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adaptaciones de parásitos en el hospedero y ambiente
Tipo: Diapositivas
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Rev. Salud Anim. Vol. 31 No. 1 (2009): 13- 17
(Palabras clave: evolución; procariotas; eucariotas; parasitismo)
(Key words: evolution; prokaryotes; eukaryotes; parasitism)
El surgimiento de las primeras células vivas más simples, los Procariotas, data de unos 3.500 millones de años y tuvieron como antecesor a los “progenote”. Estos organismos obtenían la energía necesaria para sus procesos metabólicos, a partir de la materia or- gánica pre-sintetizada (1). Las células procariotas, se asemejaban a las bac- terias metanógenas y clostridiales. Ellas evoluciona- ron, fundamentalmente, hacia un modo de metabolis- mo aeróbico o débilmente aeróbico durante la mitad del Precámbrico, cuando apareció la fotosíntesis aeróbica que implantó un cambio ambiental importan- te, con el aumento progresivo del tenor de oxígeno que conllevó que la atmósfera terrestre deviniera de reductora a oxidante. Esto les permitió alcanzar la mayoría de los hábitat (2). La formación de la célula eucariota es considerada como el evento más impor- tante de la evolución debido al origen de la vida misma y al establecimiento de las células fotosintéticas (3). De esas células surgieron dos troncos; uno dio lugar a Arquebacteria y Eubacteria y el otro a Eucariota (4, 5); las tres ramas a las que pertenecen los seres vivos actuales La relación y antigüedad de los diferentes grupos eucariotas, se ha establecido sobre la base de las propuestas de varios autores (3, 6, 7, 8) tomando en consideración los árboles producidos por la compa- ración de los ARN de las fracciones 18S, junto a da- tos geológicos y hallazgos fósiles. De acuerdo a esa propuesta, se estableció la relación filogenénica exis- tente entre Eubacteria y Arquebacteria. Los eucariotes, que adquirieron citoesqueleto, núcleo, flagelo/ centrosoma, mitocondrias y aparato de Golgi, a lo lar- go de su evolución dieron lugar a los miembros de Archezoa, Protozoa y posteriormente a los organis- mos pluricelulares, entre los que figuran los compo- nentes de Animalia (1). Dentro de las principales características de los eucariotas está la presencia de núcleo ( eu significa
verdadero, o bueno, y karyon almendra o nuez) con membrana nuclear que lo aisla del citoplasma. Ade- más, poseen orgánulos semejantes entre sí, en cuanto a su estructura supramolecular. Entre ellos, son im- portantes las mitocondrias que desempeñan una fun- ción fundamental en el mecanismo energético celu- lar; los plástidos de los eucariotas autótrofos y los flagelos o cilios con una organización fibrilar, presen- cia de aparato mitótico, entre otros. Además, presen- tan otros orgánulos y estructuras que faltan en los procariotes, como aparato de Golgi, retículo endoplásmico y vacuolas. La reproducción puede ser asexual o sexual y se caracterizan, bioquímicamente, por el uso de la vía Embden-Meyerhof del metabolis- mo de la glucosa, la presencia universal de las oxida- ciones del ciclo de Krebs y la maquinaria de síntesis de las proteínas (1). Origen de los parásitos El parasitismo data de millones de años (8), aun- que existen relativamente pocas evidencias fósiles de ello. Se ha notificado la presencia de huevos de nematodos en las heces fósiles de reptiles proceden- tes del Mesozoico, de la pulga Paleopsyella klebsiana e insectos procedentes del Oligoceno que estaban incluidos en el ámbar y escorpiones fósiles proce- dentes del Carbonífero (1). Todas las evidencias hacen suponer que los pará- sitos fueron, originalmente, organismos de vida libre que lograron contacto sistemático con el posible hos- pedero de lo que devino una asociación. En todos los casos, esa asociación hubo de desarrollarse gracias a la adaptación producida entre los dos organismos, lográndose finalmente un equilibrio en la misma. De esta manera, encontraron un medio bioquímico y biofísico tal que pudieron adaptarse de forma relati- vamente sencilla (1). Existen tres propuestas sobre las cuales se expli- ca la aparición del parasitismo (9):
- Ectoparasitismo Por el contrario, el modo de vida ectoparásita deviene, en muchos casos, de una asociación inicial- mente simbiótica que posteriormente se convirtió en parasitismo, o de formas predadoras que especiali- zaron progresivamente sus hábitos, alimentándose de sus presas durante períodos de tiempo cada vez más prolongados hasta que el contacto llegó a hacerse imprescindible (21). Las diversas formas de ectoparasitismo que se conocen actualmente, como el parasitismo acciden- tal, permanente, ocasional, facultativo, etc, permite deducir que se trató de un proceso de cambio de for- ma de vida que para ciertos grupos todavía es relati- vamente reciente (1). Por ejemplo los cambios de los tendencias de oviposición de organismos que eran, primeramente, de vida libre como las hembras del díptero Wholfartia magnífica, moscas de vida libre en un inicio y que se adaptaron paulatinamente a ovipositar sus huevos en úlceras o heridas (22, 23), permitieron ampliar su rango de localización a la boca, ojos o nariz del hombre y los animales. De igual for- ma ocurrió con calliforidos que han devenido parási- tos obligados y productores de myiasis cutánea (24, 25, 26) luego de un largo proceso de adaptación de sus larvas, de un tipo de alimentación a otro. En estu- dios realizados en Cuba (25) se constató la amplia extensión de hospederos y de causas primarias exis- tentes para la implantación de las larvas del gusano barrenador del ganado, Cochliomyia hominivorax , aspecto que evidencia un gran poder de adaptación para sobrevivir. De igual manera, se comprobó que C. macellaria , considerada como agente secundario en la heridas (27) puede, en determinadas condicio- nes, llegar a ser causante de myiais primaria (28), como otra forma de adaptación. La diferencia entre las adaptaciones al parasitis- mo de los mosquitos y los insectos predadores es poca, ya que la relación con sus hospederos se ha reducido a un contacto temporal en el momento de alimentarse. Otros artrópodos como los piojos, esta- blecieron contacto prolongado con los vertebrados en los que desarrollan todo su ciclo biológico. Los ixódidos, por ejemplo, han tenido que adaptarse a biotipos abiertos, a hospederos que no utilizan luga- res permanentes como refugio, como es el caso de los ungulados (1). En resumen, por lo explicado anteriormente se evidencia que los eucariotas han devenido en una amplia variedad de organismos en los cuales se in- cluyen los parásitos y que han contribuido a diversifi- car las múltiples formas de adaptación de los seres vivos acorde con las condiciones cambiantes en la evolución del planeta. REFERENCIAS