El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan - Maalouf, Schemi riassuntivi di Politica Internazionale. Università del Salento
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El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan - Maalouf, Schemi riassuntivi di Politica Internazionale. Università del Salento

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Commentario critico sul libro di Maalouf "El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan". Lingua SPAGNOLA. Massimo punteggio
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Texto para traballar a práctica 1

POLÌTICA INTERNACIONAL ALUMNO: Federica Nastasia

Grao en Ciancia Polìtica e da Administraciòn A.A. 2012/2013

Facultade de Ciencias Políticas e Sociais

MAALOUF, A.: El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan.

Madrid, Alianza Editorial, 2011, 309 pàginas.

En El desajuste del mundo, el autor, el libanès Amin Maalouf1, hace un repaso a

la historia màs reciente de nuestro mundo. Se trata de la misma historia que ha llevado a

nuestra època a un estado crìtico en el que el cambio de rumbo es necesario si no

queremos que naufragar.

Maalouf empieza, en el primer capitulo, con una reflexiòn acerca de como el

mundo se ha sumido en guerras de identitades, después de la superación de las guerras

ideológicas con el fin de la Guerra Fría. No se luchó más por una ideología sino por una

identidad. Los países que hicieron propia esta idea condujeron los otros, en un clima de

gran optimismo por el futuro. Más tarde se entendidas que no habría sido justo así: el

Europa se encontró sin punto de referencia y, en general, el Occidente empezò su

decadencia. De ahì, el tìtulo del capìtulo: Las victorias engañosas.

En Oriente, el radicalismo religioso penetró fuertemente hasta a transformarse en

real antioccidentalismo. El movimiento islamista se alineó contra cada tipología de

corriente atea, incluida la comunista. Del otro lado, las corrientes más extremista y

nacionalista árabes, que renegaron cualquier enlace con el occidente, iniciaron a

acercarse a el Comunismo, adquiriendo de ello los aspectos peores. El régimen “laico”

de Saddam Hussein puede ser considerado el ejemplo más evidente de esta tendencia2.

Las diferencias entre el Occidente y el mundo árabe aparecen irrecuperables.

Aunque el primer està atravesando un momento de profunda crisis, queda el punto de

referencia del mundo sea sobre la frente económica (con un sistema que, al momento,

aparece como el mejor posible) sea del punto de vista tecnológico y cultural. Por su

parte, el mundo árabe parece estar a un punto muerto habiendo perdido sea la

credibilidad que su unidad. Y la brecha entre Occidente y el mundo árabe no parece que

disminuya, sino más bien lo contrario. El nuevo papel de superpotencia de los Estados

1 Amin Maalouf, escritor libanés exiliado desde 1975 en Francia, reciente Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2010. Además, estudiò Economía, Política y Sociología. Trabajó como periodista y autor de novelas históricas, entre ellas León el Africano o La roca de Tanios (Premio Goncourt 1993). 2 MAALOUF, A.: El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan. Madrid, Alianza Editorial, 2011, p. 27.

1

Unidos levanta todo tipo de rencores y tampoco ellos ofrecen evidencias de saber llevar

la responsabilidad que un papel así supone.

Segùn Maalouf, es imposible querer, a la vez, civilizar al mundo y dominarlo. Es

de esta consideración que se desarrolla el otro concepto llave del libro: la legitimidad

que ocupa el segundo capítulo, Las legitimidades extraviadas. El autor utiliza Nasser

como ejemplo de lìder legìtimo que luchó por la unidad de los países árabes. Junto con

otros ejemplos como Atartük, demuestra que quien devuelve a un pueblo el orgullo

(como lo hizo Nasser con la victoria ante las colonias en la crisis del Canal de Suez) y la

dignidad, goza de una legitimidad casi ciega durante un tiempo3.

Otros de los problemas con la legitimidad puede ser el hecho de que actualmente

el poder de un Estado (en este caso los Estados Unidos) puede superar las fronteras del

mismo, por lo que la legitimidad del gobernante, puede verse cuestionada por gente que

no sea parte de ese Estado, pero que sin embargo, se ve influido por las acciones de

éste. La globalización y la “aldea global” traen consigo esta consecuencia, a parte del

debate sobre las identidades4.

Nos encontramos en una época de cierta desorientación, que se materializa en

conflictos, guerras, desigualdades, brechas y poca tolerancia. Una ètica comùn podria

ser una manera de empezar a buscar el equilibrio. Al final del libro, La certidumbres

imaginarias, Maalouf hace unas propuestas. Para empezar, descarta la idea de que haya

que reencontrar los puntos de referencia que se han perdido en las últimas décadas:

apuesta por buscar unos nuevos, ya que nueva es también la situación en la que nos

encontramos. Propone salir “por arriba”5 de este desajuste que vivimos, adoptando una

escala de valores cuyo fundamento sea la cultura, que será la que nos permita conocer

íntimamente y en profundidad a nuestros “compañeros de viaje”6.

En resumen, Maalouf enciende con este libro todas las alarmas, para empezar a cambiar

y solucionar ya mismo la situación en la que nos encontramos. Repite varias veces que

no es imposible, que es mejor hacerlo ahora que aún se puede, que es preferible que no

se haga demasiado tarde, porque algunas cosas (cambio climático, por ejemplo) no

tienen solución posible.

¿Ciudadanos del mundo o extranjeros en su misma nación?

3 Ibid. p. 124. 4 Ibid. p. 191. 5 Ibid. p. 200. 6 Ibid. p. 205.

2

Es necesario recordar que no podemos ignorar la tensión entre el compromiso

patriótico con la propia nación y la ética cosmopolita. Sin embargo, para muchos

cosmopolitas, como probablemente lo sea para Maalouf, la creencia en una comunidad

universal es perfectamente compatible con la existencia de distintas entidades políticas;

particulares en las cuales llevar a cabo el ejercicio de esos derechos humanos

universales que se caracterizarían también en la ciudadanía democrática.

El sueño de un espacio totalmente fluido y attraversabile es quizás la última

utopía del siglo Veinte. Uno de los resultados más inmediatos de los movimientos y las

interconexiones globales parece consistir bastante en una proliferación de confines,

sistemas de seguridad, checkpoints, fronteras físicas y virtuales. Una mirada de junto a

esta combinación de flujos (de personas, mercancías, ideas...) y de restricciones sobre

un determinado territorio revelan la complejidad de identidades individuales y

colectivas que soy, al mismo tiempo, construidas y fracturadas por la experiencia del

cruce de los confines7.

La historia de la ciudadanía en Europa y en Occidente es, desde los orígenes de

la modernidad, una historia "global" de que hacen parte el tramo de los esclavos, el

hecho de la expansión colonial y los muchas formas de trabajo forzoso de mujeres y

hombres "no blancos" a cuyo ha dado lugar. El dato más preocupante es el progresivo

desvanecimiento de la unión social, en el desflecarse del tejido conectivo que hace

compacto un cuerpo social: eso tiene a que hacer con el deterioro de la política,

verificable no solamente en la crisis de los partidos, pero sobre todo en el creciente peso

de la dimensión económica. Se pregunta hasta que punto pueda continuar una conexión

social en este sociedad-mercado en que el ciudadano es visto esencialmente como homo

oeconomicus.

Benjamín Barber ha rebautizado McWorld el mundo global hecho homogéneo

de los consumos, subrayando como ello, poniendo aparte la ciudadanía, abra la calle al

tribalismo y al fundamentalismo, pues a lo que él llama JihadWorld8. Las tendencias de

las que aquí son llamadas fuerzas del Jihad y fuerzas del McWorld obran con igual

fuerza en direcciones opuestas: uno está conducida por odios "parroquiales", el otro del

universalismo de los mercados; lo primero en la ri-creación de antiguos confines

territoriales y étnicos del interior, los otros en la imposición de confines nacionales que

se hacen débiles del exterior. Tienen una cosa en común: no ofrecen mucha esperanza

7 MEZZADRA, S., Confini, migrazioni, cittadinanza, Papers, Vol. 85, 2007, p. 32. 8 BARBER, B.R., Jihad vs. McWorld, Atlantic Magazine, marzo 1992.

3

para los ciudadanos en busca de soluciones prácticas por auto-gobernarse

democráticamente.

OPEC, el Banco Mundial, las Naciones Unidas, la Cruz Roja Internacional, las

sociedades multinacionales... hay decenas de instituciones que reflejan la globalización.

Pero a menudo aparecen como reactores ineficaces respecto a los actores reales del

mundo: los Estados nacionales y, en medida siempre mayor, las facciones subnazionali

en permanente rebelión contra la uniformidad y la integración. Los juegos de confín se

estrellan regularmente sobre este campo: «son las culturas, no los países; partos, no

enteros; las sectas, no las religiones; las facciones rebeldes y las minorías

constantemente en guerra no sólo con la globalización, pero con el tradicional Estado-

nación. Curdos, Vascos, Puertorriqueños, Osetios, East Timoreans, Quebec, los

católicos de la Irlanda del Norte, Abjasianos, Kurili del Japón, los Zulús de Inkatha,

Catalán, Tamil, y, naturalmente, los palestinos sin patria, las naciones que no habitan su

misma nación, en busca de pequeños mundos dentro de los confines que los aislen de la

modernidad»9.

Historia, normas, instituciones aluden en todo caso a la dimensión del Estado-

nación, pero los fenómenos de globalización han puesto en crisis la misma identidad

nacional, sobre el que incide también el fenómeno de la inmigración, del que deriva la

exigencia de una ciudadanía que sepa administrar el pluralismo conexo a la presencia de

minorías lingüístico-culturales. El problema de la inclusión de los inmigrados o las

minorías, sobre todo a nivel de rectos políticos y socio-culturales, determina la

necesidad de definir una nueva identidad del Estado-nación. La pregunta de entregué es

si la identidad colectiva del Estado-nación tenga que siempre quedar idéntica o si no

tenga que transformarse bastante, incluyendo poco a poco nuevos elementos, llevados

por grupos étnico-culturales diferentes.

Jürgen Habermas10 recuerda que los términos natio y gens son alternativos a

civis, civitas, porque la nación indica una comunidad de origen étnico, homogénea por

lengua, cultura, costumbres; en una república democrática se pone en cambio esencial,

hasta vital, una equilibrada fusión entre "étnico" y "político", que les provea a los

ciudadanos una fuerte motivación a la convivencia. Los confines no sòlo dividen, pero

9 Cit. ibid. 10 Jürgen Habermas, filósofo, historiador y sociólogo alemán en la tradición de la "Teoría crítica" de la Escuela de Francfort. En sus escritos ocupan una posición central el análisis de las sociedades industriales en el capitalismo maduro; el papel de las instituciones en una nueva perspectiva dialógico-emancipativa en relación a la crisis de legitimidad que mina a la base las democracias contemporáneas y los mecanismos de formación del consentimiento.

4

juntan las entidades de que constituyen delimitación y, por consiguiente, su principal

función concierne no tanto la "separación", pero bastante la "diferenciación".

Esta característica ha sido subrayada por Niklas Luhmann11, que ha analizado los

confines territoriales como límites de sistema y los ha definido "instrumentos de

producción de relaciones" que permiten una creciente diferenciación y complejidad de

las sociedades modernas. Además, los confines producen dos órdenes de relaciones: lo

primero, entre sistemas políticos distinguidos, el segundo, entre el sistema político y el

mundo circunstante. En otras palabras, no sólo ellos engendran y regulan relaciones

entre los Estados, pero también enseguida con respecto de las personas que están fuera

sistema político. Sólo considerando los confines como instrumentos que producen

relaciones con respecto de los individuos, es posible agarrar algunos de sus

característicos principal como su "asimetría": o bien, el hecho que ellos no constituyen

un umbral de delimitación entre entidades homogéneas, pero absuelven a funciones

diferentes según el lado del que son atravesados12.

Hasta hace unos años, la definición de "ciudadano" del mundo semejó

corresponder a una heroica utopía o, al más, volvió a llamar aquella idea cosmopolitica,

sustentada por los filósofos estoicos, que encuentra sus raíces en el pensamiento griego

y romano e implica la separación de las su mismas tradiciones de vida para volverse

"extranjeros en patria." Hoy nos sentimos, si acaso, más cercanos al pensamiento

ilustrado que reafirmó el pensamiento cosmopolitico en nombre de la igualdad de todos

los miembros de la especie humana. En todo caso, nosotros ciudadanos del mundo

actual somos llamados a medirnos con aquellos cambios globales que invierten la entera

sociedad y, a menudo, son manantial de incertidumbres y difusos miedos.

Para formar a los ciudadanos del mundo no es ciertamente suficiente, el recurso

a un vago y genérico "mundialismo". La nueva ciudadanía comporta la adquisición de

competencias que da la capacidad de incidir en los cambios sin padecer pasivamente de

ello las consecuencias. En particular, la sociedad multicultural, nata no sólo de la

persistencia de minorías lingüísticas y culturales sobre el territorio, pero también de la

llegada cada vez más maciza de inmigrados, solicita un inédito y atrevido enlace entre

la educación a la ciudadanía y al principio universal de los derechos humanos.

11 Niklas Luhmann ha sido uno de los mayores exponentes de la sociología alemana del siglo XX. Luhmann aplicó a la sociedad la teoría de los sistemas sociales que tuvo también un fuerte cotejo en el campo de la filosofía. 12 RIGO, E., La cittadinanza ai confini dell’Europa. Alcune riflessioni sulla condizione post-coloniale dell’Europa nel contesto dell’allargamento, Multitude – Revue politique, artistique, philosophique, n°19, 12 septiembre 2005.

5

En una entrevista digital del periódico El Pais, un lector le ha preguntado a

Maalouf hacia qué civilización va Occidente y cuáles deberían ser las bases de una

creciente nueva civilización. La respuesta ha sido: «Creo que estamos asistiendo al

surgimiento de una civilización global, en la que están llamadas a fundirse todas

nuestras civilizaciones. Es probable que la civilización occidental sea la que haga la

contribución más significativa a esa civilización global, pero es fundamental que todas

las civilizaciones estén representadas, para que cada ser humano se pueda sentir

reflejado en esa civilización»13.

Me parece que esta visión sólo refleje un ideal y que, sin embargo, sea muy

improbable que se realiza. Como Jean-Jacques Rousseau una vez ha escrito: «Libertad

es un alimento fácil que comer, pero difícil de digerir». Y la democracia aparece ser sea

una forma de cohesión tal como aquella atada al McWorld, sea una potencial fe secular

como aquel inspirado por el JihadWorld.

13 Entrevistas digitales. Los internautas preguntan a Amin Maalouf, El Pais, 28 septiembre 2009.

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