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antropologia forense, Diapositivas de Derecho

La antropologia forense como apoyo al derecho

Tipo: Diapositivas

2025/2026

Subido el 20/01/2026

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Capítulo I
HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN
1.1. La identificación en Europa
Las bases para la identificación de personas fueron establecidas en el siglo
XIX por las sociedades de Antropología fundadas en París (1859), Londres,
Moscú (1864), Madrid (1865) y otras que impulsaron investigaciones antropo-
métricas de grandes poblaciones. Así, en 1859 Paul Broca fundó la primera
cátedra de Antropología en París, desarrollando las bases del instrumental y
medidas antropométricas que dieron inicio a la antropología científica. En 1879
A. P. Bogdanov (1834-1896) organizó en Moscú una exposición de cráneos
con sus respectivas medidas craneométricas y fotografías antropológicas de
600 ejemplares de varios pueblos (Roguinsky, Levin, 1978:30). Francis Galton
(1827-1915) adelantó en 1884 evaluaciones antropométricas ens de 10.000
personas que asistieron a la Exposición Internacional de Sanidad de South
Kensington, Reino Unido; también analizós de 2.500 huellas de dedos pul-
gares,
estableció los trirradios y las bases de la dermatoglífica para la identifi-
cación poblacional e individual (Valls, 1985:38). En España descuella Telésforo
de Aranzadi quien en 1893 publicó con Hoyos Sáinz la Técnica antropológica
y el Manual de Antropometría. Federico Olóriz y Aguilera publicó su estudio
craneométrico sobre 2.500 ejemplares de varios pueblos (Reverte, 1999:26).
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX los laboratorios de identifi-
cación estaban constituidos por gabinetes antropométricos y la metodología se
denominaba Bertillonaje (1879): identificación de sujetos vivos mediante sis-
tema de fichas, que incluían los rasgos de la frente, nariz, orejas, dando a cada
uno de ellos una escala de 7 (forma, dimensión, inclinación). También incluía
la talla de pie y sentado, braza o envergadura, diámetros antero-posterior y
transverso de la cabeza, altura y anchura de las orejas, longitud del pie y dedo
medio de la mano, tatuajes, color del iris izquierdo, marcas y estigmas particu-
lares,
señales y rasgos distintivos de la fisonomía y otras partes del cuerpo
(Figura 1). Se complementaba con fotografías estandarizadas, datos personales
como edad, sexo y lugar de nacimiento (Reverte, 1999:126).
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Capítulo I

H I S T O R I A D E L P R O C E S O DE I D E N T I F I C A C I Ó N

1.1. La identificación en Europa Las bases para la identificación de personas fueron establecidas en el siglo XIX por las sociedades de Antropología fundadas en París (1859), Londres, Moscú (1864), Madrid (1865) y otras que impulsaron investigaciones antropo- métricas de grandes poblaciones. Así, en 1859 Paul Broca fundó la primera cátedra de Antropología en París, desarrollando las bases del instrumental y medidas antropométricas que dieron inicio a la antropología científica. En 1879 A. P. Bogdanov (1834-1896) organizó en Moscú una exposición de cráneos con sus respectivas medidas craneométricas y fotografías antropológicas de 600 ejemplares de varios pueblos (Roguinsky, Levin, 1978:30). Francis Galton (1827-1915) adelantó en 1884 evaluaciones antropométricas en más de 10. personas que asistieron a la Exposición Internacional de Sanidad de South Kensington, Reino Unido; también analizó más de 2.500 huellas de dedos pul- gares, estableció los trirradios y las bases de la dermatoglífica para la identifi- cación poblacional e individual (Valls, 1985:38). En España descuella Telésforo de Aranzadi quien en 1893 publicó con Hoyos Sáinz la Técnica antropológica y el Manual de Antropometría. Federico Olóriz y Aguilera publicó su estudio craneométrico sobre 2.500 ejemplares de varios pueblos (Reverte, 1999:26).

Hacia finales del siglo XIX y principios del XX los laboratorios de identifi- cación estaban constituidos por gabinetes antropométricos y la metodología se denominaba Bertillonaje (1879): identificación de sujetos vivos mediante sis- tema de fichas, que incluían los rasgos de la frente, nariz, orejas, dando a cada uno de ellos una escala de 7 (forma, dimensión, inclinación). También incluía la talla de pie y sentado, braza o envergadura, diámetros antero-posterior y transverso de la cabeza, altura y anchura de las orejas, longitud del pie y dedo medio de la mano, tatuajes, color del iris izquierdo, marcas y estigmas particu- lares, señales y rasgos distintivos de la fisonomía y otras partes del cuerpo (Figura 1). Se complementaba con fotografías estandarizadas, datos personales como edad, sexo y lugar de nacimiento (Reverte, 1999:126).

12 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

Hasta mediados de los años 50 del siglo XX estos gabinetes persistieron hasta que se estableció la dactiloscopia y la ficha decadactilar como único sis- tema de identificación que persiste hasta hoy día, acompañada de las fotogra- fías judiciales de frente y perfil en el plano de Francfort. La introducción de la carta dental, el desarrollo de parámetros para la evaluación de restos óseos y la huella genética contribuyó a desarrollar otros sistemas de identificación que delegaron la antropometría a un segundo plano.

Figura 1. Proceso de medición del cuerpo según el bertillonaje.

No obstante, el uso de los caracteres faciales y su evaluación estandarizada, ya sea manual o digitalmente para identificar rápidamente rostros de posibles sospechosos que frecuentan terminales aéreos y terrestres dentro de millones de posibilidades, se pone en la agenda del día con la agudización del terroris- mo y la delincuencia común. La situación de conflicto que azota a Colombia, que ocupa el primer lugar en cuanto a secuestros (3.706 casos en el año 2000), producción de coca (entre el 80 al 90% del suministro mundial), homicidios (cerca de 28.000 al año) y de víctimas por atentados terroristas (35 muertos y 160 heridos por el carro bomba contra el club El Nogal de Bogotá el 7 de febrero de 2003) ha señalado la necesidad de adelantar estudios regionales que den cuenta de su variabilidad poblacional facial con el propósito de identificar

14 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

denominados "estándares internacionales" de estimación de edad, sexo, filia- ción poblacional, estatura y grosor del tejido blando, sustentadas en estudios de casos de los laboratorios del Instituto Nacional de Medicina Legal y Cien- cias Forenses y la Fiscalía General de la Nación. En estos últimos y en el DAS se han posicionado profesionalmente los antropólogos, al lado de médicos y odontólogos, quienes con su capacitación especializada, apoyan la labor de impartición de justicia, dando lugar a la tradición antropológica colombiana reconocida en el ámbito internacional.

1.2. La identificación en América

1.2.1. Redefinición de la Antropología Forense En sus Essentials of Forensic Anthropology T. Dale Stewart (1979) definía la Antropología forense como la «rama de la antropología física que con fines forenses trata de la identificación de restos más o menos esqueletizados, huma- nos o de posible pertenencia humana». El nombre de Stewart (1901-1997) está ligado con la antropología forense contemporánea de Estados Unidos de Amé- rica, antropólogo de formación, quien por insinuación de Ales Hrdlicka estu- dió también medicina con el fin de complementar su formación en antropología física. Actualmente la máxima distinción de la sección de Antropología Física de la American Academy of Forensic Sciences ofrece la "T. D. Stewart Award".

En los procedimientos de la American Board of Forensic Anthropology (ABFA), se le considera como «el estudio y práctica de la aplicación de los métodos de la antropología física en los procesos legales» (Iscan, 1981:10). A su vez M. Y. Iscan la define en sentido amplio como el peritaje forense sobre restos óseos humanos y su entorno. Es decir, que incluye además del proceso de identificación (sexo, edad, filiación biológica, talla y proporciones corpora- les, rasgos individuales), la determinación de las causas y circunstancias de muerte, equivalente a la reconstrucción de la biografía biológica antemortem del individuo, con el propósito de reconstruir el modo de vida de la víctima antes de su muerte sus enfermedades v^ hábitos nrofesionales. Este nrocedimiento se co- noce también como osteobiografía en palabras de Clyde Collins Snow.

En América Latina por su particular situación de derechos humanos, con víctimas que superan las 200.000 personas en Guatemala, 10.000-30.000 en Argentina, a 70.000 en Perú^5 entre 1980 y 2000 y que en Colombia ascienden

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) del Perú presentó su Informe Final el 28 de agosto de 2003, determinando que entre 1980 y 2000 perecieron 69.820 personas, de ellas 12. desaparecidos, el 75% eran campesinos que hablaban quechua u otra lengua nativa; contrariamente a otros países donde se señalan las fuerzas del orden, estimó que el grupo Sendero Luminoso era culpable de casi el 54% de los casos (Cuando arde la memoria, Gatopardo 2003, 40:40-49).

HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN (^15)

a más de 8000, la antropología forense no se puede limitar solamente a su aspecto bioantropológico -el análisis de los restos óseos-, ni a la arqueología - la exhumación-, sino que el perito forense debe conocer el contexto social en que se producen las muertes violentas con el fin de obtener información más amplia sobre las circunstancias de la desaparición de las víctimas, sus caracte- rísticas somáticas y los procedimientos legales para proceder a la búsqueda, excavación y análisis de sus restos. Es decir, amplía su desempeño con el con- texto jurídico, sociológico, político, técnico-procedimental y morfológico, tal como lo han practicado los Equipos Argentino de Antropología Forense (EAAF) (Figura 2), la Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG), el Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) y otros.

Figura 2. Los restos del Che Guevara excavados en Vallegrande, Bolivia por un equipo forense interna- cional (cortesía del Equipo Argentino de Antropología Forense).

La situación de conflicto que afecta a Colombia ha cambiado sustancialmente el panorama del quehacer forense, pues el recrudecimiento de los enfrentamientos entre las fuerzas estatales, autodefensas (paramilitares) y gue- rrilleros, además de la acción de la delincuencia común, han generado cente- nares de fosas comunes con restos de víctimas de estos enfrentamientos, y su excavación y análisis sistemático parece hoy día imposible por el orden públi- co de las regiones donde se localizan, aunque algunas autoridades militares han tenido que actuar en diligencias de emergencia con el fin de aportar prue- bas sobre infracciones del derecho internacional humanitario. Los cuatro con-

HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN 17

derecho, sociología-, pertinente a las entrevistas con los familiares y la información sobre los organismos de derechos humanos que les pueden orientar, apoyar o proteger en caso que lo ameriten las circunstancias. Allí donde las poblaciones nativas por su pensamiento cosmológico no se dejan tomar huellas dactilares ni muestras biológicas, o por sus con- cepciones religiosas las mujeres no quieren identificar a sus maridos para no perder su independencia familiar, el papel de la antropología social es crucial.

  1. La investigación de campo. Pertinente a la arqueología, cercana a la geología y geografía, corresponde a la ubicación, delimitación, excava- ción, registro e interpretación de los lugares de enterramiento, sus restos, pertenencias y otras evidencias del momento de la inhumación. En este acápite es de vital importancia el apoyo en los estudios de suelos que adelantan los edafólogos.

3 La investigación de laboratorio. Atañe a la antropología biológica, afín a la biología humana, medicina y odontología, consiste en el análisis de los restos óseos con el propósito de brindar respuestas al cuestionario básico de identificación (sexo, edad, filiación poblacional, estatura, ras- gos individuales). Sin un laboratorio dotado con los respectivos instru- mentos de osteometría, microscopía e imagenología, y una colección de referencia de individuos de diferentes edades y sexos contra que compa- rar los casos a analizar, difícilmente se puede desarrollar esta área, pues se apoya en la anatomía comparada.

  1. El cotejo. Consiste en la comparación de las bases de datos de las tres fuentes anteriores: perfil de las víctimas, protocolos de necropsia y el perfil de los analizados en laboratorio. Aquí es importante el trabajo transdisciplinario, particularmente del ingeniero de sistemas para el mon- taje, manejo y cruce de las bases de datos. Producto de esta labor, se puede diseñar una página web institucional con los productos de la in- vestigación tendiente a la identificación, que incluya los datos biográfi- cos y un retrato antropológico para su consulta desde cualquier lugar del mundo.

En principio el antropólogo forense debe tener una formación holística e integral, desempeñarse bien en los tres campos, o en caso contrario, integrar equipos interdisciplinarios que brinden la posibilidad de introducir las aporta- ciones de cada rama del saber; su integración con médicos, odontólogos y otros peritos permite tener una idea más amplia de la situación a atender. En Argen- tina (EAAF, 1992) y Guatemala (FAFG, 2000) se señala que además de la an- tropología física, la antropología forense "recurre a técnicas arqueológicas y a

18 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

la antropología social, con el fin de obtener pruebas óseas, testimoniales y artefactuales aplicándose al contexto nacional" (FAFG, 2000:25).

No obstante, el pilar de la antropología forense lo constituye la antropología biológica o física^6 , pues un buen especialista de esta última rama se desempeña muy bien en la primera, por lo cual los mexicanos la denominan acertadamente antropología física-forense. Un buen conocedor de la variabilidad biológica del cuerpo humano puede identificar sus huesos integrantes, sus anomalías, sus lesiones, su configuración morfométrica, hasta el punto de poder plasmar estos rasgos y dimensiones en un retrato antropológico, ya sea en forma gráfi- ca o plástica, inclusive puede llegar a identificar al individuo si posee particu- laridades únicas e irrepetibles, como asimetrías, anomalías o lesiones óseas. Por esta razón, uno de los requisitos para obtener el diploma que lo acredita como miembro de la Sección de Antropología Forense de la American Association of Forensic Sciences, a la par de poseer experiencia en el campo y una examinación anual, es el título de Ph. D. en Antropología Física.

Mientras que en México existe una licenciatura de Antropología Física en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestría y doctorado en la ENAH y en el Instituto de Investigaciones Antropológicas (HA) de la Univer- sidad Autónoma de México (UNAM), lo que ha incidido en la conformación de una sólida escuela latinoamericana y mundial -los eventos y asociaciones lati- noamericanas tienen lugar allí-, en la Universidad Central de Venezuela fun- ciona el Dpto. de Antropología Física con una planta de 8 docentes, que ofrecen sendos cursos a los aspirantes a obtener el título de antropólogo, con forma- ción social, arqueológica, lingüística y bioantropológica.

En Colombia la formación en esta área es muy precaria. Con tres cursos -Biología, Hominización, Osteología-, tanto en las universidades de los An- des, Antioquia, Cauca y Nacional se pretende formar antropólogos físicos -por lo menos así se autodenominan algunos-. En parte -y muy parcialmente- se ha subsanado con el postgrado de Antropología Forense, pero mientras no se tenga una sólida formación en antronolo^ía biológica que abarca toda la variabilidad genética -paleogenética, genética de poblaciones-, ósea -osteología, osteo-

Cuando T. D. Stewart, curador del Dpto. de Antropología del Smithsonian Institution de Washington durante casi 40 años se interesó en esta área, siendo antropólogo en sentido norteamericano, A. Hrdliíka, padre de la antropología física norteamericana -médico, alumno del médico Paul Broca y padre de la escuela francesa de antropología-, le aconsejó estudiar medicina si quería asumir un cargo en el Smithsonian. Cinco años después apareció con el título de médico y ocupó un lugar importante en la antropología física norteamericana y mundial, abriendo el espacio de la antropología forense de ese país con la identificación de los desaparecidos en Corea. Es evidente que de un médico puede salir un buen antropólogo físico, pero de un antropólogo social se requiere de un gran esfuerzo y capaci- tación en osteología antropológica para alcanzar resultados productivos.

20 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

das selvas en el Amazonas y Pacífico, desiertos deshabitados con malas carre- teras, llanos Orientales inundables en períodos de invierno por lo cual tampo- co poseen carreteables permanentes. En época prehispánica nunca se consolidó un poder central por lo cual se estructuró como un país con una gran diversidad y multiplicidad étnica, cultural y de poderes. El mismo cro- nista Pedro de Cieza de León (1922:44) explicaba las causas del carácter independiente de las comunidades de la Provincia de Popayán (villas de Pas- to, Popayán, Timaná, Cali, Anserma, Cartago, Arma, Antioquia) que eran be- hetría, aborrecían servir y ser sujetos, por el hecho de que eran regiones muy ricas en recursos, de fértiles suelos, rodeadas de montañas y espesos cañave- rales que les podía aislar de otros grupos, por lo cual, si alguien los acosaba, quemaban las casas donde moraban pues estaban hechas en madera y paja, se mudaban a otro sitio, construían una casa de nuevo en poco tiempo, y en 3-4 días sembraban maíz que recogían dentro de 4 meses. Y si allí también los buscaban, abandonaban el nuevo sitio y volvían a empezar, hacia delante o hacia atrás, pues a donde fueran encontraban tierra fértil y aparejada dis- puesta a brindarles frutos. Por esto servían a quien querían, en la guerra o en la paz.

De esta manera el aislamiento de las distintas comunidades en pequeños valles y cuencas interandinas y su separación por faldas cordilleranas, la dis- persión y fragmentación de los grupos, impidieron la consolidación de un po- der centralizador, fomentando la formación de pequeñas unidades políticas independientes, que solamente en estado de guerra se confederaban para en- frentar al enemigo común. Durante la conquista los europeos se aprovecharon de esta fragmentación, aplicaron la guerra de tierra arrasada contra las comuni- dades indígenas, la que, conjuntamente con los maltratos inducidos en las ha- ciendas, boga del río Grande de la Magdalena, las minerías y los tortuosos caminos, además del devastador efecto de las enfermedades como la viruela, el sarampión, el tifus, la gripe y otras, se extinguió casi en un 90% de su total en menos de 50 años de conquista (Rodríguez, 1999).

El posterior proceso de colonización europeo que consistió en el despojo de las mejores tierras de los aborígenes; el mestizaje, la importación de escla- vos africanos y la estructuración de la sociedad en castas donde los españo- les manipulaban el sistema de valores, siendo ellos nobles e hijodalgos, los mestizos entre españoles e indígenas "monos" y entre españoles y negros "mulatos"; configuraron una nación con una predominancia cultural europea -se aprecia en la lengua, música, alimentación y costumbres-, genéticamente de mayoría mestizo-caucasoide, pero con una gran diversidad geográfico- cultural regional, y con un Estado débil y centralista que ha permitido con su corrupción la consolidación de poderes locales o caciques regionales.

HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN 21

La solución a este conflicto está en el punto de partida de la conquista, cuando se generaron las primeras masacres del mundo moderno y la expropia- ción de la tierra de sus propietarios naturales; por esto "para sembrar la paz hay que aflojar la tierra", es decir "poner en marcha una política de reforma agraria como política de tierras y agricultura orientada a reorganizar el uso y la ocu- pación de los espacios rurales para lograr el bienestar de la población en térmi- nos de seguridad alimentaria y calidad de vida, en general" (Fajardo, 2002:177). El campo ha sido origen, escenario y víctima del conflicto armado pues la tierra está mal usada y mal repartida; en 1996, 11.570 latifundistas -muchos de ellos narcotraficantes- controlaban 22.6 millones de hectáreas, en tanto que 2.2 millones de campesinos tenían 2.2 millones de hectáreas. "Entre 1984 y 1996 las fincas de más de 500 hectáreas duplicaron su extensión, en tanto que las de menos de 5 hectáreas perdieron, por el desplazamiento, un millón de hectáreas entre 1985 y 2001". Además, el latifundio ganadero no ofrece traba- jo suficiente y el campesino minifundista se muere de hambre {El Tiempo, sep- tiembre 7 de 2003:1-4).

Para entender la razón y los motivos de la existencia de prácticas inhumanas violentas como las masacres -repetición del acto conquistador de la guerra de tierra arrasada contra los indígenas que por considerar que no tenían alma cris- tiana eran tratados inhumanamente-, es necesario comprender la realidad geopolítica del país. Colombia es un conglomerado humano profundamente fragmentado con relación al manejo del poder, pues el Estado no detenta el monopolio de la fuerza en todo el territorio nacional, especialmente en las re- giones selváticas, montañosas, semidesérticas y despobladas y, por consiguiente, ejerce solamente un dominio parcial sobre vastas regiones de la periferia de influencia política. Por otro lado, los vacíos de justicia conducen a que amplios sectores se la tomen por cuenta propia para dirimir sus conflictos con sus pro- pias manos. De esta manera, las regiones de la periferia de influencia, vacías de poder y justicia, son tomadas por poderes locales con mayor o menor legi- timidad, entre los que se encuentran contraestados como la guerrilla, y paraestados como los grupos paramilitares, los escuadrones de la muerte y las milicias populares. Cada uno de ellos considera desde su lógica, al otro, a su opositor, como un trasgresor de sus normas, y por consiguiente, un antisocial que puede y debe ser eliminado. Dentro de esta lógica la masacre representa el método más expedito de reprimir o aniquilar a sus contrincantes (Uribe, 1990; Uribe, Vásquez, 1995).

Colombia es uno de los países más violentos del mundo a juzgar por la tasa de 60 homicidios por cien mil habitantes que posee en promedio. Las cifras son espeluznantes para tratarse de un país que aparentemente no se encuentra en guerra declarada. En los años 50 la violencia enmascarada en una lid políti-

HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN (^23)

Valle y Santander. En promedio la tasa nacional de muertes violentas fue en 1994 de 127 personas por cada 100.000 habitantes, muy por encima de la mínima de 20 considerada internacionalmente como necesaria para lograr el desarrollo económico y social adecuado (El Tiempo, miércoles 28 de junio de 1995:19A).

Tabla 1. Variación anual del número de víctimas de homicidio en Colombia

Años 1985 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2002

No. víctimas

Variación anual

188.45% 16.36% -0.21% -0.18% -4.77% -5.33% 4.90% -4.74% -9.00% 5.46% 8.88% 6.32%

Tasa (100 mil)

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En Colombia hasta tal punto se ha perdido el valor por la vida, que en algunas circunstancias el indigente vale más muerto que vivo. En 1992 el cadáver de un indigente - denominados en el país desechable por carecer de supuesto valor social como los indígenas en el siglo XVI- recién asesinado a golpes y disecado por funcionarios de la morgue universitaria, costaba para los practicantes de medicina de una universidad de Barranquilla cerca de US $150. En esta actividad depredatoria intervenían supuestamente funcionarios de vigilancia y funerarias, que ofrecían los cadáveres a los estudiantes para sus prácticas. Gracias a la labor interdisciplinaria de la Fiscalía y Medicina Legal se logró la identidad de algunos de ellos, del total de 1 1 cadáveres encontrados.

Como plantea el profesor Saúl Franco (2001:14) la crisis señala "el agota- miento no de un ciclo social corto o de un modelo político-económico parti- cular, sino de una forma total de ser, vivir y relacionarse y la inminente (pero lenta y dolorosa) emergencia de un nuevo modo de ser individual y colectivo y de los consiguientes nuevos ordenamientos sociales, económicos y políti- cos fundamentados en escalas de valores, normas y significados también nuevos".

24 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

1.4. Las masacres como método de intimidación y desaparición La figura de la desaparición forzada ha sido desplazada desde 1985 por un método de intimidación, de aniquilamiento y de factor psicológico más impactante que ha llamado la atención de reconocidos artistas que plasman en sus óleos la realidad del país (Fernando Botero, por ejemplo): las masacres, que en lenguaje de los investigadores produce el fenómeno del enterrar y ca- llar en las víctimas, y del matar, rematar y contramatar en los victimarios. Lo último conduce a lo primero (Uribe, 1990). El incremento de muertes violentas en el país en forma de masacres está asociado, como lo demuestran las cifras mencionadas anteriormente, con el aumento de la actividad del narcotráfico y su brazo armado los paramilitares, especialmente en el Urabá antioqueño, Mag- dalena Medio y Valle del Cauca. El cruce de mapas de las áreas de actividad del narcotráfico, masacres, desplazados y mayor número de denuncias de viola- ciones de derechos humanos muestra una impresionante coincidencia, según el Informe Nacional de Desarrollo Humano Colombia-2003 {El Conflicto, ca- llejón con salida, 2003:23,52).

Así, la masacre es definida por los investigadores como "el acto de liquida- ción física violenta, simultánea o cuasi-simultánea, de más de cuatro personas en estado de indefensión" (Uribe, Vásquez, 1995:37).

Según los fines perseguidos, el sentido ideológico y los motivos de las ac- ciones, Uribe y Vásquez (1995:38-40) clasifican las masacres en tres tipos: políticas, sociales y comunes.

1.4.1. Políticas Son aquellas encaminadas a la lucha violenta por el poder. Se subdividen en tres variantes: estatales, paraestatales y de la guerrilla.

1.4.1.1. Estatales Adelantadas por agentes de seguridad del Estado^7 contra enemigos declara- dos del sistema, por ejemplo, contra guerrilleros fuera de combate o campesi- nos simpatizantes; acometidas por el ejército y la policía. Las masacres de Trujillo, Valle, cometidas entre el 28 de octubre de 1988 y el 5 de mayo de 1991, con 107 víctimas, es un ejemplo fiel de este tipo de acciones, donde el ejército asesinó a un grupo de campesinos indefensos, a los que se les coloca- ron armas en las manos para aparentar un enfrentamiento con la guerrilla (Caso

7 Ver "Uscátegui acusa", Cambio, 2004, 561:18-23, donde se revelan nexos de otros generales con paramilitares en la masacre de Mapiripán, Meta, ocurrida en 1997.

26 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

cuando fueron secuestrados por las Farc. Fue en desarrollo de esta idea como inexplicablemente se entregaron a la guerrilla. Posiblemente esperaban que al mostrarle confianza y buena fe, la guerrilla les daría un tratamiento recíproco". Este tipo de masacres contra indefensos civiles secuestrados ante inminentes tomas militares, contra militares prisioneros que son rematados en estado de indefensión durante las tomas guerrilleras, también contra grupos de izquierda desmovilizados a quienes consideran traidores, como el caso de las masacres de las Farc contra los integrantes del grupo desmovilizado del Urabá antioqueño Esperanza, Paz y Libertad (EPL), son igualmente frecuentes en el país. Al igual que los paramilitares, la guerrilla toma retaliación contra campesinos supues- tos colaboradores de los grupos opuestos.

1.4.2. Masacres orientadas socialmente Son aquellas en las que, partiendo de la intolerancia social o la venganza y otros códigos culturales, se considera de indeseables a determinados grupos marginados de la sociedad, y, por consiguiente, eliminables. Se subdividen en dos subtipos:

1.4.2.1. Masacres contra grupos marginales y de excluidos Son las perpetradas por los llamados grupos de limpieza social -integradas por organismos de seguridad-, contra pandillas juveniles, desempleados o tra- bajadores informales, indigentes, mendigos, expendedores de droga, droga- dictos, niños de la calle, homosexuales, trabajadoras sexuales y habitantes de la calle -recicladores de basura-. Sus cuerpos generalmente son abandonados en los botaderos de basura, y por cuanto son N. N. en vida por no portar docu- mentos de identidad, su identificación es muchas veces imposible. Como ejem- plo de esta acción tenemos el asesinato de varios individuos, posibles miembros de una banda de ladrones de carros y delincuentes reincidentes que fueron asesinados y arrojados a un abismo de más de 300 m de profundidad en el cerro del Mirador, llegando al aeropuerto de Bucaramanga.

1.4.2.2. Masacres contra grupos familiares

Tiene como finalidad aniquilar los vínculos de sangre de una familia, elimi- nando de paso a los vengadores. Obedece a diversas índoles, entre otras la venganza, el rencor por ofensas del pasado, robo de bienes, etc. Sus cuerpos son dejados en el lugar de la masacre para escarmentar a los posibles sobrevi- vientes. Estas masacres fueron frecuentes en la región de la Guajira, donde descendientes de clanes indígenas se asesinaban entre sí hasta acabar con los miembros de la familia de contendientes.

HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN 27

1.4.2.3. Masacres orientadas económicamente Corresponde a las que tienen como finalidad la apropiación de bienes ajenos y el lucro fácil. No les interesa la eliminación de las víctimas en sí sino la apro- piación de su droga, mercados o áreas de influencia. Se subdivide en dos tipos:

1.4.2.4. Masacres del narcotráfico Contempla la eliminación de sus posibles rivales del mercado de las drogas, como también de las autoridades, periodistas y políticos que obstaculicen sus objetivos. A principio de los 90 el asesinato de decenas de personas en el Valle del Cauca era el producto de la lucha de los carteles de esa región. Sus víctimas eran abaleadas, electrocutadas con cables de alta tensión y finalmente arroja- das descuartizadas en costales al río Cauca. Los pescadores no podían recoger los cadáveres so pena de muerte, pero quedaban atrapados en los remolinos cerca de Marsella, Risaralda, donde eran inhumados.

1.4.2.5. Masacres por apropiación Representa una modalidad de la anterior en donde se elimina a los rivales de negocio para apropiarse directamente de bienes ajenos o cobrar cuentas pen- dientes. La lucha entre los carteles de Medellín y Cali dio origen a atentados terroristas contra sus respectivas propiedades.

1.4.2.6. Masacres por desequilibrio psíquico Son llevadas a cabo por uno o más individuos contra más de cuatro personas indefensas. Un caso patético fue el registrado en el restaurante italiano Pozzeto de Bogotá, donde un excombatiente de Vietnam asesinó a una decena de inde- fensos comensales en un acto de desesperación síquica, y luego se suicidó.

El estudio de las principales características de las masacres demuestra que el número de ellas y de sus víctimas se ha incrementado desde 1988. Se pre- sentaron con más frecuencia en las comunas nororientales de Medellín, en Ciu- dad Bolívar de Bogotá, conformado por un conjunto de barrios de escasos recursos económicos, en las barriadas del Distrito de Agua Clara en Cali, en el Magdalena Medio, Santanderes, Urabá antioqueño y en la antigua zona de dis- tensión. En el año 2000 se registraron 236 masacres^8 que produjeron 1. víctimas, y nuevamente Antioquia figura como el epicentro de la violencia na- cional; casi la mitad (45%) fueron cometidas por paramilitares, el 12% por las

Entre 1997 y 2000 se presentaron 930 masacres con 5.285 víctimas (Cuadro 5.4, El Conflicto, callejón con salida, 2003:121).

HISTORIA DEL PROCESO DE IDENTIFICACIÓN 29

dúos, en el año 2000 se aplicaba a grupos de personas de la misma familia o localidad, como aconteció en Sevilla, Valle, el 5 de abril del 2000, cuando las Autodefensas Unidas de Colombia produjo la desaparición de 16 campesinos, uno de los cuales fue ejecutado. El 16 de septiembre del mismo año en Tierralta, Córdoba y Urabá, las Accu asesinaron a tres miembros de la comunidad Embera y desaparecieron a 22 indígenas más {Ibid.).

La justicia colombiana ha avanzado en la tipificación y sanción de la figura de la desaparición forzada. Así, la Ley 589 de julio 6 del 2000 tipifica el geno- cidio, la desaparición forzada, el desplazamiento forzado. El Código Penal in- cluye nuevos artículos sobre desaparición forzada como el 268A: "El particular que perteneciendo a un grupo armado al margen de la ley someta a otra perso- na a privación de su libertad cualquiera que sea la forma, seguida de su oculta- miento y de la negativa a reconocer dicha privación o de dar información sobre su paradero, sustrayéndola del amparo de la ley, incurrirá en prisión de veinti- cinco (25) a cuarenta (40) años, multa de quinientos (500) a dos mil (2.000) salarios mínimos legales vigentes y en interdicción de derechos y funciones públicas de cinco (5) a diez (10) años. A la misma pena quedará sometido el servidor público, o el particular que actúe bajo la determinación o la aquies- cencia de aquél, y realice la conducta descrita en el inciso anterior". La pena se agrava hasta 40 años si se somete a la víctima a tratos crueles, inhumanos o degradantes durante el tiempo en que permanezca desaparecida, siempre y cuando la conducta no configure otro delito.

De conformidad al Artículo 8o^ de la Ley 589 de 2000 se crea una comisión de búsqueda de personas desaparecidas, de carácter nacional y permanente, extendida a los casos acaecidos con anterioridad a la expedición de la mencio- nada ley, con el fin de apoyar y promover la investigación del delito de desapa- rición forzada, con pleno respeto de las competencias institucionales y de las facultades de los sujetos procesales. Estará integrada por el Fiscal General de la Nación o su delegado permanente, el Procurador General de la Nación o su delegado permanente, el Defensor del Pueblo o su delegado permanente, el Ministerio de Defensa o un delegado de la oficina de derechos humanos del Ministerio de Defensa, el consejero presidencial para los derechos humanos o su delegado permanente, el director del programa presidencial para la defensa de la libertad o su delegado permanente, el director del Instituto de Medicina Legal o su delegado permanente, un representante de la asociación de familia- res de detenidos desaparecidos (Asfaddes), un representante de las organiza- ciones no gubernamentales de derechos humanos escogidas por ellas mismas.

En el Artículo 9o^ de la misma ley se establece el registro nacional de desapa- recidos, coordinado por el Instituto de Medicina Legal, donde se incluirán to- dos los datos de identificación de las personas desaparecidas y de inhumación

30 LA ANTROPOLOGÍA FORENSE EN LA IDENTIFICACIÓN HUMANA

y exhumación de cadáveres de personas no identificadas, el cual deberá conte- ner como mínimo los siguientes datos: 1. Identidad de las personas desapareci- das, 2. Lugar y fecha de los hechos, 3. Relación de los cadáveres, restos exhumados o inhumados, de personas no identificadas, con la indicación del lugar y fecha del hallazgo, resultados de estudios técnicos, científicos o testi- moniales y cualquier dato que conduzca a su identificación.

No obstante, las intenciones de promover la búsqueda e identificación de las personas desaparecidas consignadas en esta ley no se pueden materializar si no se establece un sistema de datos único en las instituciones judiciales y ONGs que integran la comisión, y si no se asignan recursos para su implemen- tación que permita cruzar la información de los desaparecidos, inhumación, exhumación y datos de laboratorio. Por ejemplo, el componente Justicia del Plan Colombia no prevé la introducción de un sistema de esas características, aunque asigna un presupuesto de más de US $750.000.oo para los proyectos ADN (CODIS), IBIS (registro Balístico) y AFIS (Identificación dactilar).

En estas circunstancias, con el propósito de buscar los desaparecidos del país, integrar los datos existentes en un solo banco, exhumar sus restos y so- meterlos a procesos de identificación, cotejando con la información existente, y publicando los resultados en una página web que incluya reconstrucciones faciales de cada una de las víctimas, se requiere la conformación de una Ong que se dedique de tiempo completo a esta labor humanitaria, social e histórica. El equipo debe estar integrado por personal especializado en las áreas de la antropología, arqueología, criminalística, derecho, ingeniería de sistemas, me- dicina y odontología.

1.6. El desarrollo de la antropología forense en Colombia

Las escuelas jurídicas y médicas, inicialmente en los siglos XVIII y XIX, y en el siglo XX las antropológicas, han respondido a la necesidad de la justicia de atender la identificación de restos de personas desaparecidas. El 30 de mayo de 1860 los médicos NI. Vicente de la Roche x/^ Nlanueí Uribe An^e! analizaron un caso de homicidio sucedido en Antioquia, cuyo objeto era un conjunto de huesos, un poncho manchado, restos de camisa, calzoncillos, pantalón, correa. Como cualquier antropólogo forense contemporáneo establecieron un cuestio- nario básico de identificación que respondieron según la información suminis- trada por los restos óseos y sus prendas.

  1. Filiación biológica: Humano
  2. Sexo: Hombre
  3. Edad: 25-35 años