TRABAJO SOBRE LA CONQUISTA ISLÁMICA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA Y LA TERGIVERSACIÓN DEL PASADO, Ejercicios de Relaciones Internacionales. Universidad Autónoma de Madrid (UAM)
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TRABAJO SOBRE LA CONQUISTA ISLÁMICA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA Y LA TERGIVERSACIÓN DEL PASADO, Ejercicios de Relaciones Internacionales. Universidad Autónoma de Madrid (UAM)

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Asignatura: Historia del Mundo Árabe e Islámico I, Profesor: Gema Martín Muñoz, Carrera: Estudios de Asia y África: Árabe, Chino y Japonés, Universidad: UAM
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LA CONQUISTA

ISLÁMICA DE LA

PENÍNSULA

IBÉRICA Y LA

TERGIVERSACIÓN

DEL PASADO:

Del catastrofismo al negacionismo.

Por Natalia Valdés del Toro.

Historia del mundo árabe e islámico I, grupo 210

Estudios de Asia y África- Árabe

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A veces la gente no quiere escuchar la verdad

porque no quiere que sus ilusiones se vean destruidas

- Friedrich Nietzsche

Han sido numerosas las veces en las que la Historia de España se ha visto

tergiversada por unos u otros con el fin de cambiar, apoyar o deslegitimar ideologías y

personas. Es un hecho que tristemente no se remite al pasado, sino que se da en la

actualidad. Y uno de los hechos más tergiversados, junto con la distorsión en colegios,

universidades y a través de los medios de comunicación de la existencia del periodo de

gobierno de República y los hechos acaecidos en la Guerra Civil española durante el

periodo de tiempo en el que tuvo lugar la dictadura franquista, a mi parecer, ha sido la

conquista islámica de la Península Ibérica.

Y es esto es precisamente lo que trata Alejandro García Sanjuán en su libro La conquista

islámica de la península ibérica y la tergiversación del pasado: del catastrofismo al

negacionismo. La obra tiene una extensión de 500 páginas, repartidas en cuatro capítulos

y una conclusión final como colofón.

El autor comienza con la presentación del catastrofismo, discurso desarrollado por los

vencidos en lo referente a este episodio de la Historia de España, que no es más que la

forma de ver la conquista islámica de la península como una “inmensa catástrofe

nacional”, como así la define el arabista Eduardo Saavedra en su Estudio sobre la invasión

de los árabes en España, en 1892.Tal y como destaca el autor, la utilización del término

“invasión” es bastante peculiar, ya que este concepto es acuñado en un sentido biológico

en el que agentes externos actúan sobre otro organismo. La visión catastrofista de la

conquista la podemos encontrar a lo largo de toda la historiografía española, desde los

textos más antiguos. Los partidarios y los que utilizan esta visión catastrofista destacan

por referirse a los conquistadores como gente “belicosa”, “bárbara”, “sanguinaria” y

“cruel” y por definirles como personajes dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de

alcanzar sus supuestos objetivos de expansión y enriquecimiento. No obstante, se sabe de

la existencia de autores como Modesto Lafuente que siguiendo la corriente del

catastrofismo, se desvinculaban de adjetivar a los vencedores de las formas anteriormente

citadas.

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Este discurso catastrófico, el llamado decimonónico por haberse desarrollado durante el

siglo XIX, ha sido el más divulgado y del cual se pueden encontrar los registros más

antiguos. Esto es a raíz de haberse convertido en memoria histórica nacional a partir del

año 1800. Este discurso no es más que una relectura del pasado que se traduce en el

concepto de Reconquista, concepto que según el autor se ha mantenido inalterado hasta

la segunda mitad del siglo XX, aunque yo discrepo. Por mi experiencia, el término de

“Reconquista” es un término que a día de hoy se utiliza sin ningún tipo de reparo tanto

en colegios como institutos.

A mi parecer, este término de “reconquista” de España es un término erróneamente

empleado, ya que para que se diese tal hecho debería haber existido primero un gobierno

hegemónico que definiese el territorio que gobernaba como España y este término para

definir nuestra nación actual, fue acuñado durante el gobierno de los Reyes Católicos, no

antes.

Cabe destacar que a través de la lectura de esta obra, así como de los pasajes que se

encuentran en su interior, me he percatado de que muchos de los autores catastrofistas

como por ejemplo, Francisco Javier Simonet, no parecen hacer una separación entre el

estudio que deberían realizar como historiadores sobre el tema, de su propia ideología

política. Esto podría enmarcarse dentro del nacionalismo del que habla el autor en su obra,

que es uno de los conceptos sobre el que se desarrolla el discurso catastrofista. Este

nacionalismo no haría distinciones cronológicas, contemplando la nación española como

una nación existente desde el comienzo de los anales de la Historia.

Para desarrollar la idea anteriormente señalada, también me apoyo en las propias palabras

del autor en las que sentencia que “resulta obvio que la influencia de la tradición cristiana

ha resultado determinante en la conformación del paradigma catastrofista”. Y es que, por

lo menos a lo largo de la Historia de España, es evidente que el nacionalismo siempre ha

ido ligado a una fuerte creencia cristiana, de hecho, durante mucho tiempo la Iglesia

ocupó uno de los estamentos con más poder político y territorial dentro de la sociedad

española. No obstante, el autor remite esta importancia a la totalidad de Europa, pero yo

solo puedo referirme al territorio español, ya que mis conocimientos no abarcan más allá

de sus fronteras.

Volviendo a las doctrinas religiosas, es sabido por todo el mundo que Cristianismo e

Islam, la religión de los “invasores”, eran (y son) dos de las grandes religiones

monoteístas y parece ser que por esta razón mientras existiese una, no podrían darse

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testimonios del otro dogma en el mismo territorio. Este hecho es bastante creíble ya que

hoy en día sigue ocurriendo en muchos países del mundo, tanto en los países desarrollados

como en los del Tercer Mundo, o haciendo otra distinción; tanto en países occidentales

como orientales.

Recuperando el tema del periodo franquista citado en el primer párrafo de este trabajo, se

debe destacar el esfuerzo realizado por muchos académicos para la transformación

historiográfica que hizo caduco el discurso nacionalcatólico de la Reconquista, ya que

han tenido que enfrentarse a los sectores más tradicionales, los cuales no estaban

dispuestos a este cambio en los paradigmas históricos que se había desarrollado y a los

que estos sectores se habían acostumbrado durante la dictadura del general Francisco

Franco. Algunos integrantes de estos sectores como Claudio Sánchez-Albornoz,

prefirieron acusar a judíos y a una facción de la nobleza visigoda de confabular en favor

de la ocupación musulmana de España1, antes que reconocer que fue el Imperio Islámico

el que ocupó la Península Ibérica por sus propios medios.

En un medio fuera del ámbito académico el aumento de seguidores de la visión

catastrofista se ha traducido en una clara islamofobia que a su vez se ha acentuado con

los ataques terroristas como los del 11-S en Nueva York. El resultado de esta ecuación es

la idea totalmente errónea de vincular el terrorismo con el Islam y viceversa. Este

equívoco es utilizado tanto por ciudadanos de a pie, como por políticos, como Aznar en

su discurso de 2004 en Georgetown al que remite García Sanjuán.

En dicho discurso, el por aquel entonces presidente del Estado español y cabeza del

Partido Popular, entidad estatal reconocida por encontrarse en el lado derecho de la

política, José María Aznar, realizó unas declaraciones que crearon cierta controversia

entre los historiadores. Al afirmar, en mencionado discurso, que “el conflicto de España

con Al Qaeda no estaba relacionado con la participación de nuestro país en la guerra de

Iraq, sino que se originó cuando los “moros invadieron España”, García Sanjuán deduce

dos consecuencias de esta exposición: primero, que la llegada de los musulmanes en el

711 se equipara con una acción terrorista y segundo, se produce la realización de un

discurso de alteridad en el que encorsetaba a los musulmanes, sentenciando que en la

1 He considerado correcto poner este término (España) en letra cursiva ya que en el siglo VIII, siglo en el que tuvo lugar la conquista islámica, el territorio actual español no estaba configurado como tal. Para más inri, no fue solo el territorio actual español el que fue conquistado, sino también Portugal y se debe destacara que hubo algunos pueblos del norte de la península que consiguieron no ser sometidos por los musulmanes.

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actualidad son terroristas, pero que ya en el siglo VIII lo eran, tachándolos de amenaza

eterna para occidente.

En este discurso de Aznar podemos ver una clara reminiscencia a los discursos

catastrofistas decimonónicos en los que se criminalizaba al Islam y a sus seguidores y en

los que se cambiaba la historia para justificar el presente.

Esta islamofobia también queda patente en la obra de César Vidal España frente al islam.

De Mahoma a Ben Laden, obra en la que no solo sentencia a España como nación siempre

en conflicto con la fe islámica como señala García Sanjuán, sino que también compara al

profeta de la religión islámica, un hombre de paz, con el que fue el número uno de la

organización terrorista responsable de los ataques del 11-S, así como los ataques del 11-

M en Madrid, Osama Bin Laden.

En conclusión, el catastrofismo fomenta la visión de que la conquista de la península fue

una tragedia sin precedentes para la nación y que tuvo unas consecuencias

inconmensurables. Este discurso, no consiste en otra cosa que en relatar la visión de los

vencidos desde un punto de vista nacionalista y españolista, que se ha traducido en una

islamofobia que se ha implantado en las mentes de muchos ciudadanos españoles. El

catastrofismo no es, sin embargo, otra cosa que la historia de la conquista de la Península

Ibérica mal contada.

En contraposición al catastrofismo nos encontramos con el discurso de los vencedores

que consideraron que la expansión del Imperio musulmán tras la muerte del profeta

Mahoma fue la prueba del éxito del Islam. De hecho, los vencedores apelan a lo que

nosotros llamamos conquista con el concepto de fath, cuya posible traducción sería

“apertura”. Así pues, haciendo uso de este concepto y no de otras palabras árabes que sí

se traducirían como conquista o victoria como, por ejemplo gazwa o istila, se percibe en

el mundo islámico que la ocupación de la península no fue contemplada de manera militar,

sino simplemente como una difusión de su fe. Siempre he tenido la opinión de que las

palabras utilizadas en una lengua o en una cultura definen a esa lengua o cultura y no hay

mejor ejemplo de que esto es cierto que el que nos hemos encontrado con el concepto de

fath.

Esta expansión del Islam, no solo hasta la Península Ibérica, sino por todo Oriente Medio

y el Norte de África, hizo que los autores árabes obtuviesen una posición totalmente

contraria a la que, como ya hemos visto, adquirieron los vencidos. La de los árabes es una

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visión triunfalista que se podría percibir en cualquier crónica redactada por un bando

conquistador y, de hecho, el discurso de los vencidos se ha mantenido a lo largo de la

Historia y podemos admirar como se exhibe a través de creaciones literarias y políticas.

Incidiendo más en las distintas reacciones que ha provocado la conquista de la península

a lo largo de la Historia, nos encontramos con una tercera vía, la negacionista.

En este punto, nos encontramos con que el negacionismo es la alternativa de las otras dos

tendencias. Este concepto consiste en negar los hechos reales con el fin de evitar una

realidad que disgusta a algunos individuos. Cabe destacar que es un producto

historiográfico que ha sido desarrollado por individuos aficionados a la historia y por

investigadores profesionales no especializados, no por expertos académicos. De esta

forma, se percibe un claro desinterés por el conocimiento de la historia y queda patente

que sus objetivos están fuera de la investigación científica.

El máximo exponente de este negacionismo y el centro de las críticas, con gran diferencia,

de Alejandro García Sanjuán es el vasco Ignacio Olagüe. Este historiador fue un personaje

simpatizante del fascismo español, cuyo afán era realizar un revisionismo, que resultó de

carácter no académico y pseudocientífico, de la Historia de España, eliminando episodios

con el pretexto de calificarlos como “traumáticos” con el fin de que sus compatriotas no

se “obsesionasen”. Esta reescritura de la historia le costó que le comenzasen a definir

como un pseudohistoriador, ya que la misión de los historiadores de verdad es la de

realizar un registro de los sucesos más importantes y más relevantes de la historia de la

humanidad y contarlo con autenticidad. Por esto, frente a Olagüe nacieron historiadores

como Alejandro García Sanjuán cuya pretensión era la de relatar con la mayor veracidad

y aproximación la historia del pasado de Al-Ándalus.

Podemos observar como con Olagüe vuelve a aparecer el concepto de nacionalismo como

punto de apoyo contra la idea de la legitimidad de la conquista islámica y la no separación

de la historia con la ideología política. El vasco desarrolló una explicación alternativa a

los discursos de vencedores y vencidos ya desgastados por la historiografía y creó una

alternativa al origen de la cultura andalusí, una alternativa en la que esta cultura no estaba

ligada a la conquista de ningún pueblo extranjero. Así nació la idea del continuismo frente

a la visión rupturista del catastrofismo. Olagüe defendía que lo andaluz no podía estar

ligado a una “hipotética” conquista islámica ya que se caracterizaba por tener unos rasgos

autóctonos que ninguna otra cultura ajena a la española podría tener. Pero Olagüe no solo

se centra en la identidad andaluza, sino que sentencia que la arabización y la islamización

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que pudieron darse en un determinado momento de la historia dentro de la península

ibérica fueron causadas por las disputas entre dos versiones del cristianismo, el unitarismo

arriano y el trinitarismo católico. Es decir, una lucha de civilizaciones que derivó en que

“nuestros antepasados se dejasen arrastrar por la explosión de unas ideas que incubaban

desde hace tiempo en nuestro solar” tal y como cita García Sanjuán a Olagüe.

Este continuismo no solo se aplicó al nacimiento de al-Ándalus, sino que Olagüe lo

trasladó al génesis del Islam, ya que consideraba que esta religión y el Cristianismo

compartían ya muchas fuentes y doctrinas. De esta forma despojó a Mahoma de su título

de profeta alegando que era un simple reformador de un dogma ya existente y propagado,

por lo tanto, sentencia que no fue el creador de ninguna religión.

Las obras de Olagüe han sido muy juzgadas por su ausencia de aparato crítico y parece

ser que el autor nunca llegó a sentirse integrado dentro del mundo académico. De hecho,

remitiéndome al factor de que la obra de Olagüe ha sido muy criticada, hay que destacar

que existe constancia de la manipulación por parte del vasco de ciertos testimonios. Este

hecho revela sus intenciones de cambiar la realidad del pasado en función de sus intereses

ideológicos y personales. Además, a la hora de desarrollar sus obras, Olagüe ignora los

estudios más completos sobre las fuentes árabes existentes como los de Sánchez-

Albornoz y Mahmud Ali Makki.

Alejandro García Sanjuán define a Olagüe como un aficionado a la historia y no como un

historiador, ya que su desconocimiento de la lengua árabe le impide leer las fuentes

históricas escritas en este idioma que hablan de la conquista. Este desconocimiento no

solo perjudica al propio Olagüe, sino también a su pupilo, ya que Olagüe, como mentor,

le transmite sus supuestos conocimientos, que son totalmente falsos. No contento con

hacer caso omiso a estos estudios, escogió otros que se caracterizaban por estar

rechazados por los especialistas. Por último, existiendo testimonios coetáneos, el autor de

L'arabe n'ont conquis l'espagne jamais, se atreve a sentenciar que dichos testimonios no

existen. Esta falacia es uno de los argumentos centrales del negacionismo para poner en

tela de juicio la veracidad de la existencia de una conquista islámica.

Otro precursor del negacionismo fue Rodolfo Gil Benumeya, quien explica su propio

apellido achacándolo a una serie de continuismos identitarios.

Por otro lado, los medios de comunicación como, por ejemplo, El País han tenido un gran

papel en la propagación de esta falacia negacionista. Aunque no solo los medios de

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comunicación han contribuido a esto, sino también entidades académicas como

universidad o revistas científicas han propiciado la difusión de este concepto, al igual que

ocurrió con el discurso catastrofista, al que también ayudaron a propagarse.

Actualmente la recuperación del negacionismo es un hecho preocupante ya que algunos

académicos luchan por hacer de este esquema, un esquema legítimo, pero

afortunadamente, hasta ahora, ningún especialista en estudios andalusíes ha cedido

credibilidad a esta tercera vía. Hay que mencionar a críticos del negacionismo como

Antonio Domínguez Ortiz, Nieves Paradela Pedro Martínez Motavez, ya que han hecho

las veces de muro contra la propagación y legitimización de la corriente.

El autor desmonta la teoría negacionista apoyándose en los restos arqueológicos que han

llegado hasta nuestros días, así como las monedas acuñadas en la época, que cuentan con

una heráldica escrita en los dos idiomas que convivían en el territorio en la época, el árabe

y una variante del romance, y los sellos de plomo. A partir de las leyendas encontradas

en las monedas, por ejemplo fi sabil allah, expresión que podemos encontrar de forma

muy numerosas a lo largo del Corán, que son asociadas a los conceptos de yihad y qital,

el autor deduce, al igual que lo hizo Miquel Barceló, que el hecho de la aparición de este

tipo de inscripciones en las monedas utilizadas en el territorio andalusí no hace más que

apoyar la idea de que la conquista de la península fue concebida bajo unos términos de

dominio político de la hegemonía del Islam frente a otras religiones monoteístas o

politeístas. Por supuesto los autores negacionistas deslegitiman las pruebas otorgadas por

las acuñaciones monetarias, pero es curioso que

En un punto de la obra, García Sanjuán hace alusión a que el resto de ciencias y de

investigadores tienen la posibilidad de trabajar directamente con su objeto de estudio,

mientras que para los historiadores es algo imposible ya que “el pasado no existe”. Pone

como ejemplos de investigadores que sí pueden trabajar de forma directa con sus objetos

de estudio a especialistas como los médicos con sus pacientes o a los astrofísicos, que

tienen la gran oportunidad de observar los planetas y estrellas (sus objetos de estudio),

por medio de instrumentos de observación.

Pues bien, a mi parecer esto no es del todo correcto, ya que el pasado existe. El

problema radica en que el pasado como objeto de estudio no tiene una consistencia ni una

forma como la pueden tener los pacientes o las estrellas. Lo que quiero expresar es que el

pasado no es un medio de trabajo directo, pero se puede trabajar con él a través de

yacimientos y objetos y antigüedades que han llegado a nuestros días. Si bien es cierto

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que el trabajo de estudio se vuelve harto difícil, no se convierte en una tarea imposible.

Por otra parte, creo que el autor no quiere decir que el pasado no exista, sino que su

estudio es más difícil. Lo que el autor quiere transmitir se entiende, pero a mi parecer no

lo transmite de la mejor forma existente.

Volviendo al negacionismo, esta corriente carece totalmente de lógica y coherencia

argumental ya que sus precursores cambian los hechos a su antojo y esto se traduce en

una falta de consenso.

Es peculiar que Olagüe y Ferrín admitan la llegada de “unos centenares de guerreros

rifeños” en el contexto histórico que estaba teniendo lugar durante la lucha por el trono

visigodo, pero que lo remitan solo a un simple “episodio vulgar”. Defienden que por lo

tanto sí que hubo una conquista, pero que no fue islámica ni árabe. Por supuesto, los

términos “árabe” e “islámico” son conceptos diferentes, ya que este último ser remite a

la existencia de una religión y el primero designa un culturad común a los países de una

región, si bien es cierto que con el tiempo puede llegar a mezclarse en determinadas

ocasiones en una sola concepción.

Argumentan que no fue islámica porque en el año 711 la religión islámica no estaba

constituida como un dogma reconocible porque no se conoce la existencia de ningún

documento original escrito en la época del profeta, pero esto es lógico, ya que en aquella

época la escritura no estaba difundida en las sociedades árabes. Lo cierto es que los

primeros vestigios de la identidad islámica en oriente ya existía desde antes de la

conquista de la península. Por otro lado, argumentan que no hay posibilidad de que fuese

árabe ya que la gramática de esta lengua no existió hasta el 22 de la hégira, pero esto es

un argumento ilógico, porque la lengua castellana no obtuvo su primera gramática hasta

1492 con Antonio Nebrija y eso no quiere decir que no existiese una lengua castellana en

la península.

Otro de los argumentos de los negacionistas que tiene que ver con la lingüística es la

inexistencia de obras en las que los conquistadores hayan sido identificados por medio de

términos árabes latinizados o derivados del árabe por parte de antiguos autores no árabes.

Este hecho ha sido víctima de tergiversaciones, una vez más, realizadas por los

precursores del negacionismo ya que lo interpretan como la inexistencia de una Islam y

una lengua árabe en fechas tempranas como puede ser el siglo VIII. Sin embargo, esta

puede ser una de las ideas más fáciles de refutar que nos podremos encontrar a lo largo

de toda la ética negacionista ya que algunos autores tardíos hispanos como Pedro Alfonso,

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del siglo XII o Guillermo de Trípoli, del siglo XIII no hacen uso de los términos “Islam”

o “musulmanes” a lo largo de sus obras. Es más, en las principales lenguas europeas como

el inglés o el francés, estas alusiones tampoco se hacen hasta los siglos XVI y XVII y no

se puede considerar bajo ningún concepto la no existencia de una identidad islámica en

una época tan tardía, por lo tanto la ausencia del uso de estos términos en los escritos

antiguos no es un argumento válido para la postura negacionista.

Uno de los mayores errores de González Ferrín fue el de intentar dar credibilidad a sus

tesis apoyándose en investigadores de prestigio internacional en el ámbito académico que

estamos tratando, como puede ser el profesor Hoyland de la universidad de Oxford en

Inglaterra. Hablo de una actitud errónea porque el catedrático inglés no comparte las

opiniones de González Ferrín, de hecho, las deslegitima y las aborrece.

El último capítulo de esta obra se remite al triunfo de los conquistadores y a sus porqués.

Existe una causa principal, admitida a nivel general, a la que alude el autor del libro sobre

el triunfo de la conquista islámica. Esta es, básicamente, que los conquistadores llegaron

al lugar adecuado, en el momento adecuado. Las tropas de Tariq desembarcaron en la

península mientras tenía lugar una fuerte crisis interna que facilitó dicha conquista y la

posterior expansión por la mayor parte del territorio peninsular.

Frente a esta premisa general, existe otra que presupone que el gobierno visigodo tenía

una fortaleza sin precedentes antes y en el momento de la llegada de las tropas

musulmanas y que la causa de la victoria de las tropas de Tariq fuese un fallo estratégico

en el gobierno visigodo. Fue Roger Collins uno de los primeros historiadores en exponer

esta nueva forma de entender el desarrollo de la conquista, desligándose de las ideas

generales de que fuese un conflicto sangriento. El británico Cristopher Wickham,

partidario también de esta nueva realidad historiográfica, llegó a comparar el poder

visigodo con el poder del Imperio Bizantino. A mi juicio esto es bastante difícil de creer,

ya con la comparación de la extensión territorial y el nivel demográfico de cada poder, es

claramente visible que Bizancio era muy superior al poder visigodo. Otros académicos

como Armando Besga con niegan la existencia de una crisis, pero le quitan importancia.

Fue Arce el que desarrolló con más extensión que la causa de la derrota visigoda contra

los musulmanes fue un fallo en su estrategia, un error en el cálculo a la hora de organizar

las tropas. Argumenta esta creencia del fallo estratégico en que durante su gobierno, los

visigodos tuvieron que enfrentarse a multitud de pueblos que pretendían conquistarles.

Por esta razón, con la llegada de las tropas procedentes del Norte de África, los visigodos

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creerían que eran una amenaza limitada o que simplemente no representaban una amenaza

real. Es decir, el gobierno visigodo infravaloró las tropas musulmanas

Esta nueva teoría es difícil de aceptar en mi opinión ya que en el caso de ser cierto que el

gobierno visigodo hubiese tenido una fortaleza inconmensurable y que hubiese tenido un

fallo estratégico, al albergar tanto poder podría haber cambiado el curso del conflicto

fácilmente en la siguiente batalla.

Para concluir con este análisis de las ideas más importantes tratadas en el libro que, a mi

juicio, son: negacionismo, catastrofismo y los porqués del triunfo de los conquistadores,

debo aclarar que, tal y como considera Alejandro García Sanjuán, lo que supuso la

conquista de la península Ibérica en el año 711 fue una de las transformaciones más

importantes acaecidas en el territorio peninsular a lo largo de su historia, ya que no se

trata solo de un cambio político, sino también de la implantación de una nueva sociedad

basada en una serie de premisas ideológicas, religiosas, culturales y lingüísticas distintas

a las existentes con anterioridad en el territorio.

En mi opinión, el negacionismo y el catastrofismo han sido dos corrientes que han

nacido por la existencia de una vergüenza nacional de haber sido conquistados por un

pueblo al que en la actualidad, y desde hace varios siglos, consideramos subalternos.

Como conclusión final y sabiendo que la Historia es la disciplina que estudia y narra los

acontecimientos pasados, y que sean dignos de memoria, ya sean públicos o privados,

como así lo define la Real Academia de la Lengua Española, pienso que es un gran error

intentar cambiarla o tergiversarla para que sea una Historia que no existe, ya que son

nuestras raíces, nuestro lugar de origen. Sin nuestra historia, nuestra procedencia, no

tendríamos nada. No nos podríamos conocer a nosotros mismos.

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Bibliografía García Sanjuán, Alejandro. 2013.La conquista islámica de la península ibérica y la

tergiversación del pasado: del catastrofismo al negacionismo. Madrid : Marcial Pons, 2013.

pág. 500.

Pérez de Pablos, Susana. El País archivo. [En línea] [Citado el: 6 de 12 de 2015.]

http://elpais.com/diario/2000/06/28/sociedad/962143201_850215.html.

Real Academia Española. [En línea] [Citado el: 12 de 12 de 2015.] http://www.rae.es/.

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