Revolúción rural francesa, Ejercicios de Artes escénicas. Universidad Antonio de Nebrija
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Revolúción rural francesa, Ejercicios de Artes escénicas. Universidad Antonio de Nebrija

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Asignatura: Comunicacion e idiologìa, Profesor: Jose Antonio Roldan, Carrera: Dirección Escénica, Universidad: Nebrija
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LA REVOLUCIÓN RURAL FRANCESA

Libertad, igualdad y comunidad (1789-1793)

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Dirigida por Juan Pab lo Fus i

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BIBLIOTE CA NUE VA

JORGE SÁNCHEZ MOR ALES

L A R EVOLUCIÓ N RURAL FRANCESA

Libertad, igualdad y comunidad (1789-1793)

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© Jorge Sánchez Morales, 2017 © Editorial Biblioteca Nueva, S. L., Madrid, 2017

Evaristo San Miguel, 20 28010 Madrid (España) www.bibliotecanueva.es editorial@bibliotecanueva.es

ISBN: 978-84-16938-82-7 Depósito Legal: M-25.707-2017

Impreso en Book Print Impreso en España - Printed in Spain

Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de propiedad inte- lectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y sigs., Código Penal. El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.

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ÍNDICE

Agradecimientos

Introducción

Primera Parte D

Capítulo . El camino hacia los Estados Generales ( - )

Capítulo . Los Cuadernos de Quejas y la identidad comunitaria rural (febrero-abril de )

. La reforma scal y representativa . La refor a del régimen señorial

. La identidad comunitaria rural

Capítulo . El colapso reformista: de los Estados Generales a la Asamblea Nacional (mayo-junio )

Segunda Parte E R

Capítulo . La inestabilidad prerrevolucionaria (enero-julio ) . Las comunidades rurales y los Estados Generales . El primer antifeudalismo

Capítulo . El estallido antifeudal (julio -febrero ) . Rumores, retóricas y la toma de La Bastilla . La onda expansiva del de julio

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ercera Parte E R

Capítulo . La fractura de la nación: del antifeudalismo a las primeras

discrepancias con la Asamblea Nacional (agosto -febrero )

Capítulo . Las revueltas rurales y la Constitución Civil del Clero (julio -febrero ) . El inicio de la oposición . Las revueltas y el juramento

de la Constitución Civil del Clero

Capítulo . Las revueltas rurales y el reclutamiento (marzo-diciembre )

. Las revueltas y el reclutamiento antes de . El estallido comunitario de

. ¿Revolución rural comunitaria o contrarrevolución?

Bibliografía

Fuentes

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AGRADECIMIENOS

La elaboración de este libro no habría sido posible sin el apoyo incondicional, personal y profesional de algunas personas a las que debo mi agradecimiento. En primer lugar, a mis padres, Ma- ría Isabel Morales Martín y Manuel V. Sánchez Rodríguez, ellos son mi única certeza. El resto de mi familia, desde mi abuela, Guadalupe Martín Castro, hasta el más pequeño de mis primos, pasando por mis tíos, ha sido un apoyo imprescindible, sobre todo en los malos momentos. En segundo lugar, a mi amigo y mentor, Miguel Ángel Cabrera, que despertó en mí la pasión por esos vertiginosos días de julio de y me guía pacientemente hasta mis límites intelectuales.

A continuación, he de nombrar a un heterogéneo grupo depersonas sin cuyo cariño y co prensión no se estarían escribien- do estas líneas. Algunos, tras largas horas de escucha, y muy a su pesar, son ya verdaderos expertos en la Revolución francesa: Guacimara Díaz Marrero, Míriam Marrero, Sergio Rodríguez,

Jacobo Izquierdo, Carmina Ruiloba, Patricia Ruiz de Galarreta ovar, Marta Bonnet, Gustavo Bello, Marcella Markthaler, Gara

Aguaza, Ione Dávila, Naida Guzmán, Nivaria y María Dolores Peraza Zurita, Pablo Cervino, Mónica Hernández, Marta Alon- so, Joaquín La Roche, Nayra Rodríguez Borges, Sergio Benaven- te, Ricardo Aladrén, Esther Melián, Cole, Eduardo de Armas Micas, Marisa Valverde, Elena Mañez, Berta Pérez Hernández, Candi Hernández Pérez, Macu García Díaz, Lola Díaz Rodelas,

Antonia Campos, Pablo Perera, Isa López…, no es fácil ponerle un punto y nal a esta lista.

En último lugar, pero no menos importante, he de dejar cons- tancia del privilegio que supuso la colaboración de María José Rodríguez González, el guardiana de cada palabra de este libro;

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Jorge Sánchez Esteban, sin cuyos extensos conocimientos de la lengua francesa esta obra habría sido incomprensible; Inmacula- da Blasco Herranz, por dedicarme parte de su valioso tiempo, y Miguel Ángel del Arco Blanco, que me mostró en el momento decisivo cómo debe escribirse un libro.

Por supuesto, los errores y limitaciones que las siguientes pá- ginas puedan contener son de mi entera responsabilidad.

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F *

* Las gobernaciones de Poitou y Anjou corresponderían al territorio de la denominada Vendée militar durante las revueltas contra la leva de 1793. Consultado en: http://www.zonu.com/fullsize-en/2009-09-18- 8715/he-Salt-ax-in-France.html, última visita 22/11/2015.

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El objetivo de este libro es investigar y explicar el comportamien- to de la población rural durante la Revolución francesa y analizar y evaluar su contribución al proceso revolucionario. En los meses de marzo y abril de decenas de miles de comunidades rura- les francesas redactaron los denominados Cuadernos de Quejas, establecidos en la convocatoria extraordinaria de los Estados Ge- nerales, un órgano de consejo y representación estamental que no se reunía desde . En esos Cuadernos se recogieron las propuestas del campo francés para resolver los problemas, prin- cipalmente nancieros, del reino. El contenido de los mismos nos muestra que la postura campesina era esencialmente refor-

mista, siendo sus peticiones principales las de la supresión de laexención scal de los órdenes privilegiados y el establecimiento de criterios igualitarios para el acceso a los órganos de represen- tación político-administrativa. En ningún momento se planteó, de una manera mínimamente signi cativa, la reforma profunda y, mucho menos, la abolición de las relaciones jurídicas y sociales entre los señores laicos o eclesiásticos y las comunidades rurales. En junio los Estados Generales ya habían fracasado debido a la reticencia de un sector de la nobleza y el clero a aceptar ciertas reformas y, en julio, solo dos meses después de la redacción de sus Cuadernos, sobre todo en el período comprendido entre los sucesos parisinos del de julio y los decretos de la Asamblea Nacional del de agosto, muchas de estas comunidades rurales se lanzaron a una campaña sistemática de insumisión y violencia antiseñorial que abolió de facto el régimen feudal en el campo francés. En ese corto espacio de tiempo las relaciones señoriales pasaron de ser la norma socio-jurídica aceptada como natural en la vida cotidiana rural, a ser concebidas como la más injusta,

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antinatural y despótica forma de organización social que habían conocido los tiempos.

Para mayor asombro del observador, a partir de diciembre de , un buen número de esas mismas parroquias rurales se opuso a muchas de las nuevas medidas de homogeneización y

racionalización scal, administrativa y religiosa de los distintos Gobiernos revolucionarios, hasta desembocar en el gran levan- tamiento armado contra la República de marzo de en la zona de la Vendée. Buena parte del campo no aceptó que bajo el nuevo régimen se pagasen más impuestos, se redujese drásti- camente la autonomía local de los núcleos de población rural en favor de las ciudades, se prohibiese el culto católico apostólico y romano, o que se estableciese la leva militar obligatoria con excepciones de tipo político que parecían favorecer a los vecinos

eles a los dictados de París. La tiranía y el despotismo que las comunidades rurales habían descubierto no hacía tanto tiempo en

el comportamiento de los estamentos privilegiados del AntiguoRégi en, habían pasado a ser ahora percibidos como elementos consustanciales al despliegue práctico del régimen de soberanía de la nación que ellas mismas habían contribuido, decisivamen- te, a instaurar. Así, en apenas cuatro años, un mismocampesino francés pudo pasar de ser el redactor reformista de un Cuaderno de Quejas a ser un rebelde levantado en armas contra la Repú- blica, pasando por ser entre medias el asaltante antifeudal del castillo de su señor.

La extraordinaria combinación de rapidez, variedad, radica- lidad y profundidad de los cambios descritos, en un terreno tan trascendental para el devenir de la Revolución francesa como el del comportamiento campesino, fue el factor principal que nos inspiró para comenzar a interesarnos por este tema. La po- blación rural francesa no solo era abrumadoramente mayorita- ria, sino que había desempeñado un papel fundamental en la abolición del feudalismo y el advenimiento del liberalismo en Francia, con las profundas consecuencias que ello tuvo para el

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resto del mundo. Como hemos señalado, cuando la Asamblea Nacional comenzó a decretar la abolición del feudalismo la mí- tica noche del de agosto de , este ya había sido abolido en la práctica por los habitantes del campo mediante la denuncia y destrucción de los títulos feudales en posesión de los seño-

res. Dos preguntas básicas nos surgieron una vez conocidos los hechos empíricos fundamentales: ¿cómo y por qué fue posible que, en poco más de dos meses, las comunidades rurales france- sas pasasen de un reformismo que dejaba prácticamente intacto el régimen señorial a su abolición violenta y su sustitución por un régimen social y jurídico de corte liberal? Y ¿por qué a partir de diciembre de una parte signi cativa de esas comunida- des comenzó a mostrar tan amplios signos de rechazo hacia la puesta en práctica del régimen que, de manera tan sistemática, habían ayudado a encumbrar, hasta el punto de levantarse en armas contra él?

La propia lógica de los acontecimientos ha hecho que el análi-sis y la exposición que componen este libro se hayan estructurado en tres partes. En la primera reconstruiremos la identidad rural francesa inmediatamente anterior al estallido revolucionario, tal y como quedó plasmada en los citados Cuadernos de Quejas. En la segunda explicaremos por qué el campo francés se comportó como lo hizo durante el decisivo período comprendido entre el colapso de los Estados Generales y la aprobación por la Asamblea Nacional de los decretos de abolición del feudalismo de agos- to de . Y en la tercera parte desentrañaremos las causas de la reacción de buena parte de las comunidades rurales francesas hacia la nueva legislación revolucionaria, desde las primeras crí- ticas a partir de diciembre de hasta la insurrección general vendeana de marzo de . Así pretendemos abarcar la expli- cación de la práctica totalidad de los comportamientos rurales durante la Revolución, desde el reformismo prerrevolucionario al enfrentamiento contra la República, pasando por las luchas antiseñoriales.

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Para buscar las primeras respuestas a las preguntas esbozadas con anterioridad, decidimos comenzar realizando una revisión exhaustiva de la bibliografía existente sobre el tema, ya que este no constituye ni mucho menos una novedad en el panorama his- toriográ co, sino que, al contrario, cuenta con una larga y sólida

tradición investigadora. Hasta el presente, ha sido el paradigma de la denominada «historia social» el que ha dominado las expli- caciones en el campo de los estudios campesinos de la Revolución. Los historiadores sociales partieron en su análisis de un supuesto primordial, el de la existencia de una clase campesina con unos intereses objetivos derivados de su posición social. El hecho, sin embargo, de que las fuentes no re ejasen estrictamente los re- sultados lógicos de esta visión clasista obligó, desde muy pron- to, a recurrir a la introducción de factores correctores subjetivos mediante los que ajustar el comportamiento campesino real a las previsiones teóricas. Así, el debate sobre la cuestióncampesina en

la Revolución francesa ha acabado por estar monopolizado poruna suerte de versión cultural de la interpretación social, en la que las peculiaridades costumbristas locales (políticas, religiosas, laborales, etc.) explicarían las permanentes desviaciones observa- das en el comportamientocampesino.

Fue Georges Lefebvre, con su clásico de La Revolución francesa y los campesinos , el autor que sentó las bases generales que han dominado la mayor parte de este debate. Para él, la clase campesina francesa, a pesar de tener un interés propio vinculado a su posición social, es decir, la abolición de la feudalidad, vivió siglos sin ser consciente del mismo hasta que se dieron ciertas condiciones materiales. Sin embargo, el propio Lefebvre ya alumbró el hecho de que circunstancias materiales similares, como la hambruna y la po- breza provocada por las malas cosechas, se habían dado con anterioridad y no habían desencadenado los profundos cambios de . De ahí que introdujese el elemento ideológico revolucionario como factor corrector que permitiese conectar la estructura material con la reacción antifeudal empírica de la clase campesina en un momento concreto en el tiempo. G. Lefebvre, La Revolución francesa y los campesinos , Buenos Aires, Paidos, . No nos extenderemos en un análisis minucioso de las abundantes variantes de la interpretación social y

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Pero tanto el concepto de clase como el de cultura campe- sina , dado su anclaje objetivista, parten, en el fondo, de una concepción esencialista del campesinado que retrotrae la expli- cación de su comportamiento a largos períodos de sufrimien- to o experimentación inconsciente de desigualdades jurídicas y

sociales que deben concluir en procesos de toma de conciencia de clase o de eclosión transformadora de un determinado tipo de cultura propia del mundo rural. Sin embargo, el hecho de que las relaciones sociales en el Antiguo Régimen se basasen en la desigualdad jurídica y estuviesen dominadas por un entorno de desigualdad social no es más que un hecho empírico que no explica nada por sí mismo. El ser consciente de que se sufre una desigualdad ni siquiera implica que se luche contra ella y, menos aún, que esa lucha sea para instaurar un régimen liberal e igualitario. Ni la historia social ni su desarrollo cultural han de-

nido con precisión el necesario nexo causal que explique cómo

y por qué, en un punto determinado del tiempo (y, además,en un período muy corto), los campesinos pasaron de concebir esta desigualdad como algo normal e incluso lógico a objetivarla como el problema fundamental de las relaciones humanas. ¿Por qué estos procesos de toma de conciencia o de interpretación cultural de las desigualdades seculares no ocurrieron en alguna de las múltiples crisis materiales o sociales anteriores?, ¿por qué sucedió justo en esos dos meses de ?, ¿cómo pudieron las comunidades rurales asumir unos determinados conceptos so- bre la libertad y la igualdad jurídica si no eran ni parte de sus intereses objetivos como clase ni de su utillaje cultural ?, ¿por qué no perduró intacta esa recién descubierta conciencia campesina

sociocultural de la cuestión rural en la Revolución francesa por no ser el objeto principal de nuestro estudio y para no reiterar lo ya dicho en otros excelentes trabajos que resumen este debate, uno de los últimos y más concisos y com- pletos en Jill Maciak Walshaw, A Show of Hands for the Republic. Opinion, Information, and Repression in Eighteenth-Century Rural France , Nueva York, University of Rochester Press, , págs. - .

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más allá de diciembre de ? Y, por último, pero no menos importante, ¿por qué hubo comunidades rurales en Francia que acabaron traicionando sus amantes y algo volátiles intereses de clase para apoyar movimientos aparentemente contrarrevolucio- narios ? Como se puede comprobar, esta revisión de la evolución

historiográ ca no solo no resolvió nuestras dudas iniciales, sino que generó otras nuevas y numerosas. Además de con rmarnos que existía un desfase explicativo entre las herramientas teóricas empleadas hasta el momento y la evidencia empírica del com- portamiento rural revolucionario, un problema que ya habían detectado los propios historiadores sociales, pero que ni ellos ni sus sucesores culturales habían conseguido resolver de manera satisfactoria.

Este desfase entre teoría y acción y la consecuente falta de res- puestas satisfactorias a las preguntas que se nos iban acumulando fueron los factores decisivos que nos llevaron a embarcarnos en

la segunda etapa de nuestra investigación, a saber, el retorno alestudio de las fuentes documentales del período, algunas ya visi- tadas por otros investigadores y otras inéditas. Nos hemos intere- sado, sobre todo, en aquellas fuentes que expresan de la manera más directa posible las ideas y re exiones de los habitantes del campo francés sobre su realidad. Fuentes que nos permitiesen indagar en la lógica subyacente de esas ideas y re exiones, con el n de poder reconstruir la génesis de las identidades, intereses y acciones de los campesinos, desde los Cuadernos de Quejas primigenios a los testimonios de los amotinados y rebeldes ante las autoridades judiciales, pasando por los mani estos elabora- dos para justi car y legitimar su rebeldía. De este modo, hemos intentando huir, en la medida de lo posible, de los problemas provocados por el referido desfase explicativo y, en concreto, del problema suscitado por la atribución a la población rural france- sa de identidades y acciones que en realidad nunca desplegaron y de la tentación de forzar el encaje del comportamiento empírico rural en una determinada teoría apriorística, en lugar de recons-

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truir el proceso a partir de las propias evidencias empíricas de dicho comportamiento.

Este retorno a las fuentes srcinales del comportamiento ru- ral ha tenido como consecuencia fundamental la elaboración de una serie de conclusiones y tesis que di eren en parte de las

formuladas por los historiadores sociales. Al no haber incluido un capítulo nal de conclusiones al uso, será necesario adelantar en esta introducción algunas de esas conclusiones y tesis, con el

n de facilitar la lectura y comprensión de esta obra. Debemos comenzar a rmando que a principios de la población rural francesa se identi caba a sí misma, esencialmente, en torno a tres ejes fundamentales: uno territorial, otro jurídico-político y otro religioso. Así, la identidad mayoritaria en el campo francés era la de comunidades rurales compuestas por católicos, súbditos del rey y vasallos de algún señor laico o eclesiástico. Esta identi- dad no tuvo un anclaje social o material, ni una lógica cultural

voluntarista, sino que se habría de nido en la con uencia y enla adaptación a la realidad cotidiana de las visiones del mundo clásica y moderna. Y es que, junto a los previos elementos iden- titarios propios del discurso clásico, los Cuadernos de Quejas nos muestran que las comunidades habían asumido principios ilus- trados y modernos para responder a los desafíos scales, políticos y administrativos de las décadas anteriores. Esa es la razón por la que, como comprobaremos, se mostraron partidarios no solo de tener representantes en los Estados Generales, sino de que estos

El empleo de los términos clásico y moderno para de nir las visiones del mundo generales existentes en la Francia del siglo está en parte inspirado en el uso que de ellas hace Michel Foucault en su clásico de Las palabras y las cosas . A partir de la década de parece haber comenzado la disolu- ción del saber clásico y su paulatina sustitución por el discurso moderno, al introducirse conceptos como los de igualdad, libertad, individuo o trabajo en dominios de la re exión que no los conocían, entrando en competencia con otras nociones anteriores, como las de privilegio, estamento o riqueza. Michel Foucault, Las palabras y las cosas , Madrid, Siglo XXI, , págs. - .

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defendiesen el n de la exención scal de los privilegiados y la aplicación de la igualdad representativa en los Estados provincia- les y Generales.

Este punto de partida nos obliga a revisar por completo el armazón de la explicación social y construir uno nuevo que esté

en consonancia con los procesos de cambio re ejados por las propias fuentes. Si los campesinos no eran una clase inconscien- te que tomó cierta conciencia de su interés objetivo antifeudal en razón de su situación material y de la in uencia ideológica burguesa, sino que su identidad y sus acciones se gestaron a tra- vés de procesos diferentes, situados al margen de la dicotomía objetividad-subjetividad, entonces ¿cómo podemos explicar su sistemática abolición práctica del feudalismo mediante la quema de títulos feudales en el verano de ?

El rastreo de la lógica intrínseca de las acciones de nues- tros protagonistas nos ha permitido, además de reconstruir

su identidad, explicar el proceso de articulación signi cativaa través del cual mutaron sus intereses y sus acciones. Una vez fracasados los Estados Generales, las comunidades rurales se enfrentaron a un nuevo desafío. Si querían llevar a cabo las reformas que habían propuesto en los Cuadernos, debían acabar primero con aquello que había hecho descarrilar los Estados, a saber, la oposición de gran parte de la nobleza y el clero a la pérdida de sus privilegios políticos y administrativos. Utilizando el mismo mecanismo con que habían alcanzado la solución a los anteriores problemas scales y de representa- ción, los campesinos articularon la nueva situación mediante los recursos conceptuales que tenían a su alcance. El discurso clásico no les ofrecía ninguna salida viable, ya que, precisa- mente, el privilegio garantizaba la desigualdad, que era el pilar central de dicha visión del mundo. Sin embargo, el discurso moderno les permitió ofrecer una nueva respuesta. Y es que si las comunidades podían ser iguales a la nobleza y al clero en el pago de impuestos y en la presencia en las Administraciones,

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¿qué pasaría si esa misma igualdad se apli caba también al terre- no de las relaciones jurídico-sociales?

La respuesta fue que, básicamente, las relaciones entre comu- nidades y señores pasarían a regirse por un principio de igualdad que acababa de un solo y elegante golpe con el régimen feudal.

Basándose en este razonamiento, miles de comunidades por toda Francia se dirigieron a sus señores para denunciar y destruir sus contratos feudales tras articular re exivamente que, ahora que eran iguales jurídicamente a sus señores, podían anular la rela- ción señorial de manera unilateral, liberándose así del yugo feudal . Hasta ese momento, solo el señor podía modi car dicha relación, mientras que las comunidades tenían que limitarse a discutir los términos concretos del vasallaje dentro del marco de la justicia real y señorial. Sin embargo, siendo iguales, tenían el mismo de- recho que los señores a enmendar la totalidad del vínculo feudal.

Así, las comunidades rurales francesas abolieron el feudalismo en

la práctica por un interés propio, derivado de la expansión de laarticulación del discurso moderno a nuevas facetas de su vida co- tidiana. Sin el desgaste de su objetivización del privilegio clásico como algo natural y su sustitución como metarrelato cotidiano por la alternativa igualitarista moderna, las comunidades rurales

jamás habrían acabado con el régimen señorial en los términos en los que lo hicieron, por muchos siglos de relación jurídica y social desigual que hubiesen experimentado. El privilegio solo es injusto cuando uno se concibe como igual al privilegiado y la desigualdad solo se transforma en opresión cuando uno se perci- be a sí mismo como un ser humano libre.

Como señaló Keith M. Baker sobre el Gran Miedo (nombre que recibe el movimiento campesino iniciado tras la toma de La Bastilla, espoleado por los rumores de que grupos de bandidos a sueldo de la nobleza querían arrasar las cosechas y que terminó con la quema de numerosos castillos y títulos señoria- les) hace ya un cuarto de siglo, «es evidente que los miedos locales tradicionales a los mendigos, durante períodos de escasez y agitación, fueron un elemento importante de la situación política que se desarrolló en el campo francés en

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Una vez esbozada esta nueva interpretación de la participa- ción campesina en el estallido revolucionario, nos surgió una nueva pregunta, ¿cómo se explicaría su intervención en los suce- sos posteriores al triunfo inicial de la Revolución? Partiendo del hecho de que ya no estaríamos tratando con una revoluciónbur-

guesa , acercarnos a los acontecimientos que siguieron al verano de como un intento de imponer intereses de claseburgueses a los campesinos ya no tendría sentido. De nuevo, las fuentes nos muestran la existencia de una lógica discursiva que está en la base

el verano de . Pero estos miedos no fueron la expresión de un instinto salvaje. uvieron una lógica cultural y social propia. Al mismo tiempo, se les pudo haber dado también una fuerza y un signi cado enteramente nuevo den- tro de un lenguaje político que ahora de nía la resistencia aristocrática como el obstáculo primordial para alcanzar las reformas deseadas por la “Asamblea Nacional”». Keith Michael Baker, Inventing the French Revolution, Cambridge, Cambridge University Press, , pág. . La interpretación que Baker hace

de las causas de la Revolución francesa se inserta en lo que parece ser un nuevoparadigma teórico, surgido en las últimas tres décadas a raíz de la crisis de la historia social. Miguel Ángel Cabrera, Historia, lenguaje y teoría de la sociedad , Madrid, Cátedra, .

Algunas de las herramientas analíticas proporcionadas por este nuevo en- foque teórico nos han sido muy útiles para captar y explicar la lógica intrínseca de los procesos re ejados en las fuentes sobre nuestro tema de estudio, por lo que en este trabajo se ha hecho un empleo amplio de las mismas. En parti- cular, nos ha sido de gran utilidad el concepto de discurso, entendido como un sistema establecido de reglas de signi cación que media activamente entre los individuos y la realidad social . Es decir, como un patrón conceptual que establece los términos en los que los individuos pasan a concebir la sociedad y su posición en ella . Los mecanismos explicativos convencionales, como la toma de conciencia o la representación cultural, han sido reemplazados por un nuevo concepto, el de articulación signi cativa , entendida como el proceso a través del cual los diferentes discursos dotan de sentido a la realidad cotidiana, provocando cam- bios en la visión de la realidad como resultado del desgaste o el fortalecimiento producido por su interacción signi cativa con los acontecimientos cotidianos. El discurso no constituye, por tanto, una mera esfera intelectual, sino que posee una capacidad signi cativa y una lógica propia que los agentes históricos no pueden trascender o manipular a su antojo.

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de la respuesta de las comunidades rurales a la nueva legislación liberal. Desde diciembre de , las autoridades parisinas co- menzaron una tarea legislativa de gran calado que tenía como objetivo establecer un régimen jurídico basado en la igualdad y la libertad entre los ciudadanos individuales que componían

la comunidad nacional. Se reformó la Administración scal, territorial, religiosa y militar, con el doble objetivo de hacerlas homogéneas para toda Francia, garantizando así la igualdad de los ciudadanos ante la ley, y de fortalecer al nuevo Estado para defenderse de sus enemigos internos y externos, garantizando así el triunfo de la Revolución y la propia libertad de los franceses. Esta legislación pronto entró en con icto con el proceso de de-

nición de los nuevos intereses de la identidad comunitaria pos- trevolucionaria. Y es que, si en París se entendía que los derechos y las libertades correspondían a la naturaleza individual de los componentes de una única comunidad superior, la nación, en

las comunidades rurales, que partían de la noción orgánica decomunidad, se consideraba que era esta última la que constituía el sujeto primordial de esas libertades y derechos. El papel de la comunidad rural como garante del bienestar de sus miembros había dejado de estar jado por su situación de desigualdad y de dependencia con respecto a otros órganos del cuerpo social absolutista, para pasar a estarlo por su naturaleza libre e igual al resto de los componentes de la nación liberal.

Una vez más, las comunidades re exionaron sobre la base de su identidad discursiva y concluyeron que ellas habían hecho la Revolución para tener más autonomía, no solo frente a los se- ñores, sino como un interés propio frente a cualquier otro ente

jurídico, incluidos el ciudadano individual y la nación. No se

La historiografía sobre el comportamiento rural durante la Revolución incluye desde los tiempos de Georges Lefebvre el concepto de una vía campe- sina revolucionaria especí ca. La Revolución francesa y los campesinos, ob. cit. La diferencia fundamental entre esa noción y nuestra explicación es que, en

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oponían a la existencia de libertades individuales, pero se consi- deraba que el interés de los habitantes de una comunidad rural como conjunto era superior al de uno solo de sus miembros. De modo que la centralización de las Administraciones territoriales y scales que le restaban gran parte de la autonomía conquista-

da a los señores comenzó a ser interpretada como un ataque de individuos burgueses o patriotas , en el sentido de habitantes de la ciudad y defensores de la legislación de los representantes de la nación. Se rompía así la sintonía identitaria entre comunidades y ciudades dentro del ercer Estado reformista contra los anti- guos privilegiados, para ser sustituida paulatinamente por una confrontación entre comunidades rurales y nación, convertida esta en la nueva generadora de desigualdades y privilegios. La identidad tercerestadista solo tuvo sentido en la dicotomía entre privilegiados y no privilegiados; superada la misma, emergieron nuevas fracturas identitarias, al calor de la expansión del discurso

moderno. De esta manera, al igual que un miembro de la Asam-blea Nacional podía ver en un aldeano opuesto a sus medidas a un aislado e ignorante retrógrado, ese mismo aldeano veía en el representante de la nación a un nuevo tirano que intentaba aca- bar con las libertades propias de su comunidad.

la primera, los intereses desplegados en acciones son entendidos como pro- pios del campesinado, anteriores por tanto al propio proceso revolucionario e incorporados al mismo, bien por una determinación estructural o por una re- presentación cultural. Sin embargo, nosotros entendemos que estos intereses se habrían conformado en el propio proceso revolucionario, mediante la expan- sión articulativa del discurso moderno a la realidad del campo francés, dando lugar a un desarrollo identitario y a unas posturas ante la implantación parisina del modelo revolucionario no solo diferentes, sino novedosas e imprevisibles, re exionadas y expresadas con la propia lógica revolucionaria.

Para una explicación de la noción de burguesía empleada en la época, ver Keith M. Baker (ed.), Readings in Western Civilization. Te Old Regime and the French Revolution, vol. , Chicago, Te University of Chicago Press, , pág. .

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Esta situación, ya de por sí límite, se agravó de manera irre- versible con la aprobación de la Constitución Civil del Clero, una ley de la Asamblea Nacional dirigida a sustituir el culto ca- tólico, apostólico y romano por una Iglesia galicana controlada por el Estado. Una situación que acabó desembocando en una

auténtica guerra civil, fundamentalmente en el noroeste de Fran- cia, con el llamamiento de la denominada «leva de los trescien- tos mil hombres». Para una parte importante de los diputados de la Asamblea Nacional y de sus partidarios, la Iglesia católica, apostólica y romana representaba el último vestigio de la natu- raleza jerárquica, desigual y supersticiosa del Antiguo Régimen. Mientras esta existiese, no podría imponerse el gobierno de la libertad, la igualdad y la razón. Por ello, emprendieron una refor- ma religiosa que integrase a los miembros del clero en el Estado, haciéndolos pasar a depender de París y no de Roma, yracio- nalizando su funcionamiento interno. Lo que implicaba, a su

vez, modi car gran parte del propio culto católico. Sin embargo,el catolicismo apostólico y romano formaba una parte especial- mente importante de la identidad de las comunidades rurales. Una de las funciones básicas de la comunidad era garantizar la subsistencia de las familias que la integraban tanto material como espiritualmente y, en ambos terrenos, los párrocos constituían un pilar fundamental en el mantenimiento del modo de vida comu- nitario, auxiliando los cuerpos de los más necesitados y las almas del conjunto de los vecinos, desde su nacimiento hasta su paso a la otra vida. Cuando el enfrentamiento entre Estado e Iglesia católica se enquistó de tal manera que el Gobierno decidió abolir el culto católico, las comunidades reaccionaron discursivamente para defender sus intereses.

La nueva identidad comunitaria liberal e igualitarista se asen- tó con la desaparición del Antiguo Régimen y comenzó a luchar por su espacio de acción y representación en el nuevo modelo. De esta manera, usando la lógica moderna que formaba parte de su identidad, las comunidades se preguntaron lo siguiente: si

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