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Asignatura: america prehispanica, Profesor: departamento américa ucm, Carrera: Historia, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Conceptos generales. Medio Ambiente y Poblamiento de América. Cuando hablamos de la América prehispánica, precolombina, precolonial o precortesiana nos estamos refiriendo al periodo anterior a la llegada de los españoles a América, cuando en tan vasto continente se desarrollaban tan diversas y complicadas culturas indígenas, todas ellas marcadas por un fuerte contenido religioso que marcará el desarrollo de toda su historia. Como veremos, la religión, primera estructura básica de toda organización social, ha regido la vida de los pueblos prehispánicos, especialmente de las grandes civilizaciones precolombinas. En 1875 se celebró el Primer Congreso Internacional de Americanistas en Nancy (Francia), evento que dio a luz al americanismo (ciencia antropológica, etnográfica y arqueológica que estudia el pasado y la cultura de los indígenas del Nuevo Mundo). Desde entonces este congreso se celebra cada dos años, alternándose Europa y América como lugares de encuentro. En el se reúnen especialistas del área de la América prehispánica de todo tipo (historiadores, etnólogos, arqueólogos, antropólogos...). A partir del siglo XX se han unido también expertos en la historia moderna y contemporánea de América. En el Congreso de 1875, se establece como término más correcto para designar el arte, la cultura, la religión, etc. de las poblaciones indígenas que habitaban el continente antes de 1492, el de América Prehispánica, haciéndose así referencia a la presencia constante de españoles en esta área después de la consabida fecha. Se desestimaron otras acepciones porque estas culturas siguieron existiendo después de la llegada de Colón (luego no son sólo precolombinas), después de las colonizaciones (luego no son sólo precoloniales), etc. Sin embargo, todos estos términos se seguirán usando como sinónimos.
El descubrimiento “oficial” de América es uno de los mayores acontecimientos de toda la Historia Universal. Como sabemos esto se produjo el 12 de Octubre de 1492, fecha en la que Cristóbal Colón, marino de nacionalidad dudosa, después de un largo viaje de dos meses y medio, llegaba a la actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, isla que los marineros bautizaron entonces con el nombre de San Salvador. El objetivo inicial de este viaje, respaldado por la Corona de Castilla y por los Reyes Católicos a través de las Capitulaciones de Santa Fe, era encontrar nuevas rutas comerciales hacia oriente. Nos encontramos en pleno Renacimiento (siglos XV y XVI) momento en el que se revive el estudio de los grandes científicos, literatos, artistas, etc., de Grecia y Roma. Así, Colón estará
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muy familiarizado con las mediciones y conclusiones de cartógrafos clásicos de la talla de Anaximandro, Ecateo, Eratostenes o Posidonio quienes además de deducir de forma intuitiva que la tierra era redonda hallaran una serie de medidas de la misma. Estas medidas, como se comprobará después, no serán del todo correctas cosa que influirá de manera decisiva en el viaje de Colón. Colón iniciará su aventura esperando arribar en el este de Asia, en la India y sin embargo lo que conseguirá es encontrar un Nuevo Mundo, un nuevo continente al que después se conocerá con el nombre de América. Sin embargo y como se ha señalado en muchas ocasiones, la importancia de Colón no radica en haber llegado hasta América, pues como veremos, no había sido el primero, sino en conseguir volver, es decir, en establecer una ruta. Antes de adentrarnos en el estudio de las culturas prehispánicas de América es importante hacer un balance de la condición geográfica de este territorio así como de sus características ambientales, cosa complicada debido a la amplia extensión en la que nos movemos. El continente americano se divide en dos partes que de forma esquematizada podríamos decir que equivalen a dos triángulos invertidos, cada uno de los cuales corresponde a América del Norte y América del Sur, unidos ambos por una estrecha franja de tierra denominada América Central y separadas por el canal de Panamá. La superficie total de todo el continente ocupa 42 millones de kilómetros cuadrados, que se reparten de la siguiente manera: América del Norte tiene 23 millones de kilómetros cuadrados, América Central un millón y América del Sur 14 millones. América está separada del Viejo Mundo por dos inmensas masas de agua, el océano Atlántico y el océano Pacífico. Sólo por el norte, está casi unido al continente asiático (les separa únicamente una pequeña franja de agua denominada el estrecho de Bering). Este aislamiento ha condicionado de forma determinante su desarrollo cultural.
América es además el continente más largo, en distancia norte-sur, de todo el planeta. Por ello es posible distinguir en este continente todos los tipos de climas que se dan en el planeta. Si a esto le añadimos la gran variedad topográfica que posee, obtenemos una diversidad inigualable de paisajes.
Norteamérica se puede dividir en cinco importantes regiones fisiográficas. La mitad oriental de Canadá, al igual que la mayor parte de Groenlandia y secciones de los estados de Minnesota, Wisconsin, Michigan y Nueva York, en Estados Unidos, son parte del Escudo Canadiense (o macizo Laurentiano), que es una región mesetaria. La segunda región consta de una llanura costera, que ocupa la mayor parte del este de Estados Unidos y México. En
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En cuanto a la vegetación, es también inmensamente variada dependiendo de la zona concreta donde nos situemos. Por ello también los cultivos son muy heterogéneos, así como la fauna y la flora. En Norteamérica abundan los bosques de coníferas, que cobran protagonismo en gran parte de Canadá y Alaska. También existen bosques mixtos en la región este de América del Norte, aunque cada vez con menos importancia debido al incremento de las talas. Los bosques tropicales de México se caracterizan por su gran variedad de especies, tropicales (árboles como el huayacán, caoba o cedro), de coníferas (abeto, cedro blanco, oyamel o pino), y bosques mixtos (con especies como el encino, fresno nogal o roble). Actualmente en la zona mejicana es importante destacar la labor agrícola sobresaliendo los cultivos de caña de azúcar, maíz, frijoles, sorgo, el trigo, el café, la naranja, el mango, la papaya, el limón y la lima, la uva, etc. Pero quizás la zona agrícola más grande e impresionante sea el cinturón del maíz ( Corn Belt ), una parte del Medio Oeste estadounidense (desde el oeste de Ohio al este de Nebraska), que produce las mayores cosechas mundiales de maíz; además proporciona importantes cantidades de otros cereales, brotes de soja, ganado vacuno y porcino.
En Centroamérica hay una gran variedad de plantas, y la vegetación es similar a la que existe en Norteamérica y Sudamérica. Las tierras bajas de selva tropical de las costas caribeñas y del Pacífico se parecen a la selva o floresta tropical de Sudamérica. Esto es especialmente cierto por debajo de los 1.000 m, donde son abundantes palmeras, helechos arborescentes, lianas y epifitas (plantas aéreas), que reflejan el alto grado de humedad y de precipitaciones de la región. La vegetación muestra similitudes con la de Norteamérica a altitudes localizadas entre los 1.000 y 1.600 m. Los bosques de pinos y robles de las tierras elevadas se parecen a los de México. En las regiones altas de Guatemala crecen hierbas similares a las que crecen en México y Estados Unidos. La agricultura es la base del desarrollo económico de Centroamérica. Los más importantes cultivos para la exportación son el café, las bananas, el azúcar de caña, el cacao, el caucho y los cacahuetes (maní). También cultivan productos de subsistencia para el consumo propio como maíz, frijoles, bananas, yuca y arroz.
Por último tenemos que indicar la vegetación y los recursos propios de Sudamérica, intensamente relacionados con las áreas climáticas. La selva de clima tropical y húmedo está cubierta de densa vegetación y bosques. La región boscosa más grande del mundo, que cubre gran parte de la Sudamérica ecuatorial, se extiende desde la costa brasileña a las faldas de los Andes orientales, y alberga toda clase de maderas duras, helechos arborescentes, bambú, palmeras y lianas. Los bosques de árboles de hoja caduca o semicaduca se encuentran en el sur de Brasil y a lo largo de las laderas de los Andes. En el sur de Brasil los bosques se abren
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para dar paso a zonas de praderas onduladas interrumpidas por colinas arboladas. En la costa del Pacífico, hacia el norte, la vegetación de la floresta cambia gradualmente a través de bosques abiertos, dando paso a arbustos y hierba en la parte central de Chile, y a la maleza y vegetación desértica masiva en el norte de Perú, alcanzando los flancos más elevados de la cordillera de los Andes. Las formas más intensivas del comercio agrícola se realizan cerca de las ciudades; los principales productos son los perecederos: vegetales, frutas y otros de consumo diario. La producción de alimentos básicos como tubérculos, maíz o frijoles está más dispersa. En muchas regiones estos cultivos son de subsistencia y se realizan sobre terrenos y climas desfavorables. El trigo y el arroz exigen terrenos y climas más apropiados. El café es el cultivo tropical más importante. Su producción se concentra en tierras altas, principalmente en el sureste de Brasil y en las regiones centrales y occidentales de Colombia. El cacao o chocolate se cultiva en el este de Brasil y en el occidente central de Ecuador. En todo el trópico se cultivan plátanos y caña de azúcar con destino al mercado interno. En cuanto a la fauna, es importante destacar que el continente americano, de forma general, desarrolla especies de animales más pequeñas. El tamaño de los animales, al igual que en todas las culturas del mundo, es un factor determinante para el desarrollo de la industria y las técnicas de caza. En Norteamérica la fauna es numerosa y diversa, destacando los grandes mamíferos como los osos, el carnero canadiense, el oso hormiguero, el ocelote, el venado, el bisonte, el alce, etc. También hay numerosos reptiles aunque pocos son venenosos como la víbora, la serpiente coral, el monstruo de gila y el lagarto de cuentas. Es destacable también la gran cantidad de pescado, alimento base de la zona ártica, especialmente de Groenlandia. En Centroamérica, al igual que ocurre con la flora, existen animales típicos de América del Sur como a zarigüeya, el jaguar, el margay y el ocelote y otros más representativos de América del Norte como el puma, el zorro gris y el coyote. También son destacables la presencia del oso hormiguero, del manatí, la iguana y la tortuga verde (estos tres últimos se cazan por su carne), boas, quetzales, tucanes, papagayos, tiburones... En Sudamérica se caracteriza por la gran variedad así como la poca afinidad con la fauna de otros continentes, incluido Norteamérica. En ella se han desarrollado familias de mamíferos que no existen en ninguna otra región del mundo, entre ellas dos clases de monos totalmente diferentes de los del Viejo Mundo, murciélagos chupadores de sangre y una gran variedad de roedores. Otros animales característicos del subcontinente son: la vicuña, la alpaca, el jaguar, el pecari, el oso hormiguero y el coatí. La variedad de aves es aún mayor debido a su aislamiento y singularidad. Se encuentran alrededor de 23 familias y 600 especies de pájaros exclusivamente neotropicales, y bajo esta clasificación se puede determinar también gran parte de otras familias, como las de los colibríes (500 especies), tanagras y guacamayos, junto
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une con la del foco de Piedmont, en las Montañas Rocosas, constituyendo así una amplia superficie helada que se extendía desde las costas del pacífico hasta las del Atlántico. A partir del Paleolítico Superior se produce la llamada “retirada de New Haven” (15.000 a.C.), abriéndose el pasillo entre el foco de Piedmont y el resto de los hielos y dando paso así a manadas de animales y bandas humanas. Entre el 9.000 y el 8.500 a. C. se produce la retirada definitiva de los hielos y este pasillo se hace cada vez más ancho. Existen diferentes teorías acerca de los orígenes humanos y culturales de América. José de Acosta planteó por primera vez que el poblamiento de América podía haberse producido por migraciones desde Asia que atravesarían el estrecho de Bering (en aquel tiempo probablemente un ancho puente de tierra salpicado de lagos) y Alaska para adentrarse en el vasto continente americano y recorrerlo de norte a sur. Esto explicaría la presencia en América de elementos raciales considerados mongoloides (mancha mongólica, pliegue cigomático, atrofia en el párpado superior, etc.), rasgos que también están presentes en Oceanía. Sin embargo, otras hipótesis (Paul Rivet) defienden que el poblamiento de Sudamérica se produjo por incursiones de australianos y polinesios que habrían dejado sus huellas raciales, lingüísticas y culturales en las poblaciones del subcontinente. También se ha propuesto la tesis de que la zona andina septentrional tuviera influencia de las culturas niponas. Sin embargo la teoría más aceptada es la primera de las tres que hemos expuesto. El Paleolítico o Lítico americano se divide en dos etapas: el Inferior y el Superior. El Paleolítico Inferior se caracteriza por la fabricación de instrumentos líticos mediante la técnica de percusión (núcleos y lascas), así como instrumentos de hueso y probablemente también de madera. Destacan los yacimientos de Old Crow de hace entre 27.000 y 32. años, en Alaska donde se ha hallado una industria ósea y lítica a base de instrumentos toscos de huesos grandes y guijarros, el de Lewisville (datado aproximadamente entre 37.000 y 38.000 AP, en Texas), El Cedral , en México (en torno al 30.000 a.C.), Pikimachay , en Perú (19.000 a.C.) y uno de los más importantes, el de las cuevas de Toca de Boqueirao da Pedra Forada y Toca do Sitio do Meio , en Brasil (de entre el 19.000 a.C. y el 29.500 a.C.). El Paleolítico Superior comienza hacia el año 15.000 a.C., como ya hemos dicho antes, con la “retirada del New Haven”, con la consiguiente entrada de nuevas poblaciones con industrias líticas y una economía más desarrollada. Tecnológicamente se caracteriza por la utilización de técnicas de percusión y presión en la elaboración de los instrumentos, ahora mucho más finos y perfectos, destacando las puntas de proyectil que permiten aumentar la capacidad de los cazadores. Otros autores han defendido otros tipos de contactos posteriores al poblamiento procedentes de diversas zonas del mundo que llegaron a diferentes puntos del continente 7
destacando la tesis defendida por Heine-Geldern, Ekholm, Covarrubias y otros según la cual pueden detectarse importantes corrientes culturales procedentes de la India, el sudeste asiático e incluso China, entre los siglos VIII y X de nuestra era. A finales del siglo XV y con el “descubrimiento de América”, se terminará la influencia cultural moderada y casi imperceptible de las culturas del Viejo Mundo, para dar lugar a una imposición total de rasgos culturales (lengua, religión, arte) por parte de españoles y portugueses, en un principio y más tarde también franceses, holandeses e ingleses hacia la población indígena del continente americano.
Metodología de estudios de las culturas americanas. Áreas nucleares y áreas periféricas. En este tema vamos a intentar tratar los rasgos culturales propios de las culturas de la América Prehispánica, así como las zonas más importantes en las que nos centraremos y delimitaremos los diferentes periodos en los que se divide la franja histórica que vamos a estudiar. La “revolución neolítica” de América llegará a partir de la deglaciación total a la que hemos hecho referencia en el tema anterior (9.000-8.500 a.C.). Geológicamente, significó la retirada definitiva de los hielos, un aumento de las temperaturas y de la sequedad ambiental, aumento que continuará hasta el año 2.000 a.C. A partir de dicha fecha y hasta el año 1. a.C., se producirá un pequeño avance glacial que dará lugar a un clima más húmedo y frío hasta alcanzar las condiciones actuales. Estos cambios climáticos provocaran entre otras cosas la extinción de numerosas especies animales. Esta extinción, causada también en cierta medida por la labor de los cazadores, provocó que las sociedades empezaron a evolucionar hacia el sedentarismo desarrollándose así la agricultura e incluso, la ganadería, para suplir las carencias proteínicas provocadas por la ausencia de animales de caza.
Generalizando de un modo peligroso señalaremos tres carencias de las culturas neolíticas de la América prehispánica con respecto a Europa.
Ya hemos señalado anteriormente la ausencia del animal de tiro así que no nos extenderemos más en este apartado. Si bien destacaremos aquí una anécdota en referencia a dos animales. Las llamas tuvieron una gran importancia en el desarrollo de la historia de América Prehispánica e Hispánica. Este animal fue aprovechado por los españoles para el transporte de mercancías de forma excesiva hasta el punto de que Carlos I tuvo que prohibir a través de un real decreto la carga de más de 25 kilos en cada animal. Otro de los grandes 8
Es reseñable también el hecho de que el Estado en el que se organizan de forma general las sociedades precolombinas es comunitario, es decir, no existe la propiedad privada, todo es de todos, la carne y las cosechas se reparten desde la elite social, la casta sacerdotal. Otro rasgo cultural digno de ser nombrado es la gran diversidad de lenguas indígenas que conviven en tan ancha extensión de tierra. En el Nuevo Mundo se han podido aislar aproximadamente 2.000 idiomas y dialectos que se pueden agrupar en 17 grandes familias y 38 pequeñas familias, además de varios cientos de lenguajes sin clasificar. Las lenguas indígenas se caracterizan por ser lenguas polisintéticas con muchas series de verbos y desinencias. En relación con este problema debe decirse que la expansión de algunos pueblos en época precolombina así como la misión evangelizadora de los españoles, hicieron que determinadas lenguas como el náhuatl , el quechua y el guaraní , se transformasen en “lenguas generales”, que acabarían con un gran número de lenguajes menores de los que apenas tenemos noticias históricas. Algunos de los más importantes grupos lingüísticos en América son: el na-dené , en Norteamérica; el uto-azteca , en el oeste de EE.UU. y en México; el macro-maya , en la región sur de Mesoamérica; y por último en Sudamérica, el macro- chibcha , el macro-arawak , el macro-quechua y el tupí-guaraní. En cuanto a las características fisionómicas propias de los pueblos americanos debemos destacar que eran pueblos hirsutos, es decir, el varón no tenía pelo en la cara y sus cabellos eran lisos. Además tienen muchos rasgos asiáticos como la mancha mongólica, mancha rosada del tamaño de una moneda que todos los niños tienen al nacer al final de la espina dorsal y que desaparece a medida que se llega a la pubertad. Comparten además con los asiáticos la forma sesgada de los ojos y el tono canela de la piel. Muchos autores han distinguido diferentes “áreas culturales” en el continente americano. Así diferencian la América Nuclear de la América Marginal. Cuando hablamos de América Nuclear estamos señalando aquella región de América que comprende las áreas de mayor complejidad y desarrollo sociocultural, densidad demográfica, creatividad artística, etc., de todo el continente desde el sudoeste de EE.UU. hasta el norte de Chile y el noroeste de Argentina. A diferencia de las grandes culturas europeas (Mesopotamia, Egipto) estuvieron por lo general alejadas de los grandes ríos y se situaron en zonas de poca irrigación. La América Nuclear, donde se distinguen como zonas más importantes el área de Mesoamérica y el área andina , va a ser el centro de nuestros estudios de ahora en adelante. En cuanto a la América Marginal, se incluirían bajo esta acepción todas aquellas regiones que no llegaron a tener un desarrollo político importante, no pasaron de ser cacicazgos, a pesar de estar situadas, por lo general, a orillas de grandes ríos. Hay que decir, que muchos autores se
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muestran reacios a realizar esta distinción puesto que consideran que todos los pueblos americanos tuvieron su importancia correspondiente. Mesosamérica ha sido delimitada por el norte por una línea imaginaria que comienza en Sonora y Sinaloa y acabase en el Golfo de México y por el sur la frontera incluiría la parte occidental de Honduras y El Salvador, alcanzando pos la costa del Pacífico hasta la Península de Nicoya. Es decir, abarcaría los países actuales de México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador y las costas del Pacífico de Nicaragua y Costa Rica. El área andina , se divide en varias regiones (antes se distinguía también un área intermedia , que incluía toda la América Central desde la frontera con Mesoamérica hacia el sur y el territorio de Colombia, Ecuador y la parte occidental de Venezuela, pero esta área se ha englobado dentro de la andina y correspondería a lo que ahora se denomina extremo norte y área septentrional): el extremo norte del área andina comprendería los valles del Cauca y del Magdalena y la sabana de Bogotá, en Colombia; el área septentrional , incluiría el sur de Colombia, Ecuador y el norte de Perú; el área central abarcaría el resto del territorio peruano; el área centro-sur o Circum-Titicaca enlazaría los Andes Centrales con el área meridional y, por último, el área andina meridional incluiría territorios chilenos y del noroeste argentino prolongándose hasta la región central de Chile por la zona que se ha denominado extremo meridional. A todo ello habría que añadirle, dentro del área andina, la isla del Caribe. Por último y antes de adentrarnos de manera definitiva en el estudio de las culturas precolombinas, es importante señalar los diferentes periodos en los que se divide la historia que va a ser objeto de nuestro estudio. Excluyendo los periodos del Paleolítico y Protoneolítico (40.000 a 4.000 o 3.000 a.C.), a los que ya hemos hecho una breve referencia, lo más importante desde el punto de vista cultural en lo referente a la América Prehispánica se ha desarrollado en casi cinco milenios, desde el 3.350 a.C. hasta la llegada de los europeos al Nuevo Mundo. Sin embargo, los años fundamentales de la historia precolombina de América abarcan tres milenios, desde el 1.500 a.C. hasta el 1.500 d.C. y comprenden los periodos que comúnmente llamamos Formativo o Preclásico (1.500 a.C.-200d.C.) en el que destacan culturas como la Olmeca o la Teotihuacan (que comenzará en el Formativo para terminar de desarrollarse en el Clásico) en Mesoamérica, o la Chavín y la de Paracas en el área andina, entre muchas otras y que representa el nacimiento de la vida aldeana y en algunos casos incluso de la civilización (es decir, correspondería con el periodo que en Europa se denomina Neolítico); el periodo Clásico o Epiclásico (200-900 d.C.), periodo de mayor esplendor artístico y cultural de la América precolombina, destacando la civilización Zapoteca y el periodo clásico de los Mayas en Mesoamérica y la mochica, nazca y tiahuanacoide en el área andina; y por último, el periodo Posclásico (900-1.500 d.C.) donde se desarrollan las grandes
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Empieza a aparecer además el adobón (adobe recubierto de paja de modo que ésta absorbe toda la humedad) como material de construcción. Además podemos a empezar ya a hablar de monumentalidad arquitectónica con la aparición de algunas plazas en las aldeas y ciudades. Así mismo comienza a adquirir importancia la casta sacerdotal, indicio de que ya empieza a haber cierta organización social. Sin embargo, esta casta empezará a desarrollarse más rápidamente en el área andina que en Mesoamérica. Aún así debemos señalar como una de las principales características del periodo Formativo la aparición de las primeras sociedades religiosas (como sabemos el papel de la religión en el desarrollo de todos los pueblos del mundo ha sido fundamental). Con la aparición de una casta sacerdotal se nos está haciendo referencia, por un lado, a una organización social jerarquizada y por otro, a que existía ya un grupo de hombres que se dedicaban al estudio del mundo, de la naturaleza y sobre todo del tiempo (la aparición del calendario es uno de los acontecimientos más significativos en toda cultura; aquel que pudiese adivinar el tiempo y medirlo, era un hombre privilegiado que se elevaba sobre el resto de sus congéneres, que controlaba la agricultura y que por tanto tenía poder). Además el estudio de las divinidades de un pueblo proporciona interesantes datos sobre su idiosincrasia, puesto que nos da ideas, por ejemplo, de que factores son importantes para un pueblo, a que animales o entes adoran, que les provoca respeto, que les causa miedo, etc. En Mesoamérica, en el periodo Formativo temprano, el área más importante culturalmente es sin duda el Valle de México, debido a sus muy favorables condiciones ecológicas. Las aldeas de esta época se localizaban a orillas de los ríos y lagos y no debieron sobrepasar los 200 habitantes. Destacaban también algunos centros urbanos o semiurbanos en Tlapacoya o Tlatilco como la llamada capital de Niederberger. Se han encontrado aquí numerosas figurillas que aluden a festivales de tipo religioso, indicio de una organización social más avanzada y de un cierto desarrollo comercial. Son además destacables los hallazgos de máscaras, enterradas junto al cuerpo de su dueño, de las que puede pensarse que fuesen de uso exclusivo de hermandades, grupos de mimo o sociedades de danza, o incluso bufones y oradores, todo ello indicativo de una cierta estratificación social. Aparecen además en el arte mesoamericano de este periodo multitud de símbolos y emblemas con un gran contenido religioso, que han sido interpretados de maneras diferentes por diversos autores y entre los que pueden distinguirse de forma clara hasta diez divinidades perfectamente formalizadas: el dragón polimorfo (reptil con atributos felinos y de ave), el pájaro mítico, el enano antropomorfo, el dios-hombre jaguar, etc. Estos símbolos contienen un alto volumen metafórico, todo ello prueba de la inmensa complejidad de estas primeras sociedades.
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En la segunda etapa del periodo Formativo, la Preclásica (400 a.C.-200 d.C.) destaca sobre cualquier otro cultura la Olmeca a la que vamos a dedicarle una atención especial. Con el inicio del Preclásico, llegan hasta nosotros restos significativos de un importante desarrollo cultural en el área central de Mesoamérica. Podemos empezar a hablar ya de la existencia de verdaderas obras arquitectónicas como por ejemplo la Pirámide de Cuicuilco que refleja un importante esfuerzo comunitario de un gran número de aldeas además de ser la primera representación simbólica de la morada de la divinidad. También es destacable el hallazgo en el centro de México de un conjunto de miles de “ figurillas” entre las que sobresale el tipo de la mujer desnuda , a través de las cuales se nos relaciona de forma peculiar el concepto de mujer, de fertilidad, de tierra y de agricultura (este tipo de figuras han aparecido en casi todas las culturas “primitivas” del mundo, también en las europeas). Se empiezan a configurar pues en esta época algunos de los conceptos básicos que caracterizan a las poblaciones del Valle de México que se desarrollarán de una forma mucho más sistemática en culturas posteriores, como por ejemplo el concepto de dualidad como demuestran los descubrimientos de una serie de figurillas del Preclásico temprano o medio en el que aparecen representados individuos, generalmente mujeres, con dos cabezas, o una cabeza y tres ojos, o un rostro dividido en dos partes, simbolizando una parte la muerte y otra la vida. Sin embargo, estos conceptos prosperarán de forma singular en las áreas de Veracruz, Tabasco y Chiapas, con la cultura Olmeca.
Aunque son abundantes los estudios que se han realizado sobre la civilización Olmeca, aún son muchos los enigmas que no se han resuelto. Por ejemplo el hogar de origen de esta cultura aún es dudoso. En un principio se estableció como tal la región antes citada de Veracruz, Tabasco y Chiapas (A. Caso), pero autores posteriores, inducidos por los descubrimientos realizados en Guerrero, se han sentido más inclinados a pensar que el foco de esta cultura se desarrollo en tierras altas y de allí se expandió hasta llegar a abarcar 18 mil kilómetros cuadrados de superficie, siendo los centros más importantes Tres Zapotes, La Venta y San Lorenzo. Los yacimientos olmecas encontrados en lugares bastante alejados del “hogar” como los de Tlatilco, Tlapacoya, Gualupita y las Bocas han sido considerados “nexos” entre Guerrero y la costa veracruzana (Tres Zapotes, La Venta y San Lorenzo) o los de Padre Piedra, Pijijiapan, Izapa, San Isidro, Piedra Parada y Las Victorias como escalas de una ruta hacia el sur que llegaría hasta Costa Rica. Hay que distinguir tres periodos dentro de la civilización Olmeca: Olmeca I, Olmeca II y Olmeca III.
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corresponde evidentemente a la casta sacerdotal creadora del calendario y del complejo religioso que justifica la existencia de centros ceremoniales, y la dominada, dividida a su vez, siguiendo la pirámide social, en especialistas (artesanos) y campesinado (la gran mayoría del pueblo). La casta sacerdotal representa una elite tanto social como cultural puesto que como sabemos, el conocimiento trae consigo poder. Esta casta sacerdotal se identifica con las divinidades básicas como las de la caza, la lluvia, la agricultura, etc. Es destacable en este contexto mencionar la importancia que tuvo el excedente para que fuese posible que se desarrollase este tipo de elite. La base de la economía de esta sociedad es la tierra, la actividad agrícola.
La religión Olmeca es politeísta y está íntimamente relacionada con la agricultura puesto que, como hemos dicho, es la base de la economía. En la iconografía aparece reflejada de forma muy interesante esta relación entre la religión, la agricultura y la fertilidad, por ejemplo, en las figurillas de mujer que mencionábamos anteriormente. Vamos a extendernos algo más en el arte Olmeca, puesto que además de ser muy destacado dentro de las culturas precolombinas, las más importantes deducciones que podemos hacer de los olmecas se lo debemos a los hallazgos arqueológicos de representaciones artísticas. Las esculturas olmecas más importantes son las cabezas olmecas, representaciones de colosal tamaño de las que se han recuperado catorce ejemplares. Se encuentran talladas en piedra y se caracterizan por poseer rasgos negroides con ancha nariz, gruesos labios y ojos abotagados que se cubren con un casquete ajustado que cae por los lados. Poseen cierto realismo y se cree que son un culto a los antepasados. Eran esculpidas mientras el modelo aún vivía y cuando éste moría se decapitaba la escultura, separándose cabeza de cuerpo. Por eso se han encontrado un número tan elevado de cabezas sueltas. Son destacables también las esculturas de figuras sedentes, que toman la actitud de un escriba a la manera egipcia o que tienen en el regazo el cuerpo de un niño divinizado (enano eunucoide), un cetro o un cilindro, o una caja sagrada, destacando como obra maestra de las representaciones sedentes encontradas la denominada El luchador procedente de Santa María Uxpanapa (Veracruz, México) que representa un hombre barbado con las piernas y los brazos doblados y que da la impresión de estar realizando un gran esfuerzo físico. En contraposición con el estilo eminentemente realista que se refleja en las cabezas olmecas y en las figuras sedentes, existen también representaciones de estilo abstracto con un gran contenido simbólico y metafórico. Este estilo se desarrolla especialmente en los relieves, por ejemplo, en las representaciones sobre diferentes tipos de “hachas” ceremoniales
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de seres mitológicos que presentan como característica propia la “boca olmeca” y la “muesca olmeca” (hendidura en forma de V que aparece en los cráneos de estos personajes) o en los altares. Las representaciones sobre los altares se prolongarán a través del tiempo especialmente en las culturas mayas. Los altares son grandes bloques de piedra de forma prismática en cuyos laterales hay escenas realizadas en alto y bajorrelieve. En muchos de estos altares se representa un figura sedente que emerge de una cueva u hornacina que se interpreta como la boca de un dragón y que podía representar al dios del Inframundo. En ocasiones esa figura lleva en su regazo un niño divinizado. Muchos de estos altares representan en las paredes laterales figuras de sacerdotes que llevan en sus brazos un niño divinizado. Algunos autores han interpretado estos altares como verdaderos tronos. Así mismo son destacables las representaciones sobre estelas que también serán utilizadas por los mayas. En ellas aparecen escenas posiblemente míticas de difícil interpretación, con personajes con vestidos y adornos sumamente complicados. Muchas de estas representaciones de carácter mitológico se desarrollaran de una forma mucho más metódica en culturas posteriores. La civilización Olmeca es la última gran cultura mesoamericana del periodo Formativo o más concretamente del periodo Preclásico. Nos metemos por tanto de llenos en el periodo Clásico (200-900 d.C.) de la historia precolombina del que irremediablemente tenemos que señalar una serie de características principales. El periodo Clásico se considera como el que consigue consolidar y afianzar definitivamente los rasgos que caracterizan a las civilizaciones. Entre estos rasgos destaca sobre cualquier otro el desarrollo del urbanismo. La evolución de este urbanismo se inicia en el formativo tardío con las aldeas, continúa en el Preclásico medio con las villas, sigue en el Preclásico final o tardío con los primeros “centros ceremoniales” planificados (primera aparición considerada ya urbana) y culmina con las verdaderas ciudades del periodo Clásico. También la metalurgia sufre un importante progreso. La rueda aparece en ciertos juguetes y el rodillo comienza a utilizarse para transportar monolitos u otros materiales pesados. Aparecen además evidencias de producción en masa, como por ejemplo, el uso de moldes en la producción cerámica que aumentaría el número de trabajadores no cualificados en este sector y dirigidos por los especialistas artesanos que podrían dedicar su tiempo a la fabricación de estos moldes y a trabajos más finos. Así mismo es destacable el auge de las vías comerciales que llegan hasta lugares cada vez más alejados como El Salvador, Honduras y Guatemala. Se impulsa el concepto de ciudad como ciudad-estado, es decir, con un gobierno teocrático que ejerce el poder sobre toda la ciudad. El sacerdocio es el responsable del desarrollo de la religión y del ceremonial que esta lleva consigo además del autor de una incipiente ciencia 17
templo de la Agricultura, el grupo de Viking, la Ciudadela... Los demás conjuntos de la ciudad forman un apiñado y denso tejido de calles y callejuelas entre los que pueden distinguirse palacios, diferentes barrios gremiales en los que varias viviendas se agrupan dentro de una muralla y donde es común el desarrollo de pasadizos subterráneos, etc. Durante la fase de Xolalpan, la ciudad alcanzó el máximo de población, calculándose que podría haber estado formada hasta por 200.000 mil habitantes, cifra que puede aumentar hasta el medio millón si incluimos los varios centenares de aldeas y asentamientos localizados. La población se redujo en fases posteriores hasta los 60.000 habitantes probablemente como consecuencia de los ataques de grupos chichimecas que incendian la ciudad haciendo que la población se disperse. Sin embargo, este crecimiento de la población trajo consigo importantes consecuencias como un excelente desarrollo del comercio y de las actividades militares de conquista hasta constituir verdaderamente un imperio de forma que la influencia de Teotihuacán en otras culturas del valle de Oaxaca fue enorme, hasta tal punto que dentro de la ciudad de Teotihuacán hubo un barrio en el que debió predominar la población de Oaxaca. Esta expansión teotihuacana hizo que la influencia de esta cultura se extendiera también por la Mixteca y el área maya, especialmente en la región de Petén en Tikal. Es esencial también destacar el importante desarrollo de las obras públicas, tan esenciales para el comercio. La sociedad teotihuacana se caracteriza por tener una organización de carácter teocrático en la que la casta sacerdotal acumula todo el poder tanto religioso, como político, militar y administrativo. Prueba de ello es como en el sector principal de la ciudad se entremezclan los edificios estrictamente religiosos (pirámides y templos) con los de carácter residencial y administrativo de la clase sacerdotal. A través del control de la religión y de los cultos religiosos la casta sacerdotal conseguirá dominar al pueblo. Dentro de la organización social teotihuacana es importante destacar la aparición de gremios que aunaban y defendían los intereses de las personas que practicaban un mismo oficio. Así mismo destacaban otros grupos sociales como los artesanos, siendo los lapidarios, los escultores, los pintores y ceramistas los más distinguidos, los comerciantes y los guerreros. Aunque no se puede afirmar rotundamente que Teotihuacán fuese un imperio militarista, también los militares debieron desempeñar un papel fundamental en la sociedad y en la organización política de esta civilización.
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Área Mesoamericana II. Mayas. Organización social, económica y política. Conocimiento y Pensamiento. El Clásico temprano ha finalizado en Mesoamérica con una herencia de la cultura teotihuacana en toda esta área. También y como ya hemos dicho, el área del clasicismo maya sufrirá una fuerte influencia teotihuacana. El área maya comprende la península del Yucatán, las cuencas de los ríos Usumacinta y Motagua, el Petén, las tierras altas de Chiapas y Guatemala y la costa de Soconusco hasta la actual república de El Salvador. En esta región se desarrolla el periodo Clásico que alcanzó un más alto grado de brillantez y complejidad y que los especialistas dividen en Clásico temprano (300-600) y Clásico tardío (600-900). La historia de este pueblo ha podido estudiarse a la manera tradicional gracias a las representaciones sobre cerámica que han sido halladas y a los llamados glifos-emblemas. Se puede así tratar con cierto detalle la historia de este pueblo a través de sus dinastías entre las que destacan las de Tikal, Palenque (siendo el rey más importante Pacal el Grande que reina en el siglo VII), Yaxchilán, Copán... La base económica de la sociedad es la agricultura. El sistema agrícola más extendido es el de roza, pero también se utilizó el barbecho, tanto de ciclo largo como de ciclo corto. Desarrollaron además un avanzado sistema de irrigación con canales, sistemas de camellones, terrazas, etc., que les permite llevar a cabo una agricultura intensiva. Las plantas más importantes son el cacao, el aguacate y el ramón, junto con el maíz y la calabaza. La forma de organización política era la propia de las ciudades-estado. La ciudad era la capital de un territorio bastante amplio que comprendía una serie de ciudades menores, aldeas y lugares de ocupación organizados y sistematizados. La capital varió a lo largo de la civilización maya (Tikal, Palenque...). En ella vivía el rey, el panteón real y el gobierno. El urbanismo también es un factor destacable en la cultura maya. En el centro de las ciudades y pueblos se situaban el “centro ceremonial” (los templos y demás edificios de tipo religioso) en torno al cual se disponía la zona residencial de la elite, es decir, las viviendas de los señores, sacerdotes y la gente pudiente. Así se iban situando los más ricos y estimados en las zonas más centrales y la gente más baja en la periferia de la ciudad.
En cuanto a la organización social que era de tipo jerárquica, hay que destacar que los poderes que se concentran en la elite y la clase dirigente son mucho más amplios y variados que los de culturas anteriores debido a la complejidad social, política y económica alcanzada por el estado maya. Desde el soberano, de carácter político y religioso, hasta los parientes y nobles de su propio linaje (vemos aquí la importancia del panteón real) controlan el poder político, religioso, administrativo y militar, produciéndose así una profunda estratificación
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