Lecciones de historia de la Filosofia del Derecho, Otro de Derecho. Instituto de Enseñanza Superior de Charata
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lucas-torres15 de julio de 2017

Lecciones de historia de la Filosofia del Derecho, Otro de Derecho. Instituto de Enseñanza Superior de Charata

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MIGUEL ANGEL CIURO CALDANI Investigador del Consejo Nacional

de Investigaciones Científicas y Técnicas

Lecciones de Historia de la

Filosofia del Derecho (Historia Jusfilosófica de la Jusfilosofía)

• Edad Media • Edad Moderna

FUNDACION PARA LAS INVESTIGACIONES JURIDICAS

ROSARIO 1993

Primera edición. Edición de la Fundación para las Investigaciones Jurídicas.

Hecho el depósito de ley. Derechos reservados.

I.S.B.N. (Obra completa) 950-652-005-4 I.S.B.N. (Tomo 2) 950-652-006-2

INDICE

LA EDAD MEDIA ............................................................................ 5 A) Panorama General ....................................................... 5 B) Desarrollo histórico filosófico ................................ 12

1) La Patrística ........................................................... 12 2) La Escolástica ....................................................... 25

C) Enfoque filosófico histórico .................................... 70

LA EDAD MODERNA ................................................................. 72 A) Panorama General ..................................................... 72 B) Desarrollo histórico filosófico ................................ 83

1) El Renacimiento y la Reforma .......................... 83 2) El despliegue de la vida moderna .................. 114

C) Enfoque filosófico histórico .................................. 205

LA EDAD MEDIA

A) PANORAMA GENERAL

62. La Edad Media de la cultura eurocéntrica "occidental" comienza con la caída del Imperio Romano de Occidente (476 d.J.C.) y concluye con la caída de Constantinopla (la antigua Bizancio, hoy Estambul), capital del Imperio Romano de Oriente, en poder de los turcos (29 de mayo de 1453). Según algunos, el fin de la Edad Media se habría producido, en cambio, con el Descubrimiento de América (o sea el 12 de octubre de 1492), pero -sin desconocer la importancia de este acontecimiento- entendemos que la transformación del estilo de vida fue más proftinda por la caída de Constantinopla que por el Descubrimiento, e incluso éste fue, de cierto modo, causado por aquélla.

El nombre "Edad Media" fue impuesto por los humanistas del Renacimiento, por considerar al período -injustamente- como un momento intermedio entre la antigüedad greco-romana y su época, que procuraba resucitarla. Pese a que el medievo abarca momentos diversos, que llevan a hablar, por ejemplo, de "alta" y "baja" Edad Media, de primer y segundo momento medievales, etc., se trata básicamente de un conjunto

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temporal con características comunes, propias de todo el ciclo, que puede denominarse "edad de la fe" (así, v.gr., DURANT, Will, "La Edad de la Fe", trad. C. A. Jordana, Bs.As., Sudamericana, 1956).

La Edad Media en general puede ser identificada por el predominio del valor santidad. Sin embargo, es posible reconocer en ella dosperíodos, caracterizables axiológicamente de modos diferentes. El primero comienza con la caída del Imperio Romano de Occidente y llega, según unos, hasta el denominado "renacimiento carolingio" y, según otros, hasta el año 1000; el segundo se inicia con la terminación del primer período y se extiende hasta el final de la Edad Media, aunque sus últimos tiempos corresponden ya al Renacimiento, que se prolonga en la Edad Moderna.

El primerperíodo medieval estuvo más puramente caracterizado por el valor santidad, al servicio del cual, para superar el desorden, la ineficiencia y la ignorancia, se fue formando el orden de la Iglesia, que era la única institución relativamente sólida de la época. El nombre de la más importante institución estatal de la Edad Media, el Sacro Imperio Romano Germánico (constituido, luego del preludio carolingio -iniciado en el año 800- en el ario 962) es una muestra del propósito de construir un orden basado en la religión y en la santidad. Las tensas relaciones entre los órdenes de la Iglesia y el Estado son una de las características del medievo, llegándose al momento más representativo del predominio eclesiástica en los comienzos del segundo

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período, en la célebre "humillación de Canossa" (1077), en la que el emperador Enrique IV (lí)50-1106) debió permanecer durante tres días de pleno invierno en un patio y en ayunas para obtener la absolución del Papa San Gregorio VII (c.1015-1085). Es tal el papel protagónico que alcanzó la Iglesia en esta época y que conservó de cierto modo durante largo tiempo que, por ejemplo, la "Historia de las ideologías" dirigida por FranQois Chátelet denomina al tomo dedicado a los siglos IX a XVII "De la Iglesia al Estado" (v. CHATELET,FranQois, "Historia de las ideologías II", trad. ed. Zero-Zyx, 2a.ed., México, Premia, 1981).

El segundo período medieval está signado por el desarrollo de otros valores, entre los que ocupa lugar destacado la utilidad y también figuran la verdad y la belleza. La santidad cristiana resguardó, como una "crisálida", los valores de Occidente durante gran parte de la Edad Media, hasta que en el segundo período se produjo el despertar de la cultura, en mucho representado por la superación de la economía predominantemente agríco/a de unidades orientadas a la autosuficiencia, con el surgimiento del capitalismo mercantil (en relación con el tenia de la "crisálida" cultural es recomendable v. por ej., entre las ediciones citadas de Arnold J. TOYNBEE, "Estudio de la Historia II", compendio de D.C. Somervell -vols. V-VIII- trad, Luis Grasset y Luis Alberto Bixio, Barcelona, Planeta- De Agostini, 1985, págs. 260 y ss.).

En el segundo período medieval nacieron las universidades, resurgieron las "ciencias naturales" y

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la literatura  alcanzó cimas como la "Divina Comedia" de Dante (1265-1321), obra que, inspirada en ideales de amor, orden y santidad, expresa la visión de la justicia en definitiva referida a Dios y al más allá que tuvo en general el hombre del medievo. En esa época se sucedieron el estilo roniánico, el arte "del medio punto", grueso, pesado, feudal y rural, empleado principalmente en los monasterios y -a partir del siglo XIII- el estilo gótico que, desafiando la gravedad, se eleva hacia Dios con rasgos airosos y clásicas ojivas, presentando rasgos más lujosos y urbanos que se muestran , sobre todo, en la construcción de las catedrales. Los últimos tiempos dela Edad Media abarcan a su vez, como ya señalamos, el comienzo del Renacimiento, con características crecientemente diversas que lo emparent an conla Edad Moderna.

63. En distintas manifestaciones de 1 a vida medieval el valor santidad no sólo coadyuvó a la realización de los otros valores, sino también se arrogó el material estimativo que correspondía a otros valores del mismo nivel, incluyendo la justicia, y se subvirtió contra el valor humanidad. De aquí la presencia de grandes santos, como el gigantesco San Francisco de Asís (1182-1226) y también de grandes crímenes en nombre de la santidad. En la Edad Media, a partir del siglo XII, se establecieron las bases de la Inquisición.

En cuanto a las clases de justicia, los momentos más nítidamente medievales se caracterizaron por el predominio de la justicia con acepción (consideración)

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de personas (según lo muestran, por ejempl o,los diversos estamentos), asimétrica (por el escaso desarrollo de la economía monetaria), espontánea (por el desarrollo de la caridad, de la servidumbre,etc.), "partial" (dada la dispersión del poder estatal y eclesiástico), sectorial (con fuertes discriminaciones sociales) y de participación. Cuando en el segundo período se fueron desarrollando la justicia simétrica, conmutativa (con el avance del comercio) y de aislamiento (con el desarrollo de las individualidades), la Edad Media comenzaba a extinguirse.

La Edad Media está signada por un fuerte sentido de legitimación aristocrática, sobre todo en términos de poder y de santidad, aunque esta aristocracia no excluye que el feudalismo, régimen político que en mucho caracterizó al período, se basara en la invocación del consentimiento de los interesados a través de "contratos" en los cuales los reyes o señores cedían a sus vasallos porciones de tierra, obligándose éstos por juramento a fidelidad y servicio personal, por sí y sus descendientes (feudos).

En la Edad Media el hombre vale como súbditodel Estado y principalmente comofie/ de la Iglesia. Estar fuera de una de las dos instituciones, sobre todo de la segunda, significaba grandes riesgos para la vida misma. La cultura medieval tiene fuerte sentido universal, pero con una universalidad condicionada, al fin, por la participación en la comunidad cristiana. En los vacíos de poder surgidos entre el Estado y la Iglesia y con los enfrentamientos internos de cada uno de ellos encontró

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espacio el crecimiento de la libertad y se abrió camino el futuro reconocimiento de la dignidad del hombre considerado en sí mismo.

El primer período medieval estuvo signado por un sentido jurídico relativamente comunitario, de raíces cristianas y germánicas, con un lento proceso de reorganización que siguió a la "noche de los tiempos" reconocible en los siglos que siguieron a la caída del Imperio Romano de Occidente. Sin embargo, en el segundo período ocurrió el suceso jurídico más importante de la Edad Media, con la recepción del Derecho Romano justinianeo en los países "continentales", inspirada en una afirmación indi vidualista que promovía el capilalismo. Al rechazar la "razón escrita" del Derecho justinianeo, Inglaterra afirmaba entonces una de las bases de la tendencia empírica que todavía hoy caracteriza a su cultura (v. en relación con estos temas BRUNNER, Heinrich, "Historia del Derecho Germánico", según la octava ed. alemana de Claudio von Schwerin, trad. José Luis Alvarez López, Barcelona, Labor, 1936; CAVANNA, Adrian°, "Storia del Diritto Moderno in Europa", I, Milano, Giuffré, 1979; CIURO CALDANI, "Perspectivas..." cit., págs. 139 y ss.).

64. La Filosofía medieval abarca un período inicial °auroral, que se desarrolló en sus comienzos en un tiempo que cronológicamente pertenece a la Edad Antigua, período de búsqueda del método, que es el

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retorno a la religión; luego se alcanza un período normalizado, que tiene su momento fundamental en la obra de Santo Tomás de Aquino, síntesis de la razón y la fe y por último llega otro período inicial o auroral, de nueva búsqueda del método, más racional y más empírico, en el Renacimiento.

La disciplina filosófica más significativa en el pensamiento medieval es, a semejanza del período antiguo, la Metafísica. Las vinculaciones má.s relevantes y casi exclusivas que, con gran tensión, mantuvo la Filosofía medieval más allá de su ámbito, son las que desarrolló con la religión y con la Teología. El "imperialismo" de la religión tuvo una de sus máximas expresiones en las ideas de San Pedro Damián (1007 - 1072). Frente al "hereje" Berengario de Tours (c.998-1088), quien afirmaba que a su razón debe el hombre ser a imagen de Dios y no utilizarla supone que el hombre abandone lo que constituye su honor, impt%lir que se renueve día a día a imagen de Dios, otras opiniones -llenas de soberbia mal disimulada- llegaron a sostener, con San Pedro Damián, que si la ciencia profana es utilizada para estudiar los textos sagrados no debe arrogarse el magisterio, sino aceptar servir, someterse como una sirvienta a su dueña. Cuando la Filosofía llegó a tener una alianza con las "ciencias naturales", la cultura medieval se acercaba a su fin. También el Derecho dela Edad Media resultó sometido a la religión y a la Teología, de modo que puede decirse que hubo una "complejidad impura" del Derecho en la religión.

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B) DESARROLLO HISTORICO FILOSOFICO

I) La Patrística

65. Los primeros tiempos de la Edad Media estuvieron signados por la continuidad de la Patrística y en ella corresponde considerar principalmente a San Agustín, quien pertenece cronológicamente a la Edad Antigua pero temáticamente a la Edad Media. Aurelio Agustín nació en Tagaste (Numidia, provincia romana de Africa) en 354 y fue contemporáneo de la ruina del Imperio Romano de Occidente, fenómeno éste que en mucho puede explicar su vida y su pensamiento. Era hijo de padre pagano y de madre cristiana, su madre era S anta Mónica (331-387). S e hi zo cristianoluego de una trayectoria como pecador y de una variada experiencia ideológica, que lo llevó a transitar por el maniqueísmo (secta o mejor religión de origen oriental, según la cual el Bien y el Mal surgen de dos principios creadores distintos), a acercarse bastante al escepticismo y a pasar por el neoplatonismo, sobre todo en base a Plotino. La fe cristiana, en la que lo había instruido básicamente su madre, se desarrolló en él por influencia de San Ambrosio, obispo de Milán, quien lo bautizó el día de Sábado Santo de 387.

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San Agustín se convirtió ya adulto y conservó la comprensión de las grandezas del mundo antiguo paga- no, pero quiso verlas y vivirlas desde la nueva fe, por eso se constituyó en la gran figura que sintetiza las dos edades, abriendo ampliamente los caminos del medievo. Mantuvo siempre la grandeza de comprensión que suelen tener los grandes pecadores arrepentidos.

En 391 Agustín fue ordenado sacerdote y se radicó en Hipona, ciudad de la que fue obispo durante largo tiempo, desde 395. A su muerte, en 430, la población se hallaba asediada por los vándalos. Si en su juventud Agustín respondió de cierto modo al derrumbe del Imperio disolviéndose en el pecado y casi en la duda, en su edad adulta y su ancianidad lo hizo buscando la vida del más allá.

San Agustín mantuvo diversas polémicas, entre las que se destacan las que lo enfrentaron a los maniqueos, a los donatistas y a los pelagianos.

Como adelantamos, el numiqueísmo era una religión proveniente de Persia, fundada por Mani, Manes o Manigueta (216-277), un predicador que, como Zoroastro (o Zaratustra, c.660-c.583 a.J.C.), el reformador de la religión persa, consideraba que la creación proviene de dos principios, uno esencialmente bueno, que era Dios, el espíritu o la luz, y otro esencialmente malo, el Diablo, la materia o las tinie- blas. La religión maniquea (que a veces se presentó como una secta basada en una interpretación del cristianismo), se aproxima a la gnosis, fundándose en la

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salvación por el conocimiento y apelando a la razón pura y simple para lograr una sabiduría de carácter científico y enciclopédico revelada en la obras escritas por Mani. Sin embargo, las crueles persecuciones que el maniqueísmo padeció hicieron desaparecer muchas de sus escrituras, al pu nto que hasta hallazgos producidos en los últimos cien años, sus ideas se conocían principalmente por escritos de sus contrarios.

El mundo europeo y en su momento Roma no estaban dispuestos a aceptar una creencia que, proveniente de Persia, pretendía traspasar una frontera cultural que se ha mani fest ado desdelas guerras médicas a la actualidad. Además, la disolución racional de la divinidad planteada por el maniqueísmo debía chocar a un hombre que llegó a pensar a Dios con la grandeza con que lo concibió San Agustín. Oponiéndose a su antigua fe, San Agustín sostuvo firmemente la existencia de un solo Dios creador y, para resolver el problema del mal, cuya existencia pone en cuestión la bondad perfecta de Dios, optó, como hemos de ver, por negar que el mal fuera realidad.

En un sentido lejano, pero jusfilosóficamente importante,,cabe decir que el maniqueísmo significa, en definitiv a, escindir el mundo, dividiendo lo perfect amente bueno y lo perfectamente malo. Esta afirmación tiene gran relieve práctico, porque de ser así, determinada la bondad o la maldad de un ser humano la potencia o la impotencia que ha de recibir han de ser infinitas. No cabe duda que un juez maniqueo puede tener una conciencia especialmente tranquila, luego de haber         14

beneficiado a un "inocente" °castigado a un "culpable", pero, como lo señal a San Agustín, nadie es tan puramente bueno e inocente, tan puramente malo y culpable.

El donatisrno, cuyo nombre proviene de Donato de Casas Negras, uno de sus sostenedores, que fue obispo de Casas Negras y de Cartago (s. IV), era un movimiento cismático que venía extendiéndose por el Africa romana desde hacía alrededor de un siglo. Negaba la validez de los sacramentos administrados por eclesiásticos caídos en pecado y sostenía que la Iglesia no podía ser otra cosa que una sociedad de perfectos y de puros, ajenos a toda relación con la vida del mundo y con el Estado. Por su espíritu de nacionalismo africano y de resistencia al romanismo, esta corriente tuvo un éxito enorme, pero Agustín salió en defensa de la jerarquía de la Iglesia y de la integración de ésta en el mundo, ayudando a evitar que el fanatismo la desarticulara, la aislara y al fin la hiciera desaparecer.

El pelagianismo era una doctrina difundida por un prestigioso monje de posible origen inglés llamado Pelagio (siglos IV-V), que alcanzó gran difusión. Afirmaba el absoluto poder de la libre voluntad humana y negaba él pecado original y la necesidad de la gracia divina y de la Redención, oponiéndose así no sólo a las enseñanzas de San Agustín acerca de la gracia, sino a los fundamentos mismos de la Iglesia. San Agustín defendió firmemente la posición de que la voluntad humana es libre sólo cuando no está sometida por el vicio y el pecado y que dicha libertad puede ser devuelta al hombre sólo por la gracia divina. Al hilo de la

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discusión, el obispo de Hipona fue variando y radica- lizando sus posiciones iniciales, llegando a afirmar la predestinación divina. La cuestión se manifestó también por una discusión por el poder entre el Papa, los concilios y el emperador y, pese ala hábil defensa de los pelagianos y a cierta resistencia del Papa, con la intervención del emperador triunfaron las ideas defendidas por San Agustín y el pelagianismo fue condenado.

Desde el punto de vista justilosótico puede llegar a sostenerse que Pelagio afirmaba un sentido individualista dela empresa moral, en tanto San Agustín le daba un sentido más comunitario. Puede llegar a sostenerse que para Pel agio el delincuente comete "su" delito, en cambio para San Agustín el delito del delincuente es también de cierto modo "nuestro" delito. También en este caso, las propuestas de San Agustín rechazan una exce.si va simpli ficación de la vida _jurídica.

Entre las numerosas obras de San Agustín se destacan "Del libre albedrío", "Confesiones", "Contra Fausto maniqueo" y "La Ciudad de Dios". Las "Confesiones" constituyen una autobiografía espiritUal, pero las obras que más importan desde el punto de vista jusfilosófico son "Del libre albedrío", "Contra Fausto maniqueo" y, sobre todo, "La ciudad de Dios".

San Agustín llevó la filosofía cristiana a un nivel nunca superado y caracterizó nítidamente a una de sus corrientes, la apoyada de manera principal en la proyección mística y en la fe. Aunque sólo lo conoció

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directamente de manera muy parcial y lo abordó de modo principal a través de Plotino, San Agustín recibió una fuerte influencia de Platón, el filósofo de sentido más religioso y el más cristiani zable de los dos lündadores de las corrientes postsocráticas "mayores". La teoría de las idea.s podía ser cristianizable, como lo hizo San Agustín, sólo con algunos retoques, en tanto que en el pensamiento de Aristóteles la presencia de Dios es de cierto modo más marginal. También subsistió en San Agustín, como veremos, cierta influencia maniquea.

San Agustín entiende que la razón y la fe funcionan en el cristiano de manera inseparable. Desde que el alma se llena con la fe, ya no hay despliegue autónomo de la razón. Primero la inteligencia prepara para la te, luego la fe dirige e ilumina a la inteligencia y, por último, la inteligencia y la fe que la ilumina desembocan en el amor. Lo ético es para él voluntad o, tal vez mejor dicho, amor. El amor es activo y califica y determina a la voluntad, ésta es al fin todo el hombre. El amor bueno, la caridad, es el núcleo de la ética agustiniana, de aquí su famosa expresión "ama y haz lo que quieras". Para San Agustín la verdadera y completa filosofia está en el cristianismo. No se entra en la verdad sino por el amor y hay que creer para poder entender. Al fin, la Filosofía es buena y útil si no se opone a la verdad revelada por la religión.

Los objetos que más estudia San Agustín son Dios, el alma y la felicidad eterna. A diferencia del sentido predominante en la Filosofía antigua, referido al problema dela naturaleza, ahondando en sus mejores

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tradiciones él se refiere al problema del hombre. La trayectoria agustiniana hacia Dios va de lo exterior a lo interior y de lo interior a lo superior (GILSON, Etienne, "La Filosofía en la Edad Media", trad. Arsenio Pacios y Salvador Caballero, 2a.ed., Madrid, Gredos, 1965, pág. 122). Dios es amor, pero el hombre no ama a Dios si no ama a los otros hombres. El amor fraterno entre los hombres no sólo nace de Dios, sino que es Dios mismo. La razón de filosofar es ser feliz y sólo el crist.iano es, para San Agustín, feliz, porque posee el verdadero Bien. La verdad, para ser tal tiene que ser necesaria, inmutable y eterna, pero estas cualidades sólo corres- ponden a Dios. La Filosofía es amor a la sabiduría, pero la sabiduría es Dios, de modo que el verdadero filósofo ama a Dios.

Dice San Agustín, con una perspectiva platónica, que la verdad se encuentra explorando la "memoria", que es el espíritu en toda su amplitud y profundidad. En la mente de Dios están las ideas o modelos de todas las cosas y toca al hombre descubrirlas. Dios ha puesto en la materia originaria los gérmenes latentes destinados a desarrollarse a través de la evolución. Conocer es volverse hacia las ideas y las ideas divinas son los arquetipos de las criaturas. Así, toda enseñanza se remite a ideas ya presentes en el alumno y el acuerdo de los espíritus supone un "maestro interior", o sea la sabiduría eterna de Dios, que es Cristo.

Lo que las criaturas tienen de ser, unidad, belleza y verdad, proviene de Dios, es semejante a El y nos permite conocerlo. Sin embargo, como San Agustín se

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apoya sobre todo en el alma como realidad íntima, la dialéctica para buscar a Dios es principalmente la confesión. Se llega a Dios desdela realidad creada, pero sobre todo desde la intimidad del hombre. San Agustín es un teólogo y filósofo dela interioridad, en cambio le interesa poco el mundo sensible. Con alguna razón, pudo decir Victor Cousin que el cristianismo es una religión del espíritu y del corazón, en tanto el paganismo lo es de la naturaleza y de los sentidos (COUSIN, Victor, "Histoire générale de la philosophie", Ila.ed., Paris, Perrin, 1884, pág. 199).

Fue San Agustín un gran filósofo del mal y del tiempo. El interés por el problema del mal es una de las causas de su maniqueísmo juvenil. Para é,1 el mal metafísico surge de la limitación con que Dios creó al mundo, marco en el cual las criaturas más elevadas son las que tienen conciencia de esa limitación de su ser. El mal propio de las criaturas razonables es el pecado, en el cual el alma se vuelve hacia un bien inferior - renunciando voluntariamente a bienes superiores y alejándose de Dios. El mal consiste en una privación, una disminución del ser. En lugar de un antagonista de Dios es sólo nada. El mal lleva en sí su propia pena, que es esa misma disminución, el aproximarse a la muerte.

Al preguntarse ¿qué es el tiempo? San Agustín responde: si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Para San Agustín el mundo no ha sido (..Teado en el tiempo sino con el tiempo, ha sido siempre, porque no hubo tiempo en que no fuera, pero no por eso es eterno. Nos

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percatamos del tiempo porque hay cosa.s que cambian pero hay algo que conserva el pasado y anticipa el futuro, la conciencia. El tiempo es una distensión del alma que permite retener el pasado y anticipar el futuro. Es en el espíritu donde se encuentra la medida del tiempo. Más que hablar de presente, pasado y futuro debemos referirnos a la presencia del pa.sado, del presente y del futuro, como memoria, intuición y expectación.

La "Ciudad de Dios" de San Agustín es la primera gran obra defilosnfra de la historia, motivada en gran medida por el deseo de explicar el pillaje de Roma por los visigodos en el año 410. Quizás el derrumbe de la institución polftica bá.sica de ese tiempo explique en muchola posible interpretación pesimista dela condición humana que a veces se ha señalado en San Agustín. Sin embargo, con un sentido representable como una línea recta (quizás dos semirrectas), la historia se muestra para él como un curso de salvación cuyo punto central es la Redención (v. STERN, Alfred, "La filosofía de la historia y el problema de los valores", trad. Oscar Nudler, Bs.As., Eudeba,1964; GUNN, J. Alexander, "El problema del tiempo", trad. Mario Merlino, Bs.As., Hyspamérica, 1986, t.I, págs. 39 y ss.).

En "La Ciudad de Dios" se plantean -con algún grado de afinidad con el abandonado y combatido maniqueísmo- la existencia de dos reinos: el de Dios y el del demonio. Dos amores han constituido dos citukutes: el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo y el amor de sí mismo hasta el olvido de Dios;

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Jerusalén, visión de paz, y Babilonia, marco de confusión. La ciudad terrena, de cierto modo el Estado, nace de la violencia, y para que pueda tener valor es necesario que reine en ella la justicia (entendida como conformidad con lo que quiere Dios). Los Estados donde no reina la justicia son grandes empresas criminales. El modelo de Estado que, en cambio, acepta San Agustín es la ciudad de Dios, a la cual ciertos párrafos dan a entender como la comunión de los santos y otros presentan como la Iglesia viviente. Con el logro de la justicia se llegará al descanso del gran "sábado" que no tendrá noche, o sea, al tiempo final de Dios y a la culmi nación dela historia. Entonces el Estado terrenal desaparecerá.

Cree San Agustín en un orden universal cuyo fundamento profundo es la unidad de Dios y en que todo contribuye, al fin, ala armonía del universo. El orden de todo es la paz. La belleza es el número, la armonía y la proporción. En el orden natural, el hombre gobierna a los seres irracionales, pero no al hombre. Sin embargo, justifica la esclavitud como consecuencia de una culpa.

En un primer momento, antes de la polémica contra los pelagianos, San Agustín sostuvo que la ley positiva no es valiosa si no está de acuerdo con la ley eterna, que es razón suprema. Aceptó entonces la idea estoico-ciceroniana de la ley natural-racional. En ese momento entendió que el mal no es tal porque está prohibido por Dios, sino que está prohibido por Dios porque es mal. En cierta circunstancia, sin pretender quizás establecer diferencia entre razón y voluntad de

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Dios, llegó a decir que la ley eterna es la razón divina o voluntad de Dios que manda conservar' el orden natural, abriendo, así, el marco en que tanto discutirían luego los intelectual istas y los voluntaristas, quienes -en términos no siempre teocéntricos, sino también antropocéntricos- se cuestionarían si el Derecho es tal porque es racional o porque es mandado.

Luego de la polémica con los pelagianos, San Agustín llegó a adoptar una actitud radicalmente voluntarista. Entonces consideró justo lo que es querido por Dios, porque es querido por El. Al fin, la fuente de la ley de la conducta humana es la fe, que opera a través del amor y existe por la gracia.

San Agustín sustituyó el Derecho Natural cosmocéntrico por un Derecho Natural teocéntrico. La ley eterna se refleja, según él, en la conciencia humana como ley natural, pero urge aclarar que esta ley natural exige una ordenación distinta para cada circunstancia diversa, de modo que las leyes humanas deben variar según los casos. En una posición moderada, por ejemplo, respecto de la que llegaría a sostener San Gregorio Magno (v. tomo I de esta obra, párrafo 59), sostiene San Agustín que los bienes de este mundo no son buenos ni malos y son medios para nuestro perfeccionamiento. La limosna transforma la riqueza material en riqueza espiritual.

El sistema de San Agustín, el más alto exponente filosófico de la Patrística, quedó en parte sin construir, pero su influencia predomi nó hast a el siglo XIII. Además, por la intensidad subjetiva de su vida interior y la

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referencia a los datos dela conciencia San Agustín tiene especiales afinidades con líneas de vida y de pensamiento del tiempo moderno y contemporáneo. Sin embargo, a veces se denomina "agustinismo" a desviaciones, como la posición que sostuvo durante gran parte de la Edad Media la confusión del Estado y la Iglesia en una única comunidad cristiana, bien di versa de la delicada relación entre ambos planteada por el Santo de Hipona (puede v. PRELOT, Marcel, "Historia de las ideas políticas", trad. Manuel Ossorio Florit, Bs.As., La Ley, 1971, págs. 201 y ss.).

66. El planteo de San Agustín significa, en mucho, un unidimensionalismo dikelógico. Sin embargo, cabe recordar que tuvo conciencia de la diversidad de las exigencias de justicia según las circunstancias. Al reducir el marco de la decisión humana, San Agustín presenta un mundo jurídico constituido en gran medida por "distribuciones", aunque éstas provengan de la voluntad divina, y menos referido a los repartos de la conducción humana. El orden de repartos agustiniano está inmerso en un orden de distribuciones que incluso tiene referencias más allá de este mundo.

En las ideas agustinianas hay una clara preponderancia del amor y de la santidad respecto de la justicia de sentido humano, al punto que se corre el riesgo de una arrogación del material estimativo de este valor por dichos valores amor y santidad. Quizás pueda afirmarse lo mismo respecto del avance del amor y la santidad con relación a la verdad y, en definitiva, hay

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también una situación de riesgo de subversión del amor y la santidad contra la humanidad, por lo menos si a ésta la concebimos con la jerarquía con que la captamos hoy.

San Agustín fue un gran defensor del des fracciona- miento de la justicia, sobre todo en cuanto al complejo personal de la humanidad y respecto del complejo real, o sea evitando los cortes pretendidos por maniqueos, donatistas y pelagianos (puede v. CIURO CALDANI, Miguel Angel, "San Agustín, polémico defensor de la pantonomía de la justicia", en "Boletín..."cit., N'17, págs. 109 y ss.).

En concordancia con la alta valoración del amor y de la santidad, hay asimismo en las ideas agustinianas un significativo camino hacia la legitimación excesiva de los gobernantes por dichos valores y la consiguiente inclinación ala teocracia. No es sin motivo que el Santo de Hipona fue invocado a menudo para justificar el predominio de la Iglesia sobre el Estado.

Entre las preguntas más significativa.s que nos legó San Agustín se destacan las referidas a la importancia de la fe y del amor y a los temas de sus tres principales polémicas. Estos son los caracteres más simples o complejos; más aislados o integrados, y má,s libres o determinados y más individuales o colecti vos de la vida moral.

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2) La Escolástica

67. Con 1a caída del Imperio Romano de Occidente se produjo un inmenso retroceso de la cultura, que permitió que los siglos siguientes puedan ser llamados la "noche de la historia". Quizás por la confluencia de la aspiración cristiana de salvación y del deseo de apartarse del desorden y la decadencia, se difundió el ideal de la vida ascética, de disciplina, mortificación y renuncia a los bienes materiales. En correspondencia con ese ideal surgieron numerosas instituciones monásticas que estuvieron principalmente orientadas por las reglas que estableció San Benito de Nursia (c.480-547), fundador de la orden de los benedictinos. En esta época la cultura sobrevivió en gran medida, muy empobrecida, en los monasterios. Hasta finales del siglo XII la Filosofía propiamente tal casi no existe en Occidente y no se la estudia por sí misma, sino como apoyo, como "sierva" de la Teología.

En el primer período del medievo, por influencia de las tradiciones germánicas, hubo algunas transformaciones significativas en la concepción del poder, desarrollándose una corriente relativamente pactista. El rey no era considerado poseedor de un poder ilimitado y la soberanía pertenecía en definitiva a la asamblea de los hombres libres. Esta tendencia está presente de algún modo en ciertas expresiones de San Isidoro, obispo de Sevilla (c.560-636), que subordinan el rey a la ley. San Isidoro de Sevilla acepta la identificación entre Derecho y justicia, apoyada en los

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marcos con su sentido relativamente pactista del origen del poder.

Como en Inglaterra se impuso el Derecho feudal formado por las costumbres de los pueblos anglosajo- nes, que sobrevivieron a la conquista normanda (1066) y no penetraron allí ni el Derecho Romano ni el Derecho Canónico, combatidos como extranjeros,la concepción pactista se convertiríaen el origen del constitucionalismo moderno.

Dado que el saber era cultivado en las "escuelas", incialmente conventuales, abaciales y catedralicias y luego también universitarias, bajo la dirección de maestros, su enseñanza llegó a ser denominada "escolástica". A diferencia de la Patrística, en la que la fe se busca a sí misma tratando de aclararse a través de la razón, en la escolástica es en general la razón la que procura reencontrarse a sí misma confrontándose con lafe. Los pensadores escolásticos trataban de conciliar la fe y la razón y la autoridad y la razón, pero más que a la investigación de la verdad la escolástica se dirigía a la comprensión de la verdad que básicamente había sido revelada. De aquí el enorme peso de la autoridad, aunque fuera desviada de su sentido para no desecharla.

La escolástica tiene poca consideración por la historia. Las doctrinas son a menudo apartadas de los complejos históricos de que formaron parte y de la personalidad de sus autores. El mundo escolástico es concebido como un orden necesario y perfecto, mantenido desde arriba, y es en ese marco donde se

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