Terapia ocupacional , Otro de Ciencias Médicas. Universidad Santo Tomás
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johanna-torres-125 de septiembre de 2017

Terapia ocupacional , Otro de Ciencias Médicas. Universidad Santo Tomás

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Inclusión social y no discriminacion
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El jardinero del manicomio, Joaquín Garrigues Areilza Púrpura amarga, María Martín Hiniesto

Si yo cambio, todo cambia, May González Marqués Ficticia realidad, Raquel Corrales Ucar

Noche oscura de soledad, Iluminada Santos de la Fuente Experiencias a medio camino, Carmen Najarro Gutiérrez

Cris, Ángel Flores Muñoz Eso, Carmen Pasca Álvarez

Psicotécnico, Antonio Mora López de Sebastián Un día cualquiera, José Manuel Carrascosa Bernáldez

Abriéndome a una nueva realidad, María de los Ángeles Fernández Abrir una sonrisa, Noel González Díaz

Carta a un amigo escrita desde el corazón, Santos Herrero Cuando alguien cree en ti, Lorena Caballero Ortega

Diario de un diagnóstico psiquiátrico, Nuria Sánchez Gómez El estigma en las enfermedades mentales, Begoña Solís Barrado El drama de los refugiados, María Amada Castañeda Peñalba

Enturbias mis pensamientos, José Manuel Auñón Henares Las cosas que me pasan, Antonio Sanz Villanueva

Las gafas blancas, David Sánchez Díaz Lo que va de ayer a hoy, Pedro Gonzálvez Ruiz

Mi otro yo, Ángel Fernández Carbajosa Ponte en mi lugar, José Javier Oñate Martínez

¿Qué es la normalidad?, Mercedes Gómez Varadé Recuerdos, Roberto Guillén Alonso

La voz del diablo, Ricardo García Ruida Si supieras, compañera, Pilar Eugenia Sanz Correcher Una mente bucólica y pastoril, Paloma Gómez Lahoz

Una manera diferente de vivir: así somos nosotros, Grupo Vivir Sin Red Volar, Valentín Laviña Carrera

Cristina, Pablo Adalid Moll La rueda del destino, Concha Mora Olmedo

Desarrollo integral de la persona, José Ignacio Alcorta Egurrola Pocala, Cristina Rodríguez Canto Basta ya, Isabel de Estal González Buena gente, José de la Peña Arias

Enfermo mental, Mariano Flordelís Morales Tal vez si te lo escribo…, Elia Suarez López

Psicoestigma, Javier Pérez Merino Los milagros de la esperanza, Ana Morán

Ponte en mi lugar i Concurso umaSam de relato breve

sobre el estigma de la enfermedad mental

edición no venal

Ponte en mi lugar

I Concurso UMASAM de relato breve sobre el estigma de la enfermedad mental

Ponte en mi lugar

Organiza:

Unión Madrileña de Asociaciones de Personas pro Salud Mental (UMASAM) Poeta Esteban de Villegas, 12 Bajo 28014 Madrid [email protected] /// tel.: 915130243 www.umasam.org

Colabora:

Grupo 5 Olimpiada, 2 28040, Madrid www.grupo5.net www.editorial.grupo5.net

[Edición no venal realizada por Editorial Grupo 5]

El 3 de mayo de 2016, los miembros del jurado del Primer Concurso UMASAM de Relatos Ponte en mi lugar, Luis Arrillaga, Olga Real y Ana Gumiel, tras la oportu- na deliberación, seleccionaron los premios y finalistas de entre un total cuarenta textos presentados a concurso en esta primera edición, siendo los siguientes:

Primer premio: El jardinero del Manicomio, de Joaquín Garrigues Areilza Segundo premio: Púrpura amarga, de María Martín Hiniesto Tercer premio: Si yo cambio, todo cambia, de May González Marqués

Finalistas:

Ficticia realidad (Raquel Corrales Ucar); Noche oscura de soledad (Iluminada San- tos de la Fuente); Experiencias a medio camino (Carmen Najarro Gutiérrez); Cris (Ángel Flores Muñoz); Eso (Carmen Pasca Álvarez); Psicotécnico (Antonio Mora López de Sebastián); Un día cualquiera (José Manuel Carrascosa Bernáldez).

El 19 de abril de 2016, los miembros del jurado del Primer Certamen UMASAM de Pintura Pinceladas de Van Gogh, María Rejas, Cristina de la Mora, José Luis Ruiz y Marisa Morejón, tras la oportuna deliberación, seleccionaron los premios y finalis- tas de entre un total de cincuenta y seis obras presentadas a concurso en esta primera edición, siendo los siguientes:

Primer premio: Géminis (Iguales pero diferentes), de Susana Trujillo Moya Segundo premio: A ciegas, de Gonzalo Garrido López Tercer premio: El mejor amigo del hombre, de Jesús Pérez Alonso

Finalistas:

Soy quien soy (May González Marqués); Alonso Quijano cuando era todavía actor de reparto (Aurelio Cosme Arce); Ventana a la realidad (Elia Suárez López); Es- tudio 1 (Miguel Canellada); Composición 1 (Eduardo Candil Fernández); Frágiles (Ascensión Muñoz Gallego); La alambrada (Ascensión Muñoz Gallego).

Todas las obras presentadas formaron parte de una exposición que tuvo lugar en el auditorio del Centro Cultural Casa del Reloj, entre los días 20 y 27 de abril de 2016.

Los organizadores agradecen al equipo del Centro de Rehabilitación Laboral de Aranjuez de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, gestionado por Grupo 5, por su colaboración en el montaje de la exposición.

UMASAM-Grupo 5 Madrid, mayo de 2016

Índice

Presentación I, Faustino Octavio García Cacho, presidente de UMASAM ...... 9

Presentación II, Tomás Merín Cañada, presidente de Grupo 5 ....................... 11

Primer Premio:

El jardinero del manicomio, Joaquín Garrigues Areilza ............................ 15

Segundo Premio:

Púrpura amarga, María Martín Hiniesto ................................................. 23

Tercer Premio:

Si yo cambio, todo cambia, May González Marqués .................................. 27

Finalistas:

Ficticia realidad, Raquel Corrales Ucar .................................................... 33

Noche oscura de soledad, Iluminada Santos de la Fuente ........................... 40

Experiencias a medio camino, Carmen Najarro Gutiérrez .......................... 44

Cris, Ángel Flores Muñoz ........................................................................ 50

Eso, Carmen Pasca Álvarez ....................................................................... 54

Psicotécnico, Antonio Mora López de Sebastián ........................................ 57

Un día cualquiera, José Manuel Carrascosa Bernáldez .............................. 60

Obras presentadas a concurso:

Abriéndome a una nueva realidad, María de los Ángeles Fernández ............... 69 Abrir una sonrisa, Noel González Díaz ..................................................... 72 Carta a un amigo escrita desde el corazón, Santos Herrero ......................... 75 Cuando alguien cree en ti, Lorena Caballero Ortega .................................. 77 Diario de un diagnóstico psiquiátrico, Nuria Sánchez Gómez .................... 79 El estigma en las enfermedades mentales, Begoña Solís Barrado .................. 82 El drama de los refugiados, María Amada Castañeda Peñalba .................... 84 Enturbias mis pensamientos, José Manuel Auñón Henares ........................ 86 Las cosas que me pasan, Antonio Sanz Villanueva ..................................... 88 Las gafas blancas, David Sánchez Díaz ..................................................... 91 Lo que va de ayer a hoy, Pedro Gonzálvez Ruiz ......................................... 93 Mi otro yo, Ángel Fernández Carbajosa .................................................... 96 Ponte en mi lugar, José Javier Oñate Martínez .......................................... 100 ¿Qué es la normalidad?, Mercedes Gómez Varadé ..................................... 103 Recuerdos, Roberto Guillén Alonso .......................................................... 106 La voz del diablo, Ricardo García Ruida ................................................... 107 Si supieras, compañera, Pilar Eugenia Sanz Correcher ............................... 109 Una mente bucólica y pastoril, Paloma Gómez Lahoz ................................ 112 Una manera diferente de vivir: así somos nosotros, Grupo Vivir Sin Red ..... 119 Volar, Valentín Laviña Carrera ................................................................ 124 Cristina, Pablo Adalid Moll ..................................................................... 126 La rueda del destino, Concha Mora Olmedo ............................................ 134 Desarrollo integral de la persona, José Ignacio Alcorta Egurrola ................. 139 Pocala, Cristina Rodríguez Canto ............................................................ 145

Coda: poemas presentados a concurso:

Basta ya, Isabel de Estal González ............................................................ 149 Buena gente, José de la Peña Arias ............................................................ 150 Enfermo mental, Mariano Flordelís Morales ............................................. 153 Tal vez si te lo escribo…, Elia Suarez López .............................................. 155 Psicoestigma, Javier Pérez Merino ............................................................. 157 Los milagros de la esperanza, Ana Morán ................................................. 158

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Presentación i

Cuando desde el comité organizador de los Premios UMASAM 2016 nos planteamos este proyecto de creatividad pensamos en esas personas, jóvenes y mayores, que frecuentan día tras día los talleres de las asociaciones integradas en UMASAM, así como de otros muchos recursos de la Red Pública de Aten- ción Social a Personas con Enfermedad Mental de la Comunidad de Madrid. Nos fijamos, sobre todo, en los talleres creativos de literatura y artes plásticas y en todo aquello que la imaginación recrea para recuperar lo que se ha perdido con la enfermedad mental: la autoestima.

Una y otra vez el arte se manifiesta sin barreras ni exclusiones. Nadie puede limitar las alas de la imaginación cuando el ser humano trata de volar, aunque se vea recluido en la cárcel del estigma de la enfermedad mental. Creemos firmemente que el arte es terapéutica, que hace más felices a los que la prac- tican, que derriba los muros del estigma, porque detrás de cualquier tipo de trastorno mental están las personas. Por ello nos propusimos sacar a la luz todo lo que sale de esas mentes que sufren, de esas personas que intentan salir del túnel en el que han entrado y del que intentan salir a través de una escalera que lleva directamente a una vida más plena.

Desde el comienzo de este proyecto pensamos que un libro debería dejar constancia de las creaciones que participaran en el Primer Concurso UMASAM de Relatos Ponte en mi lugar, y así se lo hicimos saber a Miguel Fernández, ge-

rente de Editorial Grupo 5, a quien agradecemos su colaboración por recoger la idea y ponerla en práctica con este libro que hoy presentamos con el mismo título del concurso. Un libro que recoge, en treinta y cuatro relatos y seis poe- mas, el esfuerzo personal por levantarse de la postración, el sufrimiento por la huella del estigma y, sobre todo, los sueños de todas y todos de aspirar a una vida digna. No nos olvidamos de mencionar a los participantes en la muestra de expresión plástica con cincuenta y seis obras presentadas al Primer Certa- men UMASAM de Pintura Pinceladas de Van Gogh y la exposición que con todas ellas se realizó en el auditorio del Centro Cultural Casa del Reloj, entre el 20 y el 27 de abril de 2016, cuyo montaje corrió a cargo de los usuarios del Centro de Rehabilitación Laboral de Aranjuez bajo la dirección de su maestra de taller, María José.

Quiero dar las gracias a Grupo 5 por habernos apoyado en este proyecto, al comité organizador de los premios, a Ana Lozano, del gabinete de Comunica- ción de Grupo 5, por la organización del acto de la entrega de premios (que tuvo lugar el 20 de mayo de 2016, en La Casa del Lector, sede del Instituto de Formación e Intervención Social–IFIS, de Grupo 5), al coordinador técnico de UMASAM por su laborioso trabajo en la recepción de las obras, a los jura- dos de ambos concursos y a las personas que voluntaria y desinteresadamente han colaborado en la buena marcha de estos premios.

Faustino Octavio García Cacho Presidente de UMASAM y miembro del Comité Organizador

Madrid, mayo de 2016

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Presentación ii

Impulsar. Esta es la motivación por la que Grupo 5 apoya estos primeros premios organizados por UMASAM. Impulsar el trabajo, tan importante, que se realiza desde las asociaciones de familias y personas con enfermedad mental.

Impulsar y fortalecer los lazos entres asociaciones, centros y entidades pú- blicas y privadas para continuar tejiendo redes que favorezcan el desarrollo y la calidad de vida de las personas.

Impulsar, reconocer y hacer visibles las capacidades artísticas de las perso- nas con enfermedad mental y la posibilidad que genera el arte como herra- mienta para mejorar sus habilidades.

En definitiva, impulsar y continuar construyendo comunidades más inclu- sivas, que valoren y crean en las personas.

Agradecemos a todas las personas que han compartido sus relatos y pintu- ras para seguir proyectando integración y a UMASAM por poner en marcha esta necesaria iniciativa.

Tomás Merín Cañada Presidente de Grupo 5 Madrid, mayo de 2016

Primer premio

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El jardinero del manicomio

Joaquín Garrigues Areilza

Cuando mis padres me ingresaron en el manicomio —corría el año 1979— el alma (y la cabeza) se me cayeron a los pies. No sabía lo que me esperaba. Era más bien una clínica de psicoterapia abierta y familiar. Su nombre, Peña Retama. El lugar, Hoyo de Manzanares, a las afueras de Madrid.

Yo tenía dieciséis años. Era todo un mozalbete y un poco pardillo.

El doctor que me vio unos meses antes en consulta me diagnosticó un tras- torno obsesivo-compulsivo con fobia social. Don Víctor, que así se llamaba el psiquiatra, era un hombre alto y corpulento, de cabellos rubios, fumador de pipa, que sonreía con cierta tristeza… Qué curioso, pensaba yo, un psiquiatra triste.

En su despacho había un retrato bellísimo de Freud hecho a carboncillo. También tenía un precioso diván de cuero inglés. El psiquiatra tenía un asom- broso parecido con el actor inglés Michael Caine, cosa que me hizo gracia, pues era uno de mis actores preferidos. Me tendió la mano blanda y viscosa; parecía un pez. Don Víctor escribía con una pluma estilográfica en los folios que tenía delante todo lo que le iba contando. Su letra (redonda y grande) era muy peculiar, como si fuera una escritura árabe. Mantuvimos la conversación siguiente:

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Ponte en mi lugar

— ¿Te lavas mucho las manos?— me preguntó el doctor.

— Sí, unas veinte veces al día. O más.

— ¿Oyes voces? ¿Ves cosas raras? ¿Piensas que te persiguen? ¿Lloras sin motivo?

— No… creo que no. Aunque miro debajo de la cama siempre antes de dormir, por si hay alguien que me quiere hacer daño.

— ¿Te falta el aire? ¿Te salen manchas en la piel? ¿Duermes bien? ¿Tie- nes apetito?

— Bueno, tengo taquicardias, sudores, vértigos y esas cosas. Tengo mu- cho miedo a la muerte. Pienso que me sigue a diario. Oigo su silencio.

— Tienes que ingresar en Peña Retama. No te queda otra.

Me quedé de piedra. Atónito. Un sudor frío me recorrió la espalda.

Entonces el psiquiatra me recetó una serie de medicamentos, uno de ellos era Anafranil. De los otros no me acuerdo bien, pero había también alguno para dormir, Valium.

Tuve que dejar el colegio. Un colegio de gente elitista y —supuestamente— civilizada. Allí me llamaban muchas veces “bicho raro”, solamente porque visitaba con frecuencia la enfermería debido a mis síntomas psicosomáticos.

Luego en casa —por las noches— consultaba a escondidas una gran enci- clopedia médica (la Reader´s Digest, de casi mil páginas) que tenía mi padre en la biblioteca. ¡Uf! —me decía— ¡si tengo todas estas enfermedades! Uno de mis profesores, Ildefonso, me espetaba en clase —delante de mis compa- ñeros— que era “un enfermo imaginario”. “¡Tienes que leer a Molière!”, me decía entre risas. Póngase en mis zapatos, pensaba yo.

Mi madre y mi abuela —que se llamaban igual— me llevaron en coche hasta la clínica. Mi madre (mujer inteligente y neurótica) conducía el Renault 5 rojo y fumaba ansiosamente su Marlboro Light. La veía preocupada. Mi abuela rezaba en voz baja —“Señor, donde haya tristeza que yo lleve la ale- gría”— y se santiguaba.

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PrimEr PrEmio

Aparentemente, el sanatorio Peña Retama no parecía un centro psiquiá- trico. Era más bien un chalecito. Eso sí, pasaba desapercibido a la entrada de Hoyo de Manzanares. El pueblo —lleno de casas de piedra— estaba en plena naturaleza. Había retamas, encinas y enebros por doquier. Era desde luego un lugar muy tranquilo y relajante.

Se accedía al sanatorio a través de un camino de tierra que había en el borde izquierdo de la carretera. Había que estar muy atento porque si no te pasabas de largo. En la entrada había un letrero de madera que ponía: Peña Retama, Clínica de Psicoterapia.

La clínica era pequeña, de dos plantas. En la de abajo existía una pequeña terraza. Un jardín rodeaba el sanatorio y en él había una pequeña huerta con tomates, cebollas, pimientos y calabacines.

Éramos a lo sumo veinticinco pacientes, entre mujeres y hombres, dis- tribuidos en habitaciones dobles. Había solo dos habitaciones individuales. Todas las colchas de las camas eran amarillas. Uno de los psicólogos en forma- ción (Benito) me comentó que a ese color se lo asociaba con la felicidad y el optimismo. Las habitaciones eran muy sencillas: una cama, un armario y una mesilla de noche. Tenían el baño integrado.

La edad media en el sanatorio rondaba los treinta años. El equipo médico lo formaban seis psiquiatras, dos médicos de guardia, otros dos en formación, dos psicólogos y cuatro enfermeras. Había dos médicos que vivían allí. Los otros se iban a sus casas a dormir.

También había personal de servicio (que limpiaba y hacía la comida) y un jardinero muy simpático, Félix. Desde el primer día simpaticé con él. Se ocupaba de la pequeña huerta y del jardín. Vivía con su mujer en un piso al lado de la clínica. Iba vestido con un mono azul y calzaba unas botas de goma verdes. Fumaba un montón, siempre con una colilla en los labios y el zippo en el bolsillo. Tenía unos dientes grandes y amarillentos. Era muy forofo del Atlético de Madrid. Su ídolo fue el delantero internacional Gárate, apodado El Ingeniero del Área. Se emocionaba mucho cuando hablaba del futbolista.

18

Ponte en mi lugar

— ¿Por qué le llamaban El Ingeniero del Área?— le pregunté.

— Porque era ingeniero industrial y tenía muchísima calidad en el área.

— ¡Ah!

Félix me animaba mucho. Hablaba muy despacio. Me decía que no ha- bía que tener lástima por los enfermos mentales, sino más bien por aquellas gentes que los señalaban con el dedo. “Hay que tener empatía, ¡caramba! Los enfermos psíquicos son también personas, muy dignos”, me decía. “Yo fui un enfermo mental en su día. ¡Nadie es perfecto! Tuve una depresión muy fuerte al borde del suicidio, y me curé. Ahora soy jardinero, y soy feliz con lo que hago. Disfruto mucho regando y cuidando las plantas en este lugar. Hablo con ellas, sí, sí, con las plantas. Les digo cosas bonitas… ‘hola Tomillo, hola Violeta, hola Azalea ¿estáis bien?’ ”.

“La vida” —me decía— “pasa muy rápido, así que no te amargues con lo que puedan pensar los demás de ti por padecer una enfermedad mental, sea la que sea. A veces los más chiflados de la sociedad están afuera, en la calle, llevan corbata, son jefes, usan colonias exquisitas y esas cosas, parecen normales… pero no, pero no”.

— Gracias, Félix.

— ¡Qué pases un buen día! ¡Hasta mañana!

En la clínica todos hacíamos terapia individual y de grupo. Tomábamos la mayoría medicación, unos más que otros. Algunos estaban muy medicados con Haloperidol y similares. Por la noche hacíamos cola para recoger la me- dicación en un mostrador. Años más tarde, al ver la película Alguien voló sobre el nido del cuco, me acordé de esta situación. Obviamente, en Peña Retama no existía la cruel y fría enfermera-jefe, la señorita Ratched de la mítica película.

Había a unos metros del edificio principal un pequeño taller para pintar y trabajar con el barro. También teníamos la opción de faenar en la huerta. Debíamos estar ocupados en todo momento. En una de las paredes del sana-

19

PrimEr PrEmio

torio jugábamos al frontón. Y de vez en cuando se organizaban partidos de fútbol con el pueblo de al lado. El deporte también era muy importante para nuestra terapia.

Pasé casi ocho meses de mi vida en Peña Retama. Salí de allí cuando mi padre (de profesión, político) enfermó a los 47 años de leucemia. Volví al distinguido colegio de Aravaca. Pero ya no me afectaban de ningún modo los comentarios necios de mis compañeros de clase. El profesor Ildefonso se había jubilado.

Y nunca olvidé al jardinero Félix.

La clínica Peña Retama se cerró algunos años después.

segundo premio

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Púrpura amarga

María Martín Hiniesto

Amanece un risueño martes de abril, pero yo me siento nube. Soy un conjunto de partículas, de lágrimas con sabor a Orfidal, desilusión e hipohe- donia. A duras penas consigo salir de la cama y me muevo empujada por la hiperventilación que genera mi propia ansiedad. Maldita palabra que desde hace meses resume mi vida. Pánico, miedo, terror. Soy una nube con un cora- zón roto. ¿Las nubes tienen corazón? No lo sé. Tirito, me mareo y soy incapaz de controlar mis propias emociones. “Tranquilízate o será peor, ya sabes lo que te dijo la psicóloga”. Voy y vengo. Comienzo a sentir hormigueos en mis extremidades y sé que si no me tranquilizo me acabaré desmayando. “No pue- do, no puedo”. Truena ferozmente en mi pecho. Vibro, me sacudo, tiemblo. Cierro los ojos y lloro, lluevo, granizo. Siento, de repente, la imperiosa necesi- dad de desbordarme. Todo da vueltas. Yo doy vueltas también, empujada por este viento desafiante. Quiero precipitarme torrencialmente desde este cielo enlutado. Soy una nube furiosa, triste y abatida. Todo a la vez. Soy una nube rota y dolida. Clorazepato, 25 miligramos. Quiero cubrir una ciudad entera. Quiero desgarrar con cada trueno una borrasca de sentimientos e impedir que los rayos de sol se asomen entre mis encajes. Lorazepam sublingual de un mi- ligramo. Que nada seque estas lágrimas negras. Quiero soltar todo este sufri-

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Ponte en mi lugar

miento acumulado. Quiero empapar los electrocardiogramas del hospital que escribían tu nombre. Escitalopram 15 miligramos. Quiero diluviar todo el dolor encorsetado, en forma de aguacero de impotencia y rabia. Quiero caer fuertemente sobre tu paraguas o cubrir con furia el parabrisas de tu coche. Quiero llover cada puñalada en carne viva, bajo este cielo de púrpura amarga.

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