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Apunte sobre cómo es el desarrollo y el funcionamiento de los organos de los sentidos con respecto al cuerpo humano y la mente
Tipo: Apuntes
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1. Introducción Se entiende por “sentidos” las funciones mediante las cuales el hombre recibe las impresiones de los objetos exteriores por intermedio de los órganos de relación. Para recibir estímulos externos, el sistema nervioso cuenta con receptores sensoriales denominados exteroceptores. Las sensaciones que producen se denominan exteroceptivas. Se entiende por sensación, a la imagen o representación cociente de estimulo. Los receptores están localizados en los órganos de los sentidos: en la piel para la sensibilidad táctil y termolgesia, en la boca para el gusto, en las fosas nasales, en las fosas nasales para el olfato, en los ojos para la visión y en los oídos para la audición. El impulso nervioso producido por un estimulo, es conducido al cerebro por el sistema nervioso parasimpático, que es el encargado de establecer la relación del individuo con el medio donde es elaborado en los centros y transformado en sensación táctil, térmica, dolorosa, gustativa, olfativa, visual y auditiva. Las funciones sensoriales se realizan en tres etapas: Recepción Transmisión Percepción
Los estímulos necesitan una determinada intensidad para ser captados por los receptores, esta intensidad mínima se llama umbral de excitación. Además para que actúen con eficacia deben ser específicos por ejemplo: el ojo es estimulado por la luz y el oído por el sonido. De acuerdo con la naturaleza del estimulo, los receptores pueden ser químicos (quimioreceptores), mecánicos (mecareceptores) o luminosos (fotoreceptores). Los quimioreceptores son los que captan estímulos como las sustancias alimenticias y los olores. Los mecareceptores son los que captan estímulos mecánicos como roces, presión, dolor temperatura y sonido. Los fotoreceptores son sensibles a la luz y se localiza a los ojos.
2. Sentido de la vista El ojo es el órgano de la visión en los seres humanos y en los animales. Los ojos de las diferentes especies varían desde las estructuras más simples, capaces de diferenciar sólo entre la luz y la oscuridad, hasta los órganos complejos que presentan los seres humanos y otros mamíferos, que pueden distinguir variaciones muy pequeñas de forma, color, luminosidad y distancia. En realidad, el órgano que efectúa el proceso de la visión es el cerebro; la función del ojo es traducir las vibraciones electromagnéticas de la luz en un determinado tipo de impulsos nerviosos que se transmiten al cerebro.
El ojo humano EL ojo en su conjunto, llamado globo ocular, es una estructura esférica de aproximadamente 2,5 cm de diámetro con un marcado abombamiento sobre su superficie delantera (figura nº 1). La parte exterior, o la cubierta, sé compone de tres capas de tejido: la capa más externa o esclerótica tiene una función protectora y se prolonga en la parte anterior con la córnea transparente; la capa media o úvea tiene a su vez tres partes diferenciadas: la coroides - muy vascularizada continúa con el cuerpo ciliar, formado por los procesos ciliares, y a continuación el iris, que se extiende por la parte frontal del ojo. La capa más interna es la retina, sensible a la luz. La córnea es una membrana resistente, compuesta por cinco capas, a través de la cual la luz penetra en el interior del ojo. Por detrás, hay una cámara llena de un fluido claro y húmedo (el humor acuoso) que separa la córnea de la lente del cristalino. En sí misma, la lente es una esfera aplanada constituida por un gran número de fibras transparentes dispuestas en capas. Está conectada con el músculo ciliar, que tiene forma de anillo y la rodea mediante unos ligamentos. El músculo ciliar y los tejidos circundantes forman el cuerpo ciliar y esta estructura aplana o redondea la lente, cambiando su longitud focal. El iris es una estructura pigmentada suspendida entre la córnea y el cristalino y tiene una abertura circular en el centro, la pupila. El tamaño de la pupila depende de un músculo que rodea sus bordes, aumentando o disminuyendo cuando se contrae o se relaja, controlando la cantidad de luz que entra en el ojo. Por detrás de la lente, el cuerpo principal del ojo está lleno de una sustancia transparente y gelatinosa (el humor vítreo) encerrado en un saco delgado que recibe el nombre de membrana hialoidea. La presión del humor vítreo mantiene distendido el globo ocular.
La retina es una capa compleja compuesta sobre todo por células nerviosas. Las células receptoras sensibles a la luz se encuentran en su superficie exterior detrás de una capa de tejido pigmentado. Estas células tienen la forma de conos y bastones y están ordenadas como los fósforos de una caja. Situada detrás de la pupila, la retina tiene una pequeña mancha de color amarillo, llamada mácula lútea; en su centro se encuentra la fóvea central, la zona del ojo con mayor agudeza visual. La capa sensorial de la fóvea se compone sólo de células con forma de conos, mientras que en torno a ella también se encuentran células con forma de bastones. Según nos alejamos del área sensible, las células con forma de cono se vuelven más escasas y en los bordes exteriores de la retina sólo existen las células con forma de bastones. El nervio óptico entra en el globo ocular por debajo y algo inclinado hacia el lado interno de la fóvea central, originando en la retina una pequeña mancha redondeada llamada disco óptico. Esta estructura forma el punto ciego del ojo, ya que carece de células sensibles a la luz.
Funcionamiento del ojo En general, los ojos de los animales funcionan como unas cámaras fotográficas sencillas. La lente del cristalino forma en la retina una imagen invertida de los objetos que enfoca y la retina se corresponde con la película sensible a la luz. (figura nº2) Como ya se ha dicho, el enfoque del ojo se lleva a cabo debido a que la lente del cristalino se aplana o redondea; este proceso se llama acomodación. En un ojo normal no es necesaria la acomodación para ver los objetos distantes, pues se enfocan en la retina cuando la lente está aplanada gracias al ligamento suspensorio. Para ver los objetos más cercanos, el músculo ciliar se contrae y por relajación del ligamento suspensorio, la lente se redondea de forma progresiva. Un niño puede ver con claridad a una distancia tan corta como 6,3 cm. Al aumentar la edad del individuo, las lentes se van endureciendo poco a poco y la visión cercana disminuye hasta unos límites de unos 15 cm a los 30 años y 40 cm a los 50 años. En los últimos años de vida, la mayoría de los seres humanos pierden la capacidad de acomodar sus ojos a las distancias cortas. Esta condición, llamada presbiopía, se puede corregir utili- zando unas lentes convexas especiales. Las diferencias de tamaño relativo de las estructuras del ojo originan los defectos de la hipermetropía o presbicia y la miopía o cortedad de vista. Debido a la estructura nerviosa de la retina, los ojos ven con una claridad mayor sólo en la región de la fóvea. Las células con forma de conos están conectadas de forma individual con otras fibras nerviosas, de modo que los estímulos que llegan a cada una de ellas se reproducen y permiten distinguir los pequeños detalles. Por otro lado, las células con forma de bastones se conectan en grupo y responden a los estímulos que alcanzan un área general (es decir, los estímulos luminosos), pero no tienen capacidad para separar los pequeños detalles de la imagen visual. La diferente localización y estructura de estas células conducen a la división del campo visual del ojo en una pequeña región central de gran agudeza y en las zonas que la rodean, de menor agudeza y con una gran sensibilidad a la luz. Así, durante la noche, los objetos confusos se pueden ver por la parte periférica de la retina cuando son invisibles para la fóvea central. El mecanismo de la visión nocturna implica la sensibilización de las células en forma de bastones gracias a un pigmento, la púrpura visual o rodopsina, sintetizado en su interior. Para la producción de este pigmento es necesaria la vitamina A y su deficiencia conduce a la ceguera nocturna. La rodopsina se blanquea por la acción de la luz y los bastones deben reconstituirla en la oscuridad, de ahí que una persona que entra en una habitación oscura procedente del exterior con luz del sol, no puede ver hasta que el pigmento no empieza a formarse; cuando los ojos son sensibles a unos niveles bajos de iluminación, quiere decir que se han adaptado a la oscuridad. En la capa externa de la retina está presente un pigmento marrón o pardusco que sirve para proteger las células con forma de conos de la sobre exposición a la luz. Cuando la luz intensa alcanza la retina, los gránulos de este pigmento emigran a los espacios que circundan a estas células, revistiéndolas y ocultándolas. De este modo, los ojos se adaptan a la luz. Nadie es consciente de las diferentes zonas en las que se divide su campo visual. Esto es debido a que los ojos están en constante movimiento y la retina se excita en una u otra parte, según la atención se desvía de un objeto a otro. Los movimientos del globo ocular hacia la derecha, izquierda, arriba, abajo y a los lados se llevan a cabo por los seis músculos oculares y son muy precisos. Se ha estimado que los ojos pueden moverse para enfocar en, al menos, cien mil puntos distintos del campo visual. Los músculos de los dos ojos funcionan de forma simultánea, por lo que también desempeñan la importante función de converger su enfoque en un punto para que las imágenes de ambos coincidan; cuando esta convergencia no existe o es defectuosa se produce la doble visión. El movimiento ocular y la fusión de las imágenes también contribuyen en la estimación visual del tamaño y la distancia.
Estrato granuloso: integrado por varias capas celulares que provienen del estrato anterior. Sus células contienen granos de Queratohialina, sustancia que interviene en la formación de la queratina. A nivel de esta capa mueren las células de la epidermis. Estrato lucido o transparente: constituido por células muertas, aplanadas que contienen Eleidina, sustancia producida por la Queratohialina, es una capa delgada, transparente y homogénea. Estrato corneo: es la capa más externa de la epidermis. Sus células (muertas), tienen aspecto de escamas corneas, formadas por queratina. Estas escamas son eliminadas por descamación.
Lo que demuestra los anteriormente mencionado es que la piel se renueva constantemente. Dermis: deriva del mesodermo. Su espesor oscila entre 1/3 de mm y 3 mm. Esta formado por tejido conectivo fibroelástico con abundantes vasos sanguíneos y linfáticos que la irrigan, y los nervios que la inervan. Debajo de la dermis hay una capa e tejido celular subcutáneo o hipodermis, que la separa de los músculos subyacentes. En la dermis se encuentran los anexos de la piel y las papilas dérmicas. Los anexos de la piel son: Glándulas sudorípadas: son exócrinas, muy numerosas. Están distribuidas por casi toda la superficie de la piel. Tienen el aspecto de un largo tubo. Su extremidad profunda se pliega formando una especie de ovillo: el glomérulo. Su extremidad superficial, despues de espirilizarse, se abre en la superficie de la piel donde elimina el sudor. Su función es la de intervenir en la regulación de la temperatura y en la eliminación de productos de catabolismo de metabolismo celular nocivos para el organismo. Glándulas sebáceas: son glándulas exócrinas cuyo producto de secreción e una sustancia llamada sebo, que lubrica los pelos y la superficie de la piel, otorgándoles flexibilidad. Son glándulas arracimadas que comúnmente desembocan en un folículo piloso. Pelos: son filamentos córneos, delgados, de origen epidérmico y de crecimiento continuo que se forma en el interior de presiones epidérmicas profundas, excavadas en la dermis y llamadas folículos pilosos. El pelo consta de dos partes: una raíz o bulbo, formada por células vivas y en contacto con una papila dérmica vascular, y un tallo, formado por células muertas. Los pelos reaccionan por músculos erectores, que pueden ponerlos rígidos. Uñas: son formaciones laminares, córneas y traslúcidas, de origen epidérmico, y de crecimiento continuo que se originan en depresiones de la epidermis. Cubren el extremo libre dorsal de los dedos de la mano y de los pies, protegiéndolos. Están formadas por una zona semicircular llamada lúnula, una parte adherida al dedo y un extremo libre.
Las papilas dérmicas son abundantes elevaciones que se encuentran en la capa superficial de la dermis, distribuidas por todo el cuerpo. En su interior se alojan vasos sanguíneos o corpúsculos receptores de la sensibilidad cutánea, denominándose papilas vasculares a las primeras, y papilas nerviosas a las segundas. Las papilas nerviosas le permiten al hombre captar los cambios que se producen en el medio donde viven, como variaciones de temperatura, roces mecánicos, presiones, golpes, etc. Las papilas nerviosas son las que están en relación con el sentido del tacto, porque en ellas se encuentran los corpúsculos receptores o las terminaciones libres. Terminaciones libres: son fibras nerviosas ramificadas que se distribuyen por la piel captando los estímulos dolorosos. Corpúsculos receptores: según su forma, su ubicación y su función se reconocen cuatro tipos de corpúsculos:
Fisiología del tacto La función de la piel es la de proteger el cuerpo y servir de asiento a numerosos receptores cutáneos o exteroreceptores, que captan los estímulos táctiles, térmicos y dolorosos. Sensibilidad táctil: nos permiten tener noción sobre el tamaño, consistencia, forma, caracteres de la superficie, etc. de un objeto. Los estímulos táctiles son reconocidos preferentemente por las extremidades de los dedos, pero hay receptores del tacto distribuidos por toda la piel. Los estímulos que determinan esta sensibilidad son mecánicos y los órganos receptores que los captan son los corpúsculos de Meissner, aunque en algunas ocasiones actúan los corpúsculos de Paccini, sobre todo cuando dichos estímulos son muy intensos. La sensibilidad táctil se desarrolla ejercitándola, un claro ejemplo de esto son los ciegos que reconocen personas y objetos con solo tocarlos. Caracteres de los estímulos: los estímulos táctiles para ser percibidos por los receptores correspondientes, necesitan tener cierta intensidad. La intensidad mínima es el “umbral”, el cual varía según la región del cuerpo. Los estímulos táctiles son producidos por sólidos, líquidos o gases. Agudeza táctil: hay regiones de l piel con mas sensibilidad táctil que otras, es decir, con mayor agudeza táctil. Esta es medible y para ello se utiliza el estesiometro o compás de Weber. El máximo de agudeza táctil se encuentra en el extremo de la lengua (permite una distancia de 1,1 mm); el mínimo de agudeza táctil se encuentra en el dorso del cuerpo, donde aproximadamente alcanza los 7 cm. Vías de conducción de la sensibilidad táctil: se realiza por los haces de Goll y de Burdach. Otra parte es conducida por los haces espinotalamicos. Sensibilidad térmica: es la sensibilidad con respecto al frío y al calor. Varía según los individuos y en ellos según la región del cuerpo, la edad, la estación del año, la raza, etc. Los receptores de frío son los “ corpúsculos de Krause” y los receptores de calor son los “ corpúsculos de Ruffini”. Sensibilidad dolorosa: se produce cuando la acción del estímulo es persistente, los estímulos son muy variados y pueden ser mecánicos, físicos, químicos, biológicos, etc. Los órganos receptores son terminaciones nerviosas libres. Vías de conducción de la sensibilidad térmica y dolorosa: es atribuida a las haces espinotalamicas.
4. Sentido del olfato Olfacción. Los quimioceptores olfativos se encuentran localizados en una zona especializada de la mucosa del techo de la cavidad nasal, el epitelio olfatorio(figura nº 4). Este epitelio es de tipo columnar seudopluriestratificado y esta formado por tres tipos celulares: las células de sostén, que son prismáticas, anchas en su ápice y más estrechas en la base; en su superficie presentan microvilli que se proyectan al interior de la capa de moco que cubre el epitelio. Estas células tienen un pigmento castaño, responsable del color marrón de la mucosa olfatoria. Las células básales son pequeñas, redondeadas, o cónicas y forman una capa única en la región basal del epitelio entre las células olfatorias y de sostén; son las células puente del epitelio olfatorio. Las células olfatorias son neuronas bipolares que se distribuyen entre las células de sostén. En su extremo se observan dilataciones de las que parten cilios los cuales son largos y no tienen movimiento, se consideran los verdaderos receptores, es decir, la porción celular excitable por el contacto con una sustancia odorífera. El segmento proximal de cada cilio muestra los axones habituales con nueve pares más dos microtubulos. La parte distal apenas posee microtubulos aislados. Los axones procedentes de estas neuronas se reúnen en pequeños aces dirigiéndose al sistema nervioso central. En la lamina propia de esta mucosa, además de abundantes basos y nervios, se observan glándulas ramificadas de tipo tubulo alveolar con células PAS- positivas, las glándulas de Bowman. Estas glándulas envían conductos que desembocan en la superficie epitelial y se admite que su producto de secreción provoca una corriente continua de liquido que la varia permanentemente la parte apical de las células olfatorias. De este modo se eliminarían los restos de los compuestos que estimulan la olfacción, manteniendo los receptores dispuestos para nuevos estímulos. El sentido del olfato permite percibir el olor de sustancias. El órgano receptor es la mucosa pituitaria, que reviste interiormente las fosas nasales; estas son dos cavidades estrechas ubicadas en la cara, a cada lado del plano medio, por debajo de la órbita y por encima de la boca. Muchas cavidades están separadas por un tabique nasal, y su superficie se halla aumentada por la presencia de tres pares de repliegues óseos llamados cornetes.
mediante unos órganos microscópicos denominados botones perciben los sabores; y las papilas filiformes y coroliformes, que son sensibles al tacto y a las temperaturas (figura nº 8). Los botones constan de células de sostén y células gustativas, que poseen cilios o pelos comunicados al exterior a través de un poro y conectados con numerosas células nerviosas que transmiten la sensación del gusto al bulbo raquídeo. Considerado de forma aislada, el sentido del gusto sólo percibe cuatro sabores básicos: dulce, salado, ácido y amargo; cada uno de ellos es detectado por un tipo especial de papilas gustativas(figura nº 7). Las casi 10.000 papilas gustativas que tiene el ser humano están distribuidas de forma desigual en la cara superior de la lengua, donde forman manchas sensibles a clases determinadas de compuestos químicos que inducen las sensaciones del gusto. Por lo general, las papilas sensibles a los sabores dulce y salado se concentran en la punta de la lengua, las sensibles al agrio ocupan los lados y las sensibles al amargo están en la parte posterior. Los compuestos químicos de los alimentos se disuelven en la humedad de la boca y penetran en las papilas gustativas a través de los poros de la superficie de la lengua, donde entran en contacto con células sensoriales. Cuando un receptor es estimulado por una de las sustancias disueltas, envía impulsos nerviosos al cerebro. La frecuencia con que se repiten los impulsos indica la intensidad del sabor; es probable que el tipo de sabor quede registrado por el tipo de células que hayan respondido al estímulo. Luego de una exposición prolongada a determinado sabor, las papilas gustativas se saturan, y dejan de mandar información, por lo cual, al cabo de un tiempo determinado se deja de percibir el sabor.
6. Sentido del oído El sentido del oído esta localizado en la cabeza, dentro de los huesos temporales. Para describirlo se considera que tiene tres porciones: Oído externo Oído medio Oído interno
Hay mecanorreceptores especializados que nos permiten mantener el equilibrio y poder oír. Ambos tipos están ubicados en el oído. El oído se divide en tres partes;
Oído externo Comprende el pabellón auricular o auditivo - la “oreja”- (lóbulo externo del oído) y el conducto auditivo externo, que mide tres centímetros de longitud. El conducto auditivo medio posee pelos y glándulas secretoras de cera. Su función es canalizar y dirigir las ondas sonoras hacia el oído medio.
Oído medio Es un conducto estrecho, o fisura, que se extiende unos quince milímetros en un recorrido vertical y otros quince en recorrido horizontal Es hueco, lleno de aire, limitando de un lado por el tímpano y del otro por la ventana oval y la ventana redonda, que lo comunican con el oído interno(figura nº 9). Está en comunicación directa con la nariz y la garganta a través de la trompa de Eustaquio, que permite la entrada y la salida de aire del oído medio para equilibrar las diferencias de presión entre éste y el exterior. Hay una cadena formada por cuatro huesos pequeños y móviles (huesecillos) que atraviesa el oído medio. Estos cuatro huesos reciben los nombres de martillo, yunque, lenticular y estribo. Los cuatro conectan acústicamente el tímpano con el oído interno, transmitiendo las vibraciones del tímpano amplificadas a la fenestra ovalis.
Oído interno El oído interno o laberinto se encuentra en el interior del hueso temporal que contiene los órganos auditivos y del equilibrio, que están inervados por los filamentos del nervio auditivo. Está lleno de líquido y tiene tres cavidades: el vestíbulo, dividido en dos partes, utrículo y sáculo; los tres canales semicirculares, órgano del sentido del equilibrio, (están llenos de endolinfa); y el caracol o cóclea, largo tubo arrollado en espiral donde se encuentran las células receptoras de los sonidos, provistas de cilios, cada una de las cuales está adaptada para la recepción de sonidos de un tono determinado (figura nº 10).
Las fibras nerviosas que salen del caracol y de los canales semicirculares se reúnen para formar el nervio acústico, que sale del sáculo por un tubo que atraviesa el hueso temporal hasta la cavidad craneana.
Cómo se oye Las ondas sonoras, en realidad cambios en la presión del aire, son transmitidas a través del canal auditivo externo hacia el tímpano, en el cual se produce una vibración. Estas vibraciones se comunican al oído medio mediante la cadena de huesillos (martillo, yunque y estribo) y, a través de la ventana oval, hasta el líquido del oído interno. El movimiento de la endolinfa que se produce al vibrar la cóclea, estimula el movimiento de un grupo de proyecciones finas, similares a cabellos, denominadas células pi- losas. El conjunto de células pilosas constituye el órgano de Corti. Las células pilosas transmiten señales directamente al nervio auditivo, el cual lleva la información al cerebro. El patrón de respuesta de las células pilosas a las vibraciones de la cóclea codifica la información sobre el sonido para que pueda ser interpretada por los centros auditivos del cerebro. El rango de audición, igual que el de visión, varía de unas personas a otras. El rango máximo de audición en el hombre incluye frecuencias de sonido desde 16 hasta 28.000 ciclos por segundo. El menor cambio de tono que puede ser captado por el oído varía en función del tono y del volumen. Los oídos humanos más sensibles son capaces de detectar cambios en la frecuencia de vibración (tono) que correspondan al 0,03% de la frecuencia original, en el rango comprendido entre 500 y 8.000 vibraciones por segundo. El oído es menos sensible a los cambios de frecuencia si se trata de sonidos de frecuencia o de intensidad bajas. La sensibilidad del oído a la intensidad del sonido (volumen) también varía con la frecuencia. La sensibilidad a los cambios de volumen es mayor entre los 1.000 y los 3.000 ciclos, de manera que se pueden detectar cambios de un decibelio. Esta sensibilidad es menor cuando se reducen los niveles de intensidad de sonido. Las diferencias en la sensibilidad del oído a los sonidos fuertes causan varios fenómenos importantes. Los tonos muy altos producen tonos diferentes en el oído, que no están presentes en el tono original. Es probable que estos tonos subjetivos estén producidos por imperfecciones en la función natural del oído medio. Las discordancias de la tonalidad que producen los incrementos grandes de la intensidad de sonido, es consecuencia de los tonos subjetivos que se producen en el oído. Esto ocurre, por ejemplo, cuando el control del volumen de un aparato de radio está ajustado. La intensidad de un tono puro también afecta a su entonación. Los tonos altos pueden incrementar hasta una nota de la escala musical; los tonos bajos tienden a hacerse cada vez más bajos a medida que aumenta la intensidad del sonido. Este efecto sólo se percibe en tonos puros. Puesto que la mayoría de los tonos musicales son complejos, por lo general, la audición no se ve afectada por este fenómeno de un modo apreciable. Cuando se enmascaran sonidos, la producción de armonías de tonos más bajos en el oído puede amor- tiguar la percepción de los tonos más altos. El enmascaramiento es lo que hace necesario elevar la propia voz para poder ser oído en lugares ruidosos.
Equilibrio Los canales semicirculares y el vestíbulo están relacionados con el sentido del equilibrio. En estos canales hay pelos similares a los del órgano de Corti, y detectan los cambios de posición de la cabeza. Los tres canales semicirculares se extienden desde el vestíbulo formando ángulos más o menos rectos entre sí, lo cual permite que los órganos sensoriales registren los movimientos que la cabeza realiza en cada uno de los tres planos del espacio: arriba y abajo, hacia adelante y hacia atrás, y hacia la izquierda o hacia la derecha. Sobre las células pilosas del vestíbulo se encuentran unos cristales de carbonato de calcio, conocidos en lenguaje técnico como otolitos y en lenguaje coloquial como arenilla del oído. Cuando la cabeza está inclinada, los otolitos cambian de posición y los pelos que se encuentran debajo responden al cambio de presión. Los ojos y ciertas células sensoriales de la piel y de tejidos internos, también ayudan a mantener el equilibrio; pero cuando el laberinto del oído está dañado, o destruido, se producen problemas de equilibrio. Es posible que quien padezca una enfermedad o un problema en el oído interno no pueda mantenerse de pie con los ojos cerrados sin tambalearse o sin caerse.
7. Conclusión La coordinación y el equilibrio de los cinco sentidos permite al hombre relacionarse con el medio externo. Los ojos son órganos fotosensibles complejos que permiten el análisis minucioso de la forma de los objetos, su color y la intensidad de la luz. La facultad de enfoque del ojo disminuye con la edad. Este
A través del gusto reconoce muchos sabores como dulce, salado y amargo. María Verónica Corbalán. Los sentidos son muy importantes ya que por medio de ellos podemos captar diferentes sensaciones. Refiriéndonos a nuestra carrera, que es lo que nos interesa, el sentido del tacto auditivo y visual son más importantes que los que restan. Por medio del auditivo al recibir las ondas sonoras nos comunicamos con el paciente y de esta manera sabemos como esta. El sentido táctil permite sentir las variaciones de temperatura (frío, calor) usadas muchas veces para la rehabilitación del paciente. Por último el sentido de la visión cobra importancia porque en el campo visual permite ubicar y saber trabajar correctamente con el paciente empleando el tratamiento correspondiente. Además para distinguir por medio de la bioimagén en la situación en que se encuentra. María Luciana Coero Borga Los órganos de los sentidos son el instrumento básico para la interacción del hombre con el medio externo. A través de los receptores que se encuentran depositados en el oído, boca, fosas nasales, ojo y los distribuidos en la piel, nos permiten captar estímulos que por medio del Sistema Nervioso Periférico que son conducidos y transformados en impulso nervioso hasta el cerebro donde se hace consiente. A lo largo de nuestra carrera iremos descubriendo la importancia y la necesidad de tener todos nuestros sentidos en buenas condiciones, ya que los mismos son un condicional necesario para la comunicación y trato con el paciente. La persona que acuda a nuestra ayuda en el marco profesional, a parte de una atención cordial va a pretender la eficacia y eficiencia de un tratamiento confortable, que puede ser reflejado por ejemplo en un buen masaje. A través del contacto que se establece entre la piel de la persona y las manos del profesional, éste puede transmitir seguridad y confianza creando un clima confortable para el paciente, logrando comprender lo que este necesita. María Laura Contreras Los sentidos al ser los responsables de la comunicación constante entre el medio interno y externo del hombre, son de una importancia enorme para la vida diaria. Referidos a nuestra carrera hay tres imprescindibles los cuales son vista, tacto y audición. La visión es el sentido que nos da una orientación en el espacio con respecto al entorno de trabajo, ya sea un paciente, un escritorio o una camilla. El sentido del tacto es el más importante para el desempeño de esta profesión. Es nuestra principal herramienta de trabajo ya que nos permite entrar en contacto directo con el paciente a través de las sensaciones de presión, calor, frío, etc. Por último, pero no menos importante el sentido de la audición, el cual nos brinda la comunicación con el paciente, para poder entender sus problemas y aliviarlos. Mauricio Gerardo Cordero