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Una visión histórica de la navegación griega hacia el occidente, con un enfoque en la creación de colonias en italia y sicilia durante el siglo viii a.c. El texto explica cómo los griegos, impulsados por intereses comerciales y la colonización, establecieron asentamientos en las costas del mar mediterráneo occidental. Se mencionan las primeras colonias, como cumas, y cómo estas colonizaciones llevaron a la entrada de estas zonas en la historia. Además, se discute la importancia de la arqueología y las fuentes históricas en el estudio de este tema.
Tipo: Apuntes
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5.1. INTRODUCCIÓN. 5.2. COMIENZO DE LAS NAVEGACIONES GRIEGAS POR OCCIDENTE. 5.3. CALCIDIOS Y RODIOS POR OCCIDENTE. 5.4. PRIMERAS REFERENCIAS A LOS VIAJES GRIEGOS A LA P. IBÉRICA. 5.5. OTROS EXPLORADORES GRIEGOS EN EL LEJANO OCCIDENTE.
El tránsito de la Edad de Bronce a la de Hierro no se produce en todas las partes al mismo tiempo, en la cuenca del Egeo coincidió con una intensa conmoción de orden étnico y cultural que hizo cambiar su desarrollo. El período caótico y oscuro en que Grecia comienza a entrar en su historia, la denominada “Edad Oscura”. Durante ese período se produjo una pérdida casi absoluta de aquellas viejas relaciones mediante las que en la Edad de Bronce hubo cierto contacto con el otro extremo del Mediterráneo. Hacia finales del II mileno a.C., en torno al 1100 a.C., los griegos no estaban interesados todavía en los mercados tartéssicos que comenzaban a ser explotados por los fenicios. Los helenos, habitantes micénicos y dorios de la Hélade estaban ocupados en buscarse un acomodo dentro de un nuevo ámbito geográfico y adaptándose a las nuevas condiciones de vida por la llegada de los dorios (que culturalmente estaban más atrasados pero que traían el hierro). Parecía que se había perdido toda noción de las tierras en el «Lejano Occidente». Hoy sabemos que los dorios realmente no invadieron Grecia al “estilo germano de invasión”, ya que no eran una raza distinta al mundo micénico, sino que fueron un elemento micénico que vivió en la montaña y entró a Grecia en el «Heládico Medio». Por su posición geográfica fueron depositarios del hierro. Este período aparentemente caótico dio pie al desarrollo de las poleis griegas, ciudades-estado pequeñas, en competencia continua entre ellas. En Grecia fueron un elemento de avance y progreso. El período arcaico de Grecia abarca desde el siglo XII al VIII a.C. Este período trajo consigo la pérdida de las viejas relaciones de los micénicos, gracias a las que se había conectado el sector oriental con el occidental. A finales del II milenio a.C., los griegos no estaban interesados en reconstruir las relaciones de la talasocracia micénica. La Hélade estaba más interesada en constituir su ámbito geográfico, en el que realmente tenía que desarrollar su vida y sus posteriores hazañas. Tuvo que adaptarse a las condiciones impuestas por los recién llegados dorios al sur micénico, y acabaron dejando de lado las relaciones con Occidente. Lo cierto es que no sabemos nada de griegos en el contexto del «Lejano Occidente» en los inicios de esta Edad Oscura. No se conoce nada en torno al 1000 a.C., fecha en la que los mercaderes fenicios copaban el comercio y habían recogido la tradición de las viejas relaciones de la Edad de Bronce. Los fenicios además de retomar el comercio micénico lo ampliaron con el comercio metalífero, fundando Gadir frente a su mayor emporio, Tartessos. Los hechos posteriores denotan que los griegos no habían olvidado las antiguas relaciones, y si no las iniciaron antes fue porque se daba una imposibilidad momentánea de entregarse a empresas de envergadura, por ciertos problemas vitales y de difícil solución en la Hélade. No obstante, lo que es indudable es que los griegos conocían las andanzas de los fenicios como aparece reflejado en las fuentes y que sería un constante recuerdo y estímulo. Estrabón no fantasea cuando indica que Homero tuvo que tener un amplio conocimiento de Occidente a través de las noticias de las expediciones fenicias. Más adelante añadiría que las primeras noticias sobre el «Lejano Occidente» fueron debidas a los fenicios, dueños de la mejor parte de Libia e Iberia antes de los tiempos de Homero.
Cuando la polis estuvo en sus últimas fases, el orden y el desarrollo conseguidos permitió a los griegos ampliar e intensifica sus relaciones marítimas más cercanas. Por ello se dirigieron primero al sur del Mar Negro. Para llegar al «Lejano Occidente» era necesario el desarrollo de una industria que necesitara de los metales. Cuando el comercio y la industria enriqueció a una sociedad como la helena, que vivía en relativa paz, les impelió a volver a esos mercados lejanos. Los beneficios cuantiosos se podían obtener mediante el comercio de lujo para las clases adineradas, o mediante el comercio de metales. Sólo cuando Grecia tuvo un desarrollo importante se lanzó a buscar mercados, hecho que se produjo en torno al siglo VIII a.C., momento en que los helenos comenzaron a navegar de nuevo hacia el Mar Negro primero y luego al Extremo Occidente, allí donde los entonces recientes poemas homéricos colocaban los sombríos parajes del «Tártaro» y las plácidas llanuras de los «Campos Elíseos». Gracias al nuevo empuje de los griegos, nuevas zonas pasaron a formar parte del mundo conocido, y gracias a ello entraron en la historia. El sur de Italia y Sicilia fueron meta de los nuevos rumbos de los helenos, y gracias a este período comenzará a fraguarse la Gran Grecia o Magna Grecia. El redescubrimiento de sus tierras circundantes y del Mar Jónico les abrió la puerta al Seno Sardo y al Seno Balear, nuevos mares, con nuevas islas y costas poco pobladas. Además, abundaban las tierras feraces. Pero los griegos lo veían todo como parte de su propia patria, puesto que existía el mismo clima, mismo paisaje, mismo mar, pero con mucha mayor abundancia. La pobreza minera de la Hélade era muy alta puesto que sólo contó posteriormente con las minas de Laurión y el Pangeo. Con estos viajes la sorpresa de los griegos fue similar a la de los españoles tras llegar a América. Frente a sus áridas tierras (exceptuando El Ática) vieron ahora las tierras fecundas de Sicilia, Campania, Provenza o el Valle del Guadalquivir; vieron ríos como el Ródano, el Po, o el Betis. Así, tras las primeras navegaciones, pronto se desarrolló un importante tráfico comercial, y así el Occidente volvió a abrirse a las corrientes civilizadoras del Oriente Griego. Los elementos llegados en torno al siglo VIII a.C. tenían mayor costumbre de escribir, de forma que todo el Occidente mediterráneo entro en el mundo civilizado y en la historia. Lo más característico es que todos los pueblos del Extremo Occidente que entraron en contacto con los griegos, pasaron de la prehistoria a la historia (Italia, la península ibérica, el sur de las Galias, etc), zonas que dejaron de ser asiento de pueblos bárbaros para tomar parte en el concierto de pueblos civilizados. Pero lo realmente interesante es cómo se produjo la llegada a Occidente de los griegos.
A mediados del siglo IX a.C., según las fuentes antiguas, ciertos navegantes jonios oriundos de las ciudades de la isla de Eubea, frente a las costas de El Ática, llamadas Calcis y Eretria fundaron en pleno Mar Tirreno, frente a Cerdeña, en Campania, la primera colonia griega de Occidente, Cumas. A partir de entonces comenzó la historia griega en el Mediterráneo Occidental. Algunas tradiciones fechan la fundación de Cumas en torno al 1050 a.C., pero hoy por hoy la arqueología no certifica la presencia de griegos con anterioridad al siglo IX a.C. Aquí puede funcionar la idea de García Bellido según la cual los eubeos antes de asentarse definitivamente habrían merodeado por la zona buscando un lugar bueno para asentarse. Pero 1050 a.C. es a todas luces una fecha excesiva.
Las fechas de las fundaciones provienen de muchas fuentes antiguas, pero las de Sicilia en concreto están bien reflejadas por Tucídides. Además, la arqueología ha demostrado como antes de fundar una colonia, las comarcas costeras cercanas eran visitadas con anterioridad, por precaución y por previsión del porvenir que pudiera tener la tierra. La transmisión del fuego sagrado a la nueva colonia era el elemento fundacional básico. La colonización sólo llegó a tener efecto tras la precolonización, dirigida por exploradores, aventureros, comerciantes, ladrones y piratas, que asaltaban navíos y robaban o comerciaban. Cumas fue fundada en la actual isla de Ischia, frente al Cabo Miseno (Pitecusa en la antigüedad). A todas las fundaciones denotadas debieron preceder otras fundaciones, hasta transformarse en antiguas colonias. Por ello, García Bellido no rechaza categóricamente los datos de algunas fuentes, que muestran las hechas del siglo IX a.C. La arqueología sólo transmite la fecha solemne de fundación. Por ello algunas fechas de Tucídides podrían llegar a principios del siglo VIII a.C. Zancle y Siracusa podrían llevarse hasta el 757 a.C. Tucídides, al esbozar las condiciones de vida de los griegos antes de la Guerra del Peloponeso mostró como los griegos se convirtieron en piratas, y cómo todos los que vivían en la costa se robaban unos a otros. Esto mostraría su influencia en la precolonización.
La presencia de griegos en Sicilia y el sur de Italia, en las costas de Campania (donde estaba Cumas) implicaba que las naves llegarían tarde o temprano a la península ibérica. Además, se tiene constancia de remotas navegaciones de rodios por Tartessos y por el mar balear. Una tradición rodia indicaba que en tiempos remotos sus navegantes llegaron a las Baleares fundando colonias. Esta tradición llegó a Estrabón, que en 14.2.10 indica cómo los rodios tuvieron una preponderancia marítima atada antes de la I Olimpiada, y cómo gracias a ella emprendieron travesías hasta Iberia, donde fundaron Rhode, que después pasó a ser una posesión de los masaliotas. Algunos autores indican que tras el regreso de Troya, los rodios se instalaron en las Baleares (Islas Gymnesias). Por otro lado Estrabón vuelve a hablar del origen griego de la Rhode peninsular, mientras que el pseudo Escimno de Quíos muestra también que los rodios fundaron Rhode en la península. El poema escrito por Licofrón en el 270 a.C. (Alexandra) indica cómo Casandra, la hija de Príamo, además de prever la caída de Troya y los destinos de los héroes, el autor la hace predecir la dundación de ciudades, entre ellas la que fundarían unos griegos al arribar a las Baleares, donde vivirían una época de escasez. Las mismas tradiciones, como el Epítome de Apolodoro, denotan el mismo contenido para Tlepólemo, que desde Torya y Creta llegaría a las islas Baleares. Tanto el sur de Italia, como la Campania, como las costas de Occidente, habrían sido visitadas por los rodios, y además de Rhode había otras ciudades de nombre similar. Una estaba situada a orillas del Ródano, Roda, atribuida su fundación a los rodios. Otra estaba situada en Apulia, en el sur de Italia, con el nombre de Rodiae. En general, todos estos textos son discutibles, pero se podría aceptar que lejos de ser sólo los calcidios, serían los rodios unos de los primeros pueblos que también llegarían a la península. En cualquier caso, las fuentes distinguen entre el aspecto histórico y el legendario (la guerra de Troya y la vuelta de Tlepólemo). Pero claro está que en una fecha imprecisable, pero antes de la I Olimpiada, los rodios navegaron por Iberia y fundaron Rhode, y esto parece ser claramente una cita histórica. Además, en todos los textos se alude a la época del dominio marítimo de Rodas, situado en el siglo IX a.C. Los cálculos cronológicos derivados colocan estos viajes de los rodios a la península entre el siglo IX y el VIII a.C. Son fechas nada exageradas y válidas, dado que la presencia de navegantes griegos en el Mediterráneo Occidental en estas fechas no es imposible. Estrabón separa además claramente la versión histórica de la legendaria en cuando a las noticias que recoge de los dorios. A parte de los calcidios (dado que no hay duda de que Cumas fue fundada en el siglo VIII a.C.) y los rodios, hubo otros viajes dirigidos por centros comerciales griegos.
Estos elementos fueron a esos mares recién descubiertos, y es que la etapa colonizadora en origen no tuvo un carácter exclusivista. A calcidios y rodios seguirían infinidad de intentos comandados por otras ciudades griegas. La colonización helénica era producto de los helenos, y beneficio de todos los helenos. Por ello, cuando AtenasAtenasAtenasAtenas quiso denotar su participación en el proceso colonial, creó en Italia «Turios», una colonia panhelénica de todos los griegos. Como la colonización en origen pertenecía a todos los griegos, la presencia púnica no fue un obstáculo. La precolonización griega no es bien conocida, pero hubo de ser una época de grandes descubrimientos geográficos. A duras penas se atisba en las fuentes esta precolonización. Si para Sicilia y la Magna Grecia pueden aducirse testimonios históricos y legendarios, para el «Lejano Occidente» sólo hay algunos testimonios muy imprecisos. Una tradición ha denotado la presencia de «beocios»«beocios»«beocios»«beocios» (de la Beocia, destacando Tebas) en las Baleares. El poema de Licofrón cita a Timeo, un autor del siglo IV a.C., según el cual algunos beocios habían llegado a las islas Baleares. Un escoliasta antiguo, Eustacio, comentando el texto de Dionisio el Periégeta, recoge la misma breve alusión de Licofrón sin añadir nada de importancia. En las costas atlánticas de Marruecos hallamos otros nombres que podrían aludir a la llegada de griegos de Creta, de Nisia y de Cariagriegos de Creta, de Nisia y de Cariagriegos de Creta, de Nisia y de Caria, a la zona.griegos de Creta, de Nisia y de Caria Así, encontramos una referencia a la existencia del «muro cario» donde llegó el navegante Hannón en su periplo bordeando el continente africano, este muro se cita a la altura de Bojador, lo que entonces denotaría la presencia de griegos en esta zona antes que los púnicos. El puerto de Nosocaras recuerda la llegada de colonos nisios y carios a Marruecos. El nombre dado a ciertas gentes del sur de la península, que reciben el nombre de mausolos, es interpretado como consecuencia de una fundación masaliota en la zona. Todos estos testimonios no se pueden tomar como hechos para denotar una presencia griega muy anterior en el «Lejano Occidente» Mediterráneo. Se suele ver en ello algo histórico, con gentes egeas y asiáticas llegadas a Occidente en fechas desconocidas. La terminación en “–ssos” también se considera de origen cario, por lo que algunos autores apuntan a que Tartessos es un término claramente griego. Otros elementos griegos en Occidente son citados, como micénicos, que habrían llegado con Hércules hasta la zona de Mauritania. En el Norte de África aparecen citados también colonos de Creta. Pero todo esto entra en el terreno mítico, aunque sí hay un claro proceso histórico, referido eso sí, a los foceos.