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Asignatura: Historia de Al Andalus, Profesor: Gloria Lora Serrano, Carrera: Geografía y Gestión del Territorio + Historia, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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La invasión islámica es un hecho muy importante para el periodo medieval hispano, que condiciona el devenir histórico de manera que incluso se toma como inicio de la propia Edad Media (hasta entonces tenemos en realidad una continuación de la Antigüedad, es ahora cuando se produce una ruptura brusca). El término de Al-Ándalus fue forjado por los conquistadores árabes como alternativa o sinónimo respecto de la denominación de Hispania o Regnum Visigothorum, con las que estaba identificada la Península. Acerca de su origen se proponen principalmente dos tesis: o bien se trataría de una derivación del término griego Atlantis , o bien del latino Atlanticum , hallándose hoy desechada la que lo relacionaba con los vándalos (Vandalicia o Vandalucía: territorio ocupado temporalmente por los vándalos en la Bética Romana durante los primeros años del siglo V, entre 411 y 429).
Del mismo modo, resulta un gran error el identificar Al-Ándalus con la actual Andalucía, dado que para los musulmanes, como ya se ha dicho anteriormente, Al- Ándalus hacía referencia al conjunto del territorio peninsular que había formado parte del antiguo Reino Visigodo (incluyendo así, por tanto, a la Septimania y a las Islas Baleares), en tanto que los cristianos contemporáneos aplicaron esta denominación al territorio peninsular bajo el dominio musulmán, nunca al territorio equivalente a la comunidad autónoma actual, que, sin embargo, sí se correspondería a grandes rasgos con una de las grandes divisiones territoriales de Al-Ándalus, la de Al-Mawsat (“la del centro”), enclavada entre Al-Garb (“la occidental”), Al-Xarq (“la oriental”) y Al-Tagr (las marcas, a su vez subdivididas en tres: la Marca Inferior o Al-Tagr al-Adna, la Marca Media o Al-Tagr al-Awsat y la Marca Superior o Al-Tagr al-Ala). Desde el punto de vista geopolítico, por tanto, Al-Ándalus es una realidad mudable, que va reduciéndose en extensión conforme avanza el proceso reconquistador, aunque para los geógrafos árabes, Al-Ándalus siempre será el equivalente a la Península Ibérica, independientemente de si se halla bajo control islámico o no.
La idea de asociar Al-Ándalus con la Atlántida proviene de la cultura clásica (básicamente de Platón), hacia la cual los musulmanes sentían una gran admiración, dando lugar a una imagen de país idílico para los creyentes musulmanes, una especie de paraíso en la tierra en el que sin embargo habrá que hacer frente a una dura resistencia cristiana (frente de la guerra santa contra el infiel en defensa del Islam; un enemigo escaso y aislado en el Norte pero decidido, según la descripción anónima que nos ofrece Abd-al-Malik ben Habib, un intelectual andalusí que de siglo IX; nacido en Granada en 796, formado en Arabia y Egipto, destacado historiador, jurista y médico, nombrado muftí por Abd-al-Rahman II y principal autoridad en términos jurídicos y religiosos para todo Al-Ándalus entre 847 y su muerte hacia 853-854). Esta idea de la Andalucía mora como un edén será retomada por los historiadores de los años 70 y 80, aunque como sabemos no es exactamente así.
Se trata de un término que aparece muy pronto, encontrándolo ya en una serie de monedas del año 716 (gobierno de Al-Hurr), en las que aparece vinculado al término Spania (incluso anterior: se han encontrado unos sellos de la época de Musa: 713-714). Desde el punto de vista político, Al-Ándalus haría referencia a todo el espacio bajo dominio musulmán en la Península Ibérica, y por tanto, sus límites van a variar con el tiempo (esta es la tesis que lo vincula a la entidad política, para otros sería un concepto geográfico que englobaba a toda la Península). Desde la invasión de los árabes en el s. VIII hasta el s. X formará parte del Imperio Islámico (Dar-Al-Islam), para después
independizarse en la figura del Emirato y después Califato con centro en Córdoba e ir menguando posteriormente hasta la desaparición del último reducto islámico en la Península en 1492.
Ya desde el siglo X existe un interés en la sociedad cristiana por entender la civilización y cultura islámicas firmemente establecidas al sur del Duero (básicamente entre las élites, deseosas de acceder a los productos exóticos andalusíes, y también entre los mozárabes, profundamente vinculados a ese ámbito). Los siglos X y XI son la época de los romances de frontera (valientes cristianos dedicados a guerrear en defensa de la fe y por la recuperación del trono de Toledo, idea hoy desechada por anacrónica, ya que fue fabricada con posterioridad, no existiendo durante los primeros siglos de consolidación de los núcleos cristianos; pérdida de España por los pecados de Rodrigo), mientras que el siglo XII supone la extensión por el conjunto de la Europa Occidental de la conciencia de una próspera civilización en la Iberia meridional que contrastaba ampliamente con la pobreza económica y cultural del Occidente cristiano (incomprensión general del ambiente de convivencia o coexistencia presente en la Península, tal y como puede comprobarse tras la conquista de Toledo en 1085 o tras la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, cuando los reyes castellanos Alfonso VI y Alfonso VIII, respectivamente, se comprometen a respetar la vida y propiedades de los musulmanes sometidos a su gobierno), lugar al que acuden los sabios cristianos a formarse.
Tras ocho largos siglos de dominio musulmán, la entrega de Granada a los Reyes Católicos por Boabdil el 2 de enero de 1492 significa la desaparición de Al-Ándalus como entidad política, que no sociocultural, ya que son muchos los musulmanes (ahora llamados moriscos) que continúan viviendo en la Península bajo el cetro cristiano. La mentalidad de defensa y confrontación, así como el temor a la colaboración del musulmán peninsular con turcos y berberiscos, son fundamentales a la hora de explicar el cierto olvido o pérdida de interés hacia la historia de Al-Ándalus durante los siglos XVI y XVII (período de ocupación, lapsus en la Historia de España). Sin embargo, el siglo XVIII supone un nuevo despertar del interés por la etapa andalusí en los círculos ilustrados, dentro de la tendencia general de un mayor interés por los estudios árabes u orientales. En 1760, el monje libanés Miguel Qasiri publicaba su “Biblioteca Arabico- Hispana Escurialensis” , una recopilación y análisis de la colección de documentos árabes almacenados en el Real Sitio.
Ya en el siglo XIX, la Guerra de la Independencia despertó un interés colectivo por Al- Ándalus en Europa (la oficialidad francesa y británica, gentes muy cultas, difunden una imagen muy idealizada al volver a su país, clave del surgimiento del movimiento romántico; también Washington Irving y sus “Cuentos de la Alhambra” respecto a los americanos). Se trata de una imagen irreal, idealizada, pero lo importante en este caso es el interés suscitado. El primero en escribir una Historia de Al-Ándalus es el romántico José Antonio Conde (“Historia de la dominación árabe en España” , 1820), rechazada por su poca calidad científica y exceso literario. La obra de Reinhardt Dozy (“Historia de los musulmanes de España hasta la conquista de Andalucía por los almorávides” , 1861) constituye la primera obra histórica dedicada al estudio de Al- Andalus desde unos planteamientos modernos (microhistoria), con gran trascendencia pero que a su vez presenta dos grandes problemas: que quedó inacabada y que sus planteamientos historiográficos se corresponden con los de un autor del siglo XIX (reconstrucción científica a través del estudio de documentos conservados en archivos y bibliotecas, complementados con numismática y arqueología). Sin embargo, es la obra
nostálgico, de ruptura, fue muy minoritario (intelectuales religiosos), aunque determinante para la posterior ideología del neogoticismo (no es hasta el siglo X cuando los reinos cristianos del norte asumirán la tarea de expulsar al invasor).
propuesta por Ignacio Olagüe en 1974 (en su obra La Revolución Islámica de Occidente ). Según esta controvertida teoría, los árabes no invadieron la península en 711, sino que la desaparición del Reino Visigodo fue causada por las tensiones internas entre el catolicismo oficial (representado en el bando de Rodrigo) y el arrianismo latente (no desapareció, representado por los hijos de Witiza), así como por la crisis de subsistencia. La victoria de los arrianos con apoyo bereber habría dado lugar a un acercamiento progresivo al Islam (ambas confesiones son unitarias, frente al catolicismo trinitario), que habría culminado a mediados del siglo IX con la consolidación de la singular cultura islámica andalusí. Actualmente esta tesis no recibe gran reconocimiento, ya que la conquista está atestiguada por fuentes de todo tipo, no solo textos (pactos como el de Tudmir, 713, la Crónica arábigo-bizantina de 743-744, la Crónica Mozárabe de 754 o los escritos del monje anglosajón Beda el Venerable, muerto en 735), sino también numismática (monedas árabes desde el mismo 716, con alusiones coránicas e inscripciones bilingües, como la ya citada de Spania-Al- Andalus) y arqueología.
Las distintas denominaciones que reciben los musulmanes según el teólogo bizantino del siglo VIII Juan Damasceno (675-749), cuya obra De Haeseribus (“acerca de la herejía”) constituye una de las primeras contestaciones teológicas cristianas ante la emergencia del Islam, con gran influencia en la actitud posterior de la Iglesia Católica: ismaelitas o agarenos (como descendientes de Ismael, hijo de Abraham y de la esclava Agar), también sarracenos (al haber sido supuestamente alejados por Sara, la esposa de Abraham que no pudo darle hijos sino hasta muy tardía edad). Se refiere a los árabes como un pueblo que, previa adopción del Islam, era pagano e idólatra (menciona dos divinidades: la estrella de la mañana, es decir, el Sol, y Afrodita, a la que llamaban de otra forma en su propio idioma) pero que, bajo el influjo de Mahoma, personaje al que califica de falso profeta, adopta una forma herética de adorar a Dios. Para Juan Damasceno, la herejía islámica se formó a raíz del contacto azaroso de Mahoma con el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como con algunos monjes cristianos (gran parte de la teología del Islam proviene del judaísmo y el cristianismo, religiones con las que entró en contacto a raíz de su oficio de comerciante), aunque lo primero es poco probable porque parece ser que Mahoma era analfabeto.
Habla asimismo de una falsa actitud piadosa para ganarse el favor de las gentes y de una falsa revelación divina como origen de las escrituras islámicas, es decir, el Corán (según la tradición islámica, la revelación fue obra de Dios/Alá por medio del arcángel Gabriel;
en el Islam, los ángeles como criaturas intermediaras entre lo divino y lo humano, siervos leales de Dios que pueden aparecerse de diversas formas pero en los que es obligatorio creer), que Juan Damasceno define como un libro compuesto por doctrinas ridículas y poco fiables. Asimismo, el Corán menciona más de 20 profetas (Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús), entendidos como figuras enviadas por Dios a las distintas comunidades en diferentes momentos históricos para promover la fe verdadera y desplazar a cualesquiera otras creencias heréticas. Mahoma sería el último de los profetas, enviado con la misión universal de devolver la pureza del mensaje inicial divino, corrompido a lo largo de los siglos (en este sentido, según la tradición musulmana, no se trata del creador del Islam, sino del restaurador o regenerador de la fe monoteísta con origen en Adán). Es descrito como una persona cercana a la perfección, con unas grandes habilidades espirituales, políticas, militares y sociales, difusor de la revelación divina entre las diversas tribus de Arabia (aun cuando nunca pudo ser el autor del Corán dado que no sabía escribir; la mayoría de los musulmanes están de acuerdo en que se trata de una compilación realizada por Zayd ibn Thabit en tiempos del primer califa, Abu Bakr) y predicador junto con sus discípulos en la ciudad de La Meca durante trece años hasta que la persecución de las autoridades le obligó a huir hacia Medina en el año 622, evento que se conoce como la Hégira (migración) y que marca el inicio del calendario islámico.
La cadena onomástica: elemento fundamental en la sociedad andalusí (de la sociedad islámica en general), al constituir la forma en que se identifica a un individuo, así como una fuente de incalculable valor a partir de la cual puede extraerse gran cantidad de información acerca de los personajes históricos y su posición dentro del orden social. Grandes diferencias respecto al modelo cristiano occidental, pero también cabe distinguir entre la onomástica islámica clásica y la moderna. La onomástica musulmana se compone de varios elementos:
El texto incluye dos fragmentos: el primero constituye una inscripción epigráfica que refleja la orden dada por una de las esposas o concubinas del rey taifa sevillano Al-
la rutina de los musulmanes, que pasan a celebrar una gran reunión familiar tras la puesta de sol para romper el ayuno.