TEMA 8, Ejercicios de Historia de España. Universidad Complutense de Madrid (UCM)
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TEMA 8, Ejercicios de Historia de España. Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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Asignatura: Historia Política y Social de España e Hispanoamérica, Profesor: maria teresa nava, Carrera: Español: Lengua y Literatura, Universidad: UCM
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TEMA 8 - ESPAÑA: CRISIS DE LA MONARQUÍA. REPÚBLICA. GUERRA CIVIL (1923-1939)

PARTE I

La incapacidad del sistema para dar soluciones a la difícil situación política del país y la especial situación del ejército debido al problema de Marruecos conducen al golpe de Estado del General Primo de Rivera. El Rey Alfonso XIII lo aceptó como hecho consumado. El Gobierno liberal en el poder muestra una actitud pasiva. El Partido Socialista y la UGT no se oponen. Los catalanistas tienen una actitud de reserva y atención; el problema social desatado sobre todo en Barcelona lleva a la burguesía a buscar en el nuevo sistema una solución. La opinión pública lo recibió con entusiasmo. Para todos ellos se presenta el nuevo régimen como una fórmula provisional para resolver los graves problemas del momento. El programa de Primo de Rivera, aunque sin soluciones concretas, va Exigido a resolver los problemas que le condujeron al poder. Su espíritu regeneracionista le lleva a la destrucción de la oligarquía y el caciquismo y el problema Se la subversión social. La situación económica y el problema de Marruecos serían los otros dos grandes objetivos de la dictadura.

La dictadura es un paréntesis de calma y prosperidad en el siglo xx español. La atención a los problemas sociales y el intento de resolver la lucha de clases atrajo la colaboración de los socialistas y la UGT. La política social se basó en ana organización corporativa mediante los comités paritarios en los que estaban cualmente representados patronos y obreros. La estabilidad en el empleo propi— rió una paz social con el consiguiente restablecimiento del orden público. A oartir de 1923 el número de huelgas disminuyó. Las escasas dificultades con los movimientos obreros favoreció la casi total desaparición de los atentados.

En la gestión económica, aspecto de la obra de Primo de Rivera en que existen las opiniones más contrapuestas, se obtienen logros brillantes. Existió un gran esfuerzo para aumentar la renta nacional; fue resuelto el problema de la deuda pública y el presupuesto se liquidó con superávit. La política económica estuvo vinculada a un nacionalismo regeneracionista y presidida por un proteccionismo y una intervención estatal seguido de un programa de reactivación económica.

La mayor popularidad se consiguió en el terreno militar al terminar con la guerra de Marruecos. La primera etapa del Gobierno de Primo de Rivera está centrada especialmente en la solución de este problema. El triunfo espectacular del Gobierno sentó las bases de la política exterior del paréntesis histórico de la Dictadura. Durante este periodo la diplomacia española se basa en una dependencia de Francia y Gran Bretaña con un intento de acercamiento a la Italia fascista que contrapesara la influencia de las otras dos naciones. Las buenas relaciones con Portugal y el interés por Hispanoamérica completan la posición de España en el contexto internacional en estos seis años de su historia.

Cuando Primo de Rivera comienza con un Directorio militar no abogaba por la permanencia del ejército en el poder, tenía pensado sustituirlo por civiles dejando a un lado a quienes el Dictador denominaba políticos profesionales. Se arrincona, e incluso se intenta obviar, el viejo régimen de la restauración. No existe una especial preocupación por crear nuevas instituciones, posiblemente porque la dictadura no intentó implantar un nuevo régimen, era un sistema autoritario y temporal. La Asamblea Nacional elaboró un proyecto de Constitución que no progresó, no existió un acuerdo. Los Proyectos de Ley Electoral y del Senado no se llevan a la práctica. La elaboración de un Estatuto Municipal, con un sentido claramente descentralizador que amplió las posibilidades de los municipios, fue una de las realizaciones del programa regeneracionista de Primo de Rivera. Con este mismo espíritu de regeneración se formó un partido único, la Unión Patriótica, pretendía no solo terminar con la vieja política sino procurar una nueva. Aun con este sentido de partido único no hay que buscar una semejanza con ideologías contemporáneas; la Unión Patriótica fue tan circunstancial como el Gobierno y desapareció con él.

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La evidencia de su situación transitoria queda demostrada cuando, abandonado por sus primitivos apoyos, se volvió nuevamente a la normalidad. Quienes lo asintieron lo aceptan desde el primer momento como una fórmula provisional. Su intento de continuidad es uno más de los diversos factores que concurren a explicar por qué el general fue perdiendo popularidad hasta la dimisión en enero de 1930. La dictadura fue un paréntesis que muchas circunstancias aconsejaban cerrarlo cuanto antes; a pesar de sus indiscutibles realizaciones, los problemas de fondo que provocaron la crisis no se resolvieron, sólo se arrinconaron. Era muy difícil la vuelta a la normalidad constitucional y no se habían dado soluciones para la evolución política del régimen. Al final de su mandato Primo de Rivera cuenta en la oposición con los miembros de la vieja clase política pues su lucha contra el caciquismo les había desorganizado el sistema de clientela en que se apoyaban. Las posturas opuestas produjeron la escisión con los socialistas que en un primer momento habían colaborado con el régimen. Las fricciones con los intelectuales fueron casi constantes desde el primer momento. También tiene en frente a los regionalistas y al ejército que desde el 1926 había unido su oposición a la política (Sanjuanada. VI-1926).

Aunque la dictadura de Primo de Rivera no se puede considerar como el inmediato antecedente de la República, si se puede decir que la engendró por el deterioro que supuso para la monarquía esta caería inmediatamente detrás de la dictadura. El vacío institucional se intenta llenar con una vuelta a la Constitución de 1876. El régimen articulado por Cánovas ya no sirve. Las fuerzas políticas que se habían formado con la revolución social al margen del sistema de la restauración habían cobrado fuerza. Socialistas, catalanistas y republicanos se habían unido en el Pacto de San Sebastián (1930). La Asociación Republicana Militar y la Agrupación al Servicio de la República son lo suficientemente representativas de la orientación que apuntaba la política española. Intelectuales y sindicalistas rechazan el sistema. La crisis económica mundial alcanzaba también a España. El movimiento obrero, constituido sobre todo por el proletariado urbano crece y se desarrolla encuadrado en las organizaciones sindicales. En 1930 UGT había sobrepasado en su afiliación a la del partido socialista y la CNT estaba fuertemente implantada en Cataluña y campo andaluz. La opinión pública dormida durante siete años comienza a mostrar protagonismo en la vida política. La monarquía no contaba con fuerzas políticas donde apoyarse, los monárquicos se inhiben y la oposición se había organizado y crecido con el tiempo y estaba más enraizada que nunca. La posibilidad de una vuelta al pasado favoreció un sentimiento generalizado en contra del régimen e incluso contra Alfonso XIII a quien no se le exime de responsabilidades y se le acusa de haber traicionado la Constitución.

Por primera vez los republicanos vieron aumentar el número de partidarios, algunos procedentes de la desilusión monárquica. España fue nuevamente republicana aún siendo realmente pocos los republicanos de principios y programa pertenecientes a clases burguesas e intelectuales; lo que había era una mayoría de antimonárquicos. La fuerza de los partidos monárquicos tradicionales se disolvió de tal manera que en las elecciones de 1931, en las nuevas Cortes, sólo contó con un escaño. Acceden al poder precisamente las fuerzas que la restauración no había englobado. Hubo una serie de grupos que apoyaron a la República para conseguir sus objetivos, particularismos que jugarán un papel importante en el hundimiento del régimen republicano. Se hace patente que la unión entre los diferentes partidos fue ocasional. El único partido verdaderamente organizado es el socialista. Su protagonismo es fundamental en el primer bienio.

El nuevo Gobierno tenía ante sí diversos problemas de gravedad. El texto constitucional de 1931, inspirado en las teorías constitucionalistas de entonces y especialmente en las constituciones de México, Austria y Alemania, intentaba dar solución a los problemas existentes. El tema religioso enfrentó a la República con gran parte de la opinión pública y decantó grupos antagónicos. La declaración de derechos incorpora la asociación política y sindical. Recoge derechos sociales. Al tercer tema polémico, el regionalismo, se le da un tratamiento entre el federalismo y el Estado Unitario.

La oposición está avivada por dos grupos de izquierdas, los anarquistas y los sindicalistas que se enfrentan a los socialistas, a quienes consideran colaboradores con grupos de la clase media y les fuerzan a

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una radicalización de su política. La República llegó en un momento de crisis económica mundial, con un clima de desconfianza entre la banca y la patronal, las clases obreras estaban descontentas con el carácter burgués del nuevo gobierno, y el anarquismo se esforzaba en crear cada vez más una situación revolucionaria con la convocatoria de huelgas. Las medidas que el nuevo Gobierno fue tomando para la resolución de los problemas le distanció de sectores como la Iglesia Católica, contra quien la República dirigió su normativa desde el primer momento y el ejército que junto con terratenientes e industriales se aglutinaron en torno al nuevo partido de derechas: la CEDA.

El Gobierno de derechas lleva a cabo una política de rectificación que provoca la reacción de las izquierdas al considerar que se desvirtuaba el propio sentido republicano. Socialistas y UGT convocan una huelga general que desemboca en la revolución de Asturias. Las posturas se radicalizan. La inestabilidad política y el escándalo del estraperlo provocan la caída del Gobierno. La forma de reconducción de la República aglutina al bloque de izquierdas. Socialistas, comunistas y republicanos se unen en el Frente Popular. Se volvía nuevamente a intentar aplicar el programa del primer bienio y la reforma agraria. Tensiones sociales y políticas desbordan al Gobierno. La conspiración de las fuerzas conservadoras desencadena el Alzamiento Nacional.

En la guerra civil fue donde desembocó la tensión acumulada de uno y otro bando que se disputaron no un programa político sino un concepto de España y concluyó con la victoria de los nacionalistas. El Gobierno republicano y los nacionalistas intentan la movilización de las masas y la ayuda exterior. España queda dividida en dos zonas: nacional y republicana. En la España republicana conviven dos poderes, el Gobierno legal y el que nace de la respuesta a la sublevación. El poder popular se organizó en comités. Se produce la colectivización de los medios de producción y se impone una economía de guerra. Un Gobierno de concentración entre socialistas y nacionalistas da paso a los comunistas que por primera vez forman parte de un Gobierno. Los anarquistas creían que había que profundizar en la revolución. Se da un proceso de revolución política en el seno de la guerra. En la España nacionalista la organización política se basa en una dictadura militar.

Los factores que hicieron posible la victoria fueron, entre otros más matizables, la habilidad de Franco para mantener unidos la amalgama de los grupos de derechas (parte del ejército, iglesia, monárquicos, falangistas) en contraposición a las desavenencias entre los grupos del bando gubernamental y sus conflictos internos. No se puede obviar la ayuda extranjera, la respuesta inmediata de Italia y Alemania a la petición de ayuda de Franco, casi igualmente rápida que la de Rusia a los gubernamentales, contrasta con la pasividad del Frente Popular Francés a quién se dirigió el Gobierno republicano. Tras la Guerra Civil, el general Franco comenzó su Gobierno personalista que duró hasta su muerte en 1975.

PARTE II

El período que comprende desde el final de la guerra civil hasta que se instaura la democracia ha sido denominado el régimen de Franco. Entre 1939-1975 es Franco quien aglutina este espacio histórico mediante el régimen que él creó: el franquismo. La gran duración del sistema, explicada por la singular ausencia de ideología, ha facilitado que se den como en una secuencia definiciones diferentes. Para los primeros años se destaca el componente fascista o totalitario; después, el nacionalismo, nacional-catolicismo, democracia orgánica, una dictadura que pone en marcha el desarrollo económico de su país y, en una fase final, una dictadura en cuyo seno se preparaba una monarquía democrática. Como telón de fondo una mentalidad en la que subyacía un autoritarismo y de la que emanaban todas las características del régimen.

Durante este largo periodo el general Franco mantuvo no sólo la jefatura sobre los sectores sociales y políticos que con él ganaron la guerra civil, sino que su autoridad fue también indiscutible entre las distintas

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tendencias que convivían dentro del gobierno. El prestigio personal y el alejamiento de cualquier ideología permitieron que carlistas, monárquicos o falangistas formaran parte de los fundamentos de su régimen. Al lado del totalitarismo existió un cierto pluralismo que posibilitó la existencia de grupos con programas distintos, aunque la propia evolución del régimen imprimió en la etapa final del franquismo un carácter personalista. La opinión pública a partir de los 60 se polariza entre una minoría opositora y otra partidaria sin un gran apasionamiento del resto de los españoles.

El nuevo Estado entre los años 1939-1945 fue totalitario. Se concentró el poder en manos del Jefe del Estado sin limitación desde el punto de vista constitucional. Aunque el funcionamiento de las Cortes como Órgano supremo de participación de1 pueblo español queda regulado en 1942, éstas estuvieron controladas por el ejecutivo. Una fuerza importante en estos momentos lo constituye la Iglesia. Recibe concesiones por parte de Franco como la desaparición de la legislación de la Segunda República y el apoyo económico. Durante este periodo, la unificación era reciente, son frecuentes las divisiones surgidas entre miembros del gabinete, tensiones que el Jefe del Estado trató de resolver con sucesivos cambios gubernamentales que respondían no solo a superar las diferencias internas sino también en buena medida a los virajes de la guerra mundial que marcó especialmente los rumbos de la política franquista.

Tras la guerra civil, España tuvo que hacer frente a varios problemas que se añadieron al necesario emerger de la postración en que se encontró tras la contienda. Apenas comenzaba la posguerra cuando estallaba la Segunda Guerra Mundial. Ip•ua1mente que en la primera conflagración mundial España no entró en la guerra, pero la situación dentro de1 marco europeo era distinto: se habían contraído compromisos con un sector de los beligerantes. Italia y Alemania habían ayudado a Franco y, ahora, pedían colaboración a favor del Eje. Aunque Franco consiguió que España se mantuviera neutral, hubo que otorgar determinadas concesiones que resultaban onerosas para un país destruido.

Desde el año 1939 España pasa por una dificilísima situación económica. Al balance económico de la guerra se añadieron los factores externos impuestos por la guerra mundial. La economía española carecía de materias primas, los campos estaban destrozados y las industrias sin capitales para su renovación. Se hacían imprescindibles pero imposibles las importaciones. Estas carencias y la dificultad de obtenerlas del exterior fue un freno para la reconstrucción del país. Franco optó por una política autárquica e intervencionista que engendró nuevas disposiciones que deseaban controlar todo del proceso productivo. Los precios suben y la escasez de artículos dc primera necesidad dio lugar al racionarniento. La falta de reservas del Banco de España obligó a la emisión del papel sin respaldo, con el consiguiente peligro inflacionista. Las primeras disposiciones del régimen estuvieron dirigidas a la reconstrucción. Hubo también medidas iniciales en la política agraria tanto en la distribución de la tierra como en el terreno agrícola que permitió resolver los problemas de carestía o abundancia. El intervencionismo se expresó más claramente en la política industrial con disposiciones legislativas destinadas a la protección de las industrias desde 1939. El comercio exterior padeció un fuerte control mediante un sistema de licencias. El cambio de moneda se repu1ó mediante cl Instituto Español de Moneda Extranjera. La política social y sindical fue promovida especialmente por sectores falangistas. Se dan algunas disposiciones como el subsidio familiar, seguro de vejez, de enfermedad, y la Ley de contrato de trabajo. Los sindicatos tenían en este momento inicial del régimen un papel importante que con el paso del tiempo fueron perdiendo.

La paz mundial significó para España el aislamiento internacional. Sus relaciones exteriores se apoyan en Portugal y Argentina que abastece de trigo. Las Naciones Unidas recomiendan la ruptura total con España de las relaciones diplomáticas y comerciales y los aliados decretan la exclusión de España de los organismos internacionales (San Francisco y Potsdam, 1945). Las aspiraciones de la oposición y la alternativa monárquica aparecieron como posibles. Hay dudas sobre la supervivencia del régimen. Los derroteros de la política internacional, los conflictos internos de la oposición, los recuerdos de la guerra y los juicios del exterior —Estados Unidos declara a España «peligro para la paz»— tuvieron un efecto contraproducente y

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unieron a la gran masa del país en torno a Franco. El régimen por su parte se esfuerza en dar una imagen de «evolución política» con un alejamiento del fascismo. Su catolicismo le permitía identificarse con los regímenes de Europa Occidental y el totalitarismo de la etapa anterior se sustituye por un corporativismo católico próximo a la democracia cristiana más acorde con el panorama político internacional dcl momento. Las leyes fundamentales se promulgan con un barniz más similar a lo que imperaba en Europa.

En esta etapa del franquismo hace acto de presencia la línea ideológica fundamental del régimen. Aunque no haya elecciones se presenta el sistema como una verdadera democracia, la «democracia orgánica». El pueblo estaba representado no mediante partidos políticos sino por los organismos naturales familia, municipio y sindicato—. En la misma «dirección democrática» del sistema político español se promulgan las Leyes del Fuero de los Españoles (1945) y de Referéndum. La Ley dc Sucesión hacía frente a otro de los problemas. Franco tenía el derecho dc nombrar sucesor para que lo aprobaran las Cortes. Desde el punto de vista económico con la paz mundial se cerr6 la frontera de los Pirineos. Se suspendieron los suministros y se produjo una fase de estancamiento de la economía española. No todo fue negativo en este periodo de aislamiento. La necesidad de la autarquía obligó a los españoles a sustituir lo que antes habían importado y fomentó nuevas industrias y a aventurarse en nuevos sectores. El Estado invirtió capital que vino a sustituir la inversión privada. Cobró gran importancia la política social.

A partir de 1950 el régimen comienza a ser aceptado en cl exterior. El anticomunismo general de Europa, que sustituye al antifascismo, facilita el inicio de la apertura hacia los países occidentales. Tras los pactos dc 1953 España se va integrando en la vida internacional. Norteamérica aporta su ayuda económica y su apoyo para que España entre en los organismos internacionales a cambio de bases militares. Las relaciones con otros países se ven favorecidas con su ingreso en la ONU. A partir de 1955 España se inserta en la política internacional. Se mantienen las diferentes tendencias en el Gobierno. Destaca cl sector católico y una aparente nueva recuperación de la falange. Cuando finaliza el cerco diplomático se rompe también el económico. La ayuda norteamericana supuso la posibilidad de que a través de las importaciones se pudiera fomentar un proceso de crecimiento industrial acelerado. Siguió existiendo una fuerte reglamentación en la actividad económica, pero al menos en la política industrial desapareció el deseo de autoabastecimiento; dio lugar a una fase expansiva de la mano de la iniciativa privada y las inversiones. Las importaciones jugaron un papel importante aunque favorecieron un desnivel en la balanza comercial. La fuerte expansión monetaria no fue ‹detenida y provocó una grave inflación. Los precios suben y los salarios, protegidos por normativas sociales, también lo hacen. El Gobierno se encuentra lleno de contradicciones entre cl deseo de ortodoxia y las alzas salariales.

A la altura del 57 Franco pretende lograr una coordinación en el terreno económico y pasan a formar parte del Gobierno los ministros «técnicos». Las reservas están agotadas y se trata de contener la inflación. Se hace imprescindible estabilizar los precios y la moneda en un momento en que el Mercado Común y otras áreas de libre mercado podían ahogar a la economía española. Medidas como la restricción de las importaciones, simplificación de cambio y la devaluación de la peseta y la supresión dc fáciles proteccionismos se unen al fomento del ahorro. Aunque la producción se resintió, las estructuras económicas se sanearon. El Plan de Estabilización se pone en marcha en 1959. Es la realización de los planes liberalizadores del Gobierno. En la política interior se intenta mantener un contrapeso y la Ley de Principios del Movimiento Nacional resume las bases ideológicas de las distintas tendencias que convivían bajo el régimen. La organización sindical adquiere mayor importancia y se dan disposiciones sobre formación profesional y seguro de desempleo. La oposición da muestras de su existencia a través de movimientos especialmente en el marco universitario.

A partir de los años 60 los diversos ámbitos de la cultura, los servicios, la tecnificación, sufren un proceso expansivo paralelo al económico. Siguiendo el modelo francés se implantan los planes de desarrollo. Los tres motores fundamentales del despegue económico fueron el turismo, las inversiones extranjeras y la

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exportación de la mano de obra. Europa había comenzado mucho antes su desarrollo y España se beneficia ahora de la importación de capitales extranjeros y de la exportación de mano de obra. En la industria se mantiene el proteccionismo en algunos sectores que no eran rentables y se produce un desequilibrio entre el sector industrial y el agrícola donde el progreso no es tan considerable. Paralelo al crecimiento económico se produce una transformación política y social. La sociedad cambia su situación económica y su mentalidad. Los Gobiernos de Franco en estos años se distinguen por su capacidad de gestión. La estructura institucional que el régimen necesitaba se lo atribuye la Ley Orgánica del Estado; se lleva a referéndum, se aprueba, se promulga. Es el paso a una monarquía limitada. Los conflictos entre tecnócratas y falangistas, el declinar de Franco y la personalidad influyente de Carrero Blanco marcan los últimos años sesenta. Las luchas entre los partidarios de la apertura y los que apoyaban la involución del régimen detienen el avance político. La oposición da muestras de un evidente aumento con movimientos en áreas como el universitario y el obrero. La oposición moderada —reunión de Múnich 1962— en determinadas circunstancias presta su colaboración.

Franco impone un ritmo lento en la evolución de la política interior. El desarrollo económico y social conduce a cambios en las actitudes de la sociedad española. La transformación de la sociedad y la cultura que tuvo lugar en estas generaciones facilitó el camino hacia una España más ajustada a la Europa de la social- democracia. El Gobierno va dando progresivas concesiones ante una realidad que no se puede ignorar. Las fuerzas de oposición comienzan a tener un papel activo; existen grupos políticos que, aunque ilegales para el régimen, el Gobierno conoce y, de forma más o menos ostensible, consiente. En el mundo laboral, aunque se mantiene la organización sindical, se forman sindicatos obreros, pue, al igual que los grupos políticos, son considerados fuera de la ley. Los regionalismos y separatismos vuelven a renacer. Los sectores eclesiásticos se separan del régimen. La clase política franquista se divide. Desde la crisis de 1969 y con la desaparición del jefe de Gobierno Cartero Blanco se rompió la continuidad política y quedó abierto el camino de las reformas. La muerte de Carrero aceleró los males del régimen e hizo patente la carencia de ideas y de planes a medio plazo de sus dirigentes. Pero todavía, a pesar de que habían cobrado importancia las fuerzas de la oposición, la situación fue de moderación. La edad de Franco aconsejaba esperar. La sucesión era una monarquía con una doble legitimidad: la otorgada por el régimen de Franco y el propio sistema democrático, factor decisivo para una transición pacífica. Se aceleró el proceso de democratización que ya había comenzado tiempo atrás. Fueron admitidos todos los partidos políticos. El espíritu de consenso hizo posible la elaboración de la Constitución de 1978. En España quedó plenamente asentada la Monarquía Democrática

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