IDELOGÍA, RELIGIÓN Y SIMBOLISMO ALIMENTARIO, Ejercicios de Nutrición. Universitat d'Alacant (UA)
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IDELOGÍA, RELIGIÓN Y SIMBOLISMO ALIMENTARIO, Ejercicios de Nutrición. Universitat d'Alacant (UA)

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Asignatura: Alimentació i cultura, Profesor: al al, Carrera: Nutrició Humana i Dietètica, Universidad: UA
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TEMA 14:

IDEOLOGÍA, RELIGIÓN Y SIMBOLISMO ALIMENTARIO, CREENCIAS Y TABÚES. PREFERENCAS, AVERSIONES Y RECHAZOS.

Si la producción, distribución y consumo de

alimentos se insertan en una serie de procesos

ecológicos, tecnológicos y económico-políticos

complejos que determinan, en buena medida, la

dinámica y la lógica de los comportamientos

alimentarios, también hay que tener en cuenta el

papel que juegan los condicionantes ideológicos.

La alimentación también constituye una vía privilegiada

para reflejar las manifestaciones del pensamiento

simbólico y la alimentación misma constituye, en

ocasiones, una forma de simbolizar la realidad. Creamos

categorías de alimentos (saludables y no saludables,

convenientes y no convenientes, ordinarios y festivos,

buenos y malos, femeninos y masculinos, adultos e

infantiles, calientes y fríos, puros e impuros, sagrados y

profanos, etc.) y, mediante estas clasificaciones,

construimos las normas que rigen nuestra relación con

la comida e, incluso nuestras relaciones con las demás

personas.

El sistema de creencias y valores existente en cualquier cultura puede determinar qué alimentos son objeto de aceptación o rechazo en cada situación y por cada tipo de persona.

Veamos un ejemplo con el caso de la carne.

La muy larga y, sobretodo, diversa lista de prohibiciones relativas al consumo de carne constata el hecho de que cada sociedad clasifica sus relaciones con los diferentes animales de un modo específico y que, dentro de estas clasificaciones, se enmarcan las actitudes de las personas frente a los diferentes productos cárnicos.

La carne es un alimento que ha sido clasificado como viril, masculino, caliente, impuro, pecaminoso...

Para Leach (1972), en Inglaterra los tabúes alimentarios se explican por la proximidad o lejanía de cada animal con los seres humanos. Los animales próximos a las personas son prohibidos, así como los más alejados.

Ej. es tabú la carne de caballo.

El tabú de la carne de los depredadores está conectado con el problema del asesinato. Comer tales animales implica incorporar un desorden y pone en peligro la distancia socio-cultural entre los seres humanos y la naturaleza.

• La carne tiene, pues, en relación con otros alimentos, un estatus

considerablemente particular y su consumo sólo habría sido posible,

como dice Fischler (1995: 125-127) pensando la carne como algo

extraño a lo humano.

Tal vez haga falta que la carne, para poderla comer, sufra en nuestro

entendimiento una transformación, dos estrategias son posibles:

 La primera es construir e interiorizar una distinción clara e

infranqueable entre humanidad y animalidad, afirmando sin rodeos

una jerarquía de los seres en cuyo vértice figura el ser humano.  La segunda consiste en disimular todas las características aparentes de

la animalidad, pensar la carne como materia inanimada y ya no como

parte de un cuerpo.

CREENCIAS RELIGIOSAS

De acuerdo con Eckstein (1980), en una religión

los alimentos pueden contribuir a tres finalidades:

lComunicarse con Dios.

Demostrar la fe mediante la aceptación de las

directrices divinas concernientes a la dieta.

Desarrollar una disciplina mediante el ayuno.

Las constricciones religiosas relativas a la dieta

pueden incluir (Lowenberg, 1979):

Qué alimentos pueden ser comidos y cuáles no. Qué comer en determinados días del año. Horas del día en las que deben ser tomados los

alimentos. Cuándo y cuán largo debe ser el ayuno.

lLa gula es uno de los pecados capitales para la moral católica. El consumo de la sangre es una de las prohibiciones más

extendidas, aunque no de manera universal, pues es un alimento

fundamental en poblaciones centroafricanas de pastores nómadas.

Ya en el Génesis, IX, 4, por ejemplo, se dice:

“Que nadie de vosotros[as] coma sangre...puesto que el alma de

toda bestia está en su sangre”.

Ello no quiere decir que algunas poblaciones católicas puedan

consumir la sangre de cerdo, por ejemplo mezclada con otros

alimentos, dando lugar a un producto muy apreciado: las morcillas.

Algunas de las religiones más estrictas en

obligaciones alimentarias son la judía, la

mahometana y la hindú.

Precisamente, las prohibiciones y las

recomendaciones contenidas en los libros sagrados

del pueblo judío han dado lugar a una rica y

contrastada literatura acerca de las influencias

de la religión sobre las prescripciones

alimentarias y las posibles razones de las mismas.

Diferentes interpretaciones que se han dado en relación a las abominaciones expresadas en el Deuteronomio, así como en el Levítico: que dichas reglas son alegorías de las virtudes y de los vicios.  Por ejemplo: Moisés habría prohibido el consumo de los ratones porque son especialmente dañinos a causa de su destructividad; los peces con aletas y escamas son admitidos por la ley Mosaica porque simbolizan el dominio de sí mismo y la paciencia.

lOtra explicación tradicional al respecto ha sido el criterio según el cual lo que se prohíbe al pueblo israelita, se hace, únicamente, para protegerlo de la influencia extranjera. Maimónides, por ejemplo, sostuvo que la prescripción del Deuteronomio de no hervir el cabrito en la leche de su madre, se les prohibía porque éste era un acto cultural en la religión del pueblo cananeos.

Según Mary Douglas (1973), las primeras explicaciones no serían adecuadas. Para ella, puesto que cada uno de los requerimientos del Levítico va precedido por el mandato de ser “santo”, cada precepto debe ser explicado a partir de dicho mandato.

Son impuras aquellas especies que son miembros imperfectos de su

género, o cuyo mismo género perturba el esquema general del mundo. Dice

Douglas:

“Para aprehender este esquema tenemos que remontarnos hasta el Génesis

y la creación. Aquí se despliega una clasificación tripartita, dividida entre la

tierra, las aguas y el firmamento. El Levítico adopta este esquema y

concede a cada elemento su género adecuado de vida animal. En el

firmamento, aves de dos patas vuelan con sus alas. En el agua, peces

escamosos nadan con sus aletas. Sobre la tierra, animales de cuatro

patas brincan, saltan o caminan, Cualquier clase de animales que no

está equipada con el género correcto de locomoción en su propio

elemento es contraria a la santidad.”

“El contacto con ella descalifica a una persona para acercarse al

templo. Así, cualquier ser acuático que no tenga aletas ni escamas

es impuro (…) Los seres de cuatro patas que vuelan son impuros.

Cualquier animal que tenga dos patas y dos manos y que ande a

cuatro patas como un cuadrúpedo es impuro (…) El último género

de animales impuros es aquel que se arrastra, serpea o pulula sobre

la tierra (…) Los seres que pululan no son aves, carne ni pez. Los

caracoles y los gusanos habitan en el agua, pero no como peces; los

reptiles andan por el suelo seco, pero no como cuadrúpedos; algunos

insectos vuelan, aunque no como pájaros. No existe orden en ellos”.

Si su interpretación es correcta, las leyes dietéticas israelitas serían, entonces, semejantes a signos que, a cada instante, inspiraban la meditación acerca de la unidad, la pureza y la perfección en Dios.

Gracias a las reglas sobre lo que hay que evitar se dotaba a la santidad de una expresión física en cada encuentrocon el reino animal y con la comida.

El cerdo es, para el pueblo judío, un animal impuro, pero lo es también para el pueblo musulmán. Marvin Harris (1986) nos ofrece un tipo de explicación completamente diferente a la de Mary Douglas.

Leer:

Harris. M. (1986). Carne prohibida. “Caníbales y Reyes”. Barcelona. Biblioteca Científica Salvat. pp. 162-176.

SALUD Y ENFERMEDAD

Siempre, y en todas partes, la alimentación ha sido percibida en relación con la salud y la enfermedad (Barrau, 1983, p.328).

En este sentido, determinadas conductas alimentarias participan a menudo de rituales propiciatorios destinados a predisponer favorablemente las fuerzas sobrenaturales que- como muchos siguen pensando todavía-gobiernan la existencia.

De todo ellos se desprende la observancia de prescripciones dietéticas cuya finalidad es mantenerse en armonía con los elementos del cosmos y los poderes inmanentes que la habitan. Se desprenden también determinadas prescripciones alimentarias, nociones de lo puro e impuro aplicadas a los alimentos, obligaciones en cuanto al modo de prepararlos, sobretodo respecto a los que se les atribuyen virtudes mágicas, y a los modos de consumirlos.

Una de las clasificaciones más extendidas, relativas a la relación entre

alimentos y salud y enfermedad, es que clasifica en dos grandes categorías:

fríos y calientes. La teoría del equilibrio entre lo caliente y lo frío,

basada en la teoría hipocrática de los humores, se difundió, probablemente,

desde Grecia hacia otras culturas de Oriente y Occidente gracias a los

mercaderes árabes y a los conquistadores españoles, lo que impregnó de

estos principios la medicina popular de muchas culturas.

Hoy día, muchas de las consideraciones relativas a la necesidad de

mantener el equilibrio entre lo caliente y lo frío se encuentran fuertemente

arraigadasen las culturas latinoamericanas, así como en la India y en la

China.

En la India, la clasificación de los alimentos

en fríos y calientes refleja esa concepción

dualista pero compleja. Las leches calientes

no se suministran en la infancia, y sí la

materna y el yogur.

¿A qué tipo de experiencia puede responder

esta clasificación?

Los diferentes tipos de leche presentan diferencias muy fuertes en

cuanto a la cantidad de lactosa que contienen: alta en la leche

de búfalo y de vaca (calientes), escasa en la de cabra, casi

inexistente en el yogur, y del todo ausente en la leche materna

(frías).

Teniendo en cuenta el alto porcentaje de personas intolerantes

a la lactosa, la clasificación en leches frías y calientes podría

deberse a un fenómeno experimental. Si a determinadas

personas se les diera leches calientes (con alto contenido en

lactosa) podría producirles vómitos, mientras que no los sufrirían

quienes no la ingirieran. De esta forma, esta experiencia podría

haberse recogido en la ideología y en sus sistemas de percepción y

clasificación.

Hasta finales del siglo XVIII la farmacopea contenida en los tratados médicos científicos era poco más que un inventario de plantas con virtudes medicinales varias. Así pues, muchos de los ingredientes de la farmacopea tradicional fueron, en gran medida, las plantas y las especias que se utilizaban en la condimentación de los alimentos; en cualquier caso, sujetas, cómo no, a las fluctuaciones de la moda. Ej. el azúcar.

Durante la antigüedad, el azúcar constituyó una rareza exótica. Hasta finales de la Edad Media (s. XV), su uso fue extremadamente restringido y se despachaba “sólo en farmacias”, a un precio que se correspondía con las virtudes curativas, casi milagrosas, que la imaginación le atribuía. Su propio uso como medicamento desacreditaba al azúcar como alimento y, a su vez, era clasificado en la categoría de las drogas sospechosas.

En el siglo XVII, el azúcar todavía constituía un género de lujo, utilizado para regalos refinados. A partir del siglo XIX, sin embargo, los usos se generalizan y pasa a intervenir en numerosas preparaciones salubres, consideradas muy apropiadas para las necesidades de las personas enfermas, infantes y ancianas. Poco a poco, el azúcar fue adquiriendo en la cocina occidental el papel de condimento universal. Contribuyó, asimismo, a vulgarizar el uso del café, del té, del chocolate y de toda una serie de bebidas calientes o refrescantes de las que corregía su amargura y acidez manteniendo su perfume. Sus propiedades antisépticas se utilizaron para preparar conservas, confituras y frutas confitadas. En los últimos años estamos asistiendo a una cierta caída de la valoración dietética del azúcar

CREENCIAS SEGÚN CARACTERÍSTICAS PERSONALES

Existe también otra serie de creencias relativas al valor de determinados alimentos y a la conveniencia de los mismos según el sexo, edad o particulares circunstancias por las que atraviesan las personas. Veamos algunos ejemplos (Farb y Armelagos, 1985).

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