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Eric Hobsbawm fue un historiador marxista británico influyente durante el siglo XX. Nacido en Alejandría en 1917, Hobsbawm se unió al Partido Comunista británico y mantuvo su militancia a pesar de los debates y controversias. Su obra abordó temas como la lucha de clases, el cosmopolitismo y el eurocentrismo. Su influencia se extiende a la historia como ciencia aplicable y dialogada entre las disciplinas humanas.
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“La injusticia social necesita ser denunciada y combatida […] El mundo no se va a arreglar por sí solo” Eric Hobsbawm
“Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado”. Karl Marx
Marc Bloch, en su famosa obra Apo- logía a la historia o el oficio del histo- riador , anota lo siguiente:
…La palabra historia es una palabra muy vieja, [tan vieja que a veces ha cansado. Cierto es que rara vez se ha llegado a querer eliminarla del voca- bulario]… (2001: 53).
Donde luego, a propósito de la defi- nición de la historia, remata así:
Jaime Andrés Vera Jaramillo*
¿De qué manera se puede tratar como materia de conocimiento racional, sin previa delimitación, a una serie de fenómenos cuyo único punto en común es el no ser contemporáneos? ¿Podemos imaginar, de manera simi- lar, una ciencia total del universo en su estado actual? (ídem: 54).
Estas aseveraciones hacen necesario repensar o plantearse cuál debe ser el papel y función de la historia. La historia, ya sea como ciencia huma- na o como una ciencia social, implica más que dar explicaciones de la rea- lidad de la humanidad, promover la memoria del pasado o formar senti- mientos de alguna identidad o causa política. Realmente radica en produ- cir conocimiento de tal manera que éste tenga una utilización práctica y que sea compatible con otras discipli- nas u oficios.
Con la fundación de medios como la Revista de la Síntesis Histórica ( Revue de Synthèse Historique) fundada por Henri Berr en 1900 y por otro lado, la fundación de la escuela de historia de los Annales (1929), fundada por
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Lucien Lefebvre y el mismo Marc Bloch, como de la escuela de los his- toriadores marxistas británicos –con autores representativos, como Eric Hobsbawm, Maurice Dobb, Rodney Hilton, Cristopher Hill y E. P. Thomp- son–, conjuntamente la perspectiva del historiador se renovó, querien- do estar más unida con las demás ciencias del hombre y enfrentar los problemas de los excesos tanto de la omnisciencia, como de los límites de las disciplinas.
Por un lado, la Revista de Síntesis His- tórica se convirtió en un encuentro interdisciplinario, donde esta diver- sidad de disciplinas tratadas en la re- vista –compuesta de ciencias como la historia, filología, sociología o la geografía–, le concede un lugar insó- lito, siendo además un punto de par- tida indispensable para autores como Bloch y Lefebvre_._ Por otro lado, tam- bién a través de la escuela de los An- nales hay un cambio bastante radical en algunos aspectos de la historia cul- tivada hasta entonces y que ha sufrido una compleja evolución dentro de la propia escuela^1. Bajo un ambicioso proyecto, se propuso un análisis de la
1 La escuela ha sido clasificada en tres generacio- nes: la primera, en su máxima expresión junto con sus fundadores; la segunda, cambiando e introduciendo otro conceptos con autores como Braudel, pero aun así manteniendo los objetivos previstos por los fundadores, mien- tras que con la tercera se perdió toda unicidad, pues muchos decidieron abandonar el carácter holístico que los distinguía.
historia bajo un lente holista. Dicha ambición les llevaría a la búsqueda de una explicación global de la estructura social, en la que aparezcan articulados los distintos niveles de la realidad so- cial –económico, de poder, técnico, mental– y los distintos ritmos, des- fases y oposiciones entre ellos. Ade- más, se opondrían frontalmente a la historiografía dominante, de carácter positivista, cuyos más destacados re- presentantes son Lavisse, Seignobos y Langlois, reunidos en torno a la deno- minada escuela metódica. Es decir, los annalistas pretenden comprender los hechos a través de su integración en la totalidad que los constituye y de la que forman parte, en lugar de limitar- se a situarlos en una secuencia crono- lógica (Sánchez, 1993: 410-411). Por último, la escuela de los historiadores marxistas británicos erigida a mitad de siglo xx, militantes del Partido Comu- nista británico, quisieron asimismo darle un giro a la historia, proponien- do también que la historia fuese apli- cable e inspiradora de las multitudes. Que esta historia analizara tanto la “lucha de clases” como la superación del modelo base-superestructura, en tanto que éste no fuese encaminado a un análisis determinista (Kaye, 1989: 183). Desde este grupo se superó un marxismo escolástico anclado a la deter- minación economicista y en la idea de base-superestructura […] Se estudia la sociedad como un proceso dinámico, donde tiene importancia la función de la clase, vista como algo que se va
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do a la sociedad. Intentó, a través de todas sus obras, hablar de la historia en su visión más completa posible, ha- ciendo de ella como una telaraña don- de se interconectan todas las acciones humanas. Intentó reconstruir la visión y forma de concebir el análisis histó- rico-social-económico, sin caer en el error de que sus análisis impliquen un dogmatismo o un revisionismo puro, pues tal como lo anotó Harnecker (1976: 145),
…una ciencia que se repite sin descu- brir nada es una ciencia muerta; no es ya una ciencia sino un dogma fijo.
En realidad, Hobsbawm supo es- tudiar la historia de la humanidad, siendo responsable con lo que escri- bía. Siempre estuvo permanente en él la visión crítica de la historia.
Además de plantearse la incógnita de por qué el camino ha llegado hasta donde se ha abierto paso, también se compromete con el futuro de la sociedad, pues sus trabajos permiten que los lectores puedan inspirarse por el cambio para el porvenir de la humanidad, pues ayuda a conectar los lejanos paradigmas de cada épo- ca, y le permiten a los lectores vin- cular dichos paradigmas con su rea- lidad. Así, entonces, se puede seguir construyendo sociedad, basada en la experiencia histórica que esboza a manera retrospectiva los deslices del pasado, para que siempre estén en la conciencia del lector; construir una
memoria crítica colectiva de la expe- riencia humana. Tal como lo anota Pozzi (2007: 10), “se ve una clara fu- sión entre teoría y praxis, por la cual la labor del historiador es que sea útil a la sociedad”.
Es decir, esta misma fusión nos per- mite adjudicarle a esta ciencia social la característica de que es una cien- cia útil , como lo declaró el filósofo Voltaire, para así renunciar a darle la espalda a la sociedad y también dejar de ser una historia que se encierra en sí misma y no permite una posible multidisciplinariedad.
Es importante resaltar que, para Hobs- bawm, el análisis marxista estuvo pre- sente desde su primer obra, Rebeldes primitivos , hasta su última obra pu- blicada mientras estuvo presente entre nosotros –en la versión hispanoameri- cana se titula ¿Cómo cambiar el mun- do? Marx y el marxismo 1840-2011 –; precisamente este fue un elemento de crítica hacia él por parte de persona- jes como Tony Judt. Hobsbawm fue persistente en cuanto a su militancia marxista pese a los numerosos deba- tes generados en torno a ello –ya fuese porque se le desmeritaba serlo o todo lo contrario, pues le ameritaban una contradicción entre su militancia y fidelidad con la Unión Soviética, con su producción historiográfica–, pues no era usual ver esta tenacidad ante
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hechos como la invasión de Hungría por parte de los soviéticos, cuando muchos historiadores marxistas bri- tánicos se retiraron de su militancia en el Partido Comunista de este país. Es más, siguió siéndolo después de la misma caída del Muro de Berlín, en 1989, y la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Hobsbawm fue siempre ferviente, pero admitió el fra- caso de dicho comunismo y, a la vez, apoyó su aporte al apabullamiento del fascismo del siglo xx.
Es más, para Hobsbawm, el mar- xismo fundamentalista es una teo- ría estructuralista-funcionalista que estriba en dos grandes pilares: la insistencia de una jerarquía de los fenómenos sociales –base y superes- tructura– y la existencia de tensiones internas –contradicciones– dentro de toda sociedad que contrarresta la ten- dencia del sistema a mantenerse a sí mismo como una empresa en pleno funcionamiento (1983: 88-90).
Su trilogía del largo siglo xix gira en tor- no a la doble revolución –Revolución Francesa y Revolución Industrial– y su lectura del corto siglo xx , en torno a la Revolución Rusa. Sus lecturas van más allá de la estructura funcionalista-es- tructuralista, introduciendo también un marxismo cultural. Este combina el análisis de clase y de la economía po- lítica de los procesos de acumulación de capital, con la interpretación crítica de las formas culturales y culturas ex-
presivas de la modernidad capitalista. El análisis cultural fue un principio metodológico que estuvo presente en toda la obra de Hobsbawm, a la vez que fue una orientación particular de sus trabajos sobre la cultura popular de los sectores subalternos –de ahí su interés en expresiones culturales como el jazz y en vanguardias estéticas y po- líticas– (Lao Montes, 2013: 12). En realidad, las obras de Hobsbawm son fundamentalmente revolucionarias en términos epistemológicos, pues ade- más de tener praxis transformativa, también seducen a la multidisciplina- riedad de las ciencias humanas, como de la introducción de otros conceptos novedosos; una completa redefinición de la historia, hacia una con un carác- ter más moderno.
Por un lado, el largo siglo xix está des- crito en una trilogía, sobre la cual giran conceptos fundamentales en sus obras, como la modernidad, los nacionalismos, la doble revolución y la clase proletaria.
El primer tomo de esta trilogía se tituló La Era de la Revolución 1789- 1848 , y comienza con lecturas como la Revolución Industrial y la Revolu- ción Francesa. De manera no coinci- dencial están ordenadas en esta obra de este modo, pues esta doble revolu- ción fue la que introdujo el nacimien- to del sistema capitalista, en el cual se formarían nuevos sujetos históricos –la clase proletaria y la burguesía–.
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Hobsbawm dio una descripción de este siglo (2003: 10), en sus memo- rias, de la siguiente manera:
…mi vida se ha desarrollado prácti- camente a lo largo del siglo más ex- traordinario y terrible a la vez de toda la historia. He vivido en varios países y he sido testigo de algunos aconte- cimientos ocurridos en muchos otros lugares de los tres continentes. […] He pasado la mayor parte de mi exis- tencia observando y escuchando, y
he intentado comprender la historia de mi propia época…
Por otro lado, para hoy día, en Marx es importante comprender, según él, que aún tiene mucho que decir del sistema capitalista y de la globaliza- ción; y, por tanto, de las relaciones sociales y políticas que se desprenden de estos; sobre todo ante una evi- dente crisis de la rama del marxismo revolucionario y de la socialdemocra- cia. Para él, ser marxista significaba que se podía ser un historiador com- prometido y serio al mismo tiempo. Ser de izquierda y estar con los tra- bajadores no era tener un discurso marxistoide , sino que era una prácti- ca intelectual que se dirigía hacia el común de la gente, que interpelaba la vida cotidiana de los trabajadores (Pozzi, 2007: 18). O como lo dijo E. P. Thompson (1981: 294):
Lo importante aquí está en que Marx está de nuestro lado, y no nosotros del lado de Marx. Su voz tiene una fuerza que jamás podrá ser silencia- da, pero nunca ha sido la única voz, y su discurso no tiene un alcance ili- mitado…
Otro elemento importante de dis- cusión dentro de las obras de Hobs- bawm es el eurocentrismo como forma dominante de analizar la his- toria. Éste data desde el largo siglo xix , cuando en las universidades europeas
Fotografía:[http://www.librolibro.es/images/portadas/ trilogia-hobsbawm-9788498925005.jpg]
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se gesta la historia como disciplina científica en la modernidad. Sin em- bargo, este carácter descrito no es evi- dente en Hobsbawm, pues su interés por la historia extraeuropea está en su primera obra, Rebeldes primitivos. Para Hobsbawm, su paso por Latino- américa en los años sesenta y setenta cambió totalmente su perspectiva. En ellos se encuentran también con- tradicciones propias del continente viviendo en una tensa coexistencia de diferentes tiempos históricos.
Sebastián Gómez (2012: 2) lo dice así:
Resulta valioso que Hobsbawm haya articulado una visión de la historia contemporánea reflejada hacia aque- llos espacios que no suelen insertar- se en los estudios sobre el pasado reciente de la humanidad: África, América Latina, Oceanía y el sudeste asiático, son referentes importantes e insoslayables para comprender las complejas dinámicas socioeconómi- cas que trazan el destino de nuestros días. El haber sido un frecuente via- jero desde su mocedad le permitió un conocimiento de causa en pers- pectiva planetaria, poco usual entre los historiadores dedicados a narrar los avatares del siglo xx. Fue uno de los pocos historiadores británicos de su generación que tuvo la oportuni- dad de conocer de cerca una de las incandescentes facetas de la geopolí- tica heredada por la Guerra Fría en el ‘’Tercer Mundo’’. Quizás por ello escribió con suma propiedad sobre las convulsiones que sacudieron la
América Latina a mediados del siglo –teniendo cierto interés por la histo- ria de Colombia–, y no vaciló en in- cluirlas como hechos trascendentales para sus reflexiones y explicaciones sobre el tiempo presente.
Es más, hasta el mismo Hobsbawm, en entrevista traducida por Tristram Hunt (2011: 128), relata que:
En este momento, ideológicamente, me siento más en casa en América Latina porque sigue siendo el lugar en el mundo donde la gente todavía habla y dirige la política con el vie- jo lenguaje, el lenguaje del siglo xix y el xx de socialismo, comunismo y marxismo.
Por otro lado, Hobsbawm fue tam- bién un gran conocedor del jazz. Además de describir en términos in- telectuales su carácter cosmopolita, también fue un gran crítico de jazz en la revista The New Statesman ante un auge de las vanguardias de siglo xx. Es más, hasta Hobsbawm ase- veró en una entrevista que el jazz es como el primer amor: empieza más o menos a la misma edad, pero es más permanente.
Estuvo tan cercano a la cultura del jazz que una de sus reseñas más aclamadas estuvo relacionada con la cantante Bi- llie Holiday, una investigación muy completa que captó mucho la aten- ción del público. Es más, hasta llegó a utilizar el sobrenombre de Frankie Newton , en honor al trompetista que
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a las explicaciones que propuso sobre los problemas históricos. Ese no es un ejercicio novedoso; cuenta con impor- tantes indagaciones que han permiti- do la elaboración de balances preli- minares de una riquísima producción intelectual basada en el estudio de te- mas tan diversos como la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, el nacionalismo, el bandolerismo social, el jazz, los orígenes de la clase trabaja- dora y los asuntos disciplinares. Aun- que de manera desigual y diferencia- da, las investigaciones citadas parecen coincidir en un asunto fundamental: para la historia social resulta impres- cindible discutir sobre el legado de Hobsbawm y resaltar su experiencia vital, su práctica intelectual y su com- promiso político. Probablemente así hubiese querido ser recordado (More- no Rubio, 2012: 287).
Tal como lo anotó Sir Keith Thomas,
Hobsbawm poseía una mente ex- traordinariamente fértil y una rara capacidad para acuñar y divulgar nuevos conceptos que deja una mar- ca perenne en la historiografía… La inteligencia de Hobsbawm aplicada a la historia no tiene igual…
Así que, en su memoria, será indis- pensable releer sus obras, y con esto a la vez evoco una frase del historiador David Landes:
…después de leer un libro de Hobs- bawm, es como terminar un vigoroso
juego de squash, te sientes agotado, pero fortalecido al mismo tiempo…
¡Gracias maestro!
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