juego perfecto-Jaci Burton, Otro de Literatura Clásica. Universidad Privada San Juan Bautista
lizhita-sakana-dh
lizhita-sakana-dh2 de junio de 2017

juego perfecto-Jaci Burton, Otro de Literatura Clásica. Universidad Privada San Juan Bautista

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Jaci Burton - El Juego Perfecto- Play By Play I - Las Ex 45

El Club de las Excomulgadas

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Agradecimientos

Al Staff Excomulgado: A Nelly Vanessa por la Traducción,

a AnaE, Puchunga y Taratup por la Corrección, De Nuevo a

AnaE por la Diagramación, Dannen por la Corrección de la

Traducción y a Kiti08 por la Lectura Final de este Libro

para el Club de Las Excomulgadas…

A las Chicas del Club de Las Excomulgadas, que nos

acompañaron en cada capítulo, y a Nuestras Lectoras que

nos acompañaron y nos acompañan siempre. A Todas….

Gracias!!!

El Club de las Excomulgadas

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Argumento:

El profesional de Futbol Americano Mick Riley es toda una estrella dentro del

campo y en la alcoba… Aunque una sexy, y decididamente madre soltera

podría ser la única en hacerlo perder un juego...

Durante años, Mick ha sabido aprovechar al máximo la vida a disposición de

un deportista profesional: la fama, la fortuna, y a una chica diferente en cada

ciudad. Pero cuando conoce y se relaciona con la hermosa organizadora de

eventos, Tara Lincoln, quiere mucho más que la típica relación de una noche.

Lástima que Tara no esté interesada en conocer mejor al más notorio playboy

del fútbol.

Como la madre soltera de un hijo adolescente, lo último que necesita Tara es el

estilo de vida del jet set de Mick Riley, a pesar de que su ardiante y apasionada

aventura de una noche fue inolvidable. La vida de Tara es bastante complicada

ya, como para meterse de lleno en la fama como la última adquisición de Mick.

Tara jugó al juego del amor una vez y perdió mucho, y no tiene intención de

vivir de nuevo la experiencia, sobre todo con un rompecorazones como Mick.

Pero cuando Mick se propone ganar, nada lo detendrá. Y tiene en mente la

jugada perfecta para atrapar a su seductora picara.

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Capítulo 1

El sudor vertía por el rostro y los brazos de Mick Riley. El entrenamiento de

campo que había soportado sólo pateó su siempre amado trasero una vez más.

Se apoyó contra la pared del vestuario, los fríos ladrillos y el agua congelada en

sus manos no lo ayudaba en nada a bajar su temperatura. Estaba caliente y

sudoroso, y fue golpeado y tirado al suelo tantas veces que probablemente se

devoró la mitad de la tierra del campo de juego.

Estaba agotado y no estaba de ánimo para la maldita fiesta esta noche. Lo que

realmente quería hacer era tomar una ducha de agua fría, irse a casa, y pedir

una pizza. En su lugar, tenía que ponerse esmoquin y sonreír, y pasar el rato en

un salón de baile con el resto de su equipo, el San Francisco Sabers de la Liga

Nacional de Fútbol1. Habría fotógrafos, cámaras de televisión, y,

probablemente, una horda de mujeres que querrían colgársele.

Años atrás habría sido el alma de la noche.

Ya no era así.

¿Cuándo se cansó tanto de todo eso? Infiernos, ¿Cuándo había envejecido?

Se quitó la camiseta de entrenar y la arrojó al suelo, se quitó los protectores y

exhalo un suspiro de alivio, después tomó una toalla y se secó el sudor de la

cara. Se desató el pantalón, apuró el agua de su envase y fue a la fuente para

volver a llenarlo.

1 Nota de la LF: Este libro está lleno de terminología relacionada con el futbol americano si deseas sea saber en cosiste y

mas sobre el este juego puedes entrar aquí http://www.todofutbolamericano.com/ o aquí

http://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%BAtbol_americano

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Fue entonces cuando oyó una voz fuera de la habitación. La

voz de mujer.

¿Qué estaba haciendo una mujer allí? Abrió la puerta y vio a una hermosa rubia

de pie a unos metros del pasillo, girando en círculos y murmurando para sí

misma. Hombre, era toda una visión con su falda de negocios acariciando sus

rodillas, sus tacones altos mostrando sus hermosas piernas, y una tiesa blusa

blanca con una tira que levantaba sus cabellos. Toda correcta y formal, que le

causaron sucios pensamientos sobre cómo quitarle la almidonada camisa blanca

y zarandeársela toda.

"Debí haber ido a la izquierda. Sé que era a la izquierda. Tonta, ahora estarás

perdida en esta caverna para siempre y serás despedida."

Él se apoyó contra la puerta mientras ella miraba por el largo pasillo, golpeando

su zapato de tacón alto murmurando algo más.

"¿Dónde diablos está la oficina, de todos modos? No puede estar en el maldito

sótano de este lugar."

"No, no está aquí abajo".

Ella se volvió, aparentemente avergonzada de ser atrapada hablando consigo

misma. Sus ojos se abrieron por una fracción de segundo, después se dirigió

hacia él. "Oh. Gracias a Dios. Un ser humano viviente. ¿Me puedes ayudar?

Estoy tan perdida."

“Claro. ¿Necesitas ir la oficina?"

"Sí".

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Ella se detuvo frente a él, y olía tan malditamente bien—como

a primavera, bizcochos o algo—eso lo hacía avergonzarse,

porque estaba seguro de que él no olía a nada atractivo.

"Gira a la derecha, luego en el primer pasillo a la izquierda. Encontrarás los

ascensores. Aprieta el botón del piso superior. Al bajar, gira a la izquierda y ve

al final del pasillo. La oficina principal está allí."

Lo estudió, luego le dedicó una amplia sonrisa. "Eres mi héroe. Tuvo miedo de

perderme aquí para siempre y nunca tener estos contratos firmados. Tengo que

correr. ¡Gracias!"

Ella se volvió y corrió prácticamente por el corredor, cómo podía hacerlo con

esos zapatos era algo que nunca entendería sobre las mujeres.

Sí que era hermosa, pero no en la forma en la que estaba acostumbrado. No era

demasiado alta, así que su belleza era natural. No era la clase de mujer que por

lo general perseguía. Tal vez eso era lo que le gustó de ella.

Y él no se molestó siquiera en presentarse. O conseguir su nombre.

Era una pena, porque podría haber jurado que hubo una chispa entre ellos.

Por otra parte, podría haber sido sólo su imaginación. Sólo necesitaba un

bofetón de agua fría para bajar su temperatura corporal. Hoy tenía demasiado

calor.

Él volvió a entrar, agarró su toalla, y se dirigió a la ducha.

Mientras el evento se desarrollaba, Tara Lincoln pensó que éste podría ser el

mejor que jamás hubiera organizado. Y sería mejor que lo fuera, porque si

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podría conseguir más trabajo, y El Toque Perfecto necesitaba

todos los negocios que pudiera conseguir.

Organizar la fiesta de verano de inicio de temporada para el equipo de Los San

Francisco Sabers fue un golpe de suerte. El asistente del dueño obtuvo su tarjeta

del grupo habitual que organizaba sus eventos, ya que estaban ocupados en la

fecha en que querían tener esta fiesta.

Le tomó cuatro meses de trabajo casi sin parar, pero mientras Tara giraba otra

vez alrededor del salón de baile, aprobó con satisfacción. Lo habían logrado.

Desde las brillantes y sencillas decoraciones del equipo de la NFL, el increíble

tentempié, puestos en las asombrosas barras, todo era perfecto, y todo el mundo

parecía estar teniendo un buen momento.

Tara se mezcló, escuchando a escondidas, discretamente, para estar a sólo

segundos de oír hablar de algún desastre, para responder cualquier pregunta, o

ayudar por si alguien la necesitaba. Hasta ahora, todas las crisis fueron

pequeñas. Ella controlaba el surtido del bar, también el servicio comprobando

que la comida estuviera caliente y que fuera abundante, merodeado alrededor

de las multitudes. Nadie se quejaba y los rostros sonrientes a su alrededor le

decían que todo el mundo estaba centrado en lo que deberían centrarse: en el

fútbol y en pasar un buen rato… lo que significaba que podía dar un paso atrás

y simplemente observar.

La banda había comenzado, la multitud era densa en la pista de baile, los

medios de comunicación estaban presentes tomando imágenes de los jugadores

estrellas, los entrenadores estaban dando entrevistas, y por primera vez esta

noche, Tara exhaló mientras se apoyaba en las ventanas de cristal que iban

desde el suelo al techo, que mostraban la hermosa ciudad.

"¿Por qué no estás ahí bailando?"

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Levantó la mirada y vio un magnífico pedazo de hombre,

vestido de traje, que se había detenido frente a ella. Con

cabello negro y sorprendentes ojos azules, sabía exactamente quién era: Mick

Riley, el mariscal de campo estrella del San Francisco, y su salvador desde el día

de hoy.

Estuvo tan nerviosa después de haberse perdido en el sótano de las

instalaciones de entrenamiento del equipo que ni siquiera reconoció quién era

hasta que el ascensor la llevó a la planta superior. Está bien, no sólo la había

sacudido, sino que fue como un pequeño lengüetazo. ¿Quién no lo estaría

cuando se enfrentaba a un trozo de músculo sin camisa, sudado y magnífico?

Un regalo de Dios para las mujeres. Dios mío, se había visto sexy. Por desgracia,

lo único que había podido hacer en ese momento era preguntarle por

indicaciones.

Idiota.

Pero luego la sinapsis se disparó en ella y se dio cuenta de con quién estuvo

hablando.

Mick Riley. “El Mick Riley”. Todos los que vivían ahí sabían quién era. Todos los

que veían fútbol lo conocían también, sin importar donde vivieran. Sus

contratos de patrocinio lo ponían en todos los televisores de Estados Unidos, y

probablemente también del extranjero, vendiendo una variedad de productos

desde desodorantes a herramientas eléctricas. Era un ícono, todo un Americano

con una historia exitosa. Y además malditamente bien parecido.

"Nos conocimos temprano hoy", dijo.

"Sí, lo hicimos. Y gracias de nuevo por las indicaciones de cómo llegar a la

oficina."

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"No hay de qué. Y entonces, ¿Eres una invitada aquí esta

noche?"

Ella le sonrió. "No. No soy una invitada."

Él arqueó una ceja. "Una colada en la fiesta ¿eh?"

Ella se echó a reír. "No, soy la organizadora de eventos."

"¿Es cierto? Has hecho un buen trabajo."

Oh, cielos, se estaba calentando por todas partes. "Gracias. Me alegro de que lo

creas."

"No que es que sepa mucho acerca de organizar una fiesta lujosa, pero me gusta

comer, y la comida es buena. Hay un montón de bebidas alcohólicas de marca

detrás del bar y la banda esta pateando culos."

Bueno, las mejillas le dolían por sonreír tanto. "Gracias de nuevo."

Ahora bien, si él solo se limitara a decirle todas esas cosas a Irvin Stokes, el

dueño del equipo. Eso supondría un largo camino para consolidar su futuro.

"¿Hasta qué hora tienes que trabajar?"

Ella inclinó la cabeza hacia atrás y frunció el ceño. ¿Estaba queriendo salir con

ella? Recorrió la multitud, quedándose ciega por toda la impresionante belleza

femenina en el salón, muchas de las cuales tenían sus miradas en Mick. Sin

duda, Tara estaba juzgando erróneamente su cortesía con algo más.

"Me quedo hasta que la última persona se vaya a casa."

Él rió y su tono ronco oscuro se deslizó por su espalda. "Cariño, podrías estar

toda la noche, entonces. Estos tipos saben cómo terminar una fiesta."

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Era lo que esperaba, fue por eso por lo que dijo al hotel que

quería el salón durante toda la noche y había garantizado

horas extras para la banda y más para el personal del restaurante y del bar.

"Hago lo que hay que hacer".

"Y te ves muy bien haciéndolo. ¿Cómo es que no estás usando uno de los trajes

de mayordomo o un delantal blanco?"

"Sólo soy la organizadora del evento. Todos los demás hacen el verdadero

trabajo."

"Así que te vistes, supervisas, te aseguras que cada jugada no pierda el balón."

"Algo así."

"Y te ves bien en caso de que alguien quiera hablar contigo de contratarte para

otra fiesta."

"Perceptivo, ¿eh?"

"Y luego dicen que los futbolistas son tontos."

A ella le gustaba este tipo. Era divertido e inteligente, pero todavía no entendía

por qué estaba hablando con la obrera cuando la crema y nata entera estaba

aquí.

"Probablemente debería seguir con mi trabajo", dijo.

"¿Alguien te ha llamado por el auricular o ha gritando pidiendo ayuda?"

"Bueno... no."

Él echó un vistazo al salón de baile. "¿Algo se ha incendiado en algún lugar o

algún chef está muy nervioso y necesita un Valium?"

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Sus labios se curvaron. "No."

Él se acercó a ella y le tomó la mano, después deslizó su brazo en el suyo.

"Entonces realmente no tienes que irte, ¿verdad?"

“Supongo que no."

"Bien. Soy Mick Riley."

"Tara Lincoln."

"Encantado de conocerte, Tara Lincoln." La encaminó lejos de la multitud, fuera

del salón de baile.

"Yo realmente debería..."

"Tienes un comunicador en el centro de tu oreja. Si surge algo, alguien te

llamará. Y tu trabajo es asegurarse que los invitados estén contentos, ¿no?"

"Sí".

"Soy un invitado, y me gustaría salir de este maldito salón de baile y hablar

contigo. Lo que significa que estás haciendo tu trabajo al asegurarte que estoy

feliz."

Muy cierto, aunque por alguna razón se sentía como si hubiese sido

sorprendida por el guarda línea. Y ahora qué ¿Estaba pensando en términos de

fútbol?

Él se sentó en uno de los acolchados bancos del vestíbulo exterior, más allá del

salón de baile. Tuvo que admitir que se sentía felizmente tranquila lejos del

ruido de la fiesta. Y, oh, lo que no daría por ser capaz de quitarse los tacones

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por tan sólo unos minutos. Pero para verse a la moda eran

necesarios, incluso si le dolía. "¿Por qué no estás dentro de la

fiesta con tus compañeros de equipo?"

Él se encogió de hombros. "Necesitaba un descanso."

"¿Necesitabas un descanso de esta increíble fiesta que yo organicé?"

"Tu fiesta está muy bien," dijo, inclinándose hacia atrás y apoyando su brazo

sobre el respaldo del banco. "No soy la de la clase al que le gustan las fiestas.

Estar de pie alrededor pescando charlas simplemente no es lo mío."

"Y sin embargo te veo en las revistas en casi todos los grandes eventos de

Nueva York y Los Ángeles y de aquí en San Francisco. Justo en el centro de

todo, por lo general con alguna hermosa mujer a tu lado."

Sus labios se curvaron en una sonrisa devastadoramente sexy que hizo a su

vientre temblar. "Eso son sólo relaciones públicas, cariño."

"Ah. Eso no es lo que dicen los tabloides".

Ella sintió la caricia de su brazo contra su espalda. Muy desconcertante.

"No me digas que compras esa basura".

"No me digas que todas aquellas mujeres con las que has estado saliendo en los

últimos diez años han sido sólo lindos trofeos y nada más."

"Está bien, me has atrapado ahí. Aunque nunca he estado seriamente

involucrado con ninguna de ellas."

"Así que ¿Estás diciendo que eres un ‘hombre fácil’?"

Él ahogó una carcajada. "Wow. No te guardas nada, ¿verdad?"

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Ella sonrió. "Sólo digo lo que veo".

"No creas todo lo que ves en la televisión y lees en las revistas. Eso no es lo que

soy."

"En serio. ¿Y quién eres?"

"Sal conmigo después de que esto termine, y puedes averiguarlo."

Esto definitivamente la había sacudido. Sin lugar a duda. Y no tenía idea de por

qué. Pero sin embargo, se sentía bien. El mariscal de campo estrella, bien

parecido, y había pasado mucho tiempo desde que un hombre le prestó

atención. Además, había muchas mujeres dentro de ese impresionante salón de

baile, y por alguna razón la había elegido a ella. Su ego subió sólo unos pocos

escalones. Bueno, tal vez habían subido a la cima de la escalera.

Nada saldría de eso, por supuesto, pero tendría su atención unos pocos

momentos más.

"No lo entiendo, Mick. ¿Por qué yo?"

"Porque tú eres real."

"¿Y todas esas mujeres en el interior del salón de baile no lo son?"

Él sonrió. "Prácticamente sí, claro. Pero es tiempo de que regrese en serio

trabajar. Y qué mejor manera de terminar con mi tiempo libre que con una

mujer que esa honesta y no una fans del equipo."

"Tuviste pasada una gran temporada. Enhorabuena. Pero no puedo imaginar

que no disfrutarías pasar tu tiempo fuera, disfrutando de la gloria de una bella

actriz o modelo o de alguien que te ayude a relajarte."

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"Gracias. Tuvimos una temporada genial. Y tengo un agente

de primera al que le gusta arrojarme a esas modelos de

portadas y cualquier ardiente actriz hacia mí. Dice que es bueno para mi

imagen, ya sabes."

Ella se echó hacia atrás para estudiarlo. "Sí, puedo ver la forma en que te las

puso frente y en centro de las noticias del espectáculo. Y tal vez consiga que

vayan más personas a tus juegos."

"Exactamente. Pero es fastidioso. Y tal vez no es igual que estar con alguien

que no es…"

"¿Famosa? ¿Qué no tiene contactos? ¿No te va a arrastrar a la portada de los

tabloides?”

Él se echó a reír. “Algo así. Alguien con quien sólo puedo hablar, mantener una

conversación real. Estar con ella porque sólo quiere estar conmigo, no porque es

bueno para su carrera."

Ella había envidiado siempre a gente como Mick Riley y a las mujeres colgadas

de su brazo. Tal vez no debería haberlo hecho. "No suena como si te estuvieras

divirtiendo mucho".

"Oh, en el campo de juego tengo un montón de diversión. Fuera del campo..."

"Oh, vamos. No puede ser tan difícil tener que estar con todas esas hermosas

mujeres."

Su pecho se elevó cuando inhaló, y Tara deseó que no llevara esmoquin. Vio

todos sus músculos. Con su uniforme, Mick era algo digno de contemplar.

Tenía un increíble cuerpo de atleta. Esa tarde, cuando se había topado con él en

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el vestuario, Wow. Ella no sabía que había cuerpos tan

esculpidos. Tuvo que admitir que no le importaría una

inspección más cercana. ¿Eso la hizo engullir?

Probablemente.

"La mayoría de la gente no entiende por qué me quejo por salir con la modelo

que estuvo en la portada de Sports Illustrated, o con una popular actriz sin un

solo defecto. A veces me pregunto por eso yo mismo."

"No siempre se trata de la apariencia. Por supuesto, la atracción física es lo que

se pone en primer lugar. Pero tiene que haber algo más allá que te haga desear

quedarte allí."

Él inclinó la cabeza hacia un lado. "Tú lo entiendes."

"Por supuesto. Me gusta un hombre bien parecido tanto como a cualquier

mujer. Pero tiene que haber alguna sustancia más allá de su genial aspecto.

Algo que me mantenga regresando por más. De lo contrario te quedas con una

sensación de vacío."

"No tengo este tipo de conversaciones con las mujeres que conozco."

"¿Lo has intentado?"

"¿Quieres decir si puedo tratar de hablar con ellas más allá de tener sexo?"

"Sí."

“Sí, lo he hecho. No he llegado muy lejos. Están más interesadas en hablar sobre

sí mismas y sus carreras. No pasa demasiado tiempo antes de que me aburra y

salga por la puerta."

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Ella le sonrió. "Tal vez no has conocido a la mujer adecuada."

"Probablemente porque nunca la he buscado." El se puso de pie y le tendió la

mano. "Vamos a bailar".

Una oleada de pánico la golpeó. "Oh, no puedo."

"¿Por qué no?"

"Una vez más, porque estoy trabajando."

“Y una mierda." Tiró de ella, y no pudo hacer nada cuando abrió la puerta y la

condujo de vuelta al salón de baile, a través de la multitud, hasta la pista. La

atrajo hacia él, deslizó su brazo alrededor de su espalda, y la acercó más.

Que tiempos. Era una canción lenta. Las luces estaban atenuadas, y las parejas

se presionaban íntimamente una contra la otra. Ella se encogió, segura de que

era el centro de atención, pero cuando dio un rápido vistazo alrededor, nadie

parecía estar mirándolos. Tal vez no era raro que Mick pescara mujeres al azar y

bailara con ellas. Rezó porque los medios de comunicación estuvieran

entrevistando a otra persona o le estuvieran tomando fotografías a Katrina

Strauss, la última ‘Chica Hollywood’. Tal vez estaría a salvo de las cámaras por

lo menos.

Pero Tara estaba segura de que en cualquier momento alguien de la gerencia la

arrastraría fuera de la pista de baile y la amonestaría. Trató de buscar en el

salón al señor Stokes o a su asistente o a cualquier persona más de su personal,

pero la pista estaba demasiado llena de gente.

"Oye, ¿te puedes relajar?"

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Ella dejó de mirar y volteó hacia Mick. "¿Qué? Oh, lo siento.

Me siento algo culpable."

"¿Por bailar?"

"Tú estás aquí para celebrar. Yo estoy aquí para trabajar".

Él deslizó su mano hasta su espalda y ella deseó no haberse puesto un vestido

tan revelador. La sensación de su tibia mano contra la piel desnuda de su

espalda la hizo pensar con claridad que eso era casi un imposible.

"Estás trabajando. Estás manteniendo a los invitados felices."

"Ja. Estoy manteniendo a un invitado feliz."

"El resto de los invitados no parecen miserables. Relájate.” La acercó más y se

balanceó con ella alrededor de la pista de baile. Tenía un ritmo decente para

alguien tan grande. Ella esperaba que un jugador de fútbol fuera más torpe,

pero él se movía a su alrededor como si supiera lo que estaba haciendo.

"Bailas muy bien."

"Tomé clases de ballet."

Ella inclinó la cabeza hacia atrás para buscar en su rostro, segura que estaba

bromeando. "No lo hiciste."

"Lo hice. Varios de nosotros, en el equipo, lo han hecho. En bueno para la

coordinación."

Resistiéndose a la risa que brotaba de su garganta, ella dijo, "De alguna manera

no puedo imaginarte en mallas y tutú."

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Pero él rió. "Nos aseguramos que nadie con una cámara

estuviera a pocos kilómetros del estudio."

Cuanto más tiempo pasaba con él, más le gustaba. Maldita sea. ¿Por qué no era

un arrogante hijo de puta, atiborrado de ego y que hablaba de nada más que de

su carrera y sus estadísticas? Sería mucho más fácil alejarse de él si fuera

alguien absorbido en sí mismo. Pero no sólo era hermoso, era también divertido

y estaba interesado en ella y en su carrera, y le gustaba pasar el tiempo con él.

¿Y cuánto tiempo transcurrió desde que había bailado con un chico? No podía

recordarlo. Eso significaba que sucedió hace mucho tiempo. Se sentía bien a

sentir una mano caliente en su espalda y otra para abrazar su otra mano en la

suya, sentir la presión de sus muslos contra los de ella mientras, como un

experto, guiaba sus pasos y se movía alrededor de la pista de baile. Olía bien,

como a pino y a aire libre. Ella se inclinó un poco y lo inhaló, sorprendida por

su tamaño.

Y cuando la inclinó, deslizándola por su cuerpo al final del baile, sus labios se

abrieron y dejó escapar un pequeño jadeo. "Apuesto a que no aprendiste eso en

la clase de ballet."

Él regresó a su posición vertical, con un brillo perverso en sus ojos. "No se lo

digas a nadie, pero mi mamá es una maestra de baile. Podría haber aprendido

algunas cosas observando sus clases."

"¿Tu madre es profesora de baile? ¿Cómo en un salón-de-baile-para-adultos?"

Él metió su mano en el hueco de su brazo y la llevó a su mesa, luego sacó una

silla para ella y la sentó. "No, del tipo maestra para enseñar-a todos -los niños-

cómo-bailar."

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Ella vio el orgullo en sus ojos y su corazón se derritió un poco.

"Qué maravillosa profesión. Estoy segura de que lo ama."

"Lo hace. A pesar de que se decepcionó al haber tenido dos hijos que preferían

estar al aire libre jugando fútbol y béisbol que convertirse en el próximo

Baryshnikov2."

"Qué triste para ella."

"Ha sobrevivido bien al tener a nuestra hermana pequeña, que se vio obligada a

soportar todas sus clases de baile."

Tara se echó a reír. "¿A ella no le gusta tampoco?"

"Oh, se puso al día con ella de niña, pero prefería estar afuera siendo derribada

por mi hermano y por mí. Es bastante ruda."

Tara se inclinó hacia adelante y puso sus codos sobre la mesa. "Parece que

tienes una gran familia."

"La tengo. ¿Qué pasa con la tuya?"

Ahora había un tema al que no había querido llegar. "Oh, para nada como la

tuya."

"Háblame de ellos."

Sí, eso lo haría huir a toda prisa. "Mi familia no es hogareña como la suya

parece ser."

2 Mijaíl Nikoláyevich Baryshnikov: 27 de enero de 1948, es un bailarín, coreógrafo y actor estadounidense de origen

soviético. A menudo se le reconoce como el mejor bailarín de ballet del mundo. El crítico Clive Barnes una vez le llamó

«el bailarín más perfecto que jamás haya visto.

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Él rió y puso su mano sobre la suya. "No todas lo son, cariño.

No significa que no quiera saber acerca de tu vida."

En realidad, él no quería saber sobre su vida y lo disfuncional que era su

familia. Afortunadamente, el servicio de comida escogió ese momento para

llamarla por un problema. Ella puso su mano en su oreja y se levantó. "Tengo

que irme."

"¿Alguna emergencia?"

“Sí. Gracias por el baile. Fue un hermoso descanso.”

"Regresa cuando termines de ver la crisis".

"Seguro que para entonces habrás encontrado alguna otra amiguita con quien

pasar el rato."

Él se recostó en su silla y tomó un vaso de agua, pero la mirada que le dedicó

provocó que sus brazos tuvieran piel de gallina. "No, no lo haré. Te esperaré."

Ella se apresuró, excitada hasta los dedos de sus pies por Mick Riley. Él sería un

hombre peligroso de llegar a conocerlo mejor. Pero tenía curiosidad, y

trascurrió mucho tiempo desde que cualquier hombre le incitó a esto.

Lamentablemente, no se pudo liberar de nuevo sino hasta horas más tarde. La

cocina se había quedado sin un tipo de carne, el camarero había tenido una

crisis con una camarera que había decidido en el último minuto tener una pelea

con su novio a través de mensajes de texto y había caído en una tormenta de

lágrimas, y Tara tuvo que hacer un par de llamadas frenéticas para lograr

calmar a todos. En el momento en que todo estuvo resuelto, había tenido que

darse de nuevo, otra vuelta, para asegurarse de que no había otros incendios en

erupción.

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La fiesta se había suavizado para entonces. Mucha de la gente

se había ido, y se mantenían sólo un pocos fanáticos. Sin

embargo, la asistente personal del señor Stokes la había detenido y le hacía

dicho que el señor Stokes estaba muy contento con la fiesta, y que era probable

que usara a su compañía otra vez. Ella resistió el grito, que reprimió en la parte

posterior de su garganta, le agradeció calmada, y dijo que estaría feliz de

ofrecer sus servicios para eventos en cualquier momento. Ojala que la

recomendara a los demás. Necesitaba que su negocio creciera.

Otro par de horas, y todo el mundo estuvo fuera. Tara se aseguró que la banda

recogiera y les dio las gracias, así como al personal del bar y a los servicios del

restaurante, por hacer un gran trabajo.

Una vez que todos se fueron, miró a su alrededor el salón vacío, incapaz de

resistir una sonrisa. Lo había logrado. Su primer gran evento, y todo había

salido perfectamente.

Tenía los pies doloridos. Cayó en silla más cercana, se quitó los zapatos, y abrió

una botella de agua mineral que había tomado del bar antes de que cerrara.

Tomó un trago largo y suspiró.

"Pensé que nunca se irían."

Ella se levantó de la silla, medio volteándose para ver pasar a Mick y situarse

frente a la fila de mesas vacías. "Pensé que te habías ido hace horas."

Él sacó la silla frente a ella y se sentó, sorprendiéndola al agarrar sus piernas y

apoyar sus pies en su regazo. "Yo y un par de la línea ofensiva terminamos en el

cuarto del entrenador por un par de horas, refriteando la temporada pasada".

"Oh. ¿Y cómo estuvo?"

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Levantó uno de sus pies y comenzó a frotarle el arco. Ella se

mordió los labios para no gemir por la forma tan agradable en

que se sentía.

"Terminamos culpando a la división del campeonato por la pérdida de la

defensa."

Ella se echó a reír. "Qué conveniente."

Se encogió de hombros. "La defensa estaba probablemente en el cuarto del

coordinador defensivo culpándonos a nosotros, así que ¿por qué no lo

haríamos?"

Quería decirle que lo había extrañado, que por una especie de casualidad lo

había buscado cuando estaba deambulando por el salón, pero no podía

decidirse a admitirlo en voz alta. Sonaba demasiado desesperado. Apenas lo

conocía.

Por otra parte, sus pies estaban en su regazo y estaba dándole un masaje

delicioso en los pies que hacía hormiguear sus pezones y humedecían sus

bragas. ¿Qué le decía esto de ella?

Le decía que California no era el único lugar que estuvo en sequía en los

últimos años. Y aquí estaba sola en un gran salón de baile con un hombre muy

sexy, con unas manos increíbles. Se preguntó qué más podría hacer con esas

increíbles manos.

"No tienes que frotar mis pies."

"Te vi haciendo una mueca de dolor cuando te quitaste los zapatos. Y te oí

suspirar."

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"Ha sido una larga noche en tacones muy altos", dijo con una

sonrisa. "Admito que soy más del tipo de chica pantalones

vaqueros y zapatos bajos."

Él inclinó la cabeza hacia un lado. "Podría definitivamente verte de esa manera.

Soy así también."

"¿De vaqueros y zapatos bajos?"

Él se echó a reír. "Ah, no. Pero este frac me está matando." Se aflojó la corbata

de lazo y se desabrochó dos botones de la parte superior, después se quitó la

chaqueta. "Esto está un poco mejor."

"Si vas a empezar a desnudarte, tal vez debes irte a casa ", bromeó.

"¿Por qué? ¿Nunca has visto un hombre desnudo antes?"

Ella ahogó una carcajada. "No, ese no es el caso. Pero no creo que este gran

mausoleo de salón de baile te ofrecerá la privacidad para quitarte todo lo que te

quieres quitar."

"¿Y cómo sabes lo que me quiero quitar?"

Ella dejó caer su barbilla hacia el pecho y sacudió la cabeza. "Estoy cavando el

hoyo más y más profundo, ¿Verdad?"

"¿Hay algún lugar donde tengas que estar ahora mismo?"

Su cabeza se disparó, y su mirada encontrando la suya. "No. ¿Por qué?"

"Ven conmigo." Puso sus pies en el suelo, se inclinó y alcanzó sus zapatos,

agarró su chaqueta y la colgó en su brazo.

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Tara lo siguió fuera del salón. "¿A dónde vamos? Y ¿No debo

ponerme los zapatos?"

“No. No saldremos del hotel." Él apretó el botón del elevador.

"¿Tienes una habitación aquí?"

"Todo el mundo la tiene. El equipo no quería que los chicos condujeran esta

noche después de la fiesta. Ya sabes, en caso de que hubiera excesos por la gran

cantidad de alcohol que nos has facilitado."

Se acercó mientras él sostenía la puerta abierta a ella. "No recuerdo haberte

visto bebiendo nada excepto agua".

Él se encogió de hombros y apretó el botón. "No hay mucho que beber en

eventos como este. Es una gran oportunidad para hacer un ridículo total en

público. Y a los medios de comunicación les encanta tomar fotos de jugadores

un poco enfiestados."

Ella se volvió hacia él. "¿Prefieres hacerlo en privado, entonces?"

"Ja, ja." Las puertas del ascensor se abrieron y la llevó por el pasillo, sacando la

tarjeta llave de su bolsillo. "Prefiero no hacerlo en absoluto. Saqué todo eso de

mi sistema cuando era más joven."

Abrió la puerta para ella y la sostuvo mientras entraba. Debido a que la fiesta se

había celebrado en uno de los mejores hoteles de San Francisco, la habitación

era agradable. Muy bonita. Un conjunto, en realidad, con una habitación

exterior y un pasillo que debía conducir a la alcoba. Tara se acercó a la ventana

y miró fijamente la hermosa vista de la ciudad, frotándose los brazos.

"¿Tienes frío?"

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Ella medio se volvió hacia él. “Un poco."

Él le puso la chaqueta sobre sus hombros. "Ten esto. Ajustaré la temperatura de

aquí."

Ella movió sus brazos sobre su chaqueta, que era demasiado grande para ella,

pero que al instante la calentó. Su aroma la rodeó de nuevo mientras ponía su

chaqueta a su alrededor. Ella giró hacia él. "Gracias."

"No hay de qué." Sus dedos se quedaron en las solapas de su chaqueta, con sus

nudillos descansando entre sus pechos. A pesar de que la tela separaba sus

manos de su piel, todavía sentía la presión de sus manos allí, y eso la calentaba

más que su chaqueta jamás lo haría. Su corazón comenzó a golpear rápido, y

ella se dio cuenta de que estaba en su habitación, sola. Ella no hacía esto, no iba

ciegamente a las habitaciones de los hombres que no conocía. Y no era

fácilmente cautivada por la fama, por lo que no significaba nada para ella.

¿A dónde se había ido su sentido común?

Mick estuvo con muchas mujeres en su vida. Desde la universidad hasta

cuando fue jugador profesional, las mujeres habían gravitado a su alrededor

como si fuera un irresistible imán. Y nunca había rechazado a una hermosa

mujer que quería meterse en la cama con él.

Así que nunca había tenido que perseguir a una mujer. Hasta esta noche, hasta

que vio a Tara apoyada en la pared del salón de baile, sin participar, sólo

viendo, los destellos de su vestido color champaña reflejando la luz de las

lámparas de araña y de todas las velas que brillaban a su alrededor como si ella

fuera el evento principal en el salón.

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