introduccion a textos LEOPARDI, Apuntes de Idiomas. Universitat de València (UV)
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Asignatura: Li, Profesor: Andrea Bombi, Carrera: Lenguas Modernas y sus Literaturas, Universidad: UV
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Giacomo Leopardi (Recanati, Estados Pontificios, 1798 - Nápoles, Reino de las dos Sicilias 1837) Escritor

italiano. Educado en el ambiente austero de una familia aristocrática provinciana y

conservadora, manifestó precozmente una gran aptitud para las letras. Estudió en

profundidad a los clásicos griegos y latinos, a los moralistas franceses del siglo XVII y

a los filósofos de la Ilustración. A pesar de su formación autodidacta, impresionó muy

pronto a los hombres de letras y los filólogos de su tiempo con su erudición y sus

impecables traducciones del griego. Su frágil salud se resintió gravemente a causa de

esa dedicación exclusiva al estudio.

La lectura de los clásicos despertó su pasión por la poesía y formó su gusto.

En Discurso de un italiano sobre la poesía romántica (Discorso di un Italiano intorno

alla poesia romantica) tomó partido por los clásicos en la disputa que planteaba el

romanticismo, argumentando que la poesía clásica establece una intimidad profunda

entre el hombre y la naturaleza con una simplicidad y una nobleza de espíritu

inalcanzables para la poesía romántica, prisionera de la vulgaridad y del intelectualismo

modernos. El tema del declive político y moral de la civilización occidental y, en

particular, de Italia, es central en sus primeros poemas, que pasaron a formar parte de

los Cantos (Canti, 1831), obra que pone de relieve el divorcio del hombre moderno y la

naturaleza, considerada como única fuente posible de amor.

A partir de 1817 mantuvo una asidua relación epistolar con Pietro Giordani, que fue a la

vez su mentor y amigo. También en ese período inició la redacción de su

ensayo Zibaldone, en el que trabajó durante años, precisó progresivamente lo que él

llamaría su «sistema filosófico» y elaboró el material literario que le serviría para sus

obras mayores. Ese trabajo de introspección favoreció el desarrollo de su faceta lírica e

intimista, que se expresa en versos de gran musicalidad: entre 1819 y 1821 compuso

los Idilios (Idilli). Leopardi elaboró un lenguaje poético moderno que, asumiendo la

imposibilidad de evocar los mitos antiguos, describe las afecciones del alma y el paisaje

familiar, transfigurado en paisaje ideal.

A partir de 1825 residió en Milán, Bolonia, Florencia y Pisa y se acercó a los medios

políticos liberales. Tras la revolución de 1831 fue elegido diputado de las Marcas en la

Asamblea Constituyente de Bolonia, pero, tras perder su confianza en el movimiento

liberal, renunció a su escaño; su crítica a los liberales la expresó en la

obra Paralipómenos de la Batracomiomaquia (Paralipomeni della Batracomiomachia,

1834). Entre 1833 y 1837 residió en Nápoles, en casa de su amigo Antonio Rainieri.

Los Zibaldone de pensamientos (Zibaldone dei pensieri), en los que trabajó desde el

verano de 1817 hasta 1832, se publicaron póstumamente en 1898; se trata de un

conjunto de notas personales en las cuales anota sus ideas acerca de la literatura, el

lenguaje y casi cualquier tema de política, religión o filosofía, y en las que refleja su

original recepción de los debates de su tiempo. Como poeta, su estilo melancólico y

trágico recuerda inevitablemente a los románticos, pero su fondo de escepticismo, su

expresión precisa y luminosa y el pudor con que contiene la efusión de sentimientos le

acercan más a los clásicos, tal como él mismo deseaba.

Los escritos de Leopardi se caracterizan por un pesimismo profundo y sin lenitivos: es

una voz que grita el desamparo del ser humano y la crueldad de una natura

naturans implacable, que le azuza desde su propio nacimiento hasta más allá de la

muerte. En este valle de lágrimas, Leopardi se aferra, a pesar de todo, a tres consuelos:

el culto de los héroes y de un pasado glorioso, pronto sustituido por el de una edad de

oro, que le emparenta con Hölderlin; el recuerdo del juvenil engaño antes de la brutal

irrupción de "la verdad" y la evocación de una naturaleza naturata, de un paisaje

brumoso y lunar donde al anochecer se escucha siempre perderse o acercarse por un

camino la canción melancólica de un carretero.

Como un infante, con asiduo anhelo / fabrica de cartones y de hojas / ya un

templo, ya una torre, ya un palacio, / y apenas lo ha acabado, lo derriba, /

porque las mismas hojas y cartones / para nueva labor son necesarias; / así

Natura con las obras suyas, / aunque de alto artificio y admirables, / aún no las

ve perfectas, las deshace / y los diversos trozos aprovecha. / Y en vano a

preservarse de tal juego, / cuya eterna razón le está velada, / corre el mortal y

mil ingenios crea / con docta mano; que a despecho suyo, / la natura cruel,

muchacho invicto, / su capricho realiza, y sin descanso / destruyendo y

formando se divierte. / De aquí varia, infinita, una familia / de males incurables

y de penas / al mísero mortal persigue y rinde; / una fuerza implacable,

destructora, / desque nació lo oprime dentro y fuera / y lo cansa y fatiga

infatigada, / hasta que cae en la contienda ruda / por la impía madre opreso y

enlazado... (Palinodia al marqués Gino Caponi)

Leopardi siente un profundo desprecio por los falsos consuelos del pensamiento

progresista y por el contrario siente una piedad infinita por el deseo de felicidad que

los mueve y la huérfana estirpe humana, que le lleva a la compasión y a la

solidaridad.

El género humano no creerá nunca no saber nada, no ser nada, no poder llegar

a alcanzar nada. Ningún filósofo que enseñase una de estas tres cosas habría

fortuna ni haría secta, especialmente entre el pueblo, porque, fuera de que todas

estas tres cosas son poco a propósito para quien quiera vivir, las dos primeras

ofenden la soberbia de los hombres, la tercera, aunque después de las otras,

requiere coraje y fortaleza de ánimo para ser creída. ("Il genere umano non

crederà mai né di non saper nulla, né di non essere nulla, né di non aver nulla a

sperare. Nessun filosofo che insegnasse l'una di queste tre cose, avrebbe fortuna

ne farebbe setta, specialmente nel popolo: perché, oltre che tutte tre sono poco a

proposito di chi vuol vivere, le due prime offendono la superbia degli uomini, la

terza, anzi ancora le altre due, vogliono coraggio e fortezza d'animo a essere

credute", Diálogo entre Tristán y un amigo)

Asume con dignidad la angustia y la protesta del hombre ante un infinito sordo y

amenazador, como aparece en su poema metafísico más famoso, «El infinito», o en otro

de sus poemas memorables, «A sí mismo». Al final de sus días, sin embargo, atenuó ese

pesimismo de forma parecida a como Ludwig van Beethoven lo hizo en su Testamento

de Heiligenstadt, y así aparece en su poema «Palinodia» dirigido al marqués Gino

Capponi, pero cerrado sin embargo por una cabal ironía.

Sus poemas, recogidos en I Canti (Cantos, 1831) poseen una notable perfección formal,

una forma neoclásica y un contenido romántico; en sus comienzos atrajo la atención del

público a través de su oda patriótica Agli italiani (1818), pero hoy en día es reconocido,

en cambio, por ser el mayor poeta lírico de la Italia del siglo XIX. Los Cantos tienen

tres tramos muy diferenciados. Uno primero más neoclásico, muy influido por los

clásicos grecolatinos y Dante y Petrarca; un segundo donde está el Leopardi más puro,

más intenso, con los poemas más bellos, y un tercero marcado por el pensamiento y la

poesía reflexiva. Esta tercera parte es la que más le interesó a Unamuno, quien tradujo

«La retama», la flor del desierto, uno de los poemas más conocidos del poeta italiano.

Es así que en su obra Del sentimiento trágico de la vida, Unamuno incluye aquella

denominación que hace Leopardi de la naturaleza: «Madre en el parto, en el querer

madrastra».

Leopardi, es considerado un escritor del romanticismo ya que sigue un estilo

melancólico y trágico. Sin embargo, su expresión precisa y luminosa y el pudor con que

contiene la efusión de sentimientos le acercan más a los clásicos.

OBRAS DE LEOPARDI.

Canzoni (1824) Primer gran libro de poesía, Leopardi como poeta ético y civil. La obra

consta de diez composiciones escritas entre 1818 y 1823 y se encuentran en orden

cronológico. Dentro de esta obra se encuentra la oda patriótica All'Italia que atrajo la

atención del público.

Versi (1826) → En él se incluye el poema L'infinito. Dentro de esta obra, Leopardi

recoge idilios (Entre ellos L’infinito), elegías, sonetos, epístolas y tres cantos. Los

poemas de este libros poseen una notable perfección formal, una forma neoclásica y un

contenido romántico.

Opúsculos morales (1827) → Son, en su mayor parte, cortos diálogos en que aparecen

expuestas las ideas de Leopardi acerca de la desesperación. Consisten en monólogos

que cuentan lo dura que ha sido la vida con él mismo.

Canti (1831) → En él se incluye el poema A Silvia. Esta obra tiene una estructura

tripartita con Canciones, Idilios y Cantos pisano-recanateses. Se compone de 23 obras,

muchos de estos ya publicados anteriormente como All’Italia. El tema principal de de

algunos de los textos de este libro es una vulgarización sobre las mujeres.

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