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2. MANUAL DE SOCIOLOGÍA DEL TRAB:JO Y RELACIONES LABORALES 95 Los CLÁSICOS DE LA SOCIOLOGÍA DE LAS RELACIONES LABORALES Los clásicos de la Sociología de las Relaciones Laborales corresponden a los clásicos de la Sociología como disciplina académica moderna aunque bajo una perspectiva más sa- lectiva y modificada. La centralidad del trabajo industrial para la estructuración de las sociedades modernas y la socialización del individuo —la constitución de la subjetivi- dad, dirían otros— vincula el análisis de las relaciones laborales de forma inmediata a la teoría sociológica corno tal. Si tratamos en este capítulo a algunos clásicos, lo hacemos de una forma muy selectiva eligiendo sólo aquellos aspectos de su obra que mantienen una influencia palpable en las teorías contemporáneas de las relaciones laborales. El siempre discutible criterio de seleccionar a Smith, Marx, Weber y Durkheim como clá- sicos de la Sociología de las Relaciones Laborales y dejar fuera a tantos otros como Sim- mel, Spencer, Tónnics o Schiitz se debe a la presencia directa de los primeros en los tra- bajos actuales de los investigadores de las relaciones laborales, mientras la presencia de los segundos se limita más a influencias indirectas a través de otros autores contempo- réneos. De todas formas, los autores tratados sirven como excelentes introductores a las cuestiones relevantes de la Sociología del Trabajo en general. 6.1. LA DIVISIÓN DEL TRABAJO (ADAM SMITH) La referencia al filósofo utilitarista escocés Adam Smith (1723-1790), considerado co- mo el «padre de la economía nacional», en una obra sobre las relaciones laborales se debe a su invención de una dialéctica del trabajo moderno que marca los debates has- ta nuestros días. Smith introduce la división del trabajo en todas sus dimensiones, des- de el mercado mundial hasta el interior de los talleres, como tema central de la socio- logía moderna, tema que ha ocupado gran parte de interés de pensadores posteriores de máximo calibre. Smith identifica al trabajo fabril de las sociedades industriales co- mo un enorme progreso para la humanidad y, a la vez, como una fundamental degra” dación del trabajador, una dialéctica presente en todos los clásicos y en la tradición marxista desde los primeros escritos de su fundador hasta sus trabajos más recientes. El trabajo como expresión vital del ser humano y como necesidad de garantizar la ze- producción material de la sociedad de forma organizada es desde Smith un tema cen- tral para el análisis de las relaciones laborales: N del trabajo en combinación con la nueva maquinaria representa el secreto del creci- miento económico del capitalismo. Este espectacular incremento de la productivicad mediante la división del trabajo obedece a tres razones principales (Smith 1778 (1), 47 y, por consiguiente, estas diez personas podía hacer 'cada cía más de 48.000 alfileres, cuya LECTURA 1 ADAM SMITH: LA FÁBRICA DE ALFILERES Cuál es la obra de la fábrica de alfileres: un operario de éstos, no habiendo sido educado Á: Si n del trabajo calificó de distinto artefacto), ni tenien- do noticia del uso de las máquinas que en él se emplean (2 cuya invención dio acaso motivo la división misma), apenas podría acabar, aunque aplicase toda su industria, un alfiler al día, o menos es cierto que no podría hacer 20. Pero en el estado en que hoy día se hal oficio no sólo es un artefacto particular la obra entera o total de un alfiler, sino que incluye cierto número de ramos, de los cuales cada uno constituye un oficio distinto y peculiar. Uno tira el metal o alambre, otro lo endereza, otro lo corta, el cuarto lo afila, el quinto lo prepara para ponerle la cabeza; y el formar ésta requiere dos o tres operaciones distintas; el colocarla es otra operación particular; es distinto oficio el blanquear todo el alfiler, y muy diferente, también, el de colocarlos ordenadamente en los papeles. Con que el importante negocio de hacer un alfiler viene a dividirse en 18 o más operaciones distintas, las cuales en unes cosas se forjan por distintas manos y en otras una mano sóla forma tres o cuatro diferentes. He visto un laboratorio de esta especie en que sólo había empleados diez hombres, de los que cada uno, por consiguiente, ejercía dos o tres distintas operaciones de ellas. Pero aunque eran muy pobres, y muy ma! provistos de máquinas necesarias, cuando se esforzaban a trabajar hacían cerca de 12 libras de zIfleres al día. En cada libra habría más de 4.000 de mediana magnitud cantidad partida entre diez tocaría a cada uno hacer al día 4.800. Pero si éstos hubieran tra- ' bajado separada e independientemente, sin haber sido educados por pri pios en el oficio peculiar de cada uno, ninguno ciertamente hubiera podido llegar a fabricar 20 alfileres al día, y acaso ni aún uno solo, que es tanto como de: dragésima parte, y acaso la cuadrimilésima octogentésima de los que el presente son capaces de hacer en consecuencia de una división propia y de unz juiciosa combinación de sus cife- rentes operaciones. que no haría ciertamente la vicentésima cua- SmirH, A. (1776, 1983): Riqueza de las Naciones, vol. 1, Barcelona: Bosch, pág. 45. En su famoso ejemplo de la fábrica de alfileres (Lectura 1) explica porqué la división y ss; Finkel 1994, 15): + El aumento de la destreza ción de su trabajo a una empleo de su vida». de los trabajadores como consecuencia de la reduc- solz operación y el hacer de esta operación «el único trabajo. a E * Elahorro de tiempo, que de otra forma se perdería al pasar de un tipo a EE (Ss Ye + Eluso de máquinas que facilitan y reducen el trabajo, permitiendo que un solo hombre realice el trabajo de muchos. La difusión de esta división del trabajo, según Smith la base de la «opulencia uni versal» de las sociedades civilizadas «que se extiende hasta por las clases inferiores del pucblo» (Ibíd., 50), no es «efecto de una premeditación humana» sino de la «propen- sión genial del hombre» de negociar (Ibíd., 53), lo que obliga «a l cooperación y concurrencia de la multitud» (Ibía., 54). Esta visión positiva de la división del trabajo contrasta con los efectos que identifica Smith en los individuos, abriendo así una bre- cha entre el progreso económico y el desarrollo humano. Como filósofo de la moral, Smith dedica gran parte de su obra a los impactos prejudiciales de la modemizaci n económica en los individuos y a las necesidades de una intervención pública, por ejemplo, un sistema educativo general, para prevenir y corregir estos impactos. Las consecuencias de la desigualdad entre el empresario y el trabajador así como la degra- dación del trebajado: en la fábrica moderna significan una gran preocupación para Smith (Lecturas 2 y 3). Aparte de su visión sobre la ambigúedad de la división del tra- bajo en las fábricas capitelistas cabe destacar un segundo aspecto original enla obra de Smith. En contraste con su mistificación como padre de un liberalismo mercantil de tipo laissez-faire, Smith desarrolla un concepto claro y realista de las relaciones salaria. les en la empresa. El salario del trabajo no es el resultado de la oferta/demanda en un: mercado laboral (aunque esto influye en la relación de fuerzas), como supone o predica la teoría neo- clásica de la economía, sino consecuencia de una relación de poder entre dos clases, una relación estructuralmente asimétrica, como deja bien claro Adam Smith. Con la ambigiiecad de la división del trabajo social y de la libertad del mercado laboral, así como con los efectos alienatorios del trabajo febril, Smith abrió los grandes campos temáticos de la teoría social clásica. LECTURA 2 ADAM SMITH: LA DEGRADACIÓN DEL TRABAJADOR Con los progresos en la división cel trabajo viene a reducirse a muy pocas y muy send las operaciones el empleo de la mayor parze de los individuos que de él se mantienen y forman el grañ cuerpo del pueblo. Los conocimientos de la mayor parte de los hombres se perfeccionan necesarizmente con el ejercicio de sus mismos empleos. Un hombre que gasta la mayor parte | de su vida en formar una o dos operaciones muy sencillas, casi uniformes en sus efectos, no | tiene motivos para ejercitar mucho su entendimiento, y mucho menos su invención para bus- car varios expedientes con que remover diferentes dificultades que en distintas operaciones pudieran ocurre, Casi viene a perder el ejercicio noble de aquella potencia, y aú= se hace 9 Delta Publicaciones Los Clásicos DE La SOCIOLOGÍA Dz LAS Relaciones LasoraLes 97 generalmente estúpido e ignorante cuanto cabe en una criatura racional. La torpeza de su en- tendimiento no sólo le deja incapaz de! gusto de una conversación y trato racional, sino de concebir sentimientos nobles y generosos, así como de formar aún una justa idea y un juicio sélido de las obligaciones de la vida privada. (...) Entorpece la actividad de su cuerpo y le sue- le hacer incapaz de ejercitar sus fuerzas con vigor y perseverancia en cualquier otro ejerci que no esté acostumbrado, mientras de este modo parece adquirir la destreza de su oficio pe- ' r a expensas de sus potencias intelectuales, civiles y marciales. Tal es el estado en que no puede menos de incurrir un pobre trabajador, que cquivale a decir la mayor parte del pueblo, dentro de una sociedad adelantada y culta, a'no tomarse el Gobierno el trabajo de precaverlo con el desvelo en la enseñanza. a En cierto sentido no ocurre lo mismo en las sociedades que comúnmente se llaman bárba- ras, de cazadores, pastores y aún labradores, que atraviesan aquel rudo estado de agricultura que precede al adelanto de las artes y manufacturas y a la extensión del comercio con las na- ciones extrañas. En tales sociedades, las distintas ocupaciones de cada hombre le obligan a ejercitar más su capacidad natural y a inventar medios con que vencer las varias dificultades que continuamente le salen al paso. La invención se mantiene siempre en un el entendimiento no incurre en aquella estupidez que parece cubrir en una nación luces de la mayoría. Sith, A. (1776, 1983): Riqueza de las Naciones, vol. 3, Barcelona: Bosch, págs. 99s. r ARA nr cl | LECTURA 3 ; ADAM SMITH: EL SALARIO El hombre siempre ha de vivir y mantenerse con su trabajo. Por consigl de alcanzar por lo menos para su mantenimiento.(...) Los salarios del trabajo, en todas las na- ciones, se acomodan al convenio que por lo común se hace entre estas dos partes, cuyos inte- reses de ningún modo pueden considerarse los mismos. E! Operario desea sacar lo más y el em- presario dar lo menos que puede. Pero no es difícil de prever, (...) cuál de estos dos partidos en ciertas ocasiones habrá de llevarla ventaja (...). Los empresarios o ducños, como menos en nú- mero, pueden con més facilidad concertarse, además de que las leyes, por lo regular, autorizan en éstos las combinaciones y las prohíben en los otros (...). En semejantes contiendas no pue- den dejar de llevar siempre las ventajas los dueños. Un señor de tierras, un labrador, un fabri: cante, o un comerciante rico, aunque en todo un año no empleen trabajador alguno, por lo general tendrán con qué mantenerse (...). Muchos, o los más de los operarios o trabajadores, ho podrán mantenerse una semana; pocos podrán subsistir un mes trabajar, y apenas habrá uno que lo pueda hacer un año entero. A largo espacio de tiempo, tanto el trabajador como el fabricante, el comerciante y el hacendado, se necesitarán recíprocamente, pero nunca será en los segundos esta necesidad tan inmediata. Smimx, A. (1776, 1983): Riqueza de las Naciones, vol. 3, Barcelona: Bosch, págs. 112 y 110. % Delta Publicaciones