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Orientación Universidad
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Asignatura: anti, Profesor: Francisco Javier González García, Carrera: Historia, Universidad: USC

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 20/09/2014

longa_noite
longa_noite 🇪🇸

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Conocimiento RONALD H. FRITZE TRADUCCIÓN DE JOSÉ ADRIÁN VITIER R, LIA inventado Falacias históricas, ciencia amañada y pseudo-religiones ÍNDICE Introducción .... . . a a Titulo original: Invented Knowledge 1 La Atlántida: mad: istori False History, Fake Science and Pseudo Religions Antida: madre de la psoudohistoria 55 Edición original en inglés: Reaktion Books Ltd, Londres, 2009 o - u ¿Quién llegó primero? La pseudohistoria del 0 Ronald E Frize, =uog All rights reserved descubrimiento y la colonización de la América antigua .... 77 De esta edición: In Gente del fango, hijos de Satán e Identidad O Tamer Publicaciones S L, 2010 _ ' Ñ _ Rafael Calvo, 42 Cristiana: cosmogonías racistas, primera parte... 127 28010 Madrid San . seso turnerlibros com Iv Científicos locos, diablos blancos y La Nación del Primera edición: marzo de 2016 Islam: cosmogonías racistas, segunda parte... 165 Reservados todos los derechos en lengua castellana No está o permitida la reproducción total mí parcial de esta obra, mi su v Pseudohistoria epidémica o pseudohistoriadores tratamiento o transmisión por ningún media a método sin confabulados o La o 203 la aworización por escritu de la editorial vI Profesores a la greña; la controversia en torno a 'Atenea Negra... . 26 ISBN: 978-84-7506-9234 Br ms mesmo 269 Notas ..... a Ls . ara oo BEA Do la traducción: Selección bibliugráfica (0 José Adrián Vier, 2010 togreies UN AS 313 Agradecimientos o an er ma 35 Diseño de lu colección: Enric Satué Bustración de cubierta. The Studio of Fernando Gutiérrez Depósito Legal: 5 344-2010 Impreso en España La editorial agradece tados los comentarios y observaciones: turnerElturnerlibros.com CONGCIMIENTO INVENTALCO colecciones de ensayos críticos y apologéticos, libros que atacaban o defendían las conclusiones de Bernal, así como numerosas webs de cali- dad variable Como la polémica sobre Atenea negra comenzó a finales de la década de 1980, ha tenido momentos de gran intensidad, y al menos nunca se ha apagado del todo desde entonces. El libro de Ber- nal es un ataque deliberado contra la visión establecida de la historia del Mediterráneo Oriental en la Edad de Bronce. En las palabras de su autor; “El propósito politico de Atenea negra es, por supuesta, miti- gar la arrogancia cultural europea” * En Atenca negra, Bernal expone dos interpretaciones de la estructura de la historia antigua y su historiografía En primer lugar, según él, la cultura griega de la Edad de Bronce se originó a raíz de su coloniza- ción por los egipcios y los fenicios Esta influencia del Cercano Oriente sobre la cultura de los griegos no se limitó a la Edad de Bronce. La civilización griega de las eras Árcaica, Clásica y Helenística, continuó derivando aspectos significativos de su ciencia, su religión y su filosn- fía de las culturas egipcia y fenicia, En segundo lugar, Bernal plantea que desde la época de Heródoto y la Grecia clásica, y durante todo el siglo XV12I, era comúnmente aceptado que la civilización griega tenía sus onigenes en las de Egipto y Fenicia. Á esta visión él la denomina el Modelo Autiguo. Bernal comprende que su afirmación -que Egipto y Fenicia ejercie- ron una enorme influencia sobre la civilización griega— contradice la visión de la historia antigua que han adoptado los historiadores y clasi- cistas desde mediados del siglo xix. Durante décadas predominó el cri- terio de que una invasión proveniente del norte había destruido la ación micénica de Grecia durante la Edad de Bronce Sobrevino una “Edad Oscura”, seguida por una recuperación durante la era Arcaica, y después el maravilloso florecimiento de la eya Clásica bajo la demo- cracia ateniense: con las historias de Heródoto y Tucidides; la filosofía de Sócrates, Platón y Aristóteles; la tragedia y la comedia griegas, y lodas las demás cosas que la sociedad occidental moderna asocia can Ins grie- gos. En esta versión de la historia antigua, los griegos desarrollaron su cultura par sí mismos, con apenas algunos préstamos de otras, el alfabeto fenicio fue una importante excepción de esta regla, pero así y todo fue un préstamo excepcional. Bernal llama a esta versión de la historia anti- gua el Modelo Ario. 270 ESGRES A La GREÑA, Al revés de lo que sostienen Ins académicos, Bernal defiende que el Modelo Ario no es el resultado de una investigación empírica, ni de una metodología perfeccionada, ni del descubrimiento de nuevas evi- dencias, sobie todo en el campo de la arqueología. Por el contrario, el creciente racismo de finales del siglo xVI11, seguido por el creciente antisemitismo de la segunda mitad del siglo XIX, produjeron este Modelo Arin. Primero surgió el Modelo Ario Moderada, que negaba toda influen- cia egipcia sobre los gricgos, y luego vino el Modelo Ario Radical, que rechazaba además toda influencia fenicia sobre Grecia, exceptuando el alfabeto, El primer volumen de la Atenea negra de Bernal recorre la evolución de la historiografía de la Edad de Bronce de la antigua Grecia Según Ber- nal, lo que él Hama cl Mudelo Antigun —el reconocimiento de la deuda cultural de Grecia con los egipcios y los fenicios—, era comúnmente acep- tado durante los periodos Clásico y lelenístico. Luego, durante la Edad Media, el Renacimiento y la Ilustración, la gente interesada en la histo- ria antigua contemplaba Egipto con gran respeto, considerándolo uno de los cimientos de la civilización griega clásica y, porlo tanto, de la civi- lización occidental, Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar en el siglo Xv111, y la imagen que los europeos tenían de Egipto se fue haciendo más y más negativa. Tos cristianos ortodoxos se volvieron más hostiles hacia la supuesta religión y filosolia del antiguo Egipto, consi- derándolas casi una amenaza para el cristianismo. Para Isaac Newton y otros científicos resultaban especialmente inaceptables los aspectos pan- teístas de la religión egipcia. Bernal sostiene que, al ser Egipto una civi- lización africana, el creciente racismo, alentado por el colonialismo y el comercio atlántico de esclavos, contribuyó a su devaluación. Los euro- Peos empezaron a valorar la preservación de la pureza racial como el requisito esencial del éxito y del progreso de cualquier cultura n civili- zación. También los avances de la lingúlistica listórica dañaron el pres- tigin de Egipto en la cultura curopea de finales del siglo xvi. Cuando los especialistas elaboraron el concepto de familia de lenguas indoeu- topeas o indo-arias, la búsqueda de los orígenes de la civilización neci- dental se alejó de Egipto y se acercó a la India, la ludia de la Edad Védica y las invasiones arias (c 1500-500 a. de C.). Estos invasores blancos del notte conquistaron la India y estableciera fuertes reinos de intrépidos guerreros, lo que acompañó los movimientos de otros pueblos rudos CONGCIMIENTO INVENTADO: y bárbaros como los aqueos de origen indoeuropeo, de los cuales se pensaba que habían invadido Grecia un poco antes, alrededor de 1750 a. de C. Además, Bernal arguye que los helenomaniacos de principios del siglo xIx comenzaron a poner en duda la blancura de los antiguus egipcios; y en cunsccuencia, los investigadores racistas de aquella época dieron en rechazar la idea de que Egipto fuese una cultura altamente sofisticada y la supuesta cuna de la civilización. Estos acontecimientos, según Bernal, dieron al traste con el Modelo Antiguo de la historia griega en la Edad de Bronce. Entre los grandes cul- pables de la muerte del Modelo Antiguo están el académico alemán Karl Otíried Miller y sus colegas profesores de la primera universidad moderna, la Universidad de Gotinga. Ellos criticaron las fuentes del Mudclo Antiguo para desacreditarlo y desencadenar el auge del Mudclo Ario, que incluyó su difusión en Inglaterra. Bernal cita también, en esta variopinta camarilla de racistas eurucentristas, a Johann Gottfried von Herder, Immanuel Kant, Bartold Niebuhr, y George Grote Ya hacia 1860, Egipto había sido destronado de la eminente posición que ncnpaba en el Modelo Antiguo. Pocu después, Fenicia dejó de ser considerada como una influencia importante sobre Crecia. En este caso, cl ataque estuvo liderado por estudiosos franceses como Jules Michelet, para quien cl pecado «de los fenicios exa ser demasiado parecidos a los ingleses; pero la mayoría de los especialistas curopcos de formación al menos nomi- nalmente cristiana planteaban la objeción suprema de que los fenicios no eran más que otro tipo antiguo de judíos. En 1885, los académicos anti- semitas ya habían conseguido reducir los aportes fenicios a la civilización griega al alfabeto, y así nació el Modelo Ario Radical de la historia anti- Las décadas de 1920 y 1930 Después de que la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto cubrieron gua, que perduró durante las muy untisem de aprobiu el anúisemitisino, algunos académicos judíos como Cyris Gor- don y Michael Astour lograron que se reconociera una vez más la sig" nificativa influencia de los fenicios en la cullura gricga de la Edad de Bronce. Bernal denomina este nuevo criterio el Modelo Ario Mode- rado, el cual fuc, según él, la interpretación predominante de la historia antigua hasta bien entrada la década de 1980, Cualquiera que conozca, siquiera superficialmente, la polémica sobre Atenca negra, sabrá que Bernal atribuye al racismo y al antisemitismo la creación del distorsionado Modelo Ario en todas sus variantes Esla 272 PROFESDRES A La GuEÑA acusación no cosa de estar presente a todo lo largo de los dos vulúme- nes publi ados. Sin embargo, su verdadera argumentación es más com- pleja que esta explicación bicausal de la génesis del Modelo Ario Bernal identifica en realidad cuatro fuerzas que provocaron la destrucción del Modelo Antiguo: la rcacción cristiana, el concepto de progreso, el auge del racismo y el helenismo romántico La reacción cristiana consistió en una creciente hostilidad hacia la religión y la filosofía egipcias, que se percibían como una amenaza para el cristianismo tradicional, el her- metismo egipcio, para ellos podía alentar crecncias panteistas. Hasta Lsaac Newton, un criptoario y prolodeista, llegó u ver la religión y la filosofía egipcias como una amenaza para el cristianismo. El concepto de progreso también contribuyó a desacreditar a Egipto Los defensores del progreso afirmaban que las civilizaciones sanas e ibus- Ladas estaban inmersas en un proceso continuo de cambio y evolución que las hacía cada vez mejores, mientras que el antiguo Egipto tenía fama de ser una cultura equilibrada e inmutable Antes del auge del culto del progreso, la estabilidad de Egipto exa considerada un rasgo positivo; des- pués, se convirtió en una desventaja. Los pensadores de la Hustración veían Egipto como tuna civilización que, culturalmente, había entrado en un callejón sin salida También el racismo perjudicó cl estatus de Egipto como fuente de fa civi ración europea. Cuando la gente comenzó a valorar la pureza racial de las sociedades -es decir, la pureza racial blanca de las sociedades-, la posición privilegiada de Egipto se deterioró, pues su población era mestiza. Su cercanía geográfica con el Áfica negra tampoco ayudó, pues todo lo asociado con los negros era cada vez más infravalorado y deni- grado. Los negros llegaron a ser vistas como unos salvajes inferiores inca- paces de toda civilización, Según la reconstrucción de Bernal, en el transcurso de los siglos XVI y XIX el racismo europeo se fue vulviendo más despiadado y su influencia más omnipresente, hasta dominar la cosmovisión de la civilización occidental Bernal afirma además que el belenismo romántico contribuyó al declive del respeto de los europeos hacia la civilización del antiguo Egipto. Los románticos valoraban el concepto de nación y de identidad nacio- nal. Los intelectuales alemanes del siglo XVHI, como Johann Gotrfried von Herder, iniciaron una búsqueda de las raíces alemanas y un redes- cubrimiento de una auténtica cultura alemana, como reacción contra CONOCIMIENTO INVENTADO a principios del segundo milenio a. de C., el faraón Sesostris lideró una expedición a lravés del Asia Menor y la cuenca del Lgeo, que terminó constituyendo una guamición permanente en la fabulosa Cólquida del Cáucaso. Esta infusión de egipcios negros en la Cólquida es la razón, según Beinal, de que los antiguos griegos Hamaran negros a los cólqui- dos Olra nueva invasión llevó hasta la región del Egeo a los conquista dores hicsos, quienes establecieron colonias alli ente 1750 y 1570 a de € Bernal describe a los hicsos como una fuerza militar imparable que comenzó una odisea de conquistas como un grupo de nómadas semi- tas, que por el camino fueron recogiendo e incorporando a diversos grupos que hablaban en lenguas indoeuropeas, hasta cicar una socie- dad y un ejército multiétnicos. Tras conquistar Egipto, algunos grupos de hicsos se hicieron al mar y conquistaron la Creta minoica, donde fue- ron absorbidos; mientras que otros entraron en la cuenca del Egeo, donde se convirtieron en micénicos y al parecer adoptaron la lengua griega La invasión del Egeo por los hicsos introdujo definitivamente en Gre- cia la cultura egipcia y fenicia, y sentó por tanto las bases de la cultura gricga de la Edad de Bronce. Entre las contribuciones de los invasores hicsos a los griegos estuvo la introducción del alfabeto, el cual adquirie- ron a través de su contacto con los fenicios. Alternativamente, Bernal sugiere que los comc:ciantes fenicios pudieron haber traida el alfabeto ala Grecia micénica durante el período de 1470-1200 a. de C, que él llama la era de la Pax Aegyptica. Estas fechas son considerablemente más antiguas de lo que la gran mayoría de los historiadores está dispuesta a aceptar; casi todos creen que cl alfabeto fenicio llegó al Egeo a princi- pios dei siglo VI11, aproximadamente antes de 740 a de C., que es la edad del más antiguo ejemplo de alfabeto griego. Otra innovación de Bernal es su rechazo de la llamada Edad Oscura de Grecia (1000-8009 a de C.). provocada por las invasiones dorias pro- venientes del norte. En el Modelo Ario, los invasores dorios hablaban griego y, aunque bárbaros, eran racialmente puros Aplastaron la civili- zación micénica, y cuando de sus ruinas emergió en el siglo VI una socie- dad más culta y asentada, fue ya un producto local con pocas raíces culturales en Egipto o Fenicia, excepto por el alfabeto. Bernal rechaza esta versión de Ja historia antigua, sosteniendo que cn Grecia no hubo ninguna Edad Oscura y, por lo tanto, ningún rompimiento brusco con la civilización micénica de la Edad de Bronce. En consecuencia, las 1 i civilizaciones griegas Árcaica y Clásica estuvieron permeadas de inftuen- cias egipcias y fenicias en la religión, la filosofía, la ciencia y la cultura material Egipto fue la Atenea de Grecia: la dadora de conocimiento y cultura. Como señala Jacques Berlinerblau: Ahora bien, cuando Martin Bernal dice que aceptar el Modelo Antiguo Revisado es "reconsiderar las bases fundamentales de la vilización Owcidental” [el subrayado aparece en el original], debe- mos entenderlo literal y metafóricamente. Metafóricamente, está diciendo que la tradición intelectual occidental está en deuda con los logros del Oriente Afroasiático. Pero las dimensiones literales de esta afirmación resultan aún más chocantes. Desde el momento mismo de su concepción, la cultura y la lengua griegas estuvie- ron inextricablemente ligadas a las de las civilizaciones semitas y africanas. Ásí pues, el Modelo Antiguo Revisado de Bernal sos- tiene que la delicada flor que Hamamos la Grecia clásica es un híbrido desde su semilla hasta sus pétalos. Bernal afirma tener abundantes prucbas que apoyan sus radicales sevi- siones de la historia antigua. Alenea nugra 2 contenía solamente las prue- bas arqueológicas y documentales, mientras que Atenea negra 3 aportaba las pruebas lingitisticas. Se supone que el cuarto tomo, todavía no publi cado, presentará pruebas relacionadas con la religión y la mitología Pero, como Atenea negra 2 fue publicado cn 1991 y Atenea negra y en 2006, es posible que las leclores interesadas tengan que esperar mucho el pro- metido cuarto tomo, que, de hecho, parece haber sido abandonado. En realidad, Bernal ha revelado algunas de sus cartas relativas a cvi- dencias en las presentaciones preliminares de su Modelo Antiguo Revi- sado, en los volúmenes uno y dos de Atenea negra. Ha presentado diversas etimologias de palabras y topónimos que, según él, confirman la cnorme influencia egipcia y fenicia sobre cl Egco de la Edad de Bronce, trazando paralelismos entre la religión egipcia y la griega que en su opinión demuestran claramente la significativa influencia de Egipto sobre Gre- cía. Una de estas afirmaciones es que la diosa griega Atenca derivó de la diosa egipcia Neit (Neith o Neg) y posiblemente de la diosa semita Anat (Anat u Anath). Los griegos de la era Clásica reconocían un para- lelismo entre Néit y Átenea: ambas estaban muy relacionadas con las ENTO INVENTADO artes domésticas, el tejido y la fertilidad, y tenían cierto vínculo con la guerra. La dificultad para Bernal está en que su argumento etimoló- gico de que el nombre de Atenea derivó del de Néit, no resulta en absoluto convincente para la mayoría de los estudiosos. Además, NEil, pese a ser una diosa antigua, fue durante mucho tiempo una deidad local de la ciudad de Sais en el delta del Nilo, y sólo alcanzó la prominencia nacional al establecerse el Saite, o vigésimo sexta dinastía de Psamtek 1 (664-610 a de C) Psamtek permitió a los mercaderes griegos asen- tarse en Naucratis, cerca de Sais, en 620 a. de C., lo que pudo haber supuesto otra ocasión para que los griegos oyeran hablar de Néit; cosa rvir de prueba que, lamentablemente, sucedió demasiado tarde para a las teorías de Bernal.'* Anat es una diosa cananea de la guerra, pero, sí bien existen algunos paralelismos entre ella y Atenea, es dificil ima- ginas a la benévola Atenca como una evolución griega de la implaca- blemente malévola Anal. En el caso específico de esta prueba, Bernal combina el uso de la lingitística y de la mitología para sustentar sus teorías. Bernal argumenta enérgicamente que los antiguos mitos y autores han de ser tomados al pie de la letra. Su tesis es que los mitos contienen un porcentaje considerable de verdad en relación con acontecimientos his- tóricos del pasado. Por lo tanto, como los mitos registran que Cadmo el Fenicio fundó Tebas en Grecia, esu significa que Tebas es una de las colo- nias fenicias postuladas por Bernal Cuando Dánao huye de Libia para evitar ser muerto a manos de su hermano Egipto, zarpa con rumbo a Gre- cia y arrebata Argos a su rey nativo, Gelanor. ¿Es esta historia un eco de antiguas conquistas egipcias cn Grecia? Martin Bernal diría que sí. La misma técnica se aplica a los autores antiguas desde Heródoto a Pla- tón y a Diodoro Siculo. Cuando estos hablan de conquistas, invasiones y préstamos culturales, Bernal pide a sus lectores que los tomen cn serio, literalmente. Como ha observado Berlinerblau: “Los estudiosos profe- sionales de la anligúedad confían mucho menos que Bernal en los tex- tos antiguos En cambio, Martin Bernal confía mucho más en los antiguos que en los estudiosos profesionales de la antigiiedad”.* Numerosas resc ñas y astículos, asi como un líbro entero de ensayos, han atacado y demo- lido prácticamente todos los argumentos de Bernal en términos de fallas metodológicas, pruebas irrelevantes o insuficientes, o simples errores fác- ticos. De más está decir que muchos clasicistas, lingúistas, egiptólogos, 278 E + Proy arqueólogos e historiadores han encontrado todo tipn de motivos de disen- sión en la metodología de Bernal y en las pruebas que presenta. ** Al contrario de lo predicho por el propio Bernal, la comunidad académica no lo ha ignorado. De hecho, lo la escuchado imparcialmente y, en gene- ral, no ha quedado convencida LA RECEPCIÓN DE 'A1ENEA NEGRA Es demasiado fácil ser originales haciendo lo com- ¿ario de lo que hacen todos [ ..] Hay cn día se busca la originalidad y la personalidad a bajo precio Antonio GRAMSC[* Ateneo negre es una obra que ha despertado reacciones apasionadas en los lectores, tanto positivas como negativas. ln palabras de una cono: cida especialista: “La ingente obra de Mastin Bernal es pretenciosa en el mejor sentido de la palabra”, pero csa misma especialista, Gerda Lerner, Hega a decir que “es un hibro mal organizado, aburridamente repetitivo, y sohrecargado de detalles técnicos”.* Pareciera que Molly Myernwitz Levine leyó un libro diferente (en cierto modo así fue, pues ella comentó el recién publicado Atenea negra 1, mientras que Lerner se refería a Atenea negra 1 y 2). Levine describe un fin de semana en el cual devoró Atenea negra 3, leyéndolo hasta en la cama y la bañera. Para ella la experiencia fue “ese rarísimo fenómeno intelectual: el libro académico que no puedes soltar [ ] las ideas de Bernal eran tan interesanites”.'5 Muchos otros, cono Michaci Pokiakaff, no estuvieron de acuerdo. 5 ohn R Lenz encontró Atenea negra 2 “extremadamente densa y problemática” ” Emily Vermeule Hegó a una conclusión aún más severa: “el precia de su lectura es la confusión”, mientras que John Baines lo describió como “una extraña mezcla de convencionalidad y extravagancia”. * El emj- nente Iistoriador de las ideas Paul O. Kristeller, reseñando ambos votú- menes de Atenea negra, dictaminó devastadoramente que “la obra de Bernal está lena de graves errores derivados de prejuicios y modas políticas; no se puede confiar en ninguna de sus aseveraciones y postu- lados, salvo que fuentes y autoridades más fidedignas los confirinen”. Además, aventura una observación que se volvería cada vez más común CONOCIMIENTO INVENTADO entrega de la saga de Atenea negra asistieron en 2006 a la publicación del largamente esperado tercer volumen Bernal parece haber abando- nado el proyecto del prometido cuarto volumen, pero ha mencionado que escribirá otro libro sobre el tema: Moses and tha Muses [Moisés y las musas], que se supone será una condensación de los argumentos de Atenca negra. Mulefi Asante y Karenga también han declarado eslar tra- bajando en una colección de ensayos en favor de Bernal con el título de fuly Out of Africa [Realmente desde África]; y otra obra en la misma línea, prometida pero hasta ahora no publicada, se llamará Just Out of África [Justamente desde África] Y Como estos libras fueran anuncia- dos por primera vez en 1996, puede que sea buena idea que los ávidos ación. Con o sin ellos, ya es mucha lectores esperen sentados su publi la tinta que ha corrido en los debates y discusiones sobre Atenea negra Como la polémica sobre la obra y las críticas a las ideas de Bernal son tan minuciosas y técnicas, el resto de este capítulo se centrará en varias cuestiones que se desenvuelven en una suerte de zona fronteriza entre la historia y la pseudohistoria, o que posiblemente la configuzan. Una de estas cuestiones es la controversia en torno al propio titulo de Atenea negra. Otra sección tratará sobre el concepto de Bernal de “vero- similitud competitiva” y su viabilidad Una tercera cuestión será el uso que hace Bernal de los conceptos de raza y racismo De cste análisis se desprenderá una cuarta sección que describirá las relaciones de Bernal con académicos afrocentristas y cómo estos han utilizado Atenea negra La sección quinta y final investigará la originalidad de las ideas de Ber- nal acerca de las influencias egipcias y del Cercano Oriente sobre Gre- cia en el marco de la historiografía de finales del sigka XX. CONTROVERSIA EN TORNO Al. TÍTULO ¿Qué tiene un nombre? Lo que llamamos rosa sería tan fragante con cualquier otro nombre William SRARESPEARE, Ronico y Julieta, 12, U, 4374 Durante una entrevista realizada en 1993, Martin Bernal comentó: “Con la excepción del *de', me han criticado por cada palabra de mi título, Atenea negra. las raíces afroasiáticas de la civilización clásica”. Muchas críticos : : . : : : i | l : i 4 4 PROFESORES 3 LA GRE: han considerado especialmente problemática o polémica su expresión Atenea negra. Pero, con el estilo agresivamente subversivo que han llegado a disfrutas, o en algunos casos a aborrecer, quienes se han acercado a la polémica sobre Atenea negra, Bernal prosiguió diciendo: “Estoy espe- cialmente avergonzado de las dos últimas [palabras]. Nunca debí dejar de entrecomillar ¿lásica; y civilización connotaba curocentrismo y pro- gresivismo: por implicar que las “culturas” aftoasiáticas sólo tenían la fun- ción teleológica de conducirnos hasta la civilización europea” *5 De esa manera Bemal hace ostentación de un radicalismo politicamente correcto, ignorando torticeramente las demás objeciones hechas a su título. Su comentario ignoraba también cl contruveriido subtitulo del volumen uno: La fabricación de la antigua Grecia 1785-1985. Muchos comentaristas se han quejado de que el uso que hace Bernal del término “fabricación” implicaba abiertamente la existencia de una conspiración entre espe cialistas en el mundo antiguo mediterráneo Al emplear en su título el nombre de “Atenea”, Bernal pone de relieve su tesis de que la cultura de la antígua Grecia tenía profundas raíces en Egipto y Fenicia, Atenea era la diosa griega vinculada a la sabiduría y a las habilidades artesanas; en otras palabras, era la dadora de cultura. Ade- más, Bernal argumenta que los griegos derivaron su concepto de Áte- nea de una diosa egipcia similar: Néit. En realidad, como hemos visto anteriormente, él afirma que el nombre de Atenca tiene sus raices cti- motógicas en la voz egipcia que significa “casa de la diosa Neit*.% Sin embargo, su insistente defensa de esta etimología no ha logrado con- vencer a los Iingilista Mucho más controvertido y capcioso resulta el uso de la palabza “negra” en el título de Bernal. Margarct Washington, en un loro sobre Atenea negra publicado en 19yg por el Journal of Women's History, comentaba que había empezado a leer Atenea negra, pero que lo había dejado enscguida al descubrir que no abordaba ninguna cuestión de género y muy puto de la historia de los negros.** Puede que Washington haya sido la tínica en suponer que la presencia de “Atenea” en el título implicaba cuestiones de género, pero esta suposición es totalmente comprensible. Muchos compartieron su reacción ante el hecho de que Atenea negra “no guardaba relación direc alguna con la historia de los negros". En 2003 tuve un alumno afroamericano que quería hacer un estudio independiente sobre Atenea negra y su coutroversia. Le interesaba lo que el libro tenía que decir 283 CONGUISIENTO INVETIADO sobre la historia de los negros. Como yo también estaba interesado en estudiar en detalle los textos de Bernal, estuve de acucrdo. Al igual que Washington, enseguida descubrimos que Atenea negra tenía poco que decir sobre la historia de los negros en el mundo antiguo. Salvo algunos comen- tarios ocasionales y gratuitos sobre faraones “negros” y cosas así, hay muy poco sabre los negros en Atenea negra Como era de esperar, las críticas contra el vocablo “negra” en el título Atenca negra aparecieron desde el principio. Estudiosos como Frank Snow- den protestaron contra la fusión de los egipcios con los pueblos de Etio- pía o incluso de África Occidental y Central. Bcznal replicó acusando a Snowden de que su definición de “negro” era demasiado precisa.* Este aspecto de la controversia en torno al título es tan sólo un episodio en el largo debate sobre la negritud de los antiguos egipcios, que analiza- remos más adelante ** Pero Bernal mencionó además otro punto rela- cionado con el problemático título de su libro: “Debo admitir que, en un principio, yo mismo lo sugerí [Atenea negra] como posible titulo, pero rmelo a fondo quise cambiarlo. Pero mi editor insistió . Las mujeres En otras pala- luego de pe en mantenerlo, asguyendo que: Los negros ya no venda ya no venden. Pero las mujeres negras todavía venden”.* bras, Bernal sugirió el titulo inicialmente, luego lo pensó mejor y quiso hacerle un cambio, pero su editor insistió en conservar Atenea negra como gancho comercial. Desde el punto de vista del marketing, el editor tenía toda la razón Desde el punto de vista de la integridad científica, esta deci sión resulta bastante más cuestionable. Un año después, en 19yu, Ber- nal admitió que repetir los comentarios de su editor había sido un “golpe que el título debió haber sido “Atenea pero Bernal, eterno afrocentrista solapado, replicó con la alter- bajo”. egipci nativa de “Atenea africana”. Numerosas personas han comentado que * Frank Snowden sugi el tílulo Atenea aegra implica claramente que su autor considera que la sociedad egipcia fue negra, aunque Bernal tiende a desmarcarse de esa opinión cuando se le insiste.3 Ya en 1989, David Gress habia llegado a sugerir que Bernal escogió el titulo de Atenea negra con el propósito de hacerte el juego al público del afroccutrismo extremo: Me parece perjudicial para Bernal el haber puesto a su obra el títalo de Atenea negra, puesto que él sabe bien cómo lo leerá el público para quien escribe: como una argumentación de que la 284 i ¡ ; l PROFESORES A LA GREÑA cultura griega es cultura negra A los activistas negros que se Lan hecho con el libro de Bernal les importan un comino las serias cuestiones etnográficas, lingiiísticas y antropológicas suscitadas por la argumentación de Bernal | ] Utilizarán Atenea negra del mismo modo que han utilizado la tesis de que Beethoven era negro: como un garrote en su lucha contra el lugar del pensamiento y la histo- ria europeos en el curriculum académico. $ Y luego añade esla vatoración final: “Atenea negra es perniciosa por- que sirve a un objetivo política hostil a la cultura del academicismo científico Su mismo título es sumamente engañoso”*" Otros participantes en la polémica sobre Atenca negra llegaron a conclusiones parecidas Algunos criticos han encontrado problemático en distintos aspectos lento de Bernal de echarle la culpa del título Atenea negra a su edi- tor. Cualquiera que esté familiarizado con las publicuciones académi- cas sabe que muclhos libros tienen títulos que prometen mucho más de el lo que en realidad contienen, que a memudo carecen de toda precisión, y que algunos rayan en el engaño. Los autores saben también que muchas veces no son ellos los creadores ni los que finalmente deciden los titu- los de sus propios libros, pues en esto intervendrán los intereses de sus editores. La fruntera entre lo correcto y lo incorrecto en ese terreno es muy borrosa y también bastante ancha. Para quienes estudian la polé- mica sobre Atenea negra, la cuestión está en si Bern línea ancha y borosa. La mayoría de lus estudiosos radicales ciría que no. Los afrocentristas responderían con un enfático “ini hablar”. Los tra: | traspasó o no esa dicionalistas, en cambio, se muestran mucho más críticos. En relación con el gesto de Bernal de achacar el título a una decisión comercial de su editor, Mully comentó: “Esa actitud cínica hacia la publicación de libros me parece completamente contraria a la ética profesional”, seña- lándo además que desde hace algunos años Bernal imparte en la Uni- versidad de Cornell un curso titulado “Atenea negra”. Bernal nunca ha dado a este curso otra nombre, como por ejemplo, “Atenea africana”. Bajo estas circunstancias, Muhly se pregunta: “¿No es entonces [Atenea negra] un titulo que a él mismo [a Bernal] le gusta, y no un a imposición de sn editor?”.37 Al responder a la critica general de Muhly, Bernal pasó por alto esta pregunta, minimizando su importancia mediante una leve aceptación de los reparas de Frank Snowden contra la negritud de los CONOCIMIENTO INVENTADO o desde la ausencia de pruebas, en ciertos momentos cruciales Él crítica a los arqueólogos por sn enfoque de que, si no tenemas evidencias arqueo- lógicas de que algo pudo suceder, esto nunca suceclió; o bien, si tene- mos pocas evidencias arqueológicas de este fenómeno, entonces se trata de algo insignificante o sumamente excepcional Por su parte, los uríti- cos cuestionan a Bernal por postular que algo pudo suceder pese a no exis- tir ninguna evidencia positiva que así lo demuestre. Un ejemplo de este enfoque es la afirmación de Bernal de que Beocia fue colonizada por los egipcios en la Edad de Bronce. Emily Vermeulc disiente enérgicamente “La total ausen- cia de prucbas arqueológicas de que los egipcios hayan estado en Beo- de su afirmación de que tal colonización haya tenido Inga cia no le quila el sueño a Bernal; como a él sólo le preocupa la “verosimilitud competitiva”, la ausencia de vestigios arqueológicos no logra disuadirlo”,* Otra crítica recurrente es el modo selectivo y acrílico en que Bernal extrae pruebas para respaldar sus teorías Los críticos ven en esta metodologia, o falta de metodología en el sentido académico tradicional, un aban- dono de la auténtica objetividad cientifica. Y Bernal y sus defensores csta- rían completamente de acuerdo. Ellos rechazan la existencia de la objetividad científica, y optan por el relativismo. Gerda Lerner y otros va” de Bernal les resulta han descubierto que la “verosimilitud compoti may afin. Jacques Berlinerhlau, un poco más prudente, califica este con- cepto de “una de las contribuciones más oportunas de Atenea negra al eslu- o ad dio del mundo antiguo” 1 Pero, ¿en verdad lo es? La visión que liene Martin Bernal del conocimiento cientifico nos deja ver un concepto bastante autoritario de la certidumbre autocomplaciente, opuesta al conocimiento Alenea negra sostiene que su Mndelo Antiguo Kevi- sado de la historia de la Edad de Bronce construye una ruptura radical con la historiografía moderna, que en su opinión se encuentra profundamente empantanada por culpa cle sus presupuestos racistas y antisemitas. ¿Son vcalmente tan originales las interpretaciones de Bernal, y tan radical su visión del conocimiento científico? El hecho es que sucesivos especialis- tas han señalado ya que el mundo académico, desde hace mucho tiempo, ha reconocido que la influencia de Egipto y del Cercano Oriente tuvo un impacto significativo sobre Grecia durante la Edad de Bronce, y también después. Chester Starr defendió esta interpretación años antes que Ber- nal. Con una promación menos exuberante, y una investigación mucho más rigurosa, los trabajos de Walter Burkert, de Emily Vermenle y de otros, 208 FLOFESORES a LA GREÑA. hán reafirmado las conclusiones de Starr y, en lo que atañe al conocimiento científica, han vuelto inverosímiles muchas de las afirmaciones más escan: dalosas de Bernal 1 Además, es dificil imaginar a un científico, sobre todo a un historiador, defendiendo que una interpretación pueda conver- tise co un hecho absolutamente demostrado y permanente. El revisionismo abunda en todos los subcampos de la historia Las intes- pretaciones de la Reforma Inglesa, de la demografía histórica de la A tica precolombina, de la guerra civil Norteamericana, del New Deal y de la Guerra Fiía, por sólo nombrar algunos ejemplos, son tan diversas que a veces el desconcertado lector puede llegar a preguntarse si los historiadores rivales estarán refiriéndose al mismo suceso Bernal atribuye esta incertidumbre o “verosimilitud competi a” de la historingralía anti- gua a la relativa cscasez de pruebas. Sin embargo, es evidente que incluso otros acontecimientos y periodos mucho mejor documentados están suje- tos a interpretaciones radicalmente distintas entre sí. Las nuevas eviden- cias y las nuevas inctodologías investigalivas pueden farzar cambios en la interpretación histórica, asi como en las cosmovisiones e ideologías sociales Cada generación reescribe la historia porque el conocimiento es contingente y variable. Como señala Berlinerblau: “La mayoría de los historiadores están familiarizados con este estado de cosas. Tanto es así, que rara vez se sienten obligados a ahordat este asunto en sus artículos y monografías” 4% Pero obviamente Bernal sí siente esa obligación Los investigadores más tradicionales consideran que este concepto ber- naliano de la “verosimilitud competitiva”, o al menos su aplicación, carece de rigor cientifico. Berlinerblau, por una parte, se esfuerza en presentar a Bernal como un hereje heroico cuyos cuestionamientos no impugnan la honestidad de los demás especialistas; por la otra, admite que Bernal “no da indicio alguno sobre cómo aplicar la verosimilimd competitiva para distinguir las ideas verasímiles de las inverosímiles”.19 Una critica recurrente es que Bernal no hace distinciones entre una interpretación posible aunque sumamente improbabie, y una que es posible y al mismo tiempo probable. Como dijera Guy MacLean Rogers: “Lo que pudo haber sucedido en el pasado no es lo mismo que lo que probablemente pasó, hasta donde podemos reconstmirlo de acuerdo con una evaluación cui- dadosa, detallada y contextualizada, de todas las evidencias” *" Al leer el debate en torno a Atenea negra, vemos que la tendencia es que los especialistas radicales acogen con beneplácito a Bernal porque gustan de 289 CONOCIMIENTO INVENTARIO sus ideas y teorías, pero dedican poco o ningún tiempo a analizar sus pruebas; mientras que los especialistas tradicionales encuentran estas ideas poco atractivas, poco originales, exageradas o tendenciosas, y luego citan las razones empíricas por las que han llegado a esas conclusio- nes.%' Un crítico ironizó diciendo que las interpretaciones de Bernal no le parecian ni competitivas ni verosímiles BLRNAL Y EL PROBLEMA DELAS RAZAS No habría motivos para impugnar la historia, o para disentir de ella, si quienes debieron haber sido los más competentes hubicran respetado la ver- dad y la honradez. Ll desacuerdo entre los histo» riadores, sin cubargo, es tal que algunos no solamente discrepan de las olros sio que se con- tradiccn ellos mismos, llevados por la pasión, la iza o el error; por lo tanto, dobemos hacer algu- nas generalizaciones respecto a la naturaleza de tados los pueblos, u al menas de los más conoci- dos, para poder poner a prucha la veracidad de las historias mediante estándares justos y tomar deci- siones acertados en los cusos individuales Jean Bonn” Las cuestiones raciales y étnicas permean gran parte de los dos volúmenes de Atenea negra. Bernal arremete contra el racismo y el antisemitismo de dos siglos de academicismo europeo, y contra la furma en que este ter- giversó la interpretac n del pasado. Todo el mundo está de acuerdo en que el racismo y el antisemitismo son malos, en que existieron, y en que continúan existiendo, aunque en menor grado, El racismo y cb impe- rialismo tuvieron su apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las circunstancias politicas, sociales, culturales y científicas de Occidente les brindaron un apoyo poderoso y una justificación lusoria. Sin embargo, muchas personas discrepan de la tesis de Bernal de que la idcología racista y antisemita, en combinación con los conceptos de progreso y romanticismo, fueron el motor de la investigación histárica en aquella época o posteriormente % Otros acusan a Bernal de haber 290 | | | | | | ' PROFESORES A Lá GRESA vuelto del revés sin más el academicismo racial de los siglos XIX y XX, pues el academicismo de Bernal, como sucede con el de sus aliados afrocentrislas, es lan racial como el del siglo XIX, y cn última instancia su enfoque resulta igualmente eurocentrista Muchos especialistas recha- zan la inyección de conceptos raciales y étnicos anacrónicos en la inter- pretación de la Edad de Bronce que presenta. Algunos se atreven a sugerir que el uso incesante que hace de la cuestión racial va más allá de la ide- ología y constituye un arma retórica politicamente correcta con la cual silenciar o poner en sordina las criticas de los académicos tímidos. La sencilla lógica de esta estrategia sería: si usted no está de acuerdo con Martin Bernal, debe de ser usted racista, como lo fueron tudos aquellos académicos anteriotes. Otros críticos consideran que Bernal emplea de manera cínica la cuestión racial con el objetivo de hacer el juego a los académicos afrocentristas y obtener así su respaldo. Cuando en 1991 apareció el segundo volumen de Atenea negra, Bernal escribió: “Mi esquema historiográfico y mi tesis de que la mayoría de los hombres que establecieron el Modelo Artio eran —para decirlo cruda- mente- racistas y antiseriitas, han sido generalmente aceptados” * En aquel momento esa afirmación de Bernal era cierta en gran medida. Y a pesar de la bien documentada discrepancia de otros especialistas por aquellos años, todavía en 1999 un erudito tan serio como Jacques Berli- nerblau continuaba aceptando las tesis fundamentales de Bernal sobre la distorsión racísta y antisemita del academicismo clásico.$5 Sin embargo, los tradicionalistas aseguran que el extendido respaldo a la tesis de Ber- nal sobre el academicismo racista tiene cimientos poco sólidos. Én pri- mer lugar, los académicos radicales presuponen, anaciónicamente, que los intereses racistas y antisemitas predominaban en el pasado del mismo modo en que lo hacen en la actualidad En realidad, mucha gente culta asume o sostiene que estos prejuicios eran peores en el pasado que en el presente. De ahí que la argumentación de Bernal de que cl academi- cismo clásico de los siglos XIX y XX estaba terriblemente contaminado de racismo sea justamente lo que los radicales y otros hubieran esperado. En segundo lugar, muchas de las personas a quienes les pareció con- vincente el alarde de erudición racista y antisemita de Atenca negra no conncían mucho de la historiografía clásica y la historia de las ideas de los años 1785-1985. Su aceptación de la autoridad de Bernal fue un acto de fe CONOCIMIENTO INVENTADO titudes raciales de los paises de Occidente, Bernal está en lo cierto; pero cuando el objeto de estudio son los pueblos del Mediterráneo antiguo, resulta anacró- pena estudiar. Cuando el objeto de estudio son las nico imponerles las actitudes raciales modernas. Uno tras otro, los eru ditus han criticado por inapropiado e inexacto su uso del conecpto de r ; en realidad, Bernal se comporta como el vivo reflejo de los acá- démicos racistas del siglo XIX y principios de Xx de quienes tanto abo- mina. Lo que dicen los crilicos de Bernal es que él, en efecto, ha encontrado al enemigo, y que es él mismo % Bernal ticne un motivo político para introducir anacrónicamente los prejuicios raciales modernos en el Mediterráneo de la Edad de Bronce, En primer lugar, sostiene que Egipto es una fuente significativa de la civi- lización griega y, por tanto, de la civilización occidental que la suce- dió Én segundo lugar, afirma que Egipto era una cultura negía o parcialmente negra, con una afinidad cultural más fuerte con las civili- zaciones africanas del sur del Nilo que con las del Cercano Oriente asiá- tico Júntense ambas afirmaciones y los negros emergerán cn el origen arnente de la civilización occidental, y de este modo quedará histó 6 En varias refutada la creencia racista cn la inferioridad de los negros ocasiones Bernal ha declarado con toda claridad que ese es su obje- tivo, pero en estos comentarios a sus críticos, publicados en una edición del Journal of Mediterranean Archacology en 1990, expresa sus sentimientos de forma bastante sucinta: Lo que les molesta a muchos aftoamericanos es el hecho de que constantemente se les diga, de manera directa o implicita, que ta gente como ellos es incapaz de toda filosofía, ciencia o creatividad cultural en esferas importantes Ási pues, les ¡rita esta negación de sus semejanzas con los egipcios antiguos. Es por esta razón que he subrayado la 'negritud' de algunos egipcios antiguos y la africanía de esa cullura en general? Hasta un exégeta tan comprensivo como Jacques Berlincrblau ha seña- lado que los comentarios de Bernal sobre la raza de los egipcios en Atenea negra son sumamente ambiguos “* Por ejemplo, ya en 1989, Ber- nal asegura: “En el texto de mi libro (841), no dije que los egipcios fue- sen negros” Parafiaseando un poco la cita anterior de Bcrnal, “de 294 i PROFESDRES a 16 GRENA manera directa o implícita” él sí que trasmite la impresión de que Egipto fue una civilización negra, como claramente lo expresa en su mismo título Esta cuestión de la ctnia de los egipcios, no es más que un ejemplo del modo vago e indeciso en que Bernal utiliza cl lenguaje para permi- tirse una retirada oportuna cuando la reacción crílica se torna demasiado intensa. Otros participantes en la polémica sobre Átenca negra han notado y comentado desfavorablemente esta estrategia retórica. Como obser- vara Aun Michelini: “Bernal se protege continuamente con un lenguaje ambiguo” y “se ioma demasiadas libertades”. También Gerda Lerner se percató de esto con cierta aprensión: “A lo largo del libro, el autor reniega múltiples veces de las implicaciones de su obra, y sin embargo no define suficientemente sus límites y fronteras para evitar que sea manipulada del mudo más burdo” 7” Aunque Bernal replicaría que él tan sólo hace esto porque no cree tener todas las respuestas, otras veces ha defendido las mismas teorías con gian seguridad en sí mismo. Incluso ha justificado su lenguaje ambiguo alegando que “eu esc punto no soy peor que la mayo- ría de los académicos convencionales” ” Las tácticas retóricas de Ber- nal desagradan incluso a Berlinerblau: “Tampoco yo simpatizo con la tendencia de este autor a defender posiciones completamente contra- dictorias Un cierto uportuuismo caracteriza a Atenea negra”?* El evi: dente uso relórico de la negritud de la antigua civilización egipcia parece ser un ejemplo de este oportunismo. Sin embargo, como bien sabe- mos, la negritud o blancura de los antiguos egipcios ha sido desde hace mucho liempu un campo de batalla de las ideas pseudohistóricas. Natu- ralmente, ¿que importan unos pocos anacrunistmos, cuando el propá- sito es “mitigar la arrogancia cultural europea” y atraer el apoyo de los afrocentristas? BERNAL Y LOS APROCENTRISTAS La falsedad aqueja naturalmente a la informa- ción histórica, Esto es inevitable por diversos moti- vos. Uno de ellos es el partidismo de las opiniones y las escuelas Iba KHALDUNA 295 CONOUIMEENTO INVENTADO Ninguno de los involucrados en la polémica sobre Atenea negra se opone al objetivo general de mitigar o eliminar el 1acismo. Muchos criticos de Atenea negra no sólo cuestionan seriamente la historicidad, o la propiedad en términos de anacronismo, de su enfoque racial de la Edad de Bronce, sino que además acusan a Bernal de hipocresía y de manipulación cínica 73 Sugieren que tal vez Bernal se propuso deliberadamente conquistar el apoyu de los académicos alrocentristas más radicales con el fin de gene- rar publicidad e incrementar las ventas de su libro. El afrocentrismo surgió como un movimiento intelectual que buscaba corregir la tradicional presunción europea, es decir, el eurocentrismo, que considera que la historia y la cultura de los europeos blancos cons- biluyen el aspecto más importante de la historia mundial En un princi- pio, los aftocentristas intentaron simplemente demostrar que los pueblos africanos, en especial los negros, también habían jugado un papel impor- tante en la historia del mundo. Sin embargo, luego surgió un afrocen- trismo radical que ha ido más allá de cualquier corrección y amplificación necesaria y 1azonable del relato histósico para hacer justicia a los negros. Estos extremistas han cercado un mundo fantástico en el cual todo el cono- cimiento y toda la virtud emanan de África, mientras que Europa, y por extensión la América blanca, constituyen sociedades de ladrones de cultura, de opresores bárbaros y, básicamente, de seres humanos infe- riores y defectuosos. Este atrocentrismo radical es el reflejo invertido del curocentrismo, y de él hablaremos en este epígrafe.” Si hermas de creer a Bernal, su editor ciertamente adoptó la táctica de dirigirse a un público afrocentrísta y feminista a la hora de titular el libro Átenca negra.” Sucesivos especialistas han criticado a Bernal por apo- yar e instigar los mitos y fantasías de los afrocentristas radicales, afir- mando que, en el mejor de los casos, una mitificación complaciente sólo conduce al deseneanto y la decepción, cuando un estudiante educado en el afrocentrismo se enfrenta con la historia aprendida no sólo por una mayoría supuestamente evtocentrista en Estados Unidos, sino tam- bién por el resto del mundo. Los autores recogidos en la compilación Atenea negra revisitada, pretendidamente tradicionalistas y conservado- res, tampoco son los únicos cn ver una relación negativa entre Atenea negra y el atrocentrismo Incluso una defensora de Bernal temprana y ardiente como Molly Myerowitz Levine, llegó a considerar Atenea negra 296 : + : i : E Í l PROFESORES A LA GREÑA un peligro para la educación y la sociedad, por su reafirmación de posi- ciones alrocentistas radicales. El enfoque de Bernal promueve tam- bién, al menos indirectamente, un relativismo tan radical que resulta corrosivo para el conocimiento en general, y una actitud cínica hacia el conocimiento que resulta igualmente corrosiva. Los hechos dejarían de existir, tudo el conocimiento consistiría en opiniones, y todas las opi niones serian válidas por igual El uso que han hecho algunas personas de Atenea negra resulta igual- mente perturbador. Un buen ejemplo es el afrocentrista radical Leo- nard Jefes, profesor de la City University de Nueva York. Evidentemente, Jeffries suscribe el mensaje de Bernal, pues va sembrando ejemplares de Atenea negra por la ciudad de Nueva York como Cadmo dientes de dra- gón en torno a Tebas. Ha entregado ejemplares del libro al ex alcalde Ed Koch y a su sucesor David Dinkins. Lo que piensa Martin Bernal de Jeífries tampoco está claro. Durante una entrevista en 1992, Bernal guardó distancia con relación a Jeffries y comparó la “racialidad” del afrocen- tismo de Jeffries con los moderados Molefi Ásante e Ivan van Sertima Pero en ningún momento repudió a Jefíries. Un año más tarde, en otra entrevisla, Bernal expresó su agradecimiento por la manera en que la mayoría de los afrocentristas había defendido su obra, y relató con cierto orgullo cómo Jeffries colocó aquel ejemplar de Atenea negra sobre el escri- torio del alcalde Dinkins. Bernal considera a Jeffries “un símbolo del afro- centrismo radical y del 'racismo negro”, pero al entrecomillar “racismo negro”, esta acusación se torna vacilante * ino se pregunta cómo reac- cionaría Bernal ante esta valoración expresada por Stanley Crouch: “Leo- nad Jelrey, el bufón del City College que durante más de veinte años convirtió en un mal chiste la educación superior al frente del departa- mento de estudios negros” 79 Tal vez llamaría a Crouch racista por seme- jante opinión, pero, si así fuera, incurriría en otra contradicción bernaliana. Según Bernal, el racismo es “un término que debería aplicarse solamente a los blancos”.* Y Crouch es afroamericano. Pero los participantes blan- cos en la polémica sobre Atenea negra no gozan de la misma inmunidad contra la acusación de racistas Muchos de los que disienten de Bernal deploran su uso extravagante del fenómeno del racismo coma recurso para explicar la postura de los académicos del pasado y del presente. Como bien ha señalado Frank Yurco, muchas interpretaciones de la historia antigua que Bernal ha 297 EOROC TO INVENTADO reacción: “Tras aquel hallazgo me vi lleno de sentimientos encontra- dos. Por una parte, mi formación me impelía a rechazar la ausencia de gran parte de la parafernalia exterior del academicismo; por la otra, des- cubria que mi posición intelectual estaba muchu más cerca de la litera- tura negra que de la historia antigua vrtodoxa”.% Frank Snawden, un académico afroamericano al estilo tradicional, criticó a Bernal por adop- tar las ideas de James sobre egipcios negros y legados robados. Bernal se apresuró a negar esta acusación: “En ningún momento he dicho ni sugerido que acepto la afirmación de Jarnes de que Aristóteles robé” sus ideas de la biblioteca de Alejandría. Mi admiración por James pro- viene de que este logró percibir -en circunstancias extraordinariamente difíciles el sesgo racista del academicismo clásico” *” Sin embargo, Michael Poliakoff ha señalado que este distanciamiento de Jarnes es cues- tionable, puesto que en Atenea Negra 7, al referirse al cargo de Aristóte- les como tutor de Alejandro Magno, Bernal hace el siguiente comentario enterrado en una nota al pie: “G. M. James | ] afirma que este cargo te dio [a Aristóteles] acceso a las biblivtecas egipcias, la cual explicaría a su vez la casi incrcible cantidad y variedad de los escritos de Aristó- leles”.*" Combinando este material con otros comentarios respetuosos acerca de la obra de James en general, y sus obscivaciunes sobre el legado robado en su reseña de Not Qué 9f Africa de Mary Lefkowitz, no es sor- prendente que Poliakol! y otros se pregunten: “¿Qué es lo que piensa en realidad Bernal?” El comentario de Bernal sobre que James habajó “en circunstancias extraoidinariamente dificiles” introduce otro de sus temas: que los afro- centristas son los prescivadores del Modelo Antiguo. Mientras que otros se han descarriado, ellos han conservado la fe. Claro que Bernal está per- fectamente dispuesto a admitir que los alivcentristas “cometen muchos errores en los detalles”. Sólo que, para él, sus errores no importan: como seguidores del Modelo Antiguo, la interpretación de los afrocentrístas es fundamentalmente correcta; y la del academicismo convencional, corrompido por el Modelo Ario, cnónca. Anteriormente, en defensa del afrocentrismo, Bernal habia comentado: “Es comprensible que los afrocentristas cometan tantos errores. Ellos sienten que batallan en un mundo hostil y que están en posesión de una verdad absoluta, así que se preocupan menos por los detalles fácticos”.% Por lu visto, cuando el academicismo se vuelve político los hechos no son importantes, y para FROLESORES A LA UREÑA Bernal todo academicismo es, en última instancia, político. Acto seguido deplora las condiciones en que han trabajado los afracentristas, las cua- les explican y excusan las munifiestas deficiencias de sus obras. “Sin embargo, más importantes son las extraordinarias dificultades matería- les afrontadas para adquirir preparación en las lenguas requeridas, encon- trar tiempo y espacio para investigar, dinero para comprar libros, para accede: a bibliotecas, por no hablar de encontrar editoriales que les brin- den revisiones académicas y correctores de pruebas competentes”.% Segui- damente reprende a Mary Lefkowitz por elitista, teniendo en cuenta su lugar privilegiado en un mundo acadérnico con abundantes recursos Como profesor de la Universidad de Cornell, Bernal goza del mismo acceso y recursos para investigación de primera clase, y no vacila en admi- tirlo. Pero lo que sí parece olvidar es que la gran mayoría de los profe- sores de cualquier etnia en Estados Unidos no disfrutan de la misma disponibilidad de recursos que él Ellos trabajan en condiciones iguales o apenas mejores que las de los afrocentristas, y sin embargo muchos de estos profesores producen obras cientificas sólidas, algunas tan bue- has como las mejores que se publican en las elites universitarias. Ade- más, como bien ha apuntado Lefkowitz: “La insuficiencia de las bibliotecas y demás instituciones tampoco explica que G. M. James haya podido llegar a la conclusión de que los griegos 10baron su filasoña de los lihros citados en las notas bibliográlicas al final de cada sección de su libro” ** Leikowítz lermina demostrando que El legado robado es un libro que intenta parecer científica, pero que se qneda en una pseudohistoria insincera y de conclusiones extremadamente tendenciusas. Mario Liverani, m aca- démico italiano, concuerda con Lefkowitz y considera que Bernal y los afrocentistas ticnen más prejuicios y son más culpables de falsificación que cualquiera de los supuestos académicos racistas que, según Bernal, crearon el Modelo Ario de la historia antigua. La solución que propone Liverani es que los investigadores “trabajen sin prejuicios y sin intere- ses ocultos”. Difícilmente Bernal podría aceptar esta sugerencia, dado que él considera que toda investigación científica cs inlrinsecamente poli- tica, y está inevitabienente ligada a los valores egoístas de la sociedad que la rodea." No todos los afrocentristas recibieron con los brazos abiertos a Martin Bernal y la Atenea negra, y ello por múltiples vazoncs. En primer lugar, na les pareció original. Los escritores y académicos negros han estado 301 CONOGIM! TO INVEADO. diciendo lo mismo por lo menos desde 1829, cuando David Walker publicó su Apelación” En segundo lugar, discreparon enérgicamente de su caracterización de Egipto como una cultura mestiza, si bien con un gran número de negros en su población, algunos de los cuales estable- cieron dinastías de faraones a intervalos regulares. La descripción que hace Bernal de los antiguos egipcios como un pueblo mestizo resulta inaceptable para este grupo de afrocentristas, para quienes los anti- guos egipcios cran exclusivamente negros, Para ellos Martin Bernal no es ningún hérve; anles pareciera eslar perpelrando un nuevo saqueo del legado negro: el del Egipto negro y africano de los Liempos antiguos % A pesar de estos desaires, muchos afrocentristas han acogido a Ber- nal y a su Atenea negra. Bernal ha participado en mesas redondas del lado de Ins afrucentristas, y ha dado charlas ante públicos que simpa- tizan con esas ideas. Incluso si las ideas de Bernal no son originales, como ha explicado Jacques Berlinerblau, el hecho “de que un profe- sor blanco de la Ivy League” parezca respaldar estas ideas contribuyó mucho a acercar las tesis de los afroceniristas, hasta entonces periféri- cas, al epicentro del debate intelectual en Estados Unidos”. Como diji- mos anteriormente, Leonard Jeffties parece tratar a Atenea negra como una esp: je de talismán para la causa del afrocentrismo radical. Y ese es el problema que perciben los adversarios de Bernal: Atenea negra se ha convertido en un instrumento de las cuestionables teorías raciales de . alrocentrismo radical. En 1996 Guy MacLean Rogers consideró que la situación cra lo bastante sezia como para concluir su colección de ensa- yos can este reto: “Los editores de este volumen cxhortan a Bernal a rechazar públicamente, de manera explícita y sin ambigúedades, cual quier teoría de la historia que combine lo racial y lo cultural. De no hacerlo, estaria indicando que apoya una visión del pasado que ha sido una de las causas del racismo y del antisemitismo en cl mundo moderno”. Si bien Bernal ha respondido minuciosamente a muchos de los ensayos recogidos en Atenea negra revisitada, nunca ha contes- lado a esta preocupación de Rogers." * La Apelación del abolicionista afroamericano David Walker (371 z documentos anticsclavistas más radicales Causó gran revuelo 4] ser publicada en 1829, pues exhortaba a los esclavos a rebelarse contra sus amos |N' del 7] ” Grupo de ocho prestigiosas universidades de Estados Unidos |N' del 7] 302 PROFESORES A LA GUEÑA. ¿Estará amainando la controversia en torno a Atenea negra? Tal parece ser el caso. Atenea negra replica: Martin Bernal responde a sus críticos apare- ció en 2001. Aunque fue ante lodo una respuesta a Alenea negra revisitada, las llamas de la polémica ya no volvieron a avivarsc, ni entences ni con la publicación de Atenea negra 3en 2006. Ya en el primer y segundo tomos de Atenca negra, los ingiiistas se habían mostrado sumamente críticos con las ideas de Bernal sobre las lengnas antiguas y lo que estas revelaban acerca de los intercambios culturales; ese tercer tomo, dedicado a las cvi- dencias lingilísticas, no les ha hecho cambiar de opinión. *" El prometido cuarto tomo, con pruebas extraídas de la religión y de la mitología, parece haber sido abandonado; pero en cualquier caso, ¿habria tenido alguna importancia? Otro volumen de ensayos en defensa de Bernal anunciado en 2001, Debating Black Athena [Debatiendo sobic Atenca negra], toda- vía no ha salido, Al parecer, el interés se ha desvanecido. No obstanle, la publicación en 2008 de las memorías de Mary Lefkowitz, History Lesson: +4 Race Odyssey [Lección de historia: una odisea de las razas], podria muy bien cambiar las cosas. Aunque este libro trata principalmente sobre los problemas que ella experimentó al criticar la enseñanza de la pseu- dohistoria promovida por los afracentristas radicales en Wellesiey College, también habla extensa y críticamente de Martin Bernal y Atenea negra. Lección de historia ha recibido por lo general criticas favorables, pero es demasiado pronto para saber si esa tendencia continuará o si Martin Ber- nal y sus alados se prepararán una vez más para la batalla RESULTADOS DE LA POLÉMICA No podemos restaurar viejas palíticas ni seguir un tembor antiguo, T.S Eutor'" De todas las discusiones, debates y rencores de la polérica sobre Atenea negra, ¿cuáles fueron los 1csultados? ¿Convenció Bernal al público de que su Modelo Antiguo Revisado era la interpretación más competitiva mente verosimil de la historia del Mediterráneo en la Edad de Bronce? Hasta ahora la respuesta es no. Además de las numerosas refutaciones fá ficas de la investigación de Bernal, se ha señalado que su argumentación general, a favor de las influencias egipcias y orientales sobre Grecia, es un