Tratamiento de los animales con Problemas de Conducta, Otro de Trastorno de Conducta. Universidad de Guadalajara
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amber_jtb9 de mayo de 2017

Tratamiento de los animales con Problemas de Conducta, Otro de Trastorno de Conducta. Universidad de Guadalajara

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Los problemas de conducta causan mucha angustia a los dueños y aveces a los veterinarios cuando se encuentran por primera vez con el problema en la sala de exploración.
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Tratamiento de los animales con problemas de conducta expectativas realistas

Tratamiento de los animales con problemas de conducta: expectativas realistas

Debra F. Horwitz, DVM Veterinary Behavior Consultations, 11469 Olive Boulevard #254, St. Louis, MO 63141-7108, USA

INTRODUCCIÓN Los problemas de conducta causan mucha angustia a los dueños y a veces a los vete- rinarios cuando se encuentran por primera vez con el problema en la sala de exploración. Debido a las limitaciones de tiempo, a los intereses personales o a la ausencia de cono- cimientos, a veces es imposible terminar la exploración y la consulta. A pesar de estas limitaciones, los veterinarios deben esforzarse para asesorar a los clientes sobre cómo podrı́an detener el problema o actuar para mejorarlo.

Concertar una cita por separado es la mejor opción para poder ofrecer recomenda- ciones para el tratamiento. Este abordaje permite evaluar el problema para poder hacer las sugerencias más indicadas.

¿QUÉ SOLUCIONES DE TRATAMIENTO PUEDEN OFRECERSE? En la mayorı́a de los casos, cuando los problemas de conducta se mencionan al veteri- nario, no son episodios aislados. De hecho, es probable que se produzcan con mucha frecuencia, y suelen causar angustia al dueño y al animal. Los problemas de conducta suelen citarse como un motivo para el abandono del animal [1–5], y es probable que si no se hace la eutanasia, el animal se realoje y quizá muestre la misma conducta en el nuevo hogar [6]. Las soluciones de tratamiento pueden ayudar a romper el ciclo de frustración y, en el caso de la agresividad, a prevenir que las personas y otros animales sufran lesiones.

Las soluciones de tratamiento también previenen el aprendizaje que empeora el problema. Cada vez que el animal utiliza una conducta indeseable, la conducta se refuerza y se moldea más. Después de realizar un cuestionario cuidadoso con frecuencia se observa que el animal selecciona la conducta cada vez con más facilidad dentro de la secuencia conductual, y la propia conducta indeseable puede aumentar con el tiempo. Las conductas que se repiten pueden afectar a las rutas neurológicas, de forma que se seleccione esa respuesta la siguiente vez que aparece el estı́mulo [7]. La escalada de la conducta problemática suele coincidir con el aumento de los intentos del dueño para detener y/o cambiar la conducta. Estas intervenciones pueden ser punitivas, peligrosas y dañar los lazos afectivos entre el ser humano y el animal, y, posteriormente, pueden

Dirección electrónica: debhdvm@aol.com

r 2009. Elsevier España, S.L. Reservados todos los derechos.

Vet Clin Small Anim 38 (2008) 1005–1021

CLÍNICAS VETERINARIAS PEQUEÑOS ANIMALES

aumentar aún más la ansiedad y el conflicto. Tratando la situación y disminuyendo la aparición de los problemas de conducta puede recuperarse una cierta sensación de orden. (Para obtener más información sobre los conflictos y la agresividad, v. artı́culo de Luescher y Reisner en este número.)

Las soluciones de tratamiento también ayudan a los dueños a conocer y respetar las limitaciones de cada animal en particular. En muchos casos el animal no tiene un problema de conducta porque esta tenga un objetivo, sino que el dueño no comprende o no la acepta. El perro que ladra y se abalanza sobre las personas u otros perros gene- ralmente quiere que se alejen y, naturalmente, lo hacen. Como la conducta tiene éxito, aumenta la probabilidad de que se repita en circunstancias parecidas. Si es probable que una situación provoque una determinada respuesta, especialmente una que produce miedo o ansiedad, poniendo fin o evitando esa situación disminuirı́a la emoción sub- yacente.

Por último, las intervenciones de tratamiento pueden ayudar a disminuir la exci- tación emocional. Cuando un animal está emocionalmente muy excitado y muestra agresividad, ansiedad, miedo o alguna otra emoción, es incapaz de aprender algo nuevo. De hecho, no se le pueden enseñar tareas nuevas y adecuadas en el momento en que el animal muestra el problema de conducta. Sin embargo, cuando la conducta problemática empieza a cambiar hay que enseñarle nuevas tareas para que el animal aprenda una conducta alternativa aceptable para el dueño cuando se presente el estı́mulo en el futuro. Por tanto, tener estrategias para evitar y/o eliminar esa situación puede ayudar a mantener un nivel bajo de excitación emocional, podrı́a proporcionar una oportunidad para entrenar conductas deseables y, quizá, podrı́a disminuir los episodios en el futuro, aumentando la seguridad y disminuyendo la ansiedad del propietario y del animal.

PRIMEROS PASOS En cada visita al veterinario debe preguntarse a los dueños si la conducta del animal ha cambiado o si tiene algún problema de conducta del que quieran hablar. Por otra parte, es posible que los dueños del animal no sepan que el veterinario está capacitado y que tendrá mucho gusto en asesorarlos, o pueden esperar a que el problema esté bien establecido y resulte más difı́cil manejarlos o tratarlo (v. artı́culo de Shaw et al. en otra parte de este número). Una vez que un cliente ha mencionado un problema de conducta, el primer paso es admitir rápidamente que existe un problema y reconocer que es adecuado intervenir. Es esencial realizar una exploración fı́sica completa y otras pruebas de laboratorio o de diagnóstico por imagen indicadas, dependiendo de los resultados, porque las enfermedades suelen contribuir a los problemas de conducta. Es necesario dedicar tiempo para dar las recomendaciones y realizar las intervenciones adecuadas; por tanto, deben planificarse citas por separado. El veterinario debe dejar claro al cliente el objetivo de la cita. Si se ofrece una consulta completa sobre la conducta, debe reser- varse tiempo suficiente para hacerlo. Los artı́culos de Seibert y Landsberg, y de Shaw et al., que se encuentran en otra parte de este número, ofrecen información detallada sobre cómo podrı́a conseguirse. Si una consulta completa supera la experiencia del veterinario, debe ofrecer una cita que se centre en ayudar a tratar el problema de conducta y que dure al menos 1 hora. Antes de comenzar hay que informar al cliente sobre los honorarios y sobre cómo se realizará el seguimiento. Hay que planificar la realización de un formulario de tipo gráfico o de los antecedentes para registrar la consulta y las recomendaciones que se hagan.

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Los folletos, los accesorios de adiestramiento, los libros y los videos son com- plementos útiles para crear un plan de tratamiento. Tener estas herramientas preparadas en la consulta permite aprovechar eficazmente el tiempo del clı́nico. La clı́nica puede disponer de collares para la cabeza, arneses para el cuerpo, bozales, feromonas e incluso algunos juguetes y tenerlos preparados cuando se vayan a utilizar. Los folletos y los libros pueden obtenerse de muchas fuentes, y es útil tener una librerı́a bien organizada. Proporcionar enlaces web útiles también puede ayudar a apoyar e incluso a mejorar las recomendaciones de veterinario después de la visita.

En algunos casos esta situación ya se ha convertido en una crisis, y los clientes no pueden esperar a que les den una cita. Una de las intervenciones más útiles para muchas conductas es ofrecerle al dueño la posibilidad de que el animal salga de la casa, ya sea llevándole a un albergue durante el dı́a o durante las 24 horas. Si el problema es la agresividad y se han producido lesiones, sacar al animal de casa puede permitir tomar decisiones y proporcionar seguridad a las personas que podrı́an haber entrado en contacto con el perro. Si el problema es la ansiedad por separación con destrucción de la propiedad y/o lesiones al animal, los albergues de dı́a permiten que todas las partes se calmen y que pueda alcanzarse algún tipo de equilibrio. Si el clı́nico no puede ofrecer estas opciones, debe conocer los albergues de confianza de la zona que puede reco- mendar a los clientes para estas intervenciones.

DIAGNÓSTICO En la cita es esencial identificar los problemas de conducta que necesitan tratamiento. Aunque este proceso puede parecer sencillo, en muchos casos la descripción del pro- blema que hace el cliente está llena de manifestaciones emocionales y describe muy poco las conductas reales. Por ejemplo, un cliente puede quejarse de una reacción excesiva frente a ruidos como el sonido del teléfono o el timbre de la puerta. Cuando se le pregunta qué hace el animal, el dueño contesta que cuando suena el teléfono y el dueño va a cogerlo, el perro lo persigue y le da una dentellada. Sin embargo, si contesta al teléfono estando sentado o está cerca del mismo cuando suena, el problema no se produce. En este caso el problema no es el sonido del teléfono, sino que está provocado por el movimiento para responder al teléfono o hacia la puerta. Por tanto, una des- cripción precisa ayuda a determinar qué tipo de intervención podrı́a ser útil. En este ejemplo, mantener el teléfono cerca (p. ej., llevando un teléfono inalámbrico) podrı́a ser una herramienta de tratamiento.

Es necesario, además, intentar establecer la frecuencia de la conducta problemática para poder evaluar el progreso. Es más difı́cil hacer un seguimiento de la mejorı́a en los problemas que se producen con poca frecuencia, porque una ausencia de conducta problemática puede que no signifique que la conducta objetiva haya cambiado, sino que todavı́a no se ha producido. Si es posible, saber cuándo y dónde se produce la conducta puede indicar qué técnicas de tratamiento podrı́an ser intervenciones eficaces.

El siguiente paso es intentar identificar los estı́mulos que provocan la conducta. Las descripciones del dueño pueden unir varias cosas que pueden no estar relacionadas. La destrucción en ausencia del dueño es un buen ejemplo. Los dueños pueden contar que cuando salen de casa el perro accede a la basura y/o la despensa y lo ensucia todo. Esta conducta podrı́a parecer ansiedad por separación, pero un cuestionario cuidadoso podrı́a revelar que el perro hace lo mismo cuando están en casa si no lo ven. En este caso el problema podrı́a ser una conducta de búsqueda de comida, y podrı́a ser necesario grabar en video o una cinta de casete para determinar qué ocurre y si se observan signos

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de ansiedad. Si no se observa ninguno, colocar los alimentos y la basura en un sitio inaccesible podrı́a resolver esta conducta.

Las descripciones del dueño pueden estar distorsionadas si emplea frases emotivas como «parece alterado», «tiene miedo», «parece furioso» o «está enfadado conmigo». Estas afirmaciones no son útiles a menos que puedan compararse con descripciones de las acciones y de las posturas corporales, las cuales permiten al clı́nico evaluar el estado emocional subyacente del animal, que pueden o no corresponderse con lo que dice el dueño. Esta evaluación es esencial, especialmente en los problemas de conducta con ansiedad subyacente, porque el tratamiento debe centrarse en cambiar tanto el estado emocional como la conducta externa del animal. El objetivo de la entrevista es conocer lo que hace el animal, su aspecto tanto en el momento presente como en el que se inicia la conducta, y no lo que el dueño cree que el animal «da a entender» con ella.

Es importante comprender la personalidad/el temperamento del animal cuando se buscan soluciones de tratamiento y se determinan las expectativas. A los animales muy excitables y reactivos siempre les resulta difı́cil afrontar determinados estı́mulos. Algu- nos animales pueden estar mejor si se les aı́sla cuando va mucha gente a casa o si no se les lleva a los parques para perros. Ayudar al dueño a comprender las limitaciones indivi- duales del animal puede ayudar a fijar expectativas realistas del éxito.

PRONÓSTICO Para que la rehabilitación del animal tenga éxito, la mayorı́a de los problemas de con- ducta requieren que la familia dedique tiempo y una buena disposición para alterar la rutina diaria. En algunos casos la estructura de la familia, el tiempo disponible y la frustración que causa la continuidad del problema pueden impedir la resolución. En determinados casos, los dueños estarán más dispuestos a esforzarse para cambiar si las soluciones de tratamiento pueden disminuir la conducta problemática. Es más difı́cil eliminar las conductas que se han desarrollado durante más tiempo, por lo que el pronóstico podrı́a mejorarse centrándose en la mejorı́a más que en la resolución.

VALORACIÓN DEL PRONÓSTICO DE PERROS AGRESIVOS Los factores que se utilizan habitualmente para evaluar el riesgo y el pronóstico de la agresividad en los perros incluyen la disposición de los dueños a vivir con el riesgo, la estructura familiar, la capacidad para proporcionar seguridad, el tamaño del animal, lo predecible que sea la conducta, el contexto, las elecciones que hace el animal y, en casos de agresividad, la gravedad de la agresión y las lesiones sufridas.

Dependiendo de las circunstancias, el temperamento, los factores genéticos y las experiencias, todos los animales pueden morder. Cuando un animal elige utilizar la agresividad en una situación determinada, los mordiscos agresivos, al menos en esa situación, son una estrategia de conducta que el animal está dispuesto a utilizar. Si tiene éxito, es probable que vuelva a mostrarse agresivo cuando esta situación se repita. Por este motivo, generalmente el riesgo de que los animales que han mordido en el pasado muerdan en el futuro es mayor que en los que nunca han mordido a nadie. Los dueños deben ser conscientes de que el riesgo de mordeduras futuras es real, y algunos dueños no están dispuestos a vivir con ese riesgo. Los animales que muerden raramente se curan, pero pueden controlarse y pueden quedarse en casa con las pre- cauciones de seguridad adecuadas.

Para algunas familias, dependiendo de su estructura, no es seguro seguir conviviendo con un animal agresivo. Es posible que las familias con niños muy pequeños, las

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personas ancianas y las personas con incapacidad fı́sica o mental o una organización doméstica muy impredecible no sean adecuadas para rehabilitar a un animal agresivo. La posibilidad de que el perro vuelva a morder en el futuro es real, y algunos hogares no puedenproporcionar laprotección que necesitan las personas que viven allı́ o las que van de visita.

El tamaño del animal también es un factor que interviene en la evaluación del pronóstico en los casos de agresividad, porque los perros más grandes tienden a hacer más daño cuando muerden. En un estudio en el que se observaron los factores de riesgo para la eutanasia en los perros agresivos hacia los miembros de la familia, los perros que pesaban más de 18 kg tenı́an más posibilidades de que se les realizara la eutanasia que los más pequeños, especialmente si la agresividad se habı́a mostrado en lo que se conside- raron «desafı́osdedominación leves, comoacariciar al perro o inclinarse sobre él» [8]. Sin embargo, en un estudio posterior sobre los factores de riesgo de que los perros mor- dieran a sus dueños en un entrono doméstico, se observó que es más probable que los perros pequeños muerdan a los miembros de la familia que los perros más grandes [9]. Algunos grupos familiares toleran las conductas agresivas de los perros más pequeños porque sienten que no son tan peligrosos.

Otro factor que debe tenerse en cuenta cuando se determina el riesgo y el pronóstico es la capacidad de predecir cómo y cuándo muestra agresividad el animal en respuesta a determinados desencadenantes. Reisner et al. [8] observaron que la probabilidad de realizar la eutanasia era mayor en los perros cuyas conductas agresivas eran imprede- cibles que en aquellosde comportamientos predecibles. En otras palabras, si el perro sólo gruñe cuando alguien intenta tocarle, la situación podrı́a ser lo suficientemente prede- cible y prevenible para que el perro pudiera seguir conviviendo con la familia. Por otro lado, unperro que a veces gruñe y otras veces se abalanzay muerde cuando sepresenta el mismo estı́mulo desencadenante tendrı́a más probabilidad de ser abandonado. Para algunos dueños, que una conducta sea predecible hace más fácil evitar los encuentros agresivos y disminuir los mordiscos y las lesiones consecuentes.

El contexto en el que se produce la agresión es otro factor que debe tenerse en cuenta. En determinadas circunstancias, la agresividad es comprensible, aunque indeseable. Estos contextos incluyen manipular la comida, las manipulaciones dolorosas, las situaciones extremadamente atemorizantes y la agresividad redirigida. En algunos casos es posible controlar estas situaciones, disminuir el dolor o evitar la situación y/o medicar al animal.

También es útil observar las decisiones que el perro toma durante estos episodios y la gravedad de la conducta agresiva que tiene lugar. Muchos perros controlan bien sus señales de agresividad y pueden elegir entre varios niveles para responder. Las res- puestas agresivas pueden variar desde amenazas (gruñir, refunfuñar con o sin gruñidos), lanzar dentelladas (mordiscos sin contacto), mordiscos sin clavar los dientes o causar laceración, y mordiscos que causan daños y lesiones. Durante la consulta de conducta, debe obtenerse información de los antecedentes para intentar determinar si el perro tiene otras opciones durante el encuentro (como escapar, respuestas agresivas de menor nivel), si el perro emite señales que indican su intención antes de la agresión, si la respuesta es desproporcionada con respecto al posible estı́mulo y si la conducta agresiva ha cambiado con el tiempo. Por último, debe evaluarse la gravedad de las lesiones infringidas. En algunas ocasiones el perro puede morder sólo una vez; otros perros pueden morder varias veces en un único episodio. En ciertas situaciones, los mordiscos pueden dirigirsehacia el estı́mulo (una mano que vaa tocar al perro); enotras, el animal puede atacar otras partes del cuerpo (saltar hasta el torso o la cara). Las

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respuestas más extremas y las lesiones graves que requieren atención médica pueden asociarse a un riesgo mayor y a un pronóstico peor. Puede ser especialmente peligroso mantener en casa a los animales que muestran respuestas agresivas muy explosivas, especialmente en respuesta a estı́mulos de bajo nivel.

AGRESIVIDAD Y SEGURIDAD Puesto que la conducta agresiva es una queja frecuente de los dueños y el riesgo de lesiones para los seres humanos o el animal puede ser elevado, es esencial dar ins- trucciones para mejorar la seguridad de los que deben estar en contacto con el animal, y este tema debe ser abordado con prioridad. Los dueños deben ser informados de que todos los animales pueden morder a veces, y de que se sabe que es más probable que los perros que han utilizado la estrategia de morder en el pasado vuelvan a hacerlo en el futuro. Con frecuencia, la eutanasia es la única forma de prevenir todos los episodios de agresividad en el futuro y las lesiones, especialmente si no es posible o no es seguro llevar al animal a otro hogar.

Debe proporcionarse a los dueños una explicación y una descripción de las señales que emiten los animales agresivos mediante expresiones faciales y posturas corporales. Conocer mejor las señales de la agresividad y cómo intenta el animal comunicarse suele ayudar a los dueños a evitar lesiones. Igualmente, debe aconsejarse a los dueños que interrumpan todas las interacciones con los animales que muestren posturas agresivas y que no las reinicien hasta que el animal esté calmado. Puede ser necesario aislar al animal en un lugar seguro durante algún tiempo para que se tranquilice. Las fotografı́as de las posturas corporales de los perros y de los gatos son útiles para ayudar a los dueños a comprender lo que ven. Estas fotografı́as están disponibles en varias fuentes [10,11], ası́ como en el artı́culo de Levine en otra parte de este número.

Deben evitarse todas las situaciones conocidas que provocan agresividad. Una buena anamnesis podrı́a aclarar cuáles son estas situaciones y sus desencadenantes. Si es necesario, debe hacerse una lista para mostrar al dueño qué situaciones son potencial- mente peligrosas. Las modificaciones del entorno, como separar a las personas del animal, el confinamiento y el uso de bozales, collares de cuero y para la cabeza, son factores que protegen a las personas que están cerca del animal agresivo. En muchos casos, proporcionar seguridad puede significar confinar al animal para mantenerlo alejado de los desencadenantes y/o de las vı́ctimas. Debe ser un adulto el que encierre al animal en un lugar comouna jaula, una habitación con cerrojo o un patio cerrado del que el perro no pueda escapar. Debe confinarse al animal siempre (y durante todo el tiempo) que pueda encontrarse con el desencadenante de la agresividad; sin embargo, muchas familias son incapaces de adoptar esta medida. Además, deben interrumpirse todas las reprimendas fı́sicas, porquepueden aumentar la excitación emocionaldel perro e incluso sus respuestas agresivas. Más adelante se ofrecen recomendaciones especı́ficas para situaciones concretas.

DETERMINAR EXPECTATIVAS REALISTAS SOBRE LA MEJORÍA Como es comprensible, a los dueños les preocupa bastante si las conductas indeseables pueden reprimirse y resolverse. Es importante fijar expectativas realistas sobre la mejorı́a y analizar la diferencia entre esta y la resolución del problema. La mayorı́a de los problemas de conducta para los que se busca ayuda pueden ser crónicos, por lo que pueden emular a muchos otros trastornos crónicos que se observan en medicina vete- rinaria. Estos animales suelen estar respondiendo al entorno social y fı́sico en el que

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viven, siguiendo sus tendencias innatas para responder y aclimatarse. El aprendizaje y la adaptación también suelen ser responsables de la realización continua de la conducta objetivo. Se le debe explicar a los dueños que los problemas de conducta tardan tiempo en controlarse y/o resolverse; algunas situaciones o actividades problemáticas pueden mantenerse incluso tras el tratamiento, pero podrı́a esperarse que se manifiesten a un nivel más bajo o que fuera más fácil controlarlas. Pedir a los propietarios que escriban un diario o que lleven un registro diario para evaluar la frecuencia de las conductas pro- blemáticas objetivo puede ayudar a determinar si el problema mejora.

OPCIONES DE TRATAMIENTO Algunas opciones de tratamiento pueden aplicarse a todos los casos; otras son adecuadas sólo en determinadas situaciones. En todos los casos, explicar al dueño la conducta del animal y cómo influye el aprendizaje en las conductas posteriores le ayudará a ver la situación de una forma más positiva. Algunas opciones de tratamiento requieren un adiestramiento previo para aumentar el cumplimiento, como se describe más adelante. Enseñar nuevas respuestas es el objetivo final del tratamiento de la conducta y gene- ralmente las recompensas facilitan esta tarea. Debe determinarse qué recompensas son las más deseables para el animal. Para la mayorı́a de los animales, la recompensa más deseada es algo de comer, pero algunos pueden preferir el juego o las caricias. Estas recompensas deben ordenarse jerárquicamente, reservando la más deseable para cada tarea nueva del adiestramiento que se vaya aproximando gradualmente al objetivo final. No deben administrarse recompensas de ningún tipo de forma randomizada; el perro debe ganarse la recompensa terminando la tarea que se le ha pedido.

Como parte del tratamiento, el dueño debe aprender a enriquecer el entorno espe- cı́fico de cada especie de forma adecuada y a proporcionar ejercicio diario. Para los perros esto puede consistir en paseos fuera de casa si el animal está controlado y en jugar a buscar cosas utilizando dos objetos, por ejemplo. A los gatos hay que darles la opor- tunidad de buscar la comida, aumentar las oportunidadespara jugar y esconderse, trepar y saltar. Todos estos enriquecimientos pueden ayudar a aliviar la ansiedad y el estrés subyacentes que contribuyen a los problemas de conducta. Durante los momentos de interactividad, estas actividades también pueden formar parte del adiestramiento y puede enseñarse al animal a interactuar correctamente con los miembros de la familia.

Algunas opciones de tratamiento pueden ser perjudiciales para el animal o impedir la resolución; estas deben identificarse y eliminarse. Los encuentros repetidos con estı́- mulos provocadores en un intento de «socializar» al animal pueden volver al animal más sensible a los estı́mulos y empeorar la situación en vez de mejorarla. Por tanto, estos encuentros deben reducirse. Los ejemplos incluyen las visitas continuas al parque para perros con uno que muestra ansiedad o respuestas agresivas, permitir que la gente salude a los perros ansiosos y/o agresivos, y mantener a los que se muestran agresivos juntos en una casa a pesar de que se peleen.

El castigo puede ser peligroso, especialmente si se castigan las señales de agresividad. El castigo se dirige hacia la señal externa que el animal está mostrando, en muchos casos la señal agresiva. Aunque se elimine la señal agresiva, el estado emocional subyacente puede mantenerse. El resultado suele ser una conducta impredecible que lleve al perro a morder, porque el estado emocional del animal puede ser el mismo o peor, incluso aunque haya aprendido a no gruñir. En realidad, probablemente sea deseable que los perrosagresivos den una señal a las personas u otros animales que están cerca para que se den cuenta del peligro que representan y, como esperan, que se mantengan lo bastante

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lejos para evitar lesiones. (V. directrices de actuación sobre el castigo de la American Veterinary Society of Animal Behavior en www.avsabonline.org.)

Al parecer, últimamente las modalidades de tratamiento han vuelto a centrarse en intervenciones diseñadas para controlar más al perro utilizando un paradigma de dominancia y/o ejercicios. En la mayorı́a de los casos, estos métodos no tienen en cuenta cualquier otra emoción subyacente, como el miedo o la ansiedad, que son la causa más frecuente de las conductas indeseables. En vez de eso, estas técnicas suelen basarse en el castigo, las correcciones con la correa y los gritos, que pueden aumentar el miedo y la ansiedad e incluso causar agresividad dirigida hacia la persona que aplica la técnica. Por ello estas intervenciones no se recomiendan y en muchos casos pueden ser perju- diciales.

Por último, las interacciones vocales o posturales en un intento de calmar al animal también pueden ser contraproducentes. Dado que las entonaciones vocales suaves y las caricias pueden parecer felicitaciones, es posible que el animal asuma que se le está recompensando por la conducta que está teniendo en ese momento. En vez de regañar, mimar o dar palmaditas al animal, el dueño debe intentar darle una directriz con una orden como «siéntate» o «vigila» que, si tiene éxito, puede reforzarse.

Aumentar el control del dueño sobre el animal Aumentar el control del dueño sobre el animal en las interacciones diarias ayudará al animal a aprender a cumplir las órdenes del dueño y suele ser un refuerzo cuando este aprende a controlar al animal de forma benigna. Esta técnica ha recibido muchos nombres a lo largo de los años (p. ej., «nada en la vida es gratis» [12], «aprender a ganar» [13], «estructurando su relación con su mascota» [14], «protocolo para el respeto» [15]), pero todos ellos tienen en común que se pide a un animal que realice una tarea de obediencia como «siéntate» antes de que el animal reciba cualquier cosa que desee. En general, con este abordaje se consiguen tres cosas. Si se pide al animal que se siente (y obedece) varias veces al dı́a, puede aprender a obedecer la orden «siéntate» en otros momentos y otras situaciones. Cuando el perro está sentado el control es mayor. Algunos animales aprenden a percibir las señales contextuales del dueño (es decir, ¿qué debo hacer ahora?) mientras aprenden a cumplir las órdenes. Por último, permite rea- lizar interacciones controladas y predecibles que pueden colaborar a disminuir la incertidumbre y la ansiedad. A su vez, al aprender con qué conductas obtiene recom- pensas, aumenta el control y la posibilidad de predecir la conducta del perro. Puede pedirse tanto a los perros como a los gatos que sigan este protocolo. Si el animal no conoce la orden para sentarse, puede enseñársele o puede sustituirse por otra, como «espera».

Cambiar el estado emocional subyacente: enseñar a relajarse con una orden Puesto que el objetivo del tratamiento de la mayorı́a de los problemas de conducta es cambiar el estado emocional del paciente y la respuesta cuando se presenta el estı́mulo que causa ansiedad y miedo, es útil enseñarle a calmarse y relajarse con una orden. Esta técnica no es un ejercicio consistente en conseguir que el animal atienda a las órdenes «siéntate» y «quieto», sino un intento de obtener una relajación psicológica y postural tras dar una orden verbal. Si puede conseguirse este control, puede ordenarse al animal que se relaje cuando se enfrenta al estı́mulo que le produce excitación emocional. A no ser que el animal sepa cómo realizar la tarea sin distracciones y cuándo calmarse, es poco probable que el dueño consiga que el animal se relaje cuando está excitado

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emocionalmente. Para que sea eficaz, los dueños deben recibir instrucciones paso a paso para que puedan enseñar y evaluar la relajación de su mascota. En otras fuentes puede encontrarse información detallada sobre varios protocolos que tienen otros nombres [14,15]; todos tienen el objetivo de enseñar al animal a calmarse.

También puede ser útil para el dueño utilizar un cojı́n, una alfombrilla o una col- choneta como lugar de adiestramiento. Este abordaje permite que la conducta no se asocie sólo a una localización especı́fica; puesto que el objeto puede moverse, puede llevarse a varias habitaciones y repetir el ejercicio también en ellas. Se lleva al animal con tranquilidad hasta el sitio de adiestramiento y se le dice «siéntate» o «túmbate» (depen- diendo de lo que el animal sabe y de la cantidad de control necesaria). En algunos casos puede ser adecuado utilizar una correa, uncollar para la cabeza o unarnés para el cuerpo. Entonces se le ordena al animal que se quede quieto y relajado. El dueño siempre debe utilizar las mismas palabras clave. Debe observar los signos del animal de cambio emocional hacia la relajación, los cuales podrı́an incluir la relajación de los ojos o las orejas, no mover ni crispar la cola, bajar la cabeza y respirar más despacio; no obstante, al principio el dueño debe fijarse en un cambio y, al observarlo, recompensar al animal con comida y caricias. Entonces se le ordena que se levante, se mueva y vuelva otra vez a la posición establecida. Las sesiones de adiestramiento deben ser bastante cortas, sólo de 5 a 10 minutos. En cada sesión pueden añadirse signos progresivos de relajación. A algunos animales se les pueden dar masajes para ayudarles a relajarse. También puede utilizarse un juguete que le guste o algo para morder o un juguete con comida para reforzar el uso del área, siempre que el problema no sea la agresividad posesiva. Para algunos animales puede ser más adecuado utilizar una jaula para el adiestramiento de relajación.

Evitar situaciones problemáticas: enseñar a estar confinado Una de las opciones de tratamiento más útiles tanto para los perros como para los gatos es el confinamiento para prevenir los encuentros con los estı́mulos. Sin embargo, es poco realista esperar que un animal lo acepte sin algún tipo de adiestramiento previo. Por tanto, un programa que enseñe al animal a quedarse encerrado en una jaula, una habitación con la puerta cerrada o detrás de una barrera para niños ayudará a los propietarios a cumplir esta recomendación.

El adiestramiento para el confinamiento debe comenzar con el animal y el dueño en la misma habitación. Si se va a utilizar una jaula, y el animal ya está cómodo con ella, debe introducirse en ella con una golosina que le guste y cerrarse la puerta. El dueño debe sentarse cerca y mantenerse ocupado realizando una tarea tranquila, ignorando al animal. Después de unos minutos, y si el animal está calmado y en silencio, se le libera. Si no es posible utilizar una jaula, el mismo protocolo puede realizarse con una puerta cerrada o colocando una barrera para niños en la puerta de entrada. El tiempo que el animal pasa en el lugar se vaaumentando gradualmente, alternando perı́odos más cortos y más largos. El tiempo sólo debe aumentarse si el animal se mantiene en calma. Una vez que el animal puede mantenerse tranquilo con el dueño delante, se puede intentar realizar sesiones cortas con el dueño fuera de la habitación. El tiempo puede reducirse otra vez hasta que el animal esté bien y no tenga ansiedad. Una vez que el animal aprende a quedarse solo y confinado cuando no hay distracciones, es más probable que también pueda hacerlo en otros momentos. Siempre debe recompensarse al animal con comida o con cualquier otra cosa que le guste para que siga asociando el confinamiento con una circunstancia placentera. Puede utilizarse un juguete que le guste, un hueso para morder

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o comida para reforzar el uso de la zona, ası́ como para que el animal se quede en ese lugar. Por último, puede enseñarse al animal a ir al sitio con una orden verbal, una señal de la mano y dándole comida como recompensa.

Evitar los desencadenantes de conductas indeseables Evitar los desencadenantes es otra herramienta de tratamiento útil. Una vez que se han identificado correctamente los estı́mulos desencadenantes y cuándo aparecen, pueden ofrecerse estrategias para evitarlos. Aunque con el tiempo podrı́a ser práctico mejorar alguna de estas formas de agresividad, cuando se utiliza el adiestramiento basado en recompensas y los dispositivos de tratamiento adecuados el objetivo inicial (y a veces permanente) se centra en la evitación. En otras situaciones, la evitación impedirı́a el refuerzo de la conducta mediante repetición cuando se está sustituyendo por otras conductas.

Episodios de agresividad relacionados con comida En la mayorı́a de los episodios de agresividad relacionada con la comida participan perros, aunque a veces los gatos también pueden proteger un objeto. Si el perro se pone rı́gido, gruñe, enseña los dientes (estira los labios y muestra los dientes), se abalanza, lanza dentelladas o muerde cuando alguien se aproxima mientras está comiendo o tiene un juguete, un hueso para masticar o un objeto robado, hay que hacer algo para evitar esta situación. Si el perro muestra agresividad debido a la comida de las personas, no debe estar en la habitación mientras se preparan y se consumen los alimentos. Los niños no deben caminar por la casa comiendo si el perro está en casa. Si el perro muestra agresividad relacionada con su comida, entonces esta se preparará mientras el animal está fuera, se colocará en una habitación con una puerta que pueda cerrarsey se meterá al perro en esa habitación. Se cerrará la puerta con un cerrojo que, si es necesario, puede colocarse a suficiente altura para que los niños no lo puedan alcanzar. No se permitirá salir al perro hasta que se termine la comida. Una vez que se haya terminado la comida, se le permitirá salir fuera de casa o a otra habitación, y a continuación se recogerá y se guardará el comedero.

Si un perro roba algún tipo de comida para personas hay que dejarle que consuma el alimento y no hay que intentar quitárselo. Para prevenir más episodios de robo de comida, los alimentos deben almacenarse fuera del alcance del perro, o el perro debe mantenerse fuera de las zonas relacionadas con la comida. En algunos hogares tienen un cubo de basura debajo del fregadero sólo para la basura orgánica y otro para el papel y la basura inorgánica, lo que ayuda a evitar los robos de comida. Si el perro o el gato son agresivos con respecto a ciertos objetos, puede limitarse el acceso a los mismos o per- mitirse sólo cuando el animal está confinado con seguridad. Si se le dan alimentos que no puede consumir rápidamente, el animal debe ser confinado mientras se los come.

Respuestas agresivas hacia miembros de la familia Si el animal se mantiene rı́gido, gruñe, enseña los dientes (tensa los labios y muestra los dientes), se abalanza, tira dentelladas o muerde durante cualquier forma de interacción social o fı́sica, los miembros de la familia y las visitas deben identificar y evitar estas interacciones. Los estı́mulos posibles incluyen tocar al perro, abrazarlo, levantarlo, acicalarlo, empujarlo, bailar a su alrededor, sujetarlo por el collar, y limpiarle las patas y los oı́dos, entre otras. Las patas se le pueden limpiar dejando que el perro permanezca en una habitación cubierta con toallas hasta que se seque. Si el perro debe desplazarse con

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frecuencia de un lugar a otro, se le puede arrastrar con una correa para facilitar el desplazamiento del animal sin contacto fı́sico.

Si el animal gruñe, enseña los dientes, se abalanza, lanza dentelladas o muerde a los niños de la casa, nunca debe quedarse solo con un niño. Un adulto debe supervisar todas las interacciones, o el animal debe confinarse lejos del niño. Incluso durante las inter- acciones supervisadas, deben identificarse todos los posibles desencadenantes para poder prevenirlos o evitarlos. Como alternativa, en algunas situaciones los bozales son útiles. Para obtener más información sobre este problema en los perros y sobre la agresividad de los gatos, véanse el artı́culo de Luescher y Reisner, y el de Curtis, respectivamente, en otra parte de este número.

Sugerencias para recuperar con seguridad objetos robados Muchos animales, principalmente los perros, roban objetos en casa. Con frecuencia, el resultado de esta conducta es que el dueño persigue al animal y lo arrincona. Depen- diendo del resultado de los encuentros anteriores (especialmente si han terminado con un castigo), el animal puede responder con agresividad cuando la persona intenta recuperar el objeto. Muchos dueños insisten en «ganar» este enfrentamiento a pesar de que las señales del animal indican que está dispuesto a morder. En el siguiente párrafo se analiza una forma de recuperar los objetos con seguridad.

Este método sólo debe utilizarlo un adulto que tenga control sobre el perro; los niños de la casa no deben hacerlo. El único motivo para intentar recuperar un objeto es que sea potencialmente peligroso para el perro o muy valioso para la familia. Al principio, los miembros de la familia deben ofrecerle una recompensa que tenga mucho valor para el perro (es decir, alimentos de la mesa). Se le enseña la comida al perro a una distancia de 1,5 a 2 metros, y el dueño le da la orden «ven» mientras le muestra la comida. Si el perro deja el objeto para aproximarse, el dueño debe echarse para atrás, llamar al perro otra vez y darle la orden «siéntate». Este proceso se repite dos o tres veces sin dar al perro la comida hasta que esté al menos a 5 o 6,5 metros del objeto, preferiblemente en otra habitación. Entonces se le da la recompensa y, si es posible, se le sujeta suavemente por el collar, se le lleva a otra habitación y se cierra la puerta, o se lleva fuera de casa. Otra opción es utilizar un objeto como señuelo en vez de recompensarle con comida. El señueloproporciona unmétodo deadiestramiento previomás inmediato para enseñar al perro a ir a buscar el alimento sin que haya «decidido» si es lo suficientemente valioso. Si el perro no permite que se le coja del collar, no debe intentarse; es más, debe utilizarse otro alimento como recompensa para llevar al perro a otra habitación donde se le pueda aislar. Una vez que el perro seha confinado con seguridad en una zona alejada del objeto, este puede recuperare. Lo más importante es que nunca debe intercambiarse el objeto por comida directamente delante del animal, porque en muchos casos el animal se comerá la comida, volverá hacia el objeto y quizá también muerda al dueño. Esta técnica sólo debe utilizarse cuando es absolutamente esencial quitarle el objeto al animal, y no es eficaz a menos que el objeto que se le ofrezca sea más valioso que el que el animal ha robado.

En el cuadro 1 se resumen las técnicas para tratar la agresividad dirigida hacia las personas conocidas.

Respuestas agresivas hacia ventanas, puertas, cercas y ante la llegada de personas desconocidas Si las respuestas territoriales son problemáticas y/o extremas, el animal debe mantenerse alejado de las ventanas, puertas y cercas (v. cuadro 2). El tratamiento podrı́a requerir

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cerrar las ventanas, restringir el acceso a ciertas partes de la casa, salir fuera con el perro y/o utilizar una correa y un collar para la cabeza, tanto dentro como fuera de la casa, para tener más control. El animal nunca debe dejarse fuera cuando no hay nadie en casa. El animal (perro o gato) siempre debe encerrarse antes de abrir la puerta. El confinamiento se consigue más fácilmente enseñando una orden que indique al animal que se vaya a la zona de confinamiento. Esta tarea se practica cuando no hay nadie en la puerta para que el animal pueda entender y obedecer la orden fácilmente, y acepte el confinamiento cuando no está excitado ni hay visitas. Esta aceptación aumenta la probabilidad de que cumpla la orden en otros momentos. Si es difı́cil conseguir que el animal vayaa la zona de confinamientopero se lepuede llevar con una correa, debe tenerseuna cerca de la puerta, colgada en el pomo o en un mueble cercano a ella. Veáse el artı́culo de Curtis, en otra parte de este número, para obtener información sobre la agresividad de los gatos hacia los extraños.

Respuestas agresivas durante los paseos y fuera de casa Los perros que muestran agresividad hacia las personas u otros perros cuando están dando un paseo no deben sacarse a pasear. Si los paseos no pueden evitarse, deben

Cuadro 1: Tratamiento de la agresividad hacia personas conocidas

 Evitar las golosinas excepto como un medio de adiestramiento y de contracondi- cionamiento para mejorar el problema subyacente.  Alimentar al animal en un confinamiento seguro.  No intentar quitar un objeto al animal.  Cuando no está encerrado, el animal debe estar vigilado para prevenir los robos.

Puede controlarse de forma más segura y eficaz dejándole puesto un collar para la cabeza y una correa.  Cuando sea absolutamente necesario recuperar un objeto robado, se intentará

atraer al animal a una distancia de al menos 2 metros del objeto utilizando una golosina o un señuelo y después, si es posible, se le encierra y se le aleja del objeto.  Evitar las interacciones que causan respuestas agresivas, incluyendo limpiarle las

patas, cortarle las uñas, abrazarle, empujarle y tocar al animal mientras está descansando, pero sin limitarse a esto.

Cuadro 2: Tratamiento de las respuestas territoriales hacia las ventanas, las puertas, las cercas y las visitas

 Bloquear el acceso a las áreas donde puedan producirse los estı́mulos. Tapar las ventanas y mantener al animal fuera de las habitaciones desde las que pueda verse el exterior.  Encerrar siempre al animal antes de abrir la puerta. Tener una correa accesible

cerca para facilitar el cumplimiento.  No dejar que el animal esté fuera sin atención.  Utilizar una correa y un collar para la cabeza para tener más control. El animal

debe ser manejado por un adulto.  No utilizar correas extensibles.

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realizarse en los momentos en los que hay menos tráfico o en áreas donde es menos probable encontrarse con otras personas, como los polı́gonos industriales (v. cuadro 3). Deben evitarse los barrios muy concurridos, las zonas del centro de la ciudad, los parques y los eventos deportivos. Si se encuentra con un estı́mulo durante un paseo, no importa lo lejos que esté del dueño y el animal: debe abandonarse la zona rápidamente pero con tranquilidad, dando un rodeo, cruzándose de acera o entrando en un parque. Véase el artı́culo de Haug, en otra parte de este número, para obtener más información sobre el tratamiento.

Peleas entre perros dentro del hogar Cuando los perros de una casa se pelean, es posible que uno o los dos perros y las personas que intentan separarlos se lesionen gravemente. Si los perros se están peleando, los dueños no deben intentar separarlos tirándoles del collar o del cuello, sino sujetando alperro por las patas traserasy caminando hacia atrás mientras se le levanta. Una vez que los perros han dejado de pelear, deben separarse y mantenerse separados hasta que se calmen. Cuando los perros vuelven a juntarse, los dos deben llevar una correa y estar bajo el control del dueño. Los collares para la cabeza y los bozales proporcionan más seguridad. Los dueños deben pedir a los perros que se sienten o se tumben tranquila- mente y observar si los animales pueden estar juntos sin mostrar ninguna respuesta de agresividad o de miedo.

Puesto que las peleas entre los perros suelen estar provocadas por la comida, la atención de su dueño y las situaciones muy excitantes, estos estı́mulos deben evitarse [16]. Debe darse la comida a cada perro en su propio comedero en sitios separados, y todos los comederos deben recogerse y guardarse una vez que termina el momento de la comida. Los dueños deben intentar controlar todas las interacciones con los animales utilizando órdenes para hacer que los perros se sienten antes de hacer cualquier activi- dad, incluyendo acariciarles.

En el cuadro 4 se resumen las técnicas para evitar las peleas entre perros.

Peleas entre gatos que viven juntos Cuando los gatos se pelean pueden excitarse mucho emocionalmente, y las peleas pueden continuar si no se separa a los animales hasta que se calmen, lo que puede

Cuadro 3: Tratamiento de las respuestas indeseables durante los paseos

 No utilizar correas extensibles.  Utilizar collares para la cabeza o arneses que no sean de tiro.  Pasear sólo a un perro cada vez.  Caminar en las horas de menos tráfico o en las áreas donde hay menos tráfico.  Si se encuentra con un estı́mulo, el dueño debe alejar al perro de la situación tan

pronto como se dé cuenta cambiando inmediatamente de camino, cruzando a la otra acera, caminando con el perro hasta que desaparezca el estı́mulo con correa y con un collar para la cabeza a una distancia suficiente para evitar cualquier confrontación, o manteniendo al animal sentado y centrado sobre el dueño (otra vez con una correa y un collar para la cabeza) a una distancia suficiente para que el otro animal pueda caminar.  Evitar gritarle, regañarle y corregirle con la correa, ya que esto aumentará

la excitación.

TRATAMIENTO DE LOS ANIMALES CON PROBLEMAS DE CONDUCTA 1017

llevarles horas e incluso dı́as, dependiendo del temperamento de cada gato. Cada uno debe tener comida, agua y un cajón de arena en la zona donde esté recluido. Volver a presentarlos a través de una puerta cerrada es una buena forma de evaluar si los gatos están lo bastante calmados para verse. Si vuelven a verse antes de tiempo, suele repetirse la pelea, por lo que hay que aconsejar a los dueños que mantengan a los gatos separados hasta que estén calmados y que utilicen golosinas para facilitar la reintroducción. Véase el artı́culo de Levine, en este número, para obtener más información sobre la ansiedad y el miedo en los gatos.

Problemas de conducta con el cajón de arena y rociado de orina Los problemas con el cajón de arena y los problemas de rociado de orina suelen res- ponder en cierta medida a la mejora de la higiene del cajón de arena, al aumento del número de cajones y a su ubicación [17].

Para el rociado de orina, una estrategia útil consiste en evitar los encuentros con gatos del exterior bloqueando las ventanas o manteniéndoles alejados de la casa. En algunos casos, los problemas por el uso del cajón de arena se asocian a interacciones sociales conflictivas entre los gatos, por lo que tratar estas cuestiones, proporcionar recursos adecuados y separar a los gatos son estrategias que pueden resultar útiles. Impedir el acceso a las zonas sucias manteniendo las puertas cerradas y limpiarlas correctamente puede ayudar a que el gato manche menos la casa.

En el cuadro 5 se resume el tratamiento de los problemas con el cajón de arena y el rociado de orina.

Cuadro 4: Manejo de las peleas entre perros

 Los perros deben estar separados cuando no se les está vigilando.  Los perros deben separarse para comer y para prepararles la comida.  Evitar las situaciones muy excitantes: saludar muy efusivamente, atravesar la puerta

de entrada, ir a abrir la puerta.  Utilizar como recompensa sólo golosinas que puedan consumir rápidamente, y no

alimentos que tarden en comerse, como los huesos.  Utilizar correas y mantenerles atados cuando están en casa para aumentar el

control y quizá disminuir las peleas.

Cuadro 5: Manejo de los problemas con el cajón de arena y rociado de orina

 Mejorar la higiene del cajón de arena eliminando todos los dı́as la suciedad y limpiando y rellenando el cajón una vez a la semana.  Proporcionar un número adecuado de cajones en diferentes sitios.  Separar a los gatos que muestran interacciones conflictivas.  Limpiar las áreas sucias de forma adecuada.  Impedir el acceso a las zonas sucias.

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Eliminación en casa y marcado canino Cuatro cuestiones importantes del manejo pueden ayudar a mejorar las conductas de eliminación inadecuadas y el marcado de los perros. En primer lugar, los dueños deben acompañar a sus perros fuera para verificar que eliminan fuera de casa. Si no salen con ellos, no podrán saber si han aprovechado la oportunidad para vaciar la vejiga y/o el intestino. En segundo lugar, deben vigilar al animal cuando están en casa con él. A veces es necesario que el dueño le ponga una correa para que se quede con él y no vagabundee y, por tanto, ensucie. Si no pueden vigilar al perro, deben encerrarlo en una zona que pueda limpiarse fácilmente. Por último, los dueños deben inspeccionar la casa todos los dı́as para ver cuándo y dónde se ensucia.

Ansiedad por separación y sensibilidad a los ruidos Para algunos animales que tienen ansiedad por separación, una buena solución es llevarles a un albergue de dı́a hasta que la conducta empiece a cambiar debido a las opciones de tratamiento y/o los fármacos utilizados. Para los perros sensibles a los ruidos puede ser útil mantener al animal en una zona oscura y utilizar algún sonido blanco para encubrir los ruidos problemáticos (v. cuadro 6). En el artı́culo de Simpson y Mills, en otra parte de este número, se ofrece información más detallada.

Trastornos cutáneos compulsivos y trastornos locomotores Los investigadores afirman que cuando llegan a la clı́nica perros o gatos debido a problemas por lamerse o morderse, los trastornos compulsivos deben estudiarse y tratarse de forma detallada y quizá prolongada antes de etiquetarse como trastornos compulsivos [18–20]. Por tanto, el tratamiento implica cuidados médicos adecuados. Los trastornos locomotores pueden responder al aumento de control mediante collares para la cabeza y una relación orden-respuesta, y al aumento de actividad y al ejercicio como opciones de tratamiento.

DISPOSITIVOS DE CONTROL PARA FACILITAR EL TRATAMIENTO Los dispositivos de control pueden mejorar el cumplimiento. Estosdispositivos incluyen correas fijas (no extensibles), collares para la cabeza, arneses para el cuerpo, jaulas y bozales de tipo cesta. Estos elementos pueden usarse tanto dentro como fuera de casa. Hay que tener cuidado cuando se usan bozales de tipo cesta debido a la posibilidad de hipertermia porque impiden parcialmente el jadeo. Un adiestramiento previo para ponerle el bozal de tipo cesta mejorará el cumplimiento y la aceptación, tanto del dueño como del animal. Los sensores de movimiento, con o sin un collar de citronela, pueden mantener a los animales alejados de ciertas áreas (v. artı́culos de Moffat y Haug, en otra parte de este número, para obtener más información sobre los dispositivos de control).

Cuadro 6: Manejo de la sensibilidad a los ruidos

 Mantener la calma.  Evitar el castigo o la excitación.  Llevar al animal a una zona oscura y silenciosa, con un adulto.  Utilizar algún tipo de ruido blanco (un ventilador, música de rock and roll alta) para

enmascarar el sonido.

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El clı́nico o un miembro del personal deben conocer cómo utilizar estos elementos y cómo adiestrar a los perros para que los acepten de buen grado. Los productos pueden comprarse en muchos sitios y existen muchas fuentes que ofrecen información sobre cómo colocarlos y utilizarlos. Hay videos disponibles en ABRIonline.org.

RESUMEN Los veterinarios pueden ayudar a los clientes que tienen animales con problemas en muchas cuestiones. La educación permite a los dueños comprender mejor la conducta normal, los problemas conductuales y a cada animal en concreto. Las soluciones de tratamiento ofrecen una herramienta útil para los dueños que se enfrentan a animales con problemas de conducta y permiten a los veterinarios intervenir a un nivel básico pero útil. En algunos casos, los pasos del tratamiento y los dispositivos de control mejoran la conducta, aumentan el control del dueño y disminuyen la conducta pro- blemática. En otras situaciones, puede ser sólo el primer paso de un protocolo de tratamiento. Ofreciendo soluciones de abordaje, los veterinarios pueden ayudar a los dueños que tienen animales con problemas en el camino hacia la recuperación.

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