6 mitos y verdades de la Facultad de Derecho

Si estás estudiando derecho o piensas estudiar esta carrera te interesará saber más sobre algunos mitos y verdades de las facultades de derecho :o ¿Qué piensas?

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El siguiente artículo, es en parte extraído de un buen artículo de Peter F. Lake When Fear Knocks: The Myths and Realities of Law School

1. En la Facultad de Derecho me tienen que enseñar Derecho

¿Ah no? ¿Y entonces qué? Me explico: esto no es un mito sino una “media verdad”, que podría decirse mejor del siguiente modo: en la Facultad de Derecho se aprende un poco de derecho, pero lo más importante es “aprender a aprender” derecho.

Veamos esto desde una perspectiva “practicona”. El buen abogado sabe que a veces no va a tener un argumento ya construido esperándolo en un repertorio de jurisprudencia del año sesenta y cuatro, para ser utilizado como el “arma secreta” de su litigio. Ese argumento clave muchas veces tiene que armarse a partir de materiales dispersos, haciendo una tarea de “elaboración del conocimiento” de cuya construcción dependerá el respaldo que tengamos para nuestra posición.

facultad de derecho

2. El gran mito del razonamiento jurídico: según como se mire, todo depende

Este mito está un poco relacionado con el anterior, porque una vez que el estudiante se desayuna de que no hay soluciones rígidas y que la aplicación de la ley no es mecánica, empieza a caer en el síndrome del “depende”. Su fuerza de atracción es altamente adictiva, porque el “depende” –sobre todo si es dicho con alguna taquigrafía técnica que ya se aprende a la altura de Civil II- sirve siempre para “decir algo” sobre cualquier cuestión, por ardua que sea. Claro que ese “decir algo” no es contestar, ni mucho menos razonar.

3. A los que les va bien en la carrera les va bien en la profesión

Existen algunas razones para calificar esta idea como un mito, y que tienen que ver con una disociación entre las habilidades que demanda (y premia) la Facultad de Derecho y las que demanda (y premia) el mercado laboral.

Son frecuentes estos casos, en personas por los demás perfectamente normales, pero que sufren muchísimo su inserción en las trincheras de combate de la profesión legal, donde sus problemas se presentan todos juntos, interactuando entre sí, y el soldado ya no es un francotirador solitario sino que tiene que actuar coordinándose con su pelotón y con su jefe.

abogado - facultad de derecho

¿Qué es lo que importa entonces? Ante todo, tener en cuenta que la nota no debe ser un fin en sí mismo, sino un resultado del buen estudio hecho con gusto, con orden y con sistema.

4. Yo se mucho de laboral, la saqué con nueve

Malas noticias: a veces, los profesores “regalan” nota, a veces lo hace el azar. Y los estudiantes, que siempre están dispuestos a cuestionar la injusticia de haberse sacado un “cuatro” cuando sabían “para diez”, no lo hacen (a veces ni lo advierten) cuando se encuentran en la situación inversa.

Una buena nota en una materia es una presunción sólida, y a veces una semiplena prueba, de que existe algún conocimiento básico sobre ella y cierta capacidad para aprenderla, pero en ningún caso puede ser por sí sola una razón suficiente para establecer a priori y sin retorno un área de orientación profesional a futuro, en desmedro de todas las otras.

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5. Se puede engañar a los profesores y zafar sin haber estudiado

Vale recordar la tortuosa frase de Lincoln: “Se puede engañar a poca gente durante mucho tiempo, y también se puede engañar a mucha gente durante poco tiempo, pero lo que no se puede es engañar a todo el mundo, todo el tiempo”.

Pues bien, lo mismo funciona para las facultades. Se puede engañar a algún profesor durante todo un examen, y se puede engañar a todos los profesores durante alguna parte de un examen; pero lo que no se puede es engañar a todos los profesores durante todos los exámenes. Alguien se va a dar cuenta en algún momento.

6. El verdadero derecho se aprende en “la calle”

Por un lado, “en la calle” se encuentra un caudal inagotable de chismografía, prejuicios burdamente establecidos, mitología jurídica y caracterizaciones interesadas sobre la gestoría de intereses.

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En otro sentido, tener algo de “calle” es necesario, en la medida en que identifiquemos el concepto con una serie de mínimas orientaciones sobre cómo se pide procesalmente tal medida en un juzgado y en otro, sobre los vericuetos de la administración pública, sobre los “códigos” informales de la burocracia judicial, etc.

7854   08/03/2017

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