Los consejeros de Maquiavelo

El Príncipe de Maquiavelo es, seguramente, la obra de la literatura universal que, siendo de las más profundas y graves, ofrece una lectura más ligera y amena. Por eso se puede decir que representa muy bien el espíritu de la época renacentista, una época brillante y brutal.

Es un libro corto, dividido en capítulos breves sobre distintos aspectos de la tarea de un gobernante de un principado o reino. De él se pueden sacar ideas y máximas válidas para todas las épocas y situaciones, no solamente la ostentación del poder político.

Uno de los capítulos más universales es el que habla de los consejeros del príncipe. Me gusta mucho porque es muy fácil de transportar a la vida de cualquier persona que tenga que tomar decisiones habitualmente.

Maquiavelo pone el ejemplo de un rey, creo que un Habsburgo del centro de Europa (me da palo comprobarlo), que, según él, era un hombre reservado, al que no gustaba hablar con nadie cuando meditaba temas de estado. Tomaba decisiones sin consultar con nadie y cuando hacía públicas sus leyes/edictos/resoluciones sus vasallos, nobles y cortesanos lo inundaban con protestas, sugerencias y querellas. Entonces el rey se delataba como una personalidad débil y, queriendo atenderlos a todos, cambiaba sus decisiones cada vez.

Maquiavelo lo presenta como ejemplo de rey inepto, claro. Lo que él sugiere es tener siempre a un consejero (o un grupo reducido de consejeros) fijo, una persona de confianza, leal, sabia y experimentada, que por supuesto sepa hacer buen uso de esa confianza, aconsejando solamente cuando se lo consulte y que no tenga límites para decir lo que piense con el debido respeto. Siempre que haya que deliberar, se deberá escuchar atentamente a estas personas y tener en cuenta su opinión cuando toque decidir. A las personas de fuera de este círculo no se les debe prestar oídos.

Naturalmente, la gracia es saber elegir, tener buen ojo para conocer a las personas, y personalidad para cerrar la puerta a quien no conviene escuchar (que es la mayoría). Si uno trata de contentar a todo el mundo y de ser atento con todos, se busca la ruína. Si no es lo bastante perspicaz y elige mal a sus personas de confianza, también.
2957   02/05/2011

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