Relaciones económicas humanas Rosa Luxemburg resumen, Ejercicios de Antropología. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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Relaciones económicas humanas Rosa Luxemburg resumen, Ejercicios de Antropología. Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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Asignatura: Antropología para el Diseño, Profesor: raf raf, Carrera: Diseño, Universidad: UCM
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Rosa Luxemburg

Relaciones económicas humanas:

Traslademonos al tiempo en que aún no existía la economía mundial actual, en que el comercio de mercancías recién florecía en las ciudades mientras que la economía natural, o sea la producción para satisfacer las necesidades propias, predominaba en el campo, tanto en los grandes dominios territoriales como en las pequeñas explotaciones campesinas. Trabajaban para subsistir, para llevar ropas limpias y tener sobre la cabeza un techo. Se producía lo que se necesitaba para vivir. Era rico el campesino que tenia graneros llenos, un establo poblado, una caballeriza considerable, un gran gallinero. La riqueza dependía de la porción de tierra que se tenga.

Tomemos otro ejemplo, dejemos el pequeño hogar campesino que sobrelleva su modesta existencia y dirijamos la mirada a la mas alta cumbre de un poderoso imperio, a la economía de Carlomagno. Éste emperador, para ensanchar y afianzar su imperio emprendió no menos de 53 acciones guerreras. El mismo redactó un documento legal particular referente a los principios económicos de sus granjas. Éste es el cuadro de la economía imperial en el S XIX y, aunque se trate en este caso de uno de los príncipes más poderosos y ricos de la Edad Media.

En ambos casos (en el del campesino y Carlomagno) vemos que los fundamentos de la economía y su objetivo, la satisfacción de las necesidades humanas, no cambian. La diferencia radica solamente en la cantidad y calidad de los bienes producidos. (ambos trabajan para comer, tener un techo, bebida, etc) Otra diferencia es que el campesino trabaja él mismo con los miembros de su familia y obtiene de su trabajo tanto fruto como pueden proporcionarle su parcela de tierra. En cambio el emperador, o cualquier otro noble señor, no trabaja por sí mismo, sino que hace trabajar para él a sus súbditos y campesinos tributarios.

Vida económica actual:

El terror de todo país moderno es lo que denominamos crisis comercial: los mercados se saturan, los productos se almacenan tan masiva cuanto envendiblemente, el dinero líquido se hace invisible, desaparece el crédito, se paran las fábricas, las masas trabajadoras carecen hasta de alimentos por haber producido demasiado, una bancarrota sigue a otra, etc. Esa situación dura años, fuerzas productivas y productos se desperdician en masa, hasta que finalmente de a poco se va saliendo, y la producción y el intercambio vuelve finalmente a funcionar.

Lo digno de atención es que la sociedad maneja a la crisis como algo que escapa a la esfera de la voluntad y el cálculo humanos, como un golpe fatal dado por una potencia invisible. La realidad es que son los hombres mismos quienes producen mercancías y quienes las compran, es decir, no encontramos ni un solo elemento de la crisis moderna que se

encuentre fuera del ámbito de la actividad humana, es decir que nosotros mismos provocamos la crisis. Nadie desea crisis y a pesar de ello se produce. Los hombres la crean y sin embargo no quieren que ocurra por nada del mundo.

El campesino medieval producia lo que quería y necesitaba él mismo. La sociedad actual produce lo que no quiere ni necesita: crisis.

Desocupación: La misma se ha tornado un fenómeno anexo, cotidiano y constante de la vida económica. En la sociedad actual aún no se ha descubierto un medio para contrarrestar la desocupación. Y sin embargo, no es ningún elemento, ningún fenómeno físico de la naturaleza, ninguna fuerza sobrehumana, sino un producto puramente humano de las relaciones económicas.

Pero no necesitamos recurrir a fenómenos notorios de la vida actual como las crisis y desocupación, es decir únicamente a calamidades y casos de carácter extraordinario que, según la imagen tradicional, constituyen la excepción en el curso normal de las cosas. Tomemos un ej, el mas común de la vida cotidiana, que se repite miles de veces en todos los países y que son un fenómeno continuo, cotidiano, plenamente normal de la vida económica actual: las oscilaciones de los precios de las mercancías.

Si suben los precios del algodón por ej, crece momentáneamente la fortuna de todos los comerciantes y fabricantes que disponen de stocks de algodón en sus depósitos, si bajan los precios, aquellas fortunas se diluyen en correspondencia con ello. De este modo hay personas que pueden convertirse en millonarios o en mendigos a raíz de simples oscilaciones de precios sobre la base de un telegrama bursátil y en pocas horas, y es éste el basamento esencial de la especulación bursátil con todos sus engaños. Las oscilaciones de precios son, por así decirlo, un movimiento misterioso que, guiado por un poder invisible a espaldas de los hombres, determinan una modificación y oscilación incesante en el reparto de la riqueza social. Debido a esto los precios de las mercancías y su movimiento son evidentemente un asunto puramente humano.

La investigación científica consiste en desentrañar las relaciones ocultas que determinan que los resultados de la actividad económica del hombre no coincidan más con sus intenciones, con su voluntad, en pocas palabras, con su conciencia.

La tarea de la investigación científica consiste en descubrir la falta de conciencia de que sufre la economía de la sociedad, y así llegamos directamente a la raíz de la economía política.

Hoy no conocemos amos ni esclavos, barones feudales ni siervos. La libertad e igualdad ante la ley han eliminado formalmente todas las relaciones despóticas. En las colonias, la esclavitud y la servidumbre son introducidas con bastante frecuencia por esos mismos estados. Pero allí 3

donde la burguesía está en su casa, la única ley que preside las relaciones económicas es la libre competencia. Con ello, sin embargo, ha desaparecido de la economía todo plan, toda organización. Mientras las partes de una empresa están organizadas del modo mas estricto, el conjunto de la llamada "economía política", es decir, la economía mundial capitalista, es absolutamente inorgánico. Es cierto que un prepotente soberano gobierna hoy a la humanidad laboriosa: el capital. Pero la forma en que gobierna no es el despotismo, sino la anarquía. Captar y reconocer que la anarquía es el elemento vital de la dominación del capital significa pronunciar simultáneamente una condena a muerte, significa decir que a su existencia solo le queda un plazo de gracia.

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