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Descripción obra Kandinsky : Amarillo, rojo, azul.
Tipo: Apuntes
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“Amarillo, rojo, azul” Kandynsky
a figurativa. Hasta el siglo XX la pintura siempre había estado sujeta a la representación, de manera real, simbólica o esquemática, de la figura. Sin embargo, con Kandinsky por primera vez se renuncia a la figuración y se defiende la verdadera naturaleza de la pintura: la combinación de manchas de color sobre un lienzo o cualquier otra superficie.
El cuadro aparece dividido en dos partes sobre un fondo plano que representa un espacio impreciso definido con la ayuda de colores pálidos. En la parte izquierda, domina el amarillo, rodeado de líneas oblicuas finas y aceradas que recuerdan la forma triangular. En la derecha un círculo azul está parcialmente cubierto por una línea ondulante negra y cuadrados rojos. La disposición de los diferentes elementos no deja nada al azar, consiguiendo crear una fuerte tensión entre las diferentes formas y valores cromáticos. El ritmo, omnipresente en las obras de esta época, se consigue mediante violentos contrastes de color que otorgan vitalidad a la composición. El conjunto adquiere una dimensión cósmica y espiritual. El cuadro puede ser interpretado como el enfrentamiento entre el amarillo y el azul que, sin duda, simboliza la oposición entre el día y la noche.
CONCLUSIÓN: El camino iniciado por los impresionistas culmina con Kandinsky y la Abstracción de manera que la pintura se reivindica como algo que no tiene que estar sujeto a la representación de la realidad, independizándose tras miles de año de dependencia de la figuración y cuyo valor está en su propia naturaleza y color.
se pueden observar ciertos elementos relacionados con la realidad. En la parte de la derecha dos amantes y una pareja de observadores. En la parte central dos lanzas sujetadas por dos cosacos con sombrero rojo y a su lado un cosaco con barba blanca y en la parte de nuestra izquierda dos cosacos con gorro rojo que parecen estar en una batalla y el arco iris.
Kandinsky participó junto a otros miembros del grupo expresionista “Der blaue Reiter” en el desarrollo de las vanguardias y su camino hacia una abstracción pictórica, que se impondría en la segunda mitad del siglo XX.
Pintar un cuadro es para kandinsky llenar una superficie de líneas y colores en una cierta armonía que suscite estados de ánimo en el espectador. En el caso de sus obras, la sensación que transmiten es de felicidad y alegría, como en esta obra, que consigue gracias a la simplicidad de las geometrías y la variedad y luminosidad de los colores primarios que dan título al cuadro.El cuadro queda dividido en dos partes que focalizan la atención de forma desigual y que se presentan el uno frente sobre un fondo atmosférico pintado de colores violáceos, verdes, amarillos y acules.
La parte de la izquierda, en la que domina el color amarillo, presenta líneas finas, rectas, curvas, paralelas y perpendiculares, que parecen dispuestas y ordenadas en torno a una superficie triangular. En la de la derecha vemos un círculo azul cubierto en parte por una línea negra y cuadrados rojos, que unen ambas partes del cuadro.
La aparente arbitrariedad de los diferentes elementos en el cuadro no es al azar, consiguiendo crear, por contraposición entre ellos, tensiones entre los diferentes elementos, formas y valores cromáticos.
El ritmo es el elemento clave de sus obras y lo consigue gracias a contrastes de colores que otorgan vitalidad a la composición, como en este caso, en el que el azul y el amarillo parecen
enfrentarse uno al otro. De ese enfrentamiento surge el color rojo, que sitúa entre ambos, como resultado de la virulencia de la “contienda”.
Algunos autores han querido reconocer formas animales “enmascaradas” en los elementos geométricos y los colores pero basta con conocer un poco las teorías artísticas del pintor para darse cuenta de que quizá la arbitrariedad no esté tanto en los elementos plasmados en el cuadro como en la forma de percibirlo y la necesidad innata que todos tenemos de buscar esa forma reconocible que nos haga comprender mejor el contenido de la obra, que es lo mismo que nos va a impedir apreciarla en su plenitud, es decir, dejándose llevar por lo que las formas libres y los colores nos quieren contar, tal y como los concibió el artista.
La Abstracción pictórica surge como una verdadera revelación entre los cuadros expresionistas pintados por W. Kandisnky en Baviera. Porque uno de ellos que se hallaba colocado boca abajo carecía así dispuesto de cualquier referencia figurativa y se había reducido nada más a formas y colores. Y frente a él, Kandisnky comprendió que había encontrado así el camino hacia una pintura pura y plena. Es cierto que la aportación de algunas Vanguardias y especialmente del Cubismo o el Futurismo habían avanzado enormemente en la reducción de la figuración en la pintura. Pero aún no se había llegado a su desaparición total. Kandisnky sin embargo iniciará una nueva andadura en la expresión plástica prescindiendo totalmente de cualquier referencia figurativa o real y dejando que la obra de arte descanse únicamente en los elementos que son propios de su lenguaje. De esta forma se ha de conseguir, nos dice él mismo, que la pintura nos traslade a un estado intelectual de pureza y misticismo equiparable al que nos eleva la música, pues lo mismo que las notas musicales (que en sí mismas son abstractas), en su disposición armónica nos producen sensaciones y sentimientos diversos, así los colores y las formas (que en sí mismos también son abstractos), dispuestos igual de armónicamente en un cuadro, han de provocar en el espectador iguales sensaciones y sentimientos.
En el caso que nos ocupa, la libertad plena a la que se abre la pintura a través de la abstracción, permite utilizar todos los recursos de su lenguaje sin ninguna limitación, la que normalmente venía dada por la temática o la figuración que sometía el trabajo del autor. Ahora no, basta dejar volar la imaginación y propiciar desde el pincel que las líneas, las formas diversas, las sombras y las luces, los volúmenes, y sobre todo el color, baile a nuestro antojo por el recinto que nos limita el marco del cuadro. Es como si ese pequeño reducto se convirtiera en un espacio reservado a los sueños, o como si se abriera una ventana a un mundo ajeno a la realidad donde aletean sentires y vivencias. Pero sin referencia alguna a lo concreto, que es tanto como decir, sin relación ninguna con la vida física y tangible, y sólo volcado a la relación con lo puramente espiritual. De ahí la propuesta de Kandisnky de apoyar nuestra espiritualidad en el arte, dejando que sea esa sinfonía de líneas y colores en perfecta armonía la que propicie nuestros estados de ánimo, que casi siempre en sus cuadros parecen emplazados al contento. Porque esa es la sensación que transmiten las obras abstractas de Kandinsky, la de una alegría que deriva de la sencillez de formas que pululan por el cuadro, danzarinas y vivaces, de sus geometrías tan sencillas, y sobre todo de la intensidad y la luminosidad del color, en este caso dominado por un azul de mil matices, pero también de amarillos y violetas, rojos y morados, que engalana el lienzo y lo convierten por sí solos en pintura plena y pura.
http://www.abc.es/cultura/arte/20151020/abci-expo-kandinsky-madrid-201510192127.html
Tema. No existe como tal. Al igual que ocurre con otras propuestas abstractas el tema desaparece al concebirse el cuadro como una simple superficie plana de formas y colores. Se ha renunciado, por tanto, a una de las características propias de la pintura clásica: la representación del mundo. Frente a ello, el autor pretende un arte desligado del entorno, una especie de objeto
En este sentido, el objetivo último es crear todo un nuevo ambiente al hombre que devuelva al orden y el equilibrio. De hecho, el cuadro se pensaría para un lugar concreto, en relación con la arquitectura y hasta el propio mobiliario, lo cual estaría adelantando una idea tan actual como la del diseño como una forma de mejorar la vida cotidiana. (Estas ideas se terminarán aplicando a la arquitectura, con planos que se intersecan, como un cuadro de tercera dimensión).
Este cuadro con su título programático es la obra principal de Kandinsky durante la época de Weimar. La estructura compositiva básica está determinada por los colores primarios. Los colores, al igual que en la escala cromática (izquierdo a oscuro derecho) están graduados de claro esquematismo del lienzo y lo convierten en un entramado de correspondencia.
La parte derecha es oscura, pesada y dramática y se encuentra sobre un fondo amarillo claro. Estos dos centros contrapuestos están unidos por las superficies rojas y del otro cuadrado gris en el centro.
La forma ajedrezada blanca y negra de este cuadrilátero enlaza con el acompañamiento negro de la mitad azul, como la línea ondulada a modo de látigo, el círculo y la diagonal; Así como el acompañamiento blanco de la mitad amarilla, los semicírculos alineados sobre la línea negra. De esta forma se establece una relación y, a la vez, se acentúenlas polaridades dentro del cuadro.
Así pues, este cuadro es un ejemplo de oposición y mediación de la representación abstracta de contrastes elementales.
En De lo Espiritual en el Arte, habla de una nueva época de gran espiritualidad y de la contribución de la pintura a ella. El arte nuevo debe basarse en un lenguaje de color y Kandinsky da las pautas sobre las propiedades emocionales de cada tono y de cada color, a diferencia de teorías sobre el color más antiguas, él no se interesa por el espectro sino sólo en la respuesta del alma.
En la derecha, un círculo azul está parcialmente cubierto por una línea ondulante negra y cuadrados rojos. La disposición de los diferentes elementos no deja nada al azar, consiguiendo crear una fuerte tensión entre las diferentes formas y valores cromáticos. El ritmo se consigue mediante violentos contrastes de color, que otorgan vitalidad a la composición. El conjunto adquiere una dimensión cósmica y espiritual.
El cuadro puede ser interpretado como el enfrentamiento entre el amarillo y el azul, que, sin duda, simboliza la oposición entre el día y la noche.
Nota: En Punto y línea sobre el plano, Kandinsky expone su concepción de las fuerzas inherentes a las formas y a los colores como vehículos de emoción, expresión, tensión y dinamismo. Es posible crear asociaciones naturales entre el amarillo y el triángulo, el círculo y el azul, el cuadrado y el rojo.
Publica «De lo espiritual en el arte», un hermoso y poético tratado de experimentación pictórica que se convirtió en su gran testamento artístico. Gracias a él conocimos las conexiones entre forma y color: la afinidad entre el amarillo y el triángulo, el rojo y el cuadrado, el azul y el círculo... y nos enseñó a descubrir la cara más espiritual del arte: «El artista es la mano a través de la cual hace vibrar el alma humana», escribe. También en 1911 funda, con Franz Marc, El Jinete Azul, grupo expresionista al que se sumarían otros artistas como Macke y Jawlensky.
Pero es de sus años en la Bauhaus (1922-1933) donde recalan algunos de los cuadros más importantes. Es el caso de «En Blanco II» (1923), «Sobre puntas» (1928), «Acento en rosa» (1926) y, sobre todo, «Amarillo-rojo-azul», de 1925, el cuadro más importante de su periodo en la Bauhaus, en el que «espacializa» el color. De sus últimos años parisinos admiramos lienzos como «Composición IX» (1936) –la más importante de las diez que pintó–, «Cielo azul» (1940) –se aprecia una clara influencia de la iconografía biomórfica de Miró– y «Acuerdo recíproco» (1942), uno de los dos cuadros que velaron el 13 de diciembre de 1944 el cadáver de Kandinsky en su taller de París. Debido a la escasez de materiales para pintar durante la guerra, emplea Ripolin, que se usa para pintar paredes. La exposición se completa con un diaporama con fotografías del pintor y su entorno en la Bauhaus, y una película que nos desvela el proceso creativo del artista, al igual que hizo Clouzot en «El misterio Picasso».
En 1933 a París, considerado “arte degenerado” por los nazis. En la capital francesa hasta 1944, viviendo tranquilo entre la vorágine de la II Guerra Mundial, el legado de los surrealistas y el protagonismo de Picasso. Allí pintó este “Amarillo, rojo, azul” en 1925, allí se quedó por decisión de su viuda, expuesto en el Centro Pompidou.
Miro de izquierda a derecha y siento que hago un viaje. De derecha a izquierda que retrocedo, que retorno al punto de inicio. El amarillo me llena de luz, el rojo de energía y el azul de paz y serenidad. Aunque también hay espacio para el verde, “el color más sosegado” según Kandinsky, quizás por eso lo utilizó para esa zona a la izquierda que evoca las formas biológicas hacia las que derivarían años después sus imágenes en la ciudad de la luz. Las líneas –curvas, rectas, paralelas, diagonales, más horizontales que verticales- nos llevan desde el aquí hasta el allá, combinadas generan ilusión de perspectiva y profundidad, crean redes que atrapan colores. Pero si un elemento destaca como el pilar de toda la composición, sosteniendo invisiblemente lo que vemos, son los círculos. Discretos, pero protagonistas, tranquilos, pero directivos. El punto de origen de la energía que hace funcionar a los demás elementos, que les coordina y les dirige, que les da sentido y razón de ser. Son el principio y el fin. Son el todo.
https://dramaturgiados.wordpress.com/2013/04/29/kandinsky-linea-y-punto-sobre-el-plano/
http://www.lazonamuerta.com/2012/01/kandinsky-punto-y-linea-sobre-el-plano.html
https://html.rincondelvago.com/punto-y-linea-sobre-el-plano.html
http://lineassobrearte.com/2015/07/06/kandinsky-y-la-sinfonia-de-los-colores/
https://otraformademirar.org/2010/06/28/los-colores-segun-kandinsky/
http://lacarnemagazine.com/sinestesia-sonido-color-sentimiento-kandinsky/
El desarrollo de Kandinski hacia la abstracción encuentra su justificación teórica en Abstracción y empatía de Wilhelm Worringer, que se había publicado en 1908. Worringer argumenta que la jerarquía de valores al uso, basada en las leyes del Renacimiento, no es válida para considerar el arte de otras culturas; muchos artistas crean desde la realidad pero con un impulso abstracto, que hace que las últimas tendencias del arte se den en sociedades menos materialistas.
Kandinski, al igual que Piet Mondrian, estaba interesado también en la teosofía, entendida como la verdad fundamental que subyace detrás de doctrinas y rituales en todas las religiones del
Los dos metros de ancho amarillo- rojo-azul (1925) se componen de varias formas: un rectángulo vertical amarillo, una cruz inclinada roja y un gran círculo azul oscuro, una multitud de líneas negras rectas (o sinuosa), arcos circulares, círculos monocromáticas y dameros de colores dispersos, contribuyendo a su delicada complejidad. Esta simple identificación visual de las formas y de las masas principales de los colores presentes en el lienzo son solo una primera aproximación a la realidad interna de la obra, cuyo reconocimiento exige la observación más profunda, no solo de formas y colores que intervienen en la obra, sino su relación absoluta, las posiciones relativas en el lienzo y su armonía.
Kandinski fue uno de Die Blaue Vier (Blue Four), formada en 1924 con Paul Klee, Feininger y Alekséi von Jawlensky, que dio conferencias y exhibió en los Estados Unidos en 1924. Debido a la hostilidad de la derecha y a la izquierda de la Bauhaus de Weimar, se establecieron en Dessau en 1925.4 Después de una campaña de difamación nazi de la Bauhaus Dessau en 1932 se marcha a Berlín, hasta su disolución en julio de 1933. Kandinski luego abandonó Alemania y se estableció en París.