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Asignatura: 1945, Profesor: Laura Arias Serrano, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Ejercicios
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El escenario europeo. El informalismo. Durante años, toda la tragedia que supuso la guerra va a aparecer en el arte. Nada será como antes. Los artistas europeos se desengañarán por la cultura, incapaz de hacer nada para evitar la barbarie. Muchos de ellos se agarrarán al existencialismo, al budismo zen. El término general será informalismo, acuñado por Michel Tapié en la exposición Signifiants de l’informel (1951). Es un arte de raíces románticas, con un gran sentimiento dentro, que valora lo espontáneo, lo expresivo. Es un arte que crea una cierta ansiedad, mediante el cual el artista vuelca en la obra todo su sufrir. Como sinónimo del término informalismo podremos encontrar el art autre, acuñado por Tapié en su libro Un art autre (1952); es un concepto más amplio, pues se incluye también la figuración (como Dubuffet). Es “otro arte” que surge tras el “sinsentido” del dolor y del salvajismo de la segunda guerra mundial. Por último tenemos tenemos el tachismo, incluido dentro del informalismo. Se trata de un tiempo de pintura más suave, sensual, con especial preocupación por la belleza en la factura. Con representantes como Fautrier, Mathieu, Soulange, Hartung y Wols. Dentro del grupo informalista, destacarán autores como Jean Fuatrier, Jean Dubuffet, Wols, Alberto Burri, Hans Hartung, Georges Mathieu.
Se rechaza el modo de crear que se correspondía con el mundo que había dado lugar a esa guerra. De ahí que, aunque algunos no se alejen totalmente de la figuración, plantean una nueva imagen del hombre: deshacen las figuras, machacan los cuerpos, los descuartizan. Informal significa “lo contrario a toda forma”. No solo destruyen la forma, sino que, a excepción de como veíamos en el tachismo, quieren acabar con todo: la idea de belleza, de armonía, el color, los propios materiales clásicos, de ahí que recurran a otros menos apropiados para el arte, pero mucho más expresivos: yesos, tierras, colas, telas de saco… Es una pintura totalmente matérica, donde los propios materiales son los protagonistas. Arañan con el pincel la superficie. Buscan crear un arte donde se vea una cierta agresión, que transmita una sensación de violencia. Recuperan, además, la mirada “primitiva”: la idea de lo auténtico, el rechazo a lo académico.
En relación con el expresionismo abstracto, son varias las características que lo diferencian del mismo: los formatos no son tan grandes, no existe la agresividad de toque ni gestual (existe otro tipo de agresividad, relacionada con los sentimientos), mayor sentido de la composición, existe una conciencia de contenido (por lo general crítico), y el colorido tiene menos relevancia frente al peso que adquiere la materia.
Jean Fautrier (1897-1964). Fue uno de los grandes pintores del momento, iniciador de la pintura matérica: “lo que más la materia, lo que menos la forma”. En él ya se dan los rasgos que luego caracterizarán al informalismo, por lo que es el gran primer informalista. Fautrier es un gran exponente de la dignidad trágica del arte informal que muestra el sufrimiento de los demás a través del tratamiento de la memoria. Ello lo podemos ver, por ejemplo, en la serie Rehenes (Otages) , 1943-1945. «La memoria se basa y se concreta sobre todo en imágenes táctiles» –con materiales pobres, humildes, tratados de manera brusca–. La serie de los Rehenes la realizará al final de la segunda guerra mundial, una serie con un claro carácter político, reivindicativo (será expuesta en 1945 en una galería del París de la resistencia y buscaba recordar con ella las barbaridades cometidas por los alemanes en suelo ocupado). Argan dice de las obras que componen esta serie que son poemas de la resistencia, los grandes rostros de los condenados a muerte, de los que ya han muerto, de los que morirán. Rostros que llenan toda la superficie, sin apenas dejar espacio a nada más: apenas un fondo. Utiliza muchas veces papel en lugar de lienzo, aplica un revoco de yeso, cemento, cola que le sirve de base y encima aplica la sustancia que en ese momento le interesa (polvo, tinta, óleo mezclado con tierra, con gravilla, con betún); aplica colores pálidos (ocres, grises, negros…), colores que se aplican con espátula y luego se arañan con el mango, buscando así dar cierta forma a la figura protagonista. Hay quien sostiene que aún se conserva en Fautrier una cierta armonía, un gusto por el color. En La judía (1943) nos muestra lo que parece ser una figura mutilada, ensangrentada, que parece aplastada contra el suelo. Una pasta rota, reseca, que podría llevarnos incluso a las
pinturas rupestres en el empleo de la materia. Obras auténticas, comprometidas (a veces rabiosas), en las que se busca remover consciencias con temas que toquen al espectador. El cuerpo, así, tiene una importancia fundamental en las obras.
Jean Dubuffet (1901-1985). Va a estar muy relacionado con Fautrier, pero también con el Grupo Cobra, Wols… Es el más conocido de todos los informalistas. Un hombre muy culto, en contacto con la intelectualidad de la época (un existencialista entusiasta). El tipo de arte que va a hacer se va a acercar más a la denominación de “art brut”. [Se trata de un arte espontáneo, tosco, trivial, un arte sin contaminar por ideas o intereses artísticos. Que revaloriza el objeto encontrado (el ready-made de Duchamp) que es elevado a obra de arte por su textura, color o forma. Suelen ser cosas banales: garabatos hechos con tiza, rayas, dibujos, graffiti, en una calle… El hecho de descubrirlos se convierte en “acto creador” en sí mismo. Se interesa por las manifestaciones consideradas marginales: arte de los locos, de los niños, de lo primitivo o de los primitivos actuales: graffiti… Reivindica la torpeza en la ejecución como garantía de espontaneidad y frescura: formas elementales y mal hechas, rayas. Reivindica la materia en bruto, tosca, vieja, pobre…] Cabe destacar como principales rasgos de la obra de Dubuffet la búsqueda de la desmitificación del arte (como creación de obras bien hechas, bellas, la ausencia de cualquier tipo de carácter sublime) y del artista (para él no es ningún genio) y la búsqueda del papel primordial de la materia. Rechaza a los críticos, quienes opinan de algo imposible de opinar según él, pues pertenece al público. Rechaza los museos, lugares donde se canoniza el arte. Rechaza el arte como algo elitista. Él pondrá su mirada sobre las manifestaciones marginales, lo banal, como vemos en Muro con inscripciones (1945) o Camino en el desierto (1949), obra realizada en óleo, masilla, arena y piedras sobre tabla, o Venus de acera (1946) o Dhotel en tono albaricoque (1947), muestras de ese toque irónico y absurdo que incluye en su obra. Realizará una serie llamada Cuerpos de damas (1950), cuerpos desnudos que parecen ‘venus’ deformadas (relacionadas con las que luego realizará De Kooning en cierta forma). Todo es irónico, incluso el tema de las “damas”. Los cuerpos son como paisajes desolados o carnes aplastadas en la tabla de un carnicero. Por último, cuando ya abandona la figuración humana a finales de los años 50, hace hincapié en la materia. Verdaderos desiertos de formas destruidas, muros viejos, cubiertos de liquen. Por ejemplo, Texturología (1958) o El alma del subsuelo (1958). A partir de los años sesenta se dedica a hacer escultura y arquitectura, la llamada serie Hourloupe (1962-1974), donde cuestiona nuestra percepción del mundo y recrea otro paralelo, lunático, que quiere provocar la imaginación del espectador.
Wols (1913-1951) y el tachismo. Es la encarnación del artista romántico: a pesar de triunfar, no ganó apenas dinero. En sus obras representa la angustia, lo absurdo, la náusea. Su pintura revolucionó el informalismo y va a llevar a un camino más estético: con cierto toque de sensualidad, de lirismo. Hay un elemento muy característico en su pintura: el azar, lo irracional, el impulso. Comienza, en los años treinta, realizando obras en papel, donde existe un componente kafkiano. En los años cuarenta empieza a desarrollar su obra más característica. Parece que lo que plasma en sus obras es lo que se ve a través de un microscopio: pequeñas estructuras biológicas (fue fotógrafo de cierto reconocimiento, algo que se notará en su pintura), dotándolas de un carácter misterioso, onírico. Como vemos en Ala de mariposa (1947) o El pájaro (1949). A pesar del color que presenta en sus obras, hay siempre cierto componente tétrico, como en Ala de mariposa , donde coloca manchas oscuras, bruscas pinceladas negras: el resultado final es una visión sombría, inquietante. La granada azul (1946) o El fantasma azul (1951). Se ha dicho de él que tenía la capacidad de transfigurar objetos cotidianos o seres comunes en otros de carácter inquietante. Todo gira en torno a lo irracional del hombre. Es una técnica espontánea: emplea capas de pintura muy líquida que se mezclan unas con otras y que, al secarse, crean un verdadero entretejido de pinturas. Cuando se secaban esas capas, las rayaba. Es decir, su pintura era espontánea durante el proceso de concepción; una vez realizada, la finalización era algo totalmente pensado.
cuando fue médico durante la guerra, hasta que lo dejó para dedicarse al arte. Tenemos un proyecto, una búsqueda de realizar una obra que nos impacte (donde nada es aleatorio, todo está pensado). Una vez más, tenemos un arte unido a la angustia existencialista, pero también su propia experiencia vital. Hay quien dice, sin embargo, que a pesar de lo dramático, lo terrible, hay también un componente estético en ellas. «Si vivimos en una época de lo efímero y de desperdicio, por qué hacer un arte eterno con materiales eternos, para qué queremos crear para siglos futuros? El arte de nuestra época debe de ser de nuestra época, y no hay duda de que los términos que mejor califica a nuestro tiempo son efímero, usar-tirar, sociedad de consumo…»
tema 2. la abstracción geométrica. La Nueva Abstracción norteamericana. El Op-Art y el arte cinético o la estética del movimiento
La Nueva Abstracción Postpictórica Norteamericana. Durante los primeros años de los sesenta, se produce una reacción contra la pintura abstracta que se estaba dando entonces que se basará en un enfriamiento de la pintura. Entre esos movimientos, encontraremos la Nueva Abstracción Postpictórica Norteamericana (también llamada Abstracción Fría, Arte Frío, Pintura de Borde Duro…), donde frente al azar, al psicoanálisis, a los sentimientos, nos encontramos con una corriente heredera de los principios racionalistas y fríos de la Bauhaus (Europa, como vemos, sigue marcando las pautas del arte). La línea, la forma, el color serán los componentes fundamentales de dicho arte. Entre los personajes fundamentales asociados al movimiento están Clement Greenberg, quien le dio el nombre basándose en una exposición organizada por él mismo en 1964 en Los Ángeles titulada “Abstracción postpictórica”. La figura puente entre Europa y América será Josef Albers. Y los principales miembros serán: Ad Reinhardt, Kenneth Noland, Morris Louis, Frank Stella, Ellsworth Kelly. Se trata de una pintura en la que la reflexión y el pensamiento priman sobre la acción y la emoción, la medida sobre la desmesura, el control sobre el exceso. Para ellos pintar se convierte en una forma de interrogarse seriamente sobre la pintura y sus fundamentos, no sobre el yo que pinta (presente tanto en el informalismo europeo como en la pintura expresionista abstracta norteamericana). Reinhardt (1913-1967) será quien mejor formule los principios rectores de la abstracción postpictórica: menos es más. No puede haber ninguna interferencia de ningún tipo: es únicamente la pintura en sí misma. Cuanto más se añada a un lienzo, la pintura será más impura y por tanto peor. Buscan desnudarla completamente. Como vemos, por ejemplo, en Pintura roja (1952). Es una pintura totalmente abstracta, geométrica, llena de frialdad, donde se rechaza cualquier contenido dramático, subjetivo, etc. Reacciona contra lo espontáneo, lo pictórico para buscar la claridad, formas sencillas con contornos que apenas son visibles. Al ser una pintura de gran experimentación, son múltiples las series. Son colores generalmente claros, bastante homogéneos (en ocasiones tiñen antes la tela para luego pintar encima). Lo que buscan es romper cualquier vínculo con la realidad: lo que representan es una imagen del mundo plástico, el carácter bidimensional del lienzo. Enormes formatos que tienen como objetivo lo mismo que veíamos en Rothko: envolver físicamente al espectador: estamos ante un mundo plástico que nos atrae y envuelve, llevándonos a la reflexión ante la obra de arte. El artista casi desaparece por completo de la obra, y lo único que lo caracteriza es el toque. A veces los cuadros pierden su forma usual para aparecer formas variadas: triangulares, circulares, irregulares… el propio marco también va a adquirir forma.
Josef Albers (1888-1976) será el artista puente entre Europa y Estados Unidos. Desde muy joven se dedicó a viajar, lo que le dio un carácter totalmente cosmopolita. Fue un profesor de gran importancia, durante diez años en la Bauhaus (1923-1933, hasta su cierre por el gobierno nazi), y posteriormente en Estados Unidos (Black Mountain College en North Carolina, 1933-1949, y la Universidad de Yale, 1950-1959). Sistemático, ordenado, experimental. Se aprendía en la búsqueda, decía. Su serie más importante, con cerca de mil obras, es Homenaje al cuadrado (1949-1976). Él pensaba que las formas geométricas regulares eran las que más se distanciaban de la naturaleza: en la naturaleza, precisamente porque hay vida, no encontramos cosas totalmente regulares. Son cuadros que se integran unos dentro de otros: con colores planos, apagados, muy poca pintura. «Realizar en dos dimensiones un espacio plástico integral, tan sólido y concreto como la arquitectura», escribe Argan, de ahí que repita una y otra vez el mismo tema. Obras como Homenaje al cuadrado: suave voz (1969). Juega con los distintos