La Construcción Social de la Realidad..pdf, Otro de Pedagogía. Universidad de Buenos Aires
Martin.Pintos
Martin.Pintos13 de julio de 2017

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La sociología del conocimiento nació con Max Scheler dentro de un contex- to filosófico y en la particular situa- ción intelectual de la Alemania de la década de 1920; estos orígenes hicie- ron que permaneciera durante 'un tiempo como una preocupación peri- férica para la mayoría de los sociólo- gos, sobre todo los anglosajones. Sólo después de un largo debate acerca de su validez, alcance y aplicabilidad, la nueva disciplina penetró, de la mano de Karl Mannheim, en el mundo de habla inglesa. Los dos pensadores mencionados centraron su interés teó- rico en las cuestiones epistemológi- cas, y sus trabajos empíricos se apli- caron a la historia de las ideas. Ber- ger y Luckmann sostienen que esta problemática es ajena a la verdadera esencia de una sociología del conoci- miento digna de tal nombre. Incluir en ella las cuestiones concernientes a la validez del conocimiento sociológi- co "es algo así como querer empujar el coche que uno mismo conduce": el análisis epistemológico desborda el marco de referencia de esta discipli- na. Y con respecto a la historia de las "ideas" (vale decir, de las teorizacio- nes), es sólo una parte, y no la cen- tral, del conocimiento de que partici- pan todos los integrantes de una so- ciedad y que debe ser su verdadero objeto de estudio. El hombre de la calle vive en un mun- do que para él es "real", aunque en grados diferentes, y "sabe", con dis- tintos grados de certeza, que ese mundo posee tales o cuales particu- laridades. El filósofo, por supuesto, se interroga acerca del carácter último de esa "rea- lidad" y de ese "conocimiento". ¿Qué es lo real? ¿Cómo conocerlo? Podría decirse que la apreciación del sociólo- go se ubica en un punto intermedio. Está obligado a indagar si las diferencias

(Continúa en la segunda solapa.)

(Vkne d* la priman aolapaj

entre las distintas "realidades* no pue- den entenderse en relación con las diferencias entre las distintas socie- dades. Debe examinar los modos ge- nerales por los cuales las "realidades* se dan por "conocidas" en fas socieda- des humanas, los procesos por los que cualquier conjunto de conocimientos (y no sólo las teorías o las "ideas" pre- valecientes entre los intelectuales) queda establecido socialmente como realidad. £1 doble carácter de la so- ciedad como "facticidad objetiva" y como "complejo de significados subje- tivos", que orientó respectivamente las teorías sociológicas de Durkheim y de Weber, dio paso —sobre todo a partir de Alfred Schuti, en cuya obra se cimenta la posición de los auto- res— a este nuevo interrogante: ¿Cómo es posible que los significados subjetivos se vuelvan facticidades objetivas? La sociología del conoci- miento debe captar la forma en que cristaliza, para el sentido común del hombre de la calle, una "realidad" ya establecida: debe ocuparse del análi- sis de la construcción social de la rea- lidad.

La construcción social de la realidad

De Peter Berger (comp.) en esta biblioteca

Marxismo v sociología. Perspectivas desde Europa Oriental

La construcción social de la realidad

Peter L. Berger Thomas Luckmann

Amorrortu editores

Biblioteca de sociología The Social Construction ofReality, Peter L. Berger y Thomas Luckmann Primera edición en castellano, 1968; primera reimpresión, 1972; segunda reimpresión, 1974; tercera reimpresión, 1976; cuarta reimpresión, 1978; quinta reimpresión, 1979; sexta reimpresión, 1983; séptima reimpresión, 1984; octava reimpresión, 1986; no- vena reimpresión, 1989; décima reimpresión, 1991; undécima reimpresión, 1993; duodécima reimpresión, 1994; decimotercera reimpresión, 1995; decimocuarta reimpresión, 1997; decimo- quinta reimpresión, 1998; decimosexta reimpresión, 1999; deci- moséptima reimpresión, 2001 Traducción, Silvia Zuleta Revisión técnica, Marcos Giménez Zapiola

Única edición en castellano autorizada por Doubleday & Com- pany Inc., Garden City. Nueva York, y debidamente protegida en todos los países. Queda hecho el depósito que previene la ley n° 11.723. © Todos los derechos de la edición en castellano re- servados por Amorrortu editores S. A., Paraguay 1225, 7o piso (1057) Buenos Aires.

La reproducción total o parcial de este libro en forma idéntica o modificada por cualquier medio mecánico o electrónico, incluyen- do fotocopia, grabación o cualquier sistema de almacenamiento y recuperación de información, no autorizada por los editores, vio- la derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previa- mente solicitada.

Industria argentina. Made in Argentina

ISBN 950-518-009-8

Impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en febrero de 2001.

Prefacio

La presente obra ha sido concebida como un tratado teórico de carácter sistemático sobre sociología del cono- cimiento. Por lo tanto, no pretende ofrecer un panorama histórico de la evolución de esta disciplina o hacer la exégesis de diversas figuras dentro de éste u otros desarrollos de la teoría sociológica, ni siquiera demostrar cómo puede operarse la síntesis entre algunas de esas figuras y desarrollos. Tampoco debe atribuírsele ninguna intención polémica. Se han incluido comentarios críticos sobre otras posiciones teó- ricas (no en el texto, pero sí en las notas) solo cuando pueden resultar de provecho para clarificar la presente argumentación.

La médula de la argumentación se hallará en las Sec- ciones II y III ("La sociedad como realidad objetiva" y "La sociedad como realidad subjetiva"). La primera con- tiene nuestras apreciaciones básicas sobre los problemas de la sociología del conocimiento, y en la segunda esas apre- ciaciones se aplican al nivel de la conciencia subjetiva, con lo que se tiende un puente teórico hacia los problemas de psicología social. La Sección I contiene lo que podría des- cribirse más adecuadamente como prolegómenos filosóficos a la argumentación central, en términos de un análisis feno- menológico de la realidad de la vida cotidiana ("Los fun- damentos del conocimiento en la vida cotidiana"). El lector a quien solo interese la argumentación sociológica propia- mente dicha, tal vez se sienta tentado de pasarlo por alto, pero debe advertírsele que ciertos conceptos esenciales usados en el curso de la exposición se hallan definidos en la Sección I.

Aunque nuestro interés no es histórico, nos hemos sentido

obligados a explicar por qué nuestro concepto de la socio- logía del conocimiento difiere de lo que hasta ahora se ha entendido en general por esta disciplina y de qué manera lo hace. Así lo hemos hecho en la Introducción. Al final apresamos algunas conclusiones para indicar lo que con- sideramos un "corolario" de la presente tarea para la teoría sociológica en general y para ciertos campos de la inves- tigación empírica.

La lógica de nuestra argumentación vuelve inevitables ciertas repeticiones. Por ello, algunos problemas son consi- derados como paréntesis fenomenológicos en la Sección I, se examinan nuevamente en la Sección II ya no como paréntesis y con vistas a su génesis empírica, y finalmente son tomados una vez más en la Sección III en el plano de la conciencia subjetiva. Hemos tratado de que este libro resulte lo más ameno posible, pero sin violentar su lógica interna, y confiamos en que el lector comprenderá el porqué de esas repeticiones que resultan inevitables.

Ibn ul-'Arabi, el gran místico islámico, exclama en uno de sus poemas: "¡Líbranos, oh Alá, del mar de los nombres!" Hemos recordado a menudo esta exclamación durante nuestras propias lecturas de teoría sociológica. En conse- cuencia, hemos resuelto excluir todos los nombres de lo que constituye nuestra argumentación concreta, que ahora puede leerse como exposición continua de nuestra propia posición, sin que se interrumpa constantemente con observaciones del tipo de: "Durkheim dice esto", "Weber dice aquello", "En este punto coincidimos con Durkheim y no con Weber", "Creemos que Durkheim no ha sido bien interpretado en tal cuestión", etc. De cada una de las páginas surge obvia- mente que nuestra posición no ha surgido ex nihilo; pero de- seamos que se la juzgue por sus propios méritos, no por sus aspectos exegéticos o de síntesis. Por lo tanto, hemos ubicado todas las referencias en las notas, y del mismo modo hemos registrado (aunque siempre brevemente) todas las argumentaciones que poseemos junto con las fuentes de las que somos deudores. Esto ha requerido un propor- cionado aparato de notas, lo que no significa que nos hayamos sometido al ritual de la Wissenschaftlichkeit, sino más bien que hemos sido fieles a las exigencias de la gra- titud histórica.

El proyecto cuya realización constituye este libro fue con-

cebido por primera vez en el verano de 1962, en el trans- curso de apacibles coloquios al pie (y ocasionalmente en la cima) de los Alpes de Austria occidental. El primer plan de la obra fue elaborado a comienzos de 1963. En esa época se lo pensó como una empresa en la que intervendrían un tercer sociólogo y dos filósofos. Los otros participantes se vieron impedidos, por diversas razones personales, de in- tervenir activamente en el proyecto, pero queremos hacer constar nuestro agradecimiento por los continuos comen- tarios críticos de Hansfried Kellner (actualmente en la Universidad de Frankfort) y de Stanley Pullberg (actual- mente en la École Pratique des Hautes Études"!.

Lo mucho que debemos al desaparecido Alfred Schutz se pondrá de manifiesto en diversas partes del presente tratado. Sin embargo, desearíamos reconocer aquí la in- fluencia de las enseñanzas y los escritos de Schutz sobre nuestras ideas. Nuestra comprensión de Weber se ha be- neficiado enormemente con las lecciones de Cari Mayer (Escuela para Graduados de la New School for Social Research! ; así también la de Durkheim y su escuela lo ha sido por las interpretaciones de Albert Salomón (también de la Escuela para Graduados de la New School for Social Research"). Luckmann, que recuerda muchas conversaciones provechosas durante un período de clases conjuntas en Hobart College y en otras ocasiones, desea expresar su deuda para con las ideas de Friedrich Tenbruck (actualmente en la Universidad de Frankfort). Berger desea manifestar su agradecimiento a Kurt Wolff (Universidad de Brandéis) y a Antón Zijderveld (Universidad de Leiden) por su per- manente interés crítico hacia el desenvolvimiento de las ideas concretadas en este libro.

Es habitual en trabajos de esta índole reconocer los aportes intangibles de esposas, hijos y demás colaboradores privados que integran una categoría legal más incierta. Tan solo por contravenir esa costumbre nos sentimos tentados de dedicar este libro a un cierto Jodier de Brahd/Vorarlberg. Sin embargo, deseamos agradecer a Brigitte Berger (Hunter College) y a Benita Luckmann (Universidad de Friburgo), no por el desempeño de funciones particulares sin carácter científico, sino por sus observaciones críticas como espe- cialistas en ciencias sociales y por su firme decisión de no dejarse impresionar fácilmente.

Introducción El problema de la sociología del conocimiento

Nuestras tesis fundamentales están implícitas en el título y subtítulo de este libro; ellas son: que la realidad se cons- truye socialmente y que la sociología del conocimiento debe analizar los procesos por los cuales esto se produce. Los términos claves de dichas tesis son "realidad" y "conoci- miento", que no solo se usan corrientemente en el lenguaje cotidiano, sino que llevan tras de sí un largo historial de indagaciones filosóficas. No es preciso que entremos aquí en una discusión sobre las complejidades semánticas en cuanto al uso ya sea cotidiano o filosófico de estos términos. Para nuestro propósito, bastará con definir la "realidad" como una cualidad propia de los fenómenos que recono- cemos como independientes de nuestra propia volición (no podemos "hacerlos desaparecer") y definir el "conocimiento" como la certidumbre de que los fenómenos son reales y de que poseen características específicas. En este sentido (reco- nocidamente simplista) dichos términos tienen relevancia tanto para el hombre de la calle como para el filósofo. El hombre de la calle vive en un mundo que para él es "real", aunque en grados diferentes, y "sabe", con diferentes grados de certeza, que este mundo posee tales o cuales caracte- rísticas. El filósofo, por supuesto, planteará interrogantes acerca del carácter último de esa "realidad" y ese "conoci- miento": ¿Qué es lo real? ¿Cómo conocerlo? Éstos figuran entre los más antiguos interrogantes no solo de la indagación filosófica propiamente dicha, sino también del pensamiento humano como tal. Justamente por esa razón, es probable que la intromisión del sociólogo en ese terreno intelectual ya consagrado provoque la extrañeza del hombre de la calle y es aún más probable que irrite al filósofo. Por consiguiente,

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importa desde el principio aclarar el sentido que damos a esos términos en el contexto de la sociología y rechazar inmediatamente cualquier pretensión de que esta ciencia dé respuesta a esas antiguas preocupaciones filosóficas.

Si hubiéramos de ser escrupulosos en la exposición sub- siguiente, tendríamos que poner entre comillas los dos tér- minos mencionados cada vez que se usaran, pero eso sería estilísticamente una torpeza. El hablar de comillas, sin em- bargo, puede dar un indicio sobre la manera peculiar en que dichos términos aparecen en un contexto sociológico. Podría decirse que la apreciación sociológica de la "realidad" y el "conocimiento" se ubica a cierta distancia intermedia entre la comprensión del hombre de la calle y la del filósofo. El hombre de la calle no suele preocuparse de lo que para él es "real" y de lo que "conoce" a no ser que algún pro- blema le salga al paso. Su "realidad" y su "conocimiento" los da por establecidos. El sociólogo no puede hacer otro tanto, aunque más no sea porque tiene conciencia siste- mática de que los hombres de la calle dan por establecidas "realidades" que son bastante diferentes entre una sociedad y otra. El sociólogo está obligado, por la lógica misma de su disciplina, a indagar, al menos, si la diferencia entre unas y otras "realidades" no puede entenderse en relación con las diversas diferencias que existen entre unas y otras sociedades. El filósofo, por otra parte, está obligado profe- sionalmente a no dar nada por establecido y a percibir con suma claridad la condición última de eso que el hombre de la calle toma por "realidad" y "conocimiento". Dicho de otra manera, el filósofo se ve ante la obligación de decidir dónde se necesitan comillas y dónde pueden suprimirse sin riesgo, vale decir, a establecer diferencias entre las aserciones que son válidas con respecto al mundo y las que no lo son. Esto no cabe dentro de las posibilidades del sociólogo. Lógica, ya que no estilísticamente, está condenado a las comillas.

Por ejemplo, el hombre de la calle puede creer que posee "libre albedrío" y que, por lo tanto, es "responsable" de sus actos, a la vez que niega esta "libertad" y esta "res- ponsabilidad" a los niños y a los dementes. El filósofo, sea cual fuere su método, tiene que indagar acerca de la si- tuación ontológica y epistemológica de estos conceptos: ¿Es libre el hombre? ¿Qué es la responsabilidad? ¿Cuáles son

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sus límites? ¿Cómo pueden saberse estas cosas?, y así suce- sivamente. Es obvio que el sociólogo no se halla en condi- ciones de responder a estas preguntas. Sin embargo, lo que puede y debe hacer es indagar cómo la noción de "libertad" ha llegado a darse por establecida en unas sociedades y en otras no; cómo algunas de esas sociedades conservan su "realidad" y, lo que es más interesante aún, cómo esa "reali- dad" puede a su vez desaparecer para un individuo o para una colectividad entera.

El interés sociológico en materia de "realidad" y "cono- cimiento" se justifica así inicialmente por el hecho de su relatividad social. Lo que es "real" para un monje del Tíbet puede no ser "real" para un hombre de negocios norte- americano. El "conocimiento" que tiene un criminal difiere del que posee un criminalista. Se sigue de esto que las acumulaciones específicas de "realidad" y "conocimiento" pertenecen a contextos sociales específicos y que estas rela- ciones tendrán que incluirse en el análisis sociológico ade- cuado de dichos contextos. Así, pues, la necesidad de una "sociología del conocimiento" está dada por las diferencias observables entre sociedades, en razón de lo que en ellas se da por establecido como "conocimiento". Además de esto, sin embargo, una disciplina digna de ese nombre deberá ocuparse de los modos generales por los cuales las "rea- lidades" se dan por "conocidas" en las sociedades humanas. En otras palabras, una "sociología del conocimiento" deberá tratar no solo las variaciones empíricas del "conocimiento" en las sociedades humanas, sino también los procesos por los que cualquier cuerpo de "conocimiento" llega a quedar establecido socialmente como "realidad".

Sostenemos, por lo tanto, que la sociología del conoci- miento deberá ocuparse de todo lo que una sociedad con- sidera como "conocimiento", sin detenerse en la validez o no validez de dicho "conocimiento" (sean cuales fueren los criterios aplicados). Y cualquiera sea el alcance con que todo "conocimiento" humano se desarrolle, se transmita y subsista en las situaciones sociales, la sociología del conoci- miento deberá tratar de captar los procesos por los cuales ello se realiza de una manera tal, que una "realidad" ya establecida se cristaliza para el hombre de la calle. En otras palabras, sostenemos que la sociología del conocimiento se ocupa del análisis de la construcción social de la realidad.

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Esta apreciación del campo propio de la sociología del conocimiento difiere de lo que generalmente se ha entendido por esta disciplina desde que así se la denominó por primera vez unos cuarenta años atrás. Antes de comenzar nuestra exposición concreta, será de provecho examinar somera- mente el desarrollo previo de la disciplina y explicar de qué modo y por qué hemos creído necesario apartarnos de aquél.

La expresión "sociología del conocimiento" (Wissensso- ziologie) fue acuñada por Max Scheler 1. La época era la década de 1920: el lugar, Alemania: y Scheler era un filósofo. Estos tres hechos tienen gran importancia para com- prender el origen y ulterior desarrollo de la nueva dis- ciplina. La sociología del conocimiento se originó en una situación particular de la historia intelectual alemana y dentro de un contexto filosófico. Mientras la nueva dis- ciplina era introducida con posterioridad en el contexto sociológico propiamente dicho, sobre todo en el mundo de habla inglesa, continuó signada por los problemas de la particular situación intelectual que le diera origen. Como re- sultado, la sociología del conocimiento permaneció como una preocupación periférica para la mayoría de los soció- logos, ajenos a los problemas particulares que afectaban a los pensadores alemanes en la década del veinte. Esto rezaba especialmente para los sociólogos norteamericanos, quienes en su mayor parte han considerado esta disciplina como una especialidad marginal dotada de persistente sabor europeo. Empero, más importante aún es que esta permanente vincu- lación de la sociología del conocimiento con su originaria constelación de problemas ha significado una debilidad teórica aun en aquellos sitios donde esta disciplina ha des- pertado interés. Ó sea, que los mismos protagonistas de la sociología del conocimiento y, en general, la totalidad del público sociológico la han tomado como una especie de barniz sociológico aplicado a la historia de las ideas. La consecuencia ha sido una gran miopía con respecto al sig-

1 Cf. Max Scheler, Die Wissensformen und die Gesellschaft (Berna, Francke, 1960). Este volumen de ensayos, publicado por primera vez en 1925, contiene la formulación básica de la socio- logía del conocimiento en un ensayo titulado "Probleme einer Soziologie des Wissens", que originalmente había sido publicado un año antes.

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nificado teórico potencial de la sociología del conocimiento. Se han dado diferentes definiciones sobre la naturaleza

y alcance de la sociología del conocimiento y, en realidad, casi hasta podría decirse que la historia de la especialidad ha sido hasta ahora la de sus definiciones diversas. Xo obs- tante, lia existido acuerdo general en cuanto a que se ocupa de la relación entre el pensamiento humano y el contexto social en el que se origina. De manera que puede afirmarse que la sociología del conocimiento constituye el foco socio- lógico de un problema mucho más general: el de la deter- minación existencial (Scinsgcbundenhcit) del pensamiento en cuanto tal. Aunque en este caso el peso recae sobre el factor social, las dificultades teóricas son similares a las que se produjeron cuando se propusieron otros factores (tales como el histórico, el psicológico o el biológico) como de- terminantes del pensamiento humano. En todos estos casos el problema general consistió en establecer hasta qué punto el pensamiento refleja los factores determinantes propuestos o es independiente de ellos.

Es probable que la preeminencia del problema general en la filosofía alemana reciente radique en el enorme con- glomerado de erudición histórica que fue uno de los grandes frutos intelectuales del siglo xix en Alemania. De un modo que no tiene parangón con ningún otro período de la his- toria intelectual, el pasado —con toda su asombrosa variedad de maneras de pensar— se "hizo presente" ante la mente contemporánea mediante los esfuerzos de la erudición his- tórico-científica. Resulta arduo disputarle a la erudición alemana su primacía en esta empresa. Por ello no nos sor- prende que el problema teórico planteado por aquélla re- percutiera más agudamente en Alemania. Este problema puede describirse como el vértigo de la relatividad. Su di- mensión epistemológica resulta evidente. A nivel empírico llevó a la preocupación de investigar lo más concienzuda- mente posible las relaciones concretas entre el pensamiento y sus situaciones históricas. Si esta interpretación es correcta, la sociología del conocimiento se hace cargo de un problema planteado originariamente por la investigación histórica, en forma más restringida, es verdad, pera cargando el acento esencialmente sobre las mismas cuestiones 2.

2 Cf. Wilhelm Windelband y Heinz Heimsoeth, Lehrbuch der Gtschichte der Philosopkie (Tubinga, Mohr. 1950), pp. 605 y sigs.

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Ni el problema general, ni su formulación más restringida son cosa nueva. Se advierte en la antigüedad una conciencia en cuanto a los fundamentos sociales de los valores y con- cepciones del mundo. Por lo menos, ya en el Siglo de las Luces esta conciencia cristalizó en un tema importante del pensamiento occidental moderno. Por lo tanto, sería posible establecer una cantidad de "genealogias" para el problema central de la sociología del conocimiento3. Hasta puede afirmarse que el problema está contenido in nuce en la famosa afirmación de Pascal que dice que lo que es verdad de un lado de los Pirineos es error del otro lado4. Sin embargo, los antecedentes intelectuales inmediatos de la so- ciología del conocimiento son tres corrientes del pensamiento alemán decimonónico: la marxista, la nietzscheana y la historicista.

La sociología del conocimiento derivó de Marx su pro- posición básica, a saber que la conciencia del hombre está determinada por su ser social °. Naturalmente, se ha dis- cutido mucho sobre la clase de determinación que Marx tenía en mente. No es arriesgado afirmar que mucho de la gran "lucha contra Marx" que caracterizó no solo los co- mienzos de la sociología del conocimiento, sino también la "época clásica" de la sociología en general (particularmente como se manifiesta en las obras de Weber, Durkheim y Pareto), fue en realidad una lucha con una interpretación errónea de Marx debida a ciertos marxistas posteriores. Esta proposición cobra plausibilidad cuando reflexionamos sobre el hecho de que los importantísimos Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 no fueron redescubiertos hasta 1932 y que todas las inferencias de este re-descubrimiento pudieron ser estimadas en investigaciones marxistas realizadas solo

3 Cf. Albert Salomón, In Praiss of Enlightenment (Nueva York, Meridian Books, 1963) ; Hans Barth, Wahrheit und Ideologie (Zurich, Manesse, 1945) ; Werner Stark, The Sociology of Knowl- edge (Chicago, Free Press of Glencoe, 1958), pp. 46 y sigs.; Kurt Lenk (comp.), Ideologie (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1961), pp. 13 y sigs.

4 Pensamientos, v. 294. 5 Cf. Karl Marx, Die Frühschriften (Stuttgart, Kroner, 1953).

Los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 están en pp. 225 y sigs. Parte de los Manuscritos está publicada en castellano en el libro de Erich Fromm, Marx y su concepto del hombre (México, F.C.E., 1966).

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después de la Segunda Guerra Mundial. Sea como fuere, la sociología del conocimiento heredó de Marx no solo la agu- dísima formulación de su problema central, sino también algunos de sus conceptos claves, entre los que habría que mencionar, en particular, los de '"ideología" (ideas que sirven como arma para intereses sociales) y "falsa con- ciencia" (pensamiento alejado del verdadero ser social del que piensan.

La sociología del conocimiento se ha sentido seducida particularmente por un par de conceptos formulados por Marx, los de "infraestructura/superestructura" (Unterbauf Uebcrbau). Especialmente en este punto se desató la con- troversia acerca de la interpretación correcta del propio pensamiento de Marx. Con posterioridad, el marxismo tendió a identificar "infraestructura" con estructura eco- nómica tout court, de la cual suponíase entonces que la "superestructura" era un "reflejo" directo (el caso de Lenin, por ejemplo^. Se sabe ahora que eso es interpretar errónea- mente el pensamiento de Marx, como ya podría hacerlo suponer el carácter esencialmente mecanicista (más que dialéctico) de esta clase de determinismo económico. Lo que a Marx le interesaba era que el pensamiento humano se funda en la actividad humana (el "trabajo" en el más amplio sentido de la palabra) y en las relaciones sociales provocadas por dicha actividad. La "infraestructura" y la "superestructura" se entienden mejor si se las considera ac- tividad humana y mundo producido por esa actividad res- pectivamente 6. De cualquier modo, el esquema fundamental de "infraestructura/superestructura" ha sido adoptado en diversas formas por la sociología del conocimiento, empe-

6 Sobre el esquema Unterbau/Ueberbau de Marx, cf. Karl Kautsky, "Yerháltnis von Unterbau und Ueberbau" en Der Mar- xismus, comp. por Iring Fetscher (Munich, Piper, 1962), pp. 160 y sigs.; Antonio Labriola, "Die Vermittlung zwischen Basis und Ueberbau", ibíd., pp. 167 y sigs.; Jean-Yves Calvez, La pensée de Karl Marx (París, Éditions du Seuil, 1956), pp. 424 y sigs.; El pensamiento de Carlos Marx (Madrid, Taurus, 1964). La más im- portante reformulación del problema en el siglo xx es la de Gyorgy Lukács, en su Geschichte und Klassenbewusstsein (Berlín, 1923), hoy más accesible en traducción francesa, Histoire et conscience de classe (París, Éditions de Minuit, 1960). La apreciación de Lukács acerca del concepto de Marx en cuanto a la dialéctica es aún más notable por haberse adelantado en casi una década al re-descubri- miento de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844.

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zando por Scheler, siempre suponiendo que existe cierta relación entre el pensamiento y una realidad "subyacente" distinta del pensamiento. La fascinación ejercida por este esquema prevaleció, a pesar de que gran parte de la socio- logía del conocimiento había sido formulada explícitamente en oposición al marxismo y de que dentro de ella hay dife- rentes posiciones con respecto a la naturaleza de las relacio- nes entre ambos componentes del esquema.

Las ideas de Nietzsche tuvieron una continuación menos explícita en la sociología del conocimiento, pero tienen mucho que ver con su trasfondo intelectual en general y con la "atmósfera" en la cual surgió. El anti-idealismo nietzscheano, que a pesar de las diferencias de contenido no difiere del anti-idealismo de Marx en la forma, introdujo perspectivas adicionales en cuanto al pensamiento humano como instrumento de lucha por la supervivencia y el poder 7. Nietzsche desarrolló su propia teoría de la "falsa conciencia" con sus análisis del significado social del engaño y el auto- engaño, y de la ilusión como condición necesaria para la vida. El concepto de Nietzsche sobre el "resentimiento" como factor generador para ciertos tipos de pensamiento humano fue adoptado directamente por Scheler. Aunque más en general, puede decirse que la sociología del conocimiento representa una aplicación específica de lo que Nietzsche denominó con acierto el "arte de la desconfianza" 8.

El historicismo, sobre todo como se manifiesta en las obras de Wilhelm Dilthey, fue precursor inmediato de la socio- logía del conocimiento 9. El tema dominante aquí fue un

7 Las obras más importantes de Nietzsche para la sociología del conocimiento son The Genealogy of Moráis y The Will to Power. Para argumentaciones subsidiarias, cf. Walter A. Kaufmann, Nietzsche (Nueva York, Meridian Books, 1956); Karl Lowith, From Hegel to Nietzsche (traducción inglesa, Nueva York, Holt, Rinehart and Winston, 1964).

8 Una de las primeras y más interesantes aplicaciones del pensa- miento de Nietzsche a una sociología del conocimiento es la de Alfred Seidel en Bewusstsein ais Verhángnis (Bonn, Cohén, 1927). Seidel, que había sido discípulo de Weber, trató de combinar a Nietzsche y Freud con una crítica sociológica radical de la conciencia.

9 Una de las argumentaciones más sugerentes de la relación entre el historicismo y la sociología es la de Cario Antoni en Dallo storicismo alia sociología (Florencia, 1940). También cf. H. Stuart Hughes, Consciousness and Society (Nueva York, Knopf, 1958), pp. 183 y sigs. La obra más importante de Wilhelm Dilthey

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sentido abrumador de la relatividad de todas ias perspec- tivas sobre el acontecer humano, vale decir, de la histo- ricidad inevitable del pensamiento humano. La insistencia historicista en cuanto a que ninguna situación histórica podía entenderse salvo en sus propios términos, pudo tra- ducirse fácilmente en un énfasis sobre la situación social del pensamiento. Ciertos conceptos historicistas, tales como la "determinación situacional" (Standortsgebandenheit) y el "asiento en la vida" (Sitz im Leben) pudieron interpretarse directamente como referidos a la "ubicación social" del pensamiento. Más en general, la herencia historicista de la sociología del conocimiento predispuso a esta última hacia un acentuado interés por la historia y hacia el empleo de un método esencialmente histórico, hecho que, de paso, con- tribuyó también a su marginación en el ámbito de la socio- logía norteamericana.

El interés de Scheler por la sociología del conocimiento y por las cuestiones sociológicas en general fue esencialmente una etapa pasajera de su carrera filosófica10. Su propósito último era establecer una antropología filosófica que tras- cendiese ]a relatividad de los puntos de vista específicos ubicados histórica y socialmente. La sociología del conoci- miento habría de servirle como un instrumento para ese fin, ya que su propósito principal era despejar los obstáculos interpuestos por el relativismo a fin de proseguir la ver- dadera tarea filosófica. La sociología del conocimiento de Scheler es, en un sentido muy real, la ancilla philosophiae, y de una filosofía muy específica, por añadidura.

De acuerdo con esta orientación, la sociología del cono- cimiento de Scheler constituye esencialmente un método negativo. Scheler argumentaba que la relación entre los "factores ideales" (Idealfaktoren) y los "factores reales" (Realfaktoren) —términos que traen clara reminiscencia del esquema marxista de la "infraestructura/superestructura"— no era más que una relación reguladora. Es decir, los "fac- tores reales" regulan las condiciones en que ciertos "factores

para nuestros actuales propósitos es Der Aufbau der geschichtlichen Welt in den Geisteswissenschaften (Stuttgart, Teubner, 1958).

1 0 Para un excelente estudio de la concepción de Scheler sobre la sociología del conocimiento, cf. Hans-Joachim Lieber, Wissen und Gesellschaft (Tubinga, Niemeyer, 1952), pp. 55 y sigs. Ver también Stark, op. cit., passim.

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ideales" pueden aparecer en la historia, pero no pueden afectar el contenido de estos últimos. En otras palabras, la sociedad determina la presencia (Dasein), pero no la natu- raleza (Sosein) de las ideas. La sociología del conocimiento es. por tanto, el procedimiento mediante el cual ha de estu- diarse la selección histórico-social de los contenidos idea- cionales. sobreentendiéndose que los contenidos mismos son independientes de la causalidad histórico-social y, por ende, inaccesibles al análisis sociológico. Si quisiéramos describir gráficamente el método de Scheler. diríamos que es arrojar una tajada al dragón de la relatividad, pero solo para poder penetrar mejor en el castillo de la certidumbre ontológica.

Dentro de esta armazón, intencional e inevitablemente mo- desta. Scheler analizó con mucho detalle la manera como el conocimiento humano es ordenado por la sociedad. Destacó que el conocimiento humano se da en la sociedad como un a priori de la experiencia individual, proporcionando a esta última su ordenación de significado. Esta ordenación, si bien es relativa con respecto a una situación histórico-social par- ticular, asume para el individuo la apariencia de una ma- nera natural de contemplar el, mundo. Scheler la denominó "concepción relativo-natural del mundo" (relativnatürliche Weltanschauung) de una sociedad, concepto que todavía se considera central en la sociología del conocimiento.

A la "invención" de la sociología del conocimiento por Scheler, siguió un amplio debate en Alemania respecto de la validez, alcance y aplicabilidad de la nueva disciplina n . De este debate surgió una formulación que señaló la trans- posición de la sociología del conocimiento a un contexto más estrictamente sociológico. Fue la misma formulación

1 1 Para el desenvolvimiento general de la sociología alemana durante este período, cf. Raymond Aron, La sociologie allemande contemporaine (París, Presses Universitaires de France, 1950); La sociología alemana contemporánea (Buenos Aires, Paidós, 1965). Para importantes contribuciones de este período con respecto a la sociología del conocimiento, cf. Siegfried Landshut, Kritik dsr Soziologie (Munich, 1929); Hans Freyer, Soziologie ais Wirklich- keitswissenschaft (Leipzig, 1930) ; Ernst Grünwald, Das Problem der Soziologie des Wissens (Viena, 1934); Alexander von Schelting, Max Wsbers Wissenschaftslehre (Tubinga, 1934). Esta última obra, que sigue siendo el estudio más importante sobre la metodología de Weber, debe entenderse en el trasfondo de la discusión en torno de la sociología del conocimiento, a la sazón centrada sobre las formulaciones de Scheler y Mannheim.

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con que la sociología del conocimiento penetró en el mundo de habla inglesa: la de Karl Mannheim 13. No es arriesgado aseverar que cuando los sociólogos se ocupan hoy de la sociología del conocimiento, sea en pro o en contra, suelen hacerlo con los términos de la formulación de Mannheim. En el campo de la sociología norteamericana ello es fácil- mente comprensible si se piensa que virtualmente el total de la obra de Mannheim es accesible en versión inglesa (de hecho, parte de aquélla fue escrita en inglés, durante el período en que Mannheim enseñó en Inglaterra tras el advenimiento del nazismo en Alemania, o se publicó en versiones inglesas revisadas "i, mientras que la obra de Scheler sobre sociología del conocimiento sigue sin traducirse hasta la fecha. Aparte de este factor de "difusión", la obra de Mannheim está menos cargada de '"bagaje" filosófico que la de Scheler. Esto se aplica sobre todo a las últimas obras de Mannheim y se advierte si uno compara la versión inglesa de su obra principal, Ideología y utopía, con el original alemán. Por eso Mannheim llegó a ser la figura que más "congenia" con los sociólogos, aun con aquellos que critican sus puntos de vista o no se interesan mucho por ellos.

La postura de Mannheim con respecto a la sociología del conocimiento tuvo alcances mucho más vastos que la de Scheler, posiblemente porque en su obra tenía más pre- eminencia la confrontación con el marxismo. La sociedad aparecía en ella como determinando no solo el aspecto, sino también el contenido de la ideación humana, con excepción de las matemáticas y, de algunas partes al menos, de las ciencias naturales. De ese modo la sociología del conoci- miento se convertía en método positivo para el estudio de casi todas las facetas del pensamiento humano.

La preocupación clave de Mannheim era, significativa- mente, el fenómeno de la ideología. Distinguía entre los

12 Karl Mannheim, Ideology and Utopia (Londres, Routledge and Kegan Paul, 1936) ; Ideología y utopía (Madrid, Aguilar, 1958); Essays on the Sociólogy oj Knowledge (Nueva York, Oxford University Press, 1952) ; Essays on Sociology and Social Psychology (Nueva York, Oxford University Press, 1953); Ensayos de socio- logía y psicología social (México, F.C.E., 1963) ; Essays on the Sociology of Culture (Nueva York, Oxford University Press, 1956) ; Ensayos sebre sociología de la cultura (Madrid, Aguilar, 1963). Un compendio de los más importantes escritos de Mannheim sobre la sociología del conocimiento, compilado y con una provechosa in-

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conceptos particular, total y general de ideología: la ideo- logía que constituye solo una parte del pensamiento de un adversario: la ideología que constituye la totalidad del pen- samiento de un adversario (similar a la "falsa conciencia" de Marx) y (en este caso, como pensaba Mannheim, yendo más lejos que Marx) la ideología como característica, no solo del pensamiento de un adversario, sino también del de uno mismo. Con el concepto general de ideología se alcanza el nivel de la sociología del conocimiento, la com- prensión de que no hay pensamiento humano (con las únicas excepciones ya mencionadas) que esté inmune a las influencias ideologizantes de su contexto social. Mediante esta ampliación de la teoría de la ideología, Mannheim quería abstraer su problema central del contexto del uso político para tratarlo como problema general de epistemo- logía y sociología histórica.

Aunque Mannheim no compartía las ambiciones onto- lógicas de Scheler, tampoco se sentía cómodo dentro del pan-ideologismo al que su pensamiento parecía llevarlo. Acuñó el término "relacionismo" (en contraposición a "re- lativismo") para denotar la perspectiva epistemológica de su sociología del conocimiento, lo que no significa una capitulación del pensamiento ante las relatividades histórico- sociales, sino un limitarse a reconocer que el conocimiento solo puede darse desde una posición determinada. En este punto la influencia de Dilthey es probablemente muy im- portante en el pensamiento de Mannheim: el problema del marxismo es resuelto con las herramientas del histo- ricismo. Sea como fuere, Mannheim creía que las influen- cias ideologizantes, aunque no pudiesen ser erradicadas del todo, podrían mitigarse mediante el análisis sistemático del mayor número posible de variantes de las posiciones construidas sobre bases sociales. En otras palabras, el objeto del pensamiento se va aclarando progresivamente con esta

traducción por Kurt Wolff, es Wissenssoziologie (Neuwied/Rhein, Luchterhand, 1964). Para estudios complementarios sobre la con- cepción de Mannheim acerca de la sociología del conocimiento, cf. Jacques J. Maquet, Sociologie de la connaissance (Lovaina, Nauwelaerts, 1949) ; Aron, op. cit.; Robert K. Merton, Social Theory and Social Structure (Chicago, Free Press of Glencoe, 1957), pp. 489 y sigs.; Teoría y estructura sociales (México, F.C.E., 1964); Stark, op. cit.; Lieber, op. cit.

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acumulación de las diferentes perspectivas que de él se dan. Ésta será tarea de la sociología del conocimiento, que de tal forma ha de convertirse en valioso auxiliar para la búsqueda de cualquier comprensión correcta del acontecer humano.

Mannheim creía que los diferentes grupos sociales varían mucho en cuanto a capacidad para trascender así sus propias posiciones limitadas. Confiaba sobre todo en la "intcüigentsia sin ataduras sociales" {freischwebende Intelligenz, término derivado de Alfred Weberl, especie de estrato intersticial al qu° consideraba relativamente libre de intereses de clase. Mannheim también destacaba el poder del pensamiento "utópico", que (al igual que la ideología! produce una imagen distorsionada de la realidad social: pero que (a diferencia de la ideología') posee el dinamismo requerido para transformar esa realidad en su imagen de ella.

Resulta superfluo añadir que las observaciones anotadas no pueden en manera alguna hacer justicia a la concepción de Scheler o a la de Mannheim sobre la sociología del conocimiento. No es ésa nuestra intención en este lugar. Solo hemos indicado algunos rasgos esenciales de las dos concepciones, a las que con acierto se las ha llamado, res- pectivamente, concepción "moderada" y concepción "ra- dical" de la sociología del conocimiento 13. Lo notable es que el desenvolvimiento subsiguiente de esta disciplina con- sistió, en .gran medida, en críticas y modificaciones de esos dos conceptos. Como ya hemos señalado, la formulación de la sociología del conocimiento por Mannheim ha seguido dando los términos de referencia para dicha disciplina de manera definitiva, particularmente en el caso de la socio- logía de lengua inglesa.

El sociólogo norteamericano más importante que dedicó seria atención a la sociología del conocimiento ha sido Robert Merton14. Su indagación acerca de la disciplina, que abarca dos capítulos de su obra fundamental, ha ser- vido como provechosa introducción en dicho terreno para los sociólogos norteamericanos que se han interesado en ello. Merton construyó un paradigma para la sociología del conocimiento volviendo a exponer sus temas principales en

1 3 Esta caracterización de las dos formulaciones originales de la disciplina fue hecha por Lieber, op. cit.

1 4 Cf. Merton, op. cit., pp. 439 y sigs.

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