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análisis critico de la obra Facundo de Domingo Faustino Sarmiento haciendo énfasis en la dicotomìa Civilización-Barbarie
Tipo: Apuntes
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3 entradas: 1- La advertencia del autor en la que da cuenta de la rapidez con la que tuvo que dar la obra a la prensa. Sarmiento prefiere preservar la forma primitiva y no modificarla como hubiera hecho Echeverria (sensibilidad etetica) 2- Epígrafe: las ideas no se matan aun cuando se amenace el cuerpo. 3- Introducción: comienza invocando a Facundo. Hay algo que excede la mera política, vuelve como fantasma y mito, lo enigmático la esfinge, organización política única fuera de cualquier canon para Sarmiento. 3 partes: Análisis capitulo por capitulo
Para Sarmiento La Cautiva inaugura una poesía que sabe obtener su inspiración y originalidad de la mirada hacia la naturaleza inconmensurable. Es una descripción poética del desierto. Su valoración de las obras se basa en cuanto contribuyen, a su vez, al progreso de la patria y a su liberación. Cuando Sarmiento mira al Rio de la Plata describe todo lo que no hay, su imaginación esta atravesad por el impulso del futuro. El describe las imágenes del futuro y en ese futuro lo que hay es acción que progresa, hay movimiento. En sus Viajes, el no va a simplemente describir, dice que la descripción carece de novedad. Así, la materia de sus cartas será el espíritu que agita, las instituciones que
retardan o impulsan el progreso de los países. El trae de sus viajes las noticias de futuro, un futuro con movimiento. La descripción en tanto contemplación carece de novedad por describir una forma que no progresa, que esta estática. Por otro lado, la descripción en tanto visión da al objeto un movimiento, un progreso. (p.70) además, como marca de función estética, la descripción opera como un código en la escritura, una retorica, una forma hecha. Mientras que cuando Sarmiento dice que describe y que esa descripción es brillante, la retorica se impone y el fragmento se distingue como cuerpo extraño a la escritura (ej. La famosa acción de Tala). Para Sarmiento, escribir es poner en movimiento e inscribir el tiempo:el estilo narrativo es, en este sentido, el que le conviene. MASA, MOVIMIENTO, NARRACION La guerra civil argentina, que es el declarado objeto de análisis del Facundo, cobra en la argumentación la forma de un movimiento: Sarmiento la entiende como la directa consecuencia del “movimiento espontaneo”, del estallido de las masas pastoras. Masa que se define por la espontaneidad, la ansia de crecimiento sin límites, el impulso de destrucción y el ataque a todos los limites. Pero es Facundo quien encarna la ley expansiva de la masa, Facundo se puso en movimiento súbitamente “se sentía llamado a mandar, a surgir de un golpe”. El esfuerzo compositivo de Sarmiento se centra en mostrar que el de las masas pastoras es un movimiento sin dirección, o mejor, un puro impulso cinético cuya única dirección es la de enfrentar todo obstáculo que quiera limitar sus actos. Efecto de volatilidad. Facundo que, a diferencia de otros caudillos, quiere moverse porque los sucesos lo atraen fuera de su provincia, es quien mejor encarna este movimiento expansivo de la masa, y una vez desatada la guerra contra la civilización ya no se detiene mas. Aquí hay una ambivalencia ya que ese movimiento es también el signo de progreso de la civilización. Cuando las masas se encuentran lideradas como pasa con Facundo, van a carecer de una propiedad fundamental: el hecho de que en su interior reine la igualdad. Este sentimiento de igualdad, que en la barbarie acarrea el peligro de la nivelación hacia abajo, es lo que en cambio define a la masas civilizada: como una distribución igualitaria, una apropiación y una vulgarización de los resultados de la inteligencia. Esta
horror es lo que imprime al relato urgencia y acumulación. La narración del horror en el Facundo es Balzaciana. Sarmiento encontró un criterio de verdad; en la inmoralidad, un criterio de verosimilitud; en el exceso de la pasión, un criterio de naturalidad. El espectáculo impresionante, lo hiperbólico de la situación, lo truculento no constituyen solo el mejor medio para atrapar a sus lectores sino también, y ante todo quizá, la mejor forma de exteriorizar, de revelar, el drama moral de la lucha entre la civilización y la barbarie: el drama esencial que se agitaba bajo los signos de la realidad. El único, para Sarmiento, estética y moralmente interesante. HISTORIA Y NARRACION La maestría de Sarmiento en el arte de narrar es evidente. Gran parte de la eficacia de los géneros masivos propios de la modernidad, como lo son el melodrama y el folletín, obedece no tanto a meros mecanismos o artilugios comerciales como a la capacidad que tienen esos géneros para activar matrices culturales: el dispositivo de la repetición, la lógica del “y entonces”, esto es, el impulso del relato que hay en los modos de narrar popular. Sarmiento no se propone escribiré bajo un género literario sino escribir una verdadera historia social y política de un periodo interesantísimo, quizá esto fue lo que torno problemática la encapsulación del texto en un genero. Sarmiento no se proponía analizar los hechos, sino conservar y poner al descubierto sus secretas conexiones, integrarlos en unidades más vastas. Así, en la anécdota que empieza el libro se releva el Facundo esencial, la anécdota formaba parte de ese todo en el que los distintos hechos adquirían sentido. El relato de los hechos se da como explicación. Cuando se quiere explicar el mal que aqueja a la Argentina, la causa se enuncia en la forma de una narración. En la explicación está la máxima concentración dramática de una escena. Lo cual, entiendo, define un modo de contar la historia. Pero si bien cuenta la historia, lo hace de manera literaria. Ejemplo “hay un día, solemne y critica en la historia de todos los pueblos pastores, en que se elige Comandante de Campaña.” ¿Por qué elije decir un día y no precisar la fecha? Pues porque no le interesa la objetividad de la ciencia. Echeverría cuenta que el poeta no
copia sino a veces la realidad tal cual es, sino que toma lo real y lo embellece. Alejándose de la idea de embellecer, Sarmiento entiende la poesía como una recreación destinada a sacudir, a conmover, el alma del espectador. Con esto no quiero decir que Sarmiento prefería hacer literatura que historia, quiero decir que la guerra civil era para Sarmiento el momento más dramático de la historia argentina y, por eso mismo, el único histórica y poéticamente interesante. Que la elaboración poética de la realidad era la mejor forma de hacer de su escritura una obra de historia.
Para Sarmiento barbarie no es tan solo ignorancia de lo que el civilizado sabe, e también sabiduría de que el civilizado ignora. En el mundo bárbaro el mito, la épica y la magia hacen las veces de ciencia, historia y filosofía. El interés romántico por los modos de vida y pensamiento que sintió Sarmiento lo llevaron a escribir el Facundo, no solo para injuriar al enemigo muerto, sino para entenderlo. Para alcanzar este punto de vista el escritor tuvo que realizar un intenso esfuerzo de adecuación. No oculta que la conducta de Facundo, en otros mundos, hubiese sido inadecuada y duramente juzgada. Aquí está el punto crucial, el mundo en el que vive Facundo esa conducta es del todo normal. A través de Facundo, del héroe de la barbarie, que tiene todas las perspicacias pero todas las cegueras de la barbarie, Sarmiento quiere conocer la secreta ley de la barbarie que con el triunfa. Para Sarmiento la comprensión prodigada ante la barbarie no excluía la lealtad por su propio mundo, mundo destrozado por el triunfo bárbaro. Lo que se censura en Facundo no es lo que hay de rígido en la contraposición entre civilización y barbarie, es la contraposición misma. El historicismo de Sarmiento es entonces algo más que un modo de ver la historia, acerca del cual pueda llevarse cuenta de los aciertos y los errores que trae consigo: es un trasunto de fe, de la esperanza que no abandonaron nunca a Sarmiento, fe en si mismo y en su destino, fe en el destino nacional.
oriente o la edad media son el atraso. Para Sarmiento el procedimiento de las analogías es a la vez un método de conocimiento y una concepción del mundo. En el procedimiento de las analogías hay que ver uno de los fundamentos del Facundo: la lógica de las equivalencias disuelve las diferencias y resuelve las contradicciones.
La Argentina es una e invisible para Sarmiento, la fragmentación interna deshacía el proyecto de consolidación del sujeto nacional. Escribir, a partir de 1820, respondía a la necesidad de superar catástrofes, el vacio del discurso, la anulación de estructuras, que las guerras habían causado. Escribir era dar forma al sueño modernizador, era civilizar. Sarmiento busca como llenar vacios, llenar vacios: poblar desiertos, construir ciudades, navegar los ríos. La imagen del transporte a lo largo del Facundo es privilegiada: condensa el proyecto de someter la heterogeneidad americana al orden del discurso, a la racionalidad del mercado, del trabajo, del sentido. El discurso también había que trasportarlo. El transporte del sentido implica nuevos desajustes y desplazamientos. La autoridad en Sarmiento parecería radicar afuera, en el allá europeo o norteamericano. De ahí que hable sobre la barbarie como si la observase a la distancia, lugar de enunciación centrado en Europa. La cita del orientalismo en Sarmiento es así un gesto muy significativo: proyecta, por parte de quien no es europeo, un deseo de inscribirse en el interior de la cultura occidental. Implica un lugar de enunciación- ficticio- fuera de la barbarie. La distancia entre Sarmiento y la biblioteca europea, sugiere Piglia, es solo un producto de la “mala cita”, de un uso “salvaje” de los modelos cuya autoridad permanecería incuestionada. Digamos, por ahora, que la lectura de Sarmiento como un intelectual estrictamente importador del “capital simbólico” europeo no hace justicia a su complejidad, a sus contradicciones, sobre todo, en el Facundo. El Facundo no explica el caos de la sociedad recién emancipada. El vacio entre el discurso importado y la particularidad que quedaba excluida por aquella representación es el núcleo generador de las contradicciones.
El Facundo representa la historia como un progreso, como una modernización interrumpida por la catástrofe del caudillismo que desarticulaba el sentido, la unidad nacional. Constituye así un intento de controlar lo irracional de la barbarie, para reorganizar la homogeneidad nacional. Pero el proyecto de ordenar el caos no podía basarse estrictamente en la importación de modelos. Para restaurar había que escuchar la voz del otro, la tradición que el proyecto modernizador (de Rivadavia) había ignorado. Había que representar lo que el saber europeo o sus importadores desconocían. Escribir es ordenar. En Sarmiento operan dos modos contradictorios de representar el pasado: por un lado, la visión del mundo oral de la tradición como aquello que había que eliminar si se deseaba modernizar. Y, por otro lado, la visión de esa voluntad de ruptura como generadora de nuevo conflictos y ansiedades, sobre todo después que la “tradición” responde violentamente. La contradicción nunca se resuelve completamente. De ahí la ambigüedad fundamental en la representación del bárbaro. La literatura era el lugar adecuado para la mediación necesaria entre la civilización y la barbarie, la modernidad y la tradición. Ahora bien: no deja de ser significativo que desde la época de su publicación se haya problematizado la función “literaria” del Facundo, para oponerla a la autoridad de un discurso “verdadero” o “histórico”. Sarmiento escucha y colecciona cuentos de fogón, relatos de tradición oral. De ahí que el Facundo sea un gran depósito de voces, relatos orales, anécdotas, cuentos de otros que Sarmiento “transcribe” y acomoda en su representación de la barbarie. Tendríamos ahora que preguntarnos como se representa la voz del otro y que transformaciones sufre la fuente popular al ser incorporada a la escritura. Para Sarmiento la barbarie no representa siempre un exterior absolutamente vacio sin sentido. En efecto, la barbarie es el exterior de los espacios disciplinados de la ley. El caudillo, para imponer su poder sobre la ciudad, destruye “toda regularidad en la administración. El nombre de Facundo, llenaba el vacio de las leyes; la libertad y el espíritu de la ciudad habían dejado de existir”. El bárbaro viola todas las formas, pactos, tratados. Dicho de otro modo, viola le ley escrita.
a imprimir sobre la particularidad americana la imagen del bárbaro o del otro, sino, más específicamente, a dar figura a una idea y a un fantasma, la idea y el fantasma del despotismo. Hay cierta correlación entre llanura y despotismo, “muchos filósofos han creído que las llanuras preparan las vías para el despotismo,” dice Sarmiento. El mismo tipo de escenario natural que engendra el despotismo en Asia, engendra el caudillismo bárbaro en la Argentina. Alberdi le reprocha no conocer ni el Oriente ni la llanura argentina al escribir el Facundo Para Sarmiento, los patriotas triunfaron sobre los españoles pero la barbarie de la campaña termino por triunfar sobre la civilización de la ciudad. Es por esta fórmula interpretativa que nace la biografía del caudillo Facundo Quiroga. La lectura del relato biográfico nos da la ocasión de comprobar que la idea del despotismo y su apariencia oriental no se han agotado en la evocación de las peculiaridades de la llanura y los hábitos que ella produce, ahora es el mismo quien trae a la mente figuras del oriente como Ali-Baja. Otra peculiaridad es que el funcionamiento implícito del esquema despótico aparece como rasgos del carácter de Quiroga. Así, el miedo “incapaz de hacerse admirar o estimar, gustaba de ser temido”, es un medio principal de poder tanto político como personal.
Diario el Progreso (Santiago de Chile 1842- 1853), Sarmiento lo dirigió desde el 42 hasta el 45. Mi hipótesis es que el Facundo como folletín haya terminado con el capitulo Barranca-Yaco y que, por lo tanto, no haya tenido el mismo largo que la primera edición, que salió en julio de 1845. En defensa de mi hipótesis alego que la entrega 813 no termina con el “continuara”. 2- GENESIS Y RECORTE
Es importante recordar, aunque publicado en la sección Folletín, el Facundo no fue un roman-feuilleton. Es así no simplemente porque el Facundo no fue novela, sino porque, entre otras cosas, su génesis no correspondió a las condiciones de producción que caracterizaban ese género. Sarmiento tiene un plan intuido antes de redactar el libro, el Facundo siempre se concibió como libro, como miras de ser un libro y solo se público como folletín por una cuestión circunstancial, para protestar la presencia de Santiago de Baldomero García, ministro de Rosas. Si el Facundo no comparte las condiciones de producción más decisivas del roman- feuilleton, no deja, por otra parte, de aprovechar elementos de su estética con el fin de atraer lectores. Las biografías de caudillos estaban cargadas de elementos truculentos para satisfacer la sed de violencia del lector del folletín. El género folletín se reduce a dos posibles formulas; la primera de estas requiere la muerte como ingrediente imprescindible; la segunda es hacerse cámara oscura, es decir, escribir un artículo de costumbres, lo cual correspondía a una de las 7 categorías originalmente contempladas para la sección folletín. Sea cual fuera el motivo, Sarmiento decidió publicarlo así. Él introdujo a la prensa chilena ese elemento de modernización capitalista que era el folletín diario, acto por el que haría una jocosa confesión pública unos tres años después en su artículo “nuestro pecado de los folletines”. Además de su eficacia para estimular las ventas, el folletín también podía ejercer un fuerte poder ideológico. El folletín tenía que agradar, le imponía a su autor hacer concesiones al gusto de sus lectores. A cambio de estas, el folletín podía tener un mayor impacto al de otros materiales distribuidos en el periódico. De las concesiones que se hicieron en el Facundo ya se ha mencionado su naturaleza episódica y a veces truculenta y melodramática. Es pertinente considerar el corte de las entregas y la medida en que Sarmiento aprovechara sus interrupciones para crear el suspenso. Sostengo que aunque la idea del Facundo no sea folletinesca, Sarmiento supo escoger los momentos de corte en las entregas con miras de crear un efecto. 1º entrega, 2º, 3º… Es posible dividir veinticinco entregas que, según mi hipótesis, configuran el folletín en siete categorías que corresponden a un modo de recortarse.