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10 LEYENDAS DE BECQUER, Resúmenes de Lengua y Literatura

RESUMEN DE 10 LEYENDAS DE BECQUER

Tipo: Resúmenes

2024/2025

Subido el 26/01/2026

mari-luz-carralero
mari-luz-carralero 🇪🇸

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LA CRUZ DEL DIABLO
Un poema inicial, en verso libre, se anuncia la leyenda por parte de un narrador.
Afirma que ha llegado a él por vía oral y familiar. No le importa si el lector la cree o no;
aunque solo sea “más que por pasar el rato”, merece la pena contarla y escucharla.
Estamos en la pequeña población liderense de Bellver, bañada por el río Segre, a
las faldas de los Pirineos, cerca de Andorra. El narrador se dirige a la frontera junto con
un conjunto de personas. A la entrada del pueblo observa una cruz de hierro,
levantada en una colina. Se adelanta y se detiene para observarla por su raro aspecto,
envejecido y algo siniestro. El guía local que los conduce le advierte que es un símbolo
funesto; resulta temerario detenerse. El narrador se burla del paisano, por su
credulidad. Todos juntos se dirigen a una lóbrega posada de la localidad.
En plena Edad Media, un señor local, “noble barón”, el señor de Segre,
gobierna sobre el pueblo. Es cruel, avaricioso y ladrón. La gente del pueblo está harta,
pero no puede hacer nada. Se va a las cruzadas, medio arrepentido de sus fechorías.
La gente respira. Vuelve y recae en las andadas, o peor. El pueblo se harta, se rebela,
asalta la fortaleza donde vive el señor con sus secuaces y los matan a todos. El “haz
de armas” brilla entre las ruinas del castillo; se puede ver desde el pueblo. Empiezan a
ver unas luces misteriosas que, por la noche, se dirigen al castillo. Es un grupo de
malhechores que roban, asaltan y matan; se refugian en los sótanos del castillo. Un
chico joven y noble, desheredado por sus fechorías, lidera el grupo. Un miembro del
grupo de cuatreros cuenta en el pueblo lo que pasa. Un eremita les da una oración a
San Bartolomé para prender al cabecilla. Lo hacen prisionero sin derramar sangre. Va
con todas las armaduras del señor del Segre, pero con la visera bajada no se le ve la
cara; se niega a subirla. Le quitan la visera violentamente y dentro no hay nada, ni
nadie. Cuelgan la armadura en la plaza mayor, como si hubiera alguien. Luego, llevan
la armadura a la prisión.
El alcaide de la misma se aproxima a ella, con un farol, por curiosidad. La armadura se
levanta, le da una bofetada y huye. La vuelven a capturar, el pueblo entero en batida.
Cuando la armadura ve luz, cobra vida. El eremita les ordena una penitencia general,
fundir la armadura en el fuego y hacer una cruz con ella. Cuando la labran, la
armadura se retuerce y se rebela; veinte forzudos hombres casi no pueden sujetarla.
Ya casi con la forma de la cruz, se revuelve y adopta forma de serpiente; suerte
gemidos lúgubres, pero al fin la dominan con oraciones y agua bendita. El espíritu
infernal huye de ella. El pueblo la coloca en esa colina; en ella está sujeto el diablo.
Nadie para allí porque está maldita. En invierno se reúnen los lobos, los bandidos
esperan a los caminantes y hasta los rayos se dirigen a ella, descargando, rompiendo
el asta y los sillares del pedestal.
El tema principal se puede enunciar así: es difícil acabar con el diablo, gran
malhechor, cuando encuentra un ente en el que instalarse.
Existen otros temas secundarios, que enumeramos: el mal nos rodea y debemos
enfrentarlo para evitar ser destruidos; el pueblo, cuando está unido, puede detener las
maldades de gente poderosa, etc.
Personajes
El protagonismo está bastante repartido; casi es un relato de personaje
colectivo. curiosamente, dos objetos inanimados acaparan bastante protagonismo: la
armadura que cobra vida (auténtico personaje, responsable del misterio y la intriga del
relato) y la Cruz del Diablo. Ambos son siniestros y malvados. Actúan movidos por un
caprichismo violento. En el fondo, representan, o contienen al mismo ser: el diablo. El
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LA CRUZ DEL DIABLO

Un poema inicial , en verso libre, se anuncia la leyenda por parte de un narrador. Afirma que ha llegado a él por vía oral y familiar. No le importa si el lector la cree o no; aunque solo sea “más que por pasar el rato”, merece la pena contarla y escucharla. Estamos en la pequeña población liderense de Bellver , bañada por el río Segre, a las faldas de los Pirineos, cerca de Andorra. El narrador se dirige a la frontera junto con un conjunto de personas. A la entrada del pueblo observa una cruz de hierro, levantada en una colina. Se adelanta y se detiene para observarla por su raro aspecto, envejecido y algo siniestro. El guía local que los conduce le advierte que es un símbolo funesto; resulta temerario detenerse. El narrador se burla del paisano, por su credulidad. Todos juntos se dirigen a una lóbrega posada de la localidad. En plena Edad Media, un señor local, “noble barón”, el señor de Segre , gobierna sobre el pueblo. Es cruel, avaricioso y ladrón. La gente del pueblo está harta, pero no puede hacer nada. Se va a las cruzadas, medio arrepentido de sus fechorías. La gente respira. Vuelve y recae en las andadas, o peor. El pueblo se harta, se rebela, asalta la fortaleza donde vive el señor con sus secuaces y los matan a todos. El “haz de armas” brilla entre las ruinas del castillo; se puede ver desde el pueblo. Empiezan a ver unas luces misteriosas que, por la noche, se dirigen al castillo. Es un grupo de malhechores que roban, asaltan y matan; se refugian en los sótanos del castillo. Un chico joven y noble, desheredado por sus fechorías, lidera el grupo. Un miembro del grupo de cuatreros cuenta en el pueblo lo que pasa. Un eremita les da una oración a San Bartolomé para prender al cabecilla. Lo hacen prisionero sin derramar sangre. Va con todas las armaduras del señor del Segre, pero con la visera bajada no se le ve la cara; se niega a subirla. Le quitan la visera violentamente y dentro no hay nada, ni nadie. Cuelgan la armadura en la plaza mayor, como si hubiera alguien. Luego, llevan la armadura a la prisión. El alcaide de la misma se aproxima a ella, con un farol, por curiosidad. La armadura se levanta, le da una bofetada y huye. La vuelven a capturar, el pueblo entero en batida. Cuando la armadura ve luz, cobra vida. El eremita les ordena una penitencia general, fundir la armadura en el fuego y hacer una cruz con ella. Cuando la labran, la armadura se retuerce y se rebela; veinte forzudos hombres casi no pueden sujetarla. Ya casi con la forma de la cruz, se revuelve y adopta forma de serpiente; suerte gemidos lúgubres, pero al fin la dominan con oraciones y agua bendita. El espíritu infernal huye de ella. El pueblo la coloca en esa colina; en ella está sujeto el diablo. Nadie para allí porque está maldita. En invierno se reúnen los lobos, los bandidos esperan a los caminantes y hasta los rayos se dirigen a ella, descargando, rompiendo el asta y los sillares del pedestal. El tema principal se puede enunciar así: es difícil acabar con el diablo, gran malhechor, cuando encuentra un ente en el que instalarse. Existen otros temas secundarios, que enumeramos: el mal nos rodea y debemos enfrentarlo para evitar ser destruidos; el pueblo, cuando está unido, puede detener las maldades de gente poderosa, etc. Personajes El protagonismo está bastante repartido; casi es un relato de personaje colectivo. curiosamente, dos objetos inanimados acaparan bastante protagonismo: la armadura que cobra vida (auténtico personaje, responsable del misterio y la intriga del relato) y la Cruz del Diablo. Ambos son siniestros y malvados. Actúan movidos por un caprichismo violento. En el fondo, representan, o contienen al mismo ser: el diablo. El

narrador primero y el narrador del pueblo están ya a un nivel bastante inferior. Su protagonismo procede del hecho de que son los transmisores de la historia. El señor de Bellver es cruel, voluble y desvergonzado. No logra redimirse de sus vicios incluso después de haber participado en una de las cruzadas. El jefe de los bandoleros discurre por la misma línea: caprichoso e inmoral, no conoce límites morales. La gente, el pueblo entero de Bellver funciona al unísono como si fuera un solo personaje. Los habitantes comunes sienten, dudan y actúan al unísono.

LA AJORCA DE ORO

Se desarrolla en uno de los espacios más significativos y emblemáticos de Toledo: la catedral. Narra la historia de María Antúnez , una mujer que el propio Bécquer describe como una persona caprichosa, a la que le gustaba la moda y siempre quería destacar entre todos los vecinos. Al parecer, hubo una tarde en la que el enamorado de María, don Pedro Alfonso de Orellana se la encontró llorando sin motivo aparente y ella le confesó el motivo: había estado en la Catedral de Toledo para celebrar la festividad de la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad, y se había enamorado perdidamente de la ajorca que la imagen lucía en el brazo. El efecto que estas palabras provocaron en don Pedro Alfonso fueron tales, que el enamorado decidió entrar en el Catedral para robar la preciada joya y entregársela a María para complacerla y como prueba de su amor. Así, aprovechó la noche y el silencio de la ciudad para adentrarse en el templo, hasta que llegó a la virgen y consiguió arrebatarle el brazalete. Sin embargo, el problema vino cuando bajó y se giró para salir corriendo de la catedral. Con tremenda sorpresa pudo ver cómo todas las estatuas del templo habían bajado de sus peanas y lo rodeaban, junto a los esqueletos de la cripta. se desmalló del miedo Estaban tratando de impedir la fechoría. Cuentan que al llegar el día encontraron a don Pedro Alfonso a los pies de la Virgen del Sagrario, de rodillas, y que hicieron falta la fuerza de cuatro personas para quitarle de las manos la ajorca de la virgen. El enamorado de María estaba completamente enloquecido, con los ojos como platos, y gritando “¡Suya es!”. Pedro enloqueció por su pecado por el resto de su vida.

EL MONTE DE LAS ANIMAS (Se divide en tres partes)

*Primera parte: que nos sitúa en Soria, en un monte conocido como el Monte de las Ánimas, justo el día 1 de noviembre, que es el Día de Todos los Santos. En este escenario comienza la historia con un grupo de nobles que ha salido de cacería. Entre ellos están Beatriz y Alonso, los hijos de los Condes de Borges y de Alcudiel. Ya ha terminado la cacería y se preparan para volver a casa, cuando Alonso, que es muy aficionado a este tipo de excursiones, empieza a contar una antigua leyenda relacionada con ese mismo monte. Según la historia que él narra, ese monte perteneció en su momento a los Templarios, una orden de monjes guerreros que fueron llamados por el rey para defender la ciudad tras la expulsión de los árabes. Sin embargo, su llegada causó tensiones con los nobles de Castilla, lo que acabó provocando un conflicto armado entre ambos grupos.

dolor, donde lo sobrenatural parecía seguir muy presente, incluso con el paso del tiempo.

LOS OJOS VERDES

Durante una batida de caza, Fernando de Argensola , hiere a un ciervo que luego sale huyendo hacia los matorrales en dirección a la fuente de los Álamos. Fernando exige que le sigan el rastro al animal, pero su montero, Íñigo , se niega alegando que en dicha fuente habita un espíritu del mal. El joven, desoye las advertencias y decide ir tras el ciervo hasta la fuente. Finalmente, allí, en el agua cristalina del manantial, vislumbra a una hermosa dama de la que queda perdidamente enamorado. Hechizado por sus ojos verdes cae a la fuente donde es apresado. Inicio: Bécquer anuncia que unos ojos verdes casi indescriptibles, que se hayan en su memoria por razones que desconoce, lo han impulsado caprichosamente a escribir el relato que a continuación procede a contar. Nudo: Se divide en dos partes. En la parte I , Fernando de Argensola, Íñigo, los pajes, los perros, los caballos y demás hombres están cazando en las faldas del Moncayo. Fernando hiere al ciervo, pero a pesar de estar herido logra huir. Lo persiguen, pero cuando ven que toma el camino de la fuente de los Álamos, Íñigo, detiene la persecución alegando que es imposible. Fernando se enoja pues no quiere perder a su primera pieza de caza y cuando le reclama a Íñigo este le cuenta que en la fuente de los Álamos habita un espíritu del mal. Fernando se aventura a ir solo tras el ciervo sin importarle las supersticiones opiniones de Íñigo. En la parte II , se narra que unos días después de la cacería ( una elipsis) , Íñigo nota que Fernando de Argensola se encuentra apático, con mal aspecto y poco interesado en lo que antes ocupaba sus días. Fernando le revela al montero que desde el día que fue a la fuente de los Álamos por primera vez había visto en el fondo de la fuente los ojos verdes de una bella mujer. Y que desde entonces había vuelto cada mañana a la fuente para pasar el día allí y hablarle. Íñigo, asombrado, le advierte nuevamente que no vuelva a la fuente jamás, pues acabará muriendo. Desenlace: En la parte III , Fernando de Argensola se encuentra en la fuente de los Álamos. Está desesperado, dispuesto a todo por abrazar y besar a la mujer del agua. De rodillas le confiesa su amor y le ruega que le hable. Por fin ella le responde diciéndole que lo ama aún mucho más que él a ella, y que si se deja llevar al fondo del manantial ella le dará una felicidad superior a la que jamás recibirá del mundo. Cuando la noche empieza a cernirse sobre el lago la mujer lo guía hasta la orilla del abismo en el que ella lo espera diciéndole «ven». Y de un momento a otro Fernando se haya atrapado por las aguas.

MAESE PEREZ, EL ORGANISTA

La acción se localiza en Sevilla, en la iglesia del convento de Santa Inés. Es el momento de la misa del Gallo. El narrador oye una tradición de boca de la demandadera (sirvienta, criada al servicio de las monjas) del convento. Ha acudido a esa misa para escuchar la música prodigiosa de su órgano tocado por el alma de maese Pérez, su organista, pero esta esa melodía divina ya no suena más desde que cambiaron el órgano. En lo que sigue explicará la historia.

Dos viejas, Baltasara (que es nueva en el barrio) y la mandadera, que es quien habla, chismorrean sobre la gente que se acerca a la iglesia a la misa del gallo precisamente para escuchar la música sublime de maese Pérez. Comenta y critica, chismorreando, la llegada del marqués de Moscoso y el duque de Alcalá, rivales entre sí por su vanidad y ostentación desmedida. Llega también el obispo a escuchar la misa. En el momento de la consagración, a las doce en punto de la noche, la música que emite el órgano sabiamente gobernado por maese Pérez es celestial y sublime. Maese Pérez es un organista discreto, humilde, bondadoso y fiel creyente. Es ciego de nacimiento; su hija, buena organista también, es monja en el convento. Las dos vecinas entran en la iglesia y se abren piso a empellones y codazos. Va a comenzar la misa del Gallo, de Nochebuena. Se corre la voz que maese Pérez está enfermo y no podrá tocar. Un organista envidioso, bisojo y algo deforme, se ofrece para tocarlo; es un organista rival, que ejerce en otra iglesia de san Román (luego dirá de San Bartolomé). Maese Pérez aparece por sorpresa, llevado en una silla litera. En el momento de la consagración, toca tan maravillosamente como siempre lo ha hecho. De pronto, el piano suelta un sonido estridente. La gente se agolpa y comprueban que maese Pérez acaba de morir, con la cabeza contra el teclado. Ha pasado un año. De nuevo en el mismo lugar, en la misa del Gallo. La iglesia, como siempre, muy llena. Está el obispo y han contratado al organista de San Román. El populacho va provisto de panderos, zampoñas, sonajas, etc. para boicotearlo y hacer bulla justo cuando toque. Y lo hacen, pero el sonido del órgano es tan sublime como siempre y la música arrebatadora. El populacho calla. Todos quedan extasiados con esta música. El obispo le pide al organista que el próximo año toque en la catedral, y este acepta. La hija de maese Pérez, organista y monja en santa Inés, le cuenta a la abadesa que ha visto el fantasma de su padre tocar el órgano con la maestría y sublimidad de siempre. Esta la calma y le insta a que toque en la misa. Y así lo hace. En el momento de la consagración, la monja exhala un grito de sorpresa. Todos se acercan. La hija les conmina a que miren a su padre tocando. Nadie ve nada, pero el órgano sigue sonando. Las dos viejas confirman su idea del «busilis» que contiene el asunto. Quien toca es el alma de maese Pérez, concluyen.

EL RAYO DE LUNA

Manrique, un joven, soñador, imaginativo, al que le encanta la soledad, vive en un castillo en Soria. Una noche de verano, mientras paseaba solo, vio una forma blanca moviéndose entre las ramas del bosque, que le pareció que se dirigía al monasterio de los Templarios, pero desaparecía cuando él intentaba atraparla. Manrique pensaba que se trataba de una mujer bella, la mujer ideal que siempre había soñado. Se pasó dos meses buscando a la mujer de sus sueños, a quien ya amaba mucho sin conocerla, por culpa de las fantasías que se había creado en la cabeza. Una noche, Manrique creyó volver a ver a la mujer, al fondo de la alameda. Manrique enseguida fue detrás de ella, y llegó al sitio donde había creído verla. Se detuvo, y todo nervioso, miró al suelo, finalmente, se dio cuenta de que aquella aparición, era un rayo de luna que se filtraba cuando el viento movía las brancas de los árboles del bosque.

Esta bellísima leyenda se desarrolla en los años de la reconquista de Sevilla, es decir, entre 1247 y 1248, liderada por el rey Fernando III el Santo. -Parte I: Pedro, escudero del conde de Gómara, se despide de su novia Margarita porque al día siguiente el ejército del conde parte al sur, para unirse al del rey para conquistar Sevilla. Ambos sufren, pero Pedro le explica a Margarita que no puede eludir la cita, so pena de quedar ante los demás como cobarde. Ella llora, muy sentida, y le ruega que vuelva y que le devuelva la honra. Ya en casa, los hermanos de Margarita le piden a su hermana que salga con ellos al día siguiente a despedir a las tropas del conde; ella, disgustada, acepta de mala gana. -Parte II: Al día siguiente por la mañana, la gente se arremolina alrededor de Gómara para ver el desfile de despedida de las tropas del conde camino de la guerra. Hay un gran alboroto; se lucen las mejores galas y el estado general es de excitación y esperanza. Margarita, cuando ve al conde liderando sus tropas, se desmaya. El narrador informa que él ha sido su amante. El campesino es el conde. -Parte III: El ejército cristiano libra batallas contra moros en Écija, Carmona y Alcalá del Río de Guadaira. En esta última localidad se instala el campamento cristiano. El conde de Gómara muestra gesto preocupado y taciturno. Pedro, su escudero, trata de consolarlo. El conde le cuenta que, cuando su caballo se desboca en plena batalla y va derecho contra el enemigo, donde lo pueden masacrar, una mano detiene el caballo y le obliga a dar la vuelta. Luego, vuelve a ver la mano en su tienda. Cree estar perdiendo el juicio. Pedro y él salen de la tienda a refrescarse. -Parte IV: De paseo por el amplio y abigarrado campamento cristiano, se encuentran con un juglar que canta un romance con la historia de Margarita y el conde, desvelando que ella ha muerto, pero sin dar nombres, pues solo cita a «la niña» y «el conde». Sin embargo, una mano de su cadáver, con un anillo que le ha regalado el conde, no se deja enterrar y siempre está sobre la tierra. El conde de Gómara, sospechando algo y con terror, le pregunta al juglar de dónde es y este responde que procede de Soria, cerca de Gómara; y que todo el mundo canta ese romance, de donde él lo aprendió. -Parte V: Tras la toma de Sevilla, el conde de Gómara vuelve a sus dominios. Un cura enviado por el Vaticano lo casa con Margarita, en el lugar de la tumba de ella. En ese momento, la mano se introduce en la tierra. El narrador ha visto el lugar; es un pequeño soto, verde en primavera, donde crecen flores en esa estación del año. La gente cree que la leyenda es cierta.

LA CORZA BLANCA

-Parte I: Estamos en una pequeña población aragonesa, el castillo de Veratón , enclavado en el Moncayo, no lejos de Tarazona, en el siglo XIV. Don Denís es un noble viudo que vive con su hija doña Constanza, de la que no se sabe exactamente su procedencia; algunos dicen que la madre es gitana. Esta joven es muy bella y atractiva. Esteban es un pastor a las órdenes del señor Denís. Dice que ha visto un rebaño de corzas que hablan y razonan como si fueran humanos, cerca de la cañada de los cantuesos (tipo de flor). Afirma que ve huellas humanas donde están las corzas. Las espía de noche y las oye hablar como si fueran humanos. Nadie le cree y todos le toman el pelo, pues su inteligencia es escasa. -Parte II : Garcés es un joven montero de don Dionís. Se toma algo más en serio el asunto que sus compañeros y amigos, sirvientes del noble. Va a comprobar por sí

mismo, sin decir nada, la situación al lugar donde aparecen las corzas; allí brota un manantial, que da lugar a un río; hay mucha arboleda: allí no hay nada anormal. Cuando regresa y le cuenta a doña Constanza su viaje, esta y los asistentes se ríen a la cara de don Garcés. Este se pica, toma su ballesta y va al lugar de encuentro de los animales. Oye cómo cantan dos canciones de amor; en la segunda, les piden a misteriosos amantes que vengan con ellas. Garcés las puede ver algo después: son bellas y atractivas. Hay una de color blanco, que corresponde a doña Constanza. Quiere distinguir la voz de doña Constanza, de quien está perdidamente enamorado, pero no está seguro. Bien vistas, comprende que son humanas, no animales. Las contempla completamente desnudas y está atónito por el espectáculo. En un momento, cuando las corzas lo divisan, se transforman en animales y huyen. Garcés, aturdido y precipitado, dispara una flecha con su saeta a la corza blanca. Acierta el tiro y la mata. Se acerca al cadáver y ve, aterrorizado, que es doña Constanza, la Azucena del Moncayo, como le llamaban los lugareños por su belleza incomparable.

LA ROSA DE LA PASION

-Parte I: Estamos en Toledo, en plena Edad Media. Un hombre judío tiene una tienda de arreglos de objetos de cuero (guarnicionero, o talabartero, aunque no se emplee en el texto ninguna de las dos palabras), enclavada en un lugar de la ciudad de Toledo algo apartado. El propietario, llamado Daniel Leví, es amable y servicial con todo el mundo. Se dice que es muy rico y que odia a los cristianos. Tiene una hija, Sara, que suele mirar por la ventana de la primera planta del edificio donde está la tienda. Un joven judío enamorado de ella le cuenta al padre que la niña tiene amores con un cristiano, cosa que a Daniel le parece muy mal. -Parte II: En la noche de Viernes Santo, Sara atraviesa el Tajo en la barca de un barquero, que le informa dónde se reúne un grupo de judios para actividades secretas y desconocidas. Ese lugar es la Cabeza del Moro, cerca de donde ahora se levanta la ermita de la Virgen del Valle. Quedan los restos de una iglesia bizantina, de antes de la invasión árabe. -Parte III: Sara se acerca cautelosamente. Ve que tienen una cruz preparada para crucificar a alguien; es su novio cristiano, que lo están esperando. Sara irrumpe entre ellos y les afea su conducta. Les advierte que su novio no vendrá porque ella lo ha apercibido. Proclama que es cristiana. El padre, muy enfadado y desquiciado, se la entrega a sus socios para que hagan lo que quieran con ella. Al día siguiente, sábado santo, los toledanos celebran la fiesta alegre. Daniel abre su tienda y saluda afablemente a todo el mundo. Unos años después, un pastor lleva al arzobispo de Toledo una flor extraña que simboliza los atributos de Jesucristo; ha crecido en los restos del monasterio, donde sacrifican a Sara. Hacen excavaciones y hallan el esqueleto de una mujer; no se sabe de quién es. Los restos son venerados en la ermita de San Pedro el Verde. La flor pasa a llamarse «Rosa de pasión».