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Asignatura: Derecho penal, Profesor: Lourdes Garnacho, Carrera: Administración y Dirección de Empresas, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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En lo que sigue me propongo mostrar que el discurso de la Administración acerca de la realidad, contribuye de manera decisiva a la construcción de la realidad social. De tal suerte que la realidad social estaría construida por la realidad propiamente dicha como por lo que la Administración dice sobre ella. Pero así como los ciudadanos se ven obligados a moverse en esa realidad mixta, simultáneamente real y construida, la Administra 0 01 Fción en cambio se empeña en desenvolverse de preferencia en el plano de lo que ella misma dice, en su propia definición de “lo qu 0 01 Fe es” y de lo que debe ser: la Administración construye e impone un mundo simbólico en gran medida responsable de la configuración del orden social y, por tanto, de la determinación de las relaciones sociales; pero, al construirlo, ella misma se distancia y aísla de la realidad-real al esforzarse en definirla, simplificarla, ordenarla y reducir su in 0 01 Fcertidumbre y ambigüedad.
Las cosas no son sólo como son, sino como se dice que son. La definición de “lo-que-es” como mecanismo de construcción de la realidad social es siempre una actividad social: no es el individuo el que define, sino que la definición procede del techo cultural del grupo y ha sido colocada allí por determinadas instituciones, o por ciertos sujetos sociales. Por supuesto, no todas las instituciones ni todos los sujetos colectivos tienen capacidad de definir la realidad para todo el mundo: requieren para ello una posición de dominación o de hegemonía que les permita decir cómo son las cosas, imponien 0 01 Fdo tal definición al conjunto de la sociedad. No vemos el mundo tal como es, sino como estamos Socialmente condicionados a verlo. La definición social de la realidad es generalmente una construc 0 01 Fción simbólica, instrumentada a través del lenguaje. La realidad social en la que vivimos, y de la que somos, producto (a la vez que hacedores), no es sólo que contenga el lenguaje como uno de sus elementos fundamentales, sino que ella misma es lenguaje: la realidad que produce el hombre es una realidad simbólica. La construcción social de la realidad deviene orden social, y cuan 0 01 Fdo dicho orden no se valora como “natural” y necesario, sino como contingente e histórico, surgen definiciones alternativas de “lo-que- 0 01 Fes” que implican una posibilidad subversiva del orden existente. En el último extremo, el poder consiste en la capacidad de decir “lo 0 01 Eque-es” y de imponer tal definición. El discurso de la realidad social no es sólo sincrónico: se nos dice cómo ha sido el pasado, del mismo modo que el futuro. El futuro se anticipa diciendo cómo será, sobretodo en términos de deber ser: el discurso político ejemplifica admirablemente lo que se acaba de decir.
Una forma instrumental y subordinada del discurso político es lo podríamos llamar el “discurso administrativo”; obviamente, lo que dice la administración sobre la realidad social es extremadamente importante, ya que produce efectos sociales. No sólo porque obliga a los funcionarios y a los ciudadanos a seguir determinados comportamientos, de suerte que si no se atienen a la pauta establecida corren el riesgo de ser sancionados por la propia Administración o por los Tribunales; sino porque lo que dice la Administración sobre la realidad constituye una definición de dicha realidad que contribu 0 01 Fye de manera decisiva a su construcción o configuración.
2. EL CRITERIO DE DEMARCACIÓN DE LA REALIDAD
La Administración pública establece cuidadosamente un criterio de demarcación, aislando así dos mundos diferen 0 01 Ftes: el mundo de lo que por ser existente es relevante para su consideración (es tenido en cuenta), y el mundo de lo que por su inexistencia es irrelevante para la Administración. Lleva a cabo esta delimitación de la realidad a considerar a través del Derecho, pues las consecuencias de que algo sea o no real para la Administración se concretan en forma de conse 0 01 Fcuencias jurídicas. La seguridad jurídica exige precisamente saber en cada momento a qué atenerse, incluso por la vía de las presunciones. En la medida en que la realidad-real es, o puede ser, problemática, se hace preciso delimitar una realidad artificial (la que figura en las actas, que es clara o, por lo menos, interpretable) frente a la realidad-real, poco clara, contradictoria, caótica. Y resulta que la realidad que cae del lado administrativo de la de 0 01 Fmarcación - esto es, la única existente- será tanto “mejor” cuanto más distante sea de la realidad-real, cuanto menos caótica, cuanto más convencional. La afirmación de que lo que no está en las actas no está en el mundo implica que el único mundo exis 0 01 F tente es el recogido y formalizado en las propias actas. La razón de ser de este artificioso mundo demarcado por la Administración, es su utilidad. La seguridad jurídica es, ante todo, la seguridad del poder. El mundo es lo que las actas dicen; o mejor, la extensión del mundo coincide con la extensión de las actas.
3. LA RACIONALIDAD DE LA REALIDAD CONSTRUIDA
La Administración no puede «procesar» la realidad social tal como es, y de aquí su exigencia de construirla de acuerdo con sus necesidades. Tal proceso de construcción introduce en la nueva realidad construida una peculiar racionalidad, un orden que contrasta con el desorden que se predica de la realidad-real y que la hace inadecuada para ser tratada directamente por la Administra 0 01 Fción. Se comprende que la Administración intente reducir por todos los medios los niveles de incertidumbre y complejidad con que se presenta la realidad, no sólo acotando como existente lo que de ella se decide que sea relevante, sino introduciendo en esa parte seleccionada prin 0 01 Fcipios de simplificación, de univocidad y de orden que la hagan ma 0 01 Fnejable; tanto más cuanto que “manejable” termina aquí significan 0 01 Fdo “modificable”, pues la Administración
Se trata ahora de ver, no lo que hemos llamado “construcción” de la realidad (a través de su demarcación y de su definición), sino la ac 0 01 Ftividad de intervención modificativa de la realidad. Y habrá que recordar que esa realidad sobre la que se actúa no es en modo alguno la realidad-real, sino realidad social compleja formada por la realidad-real y la realidad construida, entrelazadas de forma inseparable. La Administración, pues, actúa sobre esa realidad total pretendien 0 01 Fdo modificarla de acuerdo con las directrices que recibe del inundo de la política. El orden social se presenta desde el punto de vista formal como un orden simbólico, establecido en textos y articulado en palabras: un orden dicho o escrito. La reproduc 0 01 Fción cotidiana del orden es en realidad producto del consentimiento, que a su vez descansa en la legitimidad. La mediación simbólica de la acción pública hace más fácil la actuación sobre la que hemos llamado realidad construida que sobre la realidad-real. Hay una realidad “dura” que es mucho más renuente al cambio que la realidad “blanda”, escrita, dicha. La Administración vuelve así a encontrarse, a la hora de la verdad con aquella desagradable realidad que eludió conju 0 01 Frándola al decir “lo-que-era”, al definirla y regularla. El empeño simplificador y ordenador de la realidad con que la Administración ini 0 01 Fcialmente la abordó termina volviéndose contra la actuación admi 0 01 Fnistrativa, limitando de manera sensible su eficacia sobre el tejido social. Todo esto explica claramente que buena parte de las reformas acometidas por la Administración, tanto sobre el mundo social como sobre ella misma, queden en reformas “sobre el papel”: lo son, literalmente, en la medida en que buena parte del mismo empeño reformista se dirige específicamente a la realidad construida, esto es, a la realidad de papel previamente dicha por la Administración. Ésta es la paradoja de la construcción administrativa de la realidad social: que siendo la definición administrati 0 01 Fva de “lo-que-es” un elemento de extrema importancia como parte de la realidad social, la actuación administrativa sobre esa misma realidad produce resultados muy pobres y decepcionantes.