento con los pro­ blemas que surgieron a causa del hecho de que los viejos modos de vida fueron rechazados por aquellos que los consideraban obstaculos para el progreso 0, incluso peor, sus adversarios militantes.

Esto no evito que los innovadores generasen sus propias tradiciones inventadas: las practicas de la francmasoneria son un buen ejemplo de ello. Sin embargo, una hostilidad general contra el irracionalismo, la su­ persticion y las costumbres que eran reminiscencias de un pasado oscuro, si no provenfan directamente de el, provoco que los apasionados creyen­ tes en las v~des de la llustraci6n, cormtios liberales, los socialistas y los comunistas, no fuesen receptivos a las tradiciones viejas 0 nuevas. Los so­ cia!istas, como veremos mas adelante, se encontraron a sf mismos adqui­ riendo un Primero de Mayo anual sin saber bien como, los nacionalsocia­ listas explotaron estas ocasiones con una sofisticacion, un celo liturgico y una manipulacion consciente de los simbolos.9 La era liberal en Gran Bre­ tana tolero estas pnicticas, en la medida en que no afectaban la ideologia ni la eficiencia economica, a veces como una concesi6n a reganadientes al irracionalismo de las clases bajas. Su actitud respecto a las actividades so­ ciables y rituales de las Friendly Sociaies fue una combinacion de hostili­ dad (los «gastos innecesarios» y los «pagos para aniversarios, procesiones, bandas, insignias» fueron prohibidos legalmente) y de tolerancia respecto a acontecimientos como las fiestas annMes, puesto que «la importancia de esta atraccion, especialmente por 10 que respecta a la poblacion del cam­ po, no se puede negar».l0 Pero un racionalismo rigurosamente individua:' !ista dominaba no solo como calculo econo~,..no como ideal social. El

8. Patrick Joyce, «The Factory Politics of Lancashire in the Later Nineteenth Cen­ tury», Historical Journal, XVIII (1965), pp. 525-553. ., ",' '"

9. HelffilJlt Hartwig, «Plaketten zum 1. Mai 1934-39,., Aesthetik und Kommunikation, VII, 26 (1976), pp. 56-59.

10. P. H. 1. H. Gosden, The Friendly Societies in England, 1815-1875 (Manchester, 1961), pp.l23, 119. "i...\

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17 I6 LA INVENCION DE LA TRADICION

capitulo 7 investiga que sucedio en el periodo en el que estas limitaciones se hicieron crecientemente reconocibles.

Estas notas introductorias se pueden concluir con algunas observacio­ nes generales sobre las tradiciones inventadas del periodo posterior a la revolucion industrial.

Estas tradiciones inventadas parecen pertenecer a tres tipos super­ puestos: a) las que establecen 0 simbolizan cohesion social 0 pertenencia al grupo, ya sean comunidades reales 0 artificiales; b) las que establecen 0 legitiman instituciones, estatus, 0 relaciones de autoridad, y c) las que tie­ nen como principal objetivo la socializacion, el inculcar creencias, siste­ mas de valores 0 convenciones relacionadas con el comportamiento. Mien­ tras que las tradiciones de los tipos b) Y c) se crearon artificialmente (como las que simbolizaban sumision a la autoridad en la India britanica), se puede sugerir provisional mente que el tipo a) fue el dominante, y que las otras funciones se consideraban implfcitas 0 surgidas de un senti do de identificacion con una «comunidad» y/o las instituciones que la represen­ taban, expresaban 0 simbolizaban como «nacion».

Una dificultad fue que est as extensas entidades sociales nO eran sim­ plemente Gemeinschaften 0 sistemas de rangos aceptados. La movilidad social, los hechos de los conflictos de clase y la marcada desigualdad en las jerarquias formales (como en los ejercitos) dificultaban la aplicacion uni­ versal de las tradiciones. Esto no afecto demasiado a las de tipo c) desde que la socializacion general inculco los mismos valores en cad a ciudadano, miembro de la nacion y sl.ibdito de la corona, y las socializaciones funcio­ nalmente especfficas de diferentes grupos sociales (como los alumnos de las escuelas pl.iblicas diferenciados de los demas) no se interferian entre elIas. Por otra parte, en tanto que las tradiciones inventadas reintrodu­ cfan, como de hecho se produjo, la nocion de estatus en un contexto gober­ nado por el contrato, la superioridad y la inferioridad dentro de un mundo de igualdad legal, no podian hacerlo de un modo directo. Las tradiciones se podian infiltrar por medio del asentimiento formal simbolico a una organi­ zaci6n social que de hech.o era desigual;~ la nueva forma que se dio a la ceremonia de coronacion britanica.ll (Vease mas adelante el capitulo Mas a menudo fomentaban el sentido corporativo de superioridad de las elites (particularmente cuando habra que reclutarlas entre aquellos que no la posefan por nacimiento 0 atribucion) mas que inculcar un senti do de obediencia a los de rango inferior. Algunos eran animados a sentirse mas iguales que otros. Esto se podia hacer asimilando las elites a los grupos de poder preburgueses 0 a las autoridades, tanto en la forma burocnitica/mili­

11. 1. E. C. Bodley, The Coronation of Edward the VlIth: A Chapter ojEuropean and Imperial History (Londres, 1903), pp. 201,204.

r INTRODUCCION: LA INVENCION DE LA TRADICION ~ tarista caracteristica de Alemania (como el cuerpo duelista de estudiantes)

o siguiendo el modelo de la «nobleza moralizada» de las escuelas publicas j britanicas. Altemativamente, quizas, el esprit de corps, la autoconfianza yel ~ liderazgo de las elites se pudo desarrollar por medio de «tradiciones» mas q esotericas que marcaban la cohesion de un antiguo mandarinato oficial " I (como sucedia en Francia 0 con los blancos en las colonias).

Teniendo en cuenta que las tradiciones inventadas «comunitarias» son el tipo basico, hay que estudiar su naturaleza. La antropologfa puede ayu­ dar a dilucidar las diferencias, como minimo, entre las practicas tradicio­ nales antiguas y las inventadas. Aqui podemos hacer no tar que mientras los ritos de paso se daban normalmente en las tradiciones de grupos par­

t ticulares (iniciacion, promocion, retiro y muerte), este no era usualmente I 1 el casO de quienes estaban designados a las seudocomunidades que abar­ .~ caban a todos (naciones, paises), posiblemente porque estas subrayaban 1

j '.\ su caracter eterno e inmutable, al menos desde la fundacion de la comu­

nidad. Sin embargo, tanto los nuevos regimenes politicos como los movi­ mientos innovadores buscarian sus propios sustitutos para los ritos de paso asociados con la religion (matrimonio civil, runerales).

. '", Se puede observar una diferencia importante entre las pnicticas anti­ guas y las inventadas. Las primeras eran especificas y relacionaban fuer­

I 1 I temente los lazos sociales, las segundas tendian a ser poco especificas y va­

gas, como la naturaleza de los valores, los derechos y las obligaciones de la pertenencia al grupo que inculcaban: «patriotismo», «lealtad», «deber», «jugar el juego)), «el espiritu de la escuela) y demas. Pero si el contenido del patriotismo britanico 0 del «americanismo» estaba notablemente mas

t definido, aunque normalmente especificado en los comentarios asociadas I con las ocasiones rituales, las practicas que 10 simbolizaban eran poco me­

nos que obligatorias, como levantarse para escuchar el himno nacional en Gran Bretaiia y el ritual de Ia bandera en las escuelas americanas. El fac­ tor crucial parece situarse en la invencion de signos de pertenencia a un

i club cargados emocionalmente y simbolicamente, mas que en los estatu­ tos y los objetivos de este club. Su significado reside precisamente en su vaga universalidad:

La bandera nacional, el himno nacional y el emblema nacional son los~\ tres simbolos por medio de los cuales un pais independiente proclama su identidad y su soberanfa, y como tales merecen respeto y lealtad inmedia­ tos. En sf mismos transmiten todo el pasado, el pensamiento y la cultura de

una naci6nY

12. Comentario deJ gobierno oficial indio, citado en R. Firth, Symbo/~; Public and Pri­ vate (Londres, 1973), p. 341.

l I,

19 18 LA INVENCION DE LA TRADICION

En este sentido, como hizo notar un observador en 1880, «los sold ados y los policias \levan ahora los escudos por nosotros», a pesar de que se equivoco al predecir su renacimiento como adjuntos de los ciudadanos in­ dividuales en la era de los movimientos de masas que estaba a punto de empezar.13

La segunda observaci6n es que parece obvio que, a pesar de tanta in­ vencion, las nuevas tradiciones no han llenado mas que una pequena par­ te del espacio dejado por el declive secular tanto de la vieja tradicion como de la costumbre, tal y como se podia esperar de las sociedades en las cuales el pasado se hace crecientemente menos relevante como mode­ 10 0 precedente para la mayorfa de las formas del comportamiento hu­ ,~

Imano. En la vida privada de la mayor parte de la gente y en la vida inde­ :.1 pendiente de los pequenos grupos subculturales, incluso las tradiciones inventadas de los siglos XIX Y xx ocupaban u ocupan un lugar mucho mas pequeno del que ocupaban las viejas tradiciones en las viejas sociedades

tlagrarias.14 «Lo que se hace» estructura los dias, las estaciones y los ciclos 1, vitales de los hombres y las mujeres occidentales del siglo xx mucho me­ ~ nos de 10 que estructuraba la vida de sus ancestros, y aUn mucho menos ~:

r

que las obligaciones externas de la economia, la tecnologia, la organiza­ ci6n estatal burocratica, las decisiones politicas y otras fuerzas que ni re­ 1,

:;:siden en la «tradici6n» en el sentido adoptado aqul. ni la desarrollan. Sin embargo, esta generalizaci6n no se puede aplicar aI campo de 10 il

-I

que se podrfa denominar la vida publica del ciudadano (incluyendo de al­ tilgun modo las formas publicas de socializacion, como las escuelas, para dife­ .1renciarlas de las privadas,o los medios de comunicaci6n de masas). No hay -I

ningun signo real de debilitamiento en las practicas neotradicionales aso­ .,!", ciadas a los hombres empleados en el servicio publico (las fuer~s armadas, el derecho, quizas inc1uso los funcionarios) 0 en practicas asociadas con la pertenencia de los ciudadanos a un estado. De hecho, la mayoria de las oca­ siones en que la gente se hace consciente de la ciudadania como tal per­ manecen asociadas a simbolos y practicas semirrituales (por ejemplo, las elecciones), en su mayor parte hist6ricamente nuevos e inventados: bande­ ras, imagenes, ceremonias y musica. Si las tradiciones inventadas de la epo­ ca inaugurada por las revoluciones industrial y francesa han lIen ado algun vacio permanente (como minimo hasta el presente), este deberfa situarse en este ambito.

13. Frederick Marshall, Curiosities of Ceremonials, Titles, Decorations and Forms of International Vanities (Londres, 1880), p. 20.

14. Por no mencionar la transformaci6n de los rituales de larga duraci6n y los signos de uniformidad y cohesi6n en modas de cambio nipido, en el vestido, el lenguaje, las pnic­ ticas sociales, etc., como en las j6venes culturas de los paises industrializados.

INTRODUCCION: LA INVENCION DE LA TRADICION

"Por que, se podria preguntar finalmente, los historiadores deberian dedicar su atencion a este fen6meno? La pregunta es en un sentido inne­ cesaria, desde el momento en que un numero creciente de ell os 10 hacen realmente, como dan testimonio los contenidos de este volumen y las re­ ferencias que en ei se citan. Por tanto es mejor replantearJa'l,Que benefi­ cios pueden obtener los historiadores del estudio de la invenci6n de la tradici6n?

En primer lugar, 10 mas relevante, se puede sugerir que son sintomas importantes y, par consiguiente, indicadores de problemas que de otro modo no se reconocerian y de desarrollos que de otro modo serian diffei­ les de identificar y fechar. Son evidencias. La transformaci6n del naciona­ lismo aleman desde su viejo modelo liberal hasta su nueva forma impe­ rialista y expansionista se ilumina de modo mas preciso por la rapid a sustituci6n de los viejos colares negro-rojo-dorado por los nuevos negro­ blanco-rojo (especialmente durante los anos 1890) en el movimiento nasta aleman, mas que por las declaraciones oficiales de las autoridades 0 los oradores de las arganizaciones. La historia de las finales de la copa de futbol britanico nos da mas muestras del desarrollo de una cuitura urba­ na de clase obrera de 10 que 10 hacen los datos y las fUentes mas conven­ cionales. Por eso mismo, el estudio de las tradiciones inventadas no se puede separar del analisis general de la historia de la sociedad, ni se pue­ de esperar avanzar mas aHa del simple descubrimiento de tales pnicticas si no se integra en un estudio de mas alcance.

En segundo lugar, ilumina las relaciones humanas con el pasado y, por consiguiente, la propia materia y el oficio de los historiadores. Todas las tradiciones inventadas, hasta donde les es posible, usan la historia como legitimadora de la acci6n y cimiento de la cohesion del grupo. Frecuente­ mente, esta se convierte en el sfmbolo real de la lucha, como en los com­ bates por los monumentos dedicados a Walther von der Vogelweide y a Dante en el Tirol del Sur en 1889 yen 1896.15 Incluso los movimientos re­ volucionarios hacen retroceder sus innovaciones por medio de la referen­ cia al «pasado del pueblo» (los sajones contra los normandos, «nos an­ cetres les Gaulois» contra los francos, Espartaco), a las tradiciones revo­ lucionarias (<<Auch das deutsche Volk hat seine revolutionare Tradition» como proclam6 Engels en las primeras lfneas de su obra Guerra de campesinos en Alemania)16 y a sus propios heroes y martires. La obra

15. lohn W. Cole y Eric Wolf, The Hidden Frontier: Ecology and Ethnicity in an Alpi­ ne Valley (Nueva York y Londres, 1974). p. 55.

16. Para la popularidad de libros sobre este tema y otras materias ltist6ricas militan­ tes en las librerias de los obreros alemanes, vease H.-I Steinberg, Sozialismus und delltsche Sozialdemokratie. Zur Ideologle der Partei VOr dem ersten Weltkrieg (Hannover, 1967), pp. 131-133.

21 20 LA INVENCION DE LA TRADlCION

de James Connolly, Labour ill Irish History, ejemplifica excelentemente esta union de temas. EI elemento de la invenci6n es particularmente cla­ ro aqui, desde el momenta en que la historia que se convirtio en parte del fundamento del conocimiento y la ideologfa de una nacion, estado 0 mo­ vimiento no es 10 que realmente se ha conservado en la meMoria popular, sino 10 que se ha seleccionado, escrito, dibujado, popularizado e institu­ cionalizado par aquellos cuya funci6n era hacer precisamente esto. Los historiadores orales han observado frecuentemente como, en los recuer­ dos actuales de los mayo res, 1a Huelga General de 1926 juega un papel mas modesto y menos dramatico de 10 que los entrevistadores habian es­ peradoP Se ha analizado la formaci6n de una determinada imagen de la Revolucion francesa durante la Tercera Republica.18 Todos los historiado­ res, sean cuales sean sus objetivos, estan comprometidos en el proceso en tanto que contribuyen, conscientemente a no, ala creacion, desmantela­ miento y reestructuracion de las imagenes del pasado que no s610 perte­ necen al mundo de la investigacion especializada, sino a la esfera publica del hombre como ser politico. Deberian ser conscientes de esta dimension de sus actividades.

En este sentido, hay que destacar que las «tradiciones inventadas» tienen un interes especifico para los historiadores modernos y con tempo­ .~,'I, raneos. Son muy importantes para la innovacion hist6rica relativamente " reciente que supone la «nacion» y sus fenomenos asociados: el nacionalis­ fl mo, la nacion-estado, los simbolos nacionales, las historias y demas. Todo

~ -I

esto se basa en ejercicios de ingenieria social que a menudo son delibera­ ~ dos y siempre innovadores, aunque solo sea porque la nove dad hiswrica implica innovaci6n. Sea cual sea la continuidad historica de los judfos 0 los musulmanes del Oriente Pr6ximo, el nacionalismo y la naci6n de is­ raeHes y palestinos son nuevos, en tanto que el concepto de los estados te­ rritoriaies del tipo actual corriente en su region era casi impensable hace un siglo y apenas se convirtio en un proyecto serio antes del fin de la Pri­ mera Guerra Mundial. Los idiom as nacionales estandares, que se apren­ den en las escuelas y que se escriben, dejando de lado que una elite muy reducida los hable, son productos de edad variable pero a menudo breve.

ifComo un historiador frances del idioma flamenco observ6 correctamen­ te, el flamenco ensefiado en la Belgica actual no es ellenguaje que las ma­

17. Hay razones bien firmes de pOI que los participantes en los niveles mas bajos no suelen contemplar los acontecimientos historicos que viven como los niveles mas altos 0 los historiadores. Se pod ria Hamar a eslO (siguiendo al protagonista de La Canuja de Parma de Stendhal) «eJ sfndrome Fabrice",

18. Por ejemplo, Alice Gerard, La Revolution Fram;aise: Mythes et Interpretations. 1789-1970 (Paris, 1970).

INTRODUCCION: LA INVENCION DE LA TRADICION

dres y las abuelas de Flandes utilizaban con sus hijos: en resumen, es solo metaforicamente pero no literalmente una «lengua materna». No debe­ rfamos dejarnos confundir por una paradoja curiosa pero comprensible: las naciones modern as y todo 10 que las rodea reclaman generalmente ser 10 contrario de la novedad, es decir, buscan estar enraizadas en la anti­ gtiedad mas remota, y ser 10 contrario de 10 construido, es decir, buscan ser comunidades humanas tan «naturales» que no necesiten mas defini­ ci6n que la propia afirmacion. Cualquiera que sea la continuidad histori­ ca 0 de otro tipo insertada en el concepto moderno de «Francia» y «los franceses» (que nadie intentaria negar), estos conceptos en sf mismos in­ cluyen un componente construido 0 «inventado». Y justamente porque gran parte de 10 que de forma subjetiva crea la «nacion» moderna consis­ te en tales productos y se asocia a sfmbolos apropiados y relativamente recientes, y con un discurso creado a medida (como la «historia nacio­ nal»), los fenomenos nacionales no se pueden investigar adecuadamente sin prestar una atenci6n cuidadosa a «la invencion de la tradicion».

Finalmente, el estudio de Ia invention de la tradici6n es interdiscipli­ nar. Es un campo de estudio que une a historiadores, antrop610gos socia­ les y una gran variedad de investigadores de las ciencias humanas, y no se puede llevar a cabo de modo adecuado sin su colaboraci6n. Este libro une, principalmente, aportaciones de historiadores. Se espera que otros 10 encuentren 11til.

2. LA INVENCION DE LA TRADICION: LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

HUGH TREVOR-RoPER

Actualmente, cuando los escoceses se juntan para celebrar su identi­ dad nacional,la afirman abiertamente por medio de un determinado apara­ to nacional distintivo. Llevan el kilt, tejido en un tartan cuyo color y modeIo indican su «clan»; y si deciden tocar musica, su instrumento es la gaita. Es­ te aparato, al cual atribuyen gran antigtiedad, es de hecho basicamente moderno. Se desarrollo despues, a veces mucho despues, de la Union con Inglaterra, contra la cual es, de algun modo, tina protesta. Ames de la Union, existia de hecho de una forma rudimentaria, la cual era considera­ da por una amplia mayorfa de escoceses como un signo de barbarie: el sig­ no de los highlanders rudos, gandules, agresivos y chantajistas que eran mas un estorbo que una amenaza contra la Escocia historica ¥-civilizada. E incluso en las Highlands, en est a forma rudiment aria, era relativamente nuevo: no era el signo original 0 distintivo de la 'sociedad highland.

De hecho, todo el concepto de una cultura y una tradicion highland di­ ferenciada es una invencion retrospectiva. Antes de los anos Dilales del siglo XVII, los highlanders de Escocia no formaban un pueblo diferente. Eran simplemente un <,!pendice de lrlanda. En esa costa accidentada e inh6spita, en ese archipielago de islas grandes y pequenas, el mar une mas que separa y desde finales del siglo v, cuando los escotos del Ulster de­ sembarcaron en Argyll, hasta la mitad del siglo XVIII, cuando se «abrio»

24 25 LA INVENCION DE LA TRADICION

despues de las revueltas jacobitas, el oeste de Escocia, cortado por mon­ tafias desde el este, estuvo siempre mas ligado a Irlanda que a los sajones de las Lowlands. Racial y culturalmente, era una colonia de lrlanda.

Induso politicamente, estas dos sociedades celtas,la de Irlanda y la de las Highlands occidentales, se fusionaron. Los escotos de Dalriada retu­ vieron, durante un siglo, su pie en el Ulster. Los daneses gobernaron del mismo modo en las islas occidentales, las costas de Irlanda y la isla de Man. Despues de finales de la Edad Media, los lords Macdonalds de las islas estaban mas cerca y gobernaban tanto la Escocia occidental como el norte de Irlanda de un modo mas efectivo que sus propios soberanos no­ minales, los reyes de Escocia y de Inglaterra. Bajo su mandato, la cultura de las Hebridas era puramente irlandesa. Sus bardos, medicos y arpistas hereditarios (porque su instrumento musical era el arpa, no la gaita) ve­ nian de Irlanda.1 lnduso despues de la destrucci6n de este seiiorio, los Macdonalds continuaron siendo una fuerza en ambos paises. No fue has­ ta mediados del siglo XVII que la Plantation del Ulster bajo la autoridad inglesa y el auge de la hegemonia de los Camp bells en las Highlands oc­ cidentales rompieron esta potencial unidad politica. Pero la unidad cultu­

aunque debilitada, se mantuvo. En el siglo XVIII, las islas occidentales eran todavfa un apendice irlandes, y el idioma gaelico que allf se hablaba era llamado normal mente, en el siglo XVIII, irlandes.

Al ser una dependencia cultural de Irlanda bajo el dominio «extran­ jero», y de alglin modo inefectivo, de la corona escocesa, las Highlands y las islas de Escocia cayeron en la depresion cultural. Su literatura era una cruda resonancia de la literatura irlandesa. Los bardos de los caciques es­ coceses venfan de Irlanda 0 iban allf a aprender el oficio. De hecho, como nos cuenta un escritor de principios del siglo XVlIl, un irlandes, los bardos escoceses eran la escoria de Irlanda que se limpiaba peri6dicamente y que se depositaba en ese conveniente vertedero.2 Incluso bajo el gobierno opresor de Inglaterra en los siglos XVII YXVIIl, la Irlanda celta continuo siendo, culturalmente, una naci6n historica, mientras que la Escocia celta era, en el mejor de los casos, la pariente pobre. No pudo, 0 no pudo tener, una tradici6n independiente.

La creaci6n de una tradicion highland independiente y la imposicion de esta, con sus signos extern os, al conjunto de la nacion escocesa, se pro­

a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se produjo en tres etapas. En primer lugar, una revuelta cultural contra Irlanda: la usurpacion de la cultura irlandesa y la reescritura de la antigua historia escocesa, que culm i­

1. Vcase 1. Bannerman, «The Lordship of the Isles», en Jennifer Brown (ed.), Scottish Society in the 15th Century (1977).

2. A Collection ofSeveral Pieces by Mr John Toland (1726), I, pp. 25-29.

LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

no en la proclamacion insolente de que Escocia, la Escocia celta, era la «nacion madre» y Irlanda su dependencia cultural. En segundo lugar, se dio la creacion artificial de las nuevas tradiciones highland, presentadas como antiguas, originales y distintas. En tercer lugar, hubo un proceso por el cual estas nuevas tradiciones se ofrecieron a, y fueron adoptadas por,la historica Escocia lowland: la Escocia oriental de los pictos, los sajones y los normandos.

La primera de estas etapas se alcanzo en el siglo XVIII. La reclamacion de que los highlanders ceItas de Escocia, que hablaban irlandes, no fueron simplemente invasores irlandeses que lIegaron en el siglo V d. c., sino que tenian una historia antigua en Escocia y eran de hecho los caledonios que habian resistido a los ejercitos romanos, era por supuesto una antigua le­ yenda que dio buenos frutos en el pasado. Fue efectivamente refutada en 1729 por el primero y mayor anticuario escoces, el cura emigrado jacobi­ ta 1110mas Innes. Pero fue reafirmada en 1738 por David Malcolm] y, de modo mas eficiente, en los afios 1760, por dos escritores que ten fan el mis­ mo apellido: James Macpherson, el «traductor» de Ossian, y el reverendo John Macpherson, ministro de Sleat, en la isla de Skye. Ambos Macpher­ sons, a pesar de que no eran familia, se conocian (James Macpherson ha­ bia est ado con el ministro en su visita a Skye cuando buscaba a «Ossian» en 1760, y el hijo del ministro, que despues se convertirfa en sir John Mac­ pherson, gobernador general de la India, serfa posteriormente su amigo intimo y com pi ice ) y trabajaban de acuerdo. Ambos, por medio de dos ac­ tos distintos de falsificaci6n descarada, crearon una literatura indigena para la Escocia celta y, como apoyo necesario, una nueva historia. Tanto su literatura como su historia, en la medida en que tenian alguna conexi6n con la realidad, habian sido usurpadas a los irlandeses.

La cruda desfachatez de los Macphersons deberfa causar admiracion. James Macpherson recogio baladas irlandesas en Escocia, escribio una «epica» en la cual trasladaba todo el escenario de Irlanda a Escocia y en­ tonces rechazaba las baladas genuinas as! maltratadas tildandolas de mo­ dernas composiciones degradadas y describiendo la literatura irlandesa que transmitian como mero reflejo de estas composiciones. El ministro de Sleat escribio entonces una Critical Dissertation en la cual suministraba eI contexto necesario para el «Homero celta» que su homonimo habfa «des­ cubierto»: situo a los celtas de habla irlandesa en Escocia cuatro siglos an­ tes de su llegada hist6rica y describi6 la genuina y nativa literatura irlan­ desa como robada, durante.-Ia Bpoca Oscura, por los irlandeses sin escrupulos a los inocentes escoceses. Para completar el panorama, el mis­ mo James Macpherson, usando los papeles del ministro, escribi6 una «in­

3. David Malcolm, Dissertations on the Celtic Languages (1738).

26 LA INVENCJON DE LA TRADICION

dependiente» Introduction to the History of Great Britain and Ireland (1771), en ]a que repetfa las afirmaciones del ministro. Sobre el exito de los Macpherson basta con decir que sedujeron incluso al normalmente cuidadoso y critico Edward Gibbon, quien reconocio como sus guras en la antigua historia de Escocia a aqueHos «dos highlanders sabios», James Macpherson y el reverendo John Macpherson, y perpetu6 asi 10 que con raz6n se ha Hamado «Ia cadena de los errores en la historia de Escocia».4

Costa ria un siglo entero limpiar la historia de Escocia, si es que ha sido nunca limpiada, de las manipulaciones distorsionantes e interdepen­ dientes de los dos Macpherson.s Mientras tanto, estos dos insolentes far­ santes habian conseguido su ultimo triunfo: habian colocado a los high landers escoceses en el mapa. Previamente despreciados tanto por los escoceses de las Lowlands, por salvajes desordenados, como por los irlan­ deses, que los consideraban sus parientes pobres, eran ahora celebrados en toda Europa como Kulturvolk que, cuando Inglaterra e Irlanda se ha­ bian sumido en un barbarismo primitivo, habia producido una epica poe­ tica de sensibilidad y refinamiento exquisitos, igual (segun Madame de Stael) 0 superior (segun F. A. Wolf) a Romero. No solo en literatura atra­ jeron la atenci6n de Europa. Toda vez que los lazos con Irlanda se habian cortado, y las Highlands escocesas habian adquirido, aunque fraudulenta­ mente, una antigua cultura independiente, se habra abierto el camino para seiialar esta independencia por medio de tradiciones propias. La tradicion que ahora se iba a establecer era la peculiaridad en la fonna de vestir.

En 1805 sir Walter Scott escribi6, para ]a publicaci6n en el Edinburgh Review, un ensayo sobre el Ossian de Macpherson. En eI mostraba, ca­ racteristicamente, profunda erudici6n y buen sentido. Rechazo de modo categorico la autenticidad de la epica que la sociedad literaria escocesa en general, y los highlanders en particular, continua ban defendiendo. Pero en el mismo ensayo subrayaba entre parentesis, que no se podia negar que los antiguos caledonios del siglo III d.C. habian Hevado «un philibeg de tar­ tan». En un ensayo tan crftico y racional, esta afirmacion confiada es sor­ prendente. Nunca antes, que yo sepa, se habia hecho tal reivindicacion. In­ cluso Macpherson nunca 10 habia sugerido: su Ossian habia sido siempre

4. E. Gibbon, Decline and Fall ofthe Roman Empire, Everyman, II, p. 4%; M. V. Hay, A Chain ofError in Scottish History (1927).

5. ASi, como ha seiialado el mejor acadernico en la materia, Ludwig Stern, en su im­ portante ensayo «Die Ossianischen Heldenlieden>, traducido al ingles en Transactions of the Gaelic Society of Inverness, XXII (1897-1898), el articulo sobre Macpherson en el Dic tionary of General Bibliography «hornologa los puntos de vista de los apologistas mal in­ form ados» y los lexic6grafos albano·gaeHcos han daiiado su trabajo al tomar parte de su material del «Ossian defectuoso y no gaelico», es decir, la versi6n gaelica espuria de los poemas de Ossian publicada en 1807.

LA TRADICJON DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA 27

representado can una tUnica amplia, y su instrumento, par cierlo, no era la gaita, sino el arpa. Pero Macpherson era un highlander una generacion mayor que Scott. Esto, en esta materia, supone una gran diferencia.

z,Cuando se convirtio el <<philibeg de tartan», el kilt moderno, en el atuendo de los highlanders? No se puede dudar de los hechos, especial­ mente desde la publicaci6n de la excelente obra de 1. Telfer Dunbar.6

Mientras que el tartan, es decir, la pieza de tela tejida siguiendo un mo­ delo geometrico de colores, se conoda en Estocia en el siglo XVI (parece haber llegado de Flandes hasta las Highlands a traves de las Lowlands), el philibeg, tanto el nombre como la cosa, son desconocidos antes del siglo XVlIl. Lejos de ser un vestido tradicional highland, fue inventado por un ingles despues de la Union de 1707, y los diferentes «tartanes de los cla­

. nes» son incluso una invencion mas tardia. Fueron diseiiados como parte de una festividad organizada por sir Walter Scott en honor de un rey han­ noveriano y deben su forma actual a otros dos ingle~s.

Dado que los highlanders escoceses eran, en su origen, simplemente ir­ landeses que habian navegado de una isla a otra, es natural suponer que originalmente su vestido era el mismo que el d.e los irlandeses. Y de hecho esto es 10 que encontramos. Hasta el siglo XVI ningun escritor registra nin­ guna peculiaridad en el vestido highlander, pero todos los documentos de la epoca estan sustancialmente de acuerdo. Muestran que el vestido co­ rriente de los highlanders era una larga camisa «irlandesa» (en gaelico, lei ne) que las cIases altas, como en Irlanda, teiiian con azafran (leine-croich); una tunica de failuin y un abrigo 0 manto que las cIases altas tejian can mu­ chos colores y !ineas pero que en general era de coloracion marron, como ceior protector en el brezo. Ademas, los highlanders llevaban zapatos de una sola suela (las cIases altas utilizaban botines) y blandos sombreros pla­ nas, generalmente azules. En la batalla, los lideres llevaban malI as de hie­ rro mientras que las clases bajas utilizaban una camisa de lino acolchada pintada 0 manchada can brea y cubierta con pieles de ciervo. Aparte de este vestido corriente, los caciques y los prohombres que tenian contacto can los mas sofisticados habitantes de las Lowlands podian Ilevar trews: una combinacion de bambach as y medias. Los trews solo se podian llevar en el exterior por hombres que tuviesen criados que los protegiesen 0 que los transportasen: eran par consiguiente un signa de distincion sociaL Tan­ to los mantos como los trews eran probablemente de tartan.?

6. J. Telfer Dunbar, History of the Highland Dress (1%2). 7. Estos datos provienen de John Major, Historia Maioris Britanniae (1521); lames

Leslie, De moribus et Ges/is Sc%rum (157()r,.LindMy {)f Pitscottie, Chronicle (1573); G. Buchanan, Rerum Scoticarum Historia (1583); Nicolay d'Arfeville, La Navigation du Roy d'Escosse (1583). La evidencia se encuentra en D. W. Stewart, Old and Rare Scottish Tartans (Edimburgo, 1893), Introducci6n.

28 29

LA INVENCION DE LA TRADICION

En el Curso del sigJo XVIl, el siglo en que se rompio el lazo entre las Highlands e Jrlanda, el vestido highland fue modificado. Los cambios ocu­ rrieron de forma irregular durante cl siglo. En primer lugar, la camisa lar­ ga cayo en desuso. En las Islas fue sustituida por la chaqueta, el chaleco y los bombachos de las Lowlands a principios de siglo.8 Por otra parte, un ministro escoccs declararfa mucho mas tarde que los 5alvajes highlanders en el ejercito jacobita que pasaron por su parroquia en 1715 no llevaban «ni manto ni philibeg», sino simplemente una chaqueta hecha en casa de un solo color que Ilegaba hasta las piernas, apretada con un cinturon.9 Esta es la ultima evidencia, por 10 que yo se, de la supervivencia delleine en Escocia.

Durante el siglo XVII, los ejcrcitos de las Highlands lucharon en las guerras civiles de Gran Bretafia y, cuando se les describe, encontramos que los oficiales llevaban trews mientras que los soldados comunes tenian StlS piernas desnudas. Tanto unos como otros llevaban el manto, los pri­ meros para cubrir el pecho, los soldados para proteger todo el cuerpo, su­

en la cintura de manera que la parte baja que quedaba por debajo del cinturon formaba una especie de falda. Con esta forma se Ie conocia como breacan 0 «manto con cinturon». El hecho esencial es que, hasta entonces, no se menciona el kilt tal como 10 conocemos. La alternativa fueron los trews de los caballeros 0 cl manto con cinturon ,<servil».10

El nombre kilt aparece por primera vez veinte afios despues de la Edward Burt, un oficial Ingles enviado a Escocia como vigilante

general bajo las 6rdenes del general Wade, escribio entonces una serie de cartas, principalmente desde Inverness, describiendo el caracter y las cos­ tUl'l1bres del pais. En cstas, proporciona una cuidadosa descripci6n del quelt, que, como explica, no es un vestido diferente sino simplemente un metodo particular de llevar cl manto:

'" una parte se lIeva plegada y atada alrededor de la cintura para haeer un tipo de eombinaei6n que Jlegue hasta medio muslo, y el resto se lleva por encima de los hom bros y entonees se ata antes ... de manera que se aeerea bastante a la apariencia de las mujeres pobres de Londres euando llevan sus veslidos por eneima de la cabeza para protegerse de la lIuvia.

8. M. Martin, A Description of the Western Islands 0/ Scotland 9. John Pinkerton, Literary Correspondence (1830), I, p. 230. El ministro fue el padre

del fil6sofo Adam Ferguson.

10. Esto sc mucstra en la evidencia aportada por Stewart, Old and Rare Scottish Tar­ tans, p. 21. Se iluslra de modo mas grMico en los soportes de las armas de Skene 0 de Ilk: dos highlanders, uno (un caballero con espada) que !leva trews, el otro en «habito servil», es dccir, con un manto con cintur6n (no como Supone Stewart un kill; sobre esta cuestion, vease Dunbar, History of Ihe Highland Dress, pp. 34-35).

LA TRADlC16N DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

Esta combinacion, afiade Burt, se llevaba normalmente «tan corta que en un dia con viento, subiendo una colina, 0 al agacbarse, mostraba inmedia­ tamente las indecencias». Su descripci6n nos deja claro que no esta des­ cribiendo el kilt moderno, sino el manto con cintur6n.

Burt fue explfcito sobre el vestido highland porque ya, en su cpoca, era objeto de controversia politica. Despues de la rebeli6n jacobita de 1715, el parlamento britanico habia considerado su prohibici6n por ley, del mismo modo que el vestido irlandcs habia sido prohibido bajo Enri­ que VIII: est a prohibicion, se pensaba, ayudarfa a quebrantar el modo de vida distinto de las Highlands e integraria a los highlanders en la sociedad moderna. Sin embargo, al final no se aprobo la ley propuesta. EI vestido highland, como se concedio, era conveniente y necesario en un pais don­ de un viajero tenia que «saltar por encima de las rocas y los pantanos y pernoctar en las colinas». Era tambicn necesario para los pobres, ya que era muy barato: «Con unos pocos chelines un highlander corriente se pue­ de comprar esta vestimenta», mientras que no se podria nunca permitir ni el mas basto de «los vestidos de las Lowlands».

Es ir6nico que 5i el vestido highland se hubiese prohibido despues de «los Quince» en vez de despues de «los Cuarenta y cinco», el kilt, consi­ derado actualmente como una de las tradiciones mas antiguas de Escocia, nunca habria existido. Nacio pocos afios despues de que Burt escribiese su

y muy cerca de la region donde vivia. Desconocido en 1726, apare­ cio repentinamente unos pocos afios despues y hacia 1746 se habra esta­ blecido 10 suficiente como para que se Ie nombrase explicitamente en la ley parlamentaria que prohibia el vestido highland. Su inventor era un cuaquero de Lancashire, Thomas Rawlinson.

Los Rawlinson eran una familia de herreros cuaqueros que se habia establecido desde hacia tiempo en Furness.' Hacia principios del si-

XVIII, asociados con otras familias cuaqueras importantes, los Ford, los Crosfield y los Backhouse, controlaban «una extensa red de hornos y forjas» en Lancashire. Pero los suministros de carb6n habian dismi­ nuido y necesitaban madera para cl combustible. Afortunadamente, des­ pues de la represi6n de la rebeli6n, las Highlands se estaban abriendo y los bosques del norte se podian explotar para la industria del sur. Asi, en

Thomas Rawlinson lleg6 a un acuerdo con Ian MacDonell, jefe de los MacDonell de Glengarry cerca de Inverness, para un arrendamien­ to de treinta y un afios de las areas boscosas de Invergarry. Alli cons­ truy6 un horno en el que fundra el mineral de hierro que embarcaba especialmente desde Lancashire. La empresa no fue un exito econ6mi­ co: se cerro despues de siete afios, pero, durante este tiempo, Rawlinson acab6 conociendo el area, estableci6 relaciones regulares con los Mac­ Donell de Glengarry y por supuesto dio empleo a «una gran cantidad

31 3 0 LA INVENCION DE LA TRADICION

de highlanders» para que talasen los arboles y trabajasen en el homo. It Durante su estancia en Glengarry, Rawlinson se interes6 por el vesti­

do highland, pero tam bien se dio cuenta de sus inconvenientes. El manto can cinturon podia ser apropiado para la vida ociosa de los highlanders: para vivir en las colinas 0 esconderse en los brezales. Era tambien barato, y todos estaban de acuerdo en el hecho que las clases bajas no podian per­ mitirse el gasto que suponian los pantalones. Pero para los hombres que tenian que talar arboles 0 construir hornos era «un vestido incomodo e inapropiado». Por tanto, como «hombre de genio y rapidez», Rawlinson llamo al sastre del regimiento estacionado en Inverness y juntos se pro­ pusieron «acortar el vestido y hacerlo util y comodo para sus trabajado­ res». EI resultado fue el Jelie beg, philibeg, 0 «pequeno kilt», que se alcan­ zo al separar la faida del manto y convertirlo en una prenda distinta, con los pliegues ya cosidos. EI mismo Rawlinson llevo este nuevo vestido y su ejemplo fue seguido por su socio, Ian Macdowell de Glengarry. Despues, los jefes de los clanes, como siempre, siguieron obedientemente a su jefe y la innovacion, segun se nos cuenta, «se considero tan comoda y conve­ niente que en poco tiempo su uso se hizo frecuente en todo el territorio de las Highlands y tambien en gran parte de las Lowlands septentriona­ les».

La narracion del origen del kilt fue surninistrada primero en 1768 por un caballero highland que habia conocido a Rawlinson personalmente. Fue publicada en 1785 y no origino desacuerdos.12 Las dos principales au­ toridades en vestidos escoceses de entonces la confirmaron,13 igual que el testimonio independiente de la familia Glengarry.14 No fue contradecida durante cuarenta anos. Nunca ha sido refutada. Tod31a evidencia acumu­ lada desde entonces la confirma. Las pruebas pic tori cas tambien 10 hacen, ya que la primera persona que fue pintada llevando un kilt moderno, no un manto con cinturon, aparece en un retrato de Alexander MacDonell de Glengarry, el hijo del que era amigo de Rawlinson. Es interesante hacer notar que, en el retrato, quien !leva el kilt no es el jefe, sino su sir­ viente, enfatizando asi, de nuevo, su estatus «servil».15 Gracias a estas

las mejores autoridades modernas aceptan la narraci6n como

11. Sobre la aventura escocesa de Rawlinson, vease Alfred Fell, The Early Iron In­ dustry of Furness and District (Dlverston, 19(8), pp. 346 Y ss..;Arthur Raistrick, Quakers in Science and Industry (1950), pp. 95-102.

12. La narraci6n pertenece a Ivan Baillie de Abereachen y fue publicada en el Edin­ burgh Magazine, marzo de 1785 (vol. I, p. 23S).

13. Me refiero a sir John Sinclair y John Pinkerton. Vease mas abajo, p. 35. 14. Me reflero ala evidencia de los Stuart Sobieski. Vease mas abajo, p. 43. 15. Para el retrato, vease Dunbar, History ofthe Highland Dress, pp. 69-70. Parece ha­

ber sido pintado hacia 1747.

LA TRADICION DE LAS HIGH.LANDS EN ESCOCIA

verdadera.l6 Se puede concluir por tanto que el kilt es simplemente un vestido moderno, disenado en principio, y despues utilizado, por un in­ dustrial ingles cuaquero que 10 suministro a los highlanders con la finali­ dad de preservar su tradicional forma de vida pero a la vez facilitar su transformacion: para sacarlos de los brezales y meterlos en la fabrica.

Sin embargo, si este fue el origen del kilt, nos vemos obligados a plan­ tearnos otra cuestion. l,Que tartan llevaba ~ste cuaquero en su kilt? l,Fue un setl distintivo 0 diseno de colores inventado para un Rawlinson de Lancashire, 0 es que el se convirti6 en un miembro honorario del clan MacDonell? l,Habia realmente setts de este tipo en el siglo XVIII'? l,Cuan­ do empezo la diferenciacion de disenos segun los clanes'?

I

Los escritores del siglo XVI que observaron el vestido highland no co­ nocian est a diferencia. Describen las mantas de los jefes como coloreadas y las de sus seguidores como marrones, de manera que en su epoca la di­ ferenda en el color estaba determinada por el estatus, no por el clan. La prueba mas temprana que se ha aportado como apoyo de la diferencia­ cion segiin los clanes es una observacion de Martin Martin, quien vis ito las islas occidentales a finales del siglo XVll. Sin embargo, Martin asigna sim­ plemente diferentes modelos a diferentes lugares: no hace diferencias en­ tre clanes y, de hecho, la evidencia en contra de la diferenciacion segun los clanes es fuerte. Asi un grupo de retratos de diferentes miembros de la fa­ milia Grant pintados por Richard Watten en el siglo XVIII los muestra Ue­ vando diferentes tartanes. Los retratos de los Macdonald de Armadales muestran «como minimo seis diferentes setts de tartanes» y la evidencia contemporanea que hace referencia a la rebelion de 1745, tanto en la pin­ tura, en la literatura 0 en la indumentaria, no da cuenta de ninguna dife­ renciacion entre clanes ni de ninguna continuidad en los setts. EI unico modo de conocer la lealtad de un highlander a un clan no se bas a en su tartan, sino en la escarapela de su sombrero. Los tartanes eran solo un asunto de gusto personal 0 de necesidad. 17 De hecho, en octubre de cuando el Young Chevalier se encontraba en Edimburgo con su el Caledonian Mercury anunci6 «una gran variedad de tartanes con los di­ senos mas novedosos». Como D. W. Stewart admite con un cierto rechazo,

este hecho es un gran obstaculo para aquellos que defienden la antigUedad de los tartanes. Parece extraiio que cuando la ciudad estaba llena de high­ landers de todos los rangos y de muchos dalles diferentes, no llevasen sus setts tradicionales, sino «una gran variedad de los disefios mas novedosos».

16. Ibid. 17. La prueba definitiva se encuentra en H. E McClintock, Old Highland Dress and

Tartans. 2." edicion (Dundalk, 1940) yen Dunbar. History of the Highland Dress.

32 LA INVENCrON DE LA TRADlCl6N

As!' cuando esta1l6 la gran rebeli6n de 1745, el kilt, tal y como 10 co­ nocemos, era una reciente invencion inglesa y los tartanes de los clanes no existian. Sin embargo, la rebelion supuso un cambio tanto en la indumen­ taria como en la historia econ6mica y social de Escocia. Despues de que fuese aplastada, el gobierno britanico decidi6 finalmente llevar a cabo 10 que ya habfa considerado en 1715 (y de hecho antes) y destruir el tipo de vida independiente de los highlanders. Por medio de diferentes leyes par­ lamentarias que siguieron a la victoria en Culloden, no s610 se desarmo a los highlanders y se priv6 a sus jefes de su poder jurisdiccional heredita­ rio, sino que su indumentaria (<<manto,philibeg, trews, correas en la espal­ da ... tartanes 0 manto y ropa de diferentes colores») fue prohibida en toda Escocia bajo pena de prision sin fianza durante seis meses y, a era reincidente, se Ie desterraba durante siete aoos.18 Esta ley draconian a se mantuvo en vigor durante treinta y cinco anos, durante los cuales lodo el sistema de vida highland se derrumbo nipidamente. En 1733, cuando Johnson y Boswell hicieron su famoso viaje, se dieron cuenta de que ha­ bian llegado demasiado tarde para poder observar 10 que esperaban en­ contrar, «un pueblo de apariencia peculiar y un sistema de vida anticua­ do». En todo su viaje, como Johnson recordo, nunca vieron a nadie :1 llevando el tartan. La ley (que el desaprobaba) se habia impuesto en to­ IIdas partes. Incluso la gaita, comento, «se empieza a olvidar». Hacia 1780, el vesfido highland parecia haber desaparecido y ningun hombre dotado de razon habria esperado que se recuperase.

Sin embargo, la historia no es radonal, 0 como minima s610 es en par­ te racional. EI vestido highland se extinguio entre aquellos que estaban acostumbrados a usarlo. Despues de una genera cion con pantalones, los campesinos de las Highlands no encontraron ninguI1&.azon para volver a llevar el manto con cinturon 0 el tartan que antes les pareda tan barato y dtil. Tampoco se pasaron al nuevo kilt, «tan comodo y apropiado». Por otra parte, las clases altas y medias, que habian rechazado anteriormente este vestido «servi!», adoptaron entonces con entusiasmo la indumentaria que los usuarios tradicionales habian abandonado.19 En los aoos de la pro­ hibicion, algunos nobles highland habfan encontrado cierto gusto en su uso yen retratarse llevandolo en el ambiente seguro de sus hogares. En el momento en que se levant6 la prohibici6n, se puso de moda. Los nobles escoceses anglicanizados, la alta burguesia, los abogados cultos de Edim­

18. 19 Oeo. II c. 39; 20 Geo. II c. 51; 21 Geo. II c.34. 19. John Hay Allan (vease mas abajo,la p. 40), en su Bridal of Caolcharin,pp. 308-~,

describe como en las bodas highland, "poco se podia veT» del tartan que estaba ya pasado de moua. Esta obra se publico en 1822, el ano en que la visita del rey Jorge IV provoco que las clases altas de Edimburgo abrigasen sus piernas con el tartan.

LA TRADICI6N DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA 33

burgo y los prudentes comerciantes de Aberdeen, hombres que no esta­ ban limitados por la pobreza y que nunca tendrian que sal tar por encima de rocas y charcas ni pasar la noche al raso en las montanas, se exhibian publicamente no con los trews hist6ricos que eran el vestido tradicional de su clase social, ni tampoco con el incomodo manto con cinturon, sino con una version cara y sofisticada de la reciente innovaci6n: el philibeg 0 pe­ queno kilt.

Dos fen6menos explican este cambio. Uno es general en toda Europa y se puede resumir brevemente. Se trata del movimiento romantico, el cul­ to del noble salvaje a quien la civilizaci6n amenazaba con la destruccion. Antes de 1745, los highlanders habfan sido despreciados como barbaros vagos y feroces. En 1745 se les temio como rebeldes peligrosos. Sin em­ bargo, despues de 1746, cuando su tipo de vida se derrumb6 tan tacil­ mente, en ellos se combinaba el romanticismo de un pueblo primitivo con el encanto de las especies en peligro. Fue en este est ado de opinion que Ossian disfrut6 de un triunfo faci!. EI segundo motivo es mas particular y merece mayor atendon. Fue la formacion de los regimientos highland por el gobierno britanico.

Esta habia empezado antes de 1745; de hecho, el primer regimiento de e"te tipo, el Black Watch, que despues seria el cuadragesimo tercero y mas tarde el cuadragesimo segundo, habfa luchado en Fontenoy en 1745. No obstante, fue en los anos que van de 1757 a 1760 cuando Pitt el viejo in­ tento de modo sistematico desviar el espiritu belieo de los highlanders de la aventura jacobita a la guerra imperial. Como diria mas tarde;

He buseado el merito don de podia ser eneontrado. Estoy orgulloso de ser el primer ministro que 10 buse6, y 10 encontr6, en las montanas del nor­ te. Lo hice y eonsegul que una raza de hombres duros e intrepidos trabajase a vuestro servieio.

Estos regimientos highland se cubririan pronto de gloria en la India y America. Tambien establecieron una nueva tradicion indumentaria. Por medio de la «Disarming Act» de 1747 se les excluy6 explfcitamente de la prohibicion de llevar el vestido highland y, de este modo, en los treinta y cinco alios durante los cuales los campesinos celtas utilizaron siempre los pantalones y el Homero celta era representado con la tUnica de los bardos, los regimientos highland fueron quienes mantuviere>n viva la industria del tartan e hicieron que su mas reciente innovaci6n, el kilt de Lancashire, tuviese continuidad.

Originalmente, los regimientos highland llevaban como uniforme el manto con cintur6n. Sin embargo, una vez que se invento el kilt y su con­ veniencia 10 hizo popu\.ar, fue adoptado por ellos. Ademas,

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Ill. l

34 35 LA INVENCION DE LA TRADICION

te fue su uso 10 que dio nacimiento a la idea decflIerenciar a los clanes por medio de diferentes tartanes. A medida que los regimientos highland cre­ dan segun las necesidades belicas, se transformaban sus uniformes y, cuando la poblacion civil adopto el uso del tartan y el movimiento ro­ mantico fomento el culto del clan, el mismo principio de diferenciacion fue facilmente transferido del regimiento al clan. Sin embargo, esto habia de producirse en el futuro. De momento, nos ocupamos solo del kilt que, inventado por un empresario cuaquero, se salvo de desaparecer gracias a la intervencion de un hombre de estado ingles de ideologia imperialista. La siguiente fase fue la invencion de un pedigree escoces. Esta etapa, como minimo, fue responsabilidad de los escoceses.

Empezo con una medida importante tomada en 1778. Se trata de la fundacion de la Highland Society en Londres: una sociedad cuya funcion principal fue incentivar las antiguas virtudes highland y la preservacion de sus tradiciones. Sus miembros eran sobre todo nobles y oficiales highland, pero su secretario, «a cuyo celo se debe en particular el exito de la socie­ dad», fue John Mackenzie, un abogado de Temple que fue «el amigo mas intimo y confidencial», el complice, el secretario y mas tarde albacea de James Macpherson. Tanto este como sir John Macpherson fueron miem­ bros fundadores de la sociedad, uno de cuyos objetivos explicitos fue la conservacion de la antigua literatura gaelica y cuyo mayor logro, segun su historiador sir John Sinclair, fue la pUblicacion, en 1807, del texto «origi­ nal» gaelico de Ossian. Este texto fue proporcionado por Mackenzie a partir de los papeles de Macpherson y editado por el mismo Sinclair con una disertacion que demostraba su autenticidad (de hecho, era una clara falsificacion). Dado el doble papel representado por Mackenzie y la preo­ cupacion de la sociedad por la literatura gaelica (casi toda ella produci­ da 0 inspirada por Macpherson), la aventura se puede considerar como una de las operaciones de la mafia Macpherson en Londres.

Un segundo objetivo no menos importante de la sociedad fue asegu­ rar la revocacion de la ley que prohibia el uso del vestido highland en Es­ cocia. Para conseguir este proposito, los miembros de la sociedad se hi­ cieron cargo ellos mismos de citarse (tan legalmente como pUdiesen en Londres)

lIevando la indumentaria que habia sido tan aplaudida como vestido de los ancestros ceItas y, al menos en estas ocasiones, con el objetivo de conver­ sar en esta lengua enfatica, escuchar la musica maravillosa, recitar la anti­ gua poesia y observar las tipicas costumbres de su pais.

No obstante, se puede observar que el vestido highland, incluso en­ tonces, no incluia el kilt: fue definido en las reglas de la sociedad como los

LA TRADICI0N DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

trews y el manto con cintur6n (<<manto y philibeg en una sola pieza» ).20

Este objetivo se logro en 1782, cuando el marques de Graham, a peticion del comite de la Highland Society, promovio con exito la revocaci6n de la ley en la Casa de los Comunes. Su revocaci6n provoc6 gran regocijo en Escocia y los poetas gaelicos celebraron la victoria del manto con cintu­ ron celta sobre los pantalones sajones. Se puede decir que el triunfo del nuevo vestido highland empez6 en esta fecha.

La victoria conto con alguna resistencia. Como minimo un escoces, desde el primer momento, levanto su voz contra todo el proceso por el cual los highlanders celtas, tan recientemente despreciados como barba­ ros, eran ahora reivindicados como los unicos representantes de la his to­ ria y la cultura escocesas. Se trataba de John Pinkerton, un hombre que a pesar de su excentricidad indudable y sus prejuicios violentos, ha de ser considerado como el mayor anticuario escoces desde Thomas Innes. Pin­ kerton fue el primer estudioso que estableci6 algo parecido a la verdade­ ra historia de Escocia durante la Edad Media. Fue un enemigo implaca­ ble de la falsificaci6n historica y literaria de los Macphersons. Tambien fue el primero que documento la historia del vestido highland. Sin embargo, cometio un grave error: crey6 que los pictos eran racialmente dis tint os de los escotos, que los pictos (a quienes admiraba) no eran celtas (a quienes I• ~ despreciaba) sino god os. Sin embargo, este error no invalida sus conclu­ siones: los primeros caledonios se habrian distinguido no por lIevar kilts, ni mantos con cintur6n, sino pantalones, y el tartan era Wla importacion modema y el kilt aun mas modemo.

EI propio sir John Sinclair habia seguido a Pinkerton. En 1794 Sinclair habia creado una fuerza militar local, los Fencibles de Rothesay y Caith­ ness, para servir contra Francia y, despues de una busqueda cuidadosa, ha­ bia decidido vestir a sus tropas no con el kilt (conoda la historia del cua­ quero Rawlinson) sino con los trews de tartan. Al ano siguiente decidi6 presentarse en la corte con el vestido highland, incluyendo los pantalones de un tartan especialmente disenado por el. Sin embargo, antes de com­ prometerse, consulto a Pinkerton. Este expreso su admiracion por el he­ cho de que Sinclair hubiera sustituido «el philibeg por los trews 0 panta­ lones», porque este vestido supuestamente antiguo (segun escribio) «es de hecho bastante modemo y ninguna mejora se puede lIevar a cabo sin violar la antigiiedad. Sin duda, los pantalones son mucho mas antiguos que el philibeg». Incluso el manto y el tartan, anadia, no eraft antiguos. Una vez hubo desmentido la antigiiedad de la indumentaria atribuida a «nuestro ancestros celtas», Pinkerton paso a comentar su merito intrinse­ co. EI philibeg, declaro, «no es s610 enormemente indecente, sino sucio, en

20. Sir 1. Sinclair, An Account of the Highland Society of London (1813).

36 LA INVENCION DE LA TRADICION LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA 37

la me did a en que permite que la piel entre en contacto con el polvo yemi­ te la peste de la transpiracion». Es absurdo, porque mientras que el pecho esta doblemente protegido por la camisa y el manto, «las partes escondi­ das por todas las demas naciones quedan mal cubiertas». Tambien es afe­ minado, miserable y feo, porque «nada puede reconciliar la regularidad de mal gusto y el brillo vulgar del tartan con la moda, y cualquier intento de introducirlo ha fracasado». EI tartan propio de sir John, se apresuro a ana­ dir, ha «evitado estas objeciones» y, al usar tan solo dos colores suaves, ha asegurado «un efecto general agradable».21 ,

Esto escribio «el aclamado anticuario Mr. Pinkerton». Escribio en vano. En ese momento, los regimientos highland habian adoptado el phi­ libeg y sus oficiales se habian convencido a si mismos de que este kilt corto habia sido el vestido nacional de Escocia desde tiempos inmemoriales. Contra el firme orden militar, la voz tremula de un simple estudioso su­ ponia una vana protesta y cualquier rechazo recibio pronto poca atencion. En 1804, el ministerio de la guerra, quizas int1uido por John Sinclair, se planteo sustituir el kilt por los trews y sondeo debidamente a los oficiales en activo. EI coronel Cameron del septuagesimo regimiento se sintio ul­ trajado. Pregunt6 si estaba el alto mando proponiendo realmente detener «Ia libre circulaci6n del aire puro» por debajo del kilt, que «tan peculiar­ mente disponia a los highlanders a la actividad». «Yo tengo la sincera es­ peranza -protesto el galante coronel- de que Su Alteza Real nunca este de acuerdo con esta idea tan penosa y degradante ... de despojamos de nuestra indumentaria nativa y vestimos con los pantalones de tartan de un arlequin.»22 Ante esta carga frontal, el ministerio de la guerra se des­ dijo y fueron los highlanders vestidos con kilt quienes, despues de la vic­ toria final de 1815, capturaron la imaginacion e inspiraron la curiosidad de Paris. En los anos siguientes, las Waverley Novels se anadieron a los regi­ mientos highland para difundir la moda de los kilts y los tartanes por toda Europa.

Mientras, el mito de su antiguedad era defendido por otro militar, el coronel David Stewart de Garth, que se habia unido al original cuadrage­ simo segundo regimiento de highlanders cuando tenia dieciseis anos y ha­ bia pasado toda su edad adulta en el ejercito, casi siempre en el extranje­ ro. Como oficial a medio sueldo despues de 1815, se dedico a estudiar en primer lugar los regimientos highland, y despues las tradiciones y tipo de vida de los highlanders, tradiciones que habia descubierto mas a menudo en el comedor de los oficiales que en las montanas y los rios de Escocia.

21. Pinkerton. Literary Correspondence, I, p. 404; sir John Sinclair, Correspondence (1831), pp. 471-473.

22. Dunbar, History of the Highland Dress, pp.161-162.

Estas tradiciones habian incorporado por entonces el kilt y los tartanes de los clanes y el coronel no los ponia en cuestion. La nocion de que el kilt habia sido invent ado por un ingles habia lIegado a sus oidos, pero el no Ie presto mucha atencion: la refutaba, segun decia, «Ia creencia universal del pueblo de que el philibeg habia formado parte de su indumentaria des de siempre». Tambien declaraba, con igual seguridad, que los tartanes habian sido siempre tejidos «segun diferentes disenos (0 setts, como se les deno­ minaba) segun los clanes, tribus, familias y distritos». Sin embargo, no aportaba ninguna prueba para sus argumentos. Se pUblicaron en 1822, en un libro titulado Sketches of the Character, Manners and Present State of the Highladers of Scotland. Este libro, segun se nos informa, se convirtio «en el fundamento de todos los trabajos posteriores sobre los clanes».23

No fue solo por medio de la literatura que Stewart promocionola nue­ va causa highland. En enero de 1820 fundo la Celtic Society de Edimbur­ go: una sociedad de jovenes ciudadanos cuyo primer objetivo era «promo­ ver el uso general del antiguo vestido highland en las Highlands», y para conseguirlo, empezaron por llevarlo ell os mismos en Edimburgo. EI presi­ dente de la sociedad era sir Walter Scott, un lowlander. Los miembros se

~ reunian para cenar regularmente, «vestidos con el kilt y el sombrero segun , la antigua moda y armados hasta los dientes». EI mismo Scott, en estas oca­ siones, llevaba trews, pero se declaraba a si mismo «muy contento con el gran entusiasmo del gaelico si estaba liberado de la esclavitud de los pan­ talones». «Todos estos saltitos y grititos -declaro despues de una de est as cenas-, no se han visto jamaS.»24 Este era el efecto, incluso en el decoroso Edimburgo, de la libre circulacion del aire puro bajo el kilt del highlander.

Hacia 1822, gracias al trabajo de sir Walter Scott y del coronel Stewart, el despegue highland habia ya empezado. Se Ie dio una gran publici dad en ese ano a causa de la visita de estado de Jorge IV a Edimburgo. Era la pri­ mera vez que un monarca de la casa Hannover aparecfa en la capital de Escocia y se llevaron a cabo preparativos muy elaborados para asegurar que la ocasion fuese un exito. Lo que nos interesa son las personas que se hicieron cargo de esta organizacion. EI maestro de ceremonias a quien se Ie confiaron todos los detalles practicos fue Walter Scott. Este nombro como su asistente, su «dictador» en cuestiones de ceremonias y vestidos, al coronel Stewart de Garth, y los guardias de honor que Scott y Stewart designaron para la proteccion del rey, los oficiales del estado y de la no­ bleza de Escocia surgieron de los «entusiastas del philibeg», los miembros

23. Letters of Sir W Scott, ed. H. C. Grierson (1932-1937), VI, pp. 338-343,452; 1. G. Lockhart, Life of Scott (1850), pp. 443, 481-482.

24. Letters of Sir W Scott, ed. H. C. Grierson (1932-1937), VI, pp. 338-343, 452; 1. G. Lockhart, Life of Scott (1850), pp. 443,481-482.

J

38 39 LA INVENCION DE LA TRADICION

del Celtic Club, «vestidos de manera apropiada». EI resultado fue una pa­ rodia extraiia de la historia escocesa, de la realidad escocesa. Hecho pri­ sionero de sus fanaticos amigos celtas, dejado Hevar por sus propias fan­ tasias celtas, Scott parecia determinado a olvidar la Escocia historica y su propia Escocia lowland. La visita real, declaro, tenia que ser «una reuni6n de los gaelicos». Presiono a los highland para que llegasen con su «cola» de seguidores y rindiesen homenaje al rey. «Venid y traed media docena 0 una decena de hombres de vuestro clan -escribio a uno de los

para que se yea que sois un jefe de la isla ... highlanders es 10 que el realmente quiere ver.»25

Los highlanders acudieron obedientemente. Sin embargo, i,que tartan debian Hevar? La idea de los tartanes diferenciados segun los clanes, que acababa de recibir la publkidad de Stewart, parece haberse originado en el ambito de los ingeniosos fabricantes que, durante treinta y cinco anos, no habfan tenido mas c1ientes que los regimientos highland. Ahora, des­ pues de la revocaci6n de 1782, vefan grandes perspectivas para crear un gran mercado. La mayor de estas empresas era la de William Wilson and Son de Bannockburn, cuyos extensos archivos son una fuente de infor­ maci6n de gran valor para los historiadores. Los senores Wilson and Son 4 se dieron cuenta de las ventajas que podria conllevar la creacion de un re­ pertorio de tartanes diferenciados por clanes con el cual podrian estimu­ lar la competici6n tribaL Con esta finalidad se aliaron con la Highland So­ - ciety de Londres, que revisti6 su proyecto comercial con una capa 0 un manto de respetabilidad hist6rica. En 1819, cuando la visita real se sugirio por primera vez, la empresa preparo un catalogo de disenos y envio ejem­ plares de los diferentes tartanes a Londres, donde la sociedad los «certifi­ co» de modo debido como pertenecientes a cada clan. Sin embargo, cuan­ do se confirmo la visit a, habia pasado ya la epoca de esta consistencia pedante. EI ritmo de las demandas era tal que «cada pieza de tartan se vendia tal y como salfa del telar». En estas circunstancias, el primer deber de la empresa fue mantener el suministro y asegurar que los jefes high­ land pudiesen comprar 10 que necesitaban, Regalaron un tartan a Cluny Macpherson, heredero del jefe que habra descubierto a Ossian. Para el, este tartan se denominaba ahora «Macpherson», pero anteriormente, cuando habia sido vendido al por mayor al senor Kidd para que este vis­ tiese a sus esclavos de las lD.dias Occidentales, habfa sido etiquetado como «Kidd», y antes habfa sido simplemente «el numero 155». Gracias al inge­ nio mercantil, los jefes pudieron responder a la Hamada de sir Walter y los ciudadanos de Edimburgo pUdieron admirar a sir Ewan Macgregor «en su tartan highland caracteristico, con su cola, la bandera y los gaiteros» y al

25. Letters ofSir Walter Scott, VII, p. 213.

LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

coronel MacDonell de Glengarry, heredero, despues de Rawlinson, del kilt mas antiguo de Escocia, ahora demasiado sofisticado para la ocasion.

De este modo fue «tartanizada» la capital de Escocia para recibir a su rey, que vino tambien con el mismo vestido,jugo su papel en el ceremonial celta y, en el climax de la visita, invito de modo solemne a los dignatarios a brindar no s610 por la elite real 0 historica, sino por «los jefes y los clanes de Escocia». Incluso el devoto yerno y bi6grafo de Scott, 1 G. Lockhart, quedo desconcertado por esta «alucinaci6n» colectiva en la cual, como escribi6, «la gloria maxima y suprema» de Escocia se identificaba con las tribus cel­ tas que «siempre hablun constituido una parte de la poblacion escocesa muy pequena y casi siempre sin importancia». Lord Macaulay, un highlan­ der por su origen, habl6 mas claro. Cuando escribio en la decada de los cin­ cuenta del siglo XIX, no puso en duda la antigliedad del vestido highland, pero su sentido historico estaba indignado por el hecho de que estas «ena­ guas a rayas» se hubiesen extendido de modo retrospectivo a las razas civi­ lizadas de Escocia. A la larga, escribio, esta absurda mod a moderna habia

alcanzado un punto diffcilmente superable. EI ultimo rey ingles que habia tenido una corte en Holyrood pensaba que no podia dar una mejor prue­ ba 'de respeto hacia las eostumbres que habian predominado en Eseoeia antes de la Union que disfrazarse de 10 que, antes de la Union, era consi­ derado por nueve de cada diez escoceses el vestido de un JadrOn.2Ii

«Dificilmente superable ... », Macaulay subestimaba la fuerza de una alu­ cinacion que se sustentaba en el interes econ6mico. Scott podia recuperar el sentido com un, como hizo rapidamente, pero la farsa de 1822 habfa pro­ porcionado un nuevo impulso a la industria del tartan e inspiro nuevas fantasias al servicio de la industria. Asf Hegamos a la ultima fase de la creaci6n del mito highland: la reconstrucci6n y la extension, tanto en el es­ piritu como en la indumentaria, del sistema de danes que habra quedado destruido despues de 1745. Los personajes principales de este episodio fueron dos de los caracteres mas esquivos y seductores que se hayan mon­ tado en el caballito 0 en la escoba voladora celtas: los hermanos Allen.

Los hermanos Allen provenian de una familia naval con buenos con­ tactos. Su abuelo, John Carter Allen, habia sido Admiral of the White. Su padre habfa servido por algun tiempo en la marina y su madre era la hija de un cura culto de Surrey. El padre es una persona oscura y su vida per­ manece en el misterio. Parece ser que vivio casi siempre en el extranjero. sobre todo en Halia. No se ha document ado la infancia de sus hijos. Todo 10 que se puede decir es que tenian talento artistico en muchos ambitos..

26. Macaulay, History of England, cap. XIII.

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LA INVENCiON DE LA TRADfCION

Escribieron poem as romanticos al estilo de Scott, tenian buen conoci­ miento de muchos idiom as, a pesar de que fueron autodidactas, eran ha­ biles en el dibujo, la talla en madera y la fabricaci6n de muebles. Hadan gala de bUenos modales y de un gran encanto social, 10 que les permiti6 moverse Con facilidad en los niveles mas exquisitos de la sociedad. Cual­ quier cosa que hicieran, la lIevaban hasta el final y Con buen gusto. No se conoce con precisi6n su primera aparici6n en Escocia, pero esta se pro­ dujo con toda seguridad en compaiifa de su padre durante la visita real de 1822 y puede ser que se encontrasen ya en el pais en 1819. Durante estos anos se preparo la visita real, la empresa Wilson and Son de Bannockburn estudio un plan sistematico para la creacion de los tartanes de clanes high­ land y la Highland Society de Londres, sin duda en colaboracion con esta empresa, considero la publica cion de un libro ricCWiliente ilustrado sobre los tartanes de clanes.27 Hay razones para pensar que en ese momento la familia Allen estaba en contacto con Wilson and Son.

En los anos siguientes los hermanosestuvieron probablemente en el extranjero, pero aparecieron ocasionalmente en algunas mansiones esco­ cesas 0 en funciones de moda, vestidos (tal y como escribio un observador ingles) «de la manera mas extravagante que pueda permitir un vestido highland, todo tipo de trapos y prendas, falsas medallas y ornamentos bri­ llantes».28 Un arist6crata ruso que estaba de visita les vio resplandecien­ tes con sus me dallas y titulos en Altyre, la casa de la familia Gordon Cu­ mingo Habian escotizado su nombre, primero como Allan, despues, por medio de la forma Hay Allan, como Hay, y fomentaron la creencia de que descendfan de Hay, conde de Errol. Como este se habia quedado soltero, pensaron que probablemente podrfa haberse casado en secreto y esta pre­ sunci6n nunca fue refutada explfcitamente. Sir Walter Scott recordaba ha­ ber visto al hermano mayor lIevando el distintivo de alto condestable de Escocia, un puesto hereditario de la casa Errol, «al que no tenfa mas de­ recho que ala corona».29 No mas, podrfa haber contestado el que 10 lle­ vaba, pero tampoco menos.

27. Parte de la propuesta se encuentra en los manuseritos de la Highland Society de Londres, National Library of Scotland, Dep6sito 268, Caja 15. No poseen fecha, pero su fi­ ligrana es de 181S.

28. Letters and Journals of Lady Eastlake (1895), I, pp. 54-55. 29. Haciendoles justicia hay que dedr que ellos mismos no crearon su reivindicaci6ri

de ser los herederos de los condes de Erroll. Cuando su abuelo, el almirante John Carter Allen, muri6 en 1800, las necrologicas escribieron que «no solo estaba relacionado con la marquesa de Salisbury y el marques de Devonshire [Downshire), sino que lord Hillsbo­ rough opinaba que el titulo de los ErrolJ Ie pertenecfa al descender del antiguo conde Hay por ifnea masculina» (Gentleman's Magazine [1800], p.1.021). Tanto la marquesa de Salis­ bury, como lord Downshire y lord Hillsborough eran miembros de la familia Hill.

LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

Los hermanos pasaron la mayor parte de su tiempo en el norte, don­ de el conde de Moray les otorgo libre acceso al bosque de Durnaway, donde se convirtieron en expert os cazadores de ciervos. Nunca les falta­ ron patrones arist6cratas. «Reform adores» poco sentiment ales de las Lowlands tambien se dejaron enganar. Uno de ellos fue sir Thomas Dick Lauder, cuya mujer tenia una propiedad en Elgin. Le revelaron en 1829 que posefan un documento hist6rico itnportante. Este era un manuscri­ to que, segun dedan, habia pertenecido antiguamente a John Leslie, arzo­

de Ross, el confidente de Maria, reina de los escoceses, y que su pa­ dre habia recibido de nada mas y nada menos que el Young Chevalier, el Bonny Prince Charlie. El manuscrito se titulaba Vestiarum Scoticum 0 El guardaropa de Escocia, y se trataba de una descripci6n de los tartanes de clanes de las familias escocesas; en el se decfa que su autor era un tal sir Richard Urquhart, caballero. EI arzobispo Leslie 10 habfa fechado en 1571, pero el manuscrito podia ser naturalmente mucho mas antiguo. Los hermanos explicaron que el documento original se hallaba en casa de su

en Londres, pero mostraron una «tosca copia» que habfan adquiri­ do y que provenfa evidentemente de la familia Urquhart de Cromarty. Sir Thomas estaba muy entusiasmado con el descubrimiento. EI documento,• no solo era importante en sf mismo, sino que proporcionaba una prueba autentica de origen antiguo sobre los diferentes tartanes de los clanes y mostraba que estos habian sido utiJizados entre los lowlanders al igual que entre los highlanders: un hecho muy gratificante para las familias lowland, que querfanjugar un papeI en Ia obra.30 Sir Thomas hizo una transcripcion del texto, que el hermano menor ilustr6 amablemente. Despues escribio a sir Walter Scott, como oraculo en estas cuestiones, pidiendole que se pu­ blicase el documento para corregir los numerosos «tartanes modern os, groseros y falsos que se fabric an cada dia, bautizados con nombres pecu­ Iiares y utilizados como genuinos».

El augusta Scott se habia recuperado ya y no pudieron engafiarle. La historia y el contenido del manuscrito, ademas del caracter de los herma­ nos, Ie paredan sospechosos. No crefa que los lowlanders hubiesen lleva­ do nunca tartanes de clan y sospechaba que era un truco de los fabrican­ tes de tartanes. Finalmente insisti6 en que el manuscrito original fuese analizado por los expertos del Museo Britanico. Sir Thomas siguio su su­ gerencia y el hermano mayor estuvo de acuerdo. Sin embargo, la investi­ gaci6n fue bloqueada cuando este mostro una carta de su padre, firmada

30. Por esto, el marques de Douglas, hacia 1800, pidi6 a la Highland Society de Lon­ dres que indagase si su familia tenia «algun tipo particular de tartan». Reconocla que «haec tanto tiempo que no 10 usan que debe ser dificil descubrirlo», pew tenIa la esperanza ... (manuscritos de la Highland Society de Londres, Caja 1, mim. 10).

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LA INVENCION DE LA TRADICION

«J. T. Stuart Hay», en la que Ie reganaba duramente por haber hecho men­ cion del documento que, segun dijo, ademas de la futilidad de hacer revi­ vir un mundo ya perdido, no se podia mostrar a ojos profanos a causa de ciertas <<llotas de caracter privado en las paginas en blanco». «La opinion de sir Walter Scott -decia el escritor de la carta-, en tanto que no he oido nunca que fuese respetado ni por los anticuarios menos autorizados, me es bast ante indiferente.»31 Esto puso al oraculo de Abbotsford en su lugar.

Derrotados por la autoridad de Scott, los hermanos se retiraron de nuevo al norte y perfeccionaron poco a poco su imagen, su experiencia y su manuscrito. Haman encontrado un nuevo patron, lord Lovat, el jefe ca­ tolico de la familia Fraser, uno de cuyos ancestros habia muerto en el pa­ tibulo en 1747. Adoptaron una nueva lealtad religiosa, la catolica, y una identidad de mayor nobleza. Abandonaron el nombre de Hay y asumie­ ron el nombre real de Stuart. EI hermano mayor se llamo a si mismo John Sobieski Stuart (John Sobieski el rey heroe de Polonia, era el bisabuelo materno del Young Chevalier), mientras que el menor se convirti6, como el mismo Young Chevalier, en Charles Edward Stuart. Obtuvieron de lord Lovat el derecho a vivir en Eilean Aigas, una mansion romantica en una pequena isla del rio Beauly en Inverness, y crearon una corte en miniatu­ ra. Se les conocla con el apelativo de «los principes», se sentaban en • tronos, mantenian una etiqueta rigurosa y recibian honores reales de sus t visitantes, a quienes ensenaban las reliquias Stuart, e insinuaban que po­ seian document os misteriosos en un baul cerra do con llave. Colocaron las armas reales encima de la puerta de la casa. Cuando acudian a la iglesia cat6lica de Skadale, rio arriba, el pend6n real se movia por encima de su barco; su sello era una corona.

Fue en Eilean Aigas, en 1842, donde los hermanos publicaron final­ mente su famoso manuscrito, el Vestiarum Scoticum. Aparecio en una sun­ tuosa edici6n limitada de cincuenta copias. Las series de ilustraciones co­ loreadas de los tartanes fue la primera que se public6 y supuso un triunfo sobre las dificultades tecnicas. Las ilustraciones se realizaron siguiendo un nuevo proceso de «impresion a maquina» y, como dijo un estudioso cin­ cuenta anos mas tarde, «por la beHeza de la ejecuci6n y la exactitud del detalle no han sido superados por ningun metodo de irnpresion en color inventado posteriormente». John Sobieski Stuart, como editor, escribio un

31. La correspondencia de Dick Lauder y Scott, junto con la transcripci6n de Dick Lauder del Vestiarum, se encuentra actualmente en los Archivos Reales de Windsor, dona­ da en 1936 a la reina Marfa por su propietaria, miss Greta Morrit, la bisnieta de Dick Lau­ der. Se ha publicado parcialmente en el Journal of Sir Walter Scott, ed. D. Douglas, 2". edi­ ci6n (1891), pp. 710-713 y, de modo mas completo, en Stewart, Old and Rare Scottish Tartans. Cito estos documentos, y los que se encuentran en la p. 47, por cortesia de S. M. la Reina.

LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

comentario erudito y proporcion6 nuevas pruebas de la autenticidad del manuscrito: un «facsimil reconocido» de la firma del arzobispo Leslie y una «transcripcion» del recibo que este escribi6 cuando se 10 dieron. Se­ gun dijo, el manuscrito habia sido «cuidadosamente cotejado» con un segundo manuscrito recientemente encontrado por un monje an6nimo ir­ landes en un monasterio espanol, por desgracia ya disuelto, y tam bien se citaba otro manuscrito, en posesi6n de lord Lovat, a pesar de que lamen­ tablemente se 10 habia llevado consigo a America y 10 habia perdido; pero estaba buscandose activamente ...

EI Vestiarum Scoticum, de distribucion limitada, no recibi6 apenas atenci6n cuando se publico. Scott ya habia muerto y Dick Lauder, a pesar de que seguia siendo «un creyente», se mantuvo al margen. Si hubiese analizado los setts impresos, se habria dado cuenta, con sorpresa, de -que habian sido revisados considerablemente despues de que el hermano me­ nor los hubiese copiado en su propia transcripcion. Pero el Vestiarium pu­ blicado era tan solo un pequeno avance a modo de justificacion de un tra­ bajo original mucho mas amplio que aun estaba por llegar. Dos anos despues, los dos hermanos publicaron un volumen aun mayor, resultado, por supuesto, de afios de estudio: Este magnifico volumen, ilustrado rica­ mente por los autores, se dedicaba a Luis I, rey de Baviera, como «res­ taurador del arte catolico en Europa» y contenia una apelacion artificio­ sa, escrita en gaelico y en ingles, a «los highlanders». De acuerdo con la primera pagina, estaba publicado en Edimburgo, Londres, Paris y Praga. Se titulaba The Costume of the Clans.

The Costume of the Clans es una obra extraordinaria. Por medio de su gran erudicion hace que todas las obras anteriores sobre el tema parezcan limitadas y triviales. Cita las fuentes mas arcanas, escocesas y europe as, es­ critas y orales, manuscritas e impresas. Repasa tanto el arte y la arqueolo­ gia como la literatura. Medio siglo despues, un anticuario escoces erudito y meticuloso 10 describio como «una maravilla perfecta de la tecnica y de la habilidad»,32 y el mejor escritor moderno sobre la materia habla de el como «una obra monumental... una de las piedras fundamentales sobre las que debe erigirse cualquier historia de la indumen1aria highland».33 Es inteligente y crftico. Los autores admiten la moderna invencion del kilt (despues de todo habian estado con los MacDonells de Glengarry). Nada de 10 que dicen se puede desacreditar de inmediato. Por otra parte, tam­ pocose puede confiar en nada de 10 que dicen. Ellibro esta Heno de fan­ tasia y de falsificaciones descaradas. Se resucitan fantasmas literarios como recurso de autoridad. Se utilizan como fuentes los poem as de

32. Stewart, Old and Rare Scollish Tartans. 33. Dunbar, History of the Highland Dress, p. 111.

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Ossian y manuscritos dificiles de encontrar. Esto mcluye «extensas de poemas originales de Ossian y muchos otros valiosos manuscritos gae­ licos» que el difunto caballero Watson obtuvo de Douay y que ahora, por desgracia, han desaparecido; un manuscrito en latin del siglo XIV encon­ trado, con otros manuscritos, en aquel monasterio espanol desafortunada­ mente disuelto y, por supuesto, el mismo Vestiarium Scoticum, ahora da­ tado, «por su evidencia interna», a finales del siglo xv. Las ilustraciones coloreadas a mana represent an esculturas monumentales y antiguos re­ tratos. Uno del Young Chevalier con el atuendo highland fue copiado del «original en posesion de los autores».

The Costume of the Clans no es solo un pieza de erudicion anticuaria, sino que contiene tambien una tesis. Esta propone que la peculiar indu­ mentaria highland es una reliquia fosilizada del vestido universal utilizado en la Edad Media, que habia sido reemplazado en el resto de Europa en el

XVI, pero que habra sobrevivido, deformado pero todavia reconocible, en este rincon dejado de la mano de Dios. Durante la Edad Media, de acuerdo con los autores, la Escocia celta habia sido una region floreciente de la cosmopolita Europa catoJica: una sociedad rica y cultivada en la cual las maravillosas cortes de los jefes tribales se alimentaban, gracias al avan­ ~ ce de las manufacturas en las Hebridas, con los lujos y los avances del con­ tinente. Por desgracia, est a rica civilizacion habia desaparecido: a finales de ~ la Edad Media, los brillantes telares de las Hebridas, el resplandor de las cortes insulares, la «alta sofisticacion intelectual» de Mull, Islay y ha­ bian entrado en crisis. Las Highlands habian quedado separadas del resto del mundo y su sociedad se habfa empobrecido y se habfa cerrado en si misma. Su indumentaria se habia vuelto inferior y fea. Solo el Vestiarium, el gran descubrimiento de los dos hermanos, abria una estrecha ventana a la espIendida cultura que habia desaparecido para siempre al revelar las maravillas de los originales setts de los tartanes. Los autores no tenian nin­ gun interes en el intento moderno de hacer renacer solo el vestido, sepa­ rado de la catolica cultura celta de la cual formaba parte. Esto suponia convertirlo simplemente en un traje bonito. EI autentico renacimiento se­ ria el que hiciese revivir todo el pasado, tal y como Ii; vivian los hermanos Stuart escribiendo poesfa, cazando ciervos y conservando su propia corte tribal en una isla del rio Beauly. Como Pugin, que buscaba revivir no solo la arquitectura gotica sino toda la civilizacion imaginaria que la acompa­ naba, los «Sobieski Stuarts», como generalmente se les llamaba, querian el renacimiento no solo del vestido highland, sino de toda una civilizacion

Lo hicieron mediante una ficcion tan atrevida y una revision historica tan indignante como la de «Ossian».

Desgraciadamente, The Costume ofthe Clans nunca fue criticado, e in­ c1uso apenas fue tenido en cuenta 'por los circulos cultivados. Antes de que

LA TRADICION DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA 45

esto los autores habian cometido ya un error tactico. En 1846 fueron demasiado lejos en sus reclamaciones explicitas de su descenden­ cia real. Escribieron una serie de relatos en los cuales, por medio de nom­ bres de corte romantico pero transparentes, pretendieron revelar la ver­ dad historica. La obra se titulaba Tales of the Century: el siglo que iba de 1745 a 1845. El trasfondo de estos cuentos era que la linea Stuart no se ha­ bia extinguido, que la esposa del Young Chevalier habfa dado a luz a un

legitimo en Florencia, que este hijo, a causa del miedo de que fuese asesinado por agentes hannoverianos, habia sido confiado al cuidado de un almirante ingles que 10 habrfa criado como su propio hijo y, finalmen­ te, que se habria convertido en el padre legitimo de dos hijos que, despues de combatir con Napoleon en Dresde, Leipzig y Waterloo y ser condeco­ rados par su valentia, se habrian retirado a esperar su destino en su patria ancestral, y actualmente se dedicaban a restaurar su sociedad, sus vestidos y sus costumbres tradicionales. Notas eruditas a pie de pagina citando los documentos Stuart que aun no habfan side catalogados, documentos ale­ manes y polacos que no se podfan verificar y «manuscritos en nuestra po­ sesion» proporcionaban las pruebas que apoyaban est a historia.

En este momenta aparecio un enemigo desconocido. Bajo el disfraz de una resena tardfa del Vestiarium, un escritor anonimo publico en la Quarterly Review una crftica implacable de las reivindicaciones reales de los dos hermanos.34 El hennano mayor intento responder. La replica et'tl olfmpica en su tono, pero debil en sustancia.35 EI trabajo erudito de los Stuarts se vefa fatalmente comprometido, su mansion en Eilean Aigas fue desmantelada y durante los siguientes veinte an os los hermanos residie­ ron en el extranjero, en Praga y Press burg (Bratislava), donde mantu­ vieron las pretensiones reales que habian side fatalmente heridas en su patria. En el mimo ano, la reina Victoria compro Balmoral y la corte han­ noveriana autentica sustituyo a la desaparecida e ilusoria corte jacobita de las Highlands de Escocia.

En el ambito de la historia economica a menudo somos testigos de la ruina de un pionero valiente, imaginativo y a veces fantastico, cuyo traba­ jo es llevado a cabo con exito por alguien emprendedor pero mas prosai­ co. Los Sobieski Stuarts nunca se recuperaron del desenmascaramiento de

34. «The Heirs of the Stuarts», Quarterly Review, LXXXII (1847). EI articulo fue atri­ buido en la epoca, y a menudo de modo confidencial, a 1. G. Lockhart, a 1. W. Croker, a lord Stanhope y a James Dennistoun, q uizas a otros. En realidad fue obra de George Skene,pro­ fesor de la Universidad de Glasgow, el hermano mayor del estudioso celta W. F. Skene.

35. La respuesta fue publicada por Blackwood & Sons (Edimburgo, 1848). Tanto el ataque como la replica fueron publicados juntos posteriormente, sin fecha, por Lorimer y Gillies, Edimburgo. El volumen fue impreso de forma privada, aparentemente por los So­ bieski Stuart,o en su interes.

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LA INVENCION DE LA TRADICION

1847. A pesar de que su encanto personal, su buen canicter y su compor­ tamiento digno e inofensivo les aseguro que nunca les faltasen seguidores, el fatal articulo de la Quarterly Review fue ya siempre citado en contra suya. Sin embargo, su trabajo no fue desechado. Se podia desacreditar al Vestiarium e ignorar The Costume of the Clans, pero los falsos tartanes de c1anes inventados por ellos fueron adoptados por la Highland Society de Londres y se convirtieron en el medio por el cual se mantuvo la prosperi­ dad de la industria escocesa del tartan. El sucesor prosaico de los Sobies­ ki Stuarts que alcanzo el mayor exito fue James Logan.

James Logan, de Aberdeen, habfa sufrido en Sll juventud 10 que eilla­ maba «una herida horrorosa» mientras asistia a los juegos tradicionales highland. En ellanzamiento de un martillo, el proyectil, que pesaba unos siete kilos y medio, aterrizo accidentalmente en su cabeza. Como resulta­ do, tal y como explicarfa mas tarde con el objetivo de hacerse perdonar una mala conducta no especificada, «mi craneo quedo literalmente hecho trizas», y tuvieron que sustituir veinticinco centfmetros cuadrados de el por una placa de metaP6 A pesar de este accidente, Logan se convirtio en un entusiasta de las tradiciones highland, y en 1831, despues de un largo

a pie por toda Escocia, publico un libro titulado The Scottish Gael, que dedi co al rey Guillermo IV En est a obra repetia toda la mitologia highland reciente: la autenticidad de los poemas de Ossian, la antigiiedad del kilt, la diferenciaci6n de los tartanes de los clanes; y anuncio que el mis­

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I mo «estaba preparando una obra can ilustraciones que trataba precisa­ mente de los tartanes y de los distintivos». Por aquel entonces, Logan se habfa instalado en Londres, y la Highland Society, en reconocimioo.to de su libro, pronto Ie eligio como su presidente y decidio subvencionar su pro­ metido libra sobre los tartanes. Esta obra apareci6 finalmente en 1843, un ano despues de la publicaci6n del Vestfarium. Se llamaba Clans ofthe Scot­ tish Highlands y estaba profusamente ilustrada por R. R. MacIan con se­ tenta y siete retratos de miembros de clanes con sus respectivos tartanes.

Es improbable que hubiese reJ.aciones directas entre los Sobieski Stuarts, can su genuina erudici6n y sus aires aristocratic os no del todo fal­ sos, y James Logan, acritico y plebeyo. Sin embargo, los Sobieski Stuarts es­ tuvieron sin lugar a dudas en cont~o con los fabricantes de tartanes y ha­ bfan estado aconsejando tanto a estos como a los jefes de los c1anes sobre sus tartanes, quizas ya desde 1819. Tambien sabemos que el mayor fabri­ cante, los senores Wilson and Soo, tenian relaciones con Logan, a quien tra­ taban como un simple representante, a veces modificando su trabajo por su mayor conocimiento en la materia, de modo que tenian evidentemente a

36. Manuscritos de la Highland Society de Londres, Caja 5: Logan al comite de di­ rectores de la sociedad.

LA TRADICrON DE LAS HIGHLANDS EN ESCOCIA

su disposicion 10 que consideraban una mayor autoridad. Parece posible pensar entonces que el trabajo de Logan se alimentaba de modo directo 0 indirecto de las fantasias de los Sobieski Stuarts. En todo caso, el Vestia­ dum habia sido publieado con anterioridad. En su texto, Logan reconoce el tributo que debe al '<trabajo reciente y esplendido de John Sobieski Stuart», en el cual se basaba c1aramente a pesar de algunas diferencias en algunos detalles que justificaban una publicaci6n propia. De hecho, como un posterior estudioso ha escrito, muchos de los tartanes de Logan eran «reproducciones no reconocidas de los disenos del Vestiarium Scoticum».37

Logan fue muy oportuno. El desenmascaramiento de las pretensiones reales de los Sobieski Stuarts, los autenticos inventores de los tartanes de los clanes, les desacredit6 como rivales justa en el momenta en que el cul­ to de las Highlands de la reina Victoria dio un nuevo impulso a los tarta­ nes de los clanes, at paisaje highland, a la ganaderia highland, a sir Edwin Landseer y al criado John Brown. En 1850, aparecieron nada menos que tres libros sobre los tartanes de clanes. Todos ellos se basaban de modo vi­ sible pero sin reconocerlo en el desacreditado Vestiarium, de cual sus «editores» habian intentado en vano publicar una edici6n barata. Uno de estos libros, History of the Highlands and the Highland Clans, del general James Browne, que se convirti6 en la obra estandar, contenia veintidos li­ tografias de tartanes en color, tomadas sin ningun comentario del Vestia­ rium.38 Durante 10 que quedaba de siglo, muchos libros sobre los tartanes de los clanes aparecieron con regularidad. Todos ellos dependian mucho, direct a 0 indirectamente, del Vestiarium.

Esto debio de resultar mortificador para los Sobieski Stuarts, que vol­ vieron a Gran Bretana en 1868. Ahora eran muy pobres, pero, como siem­ pre, continuaron jugando el papel de Vivian en Londres, apare­ cian en sociedad llevando sus medallas y condecoraciones cuestionables y eran muy conocidos en la sala de lectura del Museo Britanico, donde te­ nian mesa reservada y «sus plumas, abrecartas y pisapapetes, etc., tenian pequenas coronas de orO».39 En 1872 se apel6 ala rein a Victoria para que aliviase la pobreza de estos supuestos caballeros, pero se fracaso al volver a citarse la resena de la Quarterly.4o En 1877, el hermano menor, unieo su­ perviviente, intent6 an6nimamente reclamar sus Htulos, pero fue silencia­ do, de nuevo, por medio de una referencia a la Quarterly.41 Como John Keats, se podria decir que fueron asesinados por la Quarterly: de

37. Stewart, Old and Rare Scottish Tanans. 38. Ibid. 39. Dictionary of National Biography, art. cit. 40. Castillo de Windsor, manuscritos P. P. 1179. 41. Notes and Queries (julio-diciembre de 1877), pp. 92,158,214,351,397. Las cartas

firmadas «RIP" y «Requiescat in Pace» son clara mente de Charles Edward Stuart.

48 LA INVENCION DE LA TRADICION

muchos pensaron que los tres habian sido asesinados por la misma plu­ ma.42 Sin embargo, nunca les faltaron seguidores, sus amigos lucharon por ell os hasta el final y despues de su muerte lord Lovat quiso que les ente­ rrasen en Eskada!e, en la iglesia que habian frecuentado des de la roman­ tic a isla que les hizo de hogar en Eilean Aigas. Se vendieron sus perte­ nencias, por las cuales se intereso la reina Victoria, pero no aparecieron ni reliquias Stuart, ni retratos, ni miniaturas, ni titulos, ni manuscritos. Nadie ha visto nunca el texto original del Vestiarium Scoticum, con la anotacion del arzobispo Leslie y los interesantes memorandos, que se suponfan es­ critos por su propietario anterior, el Young Chevalier, cuando 10 !ego a su hijo «1. T. Stuart Hay», alias «James Stuart, comte d' Albanie», el padre tan dificil de encontrar de nuestros heroes.43

Este ensayo empieza con una referencia a James Macpherson y acaba con los Sobieski Stuarts. Entre estos invent ores de la tradicion highland hay muchas similitudes. Todos imaginaron una edad de oro en el pasado de las Highlands celtas. Dedararon estar en posesion de documentacion falsa. Crearon fantasm as literarios, falsificaron los text os y la historia en apoyo de sus teorias. Dieron inicio a una industria que continuarfa en Es­ cocia hasta mucho despues de su muerte. Fueron desenmascarados rapi­ ~ damente, pero ignoraron el hecho para dedicarse con calma a otros asun­ tos: Macpherson a la polftica india, los Sobieski Stuarts a una vida irreal I en el extranjero.

Pero tambien hay grandes diferencias. Macpherson era un animal sen­ sual cuyas pretensiones, tanto en la literatura como en la polftica, consis­ tian en conseguir riqueza y poder. Llevo a cabo este objetivo con deter­ minacion implacable y, finalmente, con exito. Los Sobieski Stuarts eran hombres am ables, eruditos que ganaban con versos por medio de su ino­ cencia. Eran fantasistas mas que falsificadores. Tambien eran autenticos en el sentido que vivian sus propias fantasias. Al contra rio que Macpher­ son, murieron pobres. La riqueza que generaron fue aprovechada por los fabricantes de los tartanes de danes diferenciados que hoy en dfa los es­ coceses y supuestos escoceses Bevan, con entusiasmo tribal, desde Tejas hasta Tokio.

42. Se penso erroneamente que 1. G. Lockhart, quien habia escrito el conocido ata­ que contra Keats, era el autor del desenmascaramiento de los Sobieski Stuarts.

43. No parece que se pueda encontrar nada sobre Thomas Allen, teniente retirado de la Royal Navy, el padre de los Sobieski Stuarts. Sus lHtimos nombres y titulos aparecen tan solo en los escritos de sus hijos, para quienes eran una necesidad genealogica. No se sabe si el padre jugo algun papel en las pretensiones de sus hijos. Evidentemente, era un hombre solitario. Murio en Cierkenwell en 1839 (no, como se dice en el Dictionary ofNational Bio. graphy, en 1852), despues de 10 cual el hijo mayor, y despues el pequeno, se hicieron lIamar Comte d'Albanie.

3. FROM A DEATH TO A VIEW' LA CAZA DEL PASADO GALES EN EL PERIODO ROMANTICO

PRYS MORGAN

EL ALEGRE GALES Y SU MUERTE

Cuando observamos la vida cultural de Gales en el siglo XVIII y a prin­ cipios del XIX, nos encontramos con una paradoja. Por una parte, la deca­ dencia 0 la desaparicion de un modo de vida antiguo y, por otra, un creci­ miento sin precedentes del interes por las cosas galesas y una actividad consciente por preservarlas y desarroBarlas. EI historiador gales Peter Roberts l escribio un inforrne sobre la manera antigua de vivir en 1815, en el cual observo:

Cuando, por razones politic as 0 por otros motivos, las maneras y las cos­ tumbres de una naci6n han sufrido en general un gran cambio, se hace in­ teresante realizar una investigaci6n sobre c6mo eran anteriormente.2

Casi todas las costumbres galesas pintorescas «se habian abandona­ do», y algunas creencias druidicas nunca se habian tenido en absoluto. EI honorable John Byng visito Bala en 1784 y en 1793 y se quejo de que «en

1. La mayoria de los individuos mencionados en este capitulo aparece en The Dic­ tionary ofWelsh Biography down to 1940 (Londres, 1959), pero Peter Roberts se encuentra en el suplemento gales del diccionario (Londres, 1970).

2. Peter Roberts, Cambrian Popular Antiquities (Londres, 1815), Introduccion.

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50 LA INVENCION DE LA TRADICION

diez afios se ha producido una alteracion en las costumbres del pueblo». Habian desaparecido las muestras de la alegria galesa, los galeses se esta­ ban volviendo como los ingleses y ya no existia la curiosidad por viajar.3 Se mezclaban la decadenda y el resurgimiento de un modo curioso, porque muy a menudo aqueUos que deploraban la decadencia eran los mismos que se hacfan cargo del resurgimiento. R. T. Jenkins escribio que el siglo XVIII no era tanto el siglo del renacimiento metodista como el de los diferentes resurgimientos: educativo, agrario, industrial y cultural. El renadmiento gales 0 el resurgimiento de los anticuarios fueron, si no los mas masivos, sf los mas originales.4 En este perfodo, los estudiosos y los patriotas galeses redescubrieron el pasado, las tradiciones historicas, lingOfsticas y literarias, y cuando estas tf3diciones no resultaban adecua­ das, creaban un pas ado que nunca habfa existido. La mitologia romantica lIego a extremos extf."lM')fdinarios en Gales, y dejo una huella pennanente en su historia posterior.

Et hecho de que los estudiosos que se dieron cuenta de la decadencia fuesen los mismos que recrearon el pas ado no plantea serias dificultades. Edward Jones (1752-1824), el arpista de Jorge IV cuando este fue princi­ pe y luego rey, se quejaba en su libro sobre la musica galesa, The Bardic ~ Museum, de que I

la crisis repenlina de la juglaria nacional y de las costumbres de Gales se puede atribuir en gran modo a los impostores famiticos y a los predicado­ res plebeyos analfabetos, a quienes se ha dejado que dominasen el campo, y que han desviado a la mayor parte de la gente comun de la Iglesia legal y disuadido de practicar sus diversiones inocentes, como can tar, bailar y otros deportes y juegos rurales, que· desde siempre hasta ahora Ie ha­ bfan divertido ... El resultado es que Gales, que antes era uno de los pafses mas alegres y felices del mundo, se ha convertido en unO de los mas abu­ rridos.5

Gracias a los diferentes libros sobre musica gales a publicados entre 1784 y 1820, Edward Jones fue uno de los que hicieron que la cultura ga­ lesa pasase de una supervivencia decadente, pero tambien inconsciente, a un resurgimiento consciente, y el resultado, aunque a menudo falso, tuvo siempre un derto brillo.

3. C. Bruyn Andrews (ed.), The Torrington Diaries (Londres, 1936), III, pp. 254-255. 4. R. T. Jenkins, Hanes Cymm yn y Ddeunawfed Ganrif (Historia de Gales en el sig~ j

XVIII) (Cardiff, 1928), pp. 2, 104-134. Cf. E. D. Evans,A History of Waies, 1660·1815 (Cardiff, ~ 1976), pp. 231·250.

5. Edward Jones, The Bardic Museum (Londres, 1802), introducci6n, p. XVI.

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FROM A DEATH TO A VIEW: LA CAZA DEI. PASADO GALES 5 I

Un numero muy pequeno de estudiosos galeses era consciente desde hacia tiempo de la desaparicion de un modo de vida gales distintivo. En el siglo XVI, la cultura nativa que estaba ligada en gran medida con el catolicis­ mo desapareci6 sin que una cultura protestante con particularidades gale­ sas la sustituyese, se aboli6 el sistema legal nativo, se atrofio el sistema bar­ dico, la antigua lengua desaparecio de la administraci6n y, a pesar de que las clases oficiales aun hablaban gales, su actitud se anglicanizo 0 se aproximo a las pautas de comportamiento europeas. La decadencia continuo durante los siglos XVII YXVIII, cuando alcanzo su mayor magnitud, porque hasta en­ tonces los estudiosos siempre se habian confortado pensando que gran par­ te de la antigua cultura todavfa se mantenia entre la gente comun. EI mo­ mento critico empez6 con una perdida de la propia confianza. El escritor gales de almanaques y lexic6grafo Thomas Jones escribio en 1688:

Las lenguas, como los dominios ... tienen un final determinado. Viven su infancia, su fundacion y sus comienzos, su crecimiento y el aumento de su pureza y su perfecci6n, asf como su difusi6n y propagacion, es decir, su estado de consistencia, y finalmente su vejez, su declive y su dec aden cia.

As! es como eJ Todopoderoso nos ha tratado a los britanicos. Durante esta epoca se ha eclipsado nuestro poder, se ha corrompido nuestra lengua y casi se nos ha borrado de los archivos y los libros.6

La ultima frase es crucial, porq ue la perdida de confianza era un ele­ mento.central de la perdida del sentido historico. Sir John Vanbrugh, en su Isopo (escrito hacia 1697), puso a este personaje en contacto con un ca­ ballero gales llamado apropiadamente Pintoresco, quien explica su traba­ jo diciendo que su madre era por supuesto «una mujer galesa».

lmpo: l,Una mujer galesa? Por favor, dime que pais es este. Pintoresco: Este, senor, es un pais en la parte de detras del mundo,

donde todos los hombres nacen caballeros 0 genealogistas.7

La imagen que se tenia de Gales era la de un extrafio lugar donde los caballeros apenas podian vestirse con una camisa pero podian recitar de un tin» .tnterminables arboles genealogicos que se remontaban hasta Eneas de Troya, un pais de un atraso etemo, cuyas gentes pose ian muchos aRIIestros pero que no tenian historia nacional.

Esto no habia sido asf en los siglos anteriores. Dare brevemente un complicado ejemplo. La antigua vision galesa de la historia tenIa tres pe­ rfodos: los origenes como nadon, la conversion al cristianismo y las vidas de los principe!! mltivos. La parte mas antigua estaba constituida por un

..• ..iibornas Jones, The British Language in its Lustre (Londres, 1688), prefacio. 7. B.Dobre.e y·G.Webb (eds.), The Works ofSir John Vanbrugh (Londres,1927),II,p.33.

52 LA INVENCION DE LA TRADICION

grupo de mHos y fabulas que demostraban que los galeses habian sido el primer pueblo de las islas Britanicas (y por esto Thomas Jones los llama­ ba «britanicos»). Los galeses memorizaban los acontecimientos que se re­ ferian a sus primeros heroes y como habian luchado y vencido a las olas de invasores, habfan sido derrotados a su vez y habfan seguido luchando, todo ella agrupado en series de tres fases ligadas: «Las Trfadas de la Isla Britanica».8 La segunda parte de esta vision trataba de la cristiandad bri­ tanica, introducida en tiempos de los romanos y defendida por los galeses contra los sajones paganos con heroes como Ambrosio Aureliano y el rey Arturo. En cada localidad, la Iglesia 0 el mundo sagrado se podian poner en relacion con santos como David u otros santos celtas. La tercera parte era mas convencional y se referfa a las Ifneas de descendencia de los prfn­ cipes nativos respecto a lfderes tribales 0 federados romanos como Cu­ ne dda, 0 de Cadwaladr el Bendito, el ultimo rey gales que reivindico su soberanfa sobre Bretaiia en el siglo VII, hasta la muerte de Llywelyn II en 1282. A mediados del siglo XVIII, las gentes de Builth eran injustamente conocidas como «los traidores de Builth», porque Llylwelyn fue asesina­ do cerca de esta localidad.

A finales de la Edad Media, los diferentes perfodos se habfan unido y transformado. En el siglo XII, Geoffrey de Montmouth adapto los viejos mitos e invent6 una tradici6n galesa. Enfatizo los troyanos de los t britanicos: el nombre de Bretaiia provendfa de Brutus y el de Gales

de Camber. Tambien dio mucha importancia al papel heroico del rey Arturo. Los historiadores galeses de mediados del siglo XVIII retenian tozudamente la version de Geoffrey de Montmouth de la historia galesa y uno de los principales objetivos de los patriotas era encontrar y publicar el original gales que crefan se hallaba detras de la historia de Montmouth. Los estudiosos galeses del periodo tambien eran conscientes de la otra di­ mension de la tradicion gales a, la profetica 0 mesianica, que proyectaba el pas ado gales hacia el futuro. Evan Evans, por ejemplo, lleva a cabo algo parecido en su discusion sobre la tradicion bardica de 1746.9 En la tiva sociedad celta, los vates 0 videntes predecfan el futuro, funcion here­ dada de los bardos, y despues de la perdida de la independencia en la literatura de la brud 0 de la profecfa adquirio gran importancia.lO

8. Rachel Bromwich, Trioedd Ynys Prydein, the Triads of the Isle of Britain (Cardiff, 1961), y Trioedd Ynys Prydein in Welsh Literature and Scholarship (Cardiff, 1969).

9. Evan Evans, Some Specimens of Early Welsh Poetry, (Londres, 1764), especial. mente en su "Dissertatio de bardis».

10. M. M. Griffiths, Early Vaticination in Welsh with English Parallels (Cardiff, 1937), y Glanmor Williams, «Prophecy, Poetry and Politics in Medieval and Tudor Wales», en H. Hearder y H. R. Loyn (eds.), British Government and Administration (Cardiff, 1974), pp. 104-116. i

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La tradicion historica nativa de los tres perfodos se transform6 poco a poco en el siglo XVI. Decay6 el elemento profetico, a pesar de que la tra­ dicion fue manipulada inteligentemente por Enrique Tudor para desper­ tar el apoyo gales al presentarse como la figura mesianica del «Segundo Owain», y su descenso de Cadwaladr fue usado para justificar las preten­ siones Tudor de gobernar toda la Gran Bretaiia. Para otros, Enrique po­ dia simbolizar el retorno largamente esperado del rey Arturo. Un poco mas tarde, la Iglesia anglicana tomo los mitos galeses de la fundacion de la Iglesia britanica por Jose de Arimatea y la culpa de la perdida de la in­ dependencia de Gales pudo atribuirse, no ya a los ingleses, sino a los nor­ mandos y al Papa.ll EI resto de la tradici6n gales a no fue tan absorbido 0 desacreditado como mito infundado porque Polydore Vergil exploto gran parte de la historia de de Monmouth como si se tratase de una fabula. Lo que quedo de estos ataques 0 adaptaciones fue tornado por los estudiosos ingleses como los principios de la historia anglobritanica en su intento de identificar lnglaterra con la antiguedad britanica.12 Esta claro que el pueblo com un memorizaba fragmentos separados y trozos de tra­ diciones muy antiguas a finales del siglo XVII como cuentos, que trataban de Emrys (Ambrosio), MerlIn, el rey Arturo, Taliesin y otros, si nos basa­ mos en la evidencia que aporta la correspondencia de Edward Lhuyd en 1a decada de los alios noventa del sig10 xvnP No formaban parte de un todo coherente, sino que eran como perlas que hubiesen caido de un co­ llar roto. En algunos cas OS, algunos fragmentos de la historia galesa se memorizaban en baladas como la de Matthew Owen «Hanes y Cymru» (Historia de los galeses), en la cuallos galeses recordaban pasivamente las antiguas derrotas.14

La perdida de la historia tuvo un efecto de desgaste en otros as­ pectos de la cultura. Es cierto que la mayorfa de los textos literarios del folclore y la erudicion galeses que ha sobrevivido hasta la actualidad data de los aiios que van de 1550 a 1700. G. 1. Williams ha observado que la cau­ sa de este fenomeno se puede atribuir al hecho de que los escribas y los anticuarios se dieron cuenta de que su mundo familiar se estaba consu­ miendo y que se necesitaba un acto heroico de salvacion mientras el mun­

11. Sydney Anglo, «The British History in early Tudor propaganda», Bulletin of the John Rylands Library, xliv (1961), pp. 17·48. Glammor Williams, "Some Protestant Views of Early British Church History», History, xxxviii (1953), reimpreso en su libro Welsh Refor­ mation Essays (Cardiff, 1967), pp. 207-19.

12. T. D. Kendrick, British Antiquity (Londres, 1950), pp. 34·134. 13. F. V. Emery, "A New Account of Snowdonia 1693 Written for Edward Lhuyd»,

National Library of Wales Journal, XVIlI (1974), pp. 405-417. 14. Dafydd Jones, Blodeugerdd Cymry (Shrewsbury, 1759), p. 150, y T.~. Parry-Wi­

lliams (ed.t L/awysgrif Richard Morris 0 Gerddi (Cardiff, 1931), p.125.

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