Teorías de la democracia, Ejercicios de Ciencia de la administración. Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
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Teorías de la democracia, Ejercicios de Ciencia de la administración. Universidad Autónoma de Madrid (UAM)

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Asignatura: teorias de la democracia, Profesor: elena , Carrera: Derecho + Ciencia Política y Administración Pública, Universidad: UAM
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TEORÍAS DE LA DEMOCRACIA Prof. Elena García Guitián

2ºcurso 1º semestre

GRECIA ANTIGUA

La Grecia antigua y la democracia son cosas contradictorias. Las características de la democracia

ateniense son:

 La Asamblea de todos los ciudadanos como centro de poder y de decisión. Se reunía cuarenta veces al año y votaban sobre leyes, impuestos, orden público, etc.

 Los puestos ejecutivos (magistraturas) se sorteaban entre los ciudadanos a excepción de los puestos de jefes militares.

 La justicia estaba en manos de jurados populares.

De modo que el poder soberano reside en una asamblea en la que impera la democracia directa,

cargos elegidos por sorteo y jurados populares.

Sin embargo, cabe destacar las críticas de los pensadores griegos como Platón y Aristóteles al

modelo democrático, pues se quejan de que en una democracia cada uno hace lo que quiere; la

democracia distribuye igualdad entre iguales y desiguales; gobierno de pobres contra o sobre los

ricos.

La libertad nació tanto de la autoseguridad en las propias posibilidades como de la conciencia de la

enormidad de los peligros. “Política” designaba para los griegos aquello público y común que

pertenecía a la polis, mientras que para Aristóteles la política era un mero ejercicio del poder, un

gobierno de los libres e iguales.

Poco a poco, la política y los problemas de la polis fueron transfiriéndose a una esfera pública

donde los ciudadanos se encontraban, de modo que la polis se identificó con el cuerpo de

ciudadanos y se desarrolló la idea de unidad de la polis. Así, la integración política del ciudadano

era fuente primaria de su propia identidad y su realización como persona y constituía el resto de sus

papeles sociales. De modo que la política se convirtió entonces en el elemento dominante de la vida

en la comunidad.

Es necesario mencionar aquí las reformas de Solón, unas reformas que buscaron la isonomia, que

protegía a los atenienses de la esclavitud por deudas, promovió el derecho de apelación ante el

pueblo contra decisiones de los arcontes (magistrados, políticos), rompió el monopolio aristocrático

de elegibilidad para cargos públicos, dividió el cuerpo de ciudadanos en cuatro clases de acuerdo

con criterios económicos y usó esa distinción como base de elegibilidad, etc.

La reforma de Solón hizo posible un equilibrio de derechos y deberes ciudadanos entre distintas

capas de población y un compromiso de las distintas clases respecto de esa distribución. Aparece la

creencia en la justicia y se conecta con la capacidad humana para la reflexión y la acción.

Tras la expansión de Atenas llegó la reforma de Clístenes, la cual supone el divorcio entre el orden

social y el orden público. Por ello, Clístenes dividió a los ciudadanos en tribus y a éstas en tríadas

que agrupaban distintos demoi que no tenían en común otro rasgo más que la pertenencia al mismo

(aristocrático, clientelar…).

El jefe del demo cumplía funciones de alcalde y era elegido por sus conciudadanos. La fratría

(subdivisión del demo) era el último eslabón de la cadena. Una función importante de los demoi era

enviar un cierto número de representantes al Consejo de los Quinientos.

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Los habitantes de las tríadas y de cada tribu no tenían nada en común excepto la ciudadanía. Las

influencias aristocráticas fueron con ello enormemente debilitadas, de modo que los esfuerzos de la

ciudadanía se dirigieron a ampliar la participación y la igualdad.

TribusTríadasDemoiFratría

Destaca también que Clístenes introdujese el exilio por diez años de aquellos ciudadanos de los que

se temía que pudiesen convertirse en tiranos (ostracismo).

El desarrollo de la isonomia entre las clases medias y populares y la nobleza no significaba

únicamente igualdad ante la ley, sino igualdad de derechos políticos y de participación en los

asuntos comunes. Para ello es necesaria la consideración de todos los ciudadanos como capaces de

juicio político autónomo, algo de lo que se encargaron los sofistas.

Destaca entonces el mito de Protágoras, según el cual Zeus entrega a hombres y animales todo

tipo de capacidades de forma desigual hasta que Hermes pregunta a Zeus a qué hombres debe

repartir la moral y la justicia, algo a lo que Zeus responde que a todos, y que todos deben ser

partícipes. Además, al incapaz de participar del honor y de la justicia debe ser eliminado.

De este modo, el sofista supone que el sentido moral y de la justicia no son creaciones de individuos

solitarios, sino que sólo surgen de la polis.

Es la polis la que crea seres humanos, no los seres humanos los que crean la polis. Los individuos

son interdependientes y se hallan relacionados a través de la participación política en lo que les es

común. La sociedad política no es un instrumento para el bienestar de los individuos, sino que es

constitutiva de los mismos individuos en tanto que seres humanos capaces de habla y acción. Es un

tratamiento de igualdad de juicio político entre todos los hombres.

Frente a ello, Platón afirmará que el auténtico gobernante es aquel que sabe cómo gobernar y sólo

unos pocos pueden adquirirlo, de modo que es un problema de la educación de los gobernantes y no

de la polis. Mientras, Aristóteles se centra en la educación cívica del ciudadano, pero no cree que el

hombre corriente pueda acceder a la verdadera virtud y ser digno de gobernar democráticamente la

ciudad. Para Platón o Aristóteles el problema no es la competencia política, sino la excelencia.

Volviendo a los sofistas, éstos distinguen entre naturaleza y convención aludiendo al carácter

convencional de instituciones tales como leyes, costumbres y sistemas de gobierno. Hay un triunfo

de la razón sobre la naturaleza a la par que las leyes de la ciudad son descubrimientos y creaciones

humanas.

Para Platón el artífice de la persuasión es el logos entendido como argumentación racional del

político. Hacer que una cosa parezca y sea justa es persuasión.

El objetivo del sofista es enseñar la virtud (entendida como la participación del ciudadano en los

asuntos públicos) y hacer posible la contribución de todos los hombres a los asuntos de la ciudad,

enseñar a persuadir a través de la palabra de los cambios necesarios en la polis. Por lo demás, si en

cada tema hay dos opiniones contrapuestas, dar igual oportunidad a ambas opiniones para aparecer

en lo público se convierte en una virtud y en algo provechoso para la polis.

Pasando ahora a la era de Pericles, descubrimos que la virtud ha dejado de ser privilegio de la

aristocracia y que para la democracia ateniense la vida comunal era crucial. Lo que tenemos ante

nosotros es una comunidad cívica que asienta su identidad en la actividad política: la polis es el

resultado del actuar en común de los libres e iguales. Lo que surge es una comunidad cívica en la

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que predomina lo común sobre lo individual, que se asienta como unidad política y reorganiza el

resto de los papeles sociales para dar primacía a lo político y lo común en su identidad.

La libertad era entendida en Atenas no como un reducto de privacidad o de no interferencia, sino

como libertad entre iguales que sólo podía mantenerse mediante la presencia cívica y la

participación en el autogobierno de la polis. No existían derechos a la libertad que pudieran ser

garantizados por Estado alguno. La libertad no es un estatus sino autogobierno y participación en el

autogobierno a través de las oportunidades políticas abiertas a todos. La libertad se vinculaba a la

directa implicación en la construcción cotidiana de la polis y en la toma de decisiones de la que ésta

dependía.

Tal disposición de las cosas se lograba mediante la ley y la eunomia. La Asamblea y el Consejo

elaboran y promulgan las normas por las que la polis se gobierna, y sus creadores son los

ciudadanos activos. Ahora bien, el exceso produce abuso, y éste, desenfreno, mal gobierno,

discordia y luchas sociales. La solución es eunomia democrática, que es sensatez, templanza y

equilibrio. Se logra a través de la isonomia dirigida contra la arbitrariedad y contra la tiranía.

Isonomia no era sólo una forma de gobierno, sino el establecimiento de un orden justo.

Por otra parte, la isegoria describe el derecho a tomar la palabra en la Asamblea, un derecho que

representa la igualdad entre ciudadanos en el ágora y se vincula con la parresia (derecho a decirlo

todo). Por tanto, esto da lugar a la democracia, a la isonomia, a la libertad y al autogobierno.

Volviendo a Platón, nos indica que los ciudadanos deben someterse a la ley, mientras que

Aristóteles puso las bases para una comprensión republicana de la política. Para él la política es el

resultado de la acción virtuosa en pluralidad y del ejercicio plural de la razón práctica. El hombre es

un animal político que sólo puede realizarse en la esfera de la polis, en la comunidad de los iguales,

producto de tradiciones, valores y una cultura común. El hombre es un ser dotado de habla y capaz

de discurso y acción. Las formas legítimas de gobierno son definidas de acuerdo con su

contribución al bien común: en la monarquía uno solo gobierna de acuerdo al bien común; en la

aristocracia los mejores lo hacen; en la república la mayoría gobierna de acuerdo a lo común. Por

el contrario, en las formas corruptas de gobierno (tiranía, oligarquía y democracia) se ejerce el

poder para satisfacer intereses particulares (del tirano, de los ricos o de los pobres). De aquí la

importancia de la educación cívica que enseñe la senda del bien común. La ley es un instrumento

para ello.

Otra forma de acercarnos a la antigua Atenas es mediante el “Discurso fúnebre de Pericles” escrito

por Tucídides. Ahí se expresa que la administración en la democracia se ejercía en favor de la

mayoría y no de unos pocos. Según las leyes, todos gozaban de iguales derechos en la defensa de

sus propios intereses particulares y, en lo respectivo al honor, cualquiera que se distinga en algún

aspecto puede acceder a los cargos públicos pues se lo elige más por sus méritos que por su

categoría social, de modo que tampoco al pobre se le impide prestar sus servicios a la patria. Por

otra parte, tenían por inútil a la persona que no participa en las tareas de la comunidad. Todos

deliberaban y decidían conforme a derecho sobre la cosa pública, pues no creían que lo que

perjudicaba a la acción fuese el debate sino el no dejarse instruir por la discusión antes de actuar.

Centrándonos nuevamente en las ideas que Platón expresa en “Protágoras”, empieza diciendo que

hay determinados oficios y cosas que no pueden enseñarse o aprenderse, de modo que si alguien,

por muy guapo, rico o noble que sea, da un consejo no se lo aceptarán. No obstante, si se debe tratar

algo sobre la administración de la ciudad sí se aceptará el consejo de cualquiera sin haber aprendido

en ningún sitio y sin maestro. Es más, no importa cuán bueno sea el maestro, pues hay veces en las

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que no consiguen hacer mejor ni a propios ni a extraños, de ahí que afirme que la virtud no es

enseñable. También menciona el mito en el que Prometeo roba a Hefesto y a Atenea su sabiduría

artística junto con el fuego y se los regala al hombre. De ahí que el hombre consiguiese la sabiduría

vital y medios de vida pero no la política, que estaba junto a Zeus. Así, los hombres al principio

vivían dispersos porque no había ciudades y se veían diezmados por las fieras. Al construir las

ciudades buscaban agruparse y ponerse a salvo, aunque reunidos se agraviaban los unos a los otros,

dado que no poseían el arte político, de modo que se volvían a dispersar y perecían. Zeus temió

entonces que desapareciesen los hombres y mandó a Hermes llevar a los hombres la honestidad y la

justicia para que sirvieran de ordenadoras de las ciudades y de vínculos agrupadores de amistad.

Los repartirá entre todos y todos deben tener parte, pues no habría ciudades si unos pocos participan

de éstas como sucede con las otras artes. Además, se matará al que no sea capaz de participar de la

honestidad y de la justicia.

Por ello, cuando se trata de la virtud artesanal o de cualquier otra práctica, piensan que sólo unos

pocos tienen derecho de consejo, y si algún otro ajeno se pone a dar consejos no le toleran. Pero

cuando van a buscar consejo sobre una virtud política que deba abordarse por entero por justicia y

sensatez lo toleran de cualquier hombre. Todos deben ser justos, lo sean o no, y ha de estar loco

quien no finge justicia. El que se dispone a castigar con razón no toma venganza por la injusticia

pasada sino por el futuro, para que no vuelva a cometer injusticia ni este mismo ni otro que vea el

castigo. Los hombres se vengan y castigan a aquellos que consideran injustos, de modo que los

atenienses son de los que consideran que la virtud puede proveerse y enseñarse. Los hombres

buenos enseñan a sus propios hijos todas las cosas que dependen de maestros y los hacen sabios,

pero en virtud, donde ellos mismos son buenos, no los hacen en ningún respecto.

Finalmente, en “Gorgias” es cuando Platón, por boca de Sócrates, mantiene diálogos con Gorgias,

Polo y Calicles. Sócrates pregunta a Gorgias cuál es el arte que profesa a lo que responde que a la

retórica, pues es orador y capaz de hacer que otros lo sean. Cuando Sócrates le pegunta de qué se

ocupa la retórica, Gorgias contesta que de lo justo e injusto. La retórica es persuasión, de modo que

hay que hacer uso justo de la retórica, pero que si alguien no lo hace no hay que culpar a su maestro

por ello. Sócrates le pregunta que si para hacer a alguien orador es necesario que éste sepa lo que es

justo e injusto, y Gorgias asiente. Luego le pregunta si el que sabe lo que es lo justo actúa de forma

justa, y Gorgias dice que sí. De ahí, Sócrates concluye que si un orador es injusto es porque su

maestro no le enseñó a ser justo, por tanto el maestro es culpable. Así, Sócrates dice que la retórica

no es un arte, sino una habilidad, una adulación. Dice que es mala, y fea, y afirma que es peor

cometer injusticia que recibirla, algo a lo que Polo se muestra contrario. Sócrates dice que es más

feo cometer injusticia que recibirla, y lo feo es malo, por tanto es más malo cometer injusticia que

recibirla. Luego dice que pagar la pena es justo y bello y que como el que recibe el castigo se ve

afectado por algo justo y bello es bueno. El más feliz es el justo, y luego viene el que ha pagado su

pena por haber sido injusto. Calicles dice que es justo por naturaleza que el mejor sea el más

poderoso y el más fuerte, y sea el que hace las leyes. Sócrates le pregunta si la multitud es más

fuerte y más poderosa que uno solo, él lo afirma, de lo que deriva que las leyes de la multitud son

las de los mejores.

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EL DISCURSO REPUBLICANO

Hace falta diferenciar entre republicanismo y democracia clásica, pues el republicanismo es

crítica y alternativa a la democracia clásica, además de enemiga de la monarquía como forma de

gobierno y doctrina que ampara el renacimiento de la democracia del s. XVIII, de modo que es

también una protección frente a las amenazas a la libertad inherentes a las democracias puras. En

cuanto a la democracia, ésta va cambiando a lo largo de la historia y tiene tres actos principales

enlazados por cuatro lógicas:

 Nacimiento de la idea de soberanía popular en Grecia → Idea de gobierno popular como único gobierno legítimo.

 Democracia como evolución del Estado nación, pues la población y el territorio son enormes para la forma de gobierno y, por tanto, se genera la democracia representativa → La tradición

republicana, es decir, la participación del pueblo en el gobierno, es valiosa sólo y en tanto

contribuye a los verdaderos fines políticos (justicia, estabilidad y grandeza del Estado).

 Crisis debida a la fragmentación multicultural del pueblo, el cual participa en los procesos democráticos; a su proyección a escala transnacional a través de las organizaciones regionales

y transnacionales; y a los límites que impone al proceso democrático la globalización →

Gobierno representativo, de modo que el titular de la soberanía y el ejercicio del derecho

quedan separados → La igualdad impulsa el desarrollo de la democracia en dirección del

sufragio universal (cada vez más amplio) y que es resultado del combate librado por los

movimientos sociales.

Aristóteles, en su obra “Política”, entendía por república un régimen político en el que se

garantizaba la participación popular en el gobierno y se conjuraba el peligro que para la libertad y la

justicia representaba la democracia pura. Para la última, su modelo ideal era la Atenas de Pericles,

mientras que para el republicanismo lo era la Roma republicana. Cualquier ciudad es una

comunidad construida con miras a algún bien.

Volviendo a las ideas de Aristóteles, para él la ciudad es la comunidad, la conclusión de

autosuficiencia total, y tiene su origen en la urgencia del vivir pero subsiste para el vivir bien. Toda

ciudad existe por naturaleza y el hombre es, por naturaleza, un animal cívico, pues sólo el hombre,

de entre todos los animales, posee la palabra. La palabra existe para manifestar lo conveniente y lo

dañino, así como lo justo y lo injusto. El enemigo de la sociedad es, o ser inferior o más que un

hombre. Por tanto, por naturaleza, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, ya que el

conjunto es necesariamente anterior a la parte.

El ciudadano se define por su participación en la justicia y en el gobierno, de modo que es

ciudadano aquel a quien le está permitido compartir el poder deliberativo y judicial. Su tarea será la

seguridad de la comunidad, siendo la comunidad el régimen político. Dado que es imposible que

sean iguales todos los ciudadanos, no sería una sola la virtud del ciudadano y del hombre bueno. La

virtud del buen ciudadano debe estar en todos porque todos deben realizar bien su tarea, mientras

que la del hombre bueno es imposible, salvo que tengan que ser buenos todos los ciudadanos que

hay en la ciudad buena. No se puede mandar bien sin haber sido mandado, así que la virtud del buen

ciudadano será que éste debe saber estar en condiciones de dejarse mandar y de mandar.

En cuanto a la clasificación de los gobiernos, ésta la hace de acuerdo a quién vela por el bien común

y sus desviaciones: monarquía-tiranía, aristocracia-oligarquía y politeia-democracia.

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Aristóteles es moderado, pues señala que hay que evitar la desmesura y que en el punto medio se

halla la virtud. Tiende a establecer un orden en distintas materias ajustándolo a distintas categorías.

Sin orden no hay política, al igual que sin estabilidad fracasa el orden, y tampoco sin libertad. La

libertad en el republicanismo se refiere a que alguien es libre cuando tiene el mismo estatus que otro

y es equiparable a los demás. Una comunidad libre es la que puede decidir por sí misma. Por esta

vía, la primera democracia es la que se funda en la igualdad, e igualdad según la ley consiste en no

sobresalir, sino en ser iguales pobres y ricos, algo que puede lograr si todos participan en el

gobierno.

En las ciudades que se gobiernan democráticamente, según la ley, no tiene lugar el demagogo, sino

que los mejores ciudadanos ocupan la presidencia; pero donde las leyes no son soberanas, allí

aparecen los demagogos, pues el pueblo se erige dirigente único, uno solo formado de muchos ya

que muchos ejercen el poder colectivamente.

Asimismo, la clase media es la que menos rehúye los cargos y la que menos los ambiciona. Es

evidente entonces que la mejor comunidad política es aquella donde la clase media sea numerosa y

muy superior a ricos y a pobres. De aquí se deduce por qué la mayoría de los sistemas políticos son

democráticos u oligárquicos, pues en ellos la clase media es pequeña y se la desplaza por un lado u

otro.

Nace la república de una mezcla entre democracia y oligarquía, algo que le sucede al término

medio. De entre las medidas democráticas destacan: que se elijan los cargos entre todos, alternancia

en el dominio, sorteo de cargos, que las magistraturas no dependan de la renta, poca duración de los

cargos, que la Asamblea tenga autoridad sobre todos los asuntos, quitar cargos vitalicios antiguos si

es que quedaron, etc.

Regresando a nuestras líneas generales, hay que distinguir dos modelos de democracia:

Democracia directa o participativa, propia de la democracia ateniense y del republicanismo orientado al desarrollo público de los individuos.

Democracia liberal o representativa, propia del republicanismo protector del Estado y de los individuos particulares.

Cabe destacar también las semejanzas de la democracia ateniense y los modelos republicanos:

 El presupuesto de que el hombre es un animal social y político que necesita participar en la vida sociopolítica, y son las asociaciones políticas las que permiten el desarrollo de las

potencialidades de este animal.

 Las virtudes cívicas del ciudadano son importantísimas para la preservación del Estado.

 Defienden el valor de la igualdad política y social como igualdad ante la ley, igualdad política e igualdad de bienes entre los ciudadanos para contener la lucha entre facciones.

 Concepción parecida de las dimensiones adecuadas de la unidad política: la ciudad Estado.

En suma, ambos modelos comparten una concepción parecida de la ciudadanía, entendiendo ésta

como participación intensa en la vida política de la comunidad. La libertad no significa derechos

sino estatus y no dependencia.

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Las diferencias serían:

 Principio de justificación. Nos otorga una interpretación coherente sobre qué era el gobierno del pueblo:

o Democracia ateniense. Consistía en que los ciudadanos eran libres para participar en el gobierno y ocupar cargos públicos.

o Republicanismo protector. La participación política es esencial de la libertad personal; si los ciudadanos no se gobiernan a sí mismos serán gobernados por otros.

o Republicanismo orientado al desarrollo. Los ciudadanos deben disfrutar de igualdad política y económica para que nadie pueda ser dueño de nadie y todos puedan disfrutar de

igual libertad y desarrollo en el proceso de autodeterminación del bien común.

 Definiciones de democracia:

o Democracia ateniense. Los ciudadanos son un cuerpo homogéneo. Lo principal es la igualdad en el gobierno y en el ejercicio de cargos públicos.

o Republicanismo protector. Los ciudadanos son un cuerpo fragmentado y, para proteger la libertad política de todos los ciudadanos, es necesaria la concurrencia de todos ellos en el

gobierno. El Estado proporciona estatus a los ciudadanos, y la integración de éstos en el

gobierno produce la estabilidad, fuerza, poder y gloria del mismo, esencial para la

protección de la ley y la justicia.

o Republicanismo orientado al desarrollo. La libertad es entendida como autodeterminación y el pueblo como nación. La libertad es obrar de acuerdo con una ley

que es expresión de la autodeterminación de un sujeto colectivo. El patriotismo, una

virtud cívica, es enfatizado por su utilidad para el Estado y deviene en algo próximo al

nacionalismo.

 Contra quién se dirigen: o Democracia ateniense. Contra gobiernos monárquicos y aristocráticos, de los pocos.

o Republicanismo protector. Contra la corrupción política consecuencia del mal gobierno y de la inestabilidad contrarios al bien común.

o Republicanismo orientado al desarrollo. Se opone al gobierno representativo

 Organizaciones estatales distintas:

o Democracia ateniense. Una institución, la Asamblea. Los gobernantes y gobernados son los mismos y su soberanía no es transferida ni está sujeta a control o divisiones.

o Republicanismo protector. Cambia con el tiempo. Busca los equilibrios que otorgan estabilidad al Estado a través de la separación de poderes.

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o Republicanismo orientado al desarrollo. Defiende la asamblea frente al parlamento, la participación directa de los ciudadanos en lugar de la representación, y la soberanía

popular efectiva (no separada en poderes y no mera titularidad).

Avanzando en los temas, llegamos ahora a una división de los cuatro momentos de la tradición

republicana:

1. Roma republicana. Tras un ciclo de formas de gobierno y sus degeneraciones, en Roma hubo una constitución monárquica, democrática y aristocrática a la vez que evitó otro ciclo

de decadencia y corrupción propio de los gobiernos puros. La república romana es

consecuencia directa de la derrota de la monarquía ante el senado (aristócratas) y la alianza

que éstos hicieron con la plebe para asegurar la fuerza y expansión militar de aquélla. La

organización institucional tripartita de la República, a través de los cónsules, el senado y los

tribunos de la plebe dieron lugar al gobierno mixto.

2. Ciudades medievales y renacentistas italianas. Las ciudades repúblicas italianas desafiaron por igual al poder del Papa y del emperador instaurando sistemas consulares que después

son sustituidos por ciudades repúblicas plenamente independientes, con constituciones

escritas y mecanismos electivos de autogobierno. Los rasgos de estas ciudades republicanas

eran la inestabilidad por los conflictos entre facciones y su republicanismo antidemocrático.

Los cargos públicos era electivos y la vida de la ciudad se organizaba en dos cámaras

(consejo y podestá). Sin embargo, los estados nación emergentes en Europa (Francia y

España) arrasaron estas repúblicas.

3. Estados Unidos. Buscó preservar el equilibrio de poderes de la organización política de Inglaterra en una sociedad igualitaria y extensa. Ya no había estamentos en la sociedad sino

pluralidad de intereses. La separación de poderes británica se reforzó a través del sistema

presidencial con senado y congreso, primando la representación política, y se pluralizó el

poder con la organización federal.

4. Republicanismo contemporáneo. La idea del bien común, el concepto de ciudadano participante y la idea de patriotismo proporcionarían elementos de identificación emocional

con la comunidad que refuerzan la solidaridad de la misma y la mejoran.

En lo que respecta a Maquiavelo, señala que hubo un momento en la historia en el que habitantes

dispersos se unieron por propia iniciativa para defenderse de los enemigos. De este modo, la virtud

se conoce por dos señales: elección del lugar y ordenación de las leyes, pues los hombres obran por

necesidad o por libre elección y hay mayor virtud allí donde la libertad de elección es menor.

Atendiendo a la fundación de Roma, si se toma a Eneas como fundador se la pondrá entre aquellas

ciudades edificadas por forasteros, mientras que si se toma a Rómulo como fundador nativo se la

verá siempre con un origen libre, sin depender de nadie, por lo que todas las leyes otorgadas por

Rómulo, Numa y otros la mantuvieron llena de virtud. Roma recibió sus leyes poco a poco y según

las circunstancias.

Fijándonos en los ordenamientos jurídicos de Roma que aparecieron por azar, el gobierno puede ser

monárquico-tiránico, aristocrático-oligárquico y popular-licencioso, de modo que si el organizador

de una república ordena la ciudad según uno de los regímenes buenos, lo hace para poco tiempo

porque, irremediablemente, degenerará en su contrario por la semejanza que tienen la virtud y el

ocio. Para huir de los perjuicios se sometieron a hacer leyes y ordenar castigos para quien les

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contraviniese, lo que trajo el conocimiento de la justicia. Como consecuencia, cuando se debía

escoger un príncipe ya no escogían al de mejores dotes físicas, sino al más prudente y al más justo.

No obstante, como luego se empezó a proclamar a los príncipes por sucesión y no por elección, el

príncipe empezó a ser odiado y, por miedo a ese odio, el príncipe se convirtió en tirano.

Fue así como la multitud, siguiendo la autoridad de los poderosos, se levantó contra el príncipe y lo

arrojaron del trono para después obedecer a los jefes de la conjura. Éstos, al principio, se

gobernaban con leyes promulgadas por ellos pero posponiendo todo interés propio a la utilidad

común, y conservaban y gobernaban con suma diligencia lo público y lo privado. Al hacerse

nuevamente hereditario, sus hijos se dieron a la avaricia, haciendo del gobierno de los mejores el

gobierno de unos pocos hasta que la multitud, harta de su gobierno, se levantó y los expulsó.

Así, la gente se inclinó a la democracia, ordenándola de manera que ni los poderosos ni un príncipe

pudiesen tener ninguna autoridad. Al principio, este gobierno popular se mantuvo algún tiempo, si

bien después se extendió el desenfreno, sin respetar a los hombres públicos ni privados e

injuriándose hasta que, obligados por la necesidad o guiados por un hombre bien intencionado, se

volvió de nuevo a principado y se repitió el ciclo.

Éste es el círculo en el que giran todas las repúblicas, pero raras veces retornan a las mismas formas

políticas porque casi ninguna república puede tener una vida tan larga. Más bien suele acaecer que,

en uno de esos cambios, la imprudente y débil república se vuelva súbdita de algún estado próximo

mejor organizado. Es por esto por lo que los legisladores prudentes huyen de cada una de estas

formas puras, eligiendo un tipo de gobierno más firme y estable que participe de todas, pues así

cada poder controla a los otros y en una misma ciudad se mezclan principado, aristocracia y

gobierno popular.

En el caso de Roma, los reyes hicieron muchas y buenas leyes que permitían una vida libre, pero

como su finalidad era fundar un reino y no una república, cuando la ciudad se liberó de la

monarquía fue necesario regular en defensa de la libertad. Aunque los reyes perdieron el poder, los

mismos que les habían depuesto crearon dos cónsules que ocupasen el lugar correspondiente al rey,

desterrando de Roma el nombre y no la potestad regia. De este modo, existiendo en aquella

república los cónsules y el senado, hubo una mezcla de monarquía y aristocracia. Al sublevarse el

pueblo contra la nobleza romana, ésta se vio obligada a conceder su parte al pueblo, aunque el

senado y los cónsules conservaron la suficiente autoridad como para mantener su posición en la

república. Fueron así creados los tribunos de la plebe y participaron las tres formas de gobierno.

Los tumultos fueron la causa de la creación de los tribunos pues, cuando el pueblo quería que se

promulgase alguna ley o protestaba por algún motivo, se negaba a enrolarse para ir a la guerra, de

modo que era preciso aplacarlo satisfaciendo, al menos en parte, sus peticiones. Los tribunos daban

su parte al pueblo en la administración y se constituyeron en guardianes de la libertad romana.

Los que organizan prudentemente una república consideran importante la institución de una

garantía de la libertad, y según sea más o menos acertada, durará más o menos el vivir libre. Se

debe poner como guardianes de una cosa a los que tienen menos deseo de usurparla. Y, sin duda,

observando los propósitos de los nobles y de los plebeyos, veremos en aquéllos un gran deseo de

dominar frente a un deseo de no ser dominados y, por consiguiente, un mayor deseo de ser libres,

teniendo menos poder que los grandes para usurpar la libertad, de ahí que los romanos confiasen

dicha vigilancia a la plebe.

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Pese a todo, Maquiavelo asegura que todos, de no estar controlados por las leyes, cometerían los

mismos errores que la multitud desenfrenada, pues existen y han existido muchos príncipes y bien

pocos de ellos han sido buenos y sabios. El pueblo romano, mientras la república permaneció

incorrupta, jamás se humilló servil ni se presumió dominante, sino que con sus reglamentos y

magistrados se mantuvo honorablemente en su sitio. Cuando era necesario levantarse contra un

poderoso, lo hacía, y aun cuando era necesario obedecer al dictador y a los cónsules por la salvación

pública lo hacía también. De esto se concluye que si alguno acusa a un tiempo a los pueblos y a los

príncipes, podrá tener razón, pero se engañará si exculpa a los príncipes. Afirmará por ello

Maquiavelo que un pueblo es más prudente, más estable y tiene igual o mejor juicio que un

príncipe. Se ve que las ciudades donde gobierna el pueblo hacen en breve extraordinarios progresos,

mucho mayores que los de aquellas que han vivido siempre bajo un príncipe. Y si los príncipes

superan a los pueblos en dictar leyes y formar vida civil, los pueblos en cambio son superiores en

mantener las cosas ordenadas.

Finalmente, el ocaso del republicanismo coincide con el nacimiento del liberalismo. El Estado

moderno rehabilita algunos de sus mecanismos institucionales, pero con el fin de servir a un tipo

nuevo de comunidad política, integrándolos en el liberalismo. Este Estado moderno permite que el

discurso republicano se reconcilie con la democracia. La principal diferencia entre republicanos y

liberales es que los últimos ya no querrán un gobierno mixto sino un gobierno popular y una

división de poderes.

EL DISCURSO LIBERAL

Cuando hablamos de las democracias en las sociedades modernas el concepto que manejamos es el

articulado por la tradición liberal de la democracia. Durante siglos, el régimen óptimo se denominó

república y no democracia. Kant opinaba que la democracia es necesariamente un despotismo; y

los padres constituyentes de EEUU eran de la misma opinión. Se habla siempre de una república

representativa y nunca de una democracia (salvo para condenarla). Sólo Robespierre utilizó la

democracia en sentido elogioso. Hoy la democracia es una abreviación que significa liberal-

democracia. Por tanto, la idea moderna de democracia se construye a partir del liberalismo

democrático. La democracia moderna es producto de la unión de elementos liberales (gobierno

representativo) y democráticos (participación ciudadana) de difícil ajuste que pueden generar

exigencias contradictorias. La democracia sería algo diferente e independiente de lo liberal, y sólo

en el momento de su unión, simbolizada por la extensión generalizada del sufragio, podríamos

hablar de liberalismo democrático.

Para entender la democracia moderna debemos estudiar a los liberales que dieron forma al gobierno

representativo popular y la época en la que los teóricos liberales asumen la necesidad de extender el

sufragio. Encontramos así dos concepciones de democracia moderna: la que considera como núcleo

la participación política y el ejercicio del poder de amplios sectores sociales y la que lo concibe

como un entramado normativo e institucional por medio del cual el poder limitado se delega a

determinados agentes para que lo ejerzan de forma controlada.

Los primeros liberales fueron reacios a incluir en sus planteamientos la exigencia de la participación

popular. Hobbes señalará las premisas básicas del liberalismo como son el individualismo,

concepción de la política como actividad instrumental, legitimación del poder basada en el

consentimiento, además de sus recomendaciones al monarca para que ejerza el poder dentro de

11

ciertos límites. Sin embargo, su defensa final del poder absoluto del soberano le aleja radicalmente

del liberalismo político.

El primer liberal sería Locke, quien propone el control del poder y respeto a los derechos naturales

del individuo. Asegura que al ser los hombres libres por naturaleza, iguales e independientes,

ninguno puede ser sacado de esa condición y puesto bajo el poder político de otro sin su propio

consentimiento. El único modo en que alguien se priva de su libertad natural y se somete a las

ataduras de la sociedad civil es mediante un acuerdo con otros hombres por el que todos se unen

formando una comunidad a fin de convivir pacíficamente y disfrutando de sus propiedades.

Así, quedan los hombres incorporados en un cuerpo político en el que la mayoría tiene el derecho

de actuar y decidir en nombre de todos, pues es necesario que todo el cuerpo se mueva en una sola

dirección. Afirma que los hombres, al entrar en sociedad, renuncian a la igualdad, a la sociedad y al

poder ejecutivo que tenían en el estado de naturaleza, poniendo todo esto en manos de la sociedad

para que el poder legislativo disponga de ello para el bien de la sociedad.

De manera que el poder supremo es el legislativo, que tiene su origen en el consentimiento del

pueblo, se elige por delegación y está sometido a restricciones (respeto de los derechos naturales, un

gobierno mediante leyes dirigido a lograr el bien común y protección de la propiedad). En cuanto a

los tipos de Estado, señala que la forma de gobierno depende de dónde se deposite el poder

legislativo, el cual es un poder fiduciario porque el pueblo retiene todavía el supremo poder de

disolver o alterar la legislatura si considera que la actuación de ésta ha sido contraria a la confianza

que se depositó en ella, ya que ningún hombre ni ninguna sociedad tiene el poder de renunciar a su

propia preservación.

Aunque recoge parte de Hobbes, su objetivo principal es la crítica de lo que aquél acabó

defendiendo: la monarquía absoluta. Para Locke, la forma de gobierno elegida entre las diferentes

opciones no es tan importante, pues lo fundamental es que asuma dichas restricciones. No obstante,

Locke tiene preferencia por aquellas formas en las que el poder legislativo está en manos de cuerpos

colectivos y plantea la división de poderes (entre legislativo y ejecutivo) como medio para evitar el

abuso de poder, sin llegar a articular un modelo concreto.

La soberanía popular tendría un carácter simbólico que en la práctica se delega en el monarca y en

asambleas hereditarias y electivas, pero también quedaría matizada la supuesta igualdad de los

hombres en función de su propiedad. Locke era reacio a la democracia, mas sus preferencias se

inclinan hacia un gobierno representativo en el que la asamblea ostenta la soberanía con el rey. Esto

hace concluir que las ideas del contrato social y la soberanía popular en la tradición liberal no

suponían más que la idea de que el poder reside implícitamente en el pueblo, pero no que éste

gobierna de forma activa.

Habrá un contraste radical entre la participación directa de los ciudadanos en el gobierno y el

gobierno representativo, siendo en su obra el problema central la lucha contra el absolutismo.

El s. XIX marca el punto de inflexión para la nueva concepción de la democracia. En el s. XVIII se

enfrentan los autores liberales contra los más radicales. Los autores liberales reconocerán la

necesidad de que el pueblo desempeñe un cierto papel en el gobierno para evitar la tiranía, pero son

conscientes no sólo de la imposibilidad fáctica de que participe directamente, sino de los peligros

que eso entrañaría. Se defenderá entonces la libertad individual moderna y el gobierno

representativo. Mientras algunos autores reivindican la democracia, la mayoría defendía la

república.

12

Por otro lado, Rousseau revisa las teorías clásicas para adaptarlas a las nuevas realidades políticas

y sociales, siendo uno de los radicales más destacados.

Llegamos con esto a Montesquieu, quien comienza la revisión de la tradición republicana para

adaptarla a la situación existente en la Francia prerrevolucionaria. Sin embargo, el modelo

resultante será más liberal que republicano. Montesquieu se inspira en la Inglaterra de su tiempo,

proponiendo un modelo que mantiene algunos elementos republicanos, pero superpuestos y

subordinados a un modelo liberal con una forma de gobierno monárquica. Entre sus arreglos

institucionales para construir límites a la acción del Estado y garantizar la protección de los

derechos básicos de los individuos aparece la división de poderes (gobierno mixto) y la garantía de

la representación de los intereses de los diferentes estratos sociales. Para él, la democracia y la

aristocracia no son Estados libres por su naturaleza pues la libertad política no se encuentra más que

en los Estados moderados.

Será Montesquieu quien redefina la idea de la división de poderes en:

Legislativo. Promulga leyes y enmiendas o da derecho a las existentes.

Ejecutivo. Dispone de la guerra y de la paz, envía o recibe embajadores y establece seguridad.

Judicial. Castiga los delitos o juzga las diferencias entre particulares.

Cuando el poder legislativo está unido al ejecutivo en la misma persona o cuerpo no hay libertad

porque el monarca o Senado podría promulgar leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente.

Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo ni del ejecutivo. Si va

unido al legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos será arbitrario, pues el

juez sería al mismo tiempo legislador. Si va unido al ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un

opresor.

Todo estaría perdido si el mismo hombre o la misma persona ejerciera los tres poderes. Puesto que

en un Estado libre todo hombre debe gobernarse por sí mismo, sería preciso que el pueblo en cuerpo

desempeñara el poder legislativo. Pero como es imposible, el pueblo deberá realizar por medio de

sus representantes lo que no puede hacer por sí mismo. No es necesario que los miembros del

cuerpo legislativo provengan del cuerpo de la nación, sino que conviene que los habitantes elijan

representantes capacitados porque el pueblo no está preparado para ello. Todos los ciudadanos

deben tener derecho a dar su voto salvo los que se encuentren en tan bajo estado que se les

considere carentes de voluntad propia.

Madison y Constant se enfrentan a la polémica sobre la democracia desde la reflexión a las

revoluciones norteamericana y francesa. Sus teorías no serán reactivas, sino construcciones teóricas

sobre un régimen popular en las sociedades modernas que debe incorporar el núcleo de principios

básicos liberales. El punto de partida común era la reivindicación del gobierno popular representado

en una de las cámaras que componen el gobierno mixto. Pero en Los Federalistas realizan la

defensa teórica del nuevo modelo republicano (sistema de gobierno representativo que incorpora los

principios liberales).

Madison aborda el peligro del gobierno de la mayoría. Inspirado en Montesquieu, incorpora

algunos de los principios republicanos rechazando totalmente las democracias puras por su

inestabilidad e intolerancia al considerarlas gobernadas por las pasiones de la mayoría sin que exista

ninguna garantía de los derechos individuales. El objetivo de los estados modernos es articular el

diseño institucional de un gobierno popular que permita el control del poder y la salvaguardia de los

derechos individuales. Se intenta controlar sus efectos mediante un gobierno representativo (que

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introduce un cuerpo de representantes competentes para articular las demandas populares teniendo

en cuenta los verdaderos intereses del país) y una estructura federal que supone otra forma de

división del poder como mecanismo de control al constituir un cuerpo plural con intereses variados

en el que es difícil que se formen esas temidas mayorías opresoras.

Es interesante la distinción entre representación virtual y representación real. La república

representativa de Los Federalistas es una concepción del gobierno elitista. Los líderes elegidos no

representan a los ciudadanos, sino que son aquellos que por su especial virtud y conocimiento van a

tomar las decisiones más adecuadas para lograr el bien común. Sin embargo, en la igualitarista

sociedad norteamericana este concepto pronto fue superado y dio lugar a la representación como

representación de intereses. Los representantes son aquellas personas con las que compartimos

intereses y que van a hacerlos valer políticamente. No se necesita una cualificación especial ni para

elegir ni para ser elegido, pero sí se requiere que todos puedan votar.

Mientras en EEUU triunfaba el gobierno popular representativo y en Inglaterra se consolidaba el

modelo mixto (representativo, pero no popular), tiene lugar la Revolución Francesa.

Constant desarrolla una reacción a la versión rousseauniana. El ideal de la democracia directa o

pura se plasma con la democracia jacobina, pero los excesos del jacobinismo sirvieron como prueba

de la indeseabilidad de la democracia directa en las sociedades modernas. De este modo, el régimen

que sigue a la caída de los jacobinos se organiza como un sistema representativo. A partir de esto,

las discusiones teóricas se centrarán en la ampliación o restricción del sufragio dentro del gobierno

representativo. Constant plantea la incongruencia de intentar aplicar los modelos clásicos a las

sociedades modernas afirmando que en las sociedades modernas el valor fundamental es la libertad

con un significado distinto del antiguo. Se reivindica la libertad individual frente a la libertad

política de participación en los asuntos colectivos. Lo importante es que los ciudadanos puedan

disfrutar de su privacidad sin interferencia del Estado, siendo la participación política algo

secundario aunque no irrelevante. Por tanto, el objetivo político fundamental será la protección de

lo privado y el desarrollo de la autonomía siguiendo los propios intereses, que se corresponde con

la exigencia de que el poder político esté limitado y controlado.

De nuevo, el modelo organizativo propuesto será la república representativa dada a un cierto

número de hombres por la masa del pueblo que quiere que sus intereses sean defendidos y que no

tiene siempre el tiempo ni la posibilidad de defenderlos por sí mismo. Aunque todos los ciudadanos

son iguales ante la ley como miembros de la comunidad política sólo se les permite su ejercicio

activo (elegir y ser elegidos) si su posición en el sistema económico garantiza su comprensión de

los asuntos públicos y su apego a la propiedad indicando el recelo liberal ante la participación

política de las clases más desfavorecidas y con menos educación. Debe existir una división de

poderes y una poderosa opinión pública como mecanismo de control.

En conclusión, la democracia moderna se configura como gobierno representativo, que aparece para

aplicar la lógica de la igualdad política a la gran escala del estado nacional, pero a la vez altera la

naturaleza misma de la ciudadanía y del proceso democrático.

En el caso de España se abre un período renovador con la Constitución de Cádiz de 1812 que

plasma las ideas liberales de la época: soberanía nacional, monarquía limitada, separación de

poderes y proclamación de derechos y libertades individuales.

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Por otra parte, dentro del liberalismo democrático hallamos dos amplias tendencias que conciben

la democracia como protección y la democracia como desarrollo, separando a aquellos autores que

defienden la participación popular como derivación instrumental de los principios liberales de los

que la consideran un elemento moral autónomo:

Democracia como protección. Establece límites al poder político. Destaca la intervención popular como protección frente al uso despótico del poder político. El principal problema de

los gobiernos era la existencia de facciones, por tanto, para controlar sus efectos y evitar la

tiranía defendían la participación popular como un cuerpo electoral extenso que puede cambiar

a sus representantes. Bentham y Mill lo enfocarán desde otra perspectiva instrumental: sólo el

gobierno democrático permite que las decisiones políticas sean reflejo de los intereses

individuales. La única forma de impedir el abuso de poder por parte del gobierno es hacer que

la mayoría pueda revocar con frecuencia a los gobernantes.

Democracia como desarrollo. La participación política en instituciones democráticas contribuye al desarrollo moral y social de los ciudadanos, que se vuelven más activos e

instruidos (mejores moralmente).

Para Tocqueville la participación ciudadana en una sociedad democrática como la

norteamericana se convierte en instrumento fundamental para evitar el despotismo generado

por la creciente burocratización. Además, afirma que esa intervención en lo público mejora a

los ciudadanos y dirige sus intereses hacia el bien común.

Mill defiende la democracia representativa como la mejor forma de gobierno porque permite la

participación de todos, contribuyendo a hacer mejores personas. Enfatiza la necesidad de

limitar el poder mediante mecanismos institucionales y a través del establecimiento de una

línea divisoria entre lo público y lo privado, tomando como criterio el principio del daño (la

única razón por la cual el poder puede ser ejercido sobre un miembro de la comunidad contra

su voluntad es evitar que perjudique a otro). Concibe a los hombres como seres que se

autodesarrollan siguiendo sus propios planes de vida y que son susceptibles de

perfeccionamiento. El cuerpo legislativo formado por los representantes elegidos por el pueblo

será quien ejerza el control y cohabite con un ejecutivo compuesto de profesionales o

especialistas que son los que realmente ejercen las funciones de gobierno, ya que la voluntad

del pueblo significa la voluntad de la porción más numerosa o más activa del mismo, de modo

que puede oprimir una parte de sí mismo (tiranía de la mayoría). La palabra “democracia” es

sinónima de igualdad para todos los ciudadanos pero significa un gobierno de privilegio en

favor de una mayoría numérica que es la única que tiene voz y voto en el Estado, siendo

consecuencia la exclusión completa de las minorías. La mayoría de representantes ha de

corresponder a la mayoría de electores pero, por la misma razón, toda minoría de electores debe

tener una minoría de representantes. Sin esto no hay igualdad en el Gobierno, sino desigualdad

y privilegio. Se defiende, entonces, la representación proporcional y el voto plural, que otorgan

el peso adecuado a los superiores intelectualmente. Una de las condiciones esenciales de la

pluralidad de votos es que el individuo más pobre de la comunidad pueda reclamar este

privilegio si prueba que, pese a todo, tiene derecho a él por su inteligencia. Finalmente,

defiende el sufragio universal (incluido el de las mujeres) para no perder las ventajas

características del gobierno popular.

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LA DEMOCRACIA RADICAL

La ley es el núcleo del Estado, de modo que hay que controlar quién crea la ley. El pueblo, además

de acatar la ley, es quien la crea, por lo que hay una conexión entre gobernantes y gobernados

mediante las elecciones y la representación.

El máximo exponente de la democracia radial será Rousseau, quien se opone a la democracia

liberal representativa (es un crítico de la misma) y se aproxima al ideal de la democracia directa de

la Antigüedad griega con injertos republicanos romanos y renacentistas. Sus argumentos pertenecen

a la Ilustración, defendiendo la idea de una república definida por la constitución política o por un

bien común por encima del bienestar individual. Apoyará la igualdad, la libertad y, especialmente,

la participación política directa, diciendo que se debe ser gobernante y gobernado a la vez, pues

sólo podemos someternos a leyes que nosotros mismos hemos creado. Ya no habrá delegación en

los representantes por mandato representativo, sino mandato imperativo, porque los que dictan la

ley dictan lo que todos pensamos. El problema será la dificultad de aplicación de dicho ideal, de

modo que sólo Marx recordará a grandes rasgos los principios de identidad entre gobernantes y

gobernados.

Así, pues, Rousseau escribirá su “Del contrato social” donde trata de resolver el conflicto entre el

ideal de la libertad humana y las condiciones requeridas para su realización. La libertad (moral) se

entenderá como autonomía, autolegislación e independencia frente al sometimiento de los demás.

Rousseau no atribuye las patologías derivadas de ese sometimiento a principios inherentes a la

naturaleza humana, sino a las pautas seguidas por la evolución social, condiciones sociales,

dependencia mutua por la división del trabajo y la desigualdad en la propiedad y el poder que sitúa

a los “inferiores” como subordinados. Mientras que la dependencia natural se acepta de buena gana,

lo que se odia es estar sometidos a los intereses y a la voluntad personal de aquellos de los que

dependemos para nuestra supervivencia y bienestar. Por ello habrá una oposición entre hombre

natural y hombre emancipado, entre libertad natural y libertad civil. Sin embargo, el hombre es

perfectible mediante la educación (que reprime o estimula algunas tendencias innatas al hombre).

De entre sus ideas, cabe destacar dos: que el hombre natural es movido por sus necesidades

naturales y que éstas se corrompen después dentro del proceso civilizatorio que persigue la visión y

utilización de los otros hombres como meros medios para la consecución de los fines individuales.

El resultado será la desigualdad y la opresión, que se propagan mediante instituciones sociales,

convenciones no cuestionadas y opiniones, y de las que se puede salir mediante la bondad natural.

La salida de esta situación está en nuestras manos dado que la bondad natural y la posibilidad de su

regeneración devienen en uno de los presupuestos de su teoría social. Por tanto, Rousseau expone la

necesidad de un cambio social fundamental y la búsqueda de un conocimiento preciso que nos

permita alcanzarlo.

La nueva sociedad deberá apoyarse en la libertad civil o moral, y no en la libertad natural. Esa

libertad moral consiste en guiarse por las propias decisiones que toma uno mismo sin interferencias,

siendo una libertad como autodeterminación. Ser libres en este sentido es lo más importante para el

hombre. En las sociedades del momento, el individuo está demasiado expuesto a la interferencia del

resto de la sociedad. Será preciso suprimir las condiciones sociales y las desigualdades que la

caracterizan apoyándose en la educación cívica. Así, hay que compaginar una total libertad con una

seguridad jurídica plena. La libertad sólo es posible bajo un igual sometimiento a la ley. Deberá

haber autoridad de la voluntad general, de la misma comunidad instituida en cuerpo político que

parte de la soberanía del pueblo. No se trata de disolver el poder, sino de legitimarlo. Uno de los

empecinamientos de Rousseau es evitar la constitución de una sociedad civil desde la proyección de

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la perspectiva individual como mera agregación de sujetos aislados, pues no hay pueblo sin

solidaridad, distribución de riqueza y sentimiento de pertenencia nacional. Las personas, desde que

eligen someterse al contrato social, deben arrinconar su amor propio y dejarse guiar por un motivo

común y la voluntad general. Esto se traduce en que deben comportarse como ciudadanos.

En cuanto a esta última, Rousseau halla dos problemas: las decisiones legislativas deberán ser

consensuadas por la ciudadanía; no se podrá acceder a la utilidad pública si la comunidad se deja

llevar por las pasiones, por los intereses de las facciones políticas o por los grupos de interés. De

este modo, serán necesarias las siguientes condiciones: ningún interés privado debe afectar a la

deliberación pública y las desviaciones del interés general deben cancelarse mutuamente; que no

exista comunicación e influencia entre asociaciones con intereses propios; que las reglas de orden y

discusión aseguren que se plantean las cuestiones adecuadas; que el voto tienda a la unanimidad

aunque si no hay acuerdo primará la mayoría; que se cuenten todos los votos y que quienes

deliberen estén debidamente informados.

Otro punto a destacar es la distinción que hace Rousseau entre legitimidad política (el titular de la

soberanía es el pueblo) y organización institucional (atiende a las circunstancias objetivas de la

sociedad como la población, el tamaño, capacidad de reunión y deliberación, el nivel de desarrollo

de las virtudes cívicas). El titular de la ley es el pueblo (en ellos recae el poder legislativo), y su

dominio se plasma en la creación de la ley, lo cual no impide que el ejercicio cotidiano de la acción

política no pueda recaer sobre un gobierno (poder ejecutivo no reside en todo el pueblo) y diferentes

magistraturas de funciones ejecutiva y judicial. La legitimidad de la ley se basa en que sea

aprobada por todos los individuos, pues son los únicos legitimados para decidir por qué leyes van a

regirse. De esta manera, al obedecer dichas leyes, que se han dado a sí mismos, mantienen su

libertad moral. Estas leyes deben obedecer la voluntad general, que es la suma de las voluntades de

todos los individuos como ciudadanos, que tienen intereses comunes.

Un nuevo problema será que cuanto mayor es el Estado, tanto mayor será la distancia entre pueblo

soberano y gobierno, favoreciendo la aparición de la voluntad propia alejada de la voluntad general.

Con ello, la legitimidad política es un principio de legitimidad democrática y se excluye un sistema

de democracia directa al igual que un sistema representativo tal y como hoy lo conocemos. La

función de la asamblea popular rousseauniana es reafirmar los fundamentos de la unión y bases de

la justicia que informan al cuerpo político (relegitimación de los fundamentos de la vida pública).

Se deduce así que el soberano es un cuerpo deliberativo cuya virtud depende del interés por la

participación política efectiva, su control y su encauzamiento del gobierno por no dejarse guiar por

la voluntad general.

Rousseau propone una transformación política, cree necesaria una transformación del sujeto político

(hommo economicus). Según Rousseau, al principio el hombre era libre pero después pecó con el

egoísmo fruto del derecho de propiedad y quedó sometido/castigado, por lo que se necesita una

redención civil para recuperar ese estado de libertad en el mundo terrenal y permitir la realización

del hombre al poder decidir cada uno por sí mismo cómo organizar su vida. Es por esto por lo que

Rousseau influyó notablemente en la Revolución Francesa. Para que el individuo tenga una vida

plena debe vivir en una sociedad que se lo facilite.

El poder no necesita recurrir a la coerción para ser efectivo, sino que basta con convencer a las

personas de que su libertad está en peligro si no hacen uso de ella para que las personas sean

dominables. Entender que lo que se acata es algo propio. Existiría una asamblea donde se delega el

poder y se discuten los problemas generales, pues aunque se hubiera hecho una ley indirectamente,

17

la acataríamos como creación nuestra. Se puede transformar la realidad de la misma manera que

transformamos la naturaleza.

CRITICAS A LA DEMOCRACIA

En el s. XIX, con la revolución industrial, aparecen nuevos problemas que dan lugar a nuevas

teorías. Los primeros que aquí destacan son los socialistas utópicos. Después vinieron los

pensamientos elitista y marxista. Estos se desarrollan en un contexto histórico caracterizado por la

sociedad de masas; el nacimiento de los partidos políticos (de masas); las ideologías

contemporáneas (el propio marxismo, socialismo, conservadurismo, etc.). Aparece también la idea

de “pueblo” como sujeto político, lo cual lleva al auge de los nacionalismos, cuya máxima

manifestación es el nacimiento de nuevos Estados como Italia y Alemania. Se producen cambios

también en la forma de legitimar la política, que abandona las ideas teológicas, abogando por las

históricas.

Un último factor característico de la época son la Revolución Rusa y el fascismo.

En el s. XVIII la democracia es aquel sistema institucional de gestación de las decisiones políticas

que realiza el bien común, dejando al pueblo la elección de los individuos que han de congregarse

para llevar a cabo su voluntad. Por ello, existe un bien común del pueblo que puede hacerse percibir

mediante la argumentación racional y que implica respuestas a todas las cuestiones, de forma que

todo hecho social y toda medida adoptada puede clasificarse como “buena” o “mala”. Lo único que

puede ocasionar desacuerdo son las diferencias de opinión sobre cómo llegar a la meta, la cual es

común a casi todos.

En cuanto a la crítica elitista de la democracia, se critica la democracia por ser insuficientemente

democrática (contradicción del Parlamentarismo, pues no constituye una verdadera democracia) y

porque ésta se construye sobre unos ideales irrealizables. Toda sociedad aparece caracterizada por

el gobierno de unos pocos (una oligarquía) y es imposible el gobierno de las masas. La minoría

debe ser selecta y será la élite. Se justifica en que históricamente siempre ha habido gobierno de los

pocos y que la naturaleza humana es desigual, lo cual choca con el ideal de democracia como

igualdad entre todos, por lo que se defiende esa dominación de la élite, pues se entiende que la

naturaleza humana y la historia se caracterizan por esa dominación. Además, no todos tienen el

mismo interés o la misma capacidad de sacrificio para dedicarse a las decisiones colectivas. Para

Ortega y Gasset, las masas podrían acabar con lo conseguido por las élites a lo largo de la historia.

Se entiende que hay una lucha, una contraposición natural e inevitable entre la masa y la élite.

Lo que hay son dos grupos: uno que tiene la necesidad de dominar y tomar decisiones, y otro que

tiene la necesidad de servir voluntariamente y no inmiscuirse. La dominación por parte de las élites

consiste en convencer o engañar a la masa por medio de una fórmula política consistente en disuadir

a la masa de su exigencia de una mayor participación, insistiendo en que las decisiones se delegan

en otros. Las personas tienden a creer antes que analizar esas creencias sobre el mundo y se dejan

llevar, lo cual es una característica fundamental del hombre masa quien se siente realizado cuando

se encuentra con un grupo como él. No se ve la realidad individualmente sino como un impulso

común.

Para Schumpeter (máximo exponente del neo-elitismo, influido por la IGM, la comunicación de

masas y la Economía de mercado) no hay tal bien común unívocamente determinado en el que todo

el mundo pueda estar de acuerdo o pueda estarlo mediante argumentación racional (porque

mantiene la visión irracional de las masas). Para los distintos individuos y grupos el bien común ha

de significar cosas diferentes, ya que los valores últimos están más allá de la categoría de la mera

18

lógica. Además, en el caso de que fuese posible que hubiese un bien común, esto no implicaría

respuestas igualmente definidas para los problemas singulares.

Para él no será creíble la necesidad práctica de atribuir a la voluntad del individuo una

independencia y calidad racional que son completamente irreales, ya que no cree que el ciudadano

medio sea consciente de qué quiere defender y pueda hacer una deducción lógica con conclusiones

claras y precisas independientemente de la presión de los grupos y de la propaganda. El

debilitamiento del sentido de la responsabilidad y la falta de resoluciones efectivas explican a su

vez esta ignorancia del ciudadano corriente y la falta de juicio en cuestiones de política nacional y

extranjera. Sin la iniciativa que desarrolla la responsabilidad directa persistirá la ignorancia política,

aun cuando el público disponga la información más abundante y completa. Así, el ciudadano

normal desciende a un nivel inferior de prestación mental tan pronto como penetra en el campo de

la política que tiene dos consecuencias:

 Los impulsos irracionales debilitan el proceso racional y relajan las exigencias morales, de modo que mayores serán las oportunidades para los grupos políticos profesionales que persigan

fines interesados.

 De lo anterior se deduce que la naturaleza humana en la política es capaz de configurar la voluntad del pueblo e incluso crearla dentro de unos límites muy amplios. La voluntad del

pueblo es el producto y no la fuerza propulsora del proceso político.

Concluirá entonces el autor en que el método democrático es aquel sistema institucional para llegar

a las decisiones políticas en el que los individuos adquieren el poder para decidir por medio de una

lucha de competencia por el voto del pueblo. La democracia no significa que el pueblo gobierne

efectivamente, sino que sólo brinda la oportunidad de que el pueblo acepte o rechace a los

hombres que le gobernarán. De esto se deduce que la democracia es el procedimiento de

selección de líderes.

La opinión pública y la democracia electoral exigen una dimensión horizontal, si bien hay una

dimensión vertical de la política: hay quien manda y quien es mandado. Así, la democracia vertical

significa la democracia como sistema de gobierno. Una visión puramente horizontal de la política

sería la del anarquismo (no mandar), mas la misma no es un sistema político sino un colapso del

mismo. Autoridad significa coerción mientras que mandar significa guiar, y es éste último por el

que se mueve la democracia. La democracia es el mandato de la mayoría si se entiende por mayoría

que en la democracia se someten las decisiones a la regla mayoritaria. Pero no es el mandato de la

mayoría si por ello se entiende y se pretende que gobierne el mayor número y que el menor número

sea gobernado. Las fases que constituyen la democracia vertical son:

1. Las mayorías electorales eligen a sus candidatos; las minorías electorales pierden las elecciones.

2. Los elegidos son una minoría, un número menor respecto de sus electores.

3. Los elegidos eligen un gobierno que también es un número pequeño respecto del parlamento que lo vota. Por tanto, la regla mayoritaria transforma una mayoría sustantiva en un número

menor.

Así, su Teoría competitiva de la Democracia señala que la selección de los representantes es

secundaria al fin principal de investir al electorado del poder de decidir sobre las cuestiones

19

políticas. El método democrático es aquella sagacidad institucional para llegar a decisiones políticas

en las que algunas personas adquieren el poder de decidir por medio de una lucha competitiva por el

voto popular. Así, el papel del pueblo es votar.En un contexto competitivo, los elegidos son

cotidianamente condicionados por la expectativa de cómo reaccionarán sus electores ante las

decisiones que tomen.

En la democracia, como sistema de gobierno electo, es la regla mayoritaria la que fabrica a la

minoría o a las minorías que gobiernan.

Para Tocqueville y Mill, el problema de la democracia era el de la tiranía de la mayoría que varía

según el tipo de contexto:

Constitucional. La tiranía de la mayoría significa violar, legislando o gobernando, los derechos de las minorías. Se puede controlar al despotismo elegido dividiendo el poder.

Electoral. En el actuar del votante, la minoría es aquella que no elige, aquella que pierde el voto o el voto dado a los pequeños partidos minoritarios. Así, en la votación la minoría no tiene

derechos y los perdedores son eliminados.

Social. Consiste en la opresión de la sociedad sobre el individuo. La tiranía en cuestión era espiritual: la imposición del conformismo. Es necesario estar protegidos contra la tiranía de las

opiniones y de los sentimientos prevalecientes, contra la tendencia de la sociedad a importar las

ideas y costumbres como reglas de conducta para aquellos que se alejan obligando a todos los

individuos a uniformarse con su modelo. También pueden existir “mayorías de masas” que

exigen que la mayoría de una población electoral esté constituida por individuos identificados

por clase, raza o partido (algo que nunca pasa en las democracias occidentales pues es poco

creíble una tiranía electoral de la mayoría).

Hasta Locke, el principio sostenido por la doctrina había sido la unanimidad, no el derecho de la

mayoría de prevalecer sobre la minoría o minorías. El cambio acontece con Locke porque con él el

derecho de la mayoría se inserta en un sistema constitucional que lo disciplina y controla, al

defender que es una suma de cosas iguales (igual voto, iguales derechos) la que produce mayor

derecho. Además, el principio de la mayoría no expresa y no pretende expresar valor alguno; es sólo

una técnica, un método al que nos sometemos porque es mejor que otros y que apela a la

racionalidad reivindicando el derecho de poner la capacidad de aquel a quien se vota en el lugar del

criterio sin valor. Para alcanzar este ideal-límite de hacer coincidir el mandato con el mérito y la

autoridad con la capacidad, el principio democrático sería que nadie puede decidir por sí mismo ser

el mejor: deben ser otros los que lo aprecien como tal y el método para verificarlo es la elección.

En donde la igualdad es mayor, no lo es por casualidad: es promovida por la creencia en ciertos

valores. La elección debe ser una selección, pues la mayor exigencia del ciudadano es la de un buen

gobierno. De ello resulta que lo esencial es que la mayor parte esté orientada a buscar la parte más

valiosa de sí misma. Por tanto, el sistema electoral que más conviene a la democracia es aquel que

mejor predispone la opción cualitativa de la que depende el buen éxito de los experimentos

democráticos.

Mill proponía un sistema de gobierno representativo en el que el parlamento estuviese constituido

por la élite del país.

Barker escribía que no podemos abandonar la idea de valor ni poder en el trono a una mayoría

simplemente porque es una mayoría en cantidad.

20

Asimismo, las minorías de poder son minorías controlantes porque están dotadas de poder político

de control y se identifican por varios criterios:

Altimétrico. Para llegar a lo alto es necesario el poder y el poder deriva de estar en lo alto.

Meritocrático. Quien está colocado en lo alto está ahí porque se le presume calificado y capaz. Es imprescindible aquí la calidad, pues las élites en el poder caen cuando llegan a ser incapaces

y las élites capaces se convierten entonces en las élites del poder.

En cuanto a Mosca (miembro de la “escuela italiana” junto con Pareto y Michels)y Dahl, para ellos

la cuestión es si la democracia es gestionada por las minorías en plural o si, tras las apariencias, en

realidad es controlada por una minoría en singular. De acuerdo con la teoría de la clase política de

Mosca, en todas las sociedades existen dos clases de personas: la de los gobernantes (menos

numerosa y que monopoliza el poder, oligarquías) y la de los gobernados. La “clase política” es

para él el conjunto de personas que gobierna a los demás. Además, esta clase es consciente de su

status, de su posición y privilegios; adopta la coerción y la coacción para gobernar y mantenerse en

el poder; y trata de buscar el consenso para conseguir legitimación a través de la ideología,

mediante la lucha ideológica.

La clase política utiliza las teorías políticas como legitimación, a través de ideas como los derechos

individuales y la soberanía, para así seguir en el poder. Defendía que la única forma política es la

oligarquía, el gobierno de los pocos, de la clase política.

Tenía una visión histórica fundada en la lucha política entre minorías.

En cuanto a la ley de hierro de la oligarquía, Michels asegura que dentro de los partidos políticos

hay democracia, pero que al final toda organización acaba gobernándose por una oligarquía, es

decir, aquellas personas que dedican su interés y tiempo al gobierno de esa organización. Por tanto,

hay una tendencia oligárquica y una voluntad de que otros decidan por nosotros. Así, mientras más

organizada sea una organización, menos democrática será pues la organización desnaturaliza a la

democracia y la transforma en oligarquía (la democracia conduce a la oligarquía), ya que la matriz

del modo de vida democrático está en la creación voluntaria de pequeñas y libres comunidades inter

partes.

El elitismo competitivo se caracteriza por tres ideas: hay una divergencia permanente sobre las

cuestiones del poder (permanece el conflicto sobre el consenso); el conflicto crea fracturas con lo

que es más complicado solucionar el problema y es más fácil abandonar; el interés que se pone en

consumo propio es superior al que se pone en las decisiones e información políticas. Esto último se

debe a la ausencia de información o falta de preparación de la gente, a la desmotivación por la

irracionalidad y la falta de inmediatez entre la toma de una decisión y sus consecuencias. De este

modo, sólo unos pocos partidos oligárquicos pueden competir con éxito por el gobierno y no está

mal mientras haya competencia, pues esto es lo democrático y lo realmente importante. En

conclusión, la democracia no es más que un método de selección de élites gobernantes.

La democracia privilegia a las élites competitivas, además de que (según Pareto) los políticos

serían ambiciosos vendedores de promesas y los ciudadanos los consumidores que dan votos. Esto

será conocido como la teoría económica de la democracia, la cual resalta los incentivos que hay en

la parte de la oferta del sistema político mediante promesas políticas, y en la parte de la demanda de

promesas. Lo cual quiere decir que no se trata de convencer racionalmente, sino apelar a creencias

publicitarias. La importancia no está en el qué se dice sino en el cómo se dice. Él subrayó que la

acción individual (también la de masas) era una acción irracional, pues el movimiento es algo

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instintivo. Se pensaba que las masas se mueven simplemente por el carisma de los líderes, por

razones emotivas y emocionales. Por eso no hay que dar el gobierno a una masa, si no a una élite

que sí se guía de forma racional.

Concebía la historia como una lucha entre élites, existiendo distintos tipos de élites, no sólo política.

Habla de “las élites”, que están continuamente en enfrentamiento a lo largo de la historia, de la cual

saldrá una vencedora. Sigue a Maquiavelo en la idea de que el gobernante debe ser a la vez zorro

(listo, persuasivo, astuto, etc.) y león (fuerte), siendo sobre todo los primeros los que tendrán éxito.

Por su parte, Dahl argumenta que una élite mandante debe resultar empíricamente identificable. El

poder se revela sólo cuando una decisión es controvertida. La “prueba” propuesta por Dahl es que

para demostrar la existencia de una clase dirigente es necesario establecer que, a través de una

secuela de controversias, siempre prevalece un mismo grupo identificable como tal.

Para que una clase mandante sea realmente tal son necesarias tres condiciones: conocimiento,

coherencia y conspiración.

En conclusión, una cosa es lo que nosotros declaramos como el núcleo normativo de la democracia

y otra es lo que realmente ocurre. Es una democracia realista y neomaquivalista. La existencia de

élites es inexorable en una sociedad de masas y el uso de análisis economicistas puede trasladarse al

ámbito de la política (los que desean ser gobernantes y están obligados a competir, y ver a los

ciudadanos como consumidores de productos).

La revolución industrial motivó que lo económico se situara por delante de lo político. Así,

aparecieron teorías políticas económicas. Para Marx lo económico (el modo de producción) lo

determina todo, la cultura, el funcionamiento de una sociedad, etc.; mientras que lo político es una

ideología determinada que mantiene un sistema económico concreto. El creía que llevaba a cabo un

análisis científico, no utópico, pues quería analizar la realidad. Para ello es necesario analizar el

sistema de producción existente en cada época (de qué medios se dispone, cómo se organiza el

trabajo humano, qué se produce, etc.) y ver qué organización política hay en cada una de esas

épocas. Para él la Historia tiene una senda, nos conduce en una dirección predeterminada

(concepción teleológica, historicista), pero a diferencia de los liberales tenía una visión dialéctica de

la Historia. El progreso histórico se da por el conflicto entre fuerzas sociales enfrentadas en cada

momento histórico. De ese enfrentamiento surgen las condiciones que regirán el siguiente momento

histórico. El enfrentamiento se da entre los que ostentan el poder y los medios de producción

(opresores) y los oprimidos. El cambio se da cuando los oprimidos se enfrentan a quienes están en

el poder e imponen sus nuevas condiciones, su nuevo modo de producción. Así, cada época va

siendo mejor que la anterior, pero este proceso se sustenta en el conflicto social.

Marx criticaba la democracia burguesa o democracia de clases, pues él pensaba que mientras

existiese un gobierno de clase, el Estado serviría como un cuerpo represor. Sin embargo, en Marx

hay una contradicción pues el objeto de su crítica se dirige contra las restricciones al derecho del

sufragio universal y, al mismo tiempo, ve la expansión del sufragio universal como una forma de

que el proletariado llegue al parlamento al ser mayoría.

En Marx hay un ideal de democracia que recuerda a Rousseau, ya que es contrario al mandato

representativo y favorable al mandato de las masas. Hay que romper las mediaciones para que el

pueblo se incorpore al cuerpo decisorio.

En su opinión, la siguiente etapa histórica se iba a caracterizar por la caída del modelo capitalista y

el establecimiento de un modo de producción comunista. ¿Cómo se va a producir ese cambio?

Existe una cierta ambigüedad, porque parece necesaria una revolución que instaure una dictadura

del proletariado. Sin embargo, Marx no excluye que el proletariado pudiera llegar al poder a través

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de medios democráticos. Llegue como llegue al poder, esa dictadura debe suponer el

desmantelamiento del sistema capitalista para instalar uno socialista. Así, se pasará a la siguiente

etapa histórica.

No obstante, todos los autores subrayan que haya libertad de expresión y de opinión. Debe haber

libre competencia y no barreras de entrada. La oferta es muy limitada por las propias reglas que

rigen el sistema (ej.: sistema electoral que desfavorece a los pequeños partidos). Al final, la libre

competencia acaba siendo falsa porque la oferta es casi la misma, así que el problema está en la

diferenciación entre las ofertas de los partidos. No hay democracia salvo donde no se pueda

distinguir este concepto, algo que cuesta mucho hacer y, por tanto, se acaba individualizando la

política mediante la figura del líder.

SEGUNDA PARTE

DEFINICIONES DE LA DEMOCRACIA

El concepto de democracia contemporánea no se inspira en la democracia ateniense. A lo largo de

la Historia, hay que hablar de distintos modelos de democracia, porque cada época es distinta y los

conceptos tienen significados distintos. Si ahora proyectáramos los factores, las condiciones

(establecidas por Dahl) que actualmente definen una democracia hacia el pasado, concluiríamos que

no existía ninguna democracia.

La democracia es un concepto que está siempre en tensión debido a que una cosa es lo que “la

democracia es” empíricamente y otra “lo que debería ser”. Hay tensión entre norma y realidad.

Por tanto, la democracia es un proyecto inacabado. Nunca la realidad podrá llegar a satisfacer el

ideal democrático, si bien eso no hace ilegítima la realidad. Lo que tenemos hoy en día es gracias a

aquellos que no se conformaron con lo que tenían.

El principio de igualdad política entre los ciudadanos (principio de ciudadanía) conduce a organizar

todo el conjunto de reglas y procedimientos de las instituciones del gobierno democrático. No

obstante, dichas reglas y procedimientos de las instituciones son instrumentales y no un fin. Dentro

de la democracia todos somos iguales y no hay jerarquía. No hay ningún conjunto de reglas o

decisiones que se pueda decir que es el mejor para satisfacer el principio de igualdad/ciudadanía, de

modo que no se puede decir que un sistema electoral es mejor que otro.

Dahl estableció unas condiciones procedimentales mínimas para calificar a un régimen como

democrático, que si proyectáramos hacia el pasado, nos darían como resultado que nunca ha

existido democracia. Por eso propone un nuevo término para hablar de los verdaderos regímenes

democráticos. No hay democracias sino poliarquías, en las cuales no hay un único sistema político

sino varios agrupados, sin ser verdaderamente el gobierno del pueblo.

Existe una relación entre la manifestación de esas características, esas condiciones, en las

instituciones y la calificación de un régimen como democrático, porque dichas condiciones nos dan

unos requisitos, unos indicadores, para valorar la calidad de una democracia.

Así, se han acuñado una serie de términos relacionados con la calificación de la calidad de las

democracias, como “democracias defectuosas”. A pesar de tener elecciones, sufragio, etc., padecen

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una serie de carencias que hacen que no sean verdaderas democracias. Hoy en día, en estas

democracias defectuosas hay una cierta tendencia al autoritarismo popularista.

Los elementos que funcionan peor y que más generan democracias defectuosas son elementos

liberales, que constituyen la base de la idea moderna de democracia y, sin embargo, son los más

débiles. Tienen que ver con el Estado de Derecho, separación de poderes, etc. Esto da lugar a

diferentes clasificaciones (cada autor hace una, como son las de Dahl, Merkel o Morlino).

Criterios políticos de Dahl (mínimos para asegurar una democracia)

Son 5: 1. Participación efectiva: oportunidades iguales y efectivas para que cada uno pueda hacer

conocer sus puntos de vista.

2. Igualdad de voto: igual y efectiva oportunidad de votar, y que todos los votos cuenten igual.

3. Comprensión ilustrada: oportunidades iguales y efectivas para todos de instruirse sobre las

políticas alternativas relevantes y sus consecuencias.

4. Control de la agenda: oportunidad de los miembros de la asociación de decidir cómo y qué

asuntos se incluyen en la agenda.

5. Inclusión de los adultos: Todos o, al menos, la mayoría de adultos residentes permanentes deben

tener los derechos de ciudadanía implícitos en los criterios anteriores.

Estas condiciones procedimentales mínimas nos aportan criterios para valorar las democracias.

Cuando Dahl habla de estos criterios/requisitos, habla de criterios abstractos que deben

institucionalizarse.

Para ello, Dahl introduce seis instituciones:

1. Las decisiones políticas más importantes tiene que estar en manos de representanteselegidos por los ciudadanos (participación efectiva y control de la agenda).

2. Que las elecciones sean frecuentes, equitativas y libres (control de la agenda e igualdad de voto).

3. Libertad de expresión, fundamental para garantizar el pluralismo político (participación efectiva, comprensión ilustrada y control de la agenda).

4. Que existan fuentes de información alternativa, para lo que se precisa una pluralidad en los medios de comunicación, esto es, libertad de prensa (participación efectiva, comprensión ilustrada y control

de la agenda).

5. Autonomía de las asociaciones, con libertad de asociación y existencia de un tejido asociativo que presione, presente demandas a quien tiene en sus manos el poder político (participación efectiva,

comprensión ilustrada y control de la agenda).

6. Ciudadanía inclusiva, esto es, garantizar igualdad en el status político a todos los ciudadanos (inclusión plena).

Merkel desarrolla sus teorías tiempo después que Dahl. Parte del análisis de las condiciones procedimentales

mínimas de Dahl para diferenciar entre regímenes no democráticos y regímenes democráticos, añadiendo

seis nuevos criterios que ayudan a distinguir distintos tipos de regímenes políticos.

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Estos nuevos criterios son: legitimación del poder político, acceso al poder político, pretensión al poder

político, monopolio sobre el poder político, estructura del poder y uso del poder político. ESQUEMA PÁG.

124 y 128 (IMPRIMIRLOS). Dentro de las autocracias Merkel distingue entre los regímenes totalitarios y

autoritarios.

Se centra sobre todo, dentro de la categoría de democracias, en la distinción entre democracias defectuosas y

democracias liberales.

Tener en cuenta también la categoría de las democracias defectuosas: democracias excluyentes, de dominio e

iliberales. Los seis criterios pueden agruparse en tres dimensiones: 1. Sufragio universal (criterios 1 y 2); 2.

Monopolio efectivo sobre el gobierno de los representantes legitimados democráticamente (criterios 3 y 4);

3. Constitución liberal e imperio de la ley (criterios 5 y 6).

Si se quiebra uno de estos criterios centrales no podemos seguir refiriéndonos a una democracia liberal

basada en el imperio de la ley que funcione. Dependiendo de cuál de las tres dimensiones del imperio de la

ley se quiebre, nos encontramos con un tipo distinto de “democracia defectuosa”:

- Democracia excluyente: se excluye a un conjunto significativo de población por raza, género, religión, etc. del derecho civil del sufragio universal (activo y pasivo). Además, se les niega, a largo

plazo, la posibilidad de adquirir la ciudadanía. Se pasa a la autocracia si la exclusión se hace por

decisiones arbitrarias de las autoridades políticas. Aun así, las elecciones son libres y justas y los

representantes son elegidos por los ciudadanos.

- Democracia de dominio: los “poderes de veto”, como militares, guerrillas, milicias o empresas multinacionales arrebatan a los representantes elegidos democráticamente el control de ciertos

dominios políticos.

- Democracia iliberal: los representantes electos en elecciones libres y generales quiebran las reglas fundamentales de separación de poderes, los frenos mutuos al poder son eliminados mediante el

soslayamiento del parlamento y del poder judicial, o el imperio de la ley es menoscabado deliberada

y crónicamente.

Modelos de democracia

1. Modelo mínimo o “schumpeteriano”: consideran que es suficiente con los requisitos mínimos.

2. Modelo pluralista; modelo neocorporativista; modelo de democracia asociativa; etc. (Dahl): enfatizan en la participación de las asociaciones, de los grupos, en el sistema democrático. Abogan

por la existencia de una “competencia” entre estas asociaciones, no un monopolio.

3. Modelo de democracia participativa (Pateman, Barber): mayor profundidad en la democracia a través de la participación ciudadana, entendiéndola no sólo en las instituciones, sino extendiéndola a

al ámbito público y privado, a todos los ámbitos. Participación asamblearia para la toma de

decisiones en todos los ámbitos. Barber deriva esto al ámbito local, que es donde es más factible

todo esto.

4. Modelo de democracia deliberativa (Jürgen Habermas): insisten en la participación cualificada, que es la que genera más calidad en las democracias, a través de los procedimientos deliberativos.

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CONDICIONES PROCEDIMENTALES MÍNIMAS DE LA DEMOCRACIA

Los distintos sistemas de gobierno han de cumplir una serie de características mínimas para decir que un

sistema de gobierno es o no una democracia y si es una democracia, cual es la calidad de la misma para

establecer una clasificación dentro de las mismas. Los autores han realizado una larga discusión doctrinal

sobre este tema, destacando las investigaciones de Dahl y de Morlino, que establecieron una serie de

características para decir si una democracia lo es o no, y si lo es, cual es la calidad de la misma:

- Libertad e igualdad: Morlino afirma que son dos valores fundamentales y que son totalmente necesarios para que exista la democracia. Este autor define la democracia como un conjunto de

instituciones complejas y los productos de la misma. El concepto de libertad acaba dando al

concepto de la igualdad, ya que es totalmente necesario que para que exista una democracia los

ciudadanos han de ser totalmente iguales entre sí , principalmente para que las decisiones políticas se

tomen a través de este proceso igualitario democrático donde los que eligen son elegidos mediante

elecciones libres, justas e igualitarias, ya que este proceso no tendría ningún sentido si las decisiones

ya se encuentran tomadas previamente por los poderosos de la sociedad.

- Libertad de asociación: tiene que existir la posibilidad de que los ciudadanos intercalen con las instituciones, pero fuera de ella mediante asociaciones que ellos mismos han creado con el objetivo

de influir en las instituciones públicas.

- Libertad de expresión: es totalmente necesario que todo el mundo pueda desarrollar sus opiniones y expresarlas ya que si no existe realmente no habría democracia ya que solo serían válidas las

instituciones conforme al poder.

Otra de las relaciones fundamental que hay que señalar es la relación que hay entre la economía y la

democracia. Se dice que el sistema capitalista tiende a desembocar en democracias, aunque esto no quita que

las dictaduras desarrollen sistemas capitalistas, como España, Chile... Se llegó a utilizar el desarrollo

económico como una justificaron de las dictaduras, aunque evidentemente, que un país tenga un sistema

capitalista no quiere decir que sea una democracia.

Entre estos dos elementos, muchos autores afirman que existe una fuerte tensión entre el sistema

democrático y el sistema económico capitalista. Se preguntan si son compatibles el sistema capitalista y el

democrático y qué papel tendría la democracia frente al poder del sistema económico.

Para hablar de régimen democracia según Merkel ha de haber:

- Derechos civiles, los cuales han de existir para que la democracia exista y se desarrolle adecuadamente.

- Rule of law

- Libertades políticas, para que los ciudadanos puedan expresarse adecuadamente y cumplir su papel en el sistema democrático.

- Accountability, es decir, los políticos han de rendir cuentas a los ciudadanos.

- Poder efectivo para gobernar, donde los 3 poderes han de estar separados y ninguno de ellos ha de monopolizarse, especialmente el ejecutivo ha de controlarse y no bloquear o controlar las decisiones

del parlamento, y por supuesto no controlar el poder judicial ya que este ha de ser libre e

independiente.

- Régimen electoral, donde los ciudadanos han de elegir de forma libre e igualitaria a sus representantes en los poderes políticos.

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