Manifiesto Adolf Loos, Schemes and Mind Maps of Design

Manifiesto Adolf Loos Ornamento y delito texto escrito en 1908

Typology: Schemes and Mind Maps

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Loos 173 ansiamos se extendera desde nuestro pais, des- de Europa para satisfacer a todos los pueblos, No propugno en absoluto el internacionalismo. Pues internacionalismo significa la estética im- personal de un mundo que se encuentra en descomposicién, En cambio, el supranaciona- lismo comprende las delimitaciones nacionales como supuesto previo; solo una humanidad li- bre puede restablecer una cultura omnicom- prensiva, Esta gran voluntad retine a todos los que se han puesto manos a la obra. Sélo se hace realidad, sélo despierta una fe adecuada, cuando se forma a partir de la fu- sién de las ultimas realizaciones de todos los pueblos. En estas circunstancias, no podemos hacer mas que contribuir con la modesta medida de nuestro propio trabajo, con fe y deseos de pres- tar un servicio libre y voluntario. ORNAMENTO Y DELITO Adolf Loos Evte texto (escrito en 1908), junto con otro titulado Arguitectura, constituye ef principal ensayo-manifiesto de la poética loostana. El amplio eco que et ensayo tuvo, se debe al hecho de que Loos aborda un tema fundamental de ta cultura artistica moderna: el ornamento. Este también es el motivo por ef que ef texto se incluye aqui. El estilo que Loos utiliza, tleno de paradojas y sarcasmos, da fuerza persuasiva a sus ideas, aunque también ha generado numerosos equivocos y reducciones de su pensamiento. Los motivas por las que Loos aboga por una erepresion» del ornament, coinciden con un triple razona- miento ético-estético-econdmico. Etica porque ef ornamento traduce una nostalgia regresiva 0 un sintoma de incultura. Estético porque la eliminacién del valor ornamental de ta arquitectura, equivale a abolir, el contenido Simbolico-representantivo que se superpone a la construccién pura _y simple. Entonces la tarea del arquitecto quedaria reducida a organizar ligicamente la forma _y la materia, y su valor comunicativo quedaria encomen- dado tinicamente a estas. Los razonamientos de Loos son también econémicos porque afronta —aunque con contradiccione:— lox problemas de costes en la moderna civilizacién industrial. Adalf Loos. «Ornament und Verbrechen», en Der Sturm. Berlin, 1912. Su difusion se debid en mayor medida a su publicacion posterior en francés en Les Cahiers d’Aujourd’hui (/9/3), en L'Esprit Nou- veau, 1920 y en 1923 en L’Architecture Vivante. Traduccidn espatiola; «Ormamento » delito», en Adoif Loos, Ormamento y delito y otros escritos. Gustavo Gili, Barcelona, 1972. El embrien humano pasa, en el claustro ma- mano. A los seis, como Sdcrates, y a los ocho terno, por todas las fases evolutivas del reino como Voltaire. Guando tiene ocho afios, per- animal. Cuando nace un ser humano, sus im- presiones sensoriales son iguales a las de un perro recién nacido. Su infancia pasa por to- das las transformaciones que corresponden a aquellas por las que pasdé la historia del géne- ro humane. A los dos anos, lo ve todo como si fuera un papda. A los cuatro, como un ger- cibe el violeta, color que fue descubierto en el siglo XVI, pues antes el violeta era azul y el purpura era rojo. El fisico sefiala que hay otros colores, en el espectro solar, que ya tienen nombres, pero comprenderlo se reserva al hombre del futuro. El nino es amoral. El paptia también lo es 4 LA PUJANZA DE LA MODERNIDAD para nosotros. El papta despedaza a sus enc- migos y los devora. No es un delincuente, pero cuando el hombre moderno despedaza y devo- ra a alguien entonces es un delincuente o un degenerado. El papia se hace tatuajes en la piel, en el bote que emplea, en los remos, en fin, en todo lo que tiene a su alcance. No es un delincuente. El hombre moderno que se ta- tia ¢s un delincuente o un degenerado. Hay carceles donde un 80 por 100 de los detenidos presentan tatuajes. Los tatuados que no estan detenidos son criminales latentes o aristécra- tas degencrados, Si un tatuado muere en li- bertad, esto quiere decir que ha muerto unos afios antes de cometer un asesinato. El impulso de ornamentarse el rostro y cuan- to se halle al aleance es el primer origen de las artes plasticas. Es el primer balbuceo de la pintura. Todo arte cs crético. El primer ornamento que surgid, la cruz, es de origen erdtico. La primera obra de arte, la primera actividad artistica que el artista pin- tarrajeé en la pared, fue para despojarse de sus excesos. Una raya horizontal: la mujer ya- cente, Una raya vertical: el hombre que la pe- netra. El que cred esta imagen sintié el mismo impulso que Beethoven; estuvo en el mismo cielo en el que Beethoven creé la Novena Sin- Sonia, Pero el hombre de nuestro tiempo que, a causa de un impulso interior, pintarrajea las paredes con simbolos erdéticos, es un delincuen- te 0 un degenerado. Obvio es decir que en los retretes es donde este impulso invade del modo mas impetuoso a las personas con tales mani- festaciones de degeneracién. Se puede medir el grado de civilizacién de un pais atendiendo a la cantidad de garabatos que aparezcan en las paredes de sus retretes. En el nifo, garabatear es un fenémeno na- tural, su primer manifestaci6n artistica es Ile- nar las paredes con simbolos eréticos. Pero lo que es natural en el papta y en el nifo resulta en el hombre moderno un fenémeno de dege- neracion. Descubri lo siguiente y lo comuni- qué al mundo: a evolucion cultural equivale a la eliminacion del ornamento del objeto usual. Crei con ello proporcionar a la humanidad algo nucvo con lo que alegrarse, pero la humanidad no me lo ha agradecido. Se pusieron tristes y su animo decayé, Lo que les preocupaba era sa- ber que no se podia producir un ornamento nuevo. “Como, lo que cada negro sabe, lo que todos los pueblos y épocas anteriores a noso- tros han sabido, no seria posible para noso- tros, hombres del siglo XIX? Lo que el género humano habia creado miles de anos atras sin ornamentos fue despreciado y se destruyo. No poseemos bancos de carpinteria de la €poca carolingia, pero el menor objeto carente de valor que estuviera ornamentado se conser- v6, se limpié cuidadosamente y se edificaron pomposos palacios para albergarlo, Los hom- bres pasean entristecidos ante las vitrinas, avergonzéndose de su actual impotencia. Gada €poca tiene su estilo, gcarecera la nuestra de uno que le sea propio? Con estilo, se queria significar ornamento. Por tanto, dije: {No llo- réis! Lo que constituye la grandeza de nuestra €poca cs que es incapaz de realizar un orna- mento nuevo. Hemos vencido el ornamento. Nos hemos dominado hasta el punto de que ya no hay ornamentos. Ved, est4 cercano el tiempo, la meta nos espera, Dentro de poco las calles de las ciudades brillaran como mu- ros blancos. Como Sidn, la ciudad santa, la capital del cielo. Entonces lo habremos conse- guido. Pero existen los malos espiritus incapaces de tolerarlo. A su juicio, la humanidad debe- ria seguir jadeando en la esclavitud del orna- mento, Los hombres estaban lo bastante ade- lantados como para que el ornamento no les deleitara, como para que un rostro tatuado no aumentara la sensacién estética, como en los paptias, sino que la disminuycra. Lo bastante adelantados como para alegrarse por una pi- tillera no ornamentada y comprarse ésta pu- diendo, por el mismo precio, conseguir otra con adornos. Eran [elices con sus vestidas y estaban contentos de no tener que ir de feria en feria como los monos Ilevando pantalones de terciopelo con tiras doradas. Y dije: Fija- ros: la habitacién en que murié Goethe es mas fantastica que toda pompa renacentista y un muceble liso es mas bonito que todas las piezas de museo incrustadas y esculpidas. El lengua- je de Goethe es mucho mas bonito que todos los ornamentos de los pastores del Pegnitz. Los malos espiritus lo oyeron con desagra- do, y el Estado, cuya misién es retrasar a los pueblos en su evolucién cultural, considerd 176 LA PUJANZA DE LA MODERNIDAD mentados son muy caros, mientras que la va- jilla blanca que le gusta al hombre es barata. Este ahorra mientras que otro se endeuca. Asi ocurre con naciones enteras. jPobre pueblo que se quede rezagado en la evolucién cultural! Los ingleses seran cada vez mds ricos y nosotros cada vez mas pobres... Sin embargo, es mucho mayor el dano que padece el pueblo productor a causa del orna- mento, ya que el ornamento no es un producto natural de nuestra civilizacién, es decir, que representa un retroceso o una degeneracién; el trabajo del ornamentista ya no se paga como es debido. Es conocida la situacién en los oficios de talla y adorno, los sueldos criminalmente ba- jos que se pagan a las bordadoras y encajeras. El ornamentista ha de trabajar veinte horas para lograr los mismos ingresos de un obrero moderno que trabaje ocho horas. El ornamen- to encarece, por regla general, el objeto; sin embargo, se da la paradoja de que una pieza ornamentada con igual coste material que el de un objeto liso, y que necesita el triple de horas de trabajo para su realizacién, cuando se vende, se paga por el ornamentado la mitad que por el otro. La carencia de ornamento tie- ne como consecuencia una reduccién de las horas de trabajo y un aumento de sueldo. El tallista chino wabaja diecis¢is horas, el ameri- cano sélo ocho. Si por una caja lisa se paga lo mismo que por otra ornamentada, la diferen- cia, en cuanto a horas de trabajo, beneficia al obrero. Si no hubiera ningtin tipo de ornamen- to —situacién que a lo mejor se dara dentro de miles de afios— el hombre, en vez de tener que trabajar ocho horas, podria trabajar sélo cuatro, ya que la mitad del trabajo se va, aun hoy en dia, en realizar ornamentos. Ornamento es fueza de trabajo desperdicia- da y por ello salud desperdiciada. Asi fue siem- pre. Hoy significa, ademas, material desperdi- ciado y ambas cosas significan capital desper- diciado. Como el ornamento ya no pertenece a nucs- tra civilizacién desde el punto de vista orga- nico, tampoco es ya expresién de ella. El or- namento que se crea en el presente ya no tiene ninguna relacién con nosotros ni con nada hu- mano; es decir, no tiene relacién alguna con la actual ordenacién del mundo. No es capaz de evolucionar. ;Qué ha sucedido con la or- namentacion de Otto Eckmann, con la de Van de Velde? Siempre estuvo el artista sano y vi- goroso en las cumbres de la humanidad. E] ornamentista moderno es un retrasado a una aparicién patolégica. Reniega de sus produc- tos una vez transcurridos tres aos. Las per- sonas cultas los consideran insoportables de inmediato; los otros, sGlo se dan cuenta de esto al cabo de anos. :Dénde se hallan hoy las obras de Otto Eckmann? Donde estaran las obras de Olbrich dentro de diez afios? El ornamento moderno no tiene padres ni descendientes, no tiene pasado ni futuro. Sélo cs saludado con alegria por personas incultas, para quienes la grandeza de nuestra época es un libro con sic- te sellos, y, al cabo de un tiempo, reniegan de él, En la actualidad, la humanidad es mas sana que antes; sdlo estan enfermos unos pocos. Es- tos pocos, sin embargo, tiranizan al obrero, que esta tan sano que no puede inventar or- namento alguno, Le obligan a realizar, en di- versos materiales, los ormamentos inventados por ellos. El cambio del ornamento trae como conse- cuencia una pronta desvaloracién del produc- to del trabajo. El tiempo del trabajador, el ma- terial empleado, son capitales que se derro- chan. He enunciado la siguiente idea: La for- ma de un objeto debe ser tolerable al tiempo que dure fisicamente. Trataré de explicarlo: Un traje cambiaraé muchas mas veces su for- ma que una valiosa piel. El traje de baile crea- do para una sola noche, cambiara de forma mucho mas deprisa que un escritorio. jQué malo seria, sin embargo, si tuviera que cam- biarse el escritorio tan rapidamente como un traje de baile por el hecho de que a alguien le pareciera su forma insoportable; entonces se perderia el dinero gastado en ese escritorio! Esto lo sabe bien el ormamentista, y los or- namentistas austriacos intentan resolver este problema. Dicen: «Preferimos al consumidor que tiene un mobiliario que, pasados diez aitos, le resulta inaguantable, y que, por ello, se ve obligado a adquirir muebles nuevos cada dé- cada, al que se compra objetos sdlo cuando ha de substituir los gastados. La industria lo re- quiere. Millones de hombres tienen trabajo gracias al cambio rapido», Parece que éste cs Loos 77 el misterio de la economia nacional austriaca; cuantas veces, al producirse un incendio, se oven las palabras: «j|Gracias a Dios, ahora la gente ya tendra algo que hacer!» Propongo un buen sistema: Se incendia una ciudad, s¢ in- cendia un imperio, y entonces todo nada en bienestar y en la abundancia. Que se fabri- quen muebles que, al cabo de tres afios, pue- dan quemarse; que se hagan guarniciones que puedan ser fundidas al cabo de cuatro anos, ya que en las subastas no se logra ni la decima parte de lo que costé la mano de obra y el material, y asi nos haremos ricos y mas ricos. La pérdida no sélo afecta a los consumido- res, sino, sobre todo, a los productores. Hoy en dia, cl ornamento, en aquellas cosas que gracias a la evolucién pueden privarse de ¢l, significa fuerza de trabajo desperdiciada y ma- terial profanado. Si todos los objetos pudieran durar tanto desde ¢l angulo estético como des- de el fisico, el consumidor podria pagar un precio que posibilitara que el trabajador ga- nara mas dinero y tuviera que trabajar menos. Por un objeto del que esté segura que voy a utilizar y obtener el maximo rendimiento pago con gusto Cuatro veces mas que por otra que tenga menos valor a causa de su forma o ma- terial. Por mis botas pago gustoso 40 coronas, a pesar de que en otra tienda encontraria bo- tas por 10 coronas. Pero, en aquellos oficios que languidecen bajo la tirania de los orna- mentistas, no se valora el trabajo bueno o malo. El trabajo sufre a causa de que nadic estA dispuesto a pagar su verdadero valor. Y esto no deja de estar bien asi, ya que tales objetos ornamentados sélo resultan tolerables en su ejecucién mas misera. Puedo soportar un incendio mas facilmente si oigo decir que sélo se han quemado cosas sin valor. Puedo alegrarme de las absurdas y ridiculas decoraciones montadas con motivo del baile de disfraces de los artistas, porque s¢ que lo han montado en pocos dias y que lo derribaran ¢n un momento. Pero tirar mone- das de oro en vez de guijarros, encender un cigarrillo con un billete de banco, pulverizar y beberse una perla es algo antiestético. Verdaderamente los objetos ornamentados producen un efecto antiestético, sobre todo cuando se realizaron en ¢l mejor material y con el maximo cuidado, requiriendo mucho tiempo de trabajo. Yo no puedo dejar de exi- gir ante todo trabajo de calidad, pero desde luego no para cosas de este tipo. El hombre moderno, que considera sagrado el ornamento, como signo de superioridad ar- uistica de las épocas pasadas, reconocera de inmediato, en los ornamentos modernos, lo tor- turado, lo penaso y lo enfermizo de los mis- mos. Alguien que viva en nuestro nivel cultu- ral no puede crear ningun ornamento. Ocurre de distinta manera con los hombres y pueblos que no han alcanzado este grado. Predico para el aristécrata. Me refiero al hombre que se halla en la cima de la huma- nidad y que, sin embargo, comprende profun- damente los ruegos y exigencias del inferior, Comprende muy bien al cafre, que entreteje ornamentos en la tela segtin un ritmo deter- minado, que sdlo se descubre al deshacerla; al persa que anuda sus alfombras; a la campesi- na eslovaca que borda su encaje; a la anciana sefora que realiza objetos maravillosos en cuentas de cristal y seda. El aristécrata les deja hacer, sabe que, para ellos, las horas de tra- bajo son sagradas. El revolucionario diria: «Todo esto carece de sentido». Lo mismo que apartaria a una ancianita de la vecindad de una imagen sagra- da y le diria: «No hay Dios». Sin embargo, el ateo —entre los aristécratas— al pasar por de- lante de una iglesia se quita el sombrero. Mis zapatos estan Ilenos de ornamentos por todas partes, constituidos por pintas y aguje- ros, trabajo que ha ejecutado e¢] zapatero y no le ha sido pagado. Voy al zapatero y le digo: «Usted pide por un par de zapatos 30 coronas. Yo le pagaré 40». Con esto he elevado el es- tado animico de este hombre, cosa que me agradecera con trabajo y material, que, en cuanto a calidad, no estén en modo alguno relacionados con la sobreabundancia. Es feliz. Raras veces llega la felicidad a su casa. Ante él hay un hombre que le entiende, que aprecia su trabajo y no duda de su honradez. En sue- hos ya ve los zapatos terminados delante de si, Sabe dande puede encontrar la mejor piel, sabe a qué trabajador debe confiar los zapatos y éstos tendran tantas pintas y agujeras como los que sélo aparecen en los zapatos mas ele- gantes. Entonces le digo: «Pero impongo una condicién. Los zapatos licnen que ser entera-