Batman visto por un psiquiatra 2
melissa_viana
melissa_viana29 de Dezembro de 2015

Batman visto por un psiquiatra 2

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Batman visto por un psiquiatra
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BATMAN visto por un psiquiatra (COLOR)

Dr. J. A. Ramos Brieva

BATMAN visto por un psiquiatra

2

"Cuando un autor sitúa a su

personaje más allá de los límites

geográficos donde lo ideó, del

tiempo histórico que lo alumbró

y, además, alcanza el reconoci-

miento de sus contemporáneos y

las generaciones siguientes:

puede estar seguro de haber

creado un personaje clásico y

universal.

Y eso es lo que ha sucedido con

BATMAN."

De la Introducción

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Dr. J.A. Ramos Brieva

visto por un psiquiatra

BATMAN visto por un psiquiatra

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© De los textos: Jesús Antonio Ramos Brieva, 1999, 2006 © De esta edición electrónica: Jesús Antonio Ramos Brieva, 2006 Maquetación: Jesús Antonio Ramos Brieva Ejemplar gratuito. Prohibida su venta.

Los logotipos, personajes e imágenes incluidos en este libro son marcas registradas propiedad de DC Comics y Warner Bros. Entertainment Inc., respectivamente. En este libro se utilizan exclusivamente con fines ilustrativos y docentes.

Todos los derechos reservados. Se prohíbe la reproducción, almacenaje o transmisión, total o parcial, de los contenidos de este libro por cualquier sistema, sin la autorización es- crita del autor.

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Dedicatoria:

A mi esposa, que ha contribuido a esta obra con acertados comentarios.

Y a la memoria de mi padre, que siempre consideró una majadería que su hijo perdiera el tiempo leyendo cómics.

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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ÍNDICE

página

PREÁMBULO para la 2ª edición 009

PRÓLOGO (Prof. Jerónimo Saiz Ruiz) 013

INTRODUCCIÓN 017

PRESENTACIÓN DE BATMAN 031

LA BIOGRAFÍA DE BRUCE WAYNE (BATMAN) 039

COMENTARIOS SOBRE BATMAN 091

a.- El simbolismo de BATMAN 094

1.- El hábitat de BATMAN 094

2.- Lo instintivo en BATMAN 096

3.- Lo prometeico en BATMAN 099

4.- BATMAN el paladín 110

b.- Comprensión psicológica de BATMAN 114

1.- La inteligencia de Bruce Wayne 114

2.- La personalidad de Bruce Wayne 120

3.- La creación de BATMAN 127

4.- Los cómplices de BATMAN 136

5.- BATMAN y las mujeres 141

6.- La oportunidad perdida y el desencadenante 148

7.- BATMAN, como figura fallida 153

c.- La psicopatología de BATMAN 158

1.- La enfermedad actual 158

2.- Los antecedentes personales 168

3.- El juicio clínico 172

LA ACTITUD TERAPÉUTICA FRENTE A BATMAN 175

a.- El tratamiento 178

b.- Prospecciones de futuro 185

1.- El destino de Bruce 187

2.- El destino de BATMAN 190

UNA CRONOLOGÍA DE BATMAN 199

EPÍLOGO 213

APÉNDICE 221

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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PREÁMBULO para la 2ª edición

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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a primera edición de “Batman visto por un psiquiatra” se publicó en

el año 2000 y tuvo una espléndida acogida. Se interesaron por él no sólo psiquiatras sino médicos de otras especialidades y personal sanitario de todo tipo. Lo mejor de todo es que atrajo también a un buen número de per- sonas ajenas a la profesión, lo que da a entender que llama la atención que un psiquiatra se ocupe de un personaje de ficción como Batman, o que in- triga saber si el héroe está realmente “mal de la cabeza”.

Lo curioso es que muchos lectores que no habían tenido un contacto

previo con el personaje se sintieron profundamente impresionados por su psicología, las motivaciones que lo generaron y su modo de actuar. Y, si bien eso no les convirtió a todos en fans de Batman, sí quedaron fascinados por él. Una vez más, también sucedió que algunas mujeres sintieron una especie de llamada atávica tras su lectura y se notaron fuertemente atraídas por el personaje pese a su compleja personalidad o, quizás, a causa de ella. De hecho, muchas deseaban “que hubiera un Batman en sus vidas”. El lector podrá advertir en el texto el origen de esa reacción.

Recientemente, el cine ha vuelto a poner de actualidad a Batman

para quienes no son lectores habituales de sus aventuras con el estreno de “Batman Begins” (Christopher Nolan, 2005), la mejor película de la serie iniciada en 1989 por Tim Burton. Por eso he pensado que quizás fuera una buena idea reeditar ahora “Batman visto por un psiquiatra” de nuevo.

No se trata de una simple reimpresión. Se ha revisado el texto, que

ha sufrido algunas modificaciones, sin traicionarlo ni hacerlo irreconocible; se ha cambiado completamente la maquetación y las ilustraciones con el fin de resaltar más la oscuridad del personaje que en la edición anterior; y, finalmente, se ha modificado el formato sustentador del libro, cambiándose el soporte de papel por otro electrónico, más acorde con los tiempos.

Espero que los lectores disfruten de esta nueva edición a pesar de

tales cambios. Jesús A. Ramos Brieva

[email protected]

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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PRÓLOGO

BATMAN visto por un psiquiatra

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. BATMAN visto por un psiquiatra

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l profesor López Ibor solía citar que el psiquiatra es “un humanista

que ejerce”. El libro del Dr. Jesús Ramos Brieva sobre “Batman” consti- tuye una buena prueba de la afirmación anterior.

En efecto, a lo largo de sus páginas, el autor exhibe tanto la

capacidad de observación y análisis propia de su profesión, como la facili- dad para exponer de una manera elegante y asequible, una serie de conte- nidos que abarcan una profundidad estimable.

No sólo se encuentra la descripción sobre los determinantes psi-

cológicos del personaje principal (Bruce Wayne) sino que se traza un re- trato completo de su significado, el entorno en el que se mueve, sus po- sibles diagnósticos y hasta una orientación de un hipotético manejo tera- péutico.

Naturalmente este trabajo se sustenta sobre un conocimiento muy

preciso de la colección de comics que origina el carácter de Batman. Hay una precisión en las referencias que se extiende hasta datos cronológicos y peculiaridades sobre la orientación aportada por los distintos autores que dieron vida a lo largo de los años al personaje.

Sorprende verificar la riqueza psicopatológica que un héroe de

ficción, además muy extensamente reformado y modificado en sus suce- sivas apariciones, puede llegar a encerrar. La interpretación global de la criatura como un ser “inacabado y fallido” resulta extremadamente acertada y original y es, desde mi punto de vista, una de las aportaciones y mejores aciertos del libro.

El juego mantenido por el psiquiatra-escritor y el escritor que acude

al psiquiatra se mezcla con algunos apuntes autobiográficos a lo largo de la exposición, sirviendo de explicación y amenizando estas páginas.

El lector, independientemente de su “batmanía” previa, encontrará

una información extensa y novedosa que despertará su pasión y compasión

BATMAN visto por un psiquiatra

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por un personaje que ha llegado a ocupar pantallas de cine y televisión, alcanzando una dimensión de icono cultural ampliamente difundido y en cierto modo simbólico para nuestra cultura.

Con ese tono a la vez ligero y profundo transcurre rápida y

fácilmente el tránsito por sus páginas, que resultan doblemente atractivas para profesionales familiarizados con este tipo de aproximaciones.

Quiero, por último, felicitar al Dr. Ramos por este trabajo brillante y

original que constituye una prueba de su capacidad creativa y rigor profe- sional.

Jerónimo Saiz Ruiz

Jefe de Servicio y Catedrático de Psiquiatría Hospital Ramón y Cajal. Universidad de Alcalá. Madrid.

. BATMAN visto por un psiquiatra

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INTRODUCCIÓN

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omencé a leer realmente cuando tenía seis años de edad. Recuerdo que teníamos que representar una obrita inspirada en la piadosa leyenda de Belén. Yo hacía en ella de pastor, vestido con pantalones y chaqueta de pana, chaleco forrado de piel por fuera, camisa de un color que ya no recuerdo, sombrero y un enorme bastón -o eso me parecía- que hacía, más bien, las funciones de un cayado. En aquella representación, yo tenía que decir unas líneas que tenía que aprenderme de memoria. Aún recuerdo el esfuerzo que hacía por entender lo que leía; paso necesario para poder memorizar el texto y las ocasiones donde tenía que intervenir mi personaje. En un momento que no puedo determinar, advertí como un revoloteo en el interior de mi mente y aquel amasijo de letras, que hasta entonces me limitaba a leer mecánicamente gracias al buen entrenamiento que tenía, adquirió sentido. El texto que estaba en mis manos, y que hasta ese instante me había parecido una pesadez más con la que los adultos suelen cargar a los niños, decía cosas. Aquellas letras entrelazadas, aparentemente sin sen- tido, transmitían algo que había escrito otra persona y yo podía conocer mediante su lectura. Aunque, obviamente, la impresión que recibí no la for- mularía entonces del mismo modo que lo relato ahora, de adulto, recuerdo el vivo placer que sentí con aquel descubrimiento.

Creo que fue esa sensación agradable la que hizo de mí un lector voraz en mi infancia y ju- ventud; capaz de leerse la Hoja Parroquial cuando no encontraba otra cosa con la que satisfacer aquella necesidad. Y quizás por eso, hoy, soy un psiquiatra que pre- fiere exponer los resultados de sus

Boceto de Batman por George Perez

Entrada a la parte antigua de Cáceres, marco de referencia vital en la infancia del autor.

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investigaciones más por escrito, en revistas científicas, que oralmente, en los Congresos profesionales; que prefiere leer cualquier texto abstruso an- tes que escuchar conferencias por muy entretenidas que puedan ser.

Aquel espíritu devorador me hizo consumir tempranamente la ma- yor parte de los libros que mis padres tenían en su casa, incluyendo los Diccionarios. Y así fue como entré en contacto por primera vez con personajes clásicos universales de las mitologías germánica y helé- nica. Aquellos héroes me entusias- maban de tal manera que leí y releí los textos que contenían sus apasio- nadas vidas tal número de veces que llegué a aprenderme de memoria la mayor parte de sus cuitas. Por eso, en mi primera adolescencia pasé por ser un experto en Mitología Griega, entre mis amistades; aunque tal cosa se debiera más bien a que los demás

sentían poca curiosidad por esos temas. Recuerdo perfectamente mi primer contacto con aquellos personajes a través de un delicioso libro, que aún conservo, escrito por Alejandro Casona en 1932, bastante antes de ser conocido como el excelente drama-

turgo que fue después. Se titulaba "Flor de leyendas", y lo publicó la Editorial Aguilar en las Navidades de 1955, en su célebre colección miniatura Crisol. Y, también, recuer- do el no menos exquisito "La leyen- da dorada de los dioses y los hé- roes" de Mario Meuner, publicado en la misma colección poco tiempo después. Más tarde amplié mis lec- turas en otras fuentes, sobre esos temas y otros muchos que me intere- saban por aquel entonces. Debo señalar también, sin fal- sa modestia, que poseo una nada

Lacoonte y sus hijos devorados por gigantescas serpientes marinas

Ruinas del templo del célebre oráculo de Delfos.

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desdeñable habilidad para el dibujo. Algo que ya afloraba por las mismas fechas que he señalado antes de un modo espon- táneo, sin que hubiese aprendido la técnica que requiere ese oficio. Desde entonces, obtengo un placer similar al que alcanzo con la lectura, cuando observo pinturas y dibujos, o dibujando yo mismo. Ya sé que no comento experiencias excep- cionales. Muchos lectores se sentirán identificados con alguna de ellas o con las dos. Pero, desde una perspectiva subjetiva, tales vivencias fueron singu- lares para mí y determinaron, sin duda, al hombre que soy actualmente; como la que paso a comentar a continuación. Mi padre regentaba una pequeña empresa cuyo negocio principal eran las artes gráficas (lo hizo hasta su jubilación). También era una librería y una papelería muy conocidas en mi ciudad de origen: Cáceres. En los locales del pequeño negocio se pro- dujo el otro descubrimiento infantil que anticipaba en las líneas anteriores.

Al fondo del es- tablecimiento, en la parte que permanecía oculta al público, había un rincón sobre el que se apilaban unas revis- tas gráficas que hoy se conocen con el nombre de cómics, y a las que yo llamaba, entonces, simplemente cuentos. Eran algo maravilloso, porque además de texto ¡tenían dibujos! Lo que me permitía cubrir ambas aficiones a la vez. Mi padre no los vendía: los utilizaba como obsequio para sus clientes, por lo que siempre disponía de una

buena provisión de los mismos.

Portada de un juego de Superman

Portada de “Batman, Año uno”, una reescritura moderna de los orígenes

del personaje iniciada en 1986.

Inquietante Batman (dibujo de Alan Davis y Paul Neary 1990).

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Hay que resaltar que la tra- ducción al castellano de aquellos textos me resultaba extraña en muchas ocasiones, porque esta- ban hechas en México. Ahora, ya adulto, me asombro recordando cómo era capaz de advertir tales cosas, a tan corta edad (siete u ocho años); lo que añadió un placer más a aquellas lecturas: adivinar cómo se diría en el cas- tellano que me enseñaron mis pa- dres, las cosas que decían los per- sonajes. Así: "el victimario de Supermán" era, realmente, "el asesino de Supermán"; "espere- mos a que aguante el concreto" significaba "esperemos que el cemento armado resista"; "vi que la flama encendía tu cigarrillo"

quería decir "vi que la llama encendía tu cigarrillo"; "¡es asombroso! Nunca había visto una tolvanera por ese rumbo del país" en lugar de "¡es asombroso! Nunca había visto un remolino en esa parte del país"; y un larguísimo etcétera que ahora me cuesta recordar. No tardé en aficionarme tam- bién a la lectura de aquellos cuentos que me permitían saciar simultánea- mente mi afición por la lectura, por el significado de las palabras y por el dibujo. Los leía encaramado en la pila de resmas más alta que almacenaba aquel taller de imprenta. De ese modo nadie interrumpía mi lectura ni yo, a mi vez, entorpecía la labor de los ope- rarios. Y fue así como descubrí, entre otros, a dos personajes que acompa- ñaron mi infancia al lado de Héctor y Aquiles, de Hércules, de los tres mos- queteros, de Hamlet, del Lazarillo de

Los héroes principales de la DC Comics: Superman y Batman y de quien esto suscribe.

(dibujo de Brain Bolland, 2001)

La espléndida reescritura de Superman de John Byrne iniciada en 1986.

. BATMAN visto por un psiquiatra

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Tormes, entre muchos más: Superman y Batman. De los dos, mi preferido era el primero. Quizás porque representaba la luz, la nobleza... ¡y además volaba! (entonces desconocía yo el significado que dan a esas fantasías algunos de mis colegas; ya saben: la erección y esas cosas). Batman me atraía, tal vez, por encarnar lo contrario: todo lo oscuro e instintivo que llevamos dentro (aunque tampoco tenía, entonces, ni idea de la existencia de aquellas proyecciones fantás- ticas).

Dejando atrás los re- cuerdos, y volviendo la aten- ción más al momento presen- te, diré que hace algunos añosla Dra. Rita Prieto López, a la sazón médico residente del Servicio de Psiquiatría del Hospital donde ejerzo mi pro- fesión (ahora trabaja en la Industria Farmacéutica), me sugirió que escribiera algo sobre Batman, probablemente cansada de verme dibujar una y otra vez al personaje en las sesiones clínicas.

Las aventuras de Batman son a menudo explosivas (Batman Begins, Christopher

Nolan, 2005)

El autor, jugando con Photoshop

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Confieso que al principio rechacé la idea, porque nunca había desarrollado un trabajo de esas características, aunque otros colegas han cultivado este género literario con éxito. Que se tratase de Batman tampoco me facilitaba las cosas, pues siempre lo había considerado hasta entonces un objeto de ocio y regocijo más que de estudio.

Pero, poco a poco, el sutil veneno que aquella colega deslizó en mi interior hizo su efecto y terminé por encontrar tan acertada la idea de escribir sobre el personaje que la hice propia. No analizaremos aquí los resortes inconscientes que tal sugerencia activó en mí para que la insti- gadora consiguiera sus propósitos; eso es materia que tendré que consultar con mi psiquiatra. Diré que la idea no me resultó finalmente tan lejana como inicialmente creía. Después de todo, siendo ya un lector más

atemperado y selectivo en la época a la que me estoy refiriendo que en mi infancia y juventud, aún conser- vaba entre mis lecturas habituales a mis viejos amigos Superman y Batman. Diré en mi descargo que no soy el único que tiene una afición semejante. Quizás no se sepa en circuitos ajenos a la profesión, pero entre los psiquiatras hay un buen número de aficionados a los cómics. Ignoro si tal apego es im- putable a la chifladura que tradicio- nalmente se nos atribuye a los psi- quiatras. O es que algunos de noso- tros somos, simplemente, como ni- ños. En cualquier caso, este no pa- rece el lugar más adecuado donde dirimir tan complejo problema.

Sean cuales sean las razones que me llevaron finalmente a escribir sobre Batman, lo cierto es que las características personales del héroe son

Lápiz de Batman y Robin por Ale Garza (2004)

Un elemento característico: el batmovil (“Batman forever”, Joel Schumacher, 1995).

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extremadamente atractivas para cualquier psiquiatra que se precie. Por eso, entendí que mi interés por el mismo, como lector, podía extenderse a la esfera profesional y, quizás, aportar así algún conocimiento acerca de este personaje sin igual que es Batman, desde una perspectiva hasta ahora inédita en nuestro país, que yo sepa. De modo que, al final, centré mi interés profesional -que no de simple aficionado- sobre su figura para desarrollar el presente texto. Los lectores podrán comprobar el atractivo psiquiátrico del héroe por sí mismos, si siguen leyendo las líneas que vienen a continuación.

Y es que Batman lo merece. Cuando un autor sitúa a su per- sonaje más allá de los límites geográficos donde lo ideó, del tiempo histórico que lo alumbró y, además, alcanza el reconoci- miento de sus contemporáneos y las ge- neraciones siguientes: puede estar seguro de haber creado un personaje clásico y universal. Y eso es lo que ha sucedido con Batman. Batman nació originalmente en el mundo del cómic, en los Estados Unidos de América; de la mano de Bob Kane y Bill Finger, en Mayo de 1939. Lo hizo en la revista DetectiveComic nº 27 junto a otros personajes. Su éxito fue tal que al año siguiente ya tenía una revista propia que llevaba su nombre: Batman.

Curiosamente, todo eso sucedió cuando el incipiente esfuerzo bélico que supuso la II Guerra Mundial hizo esca- sear el papel en prácticamente todo el mundo.

Pero logró traspasar limpiamente

las fronteras geográficas, los límites tem- porales y el medio donde apareció por primera vez; convirtiéndose así en un per-

Primera aparición de Batman en 1939

Portada del primer número de la revista Batman en 1940.

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