tema 2, Ejercicios de Economía Política. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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tema 2, Ejercicios de Economía Política. Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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Asignatura: Economia Politica I, Profesor: Eugenio Torres Villanueva, Carrera: Sociología, Universidad: UCM
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Tema 2

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Tema 2 Síntesis de la historia del pensamiento económico: principales escuelas y autores. - La Economía Política Clásica y Marx. - Las escuelas neoclásica, histórica e institucionalista. - Keynesianismo, (Neo)liberalismo y Economía crítica. Planteamiento general. Una visión sintética de la variedad de escuelas y corrientes de pensamiento económico que han dado cuerpo a la Economía como ciencia a lo largo de los últimos dos siglos y medio. Una visión para contextualizar históricamente las grandes aportaciones teóricas y para ver las raíces históricas del pensamiento económico actual. A. La Economía Política Clásica y Marx. Se suele considerar como el origen de la ciencia económica la obra de Adam Smith (1723-1790) Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las Naciones(1776), que apareció el año de la independencia de las colonias británicas de América del Norte, más de una década antes de la Revolución Francesa (1789). La obra de A. Smith refleja los cambios productivos y sociales que estaba ocasionando la introducción de la máquina de vapor en la producción de manufacturas (origen de la denominada Revolución Industrial). Pero era también una reacción al predominio de las doctrinas mercantilistas imperantes en la Inglaterra del siglo XVIII, que propugnaban el fomento de la riqueza nacional asociado a las iniciativas económicas de la Corona. Estas iniciativas estaban normalmente organizadas en forma de monopolios al servicio del rey (acumulación orientada al fortalecimiento de los Estados nacionales de carácter absolutista). Frente al intervencionismo de la Corona, Smith propugnaba un orden natural basado en la libertad y en la iniciativa individual, algo semejante al laissez-faire, laissez-passer, propugnado por los fisiócratas franceses poco antes (mediados del siglo XVIII). Para

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Smith, la riqueza de las naciones se basaba en el trabajo productivo (crea valor), que da lugar a un excedente de mercancías comercializables a través del mercado, que constituye la base del crecimiento económico. Este excedente aumenta cuando aumenta la división del trabajo, la especialización y el intercambio a través del mercado. Según él, hay una especie de mano invisible (el mercado) que hace que el interés individual (beneficio) conduzca al interés general (aumento de la riqueza nacional). Smith fue el fundador y el principal representante de la escuela de pensamiento económico que se denomina Economía Política Clásica (Clásicos, a secas), pero hubo otros economistas, también británicos como él, que sobresalieron en ella, continuando en cierta manera su pensamiento. Son los siguientes: Thomas Robert Malthus(1766-1834) Malthus es conocido sobre todo por el denominado “Principio de la población”, según el cual el distinto ritmo de crecimiento de los recursos alimenticios y de la población crea un desajuste que obliga a establecer frenos preventivos sobre la natalidad, que han de basarse en la educación de las clases bajas (pobres), las de mayor tasa de natalidad. Malthus fue crítico con la “ley de pobres” vigente en Inglaterra en las últimas décadas del siglo XVIII, con la que los poderes públicos trataban de atender las necesidades básicas de las personas pauperizadas por los cambios provocados por el desarrollo de la Revolución Industrial. En su opinión, estas ayudas fomentaban la ociosidad. Era partidario, en cambio, de mantenerlas vinculándolas al desempeño de algún trabajo (inserción laboral). En todo caso, Malthus era más pesimista que Smith sobre el crecimiento económico de Inglaterra, y apuntó algo que Keynes retomó mucho tiempo después: la insuficiencia de la demanda efectiva como eventual freno al crecimiento económico. David Ricardo (1772-1823) Ricardo es considerado como el economista que llevó a un nivel analítico más elevado las principales formulaciones de la Economía Política Clásica. Tomando de Smith la idea del trabajo productivo como fuente del valor de los bienes, Ricardo consideró que el valor de estos estaba relacionado con la cantidad de trabajo que había sido necesaria para su obtención: trabajo directo (trabajadores) y trabajo indirecto (maquinaria, capital productivo). Sobre esta última,

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la maquinaria (factor productivo en expansión con la Revolución Industrial), Ricardo pensaba que su efecto sobre el proceso productivo no necesariamente era negativo en el sentido de expulsar a los trabajadores. Es decir, que, si bien la incorporación de nuevas máquinas desplazaba a los trabajadores cuyas tareas venían a sustituir, nuevas actividades productivas (como la fabricación de nueva maquinaria) permitían crear al mismo tiempo, nuevos empleos. Para Ricardo, la reinversión de los beneficios de los capitalistas (los dueños del capital productivo, de la maquinaria, etc.) era la fuente del crecimiento económico. Pero éste podría verse limitado o frenado por el aumento del precio de los alimentos, en tanto que esta circunstancia tendía a elevar el salario de subsistencia de los trabajadores. El aumento del precio de los alimentos estaba relacionado, según Ricardo, con la necesidad de emplear tierras cada vez menos fértiles para producir alimentos para una población en crecimiento. Las nuevas tierras tenían un menor rendimiento (mayor coste de producción) que las de uso habitual, y los propietarios de éstas (nobleza terrateniente) se beneficiaban de esta circunstancia percibiendo unas rentas más altas por ceder el uso de sus propiedades. Es así como Ricardo veía una clara contradicción entre este grupo social y el emergente de los nuevos capitalistas (propietarios del capital productivo de las industrias). Por último, a Ricardo pertenece la formulación de la Teoría de la ventaja comparativa, con la que explicaría la existencia del comercio internacional basado en la especialización de cada país en la producción de aquellos bienes en los que es más eficiente que el resto de países. John Stuart Mill (1806-1873) Cronológicamente, Mill es el último gran economista clásico. Es prácticamente contemporáneo de Marx. Esto le permitió observar una realidad social distinta a la analizada por Smith, Malthus o Ricardo, debido al fuerte avance de la industrialización (Revolución Industrial) en Gran Bretaña, que acabó configurando un sistema capitalista con una estructura de clases nueva. En ella, los capitalistas (dueños del capital productivo) y los trabajadores (obreros) asalariados alcanzaron el mayor protagonismo. Mill asumió el análisis de sus predecesores en lo referente a la esfera de la producción de bienes, que se guiaba por principios

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universales, pero se mostró reformista en el ámbito de la distribución, siendo ésta su principal aportación a la Economía Clásica. Según Mill, la distribución del excedente generado en la actividad productiva está sujeta a leyes sociales. Esto quiere decir que los gobernantes pueden y deben buscar formas de redistribución del excedente que compensen la distribución que hace el mercado, haciendo que ésta sea más equitativa y contribuya a corregir las desigualdades sociales. Mill pidió que la educación alcanzase a todas las personas, defendiéndola como una garantía para la mejor distribución de la renta. Propugnó también la modificación de las leyes de la herencia en Gran Bretaña o la intervención del Estado en la regulación de la jornada de trabajo. Se trata de propuestas tal vez modestas desde nuestra perspectiva actual, pero muy avanzadas en el marco de los principios de la Economía Política Clásica, donde al Estado se la asignaba un protagonismo económico muy limitado (Estado mínimo). Karl Marx (1818-1883) El pensamiento económico de Marx es tributario de la Economía Política Clásica, y en particular de la teoría del valor-trabajo de Ricardo, de las ideas de los socialistas utópicos, y de la filosofía de Hegel. Marx, cuya obra fundamental El capital. Crítica de la Economía Política se publicó en 1864, puso en duda que el capitalismo se rigiese por leyes universales; bien al contrario, tanto sus raíces como su desenvolvimiento eran plenamente históricos y, por tanto, sujetos a diferentes contingencias en su evolución. Marx reconoció en su obra El Manifiesto Comunista (1848) –donde aparece la célebre consigna “¡proletarios de todos los países, uníos!”— el enorme éxito que representaba ya entonces el capitalismo por el gran desarrollo de las fuerzas productivas que había sido capaz de conseguir sobre la base del beneficio privado y la acumulación de capital. Teniendo en cuenta las relaciones de poder que subyacían en las relaciones de producción capitalistas, Marx consideró que el beneficio capitalista y la acumulación subsiguiente se basaban en un proceso de explotación del trabajo por parte del capital. Lo explicó a partir de la teoría del valor-trabajo de Ricardo, descubriendo que el trabajador aportaba más valor (plusvalía) a la producción del que recibía como salario. Este valor excedentario era el origen del beneficio capitalista y de la acumulación subsiguiente, y su apropiación por parte del capitalista constituía el principio de explotación sobre el que se basaba el capitalismo.

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El motor del crecimiento de la economía capitalista era la extracción de plusvalía y su reinversión por parte de los dueños de los medios de producción. Pero el proceso de acumulación capitalista no era eterno. Estaba condicionado por la capacidad de respuesta de la clase obrera organizada (sindicatos, partidos obreros, etc.). También estaba condicionado por la existencia de crisis (de subconsumo) recurrentes, debido a la limitada capacidad adquisitiva de la población trabajadora. Además, a largo plazo, Marx consideraba que el capitalismo declinaría, debido a la caída tendencial de la tasa de ganancia. También pensaba que esto no era suficiente para que desapareciese, siendo necesario, en todo caso, la acción revolucionaria de la clase obrera organizada para crear las condiciones de su desaparición definitiva y las de la nueva organización económica y social: el socialismo. B. Las escuelas neoclásica, histórica e institucionalista. Escuela Neoclásica Hacia 1870, el pensamiento económico dio un giro radical, desmarcándose tanto de los presupuestos teóricos del marxismo como de muchos de los planteamientos de la Economía Política Clásica, especialmente de los relacionados con la teoría del valor- trabajo. Este giro es atribuible a varios economistas europeos, como el británico William. S. Jevons (1835-1882), el austríaco Carl Menger (1840-1921) y el francés León Walras (1837-1910), si bien fue el británico Alfred Marshall (1842-1924), quien logró la primacía como referente de la denominada Escuela Neoclásica, también llamada a veces Marginalista o Utilitarista. Esta corriente ha continuado hasta la actualidad, siendo durante largos periodos de tiempo el referente teórico dominante en Economía. Hoy encuentra su continuidad en el pensamiento económico liberal o neoliberal, articulado sobre los principios de la iniciativa individual, la libertad de empresa, el predominio del mercado y la reducción drástica de la intervención del Estado en la economía. Los economistas neoclásicos defendieron, como sus antecesores (los clásicos), el carácter universal de las leyes económicas y su aplicabilidad a la conducta de cualquier ser humano con independencia de su circunstancia histórica. Tuvieron una preocupación creciente por dotar a la ciencia económica de un

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enfoque plenamente científico –y de ahí su interés por introducir las matemáticas en la elaboración de sus teorías—, despojándola de la orientación revolucionaria que le proporcionó Marx. Perdió interés para ellos el estudio del crecimiento económico y, en definitiva, el análisis del largo plazo, puesto que al final del siglo XIX y principios del XX el capitalismo vivió una época de prosperidad notable asociada a los avances técnicos de la Segunda Revolución Industrial (electricidad, motor de combustión interna, química). Por el contrario, se centraron en el análisis del corto plazo y por un enfoque microeconómico, esto es, que su interés se orientó sobre todo a explicar el funcionamiento del mercado, la formación de los precios y el comportamiento de oferentes y demandantes. Frente al valor de los bienes (valor de cambio) que se genera en la esfera de la producción, según los clásicos, los neoclásicos defendieron un enfoque subjetivo del valor de las cosas, basado en la utilidad que reportan a los demandantes (consumidores). Marshall aceptó, no obstante, que, así como los dos bordes de las tijeras son necesarios para cortar, también en el mercado los precios se forman a partir de la conjunción de dos elementos: 1) los costes de producción (oferta) en los que incurren los fabricantes, y 2) la utilidad que los consumidores (demanda) esperan obtener del bien comprado. En todo caso, para los neoclásicos estas leyes de funcionamiento de los mercados y de determinación de los precios son universales y ahistóricas. Escuela Histórica Se trata de una corriente de pensamiento económico, que se desarrolló en dos momentos históricos a lo largo del siglo XIX en Alemania. En el primero, Georg Friedrich List (1789-1846) destacó por su oposición a los principios del librecambio presentes en la teoría del comercio internacional de Ricardo. Como país de industrialización retrasada respecto a Inglaterra, List defendió para Alemania una protección a su naciente industria frente a la competitiva manufactura británica, más desarrollada. De esta manera mostró que cada país podía encontrar su propio camino de crecimiento económico, y no necesariamente seguir un modelo universal (el británico). En el segundo momento, Gustav Smoller (1843-1883) es el principal representante de una corriente de pensamiento económico más madura, que defiende el empirismo y el mundo real como base para elaborar teorías de alcance limitado –no de alcance

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universal— a partir del método inductivo y no del método deductivo empleado por los clásicos. La Escuela Histórica puso el énfasis en la necesidad de conocer la evolución económica y las relaciones institucionales y humanas, cuestionando la validez de las teorías abstractas y generales que ignoraban los procesos históricos. Aportó a la teoría económica, en definitiva, un método de análisis hasta entonces ignorado o menospreciado por los economistas clásicos. Escuela Institucionalista Muy influenciada por los planteamientos de la Escuela Histórica alemana, a finales del siglo XIX se desarrolló en Estados Unidos la Escuela Institucionalista, cuyo principal representante es Thorstein Veblen (1857-1929). El desarrollo de esta escuela coincidió con la época en la que se asentó el modelo de capitalismo americano que se haría hegemónico en el mundo a mediados del siglo XX. Se trata del capitalismo basado en la gran corporación, en los grandes trusts como el del petróleo (Standard Oil), cuyo funcionamiento oligopolista daría pie a la aparición de las primeras leyes antitrust (leyes de defensa de la competencia). Veblen atacó los principios teóricos de la Escuela Neoclásica, pero también fue muy crítico con los principios sobre los que se construyó el capitalismo americano. Defendió la importancia de las instituciones en la conformación de los sistemas económicos, desechando que éstas fuesen datos fijos e inamovibles sino construcciones históricas y evolutivas. Las instituciones que conforman la vida económica de cada país y la forma como evolucionan en el tiempo constituyen los dos aspectos cruciales de estudio para los economistas de esta escuela. Esta corriente se debilitó enormemente después de la crisis de 1929, no habiendo recuperado su prestigio en el panorama del pensamiento económico hasta finales del siglo XX. En las últimas dos décadas ha proporcionado dos premios Nobel de Economía: Ronald Coase y Douglass North, lo que pone de manifiesto la renovada importancia que se concede a las instituciones en el funcionamiento de la economía de cada país. C. Keynesianismo, (neo)liberalismo y Escuela crítica.Keynesianismo

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Es una de las corrientes del pensamiento económico que más influencia ha tenido en la vida económica de Occidente en la segunda mitad del siglo XX. Esta afirmación se justifica sólo con pensar que la construcción del denominado “Estado del bienestar” en los países desarrollados occidentales ha estado inspirada fuertemente en los planteamientos keynesianos. La crisis económica actual ha devuelto esta corriente a la primera fila del pensamiento económico, después de unas décadas de hegemonía de la corriente neoliberal. El fundador y principal representante del keynesianismo es el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946). Discípulo del neoclásico A. Marshall, Keynes se separó de los planteamientos de su maestro y de la corriente neoclásica, en general, a raíz de los cambios provocados por la crisis económica mundial de los años treinta del siglo pasado, cuyo origen fue el crack de la Bolsa de Nueva York de 1929. Su obra principal, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936) constituye el origen de la macroeconomía moderna, un enfoque de análisis nuevo basado en el estudio agregado de la actividad económica y en su funcionamiento a corto plazo. Este enfoque tenía (y tiene) una finalidad pragmática consistente en buscar las soluciones de política económica más apropiadas a cada circunstancia y especialmente a las situaciones de estancamiento o crisis. Keynes puso en cuestión la premisa neoclásica de que el mercado era capaz de autorregularse y, en consecuencia, era capaz por sí solo de superar los periodos de crisis en los que entraba el sistema capitalista cada cierto tiempo. Para Keynes, el desempleo masivo y persistente en los años treinta ponía en evidencia los fallos en el funcionamiento del mercado de trabajo. Solucionar este problema cuanto antes era una responsabilidad social, a la que tenían que hacer frente los gobiernos. Keynes planteó la intervención del Estado para salir de la crisis a través de la aplicación de medidas de política fiscal (medidas instrumentadas a través del presupuesto del Estado, esto es, modificando los impuestos y/o el gasto público). En su opinión, como ya adelantase Malthus, el problema era de insuficiencia de la demanda efectiva, insuficiencia que debía cubrir el Estado con un aumento del gasto público, aunque esto conllevase un déficit en el presupuesto (los neoclásicos defendían el equilibrio presupuestario del Estado). Una vez superada la crisis y recuperado el pleno empleo, el Estado debía entonces dar marcha

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atrás: reducir el gasto público y volver al equilibrio presupuestario. De esta manera, podría estar en las mejores condiciones para intervenir cuando se presentase una nueva crisis. La intervención del Estado en la economía a través del gasto público, sobre todo, fue una constante en los países desarrollados de Occidente desde la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1970, con independencia de si la economía estaba o no en situación de pleno empleo. Fue en este tiempo cuando se implantó y desarrolló el Estado del bienestar (gastos sociales a cargo del Estado) en los países europeos occidentales, lo que supuso situaciones persistentes de déficit público en casi todos ellos. Cuando en 1973 estalló la denominada crisis del petróleo, muchos de estos estados tenían un presupuesto desequilibrado, que hizo difícil una intervención como la preconizada por Keynes en los años treinta. Además de desempleo, esta crisis provocó una gran inflación como consecuencia del encarecimiento de los costes de producción al aumentar el precio de la energía. La escasa capacidad de respuesta del keynesianismo a esta crisis hizo que perdiese protagonismo en el panorama de la teoría económica, protagonismo que la crisis económica actual, más parecida a la de 1929, le ha devuelto. Joseph A. Schumpeter (1883-1950) Contemporáneo de Keynes, pero sin adscripción a ninguna escuela, es el economista austriaco J. A. Schumpeter, que merece ser incluido en este breve repaso a las grandes corrientes del pensamiento económico por sus teorías sobre el desarrollo económico y el empresario. En su obra Teoría del desarrollo económico (1911), Schumpeter retomó el estudio de la dinámica económica a largo plazo, tal como la entendieron los clásicos. Según él, el desarrollo económico tiene lugar cuando acontecen innovaciones que modifican drásticamente los procesos productivos. Se trata de un proceso de “destrucción creadora”, en el que pueden producirse diversos tipos de innovaciones (introducción de un nuevo bien, un nuevo método de producción, nuevos mercados, nuevas fuentes de materias primas, nueva organización de la industria, etc.). El empresario es el agente que introduce las innovaciones, y de ahí el término “empresario schumpeteriano” para referirse a los empresarios innovadores que hacen avanzar la producción y la riqueza de los países. Una vez incorporadas las innovaciones, el proceso de difusión-imitación de las mismas entre

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el resto de empresas hace que el beneficio asociado a ellas se diluya, cerrándose así el ciclo económico impulsado por la innovación…, hasta que la introducción de otra nueva vuelve a poner en marcha otro ciclo de crecimiento. Esta concepción del proceso “innovación-cambios en el proceso productivo-desarrollo económico” sigue gozando hoy en día de un amplio reconocimiento académico, y está en la base de las políticas gubernamentales de fomento de la innovación y de la capacidad emprendedora. Liberalismo La corriente liberal o neoliberal en Economía hunde sus raíces, como se ha dicho, en los economistas clásicos, y especialmente en los neoclásicos. Se trata de una corriente en la que es posible encontrar escuelas concretas con postulados no equivalentes, pero todas ellas, en general, muestran un sustrato homogéneo basado en los siguientes principios fundamentales: la iniciativa individual, la libertad de empresa, el predominio del mercado y la reducción drástica de la intervención del Estado en la economía (Estado mínimo). Autores como Ludwig von Misses (1881-1973), Friedrich Hayek (1899-1992), ambos de la Escuela Austríaca, y Milton Friedman (1912-2006), principal referente del monetarismo, pueden ser considerados como los padres del liberalismo moderno y los principales adalides de esta corriente de pensamiento económico. El monetarismo de Friedman se forjó a partir de la década de 1950 como crítica a las ideas keynesianas de intervención del Estado en la economía a través de la política fiscal, acusando a ésta de ser responsable de los procesos inflacionistas (déficit públicos estructurales) que empezaron a aparecer en los países desarrollados antes incluso de la crisis del petróleo de 1973. La incapacidad de la teoría keynesiana de dar respuesta a esta crisis catapultó a las teorías liberales y monetaristas al primer plano, siendo el ataque al intervencionismo del Estado en la economía su principal fundamento. Junto a ello, neoliberales y monetaristas defendieron el libro juego de las fuerzas del mercado como garantía del desenvolvimiento de la economía, la moderación en los costes, el uso de una política monetaria restrictiva, el descenso del gasto público y de los impuestos, la privatización de empresas y servicios públicos, etc. El adelgazamiento del Estado, en definitiva. Además, este programa se difundió al mundo entero a través de la actuación política de dos gobernantes muy influyentes, Margaret Thatcher

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(Inglaterra) y Ronald Reagan (Estados Unidos), que comulgaron firmemente con estos principios en los años ochenta. La caída del muro de Berlín en 1989 y la desintegración posterior de la URSS, con lo que esto suponía de fracaso del modelo soviético de planificación económica socialista, terminó por catapultar al neoliberalismo a la cima de su influencia en el panorama del pensamiento económico… hasta el momento presente, cuando la crisis económica lo ha vuelto a poner a prueba. Escuela crítica Esta corriente de pensamiento económico reúne a muy diversas y heterogéneas posiciones ante la realidad económica del momento presente, si bien todas ellas son críticas con la situación a la que ha llegado el capitalismo, y coinciden en el objetivo de buscar una alternativa a este sistema económico, que evite las crisis inherentes al mismo, que ponga a las personas y a sus necesidades –y no al beneficio y a la acumulación de riqueza— en el centro de la actividad económica, que favorezca el uso equilibrado y sostenible de los recursos naturales, que frene el militarismo de los Estados, y que promueva la igualdad de oportunidades y el reparto de la riqueza y el bienestar entre todos los ciudadanos. Se trata, pues, de un conglomerado heterogéneo de ideologías y de planteamientos, que difícilmente hubiese cristalizado como tal de no haberse desarrollado en las últimas décadas una fuerte conciencia social por la preservación del medio ambiente, un creciente protagonismo de la mujer en todas las esferas sociales, la desaparición del modelo soviético y/o socialista de organización económica, y la quiebra de la los principios de la sociedad del bienestar que puede traer finalmente la crisis económica presente. Entre las corrientes de la Economía crítica que aportan más firmeza teórica a la misma están las que han vuelto la vista al pensamiento marxista original, el formulado por Marx, no el erigido por los líderes del socialismo real (Lenin, Stalin, Mao). De ahí que en buena medida pueda considerarse que la Economía crítica tiene parte de sus raíces en la idea de transformación social que subyace al planteamiento económico de Marx. Orientación bibliográfica

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- El libro de John K. Galbraith, Historia de la Economía (la última edición es de 2011), puede ser interesante para ampliar información y documentarse. - Para profundizar en este tema, hay numerosas publicaciones con títulos como “Historia del pensamiento económico”, “Historia de las doctrinas económicas” o similares que ofrecen panoramas amplios de la evolución de la teoría económica.

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