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El siglo XIX está protagonizado por la revolución liberal, iniciada con las Cortes de Cádiz y continuada en el reinado de Isabel II. Este periodo significó la ruptura total con el Antiguo Régimen y la sucesión de numerosas transformaciones de índole política, social y económica. Políticamente, la monarquía absoluta es sustituida por un sistema parlamentario y constitucional. En lo relativo a la sociedad, desaparecen los estamentos y privilegios, surgiendo en su lugar una sociedad de clases. Por último, económicamente asistimos a un amplio abanico de reformas industriales, comerciales y agrarias, destacando la que nos concierne: las desamortizaciones. 2.PRINCIPIOS ECONÓMICO-SOCIALES DEL LIBERALISMO. CONCEPTO DESAMORTIZACIÓN Dos pilares fundamentales del liberalismo son la propiedad privada (sagrada e inviolable) y la vida como camino para conseguir la felicidad. Dicha felicidad está asociada a la riqueza, el dinero y la propiedad privada. En el antiguo régimen, la propiedad estaba vinculada a instituciones (nobleza, Iglesia y Estado son los propietarios); a partir de las revoluciones liberales la propiedad debe ser individual y permitir convertirse en el vehículo de adquisición del “dominio pleno” de la misma frente al “dominio útil” instaurado desde la Edad Media. Hemos de situarnos, por tanto, en la estructura de la propiedad de la tierra española a lo largo del XIX; cuya actividad económica más importante fue la agricultura. Dicho sector empleaba a dos tercios de la población activa y representaba más del 50% de la renta nacional. No obstante, la hegemonía de la agricultura no estuvo relacionada con un buen funcionamiento, ya que representaba graves problemas como la escasa fertilidad de la tierra, el atraso tecnológico, la baja productividad o el reparto desigual de las tierras. En cuanto a este último aspecto se debía a que la gran mayoría de la propiedad quedaba en manos de un grupo muy reducido de familias aristocráticas y de la Iglesia. Estas tierras, que no podían venderse, dividirse (institución del mayorazgo), traspasarse ni donarse, se denominaban “de manos muertas”, o “amortizadas”. El problema residía en que, como consecuencia, no podían entrar en el circuito comercial. Por otro lado, los Ayuntamientos también poseían los “bienes propios” y “tierras comunales”, que quedaban al margen de los mercados. Todas estas tierras de escasa productividad y exentas del comercio suponían un lastre para el aumento de la producción, elemento indispensable en la revolución y proceso de industrialización. Frente a este gran problema, los gobiernos liberales planearon un gran programa de reformas agrarias entre 1835 y 1870; inspirados en las propuestas de ilustrados como Jovellanos o Floridablanca que nunca se llegaron a aplicar. Basándose en las ideas de la fisiocracia y el liberalismo económico, estos gobiernos pretendían poner la tierra en mano de los pequeños propietarios para que ellos a su vez dinamizaran las tierras. Este objetivo se basaba en la modernización de las tecnologías y el aumento de la productividad. Para conseguir todos estos objetivos mencionados se llevaron a cabo una serie de reformas, eliminando muchas instituciones medievales. En primer lugar erradicaron el régimen señorial, quitándole los derechos jurisdiccionales a los señores. Estas tierras pasaron a ser privadas y los campesinos se convirtieron en trabajadores. La desamortización es, pues, el proceso por el que se produce el paso de la propiedad institucional a la individual. Todo proceso desamortizador consta de dos etapas: por un lado la nacionalización de los bienes (con o sin indemnización) y la venta de dichos bienes a un propietarios privado, normalmente bajo subasta al mejor postor. Esta medida fue tomada sin quejas por los señores, con la única premisa de que conservara el derecho a la renta y beneficio de sus tierras. No obstante, los campesinos pensaban que esta reforma les iba a librar de las trabas señoriales y además les otorgaría la propiedad de las tierras. Este choque de voluntades dará lugar a un largo conflicto señores-campesinos que el gobierno dejará a voluntad de los tribunales. Como era de esperar, la balanza se decantó siempre en beneficio de los más ricos.
Además se acometieron otras reformas como la abolición del mayorazgo, se produjeron las desvinculaciones; y se realizaron las desamortizaciones, tanto civil como eclesiástica. Los objetivos fundamentales que se persiguen con todas estas medidas serán entre otros: -El fiscal, era sin duda el principal. Se buscaba recaudar dinero para solventar la deuda de la hacienda pública y hacer frente al gasto ocasionado por las guerras y financiar obras públicas. -Económicos, se quisieron provocar grandes transformaciones agrarias que fomentasen el desarrollo económico y la revolución industrial (no se consigue ya que la propiedad se concentra aún más). -Sociales, se quiere expandir una clase media agraria propietarios de pequeños o medianos lotes de tierra. -Por último, políticos, se deseaba buscar una sólida base de colectivos que apoyasen a la causa liberal. 3.PROCESOS DESAMORTIZADORES 3.1.ANTECEDENTES El proceso desamortizador no va a ser aislado sino que va a ser resultado de un proceso histórico que abarca gran parte del siglo XIX. Sin embargo, con anterioridad ya se tomaron medidas previas como fueron la enajenación de baldíos o las ventas de los bienes de los jesuitas expulsados en 1767. De hecho el término desamortización fue usado en otros países anteriormente, por ejemplo Gran Bretaña, con su expropiación de bienes eclesiásticos y posteriormente los “enclosure acts” y en Francia con la Asamblea Nacional, donde se vendieron bienes y tierras de los nobles huidos durante el proceso revolucionario. En España también se desarrollarían estos procesos desamortizadores. En primer lugar be mencionar la desamortización de Godoy y Carlos IV (1798) que fue una desamortización a las instituciones piadosas (hospitales, casas de misericordia,...) con la finalidad de obtener dinero para las guerras napoleónicas y por el desastre generado tras la batalla de Trafalgar. En segundo lugar está la de las Cortes de Cádiz (1811-1813) que hicieron una desamortización eclesiástica, además de las órdenes militares y la Inquisición, también a las tierras de los afrancesados. Simultáneamente, por su parte, José I también llevó a cabo un proceso desamortizador eclesiástico. Cuando se produjo la vuelta de Fernando VII estas acciones se suspenderían menos la desamortización municipal que continuó hasta el Estatuto municipal de Clavo Sotelo en 1924. En tercer lugar se encuentra la desamortización del Trienio Liberal (1820-1823) durante el gobierno de Riego, en el que se elaboró la Ley de Supresión de Monacales que continuaron desamortizando los bienes eclesiásticos y municipales, pero con el regreso de Fernando VII, en 1823, se eliminó y se devolvieron los bienes que no habían sido vendidos. Después de este recorrido nos encontraremos con los principales procesos desamortizadores llevados a cabo en la España del XIX, Mendizábal y Madoz. 3.2.DESAMORTIZACIÓN “ECLESIÁSTICA DE MENDIZÁBAL” (1836) La Desamortización de Mendizábal (1836), fue sin lugar a dudas la más relevante por sus cambios y consecuencias. Mendizábal volvía de su exilio en Londres a España para hacerse cargo de la presidencia del gobierno durante el comienzo de la Restauración. El plan principal de Mendizábal era el regreso de la reina Isabel II, para ello debía vencer en las Guerras Carlistas. Si quería vencer necesitaba todo el dinero posible a su disposición y en esos momentos la Hacienda Pública española estaba en una situación espantosa y desastrosa (palabras de Mendizábal). La desamortización de Mendizábal fue dirigida a la Iglesia y se llevó a cabo la eliminación del Mayorazgo y un proceso de exclaustración en 1835 por el cual se cerraban pequeños conventos y monasterios. Después se realizaron dos Decretos Reales: el primero fue el mismo de las exclaustraciones dirigido el clero regular y el siguiente con la creación de la Ley de Bienes Nacionales se amplió hacia el clero secular (grandes catedrales y conventos), que culminará en 1841 con el mandato de Espartero. Aunque también hubo una tímida desamortización civil. Este proceso desamortizador consistía, primero en la nacionalización de los bienes y tierras, después se realizaba una subasta en presencia de un juez y se vendía al mejor postor. Se podía pagar en metálico (sólo el 15% lo hacía) o en títulos de deuda pública con un plazo de hasta 8 años. Además de que las propiedades podían ser tanto muebles como inmuebles incluyendo todo su contenido interior (bibliotecas, obras de arte,...). Mendizábal pretendía ganar tropas al ejército isabelino para las Guerras Carlistas, atraer a afiliados del liberalismo, ya que los carlistas iban a devolver las tierras enajenadas de ganar la guerra, crear una clase media campesina para mejorar la producción y así la economía española y sanear la deuda.
En relación a otros aspectos de la economía del siglo XIX en España, cabe destacar que, a nivel general, se caracteriza por la crisis y el atraso económico respecto a otros países de Europa. Las diversas guerras provocaron que se realizara una revolución industrial lenta, tardía y desigual en las distintas regiones que componían España. A ello contribuirá también el atraso agrario y tecnológico, la escasez de capitales, el ineficaz mercado interno y escasez de comunicaciones y especialmente a la inestabilidad política. Aún así, dentro del proceso industrializador mencionar el sector textil catalán, que realizaba exportaciones masivas a América. Este sector está caracterizado por un fuerte proteccionismo, hecho patente en las revueltas de Barcelona de 1843 ante las medidas de liberalización de este mercado por parte de Espartero. Dentro del ámbito textil catalán señalar también la industria de las selfactinas y la progresiva sustitución de la lana por el algodón. En cuanto al sector siderúrgico destacan las fábricas férreas en el norte. No obstante, las guerras Carlistas desplazaron esta industria a Málaga que de la mano de Manuel Agustín de Heredia y los altos hornos de Marbella vivieron sus momentos de mayor auge. Al finalizar la contienda Asturias reclama su hegemonía, por la riqueza en minerales de carbón y el foco del País Vasco se vuelve a revitalizar. Con respeto al ferrocarril, se produjo una gran burbuja gracias al desarrollo del proyecto de Ley de Ferrocarriles. No obstante la falta de planificación y rentabilidad de las líneas provocarán a que sólo contribuyeron a la crisis bursatil de 1866. Socialmente se empieza a desarrollar el estilo de vida burgués y en los barrios de las ciudades más industrializadas se empiezan a concentrar los inmigrantes provenientes del ámbito rural agrupados en barrios obreros. Por otro lado comenzará a desarrollarse el movimiento obrero y a circular las ideas del anarquismo, creándose también la UGT y el PSOE. El aumento de la conflictividad en el campo se reflejó en los sucesos del Arahal y Loja. 5.CONCLUSIONES Como conclusión general podemos decir que es evidente que se trata de una época de transformaciones en la que no se consiguen todos los logros pretendidos pero al menos se alcanza el cambio jurídico en la propiedad de la tierra, un tímido avance en proceso de industrialización y mercados. Pese a las buenas intenciones no se consiguió acabar con los grandes males que finisecularmente afectaban a España (latifundismo, tecnificación del campo, pobreza, analfabetismo,...). La revolución agraria en España no resulta como se esperaba y esto provoca que la revolución industrial llegue con bastante retraso con respecto a otros países de Europa.